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jueves, 26 de marzo de 2026

Te miro y me pregunto

 


Amanece y escucho a las campanas llamando a laudes con el primer resplandor de la aurora. Estamos en marzo, en la semana que precede a la Semana Santa; nuestra conmemoración de pasión y muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Trae el aire aroma de los campos y el gorjeo de los primeros pájaros. Aún no han llegado vencejos y golondrinas, parece que esperan llegar cuando las imágenes salgan a la calle en procesión con los cofrades y su oración callejera en rito de bendecir con ellas las calles de los pueblos.

Tocan las campanas invitando a la oración a pesar del ruido de las prisas de la calle. Tocan y me conmueve su sonido ancestral y antiguo y con ellas me uno a mi fe y a los que me la legaron.

Rezo en silencio; bendita la luz del día y el Señor que nos la envía... y me dejo envolver en el amanecer mientras miro la copia del cuadro de Cristo Crucificado que pintor Diego Rodríguez de Silva y Velázquez hacia 1632 que preside mi dormitorio y elevo mi pregunta hacia Él diciéndole...

Te miro y me pregunto

¿Por qué tanto amor

por mí, Señor

si Tú sabías

que olvidaría

tu sufrimiento y muerte

en esa cruz de tu amor

y de mi olvido?

Te miro, Señor,

y te busco

para amarte, Señor,

y no olvidarte y ser

tu cirineo de amor

eternamente.

Natividad Cepeda©

sábado, 28 de febrero de 2026

Ha llegado marzo con nuevas guerras

 

 


Marzo ha llegado envuelto en una nube de discordias y enfrentamientos. Las noticias no cesan: imágenes de humo elevándose hacia el cielo, titulares que anuncian nuevos ataques y conflictos bélicos. Las opiniones se multiplican y nos empujan a preguntarnos qué va a suceder mañana. Y quien dice mañana, dice hoy, ahora mismo.

Quienes creemos firmemente en el sistema democrático no dudamos de que los gobiernos teocráticos son anuladores de libertades. Una libertad que se vuelve insoportable cuando todo le es negado a la persona. Imponer leyes abusivas supone condenar a los ciudadanos, en su propio país, a la ausencia de derechos, de oportunidades y de dignidad.

En más de una ocasión me he preguntado por qué, cuando se instala un régimen de este tipo, se prohíbe a los ciudadanos salir del país. Son preguntas lógicas, pero rara vez se las plantean quienes critican con dureza a las democracias y jamás alzan la voz contra aquellos países donde la libertad simplemente no existe.

Lo mismo me ocurre al observar a ciertos dirigentes políticos que imponen religión y leyes en una misma balanza, y que además excluyen a la mujer de los mismos derechos que el hombre. Pensamos —pienso— que esas leyes propias de la Edad Media son imposibles de comprender en pleno siglo XXI. Y, sin embargo, en nuestro mundo globalizado se siguen sosteniendo normas caducas que niegan derechos fundamentales.

La guerra es el error humano más antiguo, tan viejo como el Homo sapiens. Ha existido en todas las épocas y en todas las culturas; basta acudir a las fuentes históricas para comprobarlo. Es un hecho repetitivo, viejo y, tristemente, humano.

Marzo ha llegado y, con él, volvemos a ver destrucción y miedo multiplicados por miles. Miles de personas que sufren las consecuencias de guerras que presenciamos sin comprender del todo por qué se originan ni por qué continúan. Marzo ha llegado con el miedo y el llanto de quienes caen heridos o muertos en conflictos que se perpetúan mientras el mundo mira, muchas veces, hacia otro lado.

Los almendros han florecido, pero en los campos de guerra la tierra sigue sangrando. Sangra el dolor de no poder detenerlas, de no saber negociar la paz sin pisotear los derechos humanos.

Natividad Cepeda

fotografía de la web

martes, 2 de marzo de 2021

Poema para el mes de marzo de 2021

          

 Hoy  el día está nublado y no hay clamor

de lluvia y si lo hay de voces repetidas

hablando de vacunas y fin de restricciones

para salir del pueblo y también abrir

puertas de bares y cafeterías.

 

Las voces se multiplican en tertulias y vídeos

aunque en las tiendas de ropas

y complementos apenas si hay clientes.

 

Tampoco se supera el paro masivo

que suma millones de parados;

dicen que sobre todo de mujeres y jóvenes.

 

Por las compuertas de los grupos  de Whatsapp

se repiten hasta el infinito consignas

de libertad manipulada, a favor unos y otros

de  políticos que hurgan en el intelecto

colectivo  para, acusándose, los unos y los otros

llenar sus bolsas de sumisos votantes

y seguidores fieles.

 

Son puertas de atrás y de servicio 

para los que sin verjas ni guardianes

en sus casas tiene que servir al señor

de turno, tan déspotas y barbaros

como aquellos de antaño a los que nada

importaba la vida de los inferiores.

 

Soportamos estos días vándalos callejeros

jaleados por el poder constituido

que dejan que la anarquía campe a su placer

en ciudades  desprovistas de quienes les defiendan

porque a ellos, los poderosos políticos,

no están expuestos a su brutal hazaña

de destrucción masiva.

 

Marzo ha llegado con la misma inclemencia

de hace unos días, unos meses, un año…

Con el  desamparo que nos deja la muerte

de la maldita pandemia del coronavirus

que es la peste del siglo veintiuno

sin cantos gregorianos, sin besos ni abrazos.

 

Y poco importan los poetas que se afanan

por las  callejuelas del mundo

en recitar sus poemas y presentar sus libros

para apaciguar tanta tristeza marcada

en la comisura de los labios.

 

Un año llevamos arrastrando este amargo

trago de morirnos  con el fantasma

del miedo en las almas.

Nos hemos convertido en sauces llorones

sin lágrimas en esta primavera enfangados,

ahora, en la celebración de ese 8 de marzo

que resuena a podrido mensaje

en favor de millones y millones de desamparadas 

mujeres a lo largo y ancho de aldeas y ciudades,

de grandes urbes y escondidos reductos

donde todavía se venden niñas

y se  explota a niños en inmundos trabajos

sin que les importe a nadie; sin nadie,

absolutamente sin nadie  que los defiendan.

 

Y mi cabeza de poeta y de mujer

no comprende ya nada porque apenas

hemos avanzado en la justicia humana

tan cacareada con días  señalados en los inútiles

calendarios de nuestra sociedad

vacía de valores auténticos.

 

Un año llevamos viendo en nuestra mesa

sitios vacíos, puertas cerradas,

zapatos y calcetines sin pies para usarlos,

vestidos sin mujeres a quien ponérselos.

 

Un año subiendo por estos meses

con la boca tapada con mascarillas

y sin palabras para delatar y denunciar

el horror que nos ha convertido en muñecos

de viejo cartón abandonados a nuestra escasa

 suerte de parias pagadores de tributos.

 

¿Para qué reunirnos en esa marcha

reivindicativa del 8 de marzo?

¿Para qué?

No tenemos ni tiempo ni fuerzas para marchar

en pos de nada.

 

Yo escribo un poema al abrigo de mis paredes

sin ignorar que de nada sirve

porque hasta por ser mujer mi poema

no será valorado como el de un poeta hombre.

 

Escribo en soledad y no me rindo

a pesar de haber cumplido muchos marzos

y de saber que mi poema no tendrá repercusión

en sagrados ámbitos  culturales.

 

Ahí donde las computadoras del saber

apenas si apuestan por la mujer, también ahora.

 

Contemplo la vaguedad

de tantas sombras que trae la primavera

y  continuo escribiendo sin que nadie me pague

por ser juglar y escribidora de versos.

 

Hoy está nublado y no llueve,

que tristeza tiene el viento soplando en los tejados.

 

Enfrente de mis ojos han cruzado bandadas

de palomas y por un instante quiero

tener alas y volar  y volar en libertad

para perderme en ese cielo nublado de marzo

que presagia lluvia y no llueve.

 

Pienso, si este largo  poema  verá la luz

de otras miradas desdoblándose 

en las mañanas de marzo sin necesidad

de taponar su palabra con bozales de miedo…

Pienso…

Lo dejo  caminar  en marzo a pesar de la pandemia

y de ser una mujer  quien lo firma y escribe.

 

 

Natividad Cepeda

 

Fotografía realizada por el fotógrafo Pepe J. Galanes.

 

 

 

 

 

 

domingo, 8 de marzo de 2020

Marzo y esa cáscara rota de mujer




Cuadernos Manchegos
Cuadernos Manchegos

Natividad Cepeda | Tomelloso | Sociedad | 08-03-2020
Marzo y esa cáscara rota de mujer

Ella era un manojo de silencio extraído del vientre de mil vientres de mujeres venidas de aquella caverna de Platón que el filósofo inventó entre el vacío del tiempo y lo incierto de la vida.
Ella fue andando sin dejar huellas de su pie por donde cruzó sin historia ni epopeyas en el almanaque de los territorios de piedra, arcilla y agua sin otra herramienta que su hacer y su enseñanza a las mujeres que nacían.

Ella nació con esa desventaja de ser cuna y telar de la vida en su seno para iluminar con la sangre vertida a borbotones entre el llanto primerizo de una criatura.
Después ella se ciñó el vientre perdida su cintura con un lienzo cualquiera para que no le doliera aquella piel descolgada, floja y vacía que había dejado de ser cuna de agua del hijo mecido en las entrañas.
Y se miró en el espejo de sí misma viéndose como una cáscara rota después de los resuellos y los gritos de animal empujando para que saliera de la placenta rota la criatura.
Le dolía toda la geografía de su cuerpo  porque sin previsión alguna los pechos le escocían encima de soportar aquél cansancio que emanaba desde dentro como si ayudar a que otros nacieran fuera un desatino que ninguna otra mujer le había explicado.

Aquél era el credo de la vida padecer y hasta morir en ocasiones cuando la naturaleza se oponía  a dar paso a la vida bajo el viejo precepto de ser tierra fecunda y trasmitir la vida.
Ella tenía ese atributo, igual que la madre tierra engendraba en su seno como la tierra fértil que nos da cosechas, criaturas trepidantes de raíces antiguas que luchaban para repoblar el planeta.
¡Salve mujer encarcelada en el juego de un manual de llanto y desatino por anidar en ti todos los hijos de los hombres! Tú compañera de fábulas antes de ser escritas por los dioses.

Me duelen tus duelos y quebrantos casi siempre olvidados y me duelen aquellos horizontes que nublaron toda tu existencia de tinieblas absurdas y egoístas de tus padres, esposos, hermanos y hasta de tus hijos que después de adorarte como diosa profana de belleza sagrada te dejaron en cueros cuando dictaron leyes para regir ciudades.
Te cansaste y saliste de la penumbra y gueto donde estabas recluida y exigiste ser igual en derechos y no solo en obligaciones. Error toda esa miseria de escribir que eras tú diferente a ellos. Jamás te lo creíste pero pesa tanto el amor  que se abonó la estancia de toda convivencia con aquellos mandatos de que no estabas a la altura de los hombres que de ti habían nacido. Y callaste.
Hojeo las páginas escritas de esa procesión de injusticias y me asombra que tú hayas sido una sombra minúscula y escarnecida en los altares religiosos y laicos. Porque no se ignora que en la pirámide humana la cúspide y la base no serían posible si ti; y todos los ha permitido. Lo siguen permitiendo en países con nombres sellados por el poder del dinero y los convenios de estado. Y aunque en otras parcelas  de la tierra se celebre cada 8 de marzo  fiestas reclamando igualdad y derechos no nos engañemos, el infortunio de millones de mujeres sigue existiendo.

Yo no niego que hay que proseguir educando en igualdad no sólo cada 8 de marzo, cada día hay que hacerlo, pero sin perder la razón de saber que los dos somos seres necesitados de amor y comprensión: hombre y mujer  nacidos para la convivencia nunca para la agresión y el odio mal entendido, y peor aún, si es instrumento de políticas necias. Meditemos lo que se ha conseguido y aquello que hay que conseguir sin pausa, pero sin zafias groserías y frases erróneas como eslogan de panfleto sin tino ni cordura.
Porque ninguna mujer es una cáscara rota  a la que ultrajar, ni humillar, ni combatir haciéndola de menos frente al hombre. Tampoco mujeres contra los hombres, porque entonces sería como diseñar un agujero negro sin fondo y a la vez sin vida. Nos necesitamos por igual y para ello hay que educar y legislar sin caer en el atropello de plebe  irracional.
Ella, esa mujer anónima y yo, necesitamos ser visibles sin represión ni posibilidad de ocupar un lugar en la sociedad de igualdad, ganado con nuestro esfuerzo pero también sin las zancadillas y prepotencia de un sistema milenario donde la mujer no ha sido respetada como persona jurídicamente como el hombre.

Natividad Cepeda

hace 8 horas - Marzo y esa cáscara rota de mujer. Ella era un manojo de silencio extraído del vientre de mil vientres de mujeres venidas de aquella caverna ...

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jueves, 2 de abril de 2015

Los cristos olvidados

                                      
Se ha ido quedando en la penumbra con los ojos cerrados sin que lo que hay junto a él le interese. Día tras día su voz se ha ido apagando como si le faltara aceite en el candil de su cuerpo gastado. Apenas si mira la luz del día cuando amanece y él está levantado, recorriendo el pasillo con  pasos vacilantes. Tantea la puerta, la pared y quiere andar sin el bastón…hay veces que consigue llegar  a su sillón, a la cocina o al baño; otras veces se derrumba y cae como un cristo vencido y dolorido por el peso de la edad: Por los años que le han dejado los ojos cubiertos de noche impenetrable, vive esa noche oscura de la que nos habla Juan de la Cruz. Le preguntamos, todos le preguntamos por el pasado y todavía su memoria resucita pasajes vividos, momentos de ese viaje grandioso que es la vida. Mamá lo mira pesarosa y se le escapa una lágrima que oculta con su mirada entretenida en leer un libro o en ver programas televisivos de los que hacen preguntas. O mueve la cabeza impotente porque ya nada puede hacer por el compañero que ama por encima del tiempo, de las arrugas y la devastación inmisericorde de la vejez. Todos lo queremos. Hasta los pequeños biznietos se despiden del Yayo con un beso  y él, con sus manos los acoge como si fueran preciosas  y frágiles figuras de cristal de Murano. Nos duele a todos verlo tan débil. Y sabemos que no hay cuenta  adelante y nos sigue doliendo como si tuviéramos una espina clavada en el centro del pecho.
Para todos nosotros  esta es la Pasión; la que vivimos  y no, nos consuela ser un poco cirineos, porque no le podemos quitar su cruz. A veces asumir la indigencia de ser tan poca cosa es difícil para el orgullo humano. Mis padres rezan cada tarde el rosario, y mamá recita misterios y letanía sin dejarse ni una sola jaculatoria olvidada. Viejos cristianos, sin presumir de ello, jamás lo han hecho. Rezan con la fe  de quienes esperan resucitar en la Pascua Florida, sin asomo de duda y sin otro misterio de teologías, no lo han necesitado. Quisiera ser así, no dudar ni pensar que la fe en Cristo Jesús, el Señor del amor, es sencilla como esa creencia que no ha dejado de crecer con los años.

Lo hermoso de esta tristeza es tenerlos en medio de la familia, como  tienen los árboles los nidos sujetos a sus ramas sin hojas, sin caerse, esperando que al llegar la primavera  regresen las aves a sus nidos  cuando reverberen sus hojas. Y los árboles, al saludar a los que llegan de su largo viaje, preguntan por los que se quedaron en esa travesía. Pero duele verlo tan débil, tan caído en mitad del camino. Calvario y Gólgota de los seres humanos, tan soberbios a veces, tan crueles y huecos como si nos tragáramos el mundo de un bocado,  y el mundo sigue ahí  cuando unos y otros nos vamos, y dejamos de ser números  hábiles.  
No entiendo muchas cosas, y ni juzgo el por qué suceden esos abandonos porque hay que vivir dejando en la cuneta el amor y la entrega. No lo entiendo. Y cuando en primavera desfilan las imágenes de los cristos sangrantes de madera o escayola, al mirar sus bellas esculturas me sigo preguntando qué hacemos con esos otros cristos que yacen olvidados. Aparcados en pulcras residencias, tan solo porque no se murieron y llegaron a viejos. No entiendo como el tiempo, tan escaso y veloz, se les niega a los que no tienen tiempo. Viejos que hasta es posible que algunos no amaran suficiente cuando eran muy jóvenes, aun así, no entiendo que si se tenga tiempo para ir y venir de un lado para otro buscando el agasajo, el goce, la prebenda de ser muy importantes y restar ese tiempo a los padres tan viejos. Lo he visto, lo veo y me sobran palabras cuando escucho, que antes son los compromisos, de cualquier índole, profesión y oficio. Si el dolor es verdad que santifica la vida, yo creo que todos los pecados cometidos se perdonan cuando se llega a viejo y falla la energía.

Me duele, a todos nos lacera el verlo tan caído. Papá se nos marchita como una flor de invierno. Es como el quejido de la saeta que llora y se lamenta de la muerte, y grita ante esa derrota que no puede impedir. Dolor de penitencia es verte reducido a depender de otros. Dolor de ser pequeños muñequitos de barro.  Pasión de cada uno cuando la vida falta y las fuerzas son una tela manida que ya ni podemos zurcir.
Cuando se cae mi padre y queda de rodillas sin poder levantarse, yo pienso en Jesucristo, hombre y Dios al tiempo, y si en Él no creyera, también le preguntaría  por qué nos amó tanto. ¿Por qué, Señor, la vida es tan dura y nos pasa factura? Y creo que me responde, porque os amé más allá de la muerte. Ese es el misterio, amar y amar sin cansarnos de hacerlo. De darnos.

                                                                                                                                        



Publicado 27 marzo 2015           
                                                                                                                                                                                              Natividad Cepeda










Arte digital: N. Cepeda
                                                                       

viernes, 22 de marzo de 2013

Bajo un techo de sombras se escribe poesía

           
La poesía es el arte menos valorado y a la vez el más recurrido y recurrente; cabaña donde se alojan las palabras jugando con el honor y la gloria en busca de belleza.
Su nombre fortalece el río de la vida en la primera edad de la niñez, también la adolescencia y crece emergente de fuerza inusitada como una procesión de sueños en la juventud. Apenas si se leen a unos cuantos poetas, porque cualquiera enhebra cuatro versos y sin humildad alguna se exponen y hasta se obliga a escuchar a los vates prominentes, sobre todo si en el alijo muestran titularidad universitaria, como si con adquirir el titulo se adquiriera el don de componer un verso. Los otros, los poetas de pueblos y ciudades de provincias, son meros jornaleros despreciados por los que al apego del poder oficial consiguen premios y medallas. Y aún así, los libros de premios apenas si son leídos por el público que también, cómo no, se yergue por encima de formas y estilos literarios argumentando no necesitar de instrucción alguna para componer hermosos versos.  Entre unos y otros lo cierto es que en el mercado de los libros nadie apuesta por invertir en publicar poesía, porque es un mercado que siempre está en crisis. Y quedan los poetas, pobres entre los pobres, con su carro de folios llenos de tachaduras rodeados de innumerables cuervos, ávidos de comerse el despojo.

La Unesco, estableció un día mundial para leer poesía, para elevarla al techo del mundo conocido en los portales cultos, al menos de los que presumen de ser cultos, y se nombra en los medios requeridos para quedar bien. Pero de esos inflados actos y comentarios ¿qué queda de verdad en todo ello? me pregunto. Y creo sin demasiado error a equivocarme, que ese día 21 de marzo, pasa desapercibido para la mayoría.
Porque la verdad sea dicha sin tapujos ¿para qué sirve la poesía? Pues para casi nada, puede, que  para sanar el alma dolorida cuando llora por dentro, o para cantar el vuelo de los pájaros que todavía nos acompañan habitando estas ciudades nuestras inhumanas. Quizá, para no perder la fe en la frescura de los amaneceres, y encontrar alguna noche, una estrella que  nos mira desafiando la luminiscencia de nuestras calles… Incluso sirve escribir poesía para viajar al espacio soñado y labrar el encanto de un estremecido verso de amor. Pero hasta la buena tierra hay que laborearla para arrancarle frutos y compruebo que muchos aficionados a escribir poesía apenas si leen versos.
Cierto es que hay poetas ostentosos que presumen ante el público como si fueran diosecillos del Olimpo urbano, se dan entre los muy notables y también entre los trovadores locales que presumen de ser sinceros y decir y escribir lo que sienten como si los demás carecieran de emociones y sentimientos. De todos ellos nos salvan los poetas auténticos que cuando se leen en soledad con la única compañía de un libro nos llegan al alma. Gracias a esos poetas en el techo de la poesía sigue apareciendo la luz a pesar de otras sombras.
Por ellos, y gracias a sus libros, cualquier día es  bueno para la poesía.


                                                                                                     Natividad Cepeda


Arte digital: N. Cepeda





jueves, 21 de marzo de 2013

…y todavía Miguel Hernández se derrama en el air


Cada año, el 21 de marzo, la UNESCO celebra el Día Mundial de la Poesía. La decisión de proclamar el día 21 de marzo Día Mundial de la Poesía fue adoptada durante la 30ª reunión de la UNESCO celebrada en París en el año 1999.

 «La poesía es una de las expresiones más puras de la libertad de la lengua. Es un elemento constitutivo de la identidad de los pueblos; encarna la energía creativa de la cultura en su facultad de renovarse sin cesar.»
Mensajede la Sra. Irina Bokova, Directora General de la UNESCO,
con motivo del Día Mundial de la Poesía, 21 de marzo de 2013     
                                           
Con este poema mi homenaje a todos los poetas. A los poetas amigos que admiro y respeto por su valía personal y poética, y a todos los poetas que me ayudan a ver la belleza de la vida a través de sus libros de poesía. Un hermoso legado para todas las generaciones. Gracias  a todos ellos.


…y todavía después de tantos años la guerra no termina,
siguen naciendo niños  con hambre, y las mujeres
quedan huérfanas de padres y maridos en  pueblos de vastos  continentes.

También, Miguel Hernández, 
se taponan las bocas a todos
los que escriben palabras sin reservas.
 Cuanto digo es tan cierto como que tú persistes
derramado en el aire lívido de la brisa
por donde  yaces sin ausencias

Yo vengo sin materia a escuchar tu latido
derramado en el aire que canta tu firmeza.
Pródigo tú, en el hilo que se opone
a la muerte renovando la vida
en tus  versos, que nos salvan del silencio absoluto.
Porque todo lo tuyo fue un nido de hermosura
con orillas de lágrimas sin límites
 tu voz no es posterior a la esperanza.
En medio de la pugna que enfrenta a los mortales
tu redoma de versos, Miguel, es un mar luminoso
con rescoldos de amor que encienden nuevas brasas.


Quedan, aún, hoy, Miguel Hernández,
niños yunteros de mirada huidiza; niños viviendo
en ciudades corrompidas, sin llanto en sus pupilas,
ni poetas que canten su tragedia.
Para salvarme de olvidos,
vuelvo a ti, para juntar mi angustia con la tuya
y, me duele este niño hambriento que se nutre
de miseria, de dolor y  abandono;
igual que los niños tuyos muere, y como raíz se hunde
en la tierra lentamente

…y todavía tú clamas en el siglo XXI del temor y de la dicha
cuando el poema interroga…
¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?

¿Quién rebasará el escollo de matar al inocente?

En el silencio del viento la historia se vuelve lluvia,
llanto de bruces inútil cantado por los poetas.

 
                                                                                                       Natividad Cepeda




 Este poema se leyó el 5 de diciembre de 2010 en un acto – homenaje organizado por el Comité de las Jornadas Poéticas de las Lagunas de Ruidera en el centenario del nacimiento de Miguel Hernández y publicado en una edición artesanal  por la organización convocante.


 Arte digital: N. Cepeda