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jueves, 26 de marzo de 2026

Te miro y me pregunto

 


Amanece y escucho a las campanas llamando a laudes con el primer resplandor de la aurora. Estamos en marzo, en la semana que precede a la Semana Santa; nuestra conmemoración de pasión y muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Trae el aire aroma de los campos y el gorjeo de los primeros pájaros. Aún no han llegado vencejos y golondrinas, parece que esperan llegar cuando las imágenes salgan a la calle en procesión con los cofrades y su oración callejera en rito de bendecir con ellas las calles de los pueblos.

Tocan las campanas invitando a la oración a pesar del ruido de las prisas de la calle. Tocan y me conmueve su sonido ancestral y antiguo y con ellas me uno a mi fe y a los que me la legaron.

Rezo en silencio; bendita la luz del día y el Señor que nos la envía... y me dejo envolver en el amanecer mientras miro la copia del cuadro de Cristo Crucificado que pintor Diego Rodríguez de Silva y Velázquez hacia 1632 que preside mi dormitorio y elevo mi pregunta hacia Él diciéndole...

Te miro y me pregunto

¿Por qué tanto amor

por mí, Señor

si Tú sabías

que olvidaría

tu sufrimiento y muerte

en esa cruz de tu amor

y de mi olvido?

Te miro, Señor,

y te busco

para amarte, Señor,

y no olvidarte y ser

tu cirineo de amor

eternamente.

Natividad Cepeda©

miércoles, 10 de diciembre de 2025

El Venerable Ismael de Tomelloso es el Silencio que Habla con Dios

 

 

¿Cómo entender el silencio de Ismael? ¿Cómo comprender la voz que no se pronuncia, la palabra que se guarda? Muchos se preguntan por qué, cuando pudo salvarse con una simple declaración, eligió callar. ¿Por qué no dijo que era católico, miembro de Acción Católica? ¿Por qué no buscó la salida fácil? Porque su respuesta no estaba dirigida a los hombres, sino a Dios.

El silencio de Ismael no fue vacío, fue oración. Fue su monte Calvario sin cruz de madera, con una cruz invisible, hecha de fidelidad y entrega. En medio del odio, eligió la paz; en medio del ruido, eligió la voz interior que susurra: “Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2,10).

La sociedad busca gestos visibles, necesita pruebas, quiere héroes que hablen y se defiendan. Pero Ismael eligió otro camino: el de los pacificadores, el de los que oran en secreto, el de los que confían en que Dios ve en lo oculto y recompensa en lo eterno. Su silencio fue resistencia, fue fe radical, fue amor que no se doblega ante la violencia.

Hoy, su ejemplo nos interpela: ¿somos capaces de callar para escuchar a Dios? ¿Podemos aceptar ser incomprendidos por los hombres para ser comprendidos por el Señor? El silencio de Ismael nos enseña que la verdadera victoria no está en escapar del sufrimiento, sino en permanecer fiel a la verdad, aunque cueste la vida.

Que su testimonio nos inspire a vivir con la misma fe, a abrazar la oración como fuerza, y a recordar que, en el silencio, Dios habla más fuerte que cualquier voz humana.


 

Oración en el Silencio

                                              «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios»

                                                          (Salmo 46,10)

Señor,

enséñame a comprender el misterio del silencio,

ese silencio que no es vacío, sino encuentro contigo.

Como Ismael, quiero aprender a callar ante el odio,

a no responder con palabras humanas,

sino con la voz interior que susurra tu paz.

Hazme fiel en la prueba,

firme en la esperanza,

valiente para abrazar la cruz invisible

que se oculta en la obediencia y la oración.

Que mi silencio sea resistencia al mal,

que mi oración sea fuerza en la debilidad,

que mi vida sea testimonio de tu amor,

aunque nadie lo comprenda.

En lo oculto, Tú me ves.

En lo callado, Tú me escuchas.

En lo pequeño, Tú me engrandeces.

Dame, Señor, la gracia de vivir como Ismael:

con fe radical, con paz profunda,

con la certeza de que tu corona de vida

es más grande que cualquier victoria humana.

Amén.

 

Natividad Cepeda

Tomelloso. diciembre de 2025

 

 


Causa de Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso: Estado Actual del Proceso

¿Cuándo se inicia la Causa?

En 2006: Un grupo de laicos de Tomelloso inicia formalmente la causa, creando una asociación para promoverla.

El proceso se inició a nivel diocesano en 2008 en la Archidiócesis de Zaragoza (donde falleció). La fase diocesana concluyó en 2009 y la documentación fue enviada a Roma.

2009/2012: La Santa Sede autoriza la apertura del Proceso Diocesano, que investiga su vida y fama de santidad y es declarado

Siervo de Dios:

La causa de beatificación y canonización de Ismael de Tomelloso (Ismael Molinero Novillo) está actualmente en curso, habiendo alcanzado la fase de ser declarado Venerable: El 23 de mayo de 2024, el Dicasterio para las Causas de los Santos reconoció sus virtudes heroicas, lo que llevó al Papa Francisco a firmar el decreto que le otorga el título de Venerable.

Próximos Pasos (Beatificación y Canonización)

Para la beatificación, se requiere la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión, ocurrido después de su muerte y verificado por la Iglesia. Una vez beatificado, se necesitaría un segundo milagro para la canonización y ser declarado santo.

Sus restos mortales fueron trasladados a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora en Tomelloso el 20 de febrero de 2025, a la espera de su posible reconocimiento como beato y santo.

viernes, 14 de mayo de 2021

PREGON DE SAN ISIDRO ENCARGADO POR LA HERMANDAD DE SAN ISIDRO DE TOMELLOSO DIA 8 ABRIL DE 2021 EN LA PAROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCION DE TOMELLOSO.

 Buenas Noches a la Hermandad de San Isidro Labrador por el Honor de elegirme para  que pregone la exaltación de la vida de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, lo que agradezco a don Manuel Ruíz Gómez Hermano Mayor y a toda la Junta directiva.

Al Rvdo. Sr. D. José Ángel MARTÍN ACOSTA, Párroco de la Parroquia La Asunción de Tomelloso y Consiliario de la Hermandad

Al Rvdo. Sr. D. Miguel Ángel VILLEGAS CALDERA, Vicario Parroquial de la Parroquia de la Asunción de Tomelloso y Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de la Blanca de Ruidera.

Al Rvdo. Sr. D. Jesús CAÑAS MORALES, Adscrito de la Parroquia La Asunción de Tomelloso.

A doña Tomasa  Paraíso Serrano por su excelente  presentación: gracias.

Mi felicitación a doña María del Carmen Navarro Perona por su merecido nombramiento de "Labradora"2021".

Mi saludo a la Coral Polifónica Asunción de Nuestra Señora y a su director don Antonio Javier Rodrigo Rodrigo por su acompañamiento.

A toda la Hermandad Presente hoy aquí, con mi recuerdo a la primera Junta Directiva  de esta Hermandad por recuperar la fiestas en Honor de San Isidro y con todos ellos los amigos y vecinos que llenan el templo y  nos acompañan.  Dios Nuestro Señor nos guarde y Nuestro Santo Patrón cuide nuestros campos y cosechas bajo la intervención de la Santísima Virgen María en sus advocaciones de las Viñas y la Asunción en el mes de mayo.

 

                                   Pregón a  San Isidro Labrador

 Gravada  en mi génesis llevo la fe de mis mayores. Señales  de júbilo que desde antes de nacer ellos me dieron, han sido y son, ventanas abiertas a la esperanza en el tiempo desde siglos. Mi existencia transcurre a la sombra de la cruz de Cristo  guardada en los bordes de mi corazón y en mis entrañas.

Mis ojos conocen las lindes de los  campos que mis antepasados  labraron dejando entre los surcos el sudor de su piel. De los campos sembrados. Del chozo construido con haces de gavillas, cuando no habían tenido tiempo de hacerlo con  lajas de piedra seca. 

Elevo mi canto en esta noche semejante a la oración que ellos elevaron al cielo, orando con el templo  del amanecer, tan solo eso, y la fe semejante a la de San Isidro Labrador, Patrón de los agricultores popularmente desde siglos y corroborado en el año 1960 por el  Papa Juan XXIII como santo patrón de los agricultores españoles.

Isidro de Merlo y Quintana, nombre que recibió en su bautismo. San Isidro, vino al mundo en torno al año 1080 en el Mayrit musulmán, en los arrabales de San Andrés, muy cerca de la iglesia del mismo nombre, donde su cuerpo sería encontrado incorrupto, varias décadas después de su muerte.

Es probable  que le llamaran Isidro en honor de san Isidoro, sabio y santo Arzobispo de Sevilla, en la época visigoda. Y también, porque el nombre de Isidro, significa, regalo de Dios.

Isidro fue un labrador mozárabe. Mozárabes eran los cristianos hispánicos que vivieron en territorio musulmán en el período que abarca desde la invasión musulmana  del año  711  hasta finales del siglo XI, conservando su religión y una complicada autonomía eclesiástica y judicial. Las prácticas religiosas las mantuvieron en los templos visigodos, que es de donde ellos provenían. La religión cristiana  era tolerada  con muchas limitaciones por lo que no eran autorizados a levantar nuevas iglesias. Las que se construían  eran en los extramuros, arrabales de las ciudades  y en aldeas  rurales,  siendo todas ellas muy pobres y modestas. Isidro, al igual que sus padres, oraba a Dios como cristiano hispano.

Según el poeta, Lope de Vega, recoge y escribe, que los padres de San Isidro se llamaban Pedro e Inés, y sitúa su vida inicial en el arrabal de San Andrés de la villa de Madrid. San Isidro nace de una familia de colonos. Los padres de Isidro tenían un contrato de arrendamiento anual, acuerdo que renovaban libremente, y que eran propiedad del caballero Juan de Vargas. Se cree, que Isidro, estuvo posiblemente al servicio de la familia Vargas y de otros tantos señores terratenientes como Francisco Vera.

San Isidro es el primer laico casado llevado a los altares tras un proceso de canonización instruido por la Congregación de Ritos de santidad Los promotores de esta canonización fueron varios personajes del siglo XVI, incluida la familia Vargas y la casa real de los Austrias. Isidro se casa con María Toribia, de Caraquiz, pertenece a Uceda, provincia de Guadalajara; tuvieron un hijo, de nombre Illán. Curiosamente, Illán, es nombre mozárabe que significa Julián, lo que confirma a la familia que pertenecía.

María Toribia, era creyente y practicante, como Isidro, tanto es así que de mutuo acuerdo los dos hacen vida contemplativa; María  cuida de la  ermita de la Piedad, cerca de Torrelaguna y al tener que cruzar el río Jarama para con su alcuza de aceite rellenar las lamparillas del Sagrario y altar; según recoge la tradición, tuvo que sufrir calumnias de algunos vecinos, que la acusaban de cometer adulterio, y estas habladurías llegaron a Isidro, quien decidió comprobar por sí mismo, su veracidad.  Isidro contempló a escondidas a su mujer, cruzando el río Jarama; María Toribia, extiende su manto sobre las aguas del río y, milagrosamente, cruza hasta llegar a la ermita. convenciéndose así, de su inocencia. 

 La actual urbanización de Caraquiz conserva el lugar, junto al río, donde sucedió este milagro. Cuando María Toribia, muere es enterrada en esa ermita, que ahora está ruinosa. Después  su  cuerpo es trasladado al convento de San Francisco de Torrelaguna, donde es venerada, pero en el año 1654 por orden del rey Felipe IV, es trasladada, en secreto a Madrid, para que reposen sus restos junto a los de su esposo San Isidro, porque los vecinos de Torrelaguna, se oponían. Desde el siglo XVIII, se conservan en la Colegiata de San Isidro de Madrid.

El ser llamada Santa María “de la Cabeza” se debe a que su principal reliquia fue su cráneo, venerado durante varios siglos, y que ahora yace en la urna de Madrid.

La vida de San Isidro la conocemos  por un códice, un libro escrito a mano, también llamados manuscrito  en la Edad Media, que fue encontrado en la Iglesia de San Andrés en 1504 (denominado como Códice de San Isidro y escrito a finales del siglo XII) y donde se denomina Ysidorus Agricola, con detalles y milagros de su vida. Y es ahí donde se dice que esta casado y tiene un hijo. Mencionándose  el milagro de los bueyes con los ángeles arando, el milagro del pozo subiendo las aguas para rescatar a su hijo, el de dar de comer a las palomas y el de la olla de comida para dar comida a los pobres, entre otros. Aunque no estaba santificado por la iglesia, los madrileños le rendían  culto desde el siglo XII, siendo conocido en otras partes de España. La iglesia  y la corona real española,  junto con el pueblo de Madrid y de otros muchos, iniciaron su proceso de canonización en el siglo XVI.

El 30 de noviembre de 1172 falleció: Es enterrado en el cementerio de la Iglesia de San Andrés donde había vivido. Se conoce este dato por mencionarlo el códice que acompañaba a los restos del cuerpo incorrupto de Isidro.

El mundo ha crecido San Isidro, y consoladamente, la fe  en Dios nos mantiene unidos junto a ti, en el amor y en la oración en este magma de continentes países y ciudades  por donde  naufragamos en tiempos de pandemia.

Tenemos fe, a pesar  de los que vocean que Dios ha muerto, y llegamos a ti, pidiendo que nos guardes la cosecha del alma, y las otras cosechas que labramos con nuestras manos de labriegos ajadas, con frentes surcadas de arrugas y fracasos. Manos orantes pidiéndote ayuda. Manos las que ayer, como tú, sujetaban con fuerza arados, y a voleo el trigo en las besanas.  Manos  obstinadas hoy  en perdurar,  generación tras generación labrando viñas, olivos, maíz y melón,  cebada, lino y almendros, para vivir…

Aquí estoy, San Isidro, con mi voz que declama  palabras  varadas en los que te seguimos. Desde que mis antepasados, aquellos que ni recordamos sus nombres, cavaron aquí, el primer pozo para abrevar ganados en éste pueblo de cruce de caminos y  posadas, rodeado de tomillos, espliego y encinares  Un pozo si, como los  que tú  también cavaste, santo zahorí de Madrid, cuando allí  faltaba el agua, calmando la sed de la tierra árida y de tus vecinos: fuentes y pozos de Madrid que han llegado a nuestros días benefactores para la salud humana. Agua, que con la ayuda de Dios hiciste brotar, entre torrentes de polvo de sequía en  esta tierra sin mares ni grandes ríos, orando en los templos al venir el día, delante de la lamparilla alimentada con aceite  del sagrario, vestido de estameña y lino. En tiempos donde tú, no eras nada, al no pertenecer  a la clase de la nobleza ni a la eclesiástica…Sorprende  al estudiar tu trayectoria  el hermoso relato de un padre de familia y esposo fiel, en aquella sociedad donde, como también hoy, importaba escasamente la familia. No eres Isidro labrador un santo normal en el santoral católico. Un campesino, no instruido culturalmente, honrado, generoso y tan humilde como callado; vida la tuya sin pretensiones  de envanecimiento ni menosprecio a los demás…Con tu natural bondad de hacer el bien. Necesitamos conocerte para seguir tu ejemplo. El sentido esencial de tu humanidad, austera, como lo han sido las gentes de esta tierra.

Gentes alegres con esos canticos de plenitud en la soledad del campo cuando por barbechos y heredades se escuchaba la voz fuerte y monocorde de una “gañanada”. Yo la escuché en mi infancia cantar a mi abuelo paterno y a mujeres con letras de oraciones, hoy olvidadas.

Alcánzame para todos los pueblos que labran la tierra y nos dan alimentos, lo esencial de tu vida, tan amado por Dios, que te hizo acreedor a que por tu santa intercesión, te pidamos ayuda para que nuestros campos expuestos a la intemperie con el techo del sol y las estrellas, no mermen las cosechas de las que vivimos. Vamos cargados de sueños junto a la tierra que es nuestro sustento y volamos haciendo proyectos semejantes a águilas para sacar el fruto del trabajo. Y nos marchitamos y continuamos infatigables sin temor a la escarcha ni a los cardos…Tú, San Isidro eres la longitud de nuestro espíritu, la razón del alma que no avienta el cansancio, ni la muerte cuando nos convierte en tierra y polvo porque vamos amortajados de amor, y el amor nos guía hasta Dios.

Somos gentes que aún creemos en los ángeles, y nos lo callamos por si alguno se ríe de nosotros, porque en la soledad del campo el viento, a  veces trae susurros  que nos dice que volemos por las espirales de los atardeceres.

Te ruego, nos dejes entre los párpados la luz de tu silencio que nos llama y convoca a ser tus aprendices y oremos, sin temor a perder el tiempo, para encontrar a Dios. 

Bajo este cielo, hoy San Isidro,

crece la súplica de  estos labriegos

junto al altar. Somos tu gente

los que miramos pasar las nubes

pidiendo lluvia, los que rogamos

a Dios que  nuestros campos

nos den el pan de cada día.

Ruego sencillo de esta jornada

hoy de oración en Tomelloso.

Al fin y al cabo somos pequeños

como la yerba de los caminos,

como el repique de las campanas

que por sabido, casi ignoramos.

Somos el pueblo llano y sencillo

sin más tributo que este trabajo

de arar los campos; somos los tuyos,

los campesinos, Santo Patrón,

ruega por todos, pídele a Dios

por nuestros muertos, por las familias

y su sustento, por nuestro pueblo

sin más postigos que esta oración

a ti elevada. Pasa la noche

por sus zaguanes con San Isidro

por nuestros campos.

Todo es silencio.  Todo es amor.

 

                                                                            Natividad Cepeda

 

 

 

 

lunes, 14 de septiembre de 2020

La imagen de Cristo crucificado de mi pueblo


 Él, es una imagen de Cristo en la agonía, así me decía mi madre que se llamaba, y yo que jamás dije a mamá,  madre; miraba primero el rostro de mamá alzado hacía la imponente imagen y después como sin darme cuenta lo miraba a Él  y me sentía muy cerca de mamá y de Cristo, como sin palabras nos escuchara a las dos en el silencio del templo.
La iglesia de mi pueblo no es grandiosa, es una iglesia castellana  sencilla que por esa causa es acogedora. En mi infancia, cuando tenía que cogerme en brazos papá para ver los altares y el belén de las Pascuas, el piso era de madera, y me gustaba mucho porque al andar  crujía como si se quejara y yo pisaba muy fuerte para que mis pequeños pies hicieran ruido.
Un día en la iglesia llegamos y estaba levantando un lado del piso y sentí deseos de gritar  para que no lo hicieran porque aquella madera era parte de mi iglesia y de los pasos.
El nievo piso fue un terrazo blanco y negro y ese piso me hacía contar las baldosas y sumaba y restaba y multiplicaba y dividía con todas ellas y no rezaba.
Cristo en su cruz  seguía mirándonos desde su altura y por entonces fuimos al cine haber una película que se llamaba "Marcelino pan y vino", era de un niño que no tenía padres y vivía en un convento de frailes. La película me impacto porque en ella salía mi Cristo y Marcelino le hablaba igual que lo hacía yo.  
Pusieron a la venta unos cromos de la película y me compararon el álbum y yo con la paga del domingo compraba los cromos. Junte todos los cromos hasta llenar el álbum y manoseado y viejo resiste el paso de los años entre libros juveniles.
El tiempo siguió su marcha y yo crecí tanto que me decían las buenas gentes que era mas larga que un día sin pan. Ahora ya podía mirar a mi Cristo hasta sus ojos: mirar su mirada hermosa y dulce que yo sentía en lo más profundo de mi ser.
Las estaciones con sus ciclos cambiantes se sucedieron y un otoño cuando en las cuevas las tinajas acunaban el vino de al cosecha me enamoré de otro larguirucho de ojos verdes. 
Aquella vivencia era tan nueva que me sentía flotar  y al mismo tiempo no podía explicarme porqué de todo aquello tan de pronto y tan mágico. Estrené el año nuevo con un compromiso de relación formal, incluida la presentación a mis padres y hermanas de mi chico. Papá, antes me advirtió de mi excesiva juventud para aquél compromiso, diecisiete años recién cumplidos, pero yo  me sentía tan mayor como la vieja torre de mi iglesia.
A finales de enero el larguirucho de ojos verdes que me cogía de la mano siempre, me dijo preocupado, que se marchaba a un lugar llamado Sidi Ifni porque tenía que cumplir con el llamado servicio militar... 
Se marchó y durante nueve meses  a diario recibía su carta y él la mía. El cartero se habituó a traer no solo la correspondencia de papá que era mucha, y mis cuadernos de francés que yo estudiaba por correspondencia. Puntualmente llegaban las cartas de sobre de bordes azul y rojo, del avión de aquel joven soldado del que yo estaba enamorada.
Todas las tardes pasaba al templo y delante de aquel Cristo mío le pedía que a mi chico no le pasara nada. Llegó en agosto la vendimia y también mi larguirucho con el primer y único permiso  de un mes de duración. Salíamos a pasear y pasábamos al templo hasta el sagrario. Íbamos al cine, al casino y el mes fue una ráfaga de viento apenas perceptible. Y yo volví a mi Cristo; siempre solo. Siempre inmenso en al nave de la iglesia con algunos claveles rojos o blancos que dejaban algunas personas en sus pies.
Seguimos juntos el larguirucho, el Cristo y yo, con algunos kilos más, con hebras de plata entre el cabello y surcos preciosos que muestran los años vividos en el rostro de ambos.  Mi cristo en su cruz no ha cambiado, bueno el año pasado le dieron una mano de barniz y brilla como si fuera hacer un anuncio de limpieza... fallos que todos cometemos y la cofradía y el cura párroco pues lo vieron así, y así se ha quedado, lustroso de arriba a abajo.
Hoy, como otros días he ido al templo y como siempre he visto llegar  a un hombre joven de vaqueros y en mangas de camisa, llegar hasta la imagen de Cristo crucificado y de pie mirarle a los ojos y quedarse quieto en oración silenciosa. Después dos mujeres se han parado delante de la imagen y más tarde un chico de pantalón bermudas, camiseta roja y un corte de pelo se-mi rapado  con un pendiente en una oreja, pararse delante de la imagen del que aquí, en mi pueblo, llamamos el Cristo de la Misericordia, y rezarle con su vestimenta de joven y su fe de cristiano. 
Hoy los cristianos hemos conmemorando la exaltación de la santa Cruz y se ha encendido un foco enfrente del Cristo de la Misericordia para que lo iluminara por completo. 
A causa de la pandemia  del coronavirus, la nave está acotada por un banco para evitar contagios, eso no impide que hasta la sagrada imagen sigan llegando a ella hombres y mujeres de todas las edades. 
Hoy me ha emocionado ver como delante del banco que impide el paso unos y otros se han parado para rezarle. 
Hoy yo  no lo he visto, abierto en su cruz y tan iluminado por el foco. Mientras que veía  a los demás he vuelto a recordar a mamá y a papá,  a mis abuelas y abuelos y a tantos otros que se han ido con Él. He sentido la congoja llenarme el corazón y he orado siguiendo la eucaristía pared por medio de mi Cristo, pidiendo por tantos enfermos por el Covid 19. He salido del templo y he sentido que al andar, a mi lado venia Cristo Jesús,  con su misericordia dejándome paz y amor  a pesar de tantas decepciones y tantas despedidas.  
Si alguna vez llegáis hasta mi pueblo no dejes de ir a verlo es una muestra de arte cristiano. Y se le puede ver, y dejar que te mire igual que otros van a ver a Buda o al Tibet; mirarle a los ojos y comprobareis que su misericordia es infinita.

Natividad Cepeda
  
 
   

miércoles, 5 de agosto de 2015

PLEGARIA POR EL SILENCIO DE UN HOMBRE BUENO SIERVO DE DIOS ISMAEL DE TOMELLOSO

              Ahora, cuando la plata se hace hueco en mi pelo, vuelves a recordarme que todavía en el silencio de los justos habla Dios. Ahora cuando todo es ruido y miseria en mitad de la crisis económica y nadie rectifica sus errores tu hablas desde tus pensamientos que siempre en el camino hay santos que nos dan el testigo de la fe. Ahora cuando todas las empresas parecen ir a la quiebra del desastre arrastradas por la destrucción de la avaricia tú aseguras que hay que dar en medio del caos ejemplo de vida en el mar agitado por donde navegamos. Y sencillamente rezas en silencio absorbido en Dios, perdido en la inmensidad de Él y a Él totalmente entregado. Ni egoísmo, ni dinero, ni comodidades, ni familia, ni honores... ¡Sólo Cristo!
Así perdido  en ese éxtasis cumples estrictamente con la pasión del hombre que sabe que morir es nacer desde el abandono de los hombres. Desde mí pobreza interior intento peregrinar a tu cobijo: Ismael de Tomelloso, Siervo de Dios enfermo y oprimido  lejos de todo cuanto es humanidad piadosa. Me aturde pensar en tu silencio, en esa voluntad tuya de entrega por amor hacia todos, realizada en medio del terror de la guerra y del odio. Me viene grande tu mensaje de perdón entregado desde la soledad y el menosprecio de los vencedores para con los vencidos. 
Y otra vez me planteo la pregunta sin respuesta; cuando aquello ocurría ¿adonde estaba Dios? Y no tengo profetas que me respondan ni guía que me explique por qué tú, tan joven, y con tantos ases en la mano, te dejaste morir en medio de la muerte. Noche oscura sin otro alumbramiento que Dios. Noche de calvario y de gólgota en todos los campos de concentración del mundo, en todos los hospitales de prisioneros de guerra donde el símbolo de las banderas son símbolos mojados en lágrimas y en sangre. Allí donde Cristo muere una y otra vez cubierto de harapos, despreciado por los vencedores, ultrajado por los verdugos de cualquier año, siglo y siglas.
Desde tu mirada de muchacho que sonríe intento ver, Ismael, los vastos baluartes de la guerra, y tú  me muestras la esperanza en la vida.  Acaso la santidad sea eso, una sonrisa que estrechamente nos une a Dios. Es posible que más allá de la tierra yerma  del alma se puedan levantar senderos que nos conduzcan a la luz. Me desconciertas Ismael Molinero Novillo, me dejas a la intemperie cuando me sumerjo en tu corta vida. Y también me arrebatas el corazón cuando veo en tus ojos soñadores  la resurrección de la carne gracias al amor de Dios. Por qué ¿qué otra cosa es, esto que ahora está sucediendo? Dicen que de la oscuridad nace la luz y de la muerte la vida. Aseguran que de Dios venimos, y hacia Dios vamos. Está escrito, que polvo somos, y al polvo volvemos, pero quien tiene tanta fuerza para hacer posible que tú, Ismael, regreses del silencio para que junto a ti, miremos sin odio y sin venganza, una página trágica y vergonzosa del ayer.
En muchas ocasiones vago por mis desiertos, me desvelo en mi noche oscura y me pregunto si es verdad y cierto, que Dios está en medio de nosotros, ahora  sin llamarte ni buscarte, tú, te haces presente, joven manchego, muchacho obrero que sacaba tiempo para declamar en el teatro, tocar instrumentos y ejercer el voluntariado entre los viejos del asilo, los pobres parados y hambrientos que pedían por caridad pan y comprensión en aquella década de 1930. Y creo que esto es posible porque Dios resucita entre las muertes de cada día.  Hoy, te elevo mi plegaria, Siervo de Dios, no desde la muerte que pasea los estandartes de las procesiones por las calles de nuestras ciudades, te rezo para que impulses mi resurrección junto a la tuya.  Canto como el salmista a la vida, esperando que Dios, sepa perdonar mis muchas flaquezas, porque soy hija del mundo y te aseguro, Ismael, que no es fácil seguir tu ejemplo. 
El tiempo no ha parado su fluir, contigo se ha expandido junto al Crucificado,  no hay razas ni color, ni mensajes que puedan acallar aquello de "Amaos los unos a los otros como yo os he amado, en eso conocerán que sois mis discípulos" Tú, Ismael de Tomelloso, hiciste del mandato de amor, tu amor de entrega, haz posible que en la resurrección de Cristo además de la tuya esté la nuestra.

                                                                                                               Natividad Cepeda


Arte digital: N Cepeda

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Recordando el rastro de luz de Gloria Fuertes

                                
Recordar a la poeta española Gloria Fuertes  que   se fue a poblar otros cielos un 27 de noviembre de  1998 es también hacer justicia en este mes de noviembre.
 Nacida en el barrio de Lavapiés de Madrid fue una poeta escasamente valorada por los círculos literarios españoles, quizá porque nació mujer y también porque escribió para los niños.  Su  obra literaria demuestra su originalidad  a pesar  de los encorsetados y vanidosos ambientes cultos que no siempre reconocen a los creadores. Y traer uno de sus poemas es demostrar su actual vigencia.
Porque todavía ser poeta y mujer cuesta ser reconocida: incluso por muchas otras  mujeres.
La injusticia con la mujer tiene rostros diferentes siendo todos ellos rostros de dolor y de impotencia. Para Gloria Fuertes no fue fácil y Camilo José Cela lo escribió y reconoció diciendo lo “inmisericorde” que con ella se fue.
Gloria fuertes no alardeo de su recorrido humilde, porque llegar desde los no pudientes y escribir sí, es puerta abierta para los hombres, pero escasamente lo es para la mujer.
Sus libros los han leído las generaciones que ahora tienen hijos: y cuando los niños de hoy escuchan un poema de Gloria Fuertes  lo comprenden de igual manera. Regalar a un niño un poema de esta poeta es dejar un rastro de luz en su cerebro. Creo que sobran videojuegos y faltan adultos que en la familia y en las aulas siembren poemas en los niños.
Noviembre se viste de morado por las mujeres muertas,  se olvida,  no se dice, ni reconoce la excesiva violencia en las películas de las videoconsolas, en los dibujos animados, en las series televisivas  de adultos… en el lenguaje y en la jerga diaria… Todo eso es caldo de cultivo para seguir matando sin que después quede un rastro de conciencia por el daño infringido.
Antes, cuando todavía creíamos en la paz de los muertos, sin falacias ni lazos morados en las solapas y sentíamos terror por la maldad de los asesinos encendíamos luz para los muertos por la paz de su espíritu; antes cuando todavía comprábamos libros de Gloria Fuertes y se los regalábamos a los niños sin necesidad de comunicarse por el móvil y el Skype esa singular poeta escribió esta oración.

Que estás en la tierra, Padre nuestro,
Que te siento en la púa del pino,
En el torso azul del obrero,
En la niña que borda curvada
La espalda, mezclando el hilo en el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En el surco,
En el huerto,
En la mina,
En el puerto,
En el cine,
En el vino,
En la casa del médico.
Padre nuestro que estás en la tierra,
Donde tienes tu gloria y tu infierno
Y tu limbo; que estás en los cafés
Donde los pudientes beben su refresco.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En un banco del Prado leyendo.
Eres ese viejo que da migas de pan a los pájaros del paseo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En la cigarra, en el beso,
En la espiga, en el pecho
De todos los que son buenos.
Padre que habitas en cualquier sitio,
Dios que penetras en cualquier hueco,
Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra,
Padre nuestro que sí que te vemos
Los que luego hemos de ver,
Donde sea, o ahí en el cielo.
                                                      Gloria Fuertes                                                             


 Gracias a Gloria Fuertes por no desfallecer cuando se la ignoraba  y seguir escribiendo en la soledad de su escritorio. 

                                                                                                                       Natividad Cepeda

 


Fotografía de la red: Arte digital N. Cepeda