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viernes, 21 de junio de 2024

Paradigma de amor universal y despojamiento de uno mismo del Venerable Ismael de Tomelloso




Empecé hace 18 años junto a Blas Camacho y otros compañeros de viaje a conocer  profundamente el testimonio de vida, dejado después de su muerte,  de Ismael Molinero Novillo, al formar parte de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso. Un viaje que no busqué y en el que solo Dios sabrá  por el que sigo caminando hasta hoy.

De ese comienzo escribe en “Con Vosotros - Diócesis de Ciudad Real” Semanario de la Iglesia en Ciudad Real Jesús Cañas Parra  sobre Ismael de Tomelloso lo siguiente:

El 23 de mayo de 2024, el Dicasterio para las Causas de los Santos publicó, con la firma del Papa Francisco, el decreto de virtudes heroicas del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso que le conducirá a ser venerable. Años antes, concretamente el 17 de diciembre de 2006, se constituyó en el Colegio de la Milagrosa de Tomelloso una asociación para llevar adelante los trabajos necesarios para el buen avance de la Causa y la extensión de la devoción personal hacia Ismael de Tomelloso. La Causa de Ismael de Tomelloso recibió el nihil obstat de la Santa Sede en marzo de 2008, y quedó abierta en el Obispado de Ciudad Real el 5 de mayo de ese mismo año.



Jesús Cañas Parra es Tesorero y Administrador de Economía de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael  Molinero Novillo, proclamado Venerable por la Iglesia Católica. Es el tomellosero más importante de nuestra ciudad y también el gran desconocido para la mayoría de la población. Sobre estos años he escrito algunas vivencias y escuchado testimonios, y sobre todo la fe y el entusiasmo de su último biógrafo, Blas Camacho Zancada, su impulsor de las últimas décadas, al devolvernos el testimonio de vida de este joven manchego, al que nunca  se le agradecerá lo suficiente su dedicación constante.

La dimensión del venerable Ismael  de Tomelloso me hace peregrinar a su testimonio de vida para encontrar ese amor universal que él sintió y dio a todos cuantos le conocieron. Todo en Ismael es amor sin mengua. Es tan joven  que parece imposible que un chico que sonríe con la mirada llena de luz no luchara  por vivir. Cuestión incomprendida para la gran mayoría de este momento donde la imagen y las voces personales son la medida del popularismo actual.

La cumbre de Ismael es vivir el Evangelio vivificador en toda su existencia cristianamente, porque él es seguidor de Jesucristo y esa vivencia la vemos en su sonrisa, que es la sonrisa de Dios.  Orar y amar a todos, incluso a los que le odian,  persiguen y desprecian en mitad de una contienda  adonde es llevado como soldado de la Republica de España desde 1936 a 1939; cuando con anterioridad  ha sido buscado por su fe en Cristo, por los mismos que le obligan a enrolarse es paradigma de amor  universal y despojamiento de uno mismo. 



Ismael es un laico sencillo, humilde y trabajador desde la adolescencia, como lo eran muchos chicos y chicas de su entorno, que descubre la contemplación ante el Sagrario rezando su plegaria en silencio, para escuchar la armonía de la creación en su trasiego espiritual al conversar con Dios. La fe arraiga en su alma y se abre a la verdadera libertad, al amor de Dios y por Él, al amor al prójimo. Esa es la verdadera razón de su silencio. Su valor total y pleno. Lo esencial de su troquel cristiano.

Hoy no sabemos escuchar al silencio porque hay excesivo ruido. El Venerable Ismael de Tomelloso conversa con el silencio orando desde el latido profundo de su corazón. Un corazón que acompaña a los ancianos abandonados en el asilo, solos, sin familia ni enseres personales; iguales a los de  hoy. El corazón, que late con los niños, a los que regala globos cuando a la salida del colegio pasan a verlo a la tienda de tejidos “El siglo”, donde trabajaba, con su hermosa sonrisa. Así me lo contaba mi padre, niño de entonces. Crece su amor en felicidad cuando descubre desde su alegría la música de la guitarra, de la interpretación  siendo un joven autodidacta que se cultiva en cultura y busca la felicidad en medio de los otros con su añoranza de Dios y su búsqueda constante.



El estallido de la guerra y su trascendencia inmoral en la conciencia humana no ha cambiado desde miles de años. Ismael conoce su tragedia destructiva injusta y cruel carente de triunfos y en medio de su estallido en la batalla de Teruel  incapaz de hacer daño tira su fusil y reza. Así lo contaron quienes lo vieron. Su actitud intemporal con la visión de hoy se le puede llamar pacifista al oponerse a la violencia de la guerra; de cualquier guerra  vivida externa o internamente. Y es para Ismael tan primordial que cuando es hecho prisionero calla pertenecer a la Acción Católica para ser uno más de los prisioneros de guerra llevado hasta el campo de concentración  perdido en la densidad de los otros; calla, reza y enferma sin perder su fe y la esperanza en Dios y en la medalla cosida por él en el forro de su chaqueta militar de la Virgen Milagrosa. Igualdad sin prebenda junto a los que en nada se identifican con él. Pero  sabe que su horizonte  es el amor repitiendo

 “Soy de Dios y para Dios, si muero seré totalmente de Dios…y si no muero quiero ser sacerdote.” 

De esa fe se desprende la luz de Ismael; de la irrupción de Dios en su alma. De Cristo vivo para todo el que sufre y espera en Él. Su cuerpo llagado peregrina al amor  ecuménico del Señor con el equipaje de morir solo en la cama de un hospital de guerra… Como mueren en los campos de batalla y hospitales los inocentes de las inútiles guerras actuales. Entender  la vida del Venerable Ismael de Tomelloso con nuestra visión  narcisista buscando la admiración y reconocimiento de todos es ignorar  la grandeza de este laico católico para el que Dios era y fue, el Alfa y Omega de su vida. Principio y fin de su existencia  que él afirmaba  al decir y dejar escrito

”Quiero vivir absorbido en Dios, perdido en la inmensidad ce Él y a Él totalmente entregado. Ni egoísmo, ni dinero, ni comodidades, ni familia, ni honores…Solo Cristo.”





El silencio del Venerable  Ismael de Tomelloso es similar  al testimonio de San Juan de la Cruz, acallar las injusticias de las sociedades humanas  en favor de la esperanza y el amor de Dios. La validez de su vida es participar en la alegría de su existencia dándolo a conocer  en toda su dimensión en mitad de la globalización, entre las sociedades que la forman, porque para el amor y la paz no hay fronteras.

 

Natividad Cepeda

Secretaria General de la Asociación para la Causa de Beatificación y Canonización del Venerable  Ismael de Tomelloso.

 

Ismael Molinero Novillo, nació el 1 de mayo de 1917 en Tomelloso. Estudió en el colegio de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl  de Tomelloso.  En el año 1933 integró el primer grupo juvenil de Acción Católica de Tomelloso con el cargo de tesorero. La Guerra Civil lo marcó profundamente por el asesinato de su director espiritual Reverendo Bernabé Huertas y el párroco Reverendo Vicente Borrell  y la quema de la iglesia e imágenes de Tomelloso. En el año 1937 el ejército republicano lo reclutó Fue hecho prisionero por el ejército nacional y llevado a un campo de concentración junto a otros prisioneros. El invierno de 1938 fue durísimo se llegó a marcar 20 grados bajo cero. Ismael enfermó de pulmonía y tuberculosis siendo trasladado al hospital de Zaragoza. Cuando le preguntaron su nombre y procedencia ocultó pertenecer a Acción Católica para evitar ser tratado de forma diferente a sus compañeros del campo de concentración. Murió el 5 de mayo de 1938, tenía 21 años de edad.

 

 








viernes, 11 de diciembre de 2020

El silencio ermitaño del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso

Empecé hace doce años junto a Blas Camacho y otros compañeros de viaje a conocer más profundamente el testimonio de vida dejado después de su muerte de Ismael Molinero Novillo, al formar parte de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso, proclamado actualmente Siervo de Dios por la Iglesia Católica. Un viaje que no busqué y en el que solo Dios sabrá  por qué sigo caminando.

Sobre estos años he escrito algunas vivencias y escuchado testimonios, y sobre todo la fe y el entusiasmo de su último biógrafo, Blas Camacho Zancada,  impulsor al devolvernos el testimonio de vida de este joven manchego, al que nunca  se le agradecerá lo suficiente su dedicación constante.

La dimensión de Ismael  de Tomelloso me hace peregrinar a su testimonio de vida para encontrar ese amor universal que él sintió y dio a todos cuantos le conocieron. Todo en Ismael es amor sin mengua. Es tan joven  que parece imposible que un chico que sonríe con la mirada llena de luz no luche por vivir.

Para Ismael vivir es morir en Cristo y resucitar en Él. Esa entrega es tan grandiosa que sigue sorprendiendo en el siglo XXI  su silencio de ermitaño en medio de los que lo rodean por los lugares donde transcurrió su vida. Ismael personifica en su búsqueda de Dios la castidad admirada en el medievo entroncada en la pureza  de los santos reconocidos por la iglesia dentro de su doncellez.

Padecer por los otros no es para él  un dilema, es una apuesta decidida frente al dolor que lo consume y lo rodea en un conocimiento reflexivo sobre el mal de la guerra. Ismael es testigo de la desconfianza que engendra el miedo. Un miedo colectivo que separa y humilla sin asomo de piedad alguna como si lo tenebroso de lo medieval hubiera vuelto en aquella España en guerra, donde  la sangre derramada  por doquier sobrepasa y aniquila cuerpos y almas en ese proceso absurdo y equivocado carente de civilización que es un conflicto bélico.

En medio de esa tragedia inhumana surge para él la grandeza de Cristo; comprueba que unos mueren por su fe, y otros por querer erradicar a Cristo y a los cristianos. Nada nuevo en ese momento histórico, repetido también hoy en la iglesia perseguida de la que la mayoría de los medios de comunicación no se hacen eco ignorando esta cruda realidad.

Dentro de esa anarquía de espanto se forja la voluntad juvenil de Ismael.  Así, de su cruz, hace su aventura. Porque descubre que la cruz no es un símbolo artístico plasmado por pintores y cantada por poetas; no, la cruz es el camino ascendente del alma para encontrar a Dios.

 No se puede separar la vida de Ismael de su despertar juvenil. Porque la juventud es la fuerza arrolladora de la vida. Ser joven es volar e imaginar el futuro para alcanzar los logros soñados. Es ante todo el ímpetu de la vida, de ahí la gran importancia de la inmolación que hizo con su silencio al ofrecerse por la paz. Una paz imposible de imaginar en el año convulso de 1938 en España. 1938 es un año de espadas alzadas donde la ceguera colectiva crea héroes y villanos entre los contendientes.

No existe otro silencio que el de la muerte. El dolor  de las vidas segadas desconcierta emocionalmente hoy, por la sinrazón fratricida de aquellos tres años donde el antes y el después siguen vigentes. Ismael es uno más reclutado por el ejército de la república. Es un número en las filas que sucumbirá en la batalla de Teruel. Uno de los miles de hombres que murieron en los campos de batalla.

Porque se puede estar en desacuerdo con la santidad comprendida desde la dimensión cristiana, pero nadie puede negar que el testimonio de este joven sea válido como testimonio de aceptación para cualquier dolor humano. Dolor por enfermedad del cuerpo y del alma.

Ismael ora entre la fiebre y el dolor amando a todos. Su congoja es ver el desamor  en cualquier sitio, en el pueblo, en el frente, en el campo de concentración y en el hospital. Pero también conoce que el amor  por los demás es ilimitado por eso nada pide y nada exige. Todos sus gestos, todo su silencio lo sitúa en lo más alto de los cerros y collados del espíritu. Ismael ha descubierto que su cuerpo es la materia que lo lleva a conocer a Dios en el total abandono de su ser, para entrar en el conocimiento total. El conocimiento de llegar al Absoluto donde todo queda respondido.

Para Ismael Dios es su espacio y soporte, el centro total del universo. Ismael no teme a la muerte porque siente a Dios por encima de todo cuanto le rodea y su entrega está más allá  de las cosas del mundo. Su  centro es Jesús Sacramentado y en él convergen todas sus aspiraciones y acciones. Por ese amor se licua su alma en el metal precioso de la entrega. Todo su silencio es búsqueda de paz  a pesar de la guerra que lo rodea. En el silencio de la oración encuentra la unidad con los demás: nada pide porque todo él está lleno de luz.  Todo lo sagrado conduce a la perfección. Es la apertura que Ismael conoció.

Al intentar describir la espiritualidad del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, llamado así por la iglesia católica, no ignoro que sería más comprendido si escribiera sobre espiritualidad por ejemplo, budista o tibetana, o sobre mente y espíritu para conocerse a sí mismo, aceptado por infinidad de seguidores y múltiples publicaciones donde se dan pautas para alcanzar la perfección seguidas y respetadas actualmente.

Escribir sobre la dimensión humana de Ismael Molinero un hombre sencillo que murió hace tiempo es clara señal de que fue alguien extraordinario cuando hoy,  nos seguimos preguntando el ¿por qué? de su silencio.  Y sobre todo porque ese silencio es un camino a seguir por la bondad que al bucear en su testimonio de vida se nos muestra aun sin comprenderlo.

Nos faltan valores humanos. Y nos sobran iconos en las pantallas electrónicas de mitos exentos de cualidades. Y hay muchas antojeras que impiden ver testimonios de vidas ejemplares como la del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso.

 

Natividad Cepeda

 

Resumida biografía del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso.

Ismael de Tomelloso, nació el 1 de mayo de 1917. Joven de buen carácter, simpático y muy humano. Recitaba poesía y organizaba obras teatrales. Católico de profunda vida espiritual. Estudió con las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, en el colegio de Tomelloso.  En el año1933 integró el primer grupo juvenil de Acción Católica de Tomelloso con el cargo de tesorero. La Guerra Civil lo marcó profundamente por el  asesinato de su director espiritual y la quema de iglesias e imágenes en su pueblo, igual que en toda España. En el año 1937 el ejército republicano lo reclutó y le obligó a participar en la guerra, pero en la batalla de Teruel decidió arrojar su fusil al suelo, se aferró a su medalla de la Milagrosa y dejó de luchar.

Fue hecho prisionero por el ejército nacional  y llevado a un campo de concentración junto a otros prisioneros. El invierno de 1938 fue durísimo se llegó a marcar 20 grados bajo cero por lo que muchos soldados enfermaron: Ismael enfermó de pulmonía siendo trasladado al hospital de Zaragoza. Cuando le preguntaron su nombre y procedencia ocultó pertenecer a Acción Católica para evitar ser tratado de forma diferente a sus compañeros del campo de concentración. 

"No quiero nada con el mundo. Soy de Dios y para Dios; si muero seré totalmente de Dios en el cielo, y si no muero… ¡quiero ser sacerdote!... ¡Hacen falta santos!", dijo desde su lecho de muerte. Murió el 5 de mayo de 1938, tenía 21 años de edad.

 

lunes, 14 de septiembre de 2020

La imagen de Cristo crucificado de mi pueblo


 Él, es una imagen de Cristo en la agonía, así me decía mi madre que se llamaba, y yo que jamás dije a mamá,  madre; miraba primero el rostro de mamá alzado hacía la imponente imagen y después como sin darme cuenta lo miraba a Él  y me sentía muy cerca de mamá y de Cristo, como sin palabras nos escuchara a las dos en el silencio del templo.
La iglesia de mi pueblo no es grandiosa, es una iglesia castellana  sencilla que por esa causa es acogedora. En mi infancia, cuando tenía que cogerme en brazos papá para ver los altares y el belén de las Pascuas, el piso era de madera, y me gustaba mucho porque al andar  crujía como si se quejara y yo pisaba muy fuerte para que mis pequeños pies hicieran ruido.
Un día en la iglesia llegamos y estaba levantando un lado del piso y sentí deseos de gritar  para que no lo hicieran porque aquella madera era parte de mi iglesia y de los pasos.
El nievo piso fue un terrazo blanco y negro y ese piso me hacía contar las baldosas y sumaba y restaba y multiplicaba y dividía con todas ellas y no rezaba.
Cristo en su cruz  seguía mirándonos desde su altura y por entonces fuimos al cine haber una película que se llamaba "Marcelino pan y vino", era de un niño que no tenía padres y vivía en un convento de frailes. La película me impacto porque en ella salía mi Cristo y Marcelino le hablaba igual que lo hacía yo.  
Pusieron a la venta unos cromos de la película y me compararon el álbum y yo con la paga del domingo compraba los cromos. Junte todos los cromos hasta llenar el álbum y manoseado y viejo resiste el paso de los años entre libros juveniles.
El tiempo siguió su marcha y yo crecí tanto que me decían las buenas gentes que era mas larga que un día sin pan. Ahora ya podía mirar a mi Cristo hasta sus ojos: mirar su mirada hermosa y dulce que yo sentía en lo más profundo de mi ser.
Las estaciones con sus ciclos cambiantes se sucedieron y un otoño cuando en las cuevas las tinajas acunaban el vino de al cosecha me enamoré de otro larguirucho de ojos verdes. 
Aquella vivencia era tan nueva que me sentía flotar  y al mismo tiempo no podía explicarme porqué de todo aquello tan de pronto y tan mágico. Estrené el año nuevo con un compromiso de relación formal, incluida la presentación a mis padres y hermanas de mi chico. Papá, antes me advirtió de mi excesiva juventud para aquél compromiso, diecisiete años recién cumplidos, pero yo  me sentía tan mayor como la vieja torre de mi iglesia.
A finales de enero el larguirucho de ojos verdes que me cogía de la mano siempre, me dijo preocupado, que se marchaba a un lugar llamado Sidi Ifni porque tenía que cumplir con el llamado servicio militar... 
Se marchó y durante nueve meses  a diario recibía su carta y él la mía. El cartero se habituó a traer no solo la correspondencia de papá que era mucha, y mis cuadernos de francés que yo estudiaba por correspondencia. Puntualmente llegaban las cartas de sobre de bordes azul y rojo, del avión de aquel joven soldado del que yo estaba enamorada.
Todas las tardes pasaba al templo y delante de aquel Cristo mío le pedía que a mi chico no le pasara nada. Llegó en agosto la vendimia y también mi larguirucho con el primer y único permiso  de un mes de duración. Salíamos a pasear y pasábamos al templo hasta el sagrario. Íbamos al cine, al casino y el mes fue una ráfaga de viento apenas perceptible. Y yo volví a mi Cristo; siempre solo. Siempre inmenso en al nave de la iglesia con algunos claveles rojos o blancos que dejaban algunas personas en sus pies.
Seguimos juntos el larguirucho, el Cristo y yo, con algunos kilos más, con hebras de plata entre el cabello y surcos preciosos que muestran los años vividos en el rostro de ambos.  Mi cristo en su cruz no ha cambiado, bueno el año pasado le dieron una mano de barniz y brilla como si fuera hacer un anuncio de limpieza... fallos que todos cometemos y la cofradía y el cura párroco pues lo vieron así, y así se ha quedado, lustroso de arriba a abajo.
Hoy, como otros días he ido al templo y como siempre he visto llegar  a un hombre joven de vaqueros y en mangas de camisa, llegar hasta la imagen de Cristo crucificado y de pie mirarle a los ojos y quedarse quieto en oración silenciosa. Después dos mujeres se han parado delante de la imagen y más tarde un chico de pantalón bermudas, camiseta roja y un corte de pelo se-mi rapado  con un pendiente en una oreja, pararse delante de la imagen del que aquí, en mi pueblo, llamamos el Cristo de la Misericordia, y rezarle con su vestimenta de joven y su fe de cristiano. 
Hoy los cristianos hemos conmemorando la exaltación de la santa Cruz y se ha encendido un foco enfrente del Cristo de la Misericordia para que lo iluminara por completo. 
A causa de la pandemia  del coronavirus, la nave está acotada por un banco para evitar contagios, eso no impide que hasta la sagrada imagen sigan llegando a ella hombres y mujeres de todas las edades. 
Hoy me ha emocionado ver como delante del banco que impide el paso unos y otros se han parado para rezarle. 
Hoy yo  no lo he visto, abierto en su cruz y tan iluminado por el foco. Mientras que veía  a los demás he vuelto a recordar a mamá y a papá,  a mis abuelas y abuelos y a tantos otros que se han ido con Él. He sentido la congoja llenarme el corazón y he orado siguiendo la eucaristía pared por medio de mi Cristo, pidiendo por tantos enfermos por el Covid 19. He salido del templo y he sentido que al andar, a mi lado venia Cristo Jesús,  con su misericordia dejándome paz y amor  a pesar de tantas decepciones y tantas despedidas.  
Si alguna vez llegáis hasta mi pueblo no dejes de ir a verlo es una muestra de arte cristiano. Y se le puede ver, y dejar que te mire igual que otros van a ver a Buda o al Tibet; mirarle a los ojos y comprobareis que su misericordia es infinita.

Natividad Cepeda
  
 
   

martes, 2 de mayo de 2017

Centenario de una vida ejemplar y actual: Siervo de Dios Ismael de Tomelloso

      
Irrumpe Dios en el alma de Ismael con la fuerza de la primavera.  Se siente pequeño entre todos. Su vida fue un ejemplo de amor y de caridad hacia los demás. En silencio oraba por la paz entre los hermanos. Y en silencio formó parte del mundo dolorido de los enfermos, de los presos y abandonados en campos de concentración. De los parados sin trabajo. 
Necesidades que remedia en su  albergue de amor fraterno. Sirvió a todos sin aditivos ni falsos ropajes. Regalaba su tiempo y su vida cuidando a los ancianos  del Hospital-Asilo de Tomelloso con la sonrisa en su joven rostro. Curaba con su música y canciones las heridas de la vejez que dejan tristeza en el alma de los abandonados. Amor, por encima de sus propias necesidades.
En medio de la fratricida guerra de 1936, regala sus zapatos al compañero que  ve con unas alpargatas rotas: con esas alpargatas calza sus pies helados: veinte grados bajo cero. Corazón, el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, sin puertas ni cerrojos para el amor sin fronteras. Abandono de sí mismo confiando plenamente en Dios. Humildad exenta de soberbia hasta exclamar…“Como no sé hablar y tengo poca inteligencia, no sé decirle a nadie cosas buenas y de religión; por eso quiero dar ejemplo de vida”.
Cien años hace que nació en Tomelloso un primero de mayo de 1917, murió en Zaragoza un cinco de mayo de 1938 como prisionero de guerra en la cama de un hospital. Fue reclutado como miles de jóvenes y tiró el fusil en medio de la batalla cruenta de Teruel y se puso a rezar pidiendo a Dios la paz.
En nuestra sociedad matizada hasta la exageración de falsas apariencias y consignas sin futuro viene bien revisar de vez en cuando testimonios edificantes como el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso. Sus valores son actuales. Su espiritualidad es su fortaleza. Su fuerza, su fe en Dios. Su vida es un acontecer de amor universal. Su alegría es el amanecer de la juventud, y su silencio, abandonado de todos y sin pedir nada, es el rumor del amor universal que no cesa en el devenir de la vida.
Fue perseguido por unos y por otros; y amo a todos,  porque la paz la llevaba dentro de su alma al vislumbrar la existencia del amor de Dios sin partidos ni consignas que enfrentan y matan.
Ismael de Tomelloso no tuvo agentes que lo representaran como artista, cantaba, tocaba la guitarra, era actor aficionado representando obras de teatro, decorador, dependiente  de tienda de tejidos, organizados de cabalgatas de Navidad y reyes, y miembro de rondallas…
Cuando la guerra lo envuelve en su terror, él se niega a matar hermanos. Obedece y se viste con su uniforme de soldado. Calla, ante los que lo insultan por ser cristiano. Calla y comparte lo que tiene con quien él, piensa que lo necesita más que él. Y cuando cae prisionero  nada dice cuando lo interrogan: calla y en silencio sigue rezando por la paz de todos los hermanos que se mueren de hambre, frío, metralla y hacinamiento.
No se queja. Reza por la paz y escribe a los suyos diciendo que todos lo tratan bien. 
Y de pronto aquel muchacho llagado y esquelético, de mirada limpia y hermosos ojos regresa desde aquella España desangrada, iluminando el pasado y el presente  con su sonrisa amplia. Y los que lo conocieron se han ido, quedamos los hijos y los nietos y al mirarlo algo dentro del cuerpo llega hacia adentro y sentimos que Ismael, que ha perdido hasta sus apellidos,  nos insiste desde su silencio a recuperar tantos valores perdidos en nuestra sociedad donde los suicidios se suceden y el amor es un sentimiento de quita y pon basado en el placer si amor.
Tomelloso, Zaragoza, Madrid y Teruel donde hay delegaciones con su nombre, vuelven a su silencio, porque el silencio de Ismael fue y es, una prueba de amor en Dios y en las personas. Es un cristiano laico sin miedo por su fe. Sin fanatismo y sin crueldad. Es un modelo de joven adelantado a su tiempo por su versatilidad artística en mitad de una sociedad rural e inculta que destruye todo lo que toca, vidas y patrimonio: que amenaza a los suyos y los masacra sin pudor y sin conciencia. Es  y fue un niño que empieza a trabajar a temprana edad como los niños que en países pobres y no desarrollados son explotados. Ismael de Tomelloso es un eslabón de superación autodidacta que descubre la humanidad de los que lo rodean sin odio y sin venganza porque él, descubre que orando en el silencio del sagrario conecta con la música de las esferas del Creador.
Increíble y cierto. Para llegar a ese conocimiento no viajo a lugares lejanos en busca de un  gurú, escuchó el corazón de Dios desde los labios de su madre, de sus amigos y de un joven sacerdote que instruía a los jóvenes. No tuvo psicólogos, ni Internet, ni televisión, ni vacaciones, ni coche… descubrió a Dios y amó a los demás. Ese es su testimonio, esa es su vigencia por lo que celebramos su nacimiento. 

                                                                                   Natividad Cepeda

Arte digital: N cepeda