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viernes, 21 de junio de 2024

Paradigma de amor universal y despojamiento de uno mismo del Venerable Ismael de Tomelloso




Empecé hace 18 años junto a Blas Camacho y otros compañeros de viaje a conocer  profundamente el testimonio de vida, dejado después de su muerte,  de Ismael Molinero Novillo, al formar parte de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso. Un viaje que no busqué y en el que solo Dios sabrá  por el que sigo caminando hasta hoy.

De ese comienzo escribe en “Con Vosotros - Diócesis de Ciudad Real” Semanario de la Iglesia en Ciudad Real Jesús Cañas Parra  sobre Ismael de Tomelloso lo siguiente:

El 23 de mayo de 2024, el Dicasterio para las Causas de los Santos publicó, con la firma del Papa Francisco, el decreto de virtudes heroicas del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso que le conducirá a ser venerable. Años antes, concretamente el 17 de diciembre de 2006, se constituyó en el Colegio de la Milagrosa de Tomelloso una asociación para llevar adelante los trabajos necesarios para el buen avance de la Causa y la extensión de la devoción personal hacia Ismael de Tomelloso. La Causa de Ismael de Tomelloso recibió el nihil obstat de la Santa Sede en marzo de 2008, y quedó abierta en el Obispado de Ciudad Real el 5 de mayo de ese mismo año.



Jesús Cañas Parra es Tesorero y Administrador de Economía de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael  Molinero Novillo, proclamado Venerable por la Iglesia Católica. Es el tomellosero más importante de nuestra ciudad y también el gran desconocido para la mayoría de la población. Sobre estos años he escrito algunas vivencias y escuchado testimonios, y sobre todo la fe y el entusiasmo de su último biógrafo, Blas Camacho Zancada, su impulsor de las últimas décadas, al devolvernos el testimonio de vida de este joven manchego, al que nunca  se le agradecerá lo suficiente su dedicación constante.

La dimensión del venerable Ismael  de Tomelloso me hace peregrinar a su testimonio de vida para encontrar ese amor universal que él sintió y dio a todos cuantos le conocieron. Todo en Ismael es amor sin mengua. Es tan joven  que parece imposible que un chico que sonríe con la mirada llena de luz no luchara  por vivir. Cuestión incomprendida para la gran mayoría de este momento donde la imagen y las voces personales son la medida del popularismo actual.

La cumbre de Ismael es vivir el Evangelio vivificador en toda su existencia cristianamente, porque él es seguidor de Jesucristo y esa vivencia la vemos en su sonrisa, que es la sonrisa de Dios.  Orar y amar a todos, incluso a los que le odian,  persiguen y desprecian en mitad de una contienda  adonde es llevado como soldado de la Republica de España desde 1936 a 1939; cuando con anterioridad  ha sido buscado por su fe en Cristo, por los mismos que le obligan a enrolarse es paradigma de amor  universal y despojamiento de uno mismo. 



Ismael es un laico sencillo, humilde y trabajador desde la adolescencia, como lo eran muchos chicos y chicas de su entorno, que descubre la contemplación ante el Sagrario rezando su plegaria en silencio, para escuchar la armonía de la creación en su trasiego espiritual al conversar con Dios. La fe arraiga en su alma y se abre a la verdadera libertad, al amor de Dios y por Él, al amor al prójimo. Esa es la verdadera razón de su silencio. Su valor total y pleno. Lo esencial de su troquel cristiano.

Hoy no sabemos escuchar al silencio porque hay excesivo ruido. El Venerable Ismael de Tomelloso conversa con el silencio orando desde el latido profundo de su corazón. Un corazón que acompaña a los ancianos abandonados en el asilo, solos, sin familia ni enseres personales; iguales a los de  hoy. El corazón, que late con los niños, a los que regala globos cuando a la salida del colegio pasan a verlo a la tienda de tejidos “El siglo”, donde trabajaba, con su hermosa sonrisa. Así me lo contaba mi padre, niño de entonces. Crece su amor en felicidad cuando descubre desde su alegría la música de la guitarra, de la interpretación  siendo un joven autodidacta que se cultiva en cultura y busca la felicidad en medio de los otros con su añoranza de Dios y su búsqueda constante.



El estallido de la guerra y su trascendencia inmoral en la conciencia humana no ha cambiado desde miles de años. Ismael conoce su tragedia destructiva injusta y cruel carente de triunfos y en medio de su estallido en la batalla de Teruel  incapaz de hacer daño tira su fusil y reza. Así lo contaron quienes lo vieron. Su actitud intemporal con la visión de hoy se le puede llamar pacifista al oponerse a la violencia de la guerra; de cualquier guerra  vivida externa o internamente. Y es para Ismael tan primordial que cuando es hecho prisionero calla pertenecer a la Acción Católica para ser uno más de los prisioneros de guerra llevado hasta el campo de concentración  perdido en la densidad de los otros; calla, reza y enferma sin perder su fe y la esperanza en Dios y en la medalla cosida por él en el forro de su chaqueta militar de la Virgen Milagrosa. Igualdad sin prebenda junto a los que en nada se identifican con él. Pero  sabe que su horizonte  es el amor repitiendo

 “Soy de Dios y para Dios, si muero seré totalmente de Dios…y si no muero quiero ser sacerdote.” 

De esa fe se desprende la luz de Ismael; de la irrupción de Dios en su alma. De Cristo vivo para todo el que sufre y espera en Él. Su cuerpo llagado peregrina al amor  ecuménico del Señor con el equipaje de morir solo en la cama de un hospital de guerra… Como mueren en los campos de batalla y hospitales los inocentes de las inútiles guerras actuales. Entender  la vida del Venerable Ismael de Tomelloso con nuestra visión  narcisista buscando la admiración y reconocimiento de todos es ignorar  la grandeza de este laico católico para el que Dios era y fue, el Alfa y Omega de su vida. Principio y fin de su existencia  que él afirmaba  al decir y dejar escrito

”Quiero vivir absorbido en Dios, perdido en la inmensidad ce Él y a Él totalmente entregado. Ni egoísmo, ni dinero, ni comodidades, ni familia, ni honores…Solo Cristo.”





El silencio del Venerable  Ismael de Tomelloso es similar  al testimonio de San Juan de la Cruz, acallar las injusticias de las sociedades humanas  en favor de la esperanza y el amor de Dios. La validez de su vida es participar en la alegría de su existencia dándolo a conocer  en toda su dimensión en mitad de la globalización, entre las sociedades que la forman, porque para el amor y la paz no hay fronteras.

 

Natividad Cepeda

Secretaria General de la Asociación para la Causa de Beatificación y Canonización del Venerable  Ismael de Tomelloso.

 

Ismael Molinero Novillo, nació el 1 de mayo de 1917 en Tomelloso. Estudió en el colegio de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl  de Tomelloso.  En el año 1933 integró el primer grupo juvenil de Acción Católica de Tomelloso con el cargo de tesorero. La Guerra Civil lo marcó profundamente por el asesinato de su director espiritual Reverendo Bernabé Huertas y el párroco Reverendo Vicente Borrell  y la quema de la iglesia e imágenes de Tomelloso. En el año 1937 el ejército republicano lo reclutó Fue hecho prisionero por el ejército nacional y llevado a un campo de concentración junto a otros prisioneros. El invierno de 1938 fue durísimo se llegó a marcar 20 grados bajo cero. Ismael enfermó de pulmonía y tuberculosis siendo trasladado al hospital de Zaragoza. Cuando le preguntaron su nombre y procedencia ocultó pertenecer a Acción Católica para evitar ser tratado de forma diferente a sus compañeros del campo de concentración. Murió el 5 de mayo de 1938, tenía 21 años de edad.

 

 








viernes, 11 de diciembre de 2020

El silencio ermitaño del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso

Empecé hace doce años junto a Blas Camacho y otros compañeros de viaje a conocer más profundamente el testimonio de vida dejado después de su muerte de Ismael Molinero Novillo, al formar parte de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso, proclamado actualmente Siervo de Dios por la Iglesia Católica. Un viaje que no busqué y en el que solo Dios sabrá  por qué sigo caminando.

Sobre estos años he escrito algunas vivencias y escuchado testimonios, y sobre todo la fe y el entusiasmo de su último biógrafo, Blas Camacho Zancada,  impulsor al devolvernos el testimonio de vida de este joven manchego, al que nunca  se le agradecerá lo suficiente su dedicación constante.

La dimensión de Ismael  de Tomelloso me hace peregrinar a su testimonio de vida para encontrar ese amor universal que él sintió y dio a todos cuantos le conocieron. Todo en Ismael es amor sin mengua. Es tan joven  que parece imposible que un chico que sonríe con la mirada llena de luz no luche por vivir.

Para Ismael vivir es morir en Cristo y resucitar en Él. Esa entrega es tan grandiosa que sigue sorprendiendo en el siglo XXI  su silencio de ermitaño en medio de los que lo rodean por los lugares donde transcurrió su vida. Ismael personifica en su búsqueda de Dios la castidad admirada en el medievo entroncada en la pureza  de los santos reconocidos por la iglesia dentro de su doncellez.

Padecer por los otros no es para él  un dilema, es una apuesta decidida frente al dolor que lo consume y lo rodea en un conocimiento reflexivo sobre el mal de la guerra. Ismael es testigo de la desconfianza que engendra el miedo. Un miedo colectivo que separa y humilla sin asomo de piedad alguna como si lo tenebroso de lo medieval hubiera vuelto en aquella España en guerra, donde  la sangre derramada  por doquier sobrepasa y aniquila cuerpos y almas en ese proceso absurdo y equivocado carente de civilización que es un conflicto bélico.

En medio de esa tragedia inhumana surge para él la grandeza de Cristo; comprueba que unos mueren por su fe, y otros por querer erradicar a Cristo y a los cristianos. Nada nuevo en ese momento histórico, repetido también hoy en la iglesia perseguida de la que la mayoría de los medios de comunicación no se hacen eco ignorando esta cruda realidad.

Dentro de esa anarquía de espanto se forja la voluntad juvenil de Ismael.  Así, de su cruz, hace su aventura. Porque descubre que la cruz no es un símbolo artístico plasmado por pintores y cantada por poetas; no, la cruz es el camino ascendente del alma para encontrar a Dios.

 No se puede separar la vida de Ismael de su despertar juvenil. Porque la juventud es la fuerza arrolladora de la vida. Ser joven es volar e imaginar el futuro para alcanzar los logros soñados. Es ante todo el ímpetu de la vida, de ahí la gran importancia de la inmolación que hizo con su silencio al ofrecerse por la paz. Una paz imposible de imaginar en el año convulso de 1938 en España. 1938 es un año de espadas alzadas donde la ceguera colectiva crea héroes y villanos entre los contendientes.

No existe otro silencio que el de la muerte. El dolor  de las vidas segadas desconcierta emocionalmente hoy, por la sinrazón fratricida de aquellos tres años donde el antes y el después siguen vigentes. Ismael es uno más reclutado por el ejército de la república. Es un número en las filas que sucumbirá en la batalla de Teruel. Uno de los miles de hombres que murieron en los campos de batalla.

Porque se puede estar en desacuerdo con la santidad comprendida desde la dimensión cristiana, pero nadie puede negar que el testimonio de este joven sea válido como testimonio de aceptación para cualquier dolor humano. Dolor por enfermedad del cuerpo y del alma.

Ismael ora entre la fiebre y el dolor amando a todos. Su congoja es ver el desamor  en cualquier sitio, en el pueblo, en el frente, en el campo de concentración y en el hospital. Pero también conoce que el amor  por los demás es ilimitado por eso nada pide y nada exige. Todos sus gestos, todo su silencio lo sitúa en lo más alto de los cerros y collados del espíritu. Ismael ha descubierto que su cuerpo es la materia que lo lleva a conocer a Dios en el total abandono de su ser, para entrar en el conocimiento total. El conocimiento de llegar al Absoluto donde todo queda respondido.

Para Ismael Dios es su espacio y soporte, el centro total del universo. Ismael no teme a la muerte porque siente a Dios por encima de todo cuanto le rodea y su entrega está más allá  de las cosas del mundo. Su  centro es Jesús Sacramentado y en él convergen todas sus aspiraciones y acciones. Por ese amor se licua su alma en el metal precioso de la entrega. Todo su silencio es búsqueda de paz  a pesar de la guerra que lo rodea. En el silencio de la oración encuentra la unidad con los demás: nada pide porque todo él está lleno de luz.  Todo lo sagrado conduce a la perfección. Es la apertura que Ismael conoció.

Al intentar describir la espiritualidad del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, llamado así por la iglesia católica, no ignoro que sería más comprendido si escribiera sobre espiritualidad por ejemplo, budista o tibetana, o sobre mente y espíritu para conocerse a sí mismo, aceptado por infinidad de seguidores y múltiples publicaciones donde se dan pautas para alcanzar la perfección seguidas y respetadas actualmente.

Escribir sobre la dimensión humana de Ismael Molinero un hombre sencillo que murió hace tiempo es clara señal de que fue alguien extraordinario cuando hoy,  nos seguimos preguntando el ¿por qué? de su silencio.  Y sobre todo porque ese silencio es un camino a seguir por la bondad que al bucear en su testimonio de vida se nos muestra aun sin comprenderlo.

Nos faltan valores humanos. Y nos sobran iconos en las pantallas electrónicas de mitos exentos de cualidades. Y hay muchas antojeras que impiden ver testimonios de vidas ejemplares como la del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso.

 

Natividad Cepeda

 

Resumida biografía del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso.

Ismael de Tomelloso, nació el 1 de mayo de 1917. Joven de buen carácter, simpático y muy humano. Recitaba poesía y organizaba obras teatrales. Católico de profunda vida espiritual. Estudió con las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, en el colegio de Tomelloso.  En el año1933 integró el primer grupo juvenil de Acción Católica de Tomelloso con el cargo de tesorero. La Guerra Civil lo marcó profundamente por el  asesinato de su director espiritual y la quema de iglesias e imágenes en su pueblo, igual que en toda España. En el año 1937 el ejército republicano lo reclutó y le obligó a participar en la guerra, pero en la batalla de Teruel decidió arrojar su fusil al suelo, se aferró a su medalla de la Milagrosa y dejó de luchar.

Fue hecho prisionero por el ejército nacional  y llevado a un campo de concentración junto a otros prisioneros. El invierno de 1938 fue durísimo se llegó a marcar 20 grados bajo cero por lo que muchos soldados enfermaron: Ismael enfermó de pulmonía siendo trasladado al hospital de Zaragoza. Cuando le preguntaron su nombre y procedencia ocultó pertenecer a Acción Católica para evitar ser tratado de forma diferente a sus compañeros del campo de concentración. 

"No quiero nada con el mundo. Soy de Dios y para Dios; si muero seré totalmente de Dios en el cielo, y si no muero… ¡quiero ser sacerdote!... ¡Hacen falta santos!", dijo desde su lecho de muerte. Murió el 5 de mayo de 1938, tenía 21 años de edad.

 

martes, 10 de septiembre de 2019

Un pórtico de adiós para Matías Rubio Noblejas en septiembre


             Septiembre ha llegado en hora buena con su aroma de uvas vendimiadas y el regreso de los muchachos a las aulas. El sol es joya con matices de membrillos en los días perdidos de bienaventuranzas descalzas de malicia por las tardes de Tomelloso cuando te dice adiós al despedirte.
Septiembre, éste septiembre nuestro, se sienta con dulzura en las plazas a la vera de las iglesias que siguen dando cobijo al Santísimo en la penumbra tenue del Sagrario. Sagrarios de mi fe y de tantos otros que esperan que las manos del sacerdote bendigan el pan y el vino de nuestras cosechas para que el misterio de Cristo resucitado  sea presente vivo entre  sus manos de oficiante sagrado.
Han pasado los años entre la repentina luz azul de las mañanas y el sonido de campanas que llaman a la oración de la misa diaria en la que tú, Matías Rubio Noblejas, oficiaste durante dieciséis años en esta pobre y limpia iglesia de Tomelloso, carente de cúpulas de altura y sillares de afamados canteros,  pero con un caparazón de fe entre sus muros viejos que tú remendaste y lavaste la cara, dejándola hermosa cuando ahora se la mira desde esa Pasada vieja de los Portales, que es junto a ella nuestro referente del pasado. Los recuerdos afloran similares a olas de playas barriendo las arenas vividos entre los afanes de los días, de esos más de tres lustros, que hemos compartido contigo. Ahora, cuando te marchas a seguir en otro pueblo y parroquia, a seguir bendiciendo las cosechas de Dios entre tus manos. curtidos por los años, regresan en tropel a mi memoria todos ellos, y en esos contornos están los que se fueron a descansar en la paz de los justos y que tú, sacerdote católico, despediste en el templo.  
No es fácil para mi repasar las vivencias que prevalecen a veces adormidas unas, y otras, muy presentes, porque han marcado mi presente y también el de otros que junto a ti, emprendimos con fe y perseverancia recobrar la santidad de un joven pacifista que por encima de odios y venganzas de fratricidas  guerras convulsas, oró con su rosario de cuerda entre sus manos, por la paz y el amor entre todos los seres humanos de este mundo: Ismael de Tomelloso, fue el misterio de Dios en su llamada a los que se nos fueron y, a los que hoy quedamos  por el camino emprendido.en su canonización. Hasta hoy tú has sido el consiliario de esa empresa de amor y fe que nos legaron los que lo conocieron y el empuje de Blas Camacho Zancada, que revolvió el pasado para traer de una vez por todas a Ismael de nuevo entre nosotros. A veces estimado Matías, ignoramos el porqué de lo que nos sucede y nos cambia la vida y nos la marca. Yo creo que eso es misterio de Dios y también su llamada.

Septiembre te lleva a otro pueblo vinatero y agrícola, a ese Bolaños de realengo  antiguo, que permanece gracias a su esfuerzo, vivo y seguro igual que Tomelloso, sin escudos de nobleza en sus paredes, pero fuerte defendiendo el terruño donde morar los hijos. Siento, sentimos que te marches en este porche por donde nos cobijamos a la sombra de la fe de nuestros mayores; son ellos, los ancianos y enfermos a los que tú has visitado desde que llegaste, los que se siente descobijados con tu marcha: así lo he escuchado de sus labios. Huele el amanecer a sinfonía temprana de otoñada y también al rito de esa ceremonia de adiós y bienvenida que la sencilla mancheguía de estas gentes te dará en los dos pueblos.

Crecemos, sin darnos cuenta,  entre la dimensión del pasado y el presente con nuestra identidad entre luces y sombras buscando la infinitud del Creador entre tanto ruido ensordecedor, que nos aturde, y en la lectura de la Santa Escritura y el Evangelio, quedan tus homilías en el templo repleto de la misa dominical y en las misas diarias, de la mañana y de la tarde.  No ignoro que en las alforjas de la actualidad no es importante la noticia del traslado de un sacerdote de una parroquia a otra, de puntos geográficos distintos. Porque esa trilla diaria de orar por los vivos y los muertos no es noticia en el cuajado frontón de las ciudades.

Pero, no quiero olvidar que nos has servido a esta comunidad de fieles sin otro premio que mostrar a Dios desde la soledad del altar mayor de nuestra iglesia. Gracias por compartir mesa y fe desde el cáliz y la patena  alzada de tus manos, Matías Rubio Noblejas, por dejarnos ese Centro Parroquial que te ha desvelado y, por irte un poco desgastado de este pueblo que es tuyo como mío. Sabes que tienes nuestras puertas abiertas de ese racimo amplio que te despide  en este tiempo de vendimia. Dios te aliente y te bendiga, hermano sacerdote de Cristo, allá donde tú mores.







                                                                                     Natividad Cepeda

















jueves, 6 de septiembre de 2018

Al amigo jamás se le despide porque habita en nuestro corazón


Carta al sacerdote  Jaime Quiralte  Tejero

                                                                                   
Ha empezado septiembre  y te hemos despedido con un canto de amor en mitad de la fiesta de la Eucaristía con la fe encendida  semejante a las velas que alumbran el altar.
Ha llegado septiembre con su dulce y suave melancolía de membrillos y uvas y el revuelo de las primeras hojas llevadas por el viento en busca de la muerte.
Ha llegado abriendo las puertas de las aulas a esos escolares que aprenden a pilotar la nave de la vida con libros y palabras de los hoy, denostados maestros.
Y no te encontrarán en clases de religión mezclado entre ellos con tu mirada alegre similar a un prado en primavera porque como las golondrinas vuelas a otros  territorios.
Y sabemos que no caminas solo pues contigo va toda la entrega que tú nos regalaste cuando aquí llegaste veinteañero manchego a bautizarnos niños y a despedir a nuestros muertos.
Nos has regalado tu juventud celebrando en la iglesia el mandato de aquél Jesús nacido en Belén constante de pasión en cada homilía y en el saludo amigo al verte por la calle.
¿Sabes? que sin proponértelo,  tu encanto nos fue dejando el rastro del Dios al pie de ese continuo catecismo de amor de un día y otro día, sin pedir nada  a cambio.
Y no es que nos hayas resuelto las dudas de ese hondo sentir que a veces nos abruma y como los pastores de toda Nochebuena, seguimos llegando al Sagrario a buscar al Maestro.
No, pero has sido como un acueducto que nos señalaba por donde el agua llegaba a las moradas del alma y al escucharte, Jaime, sacerdote católico, nos dejabas sintiéndonos mejores.
Mira, tú has sido nuestro amigo, con tu prisa y tu risa de querer contentar a todos sin que tú te quisieras un poco y, a todos nos parecía que tú jamás desfallecías ni tenías problemas.
Y nadie comentaba que este chico sufriera o se desalentara porque Jaime, el joven sacerdote que canta y toca la guitarra, declama en el teatro y organiza una tras otra convivencia a los jóvenes llevase algún fracaso e injusticia en los pliegues del alma.
Somos todos así, un balde de agua sin etiqueta porque contigo todo era diáfano igual que cuando el sol al amanecer besa los campos  y por cotidiano, nunca damos las gracias al Señor, por ese gran regalo.
Hoy la iglesia de este pueblo olvidado en los mapas del mundo de nombre Tomelloso se ha quedado pequeña para que por última vez tú bendijeras el pan de nuestros  trigos y el vino de las viñas que aguardan la vendimia mañana. 
Y al llamar las campanas por la tarde, sentíamos que Jaime nos llamaba, o creíamos que su sonido nos invitaba a valorar todo lo que ahora perdemos con tu marcha.
El templo se ha llenado de hombres y mujeres de edades diferentes, buscadores del  horizonte  que Cristo nos señala, el que a ti te eligió y escuchaste su llamada. Y mira que es difícil seguirle con firmeza  sin dejarnos comprar ni traicionarle. La memoria flaquea y hasta que no canta el gallo hay veces que sentimos el miedo y el silencio nos hace reos de nuestra cobardía.
Es cierto y es verdad que todos nos caemos y buscamos refugio en el amor de Dios y en su Evangelio de las santa escritura y escuchamos  a ese sacerdote a veces sin oírlo igual que se oye el rumor del aire pasar por los árboles que hay junto a la iglesia.
Somos tan estrechos de miras que ignoramos la soledad del otro; al que estrechamos la mano cuando deseamos la paz, ese ruego que nos da el sacerdote y nos desea todos desde su soledad en el ara sagrada del altar.
Hoy el templo era un templo de amor, nosotros, todos sentíamos tener que despedirte y cuando el cielo retumbó quitándose el calor de los días con la lluvia caída, recordé que cuando por primera vez nos llevan hasta el templo, el agua nos recibe y nos acoge en el seno de la madre Iglesia y  nos despide cuando el sacerdote nos rocía el ataúd con el agua bendita.
Once años calle arriba y calle abajo, nos has acompañado Jaime Quiralte, noble hijo de Alcázar de San Juan, sacerdote católico, perseguido y vejado hoy igual que ayer, muchos de tus compañeros. Once años de amistad y trabajo y sin palabras el pueblo de Dios ha prorrumpido en mitad de la eucaristía en emocionado aplauso. Once años de un hombre ejemplar: Cristo Jesús te lo premie y te  siga llevando por caminos de luz.
Mañana, estimado Jaime, tú no serás notica de los grandes diarios, ni de la televisión y sus cadenas, ni de esos portales de Internet que aglutinan millones de seguidores.  No te darán el Nobel, ni te impondrán condecoraciones, afortunadamente…
Mañana septiembre  volverá a sentirte orar por esta tierra que sigue siendo demasiado valle de lágrimas y rezarás por ella bendiciendo su afán, y cuando pase el tiempo y seas menos joven, recordarás el templo de este pueblo manchego escuchándote en silencio y reteniendo las lágrimas porque tú te estabas despidiendo.
Que bella es la amistad y aquellos que saben compartirla. Que hermoso es saber que no todo es feo y deleznable   en esta sociedad. La música de los últimos días del verano es de melancolía cuando por el ocaso vemos a los que se marcharon.
Mira Jaime, los tomelloseros  rezumamos mosto en vez de sangre. Mosto que nos golpea el corazón y nos lo deja hecho cuarterones, sí cuarterones de amor porque al cuidar nuestras viñas todos somos lagares de Dios.
Vuela como las aves  Jaime y sigue llevando alegría allá donde tú vayas.


                                                                                            Natividad Cepeda   

                                                                      

                              Publicado en el Diario Lanza 03 Septiembre 2018  © Lanzadigital