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lunes, 2 de junio de 2025

 






En la Parroquia de La Visitación de Ntra. Sra. de Argamasilla de Calatrava, el próximo miércoles, 28 de mayo, a las 20,45 horas, la escritora, poeta y comunicadora Natividad Cepeda, impartirá la conferencia “El silencio de Ismael o la voz callada del amor”, con motivo de la ‘Semana de la Parroquia’.

Natividad Cepeda que estuvo recientemente en la Feria del Libro de Argamasilla de Calatrava, firmando ejemplares de su obra nos dice que “la dimensión del Venerable Ismael de Tomelloso me hace peregrinar a su testimonio de vida para encontrar ese amor universal que él sintió y dio a todos cuantos le conocieron”.

Cabe decir que Ismael Molinero Novillo fue reconocido por la Santa Sede por sus “virtudes heroicas”, un paso decisivo en el camino hacia su beatificación. Por eso Natividad asegura que “todo en Ismael es amor sin mengua. Es tan joven que parece imposible que un chico que sonríe con la mirada llena de luz ofreciera su vida por la paz. Cuestión incomprendida para la gran mayoría de este momento donde la imagen y las voces personales son la medida del popularismo actual.

La cumbre de Ismael es vivir el Evangelio vivificador en toda su existencia cristianamente, porque él es seguidor de Jesucristo y esa vivencia la vemos en su sonrisa, que es la sonrisa de Dios.

Orar y amar a todos, incluso a los que le odian, persiguen y desprecian, en mitad de una contienda adonde es llevado como soldado de la República de España desde 1936 a 1938; cuando con anterioridad ha sido buscado por su fe en Cristo, por los mismos que le obligan a enrolarse es paradigma de amor universal y despojamiento de uno mismo”.





Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Visitación: Del siglo XIV o principios del XV. Construida en tres partes. La primera de ellas está compuesta del presbiterio, de estilo románico, mientras que la nave central es de estilo gótico con una bóveda de crucería.


Conferencia Impartida por Natividad Cepeda en la Iglesia de Nuestra Señora de la Visitación de Argamasilla de Calatrava el día 28 de mayo de 2025

 

EL SILENCIO DE ISMAEL O LA VOZ CALLADA DEL AMOR

 

Empecé hace 19 años junto a Blas Camacho Zancada y otros compañeros de viaje a conocer profundamente el testimonio de vida, dado a conocer después de su muerte, de Ismael Molinero Novillo, al formar parte de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso. Un viaje que no busqué y en el que solo Dios sabrá por el que sigo caminando hasta hoy. De ese comienzo escribe en Con Vosotros (Diócesis de Ciudad Real), semanario de la Iglesia en Ciudad Real, Jesús Cañas Parra sobre Ismael de Tomelloso lo siguiente:

“El 23 de mayo de 2024, el Dicasterio para las Causas de los Santos publicó, con la firma del Papa Francisco, el decreto de virtudes heroicas del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso que le conducirá a ser venerable. Años antes, concretamente el 17 de diciembre de 2006, se constituyó en el Centro Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora anteriormente, Colegio de la Milagrosa de Tomelloso, una asociación para llevar adelante los trabajos necesarios para el buen avance de la Causa y la extensión de la devoción personal hacia Ismael de Tomelloso. La Causa de Ismael de Tomelloso recibió el nihil obstat de la Santa Sede en marzo de 2008, y quedó abierta en el Obispado de Ciudad Real el 5 de mayo de ese mismo año”.

La dimensión del Venerable Ismael de Tomelloso me hace peregrinar a su testimonio de vida para encontrar ese amor universal que él sintió y dio a todos cuantos le conocieron. Todo en Ismael es amor sin mengua. Es tan joven que parece imposible que un chico que sonríe con la mirada llena de luz ofreciera su vida por la paz.

Cuestión incomprendida para la gran mayoría de este momento donde la imagen y las voces personales son la medida del popularismo actual. La cumbre de Ismael es vivir el Evangelio vivificador en toda su existencia cristianamente, porque él es seguidor de Jesucristo y esa vivencia la vemos en su sonrisa, que es la sonrisa de Dios.

Orar y amar a todos, incluso a los que le odian, persiguen y desprecian, en mitad de una contienda adonde es llevado como soldado de la República de España desde 1936 a 1938; cuando con anterioridad ha sido buscado por su fe en Cristo, por los mismos que le obligan a enrolarse es paradigma de amor universal y despojamiento de uno mismo.

Ismael es un laico sencillo, humilde y trabajador desde la adolescencia, como lo eran muchos chicos de su entorno, que descubre la contemplación ante el Sagrario rezando su plegaria en silencio, para escuchar la armonía de la creación en su trasiego espiritual al conversar con Dios.

La fe arraiga en su alma y se abre a la verdadera libertad, al amor de Dios y por Él, el amor al prójimo. Esa es la verdadera razón de su silencio. Su valor total y pleno. Lo esencial de su troquel cristiano.

El Venerable Ismael de Tomelloso conversa con el silencio orando desde el latido profundo de su corazón.

Un corazón que acompaña a los ancianos abandonados en el asilo, solos, sin familia ni enseres personales; iguales a los de hoy.

El corazón, que late con los niños, a los que regala globos cuando a la salida del colegio pasan a verlo a la tienda de tejidos “El siglo”, donde trabajaba, con su hermosa sonrisa.

 Así me lo contaba mi padre, niño de entonces.

Crece su amor en felicidad cuando descubre desde su alegría la música de la guitarra, de la interpretación siendo un joven autodidacta que se cultiva en cultura y busca la felicidad en medio de los otros con su añoranza de Dios y su búsqueda constante.

El estallido de la guerra en España de 1936 y su trascendencia inmoral en la conciencia humana no ha cambiado desde miles de años. Ismael, vive en medio de la contienda, conoce su tragedia destructiva injusta y cruel carente de triunfos y en medio de su estallido en la batalla de Teruel incapaz de disparar tira su fusil y reza. Así lo contaron quienes lo vieron.

Su actitud intemporal con la visión de hoy se le puede llamar pacifista al oponerse a la violencia de la guerra; de cualquier guerra vivida externa o internamente.

Y es para Ismael tan primordial que cuando es hecho prisionero por el ejército, llamado Nacional, calla pertenecer a la Acción Católica, para ser uno más de los prisioneros de guerra;

uno más con los que sufren, sean de un bando o de otro, todos víctimas de la deshumanización que es la guerra.

Uno más llevado hasta el campo de concentración perdido en la densidad de los otros; los compañeros que no sentían la fe de amor que a él le embargaba.

Uno más sufriendo las calamidades de un campo de concentración; Ismael, calla, reza y enferma sin perder su fe y la esperanza en Dios y en la medalla cosida por él en el forro de su chaqueta militar de la Virgen Milagrosa.

Igualdad sin prebenda junto a los que en nada se identifican con él. Pero sabe que su horizonte es el amor repitiendo

“Soy de Dios y para Dios, si muero seré totalmente de Dios…y si no muero quiero ser sacerdote”.

De esa fe y de su pacifismo en mitad de una sangrienta guerra se desprende la luz de Ismael; de la irrupción de Dios en su alma. De Cristo vivo para todo el que sufre y espera en Él.

Su cuerpo llagado en la cama de un hospital en plana guerra peregrina al amor ecuménico del Señor con el equipaje de morir solo en la cama de un hospital…

Como mueren en los campos de batalla y hospitales los inocentes de las inútiles guerras actuales. Guerras cada una de ellas destructivas de vidas y de esperanzas.

Entender la vida del Venerable Ismael de Tomelloso con nuestra visión narcisista buscando la admiración y reconocimiento de todos es ignorar la grandeza de este laico católico para el que Dios era y fue, el Alfa y Omega de su vida. Principio y fin de su existencia que él afirmaba al decir y dejar escrito

“Quiero vivir absorbido en Dios, perdido en la inmensidad de Él y a Él totalmente entregado. Ni egoísmo, ni dinero, ni comodidades, ni familia, ni honores… Solo Cristo”.

El silencio del Venerable Ismael de Tomelloso es similar al testimonio de San Juan de la Cruz, acallar las injusticias de las sociedades humanas en favor de la esperanza y el amor de Dios.

La validez de su vida es participar en la alegría de su existencia dándolo a conocer en toda su dimensión en mitad de la globalización, entre las sociedades que la forman, porque para el amor y la paz no hay fronteras.

Más ¿Quién fue biográficamente Ismael Molinero Novillo?

Ismael Molinero Novillo hijo de Francisco Antonio Lázaro Molinero Román y de Ángela María Francisca Novillo y López. Nació el 1 de mayo de 1917 y el 6 de mayo 1917 fue bautizado en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, por el párroco Vicente Borrell Dolz (posteriormente asesinado en la Guerra Civil de 1936). En el año 1923 ingresó en el colegio de la Milagrosa de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, de Tomelloso, donde aprendió a leer y a escribir. El 11 de junio de 1925 recibió la primera comunión, también en Tomelloso, de manos de din Vicente Borrel, y la confirmación de manos del obispo prior, hoy beato, monseñor Narciso Estenaga Echevarría, asesinado en la Guerra Civil.

En el año 1927 asistió a la escuela de Félix Pavón, en Tomelloso, y en 1931 abandonó el colegio y se puso a trabajar como dependiente de un comercio para ayudar a su familia.

En 1933 un amigo, Miguel Montañés, le invitó a visitar el centro de Acción Católica creado en Tomelloso. Allí conoció al consiliario y fundador don Bernabé Huertas Molina e ingresó en el grupo. Tras un comienzo apático, su familia notó un cambio, pues su entrega en el trabajo, en la parroquia y en sus visitas al Hospital Asilo lo hacía con notoria alegría. Pronto fue nombrado tesorero y vocal. Del 14 al 17 de abril 1935 se marchó al seminario de Ciudad Real para hacer ejercicios espirituales bajo la dirección del padre José Sánchez Oliva (también asesinado en la Guerra Civil). Fue notorio el gesto que tuvo al despedirse de todos los muchachos, el padre José Sánchez Oliva, pues se arrodilló delante de Ismael y le besó los pies, sobrecogiendo a todos los que presenciaron la escena.

El 26 de julio de 1936 día de Santa Ana, en Tomelloso los milicianos de izquierdas quemaron todas las imágenes de la iglesia. Ismael, escondido consiguió salvar de la quema un pedazo del corbatín de la Acción Católica. Por miedo a las amenazas recibidas, su padre lo llevó a las lagunas de Ruidera junto a su hermano Luis.

La guerra continúo avanzando y el 18 de septiembre de 1937 fue movilizada la quinta de Ismael y lo trasladaron a Cuenca, donde el Ejército Republicano convirtió el seminario en cuartel. Desde allí salió hacia el frente de Teruel separándose de su único amigo.

El 3 de febrero de 1938 comenzó la batalla del Alfambra y el 7 de febrero 1938 Ismael fue hecho prisionero. Cuando lo interrogaron, no declaró que pertenecía a la Acción Católica —que le hubiera liberado la prisión—. Desde allí fue trasladado a pie a Santa Eulalia del Campo, a unas parideras de ganado habilitadas como prisión, con temperaturas de más de 20 grados bajo cero, enfermando de pulmonía.

 El 14 de febrero de 1938 Ismael fue trasladado al campo de prisioneros de San Gregorio en San Juan de Mozarrifar (Zaragoza). Su estado de salud era lamentable y crítico. Se sabe por sus escritos que todo su sufrimiento lo padeció en silencio. El 18 de marzo llamó al capellán del campo, don Ignacio Bruna, para confesarse. A pesar de la recomendación que el padre Bruna hizo para que le trasladasen al hospital, Ismael ocultó dicha recomendación.

En marzo de 1938, Ismael comulgó por primera vez en dos años. El 5 de mayo de 1938 falleció a las diez de la noche, solo, en la cama del hospital como prisionero de guerra. A la mañana siguiente, el 6 de mayo 1938, Aurora Álvarez, enfermera que enviaba las cartas escritas por Ismael a la familia del joven de Acción Católica y Pilar, telefonista de Zaragoza, consiguieron, después de vencer muchos problemas, que no llevaran el cuerpo de Ismael a la fosa común y compraron con dinero prestado una sepultura para que Ismael fuera enterrado en el cementerio de Torrero, en Zaragoza.

El día 13 de mayo de 1950 se trasladaron sus restos desde el cementerio de Torrero (Zaragoza) al panteón erigido por suscripción popular en Tomelloso. Hubo homenajes, eucaristías y responsos en Zaragoza, Madrid, El Romeral, Alcázar de San Juan, Cinco Casas, Argamasilla de Alba y Tomelloso. El 26 de mayo 1956 le rindieron homenaje veinticinco mil jóvenes llegados de toda España pertenecientes a la Acción Católica ante su tumba en Tomelloso.

El 20 de febrero de 2025 se exhumaron los restos del Venerable Ismael de Tomelloso del cementerio de la localidad. En un nicho en la nave de la izquierda del templo de la Asunción de Nuestra Señora sus restos fueron inhumados donde se ora pidiendo su intercesión. A diario innumerables personas pasan al templo para orar delante de su lápida donde una lampara encendida continuamente señala el camino de luz del Venerable Ismael de Tomelloso.

 



 En la iglesia  fui presentada por el sacerdote don José Manuel Munilla Porrero a los asistentes. Agradezco la excelente acogida y la excelente presentación de don José Manuel.

Natividad Cepeda

Argamasilla de Calatrava 28 de mayo de 2025

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


viernes, 29 de octubre de 2021

La sonrisa de Leopoldo Lozano peregrino de amor hacia la paz de Dios


Mi  bueno y entrañable Leopoldo Lozano, si alguien sabe de renuncias y entregas fuertemente ceñidas a la piel y a los años, ese, fuiste tú. Perenne bosque de esperanza fuiste en todos tus pasos recorridos en la desvencijada bruma sin ánimo, de los tristes del mundo. Tus ojos por el trigal de calles recorridas buscaban mitigar tragedias cada día. Buscar en tu recuerdo un pedazo de tu vida, es rebuscar  en mis recuerdos, aquellos de mi adolescencia y juventud por las piedras sillares de mi iglesia, por la comida compartida y los sueños de hacer que todos, todos, fueran mejores y no sufrieran carencias de lo más necesario.

Amigo inolvidable ya no escucharé tu voz por el teléfono, tu voz campechana y leal que sin predicar a Dios me lo hacías sentir por tu anhelo de amor y fe imperturbable. Siempre lo buscaste en nosotros y sabíamos que era tan cierto como tu incansable razón de ayuda sin pedir nada para ti. Hablabas de los otros alabando sus quehaceres y sonreías humildemente repitiendo que tú eras un cura sin importancia, como si ser cura no fuera importante y hasta difícil en demasiadas ocasiones.

Te recuerdo y te quiero, como quiero a tu  hermana Pepa que de pronto se ha quedado muy sola sin vosotros; definitivamente sola en mitad de la vida sin Tomás y Leopoldo, sacerdotes de Dios y hermanos de los hombres. Y de tantas mujeres que ayudan en parroquias de cualquier diócesis católica. Definitivamente te has ido a bendecir el vino nuevo de este otoño a la vera de Cristo. A pedirle por los pobres del mundo igual que tú lo hiciste sin cámaras ni pódium que mostrara tus obras, con ese anonimato de quien sabe que todo se lo debemos a nuestro Creador, y que todo lo demás sobra.

En Tomelloso fuiste luz y alegría de proyectos que todavía perduran. Fuiste tan amigo del pueblo que se te nombro Hijo Adoptivo, y aún con ese nombramiento no te pagamos nada. Una noche llovía y llovía,  parecía que el diluvio bíblico se había desatado; era invierno, el viento azotaba los cristales y puertas de las calles y de pronto sonó el llamador de la puerta de casa atronando el espacio en medio de la lluvia. Bajé corriendo porque supuse que algo ocurría y al abrir allí estabas tú, mojado, chorreando, limpiándote las gafas y sonriendo como si la noche fuera una noche estrellada. Sin dilación alguna me urgiste a buscar ropa de mis hijas, coche de bebé, mantas, leche… porque habías descubierto a una familia que no tenía nada y sus niños necesitaban de todo…

Y allí estabas tú, y yo, desorientada me puse a buscar y a darte todo lo que salía. El coche era un Janet, precioso, regalo de mi padres con su silla también para el verano y… dije muy despacio aquello de; con tanto frío y viento el coche no lo podría sacar a pasear al niño. Sonreíste y dijiste, pero dormirá un bebé que ahora está en el suelo.

Fuiste un hombre sin rencor a los otros. Desde el altar mayo bendecías la vida y pedías por los cristos sangrantes y el llanto de las madres. Iniciaste la defensa de la mujer antes de que el feminismo se diera a conocer abriendo talleres para chicas que tenían que ganar el pan de cada día. Por eso en tu cáliz estaban todas las alboradas y al bendecir el pan Jesús de Nazaret resucitaba. 


Yo te ruego, mi ejemplar sacerdote, que pidas por nosotros en ese litoral donde ahora has llegado y que en este otoño de dormidos paisajes, sin fronteras ni limites, le pidas al Altísimo por este mundo ciego. Te emplazo,  a pesar de tu pérdida, a que pidas a Santa María, Madre de Jesucristo y de todo mortal, que nos ayude porque todavía, este valle nuestro, es un valle de lágrimas. Te emplazo por todas las laderas y montes y caminos, por ciudades y pueblos y aldeas deshabitadas a que reces por nos, Leopoldo Lozano, cuando veas a Dios. Tierra eres, tierra soy, polvo extinto, aún así duerme el sueño de los justos, duerme bajo la paz de Dios.

 

                                                                                               Natividad Cepeda

 

Fotografia1ª recibiendo el nombramiento  del nombre de una calle de Almodóvar del Campo de manos del alcalde en gratitud a  don Leopoldo Lozano y a su hermano el sacerdote don Tomas Lozano fallecido con el nombre "Parrocos  Hermanos Lozano" ya en su silla de ruedas. En presencia de su hermana Pepa Lozano y amigos y autoridades. 

La segunda fotografía al termino del funeral de su hermano don Tomás Lozano.

 

 

 

martes, 10 de septiembre de 2019

Un pórtico de adiós para Matías Rubio Noblejas en septiembre


             Septiembre ha llegado en hora buena con su aroma de uvas vendimiadas y el regreso de los muchachos a las aulas. El sol es joya con matices de membrillos en los días perdidos de bienaventuranzas descalzas de malicia por las tardes de Tomelloso cuando te dice adiós al despedirte.
Septiembre, éste septiembre nuestro, se sienta con dulzura en las plazas a la vera de las iglesias que siguen dando cobijo al Santísimo en la penumbra tenue del Sagrario. Sagrarios de mi fe y de tantos otros que esperan que las manos del sacerdote bendigan el pan y el vino de nuestras cosechas para que el misterio de Cristo resucitado  sea presente vivo entre  sus manos de oficiante sagrado.
Han pasado los años entre la repentina luz azul de las mañanas y el sonido de campanas que llaman a la oración de la misa diaria en la que tú, Matías Rubio Noblejas, oficiaste durante dieciséis años en esta pobre y limpia iglesia de Tomelloso, carente de cúpulas de altura y sillares de afamados canteros,  pero con un caparazón de fe entre sus muros viejos que tú remendaste y lavaste la cara, dejándola hermosa cuando ahora se la mira desde esa Pasada vieja de los Portales, que es junto a ella nuestro referente del pasado. Los recuerdos afloran similares a olas de playas barriendo las arenas vividos entre los afanes de los días, de esos más de tres lustros, que hemos compartido contigo. Ahora, cuando te marchas a seguir en otro pueblo y parroquia, a seguir bendiciendo las cosechas de Dios entre tus manos. curtidos por los años, regresan en tropel a mi memoria todos ellos, y en esos contornos están los que se fueron a descansar en la paz de los justos y que tú, sacerdote católico, despediste en el templo.  
No es fácil para mi repasar las vivencias que prevalecen a veces adormidas unas, y otras, muy presentes, porque han marcado mi presente y también el de otros que junto a ti, emprendimos con fe y perseverancia recobrar la santidad de un joven pacifista que por encima de odios y venganzas de fratricidas  guerras convulsas, oró con su rosario de cuerda entre sus manos, por la paz y el amor entre todos los seres humanos de este mundo: Ismael de Tomelloso, fue el misterio de Dios en su llamada a los que se nos fueron y, a los que hoy quedamos  por el camino emprendido.en su canonización. Hasta hoy tú has sido el consiliario de esa empresa de amor y fe que nos legaron los que lo conocieron y el empuje de Blas Camacho Zancada, que revolvió el pasado para traer de una vez por todas a Ismael de nuevo entre nosotros. A veces estimado Matías, ignoramos el porqué de lo que nos sucede y nos cambia la vida y nos la marca. Yo creo que eso es misterio de Dios y también su llamada.

Septiembre te lleva a otro pueblo vinatero y agrícola, a ese Bolaños de realengo  antiguo, que permanece gracias a su esfuerzo, vivo y seguro igual que Tomelloso, sin escudos de nobleza en sus paredes, pero fuerte defendiendo el terruño donde morar los hijos. Siento, sentimos que te marches en este porche por donde nos cobijamos a la sombra de la fe de nuestros mayores; son ellos, los ancianos y enfermos a los que tú has visitado desde que llegaste, los que se siente descobijados con tu marcha: así lo he escuchado de sus labios. Huele el amanecer a sinfonía temprana de otoñada y también al rito de esa ceremonia de adiós y bienvenida que la sencilla mancheguía de estas gentes te dará en los dos pueblos.

Crecemos, sin darnos cuenta,  entre la dimensión del pasado y el presente con nuestra identidad entre luces y sombras buscando la infinitud del Creador entre tanto ruido ensordecedor, que nos aturde, y en la lectura de la Santa Escritura y el Evangelio, quedan tus homilías en el templo repleto de la misa dominical y en las misas diarias, de la mañana y de la tarde.  No ignoro que en las alforjas de la actualidad no es importante la noticia del traslado de un sacerdote de una parroquia a otra, de puntos geográficos distintos. Porque esa trilla diaria de orar por los vivos y los muertos no es noticia en el cuajado frontón de las ciudades.

Pero, no quiero olvidar que nos has servido a esta comunidad de fieles sin otro premio que mostrar a Dios desde la soledad del altar mayor de nuestra iglesia. Gracias por compartir mesa y fe desde el cáliz y la patena  alzada de tus manos, Matías Rubio Noblejas, por dejarnos ese Centro Parroquial que te ha desvelado y, por irte un poco desgastado de este pueblo que es tuyo como mío. Sabes que tienes nuestras puertas abiertas de ese racimo amplio que te despide  en este tiempo de vendimia. Dios te aliente y te bendiga, hermano sacerdote de Cristo, allá donde tú mores.







                                                                                     Natividad Cepeda

















jueves, 6 de septiembre de 2018

Al amigo jamás se le despide porque habita en nuestro corazón


Carta al sacerdote  Jaime Quiralte  Tejero

                                                                                   
Ha empezado septiembre  y te hemos despedido con un canto de amor en mitad de la fiesta de la Eucaristía con la fe encendida  semejante a las velas que alumbran el altar.
Ha llegado septiembre con su dulce y suave melancolía de membrillos y uvas y el revuelo de las primeras hojas llevadas por el viento en busca de la muerte.
Ha llegado abriendo las puertas de las aulas a esos escolares que aprenden a pilotar la nave de la vida con libros y palabras de los hoy, denostados maestros.
Y no te encontrarán en clases de religión mezclado entre ellos con tu mirada alegre similar a un prado en primavera porque como las golondrinas vuelas a otros  territorios.
Y sabemos que no caminas solo pues contigo va toda la entrega que tú nos regalaste cuando aquí llegaste veinteañero manchego a bautizarnos niños y a despedir a nuestros muertos.
Nos has regalado tu juventud celebrando en la iglesia el mandato de aquél Jesús nacido en Belén constante de pasión en cada homilía y en el saludo amigo al verte por la calle.
¿Sabes? que sin proponértelo,  tu encanto nos fue dejando el rastro del Dios al pie de ese continuo catecismo de amor de un día y otro día, sin pedir nada  a cambio.
Y no es que nos hayas resuelto las dudas de ese hondo sentir que a veces nos abruma y como los pastores de toda Nochebuena, seguimos llegando al Sagrario a buscar al Maestro.
No, pero has sido como un acueducto que nos señalaba por donde el agua llegaba a las moradas del alma y al escucharte, Jaime, sacerdote católico, nos dejabas sintiéndonos mejores.
Mira, tú has sido nuestro amigo, con tu prisa y tu risa de querer contentar a todos sin que tú te quisieras un poco y, a todos nos parecía que tú jamás desfallecías ni tenías problemas.
Y nadie comentaba que este chico sufriera o se desalentara porque Jaime, el joven sacerdote que canta y toca la guitarra, declama en el teatro y organiza una tras otra convivencia a los jóvenes llevase algún fracaso e injusticia en los pliegues del alma.
Somos todos así, un balde de agua sin etiqueta porque contigo todo era diáfano igual que cuando el sol al amanecer besa los campos  y por cotidiano, nunca damos las gracias al Señor, por ese gran regalo.
Hoy la iglesia de este pueblo olvidado en los mapas del mundo de nombre Tomelloso se ha quedado pequeña para que por última vez tú bendijeras el pan de nuestros  trigos y el vino de las viñas que aguardan la vendimia mañana. 
Y al llamar las campanas por la tarde, sentíamos que Jaime nos llamaba, o creíamos que su sonido nos invitaba a valorar todo lo que ahora perdemos con tu marcha.
El templo se ha llenado de hombres y mujeres de edades diferentes, buscadores del  horizonte  que Cristo nos señala, el que a ti te eligió y escuchaste su llamada. Y mira que es difícil seguirle con firmeza  sin dejarnos comprar ni traicionarle. La memoria flaquea y hasta que no canta el gallo hay veces que sentimos el miedo y el silencio nos hace reos de nuestra cobardía.
Es cierto y es verdad que todos nos caemos y buscamos refugio en el amor de Dios y en su Evangelio de las santa escritura y escuchamos  a ese sacerdote a veces sin oírlo igual que se oye el rumor del aire pasar por los árboles que hay junto a la iglesia.
Somos tan estrechos de miras que ignoramos la soledad del otro; al que estrechamos la mano cuando deseamos la paz, ese ruego que nos da el sacerdote y nos desea todos desde su soledad en el ara sagrada del altar.
Hoy el templo era un templo de amor, nosotros, todos sentíamos tener que despedirte y cuando el cielo retumbó quitándose el calor de los días con la lluvia caída, recordé que cuando por primera vez nos llevan hasta el templo, el agua nos recibe y nos acoge en el seno de la madre Iglesia y  nos despide cuando el sacerdote nos rocía el ataúd con el agua bendita.
Once años calle arriba y calle abajo, nos has acompañado Jaime Quiralte, noble hijo de Alcázar de San Juan, sacerdote católico, perseguido y vejado hoy igual que ayer, muchos de tus compañeros. Once años de amistad y trabajo y sin palabras el pueblo de Dios ha prorrumpido en mitad de la eucaristía en emocionado aplauso. Once años de un hombre ejemplar: Cristo Jesús te lo premie y te  siga llevando por caminos de luz.
Mañana, estimado Jaime, tú no serás notica de los grandes diarios, ni de la televisión y sus cadenas, ni de esos portales de Internet que aglutinan millones de seguidores.  No te darán el Nobel, ni te impondrán condecoraciones, afortunadamente…
Mañana septiembre  volverá a sentirte orar por esta tierra que sigue siendo demasiado valle de lágrimas y rezarás por ella bendiciendo su afán, y cuando pase el tiempo y seas menos joven, recordarás el templo de este pueblo manchego escuchándote en silencio y reteniendo las lágrimas porque tú te estabas despidiendo.
Que bella es la amistad y aquellos que saben compartirla. Que hermoso es saber que no todo es feo y deleznable   en esta sociedad. La música de los últimos días del verano es de melancolía cuando por el ocaso vemos a los que se marcharon.
Mira Jaime, los tomelloseros  rezumamos mosto en vez de sangre. Mosto que nos golpea el corazón y nos lo deja hecho cuarterones, sí cuarterones de amor porque al cuidar nuestras viñas todos somos lagares de Dios.
Vuela como las aves  Jaime y sigue llevando alegría allá donde tú vayas.


                                                                                            Natividad Cepeda   

                                                                      

                              Publicado en el Diario Lanza 03 Septiembre 2018  © Lanzadigital


                                                                                                  





sábado, 24 de agosto de 2013

La reina de la feria de Tomelloso


                              
Amanece dejando en el cielo el último resplandor del lucero del alba. Por la calle se escuchan pasos y trajín de ir y venir de gente y de coches. En verano, sobre todo en los fines de semana, al amanecer, rezagados y con aire de cansados los grupos de jóvenes regresan de vivir la noche. Las chicas, muchas de ellas andan descalzas llevando en sus manos los altos zapatos de tacón. Con zapatos y sin ellos son bellas mujeres a pesar de las ojeras y el aleteo del sueño meciéndose en sus parpados. Pero esta madrugada los pasos de los callejeros suenan diferentes. Son pasos alegres, ligeros y diáfanos como queriendo llegar cuanto antes a su destino. En la calle algunas golondrinas que aún no han emigrado pasan veloces por la franja del cielo azul de la calle. Es 15 de agosto y Tomelloso se remueve al son de las fiestas anuales de la feria. Las vacaciones de los tomelloseros, mayoritariamente se cogen para la feria. Es un descanso deseado. Los más atareados son los agricultores con la premisa del melón y la preparación de la vendimia, pero también la festejan a pesar de madrugones por la faena y en muchos casos, demasiados, por los robos en pozos y motores, melonares y aperos de labranza que para los dueños de lo ajeno de todo lo robado se saca euros. 

A lo lejos se empieza a escuchar rumor de voces: voces en gorjeo humano, sin estridencias y al son de las voces tintineo suave de campanas mecidas al donaire del un suave balanceo. Luego, de pronto, rompiendo la fresca mañana suenan  trompetas  y tambores anunciando la entrada de alguien importante por las calles del pueblo. La comitiva se adentra rápida por la calle Socuéllamos, y a la mitad de la calle un hombre se adelanta con paso rápido a los demás… Se apresura, con gesto embriagado y satisfecho prosigue hasta llegar a la iglesia de la plaza. El templo de la Asunción de Nuestra Señora  ya está repleto de fieles, repican las campanas de la torre mientras vuelan los gorriones por árboles y el redondel exagerado de la fuente, acercándose poco a poco el murmullo de voces de la comitiva. A lo lejos se divisa la Señora portada por sus hijos. 
Las andas plateadas relucen con la luz de la mañana. En el templo iluminado espera el sacerdote la entrada de la Señora, ha caminado con ella desde el Santuario de Pinilla y por si acaso le fuera a faltar tiempo se ha ido adelantado para esperarla dentro del templo; don Matías Rubio Noblejas la conoce desde siempre, argamasillero de nacimiento con raíces tomelloseras, por aquello de tener abuelos comunes y por la cercanía de ambos pueblos. Apenas en sus labios se esboza  una leve sonrisa, aunque sí son sus ojos los que le delatan el amor a la Madre de Dios en cualquiera de sus advocaciones. 

Repican las campanas. A gloria dirían los de antaño, los que nos la trajeron al pueblo y nos la legaron llenos de esperanza en su milagro de fe. Los años transcurridos no han impedido que nadie le arrebate ser la Reina de la Feria. En su honor se hacen los festejos programados, y puntual, la primera autoridad del pueblo renueva su voto en nombre de todos los tomelloseros. Año tras año don Carlos Manuel Cotillas López, alcalde Presidente de Tomelloso lee su voto en medio de un calor sofocante a causa de estar el templo abarrotado de fieles. El alcalde la conoce desde niño, no ha necesitado ser político para pasar al templo, lo traían sus padres como algo natural, igual que lo llevaban al ferial y a la romería, y él, como todos los tomelloseros sabe, sin dudarlo, que la reina de la feria es la Virgen de las Viñas. Siempre lo ha sido en tiempos de bonanza y en tiempos de crisis.
La feria se sustenta en Ella, al margen de la corona y el manto, lo importante es verla con el niño chiquito y chatejo, sosteniendo, cada uno de ellos, en sus manos los racimos de uvas blancas y  negras. Dios es así, cercano y sencillo  y por eso nos acogemos a su misericordia cuando nos quedamos sin puerto ni barcos donde anclar nuestros anhelos. Lo demás se ha ido cambiando, el ferial de lugar, los alcaldes de signo político se suceden, las modas en elegir reina y damas posaron a llamarse madrinas y se quitan cenas de gala o se vuelven a programar con pretextos diferentes porque no es fundamental para que se celebre la feria.
La miro pasar delante de mi casa y pienso, que al margen de la historia escrita hay otra historia que subyace en el alma por encima del tiempo.
La fe es intangible, es una emoción inenarrable, es la confianza que nos signa cuando imploramos ayuda y protección, incluso cuando la fe nos falta.
Miramos al cielo y nos sentimos pequeños. Virgen de las Viñas: Virgen de  Agosto, patrona de mi pueblo y de otros muchos pueblos, puestos bajo el cobijo de tu manto y de tu hijo; Reina de la Feria con corona y cetro que no necesitas, que te coronemos para verte hermosa, bella y soberana, madre y compañera de todas las madres del mundo; Señora del cielo, protege los campos y que la cosecha de la vid, llegue a los lagares por eso celebramos feria, lo demás son modismos, traca de un momento. Polvo del recuerdo.
             

                                                                                                                 Natividad  Cepeda

Publicado Diario Lanza 23/08/2013