jueves, 16 de julio de 2026

La herencia de la tierra

 



Todavía, a pesar del calor, la tierra nos da frutos. En el tramo de viñas, el corazón se agita y late más fuertemente al ver colgando los racimos; y es un milagro arrebatado contemplar, en el dorado de la tarde, la nobleza que me da la tierra al verla coronada de vides que resisten el calor del sol de julio.

Siento la plenitud del regalo recibido de la tierra que nos alimenta desde el esfuerzo callado del labrador que —solo, muy solo y olvidado— resiste a los pagos al fisco y reza de labios hacia adentro para que todo eso que cabe en su alma sea el puente para saciar el cuerpo sin perder el alma.

Acaso Dios le haya repartido la herencia de la tierra, tan dura y perpetua, y él la cuida y la ama aun sabiendo que, cuando Dios lo llame, nada se llevará consigo. Ese feudo quedará para que otros que le reemplacen la cultiven; y, aun así, la toma entre sus manos ásperas y cansadas, y la sigue cuidando como se cuida a los hijos, y la ara y cultiva como ama y penetra el arado en la tierra.

 

Poema y fotografía Natividad Cepeda©

 

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