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lunes, 19 de agosto de 2019

Donde Plinio no vendimia



Cuadernos Manchegos

C. Manchegos | Tomelloso | Literatura | 18-08-2019

Cuadernos Manchegos

C. Manchegos | Tomelloso | Literatura | 18-08-2019

Donde Plinio no vendimia



          Se apagó la voz del escritor y quedó su obra literaria y su costumbre narrada bajo su particular visión de lo que era antaño la vendimia. Mirar el paisaje de alrededor es deprimente y tan demoledor que ni siquiera leyendo ese vendimiario de Francisco García Pavón nos quita la tristeza por lo que se ha perdido y destruido. Él no escribirá sobre el campo yermo y los pueblos desalojados de riqueza; tampoco de sus habitantes envejecidos sin otro futuro que la muerte rodeados de casas vacías y abandonadas. No escribirán los doctos escritores apoyados por éxitos tempranos sobre esa desolación de cámaras sin uvas ni pasos  de mozas similares a la hija de Plinio, el policía que le preocupaba que su hija entrada en la treintena no estuviera casada.  Ahora los jóvenes que se van no vuelven ante la pasividad de la perdida de riqueza de los pueblos manchegos, ni buscan en la literatura costumbrista ese afán de ayer en permanecer  donde esta sus raíces.

         Se han perdido los modales de los que escribiera García Pavón en sus novelas policiacas, y de esta efemérides del centenario de su nacimiento no tengo muchas referencias que se estén vendiendo sus libros para leerlos. Porque si no se compran las obras de un escritor de poco sirven las notas de prensa y el folclore alrededor de unas fechas. Asegura Francisco García Pavón en un párrafo del Vendimiario de Plinio que “Bien mirado, todo parecía un teatro de gilipollas hinchados de ese aire tan raro que se llama vida” Palabras  las suyas actuales también hoy. Y también las televisiones siguen soltando royos a todo gas, como él asegura en ese vendimiario, ampliados en teléfonos móviles donde se pierde la libertad individual y colectiva.

       
 Pervive aquella cooperativa nacida  de unos cuantos dueños de viñas, escasas, según narra el escritor, llamada Virgen de las Viñas, que se unieron para elaborar y no tener que vender las uvas a las bodegas porque mantener jaraíces era ya penoso e imposible. Y Manuel, alias Plinio, se detiene al pasar por un “jaraíz antiguo, debía ser el último. Su dueño era un tercuzo, por mal nombre  Colifloro, que, a pesar de su corta cosecha, decía que a él, “No le tocaba nadie sus uvas”. Plinio viendo al padre y al hijo trabajar en el jaraíz tiene añoranzas del pasado. Un pasado familiar sin fama de grandeza pero orgulloso de sus afanes y logros. Vendimias donde el respeto mutuo era signo de convivencia y donde paladear un buen vino de la cosecha era entablar conversación con los amigos.


            La tierra de viñas era la alhaja familiar de aquellos años del novelista con su vocabulario vulgar y localista de un sector trabajador donde la violencia no mataba mujeres como se asesinan hoy. Leer a García Pavón es mucho más que la churrería de la Rocío y de los decires y dichos de algunos de sus personajes. Se desliza en el Vendimiario de Plinio esa tristeza de abandonar las tradiciones; las cuevas y las tinajas donde el mosto no reventará de gozo voluptuoso para convertirse en vino, y con ella espuertas, serillas de esparto y goma, remolques de madera y vendimiadores y vendimiadoras venidos de pueblos de alrededor y de Jaén que son leyenda de las páginas de sus libros. Filosofía de vid y vida enlazada en sus creaciones cuando a solas dialogaba con sus personajes. Pámpanas en parajes  donde todavía verdean las cepas: en vaso o en espaldera, vendimiadas las unas con manos humanas como antaño; las otras con máquinas de hierro.

               Uvas doradas las de Plinio. Sabrosa fruta amamantada de rayos de sol y arado, amor de hombre y también de Dios. Uvas labradas desde su origen por manos campesinas para conseguir vivir como hijos de la tierra desde el Padre Abrahán. Aquí en los pueblos manchegos, todos nosotros, tenemos nuestra tierra prometida y si los pueblos mueren también nosotros nos extinguiremos, se olvidará nuestra literatura, y toda creación nacida de nuestros artistas.

               Suprimir y abandonar bodegas y viñedos es enterrar El Vendimiario de Plinio en el olvido. Es perder el norte, y sin brújula interior el corazón pierde su propia naturaleza. “Ahora toda la gente del campo, así que conseguía unos cuartos, se compraba un coche. Y aquellas caras curtidas, que siempre se vieron tras el culo de una mula o de dos, meneando las orejas del animal y meneando las ramaleras, ahora ahí los tenías, encerrados entre cristales, calentitos con el volante en las manos y  a aquellas velocidades.” Francisco García Pavón y su inagotable versión de nuestras vendimias en sus libros, leerlos es similar a crecer y luchar por que no mueran nuestros pueblos. Si mueren, Plinio dejará de vendimiar otras vendimias.



Natividad Cepeda

martes, 17 de mayo de 2016

Mirando desde la ventana la Bodega-Almazara Virgen de las viñas


           
Desde la ventana se ve la puerta del museo Infanta Elena de Arte Contemporáneo, estático y callado, filtrándose la luz  desde lo alto del cielo, hasta los recónditos huecos de esa pinacoteca donde se guarda  el murmullo de los que han traspasado sus umbrales. Al fondo los triángulos de tejas  del primer lagar que construyeron los fundadores de esta catedral del vino; casi todos se han marchado hacia el sol del olvido.  Y como una nebulosa los depósitos donde se almacena los caldos vinateros de miles y miles de cepas, madres de racimos colgando de los sarmientos verdeando por mayo.  
Desde ese alfeizar el núcleo del museo empequeñece al  redondo, ahora museo etnográfico y al mirarlo tengo la sensación de que aquello no pasó y sin embargo recuerdo como se arrimaban los remolques a  las aberturas donde los pisadores descargaban con sus manos y los rastrillos las uvas llegadas de las viñas. 
Todo se quedó en el pasado y el redondo mudo parece olvidar en su circunferencia tantos anhelos y trabajos de los hombres y mujeres que lo soñaron y nos lo legaron. Por esas tejas curvas se han posado muchas lunas llenas y el sol las ha ennegrecido con su beso de fuego. en el verano y con su beso de frío en el invierno.
Desde esa ventana lo miré un día esperando al presidente de esta Bodega-Almazara de la Virgen de las Viñas y sentí que volvía un tropel de recuerdo de infancia. 
Regresaba mi padre y el Consejo Rector, del que formó parte durante algunos años, las controversias de las asambleas y los presidentes que he conocido y son viento de olvido. Esperaba  a Rafael Torres Ugena, actual presidente  de esta inmensa cooperativa mayor que muchos pueblos de España  con sus creo que tres mil socios; inimaginable para aquellos fundadores, y miraba  la puerta del Museo donde se albergan cuadros que no todos los tomelloseros han mirado. 
Sentía  mi pequeñez ante su volumen y mi corazón  lo sentía redondo como el del pequeño lagar donde yo vi moler las uvas. Hasta este trozo de Historia los reyes de España llegan, para que este pueblo que presume de trabajo duro y esforzado, nos dejen con su visita el legado de su visita para mostrarlo como un escudo de orgullo para el futuro, porque este pueblo que  no tiene escudos nobiliarios se siente honrado con los regios visitantes y falta espacio para alojar a los habitantes de Tomelloso en el recinto de la cooperativa mayo de Europa, porque todos quieren ver a sus reyes. Aunque luego digan algunos que son republicanos que de todo hay en la viña de la vida. 
A contraluz veo la fotografía  y regreso a los recuerdos. Aquellos primeros socios no pudieron imaginar que sería una alcaldesa, mujer joven y rubia como las espigas del trigo para la siega, la que  escogería ese lagar para recibir a los Reyes de España, porque cuando ese proyecto fue realidad, no teníamos ni rey ni reina por este reino español. Y nos faltaba voz a las mujeres en las leyes vigentes a pesar de saber sumar fanegas y cortar racimos.  Ninguno de ellos  imaginó  tantos cambios. 
Miro desde la ventana el Museo de Arte Contemporáneo Infanta Elena  que se inauguró el día 23 de noviembre de 2011. Tiene una superficie de 1700 metros cuadrados repartidos en 4 plantas, alberga la colección permanente que la Cooperativa Virgen de las Viñas ha ido adquiriendo a lo largo de los años a través de los certámenes de pintura que organiza anualmente. El día de su apertura  e inauguración fue presidida por Su Alteza Real la Infanta Doña Elena, y por eso lleva su nombre… Fue un acto protocolario  con la multitud sintiendo su orgullo al mostrar a una Infanta de España, lo que la pobre tierra manchega logra de las manos de sus labriegos.
Dejo de mirar a través de la ventana y escucho a   Rafael Torres Ugena, habla  pausadamente, con la mirada un tanto desvanecida entre lo que ven sus ojos y lo que percibe en el interior de su alma; dice estar contento, porque en las liquidaciones anuales la cooperativa está dentro de las mejores de España.  Pero no ignora que el mercado nacional del vino está difícil,  hay que salir a vender a Rusia, China, a otros países. Proseguir, dice, porque estamos desfavorecidos en muchos aspectos, hay que arraigar a las personas para que no emigren, la viña evita que la Mancha sea un desierto…  
Desde que se hizo cargo de la presidencia de la cooperativa mayor  de Europa,  ha introducido en ella cambios notables, la han modernizado, elevándola con las inversiones realizadas, hasta hoy, en una apuesta clara de futuro. Ese futuro que todos deseamos sea el legado que dejemos a nuestros hijos porque queremos  ser casi tan permanentes e inmortales como Cervantes y su inmortal novela, porque la historia se repite  y  entramos en el zaguán del libro y nos vemos reflejados en ese lugar sin nombre donde todos queremos habitar, porque necesitamos seguir teniendo ideales y soñar con un  hermoso porvenir. 
Rafael Torres Ugena, mira desde las fotografías oficiales con su porte serio e impecable a ese futuro donde, junto a Inmaculada Jiménez, regidora de este pueblo que se dice ser ciudad, han logrado que ocupemos una página en el diario de los acontecimientos que será relatado  por los archiveros de turno para demostrar que  por Tomelloso también  los reyes dejaron su firma en las barricas de nuestra bodega.

                                                                                                                         Natividad Cepeda
Arte digital; N. Cepeda


miércoles, 27 de agosto de 2014

                                                      Las ferias esperadas

En los pueblos el verano nos traía las ferias. Las ferias eran esperadas con ilusión por su significado de fiesta.  Por entonces, desde las tapias de los pueblos; de todos los pueblos, el ruido del ferial era el mejor pregonero de esa fiesta veraniega. Los niños las esperaban soñando  con ese mundo mágico de las luces de colores  mezclado con el sonido estridente de las atracciones de feria: todos soñaban con subir en ellos y viajar a un mundo de fantasía. Alrededor de tómbolas y casetas la gente imaginaba ganar premios fabulosos y el suelo se llenaba de una alfombra de papelillos alrededor de ellos.
Tan sólo hace unas décadas los niños de los pueblos todavía conservaban esos sueños. Casi toda esa magia se perdió igual que se perdieron los corrales, los patios y la seguridad de jugar en la calle protegidos por la vecindad. Las ferias siguen llegando puntuales a su cita y en Tomelloso el ferial es enorme, se expande y dilata versátil y grande como si al venir los feriantes a Tomelloso  todos tuvieran aseguradas las ganancias.  Y los niños, los más pequeños, siguen llegando al ferial y todos lo miran y contemplan con mirada de sorpresa y sobresalto. Pero  incluso a los más chiquitines se les pone el veto de  la restricción de dar vueltas y vueltas por lo costoso de los viajes. Casi siempre ha sido así, aunque ahora se impone la levedad de viajar en los tiovivos porque la crisis  no concede tregua para que acabe pronto y las ayudas sociales no son todas las que son enunciadas por los ediles de los municipios.
Agosto nos envuelve en su capa de sol caluroso y no todo bajo el sol es satisfactorio. Por las tapias y  naves industriales  abandonadas de Tomelloso, julio y agosto  nos ha dejado una muchedumbre de hombres negros que no sabemos porque han llegado tantos y de pronto, como si  las pateras y las vallas de Melilla estuvieran a la vuelta de los caminos y el mar nos lavara los pies de los cultivos.   Cultivos abandonados: sandias que no se recogen porque nadie las paga y quiere; vino que sobra y uvas que maduran y esperan ser recogidas bajo la incógnita de los caldos sobrantes de la campaña anterior… y empresas que se cierran y tiendas que desaparecen de un día  para otro de los hombres blancos habitantes de Tomelloso.

En la feria  tomellosera hay calles llenas de puestos que muestran su mercancía variopinta y tenderos africanos, orientales y sudamericanos esperando  pacientemente a los compradores. La gente pasea, se acerca a  los puestos toca un bolso, un pañuelo, una figura tallada de madera, un collar, unas deportivas de marca falsa y siguen después su paseo sin apenas comprar algo porque los euros no sobran y todo el año hay gente por las calles ofreciendo cosas… Paseamos por el ferial,  por entre los puestos de artículos, bares, chocolaterías y restaurantes  con  olor a pollo asado y patatas asadas  gigantes que también han perdido su novedad. Los niños señalan con sus dedos lo que les admira y quieren, se paran delante de los puestos de los juguetes y piden que se les compre algo… Es la feria y en su círculo de luces y ruido la gente; toda la gente, todavía espera conseguir un sueño.
En otro apartado está la feria oficial  con su programa diseñado en busca de conseguir la bendición popular que después se transformará en votos. Votos que dan poder, riqueza y seguridad a los políticos.  

Y en esa otra feria también hay sueños y logros diversos: los sueños de las jóvenes designadas para lucir belleza coronadas para ser mostradas cual símbolo local, los premiados con los trofeos de concursos programados, los elevados al pódium de la honorabilidad por ser nombrados con distinciones y reconocimientos, y los que acuden a orar al templo porque la feria tomellosera es en honor de la Santísima Virgen de las Viñas, Patrona de este pueblo.  
Nos quedan las corridas de toros, las atracciones populares de la Plaza de España por las noches, gratuitas y concurridas, el abrazo con los tomelloseros ausentes, y el paseo por todos los lugares de la feria. Agosto  tiene el broche de la traca final mientras los agricultores recogen las gomas del riego por goteo, siguen sufriendo los robos en el campo y preparan la vendimia con el escozor de la inestabilidad en los mercados. Cuando la traca finaliza regresan los tomelloseros que se marcharon la noche de la pólvora a vivir los días de la feria en otros puntos geográficos. Al amanecer del día siguiente  todavía por Tomelloso hay grupos de jóvenes que fatigados y felices van regresando a sus casas después de vivir la “Cena de gala” con sus mejores galas, con alguna pérdida del esplendor de las primeras horas de la tarde-noche.
En ese amanecer de la despedida de la feria  por la calle se mezclan los agricultores que van al campo y los jóvenes que regresan de ella, con los que vagabundean arrastrando la pesadilla universal de buscar un lugar en la tierra, mejor que en  donde nacieron.  Sí, todos vivimos la feria dentro de las tapias de Tomelloso, unos mejor que otros, como casi siempre ha sido y es en la feria del mundo.

                                                                                                              Natividad Cepeda

Publicado en  “El periódico del Común de la Mancha” Feria 2014

Arte digital:  N Cepeda

sábado, 26 de abril de 2014

Abril es romería de la Virgen de la Viñas en Tomelloso

 En Tomelloso, abril se llama romería. Abrazo fraternal, orientación que vuela desde los mástiles del cielo, golondrinas que de repente se acurrucan en sus nidos. Y el buceo del alma cuando reza con el escepticismo de la bruma diaria. O ese parpadeo que casi desmorona cuando tiendes las manos y estrechas al ausente y vienen en ese abrazo todas las luces cayéndonos en la superficie invisible de lo que no se olvida, como la mariposa que encendían los mayores para alumbrar senderos de los que se marcharon para que con su luz, no se olvidaran nunca de este pueblo tendido en la llanura horizontal y bravo. 

Lampadario de hoy, los jóvenes vestidos con chándal y deportivas introducen monedas y se encienden una tras otra lucecitas, esperanza sin límites que crepita y no hiere, o es quizá esa fe que late  a pesar de toda la incidencia de ser todos tan materialistas. Fe ignorada muchas veces, pero que cae perpendicular sobre uno mismo, sobre la ruta que converge en esa romería que aguardamos año tras año, y existe una estrella interior que señala la ruta para los que ese perdieron y regresan. Para todos aquellos que dejaron su mirada en el paisaje, en el sol que les cruza la génesis del misterio inviolable y certero de que pertenecemos a esta tierra sin más.
 
       Abril nos coge en su espiral, tiene umbrales de ansia cual  suspiro abandonado sobre el rojo crepúsculo de cadera rosada que el vidrio intocado de la tarde nos desliza en los ojos. Nos detiene, nos conjuga su tacto y nos irrumpe como un dulce viento sobre el corazón. La sombra de los pinos canta, duda, se mecen sus agujas y a mí se me abre en  el alma un rictus y no quiero rebuscar en el rumor del aire nada. Todo se va quedando exacto en su ascensión, la añoranza se funde con los muros del santuario de Pinilla, vienen voces, aguardan sobre la cruz tallada en la techumbre, hasta las manos sube el calor en ese justo hueco que yo retengo en ellas.
Como una flor silvestre en mis labios cerrados se alza la oración tantos nombres, tantos rostros amados. ¡Ay. Virgen de las Viñas! aquí estamos tú y yo. Un silencio de luna va rodeando los campos. Tú sabes Virgencita que en esta romería me falta mucha gente. Los niños risa fresca me miran con ojos de azabache, en sus miradas se funde el pasado y el presente. ¿Acaso estos niños somos todos nosotros que de verdad no hemos crecido? Un niño que nos mira y sonríe es el perdón de Dios a pesar de tanto desatino. Un niño frente al cielo cuando muere la tarde es la vida que aún se multiplica, ellos son el mañana de otras romerías. El tiempo, nuestro tiempo no existiría sin ellos. Cuantos niños crecieron fuera de Tomelloso y regresan hoy hombres. Cuantos niños que nacen lejos del santuario vendrán después a él. Niños de padres ausentes de su pueblo. De padres que retornan sin hacer el balance de por qué ese regreso cuando termina abril.

Tradición de la que no se habla, que a veces ocultamos entre los pliegues de esta civilización racionalista que no quiere pensar y se queda atrapada en lo mediocre de la contradicción. Pero la libertad es amor y es regreso a esa ilimitación que aceptamos sin renegar de lo que somos, movimiento que encarna nuestro ser en la historia más íntima y más nuestra. Manifiesto incansable de buscar los orígenes de la vida y la muerte, de lo imaginario y de la realidad de esta antropología moderna. Pero todavía es el tiempo de anticipar esa vuelta a uno mismo y señalar la ruta por la que regresamos, o  a la que desde épocas remotas pertenecemos. Sabemos que podemos dejar nuestra herencia de pueblo, esparcido por ciudades distintas, pero sin olvidar nuestra procedencia.
De donde se encarnó la palabra con su arcaísmo tránsfuga  de un lenguaje urbano.

        Un niño necesita  conocer la palabra y su origen, y necesita tener antepasados conocer los lugares de los que allí le aguardan o reposan. Conocer esa estirpe a la que pertenece frente a la pluralidad que descompone los valores de lo individual.
Que ningún niño ausente se nos pierda en ese laberinto sin tradición ni historia.
Los niños necesitan conocer el pasado, la sangre que creció a la intemperie, rota, fuerte, esparcida y, si queréis, ausente, pero aun así nuestra, suya, himno de milagro que siempre será auténtico. Un hombre sin un pueblo no es nada se convierte en un ente  que camina sin saber dónde va.

       Abril en romería es la llamada que nos une y agrupa, es sucesión amorosa de volver y encontrarnos, es inexorable fuerza de la determinación del quehacer inmediato con su imagen más pura y genuina.

        Tomelloso es un pueblo que sigue dando hijos para tenerlos lejos, para que recordemos al margen de la edad tanto ausente querido, pero la libertad es eso desprendernos de aquello que amamos y esperar  calladamente sin tener nuestras casas ni una puerta cerrada, ni un cerrojo clavado. Todos caben por las puertas del alma, todos pueden pasar. Que no me diga nadie que los tomelloseros no sabemos amar a los que no lo son. Que nadie certifique que aquellos que estuvieron viviendo en Tomelloso no lo recuerdan y volverán a él, porque sobre el dorso oscuro de esta tierra manchega sabemos ofrecer pan, vino y posada. Esa manera nuestra de acoger, nos la legaron  nuestros antepasados que sin conocerlos nos hicieron tal cual.
Cuantas fotos en silencio  nos hablan a todos de romerías. Una fotografía nos recuerda la plática que detesta discursos. EL lenguaje del grupo se nos viene a la mente, escenas familiares, rostros con nombres propios, y al mirarlas vas diciendo al niño, o al hijo que ha crecido la historia individual de los que desde la cartulina son romeros de una romería que ya no volverá.

       Pero todo renace, el encuentro prosigue, la palabra comienza a fluir, el romero hace planes. ¿Qué hacemos este año? ¿Quién vendrá? ¿Con quienes  comeremos?  Compra pronto la carne. La carne sobre todo de cordero manchego. Y al escuchar la frase vuelven los recuerdos de quien nos la enseñó a guisarla, a darle el punto justo… Se prepara la fiesta y se invita a los amigos  de otros muchos pueblos, y siempre hay quién pregunta que si para la romería vendrá la familia que está ausente. Sabemos que ese domingo único por la calle encontraremos a tantos conocidos, en Pinilla apenas si cabemos.


      Con la certeza sonámbula de que te falta alguien, acoges, vives la romería. ¡Oh Virgen de las Viñas que hermosísima eres!  Los remolques engalanados de ramas verdes desfilarán tan llenos de muchachos, y un cura, a paso ligero, vendrá acompañando a la Virgen en medio de la gente, igual que aquellos otros que este año también están ausentes, y otros años venían con la gente, que andando carretera adelante portan las andas voceando vivas y piropos a la Patrona, hasta desembocar en la calle Socuéllamos  y seguir a la plaza de España toda repleta de gente apiñada. Tomelloso es así, quiere verte venir, nuestra Virgen viñera. Mi Patrona querida, ahora somos ya muchos los que a Ti  rezamos e invocamos como Madre del cielo y Madre protectora.
Romería de abril en algún calendario se señala el último domingo y se susurra recordando hacia adentro…Ahora en mi pueblo sonarán las campanas repicando alegría mientras pasa la Virgen de la plaza a la iglesia. Es un tomellosero ausente que revive la escena. Romero en la distancia que reza sin saberlo.

       Romeros de abril, San Marcos y la Virgen de las Viñas, venid hasta Pinilla, llegad como vencejos con las alas al viento de los brazos en cruz y acortar las distancias, Tomelloso en abril sólo tiene una fecha, vivir la romería, hasta con los que se marcharon y hasta con los que por circunstancias personales no pueden venir a celebrarla.


       Romeros sin condiciones ni clase, obreros del andamio, del volante, del despacho, de las fábricas, del que porta los libros, del artista, del jubilado, del ama de casa y de la peluquera, del médico, del bedel, de la recepcionista, del viticultor y el melonero, del gañán de antaño y del agricultor de hoy, del bodeguero y el ceramista, del informático y el barrendero que acuden a la cita. Un pueblo con  María de las Viñas. Sin reservas, se invita a que vengan a ver desfilar las reatas de mulas engalanadas y carros pintados con esmero, orgullo de carreros y al mostrarlo, ponen  en su corazón la inmensidad enorme que tiene la llanura. Invitan a gachas, al festín, al escándalo espiritual de la primavera junto a su  religión por donde la vida fluye. Romeros, que  vibran desde la noche del viernes portando antorchas para la procesión alrededor del santuario. Romeros confundidos entre las casetas de asados,  vinos y cervezas en mitad de la música y el jolgorio hasta pasada la media noche y el sueño rinde. El domingo, en la explanada la misa de campaña, confundida la plegaria con los ruidos de la romería profana y festiva. Y a las cinco repican las campanas del santuario, sale la Virgen con su niño chatillo balanceando los racimos de sus manos al son de las campanillas de plata de las andas. Y el plástico, doblado y dispuesto, porque la lluvia casi siempre bautiza a los romeros, a las mulas y a las carrozas artísticas, y a las otras de verde. El agua besa a los tomelloseros en las aceras y en la plaza que aguardan la llegada de la Virgen alta y guapa como madre resuelta mostrándonos a su divino niño en su brazo. Y el desfile de trajes viñeros y manchegos, los bailes folclóricos delante del ayuntamiento presidido por la alcaldesa perpetua, la Virgen de la Viñas: la traca final y las campanas de la iglesia tañendo alto y claro recibiendo a la Señora entrar en el templo abarrotado de tomelloseros. Así, año tras año, despedimos a abril con agua o con sol, con viento o con nublado; no importa si el día es desapacible. Lo único importante es celebrar la romería de la Virgen de las Viñas  año tras año. Cuando la noche reina en Tomelloso el silencio lo envuelve con su manto y se duerme deprisa porque amanece el lunes y hay que volver al trabajo.


                                                                                                             Natividad Cepeda





 Arte digital: N. Cepeda



sábado, 24 de agosto de 2013

La reina de la feria de Tomelloso


                              
Amanece dejando en el cielo el último resplandor del lucero del alba. Por la calle se escuchan pasos y trajín de ir y venir de gente y de coches. En verano, sobre todo en los fines de semana, al amanecer, rezagados y con aire de cansados los grupos de jóvenes regresan de vivir la noche. Las chicas, muchas de ellas andan descalzas llevando en sus manos los altos zapatos de tacón. Con zapatos y sin ellos son bellas mujeres a pesar de las ojeras y el aleteo del sueño meciéndose en sus parpados. Pero esta madrugada los pasos de los callejeros suenan diferentes. Son pasos alegres, ligeros y diáfanos como queriendo llegar cuanto antes a su destino. En la calle algunas golondrinas que aún no han emigrado pasan veloces por la franja del cielo azul de la calle. Es 15 de agosto y Tomelloso se remueve al son de las fiestas anuales de la feria. Las vacaciones de los tomelloseros, mayoritariamente se cogen para la feria. Es un descanso deseado. Los más atareados son los agricultores con la premisa del melón y la preparación de la vendimia, pero también la festejan a pesar de madrugones por la faena y en muchos casos, demasiados, por los robos en pozos y motores, melonares y aperos de labranza que para los dueños de lo ajeno de todo lo robado se saca euros. 

A lo lejos se empieza a escuchar rumor de voces: voces en gorjeo humano, sin estridencias y al son de las voces tintineo suave de campanas mecidas al donaire del un suave balanceo. Luego, de pronto, rompiendo la fresca mañana suenan  trompetas  y tambores anunciando la entrada de alguien importante por las calles del pueblo. La comitiva se adentra rápida por la calle Socuéllamos, y a la mitad de la calle un hombre se adelanta con paso rápido a los demás… Se apresura, con gesto embriagado y satisfecho prosigue hasta llegar a la iglesia de la plaza. El templo de la Asunción de Nuestra Señora  ya está repleto de fieles, repican las campanas de la torre mientras vuelan los gorriones por árboles y el redondel exagerado de la fuente, acercándose poco a poco el murmullo de voces de la comitiva. A lo lejos se divisa la Señora portada por sus hijos. 
Las andas plateadas relucen con la luz de la mañana. En el templo iluminado espera el sacerdote la entrada de la Señora, ha caminado con ella desde el Santuario de Pinilla y por si acaso le fuera a faltar tiempo se ha ido adelantado para esperarla dentro del templo; don Matías Rubio Noblejas la conoce desde siempre, argamasillero de nacimiento con raíces tomelloseras, por aquello de tener abuelos comunes y por la cercanía de ambos pueblos. Apenas en sus labios se esboza  una leve sonrisa, aunque sí son sus ojos los que le delatan el amor a la Madre de Dios en cualquiera de sus advocaciones. 

Repican las campanas. A gloria dirían los de antaño, los que nos la trajeron al pueblo y nos la legaron llenos de esperanza en su milagro de fe. Los años transcurridos no han impedido que nadie le arrebate ser la Reina de la Feria. En su honor se hacen los festejos programados, y puntual, la primera autoridad del pueblo renueva su voto en nombre de todos los tomelloseros. Año tras año don Carlos Manuel Cotillas López, alcalde Presidente de Tomelloso lee su voto en medio de un calor sofocante a causa de estar el templo abarrotado de fieles. El alcalde la conoce desde niño, no ha necesitado ser político para pasar al templo, lo traían sus padres como algo natural, igual que lo llevaban al ferial y a la romería, y él, como todos los tomelloseros sabe, sin dudarlo, que la reina de la feria es la Virgen de las Viñas. Siempre lo ha sido en tiempos de bonanza y en tiempos de crisis.
La feria se sustenta en Ella, al margen de la corona y el manto, lo importante es verla con el niño chiquito y chatejo, sosteniendo, cada uno de ellos, en sus manos los racimos de uvas blancas y  negras. Dios es así, cercano y sencillo  y por eso nos acogemos a su misericordia cuando nos quedamos sin puerto ni barcos donde anclar nuestros anhelos. Lo demás se ha ido cambiando, el ferial de lugar, los alcaldes de signo político se suceden, las modas en elegir reina y damas posaron a llamarse madrinas y se quitan cenas de gala o se vuelven a programar con pretextos diferentes porque no es fundamental para que se celebre la feria.
La miro pasar delante de mi casa y pienso, que al margen de la historia escrita hay otra historia que subyace en el alma por encima del tiempo.
La fe es intangible, es una emoción inenarrable, es la confianza que nos signa cuando imploramos ayuda y protección, incluso cuando la fe nos falta.
Miramos al cielo y nos sentimos pequeños. Virgen de las Viñas: Virgen de  Agosto, patrona de mi pueblo y de otros muchos pueblos, puestos bajo el cobijo de tu manto y de tu hijo; Reina de la Feria con corona y cetro que no necesitas, que te coronemos para verte hermosa, bella y soberana, madre y compañera de todas las madres del mundo; Señora del cielo, protege los campos y que la cosecha de la vid, llegue a los lagares por eso celebramos feria, lo demás son modismos, traca de un momento. Polvo del recuerdo.
             

                                                                                                                 Natividad  Cepeda

Publicado Diario Lanza 23/08/2013


lunes, 7 de mayo de 2012

Señales para el camino de una romería


                            



         Apenas si quedaban coches en al aparcamiento de Pinilla cubierta por un manto de estrellas relucientes. El sol continuaba su viaje hacia el Este y por el cielo cruzaban aviones persiguiendo rutas lejanas en otros continentes.  Se aferraba la noche  velando con su bruma la ermita de  la Virgen. Un silencio  profundo cubría de misterio los campos labrados que rodeaban el recinto. Como un labio extraño del entorno, la carretera de asfalto, despedía a los últimos coches camino de las luces del pueblo.

La quietud del espacio invitaba a pensar en el hondo misterio de creer en la Virgen que en silencio, callada y en pie, sostenía a un niño con el mismo cuidado que las madres sujetan a sus hijos. Parecía  al mirarla que de un momento a otro caerían de sus manos el niño y el racimo que pendía de la otra Todo era silencio sin brisa, sin estruendo tan sólo roto a veces por los pequeños roces de la tierra al moverse en su girar continúo.
Incluso estorbaban las farolas con sus luces rompiendo el hechizo infinito de una noche distinta. Pasó por las alturas unas aves nocturnas y algo se rebulló en la hierba  con el sentido alerta de preservar la vida. Adentro la Virgen sonreía  como sonríe la aurora cuando empieza el día. Todavía el verde de las pámpanas no se mecía al viento pero si acariciaba con sus pasos etéreos las siembras sin bridas ni relentes. Convergían alrededor del templo incesantes estrellas fugaces que al desaparecer se convertían en sombras entrando hasta el templo. Los escasos romeros que se habían quedado a dormir en Pinilla, evocaban en sueños, el trajín del día y de pasadas romerías.

La noche no impide testificar que, siempre, los romeros, regresan para entrar al templo y rezar postrados de hinojos ante la madre eterna que es María Santísima, llamada en este lugar de las viñas. Señora de los campos de viñas, nimbada por el sol de los campos, por la lluvia que bautiza cosechas y por la tierra que canta con sus hijos himnos de salutación también, en los silencios nocturnos de los cielos.
No otra cosa es peregrinar de romería que una confidencia del alma en su largo peregrinar en pos de todo aquello que es  sagrado y se guarda bajo el magma infantil de los recuerdos.

 Rezar es lo que hicieron ayer los campesinos llevando cogidos de sus manos a los niños nacidos de su estirpe. Rezar por supuesto, y pedir que la Madre María Santísima de las Viñas, retomara en sus manos todos los racimos que todavía por abril pueden llegar a tiritar de frío, y eso representa la ruina de la casa, y de  esa catástrofe que pende del cielo los salva ayer y hoy, aquello que llamamos divino, perdurable por encima de avances y satélites sabios captadores de nubes y tormentas.

Romerías con romeros que no se cansan de pedir la gracia de ser hijos protegidos; así, sencillamente, con los labios callados en íntima oración pidiendo por los hijos y también por la esposa, por el marido y el hermano que enfermó, por la falta de trabajo que se busca y no llega, por el que está en el hospital y no mejora, por el que se olvidó de sonreír y se nos muere lleno de angustia depresiva…
Calla la noche y calla el día en toda romería porque escucha las múltiples plegarias de todos los romeros que a pesar del jaleo rezan, cada cual a su manera, pero importa poco como sea la plegaria, lo que importa es llegar a Pinilla y encender un velón para que esa luz ilumine la vida.
Desde antiguo arranca la costumbre de enseñar a los niños que hay que salir a la calle del pueblo a esperar a la Virgen. Una calle tan solo para esperar unidos el paso de la Reina del cielo al son de campanillas  moviéndose a tumbos, temiendo todos los espectadores, que el niño se le rompa y se caiga el racimo de sus dedos chiquitos.
Y en medio del jolgorio admirar la esbelta figura de María de las Viñas, la Santa, la Madre que con leve sonrisa reparte confianza en todos cuantos miran su rostro tan sereno…

Romeros con la risa pronta en los labios, orgullosos de ser tan diferentes de otros romeros de los pueblos cercanos o alejados. Romeros vestidos de domingo para esperar a la Patrona con sus mejores galas, o venir otros acompañando  a pie, a caballo, en coche o carro detrás de la hermosa Virgen que veneran.
Cortejo de romeros con la filosofía de esconder lo que sienten entre la broma autóctona, y responder con su presencia,  lo  que se lleva en la sangre porque así lo enseñaron todos aquellos que en la noche romera convertidos en sombras entran en la ermita a rezar a la Virgen.

Un gesto de oración en mitad de la calle llamada de Socuéllamos, diferente y festiva esa oración tomellosera,  pero limpia como el agua del bautismo que cae sobre la frente y nos hace sus hijos. Un gesto como emblema de que nada se olvida, vocablo que se nos enseñó en la infancia, invisible como la fe profunda que lismonea ayuda para los que están y para los que nos esperan en el cristal del tiempo.

Romeros de Tomelloso, caricia sin fisuras  a la Madre de Dios, cuando en nubes de polvo recorren la feria de Pinilla llena de chiringuitos, pero siempre ha sido así, rezar y llegar al lugar de oración para comer en paz. Señales de cualquier romería  que marcan el camino trazado de la historia y entregan el testigo a los que seguirán portando a la Virgen  en los años siguientes. Vinculación vernácula de un pueblo alegre y fervoroso   que ora en medio de la calle y de la plaza, a su modo y manera, sin ningún artificio.


                                                                                                             Natividad Cepeda




Fotografías: Paisaje nocturno Inmaculada Lara Cepeda "Maku"
Virgen de las Viñas en la calle Socuéllamos N. Cepeda 

Publicado en El Periódico del Común de La Mancha abril-mayo de 2012 Comarca Tomelloso-La Solana-Manzanares
en Diario Lanza de Ciudad Real abril 2012