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domingo, 26 de abril de 2026

Abril es romero y cristiano en Tomelloso

 


Este último fin de semana
Abril se hace romero, se ata el pañuelo

 al cuello y camina al santuario
de la Virgen de las Viñas, patrona

de Tomelloso, madre de un pueblo viñero.

 

Abril peregrino. Abril canta y reza.

 

Reza, a la Virgen de mirada acogedora

que lleva en su mano un racimo

de uvas blancas. Y al Niño bendito,

que sostiene uvas negras.

Alegoría sagrada para que la próxima

vendimia llegue al lagar en septiembre.

Uvas blancas, uvas negras: fe y vendimia.

Canta el pueblo en regocijo,

y a nuestra manera rezamos a la Virgen

de las Viñas, pidiendo que cuide a este pueblo

que la ama y que camina a su lado.

 

En Pinilla y en tu santuario: es tú fiesta.

 

Virgen de las Viñas, madre, de Tomelloso,

te pedimos, que haya trabajo en las manos,

y salud para rezar por el brío

de nuestros jóvenes, que con sus pasos

y voces hacen vida al caminar.

 

 

Natividad Cepeda

 

Romería en honor de la Santísima Virgen de las Viñas Patrona de Tomelloso del 18 al 26 de abril 2026 de Tomelloso

 

miércoles, 8 de abril de 2026

Abril y las noticias de inestabilidad y de pobreza

 

                 

 


Abril sigue trayendo noticias de urgencia que nunca se resuelven. En vano esperamos que las manos de los poderosos firmen leyes justas; en vano comprobamos que la estupidez humana no cesa. Cada paso que dan nos deja más confundidos, entre el derroche de falsedades y falacias que nos cuentan, mientras apenas cuentan las muertes anónimas de quienes perecen de hambre en esta sociedad globalizada, donde una persona casi no vale nada. Un río humano de egoísmo y pena se desplaza delante de nuestros ojos: espejo de un egoísmo desbordado que crece y se fortalece gracias a avances que nos han llegado, pero que no siempre se utilizan bien.

He vuelto a escuchar una noticia, como tantas otras, repetida con esa frialdad que termina por parecer normal: en una playa española —el nombre no importa— ha llegado una nueva patera y dentro de ella había un hombre muerto. La información se difunde con rapidez, pero parecía incompleta, como si lo esencial quedara fuera: se hablaba de ocupantes, de cifras, de mujeres con niños, de jóvenes, de hombres sin documentación… y, sin embargo, ya casi nadie se pregunta quiénes son. Molestan. Nos asustan. Se ha ido creando un rechazo creciente porque, aunque no se divulguen ciertos hechos con detalle, lo que llega a la población son noticias repetidas, desordenadas, muchas veces alarmantes; y en pueblos de un lugar y de otro surgen protestas contra esta emigración masiva.

El mar nos los trae, dicen, y muchos de ellos mueren en el vientre salado de mares y océanos, sin nombre, sin historia, sin despedida. En las bahías adonde afluyen algunos corren para esconderse, para no ser preguntados, para no tener que explicar su procedencia. Después, como pueden, van llegando a unos y otros lugares para sobrevivir malamente. Pero si no tienen credenciales, papeles, documentos, no se les puede dar trabajo: se multa a los empresarios con sanciones excesivas. Y así, el círculo se cierra como una trampa: quien necesita trabajar no puede, y quien podría ofrecer trabajo no se atreve.

Yo, me pregunto ¿hasta cuándo cesará esta oleada humana? Y mientras me lo pregunto veo cómo el poder se ancla en sus sillones, cómo la pobreza crece en España y se extiende a otros puntos geográficos de Europa, y cómo, aun así, nadie parece decir nada. Se silencia. Se calla. Y a cambio se ofrecen bobadas sin valores para que el personal se quede quieto y no proteste: para que se conforme con escaso pan y mucho circo, mientras la ruina despuebla los pueblos y en las ciudades crecen y crecen bolsas de pobreza, suburbios nuevos donde se acumulan la necesidad y el desánimo.

Nos sentimos sitiados en una extraña calima, sin saber cómo navegar para salir de esta emboscada globalizada. Otra patera. Otra playa. Otro titular. Y, a veces, otro muerto dentro. Lo más grave no es que ocurra —que ya lo es—, sino que estemos aprendiendo a aceptarlo como rutina. A la vez, vivimos en una sociedad donde el debate se pudre en dos extremos: o se grita “invasión” o se recita un “todo irá bien” automático. Pero los datos muestran algo menos cómodo y más real: el fenómeno no desaparece, se desplaza. Y luego está la gran hipocresía: exigimos “integración” mientras cerramos las puertas del trabajo legal. Contratar a alguien sin autorización acarrear multas, lo que disuade a quien podría emplear y empuja a quien necesita vivir hacia la irregularidad. Así se fabrica marginalidad con sello oficial.

Podemos discutir políticas migratorias. Lo que no deberíamos discutir es esto: una muerte en el mar no puede ser normal. Si la política solo administra fronteras y la sociedad solo administra miedos, la calima seguirá espesa. Y los cuerpos seguirán hundiéndose sin nombres. No se trata de negar problemas ni de repartir culpas en nuestra sociedad. Se trata de recuperar algo que hemos ido perdiendo: la capacidad de sostener dos verdades a la vez. Que hay tensión social y miedo y hasta falta de humanidad a pesar de diálogos elaborados y que en cada patera hay vidas empujadas al límite, a la muerte.

Que hay que gestionar fronteras, es una realidad. Y que la gestión que normaliza la muerte no es gestión: y que el pacto europeo: más sistema carece de humanidad y crea un malestar interno subiendo la precariedad social en el debate de la migración donde se crea resentimiento y desconfianza sumado a leyes que nuestra sociedad rechazan en voz baja; es también una realidad. El reto es bajar la tasa de pobreza, pero esto es un sueño ante guerras actuales y subidas continuas de alimentación y trasporte. Abril seguirá sumando noticias de tragedia y esa inestabilidad social que se ha convertido tristemente en cotidianidad.  

                                                                                       Natividad Cepeda

 

 

 

 

jueves, 4 de abril de 2024

Bajo la anchura del iluminado abril la pobreza humana de todos nosotros

 

Las pasadas lluvias de marzo han dejado agua en pantanos y terrenos sedientos de humedad y los cofrades han derramado lágrimas por no poder sacar las imágenes a recorrer las calles como se desea un año entero. Pero gracias a la lluvia han nacido flores silvestres y las siembras son de color verde brillante. Tanto tiempo esperando que cayera el agua del cielo y cuando nos ha mojado la queja de que podía haberse esperado se he escuchado con son casi de miserere.

Yo que espero ver llegar las golondrinas junto a los vencejos y aviones en este abril de hoy me sigo preguntando ¿por qué no nos lamentamos por esas causas que escuchamos a diario y apenas si nos hacen mella en nuestro ánimo?  Desde este rincón pequeño donde escribo en paz escucho que las guerras actuales siguen su macabra obra de destrucción y muerte a diario y percibo que nos hemos acostumbrado porque no nos conciernen, porque nos pillan lejos y porque a pesar de nuestra fragilidad nos sentimos fuertes y seguros en nuestros pequeños reductos hogareños.

Creo que somos víctimas de nuestro propio ego en mitad de tanto dolor y corrupción colectiva ausente de moral y principios, permanentes en medio de la picaresca  de guante blanco y baja estopa,  que nos roban  entre el riesgo de no saber qué ocurrirá en cada momento. Y tanto es así que nos hemos olvidado de lo que es dignidad en mitad de tanto adoctrinamiento inútil y perverso y en ese exceso de autoestima  no podemos discernir la realidad en la que vivimos.

Todo son pretensiones y exigencias pero ocurre que muchos de nosotros y de nosotras, no respetamos lo público y al hacerlo olvidamos que es de nuestros impuestos donde salen servicios que mal cuidamos. Es por eso que me avergüenza  como están los baños en hospitales y centros de salud de la Seguridad Social, asquerosamente sucios por los usuarios, las botellas, papeles y botes de cervezas y refrescos dejados tirados en calles ignorando la papelera que hay a pocos pasos, las señales dobladas por gamberradas y la falta de respeto en aceras al no ceder el paso a niños y ancianos, por citar algunas de las costumbres instaladas  en el día a día de nuestras ciudades.

Nos olvidamos del ELA  la esclerosis lateral amiotrófica  y de las personas que la padecen sin recursos suficientes para ayudar a sobrellevarlo con dignidad, y no apoyamos masivamente esas reivindicaciones por sus familiares porque a nosotros no nos interesa. Nos olvidamos de la depresiones tan padecidas por tantas personas en medio de esa soledad del alma tan difícil de curar…Y cuando llegamos a un hospital y nos dan cita para meses nos aguantamos, incluso cuando la salud hace aguas por todos los huesos de nuestro cuerpo sin  ignorar que es injusto y perjudicial.

Si, nos hemos acostumbrado a que se insulte y agrede a médicos y educadores, a que nuestros derechos de ciudadanos no importen en la medida que deberían importar a la hora de no sancionar a reincidentes en atracos en la calle, asaltando viviendas, robando en propiedades rurales, abriendo furgonetas de pequeños autónomos…Hasta nos hemos acostumbrado a no confiar en muchos de nuestros políticos porque no les importamos, salvo el día de las votaciones en las que con nuestro voto depositamos en ellos y en ellas, nuestra confianza. Confianza defraudada al carecer de la conciencia que deberían tener por ser nuestros representantes a lo largo de la legislatura.  

A veces percibo la pobreza de humanidad y  falsedad taponando el silencio, de los que en la parcela del corazón, siguen sembrando amor y esperanza, que siento temor de que olvidemos nuestra frágil osamenta presente en esas consultas de hospitales, donde a pesar de la luminosidad de abril somos pequeños cuerpos mendigando ayuda.

 

                                                                                     Natividad Cepeda


https://www.miciudadreal.es/2024/04/04/bajo-la-anchura-del-iluminado-abril-la-pobreza-humana-de-todos-nosotros/https://www.miciudadreal.es/author/admin/

https://www.cuadernosmanchegos.com/opinion/-bajo-la-anchura-del-iluminado-abril-la-pobreza-humana-de-todos-nosotros-1070.html

https://www.cuadernosmanchegos.com/ 



martes, 31 de marzo de 2015

POR LAS VIEJAS PAREDES


                     











Cubre  el silencio la casa cada noche cuando la luna sale
a mirar en el patio los aperos, allí  arrinconados,
que palpan el vacío y la melancolía de un ayer y su historia.

Por las viejas paredes las sombras alzan su denso desvarío
entre tantos recuerdos que regresan heridos de añoranzas.
Vuelven las minúsculas partículas de algún sueño imposible
a posarse en las trébedes de añeja remembranza. En la trilla,
que se quedó sin  sus zagales, sin sus niños morenos
que olían a verano y a polvo, a ese polvo de paz de los caminos.

Por la noble cocina, en la noche, parece  que el aroma del queso
y los apaños de la matanza hecha por San Andrés, envuelve
la amplia estancia, desde las vigas, a las orzas, de panzas
estragadas;  y en el fuego, los leños que no arden,  con su mutis
de siglos, cree alojar en el humero de la ancha chimenea
los chorizos que secan, y la negra morcilla que gotea su grasa.

Todo queda callado y, sin embargo, en la artesa si se escucha
ese susurro que la gente confunde con silencio.
Se perciben las manos que amasan el pan,
como la masa es volteada al aire
aunque nadie se ve por las estancias ni por los rincones.
                                                                       
Luna de abril en El Toboso al borde de unos ojos de viento.
El viento que si conoce la vieja leyenda de un amor amable
y tan dulce como la miel de las colmenas de alto monte.
Alto como el olivar azul que mece entre sus ramas a la luna.

La casa tiene un corazón doblado en sí mismo que se expande
por la geografía del término del pueblo, y que late, 
aguardando por detrás de los campos labrados 
que vuelvan golondrinas a los nidos vacíos de los viejos tejados,
que presagian en vilo la ternura que envuelve los muros,
y el matiz de hermosura que el tiempo ha retenido
latiendo entre los días y las noches.

                                                                                                Natividad Cepeda   



Poema del libro  “Memorial de amor y leyenda” Editorial Hipálage

                                                            
Arte digital: N Cepeda







sábado, 26 de abril de 2014

Abril es romería de la Virgen de la Viñas en Tomelloso

 En Tomelloso, abril se llama romería. Abrazo fraternal, orientación que vuela desde los mástiles del cielo, golondrinas que de repente se acurrucan en sus nidos. Y el buceo del alma cuando reza con el escepticismo de la bruma diaria. O ese parpadeo que casi desmorona cuando tiendes las manos y estrechas al ausente y vienen en ese abrazo todas las luces cayéndonos en la superficie invisible de lo que no se olvida, como la mariposa que encendían los mayores para alumbrar senderos de los que se marcharon para que con su luz, no se olvidaran nunca de este pueblo tendido en la llanura horizontal y bravo. 

Lampadario de hoy, los jóvenes vestidos con chándal y deportivas introducen monedas y se encienden una tras otra lucecitas, esperanza sin límites que crepita y no hiere, o es quizá esa fe que late  a pesar de toda la incidencia de ser todos tan materialistas. Fe ignorada muchas veces, pero que cae perpendicular sobre uno mismo, sobre la ruta que converge en esa romería que aguardamos año tras año, y existe una estrella interior que señala la ruta para los que ese perdieron y regresan. Para todos aquellos que dejaron su mirada en el paisaje, en el sol que les cruza la génesis del misterio inviolable y certero de que pertenecemos a esta tierra sin más.
 
       Abril nos coge en su espiral, tiene umbrales de ansia cual  suspiro abandonado sobre el rojo crepúsculo de cadera rosada que el vidrio intocado de la tarde nos desliza en los ojos. Nos detiene, nos conjuga su tacto y nos irrumpe como un dulce viento sobre el corazón. La sombra de los pinos canta, duda, se mecen sus agujas y a mí se me abre en  el alma un rictus y no quiero rebuscar en el rumor del aire nada. Todo se va quedando exacto en su ascensión, la añoranza se funde con los muros del santuario de Pinilla, vienen voces, aguardan sobre la cruz tallada en la techumbre, hasta las manos sube el calor en ese justo hueco que yo retengo en ellas.
Como una flor silvestre en mis labios cerrados se alza la oración tantos nombres, tantos rostros amados. ¡Ay. Virgen de las Viñas! aquí estamos tú y yo. Un silencio de luna va rodeando los campos. Tú sabes Virgencita que en esta romería me falta mucha gente. Los niños risa fresca me miran con ojos de azabache, en sus miradas se funde el pasado y el presente. ¿Acaso estos niños somos todos nosotros que de verdad no hemos crecido? Un niño que nos mira y sonríe es el perdón de Dios a pesar de tanto desatino. Un niño frente al cielo cuando muere la tarde es la vida que aún se multiplica, ellos son el mañana de otras romerías. El tiempo, nuestro tiempo no existiría sin ellos. Cuantos niños crecieron fuera de Tomelloso y regresan hoy hombres. Cuantos niños que nacen lejos del santuario vendrán después a él. Niños de padres ausentes de su pueblo. De padres que retornan sin hacer el balance de por qué ese regreso cuando termina abril.

Tradición de la que no se habla, que a veces ocultamos entre los pliegues de esta civilización racionalista que no quiere pensar y se queda atrapada en lo mediocre de la contradicción. Pero la libertad es amor y es regreso a esa ilimitación que aceptamos sin renegar de lo que somos, movimiento que encarna nuestro ser en la historia más íntima y más nuestra. Manifiesto incansable de buscar los orígenes de la vida y la muerte, de lo imaginario y de la realidad de esta antropología moderna. Pero todavía es el tiempo de anticipar esa vuelta a uno mismo y señalar la ruta por la que regresamos, o  a la que desde épocas remotas pertenecemos. Sabemos que podemos dejar nuestra herencia de pueblo, esparcido por ciudades distintas, pero sin olvidar nuestra procedencia.
De donde se encarnó la palabra con su arcaísmo tránsfuga  de un lenguaje urbano.

        Un niño necesita  conocer la palabra y su origen, y necesita tener antepasados conocer los lugares de los que allí le aguardan o reposan. Conocer esa estirpe a la que pertenece frente a la pluralidad que descompone los valores de lo individual.
Que ningún niño ausente se nos pierda en ese laberinto sin tradición ni historia.
Los niños necesitan conocer el pasado, la sangre que creció a la intemperie, rota, fuerte, esparcida y, si queréis, ausente, pero aun así nuestra, suya, himno de milagro que siempre será auténtico. Un hombre sin un pueblo no es nada se convierte en un ente  que camina sin saber dónde va.

       Abril en romería es la llamada que nos une y agrupa, es sucesión amorosa de volver y encontrarnos, es inexorable fuerza de la determinación del quehacer inmediato con su imagen más pura y genuina.

        Tomelloso es un pueblo que sigue dando hijos para tenerlos lejos, para que recordemos al margen de la edad tanto ausente querido, pero la libertad es eso desprendernos de aquello que amamos y esperar  calladamente sin tener nuestras casas ni una puerta cerrada, ni un cerrojo clavado. Todos caben por las puertas del alma, todos pueden pasar. Que no me diga nadie que los tomelloseros no sabemos amar a los que no lo son. Que nadie certifique que aquellos que estuvieron viviendo en Tomelloso no lo recuerdan y volverán a él, porque sobre el dorso oscuro de esta tierra manchega sabemos ofrecer pan, vino y posada. Esa manera nuestra de acoger, nos la legaron  nuestros antepasados que sin conocerlos nos hicieron tal cual.
Cuantas fotos en silencio  nos hablan a todos de romerías. Una fotografía nos recuerda la plática que detesta discursos. EL lenguaje del grupo se nos viene a la mente, escenas familiares, rostros con nombres propios, y al mirarlas vas diciendo al niño, o al hijo que ha crecido la historia individual de los que desde la cartulina son romeros de una romería que ya no volverá.

       Pero todo renace, el encuentro prosigue, la palabra comienza a fluir, el romero hace planes. ¿Qué hacemos este año? ¿Quién vendrá? ¿Con quienes  comeremos?  Compra pronto la carne. La carne sobre todo de cordero manchego. Y al escuchar la frase vuelven los recuerdos de quien nos la enseñó a guisarla, a darle el punto justo… Se prepara la fiesta y se invita a los amigos  de otros muchos pueblos, y siempre hay quién pregunta que si para la romería vendrá la familia que está ausente. Sabemos que ese domingo único por la calle encontraremos a tantos conocidos, en Pinilla apenas si cabemos.


      Con la certeza sonámbula de que te falta alguien, acoges, vives la romería. ¡Oh Virgen de las Viñas que hermosísima eres!  Los remolques engalanados de ramas verdes desfilarán tan llenos de muchachos, y un cura, a paso ligero, vendrá acompañando a la Virgen en medio de la gente, igual que aquellos otros que este año también están ausentes, y otros años venían con la gente, que andando carretera adelante portan las andas voceando vivas y piropos a la Patrona, hasta desembocar en la calle Socuéllamos  y seguir a la plaza de España toda repleta de gente apiñada. Tomelloso es así, quiere verte venir, nuestra Virgen viñera. Mi Patrona querida, ahora somos ya muchos los que a Ti  rezamos e invocamos como Madre del cielo y Madre protectora.
Romería de abril en algún calendario se señala el último domingo y se susurra recordando hacia adentro…Ahora en mi pueblo sonarán las campanas repicando alegría mientras pasa la Virgen de la plaza a la iglesia. Es un tomellosero ausente que revive la escena. Romero en la distancia que reza sin saberlo.

       Romeros de abril, San Marcos y la Virgen de las Viñas, venid hasta Pinilla, llegad como vencejos con las alas al viento de los brazos en cruz y acortar las distancias, Tomelloso en abril sólo tiene una fecha, vivir la romería, hasta con los que se marcharon y hasta con los que por circunstancias personales no pueden venir a celebrarla.


       Romeros sin condiciones ni clase, obreros del andamio, del volante, del despacho, de las fábricas, del que porta los libros, del artista, del jubilado, del ama de casa y de la peluquera, del médico, del bedel, de la recepcionista, del viticultor y el melonero, del gañán de antaño y del agricultor de hoy, del bodeguero y el ceramista, del informático y el barrendero que acuden a la cita. Un pueblo con  María de las Viñas. Sin reservas, se invita a que vengan a ver desfilar las reatas de mulas engalanadas y carros pintados con esmero, orgullo de carreros y al mostrarlo, ponen  en su corazón la inmensidad enorme que tiene la llanura. Invitan a gachas, al festín, al escándalo espiritual de la primavera junto a su  religión por donde la vida fluye. Romeros, que  vibran desde la noche del viernes portando antorchas para la procesión alrededor del santuario. Romeros confundidos entre las casetas de asados,  vinos y cervezas en mitad de la música y el jolgorio hasta pasada la media noche y el sueño rinde. El domingo, en la explanada la misa de campaña, confundida la plegaria con los ruidos de la romería profana y festiva. Y a las cinco repican las campanas del santuario, sale la Virgen con su niño chatillo balanceando los racimos de sus manos al son de las campanillas de plata de las andas. Y el plástico, doblado y dispuesto, porque la lluvia casi siempre bautiza a los romeros, a las mulas y a las carrozas artísticas, y a las otras de verde. El agua besa a los tomelloseros en las aceras y en la plaza que aguardan la llegada de la Virgen alta y guapa como madre resuelta mostrándonos a su divino niño en su brazo. Y el desfile de trajes viñeros y manchegos, los bailes folclóricos delante del ayuntamiento presidido por la alcaldesa perpetua, la Virgen de la Viñas: la traca final y las campanas de la iglesia tañendo alto y claro recibiendo a la Señora entrar en el templo abarrotado de tomelloseros. Así, año tras año, despedimos a abril con agua o con sol, con viento o con nublado; no importa si el día es desapacible. Lo único importante es celebrar la romería de la Virgen de las Viñas  año tras año. Cuando la noche reina en Tomelloso el silencio lo envuelve con su manto y se duerme deprisa porque amanece el lunes y hay que volver al trabajo.


                                                                                                             Natividad Cepeda





 Arte digital: N. Cepeda



jueves, 11 de abril de 2013

A mi Señor: Don Quijote de la Mancha



 
         Mi Señor Don Quijote:
                                             Habéis de saber que jamás tendré otro caballero que no seáis Vos. Lo reitero en ésta carta que comienza sin fecha ni día, porque todo el amor me irrumpe como un campo de amapolas en mayo.
Todos saben que mi nombre es Dulcinea; dama de mi Señor, al que también se le conoce como el Caballero de la Triste Figura, el mayor defensor de los oprimidos, el único idealista que no se cansa de cabalgar por encima del tiempo para imponer justicia allá donde no la hay.
Vos, no ignoráis que solo nací para amaros y ser amada por vos.
Sin vuestro nombre en mis labios mi existencia no tendría razón de ser.

Los dos nos hallamos en un espacio sin tiempo terrenal, inermes, ante la profunda sed de nuestro amor.
Dicen los muchos viajeros que sois un loco echado a los caminos para desfacer entuertos, que de tan locura estáis llenos que se duda de mi existencia. Pero mi Señor; los rumores de nuestro amor se extienden como polen y son muchos,
 -mujeres y hombres- los que nos envidian. Tú eres para mi distancia y tiempo de geografía dilatada, y se condensa mi amor por detrás de la tarde y, fugitiva de lo que me rodea, me interno en tu voz y en tu figura  masculina. 
Así, te imagino cansado, detenido al repecho de un derrumbado hastial, mientras nuevos y jóvenes lectores dejan sus libros de texto y leen tus aventuras.
Yo en estos días de comunicación desorbitada y febril, donde la prensa, destaca las muchas muertes de mujeres a manos de malos hombres, me refugio en tu conmovedor amor y cierro mis ojos para guardar dentro de mi soledad vuestra mirada.
Me enamoré del azul transparente de las tardes manchegas hace ya mucho tiempo: dicen que la Mancha es un mar de llanura por donde los sueños navegan...  como perdida me quedo desmigando nuestros muchos naufragios, mirando la ciudad con los rostros que en ella deambulan. Todo cabe entre sus paredes y sus calles, el deseo de recibir una caricia sin testigos frente a la tarde que adolece de luz. Y en el juego de luces crepusculares dejar que vuestra ausencia se desvanezca y me asistan vuestras manos, su tacto  y su temblor, sentirlas por mi piel  como una procesión de estrellas primerizas.

Por eso ahora turbada, llena de eternidad y de misterio escribo esta carta empapada de tiempo. Tiempo cosido a tus aventuras, a la inmensidad de tus hazañas, a tu doliente grito enfrentado a tanto malandrín que puebla nuestro mundo, y nos mancha la dignidad, y nos ensucia  la alacena cuando desde la televisión, nos dicen que la sangre de un cuerpo de mujer ha vuelto a oscurecer el sol.
Yo, que solo por vuestro amor fui llamada bella, emperatriz y señora, princesa y dama a la que desde entonces cantan los trovadores y poetas, os escribo desde la niebla de los días, entre este jirón de vida que nos asiste, y nos hace coincidir en este nuevo siglo, para así demostrar que los milagros aún son necesarios y precisos, porque sin ellos el camino al futuro sería un triste funeral, una tumba donde ni la yerba crecería porque se me hiela la sangre ante  tanta miseria y destrucción.

Mi buen amor, mi señor, don Quijote, en estos días os digo que me siento como un ángel sin alas, roto, y cubierto de sangre que me llama y reclama, que os suplique, que por Dios, vengáis de donde estéis a defender a tantas pobres mujeres maltratadas, ultrajadas, vejadas, violadas, asesinadas como si el fruto de aquella manzana primigenia aún nos pasara cuentas... Sé que solo vos, defenderéis a esas damas sin hacerles preguntas, sin repasar sus vidas, sin pensar que alguna se lo tenía merecido.
¡Oh, Dios! no sé,  las que ahora están amenazadas dónde podrán hallar cobijo. No lo sé, y me siento yo misma por ellas perseguida, y me duele la memoria de pensar en tantos nombres olvidados, y me tiemblan las manos cuando rezo por ellas...
Por eso mi señor don Quijote, os escribo esta carta, que sin fecha ni dirección os mando, para así calmar mi dolor y mi impotencia, y siento que por mis venas galopan el miedo y el dolor que junto a mi corazón llora por tanto amor asesinado. Cuando la recibáis, Señor Hidalgo, no dudéis en volver del más allá, las damas de hoy en día os reclamamos vuestra ayuda, y no es que todos los hombres sean malvados y perversos, no señor, pero algo de valentía y de coraje, sí que les falta para de una vez por todas acabar con  tantas muertes y hacer causa común y no mirar para otro lado...

Venir, mi amor, para no tener ángeles negros en los labios  dejándolos helados: para  derretir al frío;  este frío que cada día es más frío y tenebroso.

Venir, para dejar en las manos de las mujeres ramos de flores. Flores que sean recibidas por ellas, como tributo de amor, y no sean flores de mortaja y de adiós. Llegar,  para que esta arisca realidad termine, para que en la besana de la vida el luto no se convierta en algo cotidiano.
De verdad mi Señor, que ahora más que nunca necesito vuestros brazos, dejarme abandonada en vuestro pecho, escucharos, hablar, y comprender, que la nobleza de la estirpe masculina aún persiste, porque quiero volver a amar y en el rellano de mi sangre no sentir la violencia de la muerte; sentir que el amor es poderoso y que gracias a él  los buitres infernales del crimen  se disipan.
                                                                             Al borde de vuestro amor y mi esperanza esta mujer a la que llaman Aldonza y Dulcinea os  espera.


Abril:
en homenaje a Miguel de Cervantes.


                                                                                                    Natividad Cepeda 

Arte Digital: N. Cepeda