Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de marzo de 2026

Apuntalar la poesía

 

Dicen que hoy ha llegado la primavera y en Tomelloso hace frío,

y aún no hay fragancia de flores

ni ese aroma que tenían los patios de las casas

a celindas y rosas naturales,

porque no eran híbridas.

Dicen que, desde hace unos años,

la UNESCO declaró el veintiuno de marzo

Día Internacional de la Poesía,

como si ser poeta fuera fácil,

al menos para mí.

Hoy caen gotas de lluvia en mi pueblo

y pareciera que la primavera se resistiera a venir

con sus versos y sus aromas

por los cauces del día.

Pero hay que apuntalar la poesía

y declamar por todos los rincones,

aunque su arquitectura no sea la debida.

Yo sigo buscando el poema

en los porches del alma

y también en los porches del día,

y hasta en el quicio

de esas órdenes de celebrar un día para ella,

la poesía,

a pesar de que no todos los poemas

sean poesía.


Puede que parezca que este poema mío busca ir en contra de la poesía, nada más lejos, la poesía existe en todos los ordenes de la vida: Está hasta en lo más criuel y feo de la vida porque hasta la tragedia es poesía derramada de dolor. Pero está ocurriendo que de tanto escribir poemas se está perdiendo el alma poética de la poesía. Si, es una denuncia que sé que no llegará aparte alguna, al menos a esas partes poderosas que son los que manejan lo que es poesía porque tienen canales que la reproducen y comercializan desde la fuerza del dienro; del oro actual, de los portales mediáticos. Y porque en los lugares pequeños se fasea, se utiliza para medrar o ser alguien importante-casi nadie lo es- en esos pueblos, aldeas, ciudades donde se piensa, pensamos que somos importantes, que son importantes.

Pero estamos aquí y escribimos en soledad. escribimos creando lo que sentimos, lo que sacamos fuera del alma porque si no lo hacemos nos ahogamos, nos morimos y por eso escribimos poemas para resucitar de la vulgaridad, de la mediocridad, del vacío existencial universal que llevamos escondido en los pliegues de la piel.

Natividad Cepeda



lunes, 9 de junio de 2025

Los juglares, poetas y trovadores, hombres y mujeres, son necesarios porque son testamentarios de su momento.

 

 

Sin amor no hay poesía. Sin juglares enamorados de cuanto les rodea no hay poetas.

Tampoco son poetas los que escriben sin sentir. Ni los que ignoran la pasión de cuanto les rodea. No lo son, aquellos que someten su escritura al gusto del momento impuesto en ocasiones, por banales artistas que por circunstancias tiene cotas de poder e imponen su criterio sobre la misma poesía. Como si escribir del alma y de lo que esta siente en su interior se aprendiera en las aulas magnas oficiales. Hay poetas que sufren el olvido, otros la indiferencia, y muchos los halagos de los que  buscan por ese camino llegar al éxito. Como si escribir poesía fuera racionalizar la belleza. 

Pero los poetas forman parte de la vida y la vida no siempre es fácil.

Algunos de nosotros llevamos heridas  por ser poetas; sobre todo si se es poeta y además mujer. Porque los hombres no envejecen y las mujeres sí.

Un poeta masculino presenta un nuevo libro de poemas y es exultante en toda la presentación y su entusiasmo es compartido por compañeros poetas y, en las revistas y periódicos cercanos se escriben comentarios literarios elogiando el nuevo poemario. Es la actitud esperada porque el grupo de escritores y poetas masculinos se ayudan y respetan a pesar de que el autor no guste a todos.

Un poeta masculino si es autodidacta se le reconoce su obra porque ha luchado y formado en la soledad de su entrega no reglada y se le galardona y admite en tertulias y foros… Pero si es poeta femenina, o sea mujer, la cuestión cambia. La poesía de esa poeta se juzgará con lupa y los viejos dictámenes sobre estilos y decálogos se le aplicarán a toda su poesía. Lo terrible de esta realidad es que no es una ensoñación si no una repetida actualidad.



Las poetas mujeres tienden a estar protegidas por la sombra protectora de los hombres, jamás se reconocerá, ni se hablará de ello. Las mujeres poetas libres y no demasiado asistentes a círculos de poder donde se reconocen las obras leídas en tertulias y foros carecen de reconocimiento. Son silenciadas por no acudir a esos escenarios donde se intercambian pareceres y se dialoga sobre lo ultimo que se ha escrito y publicado. Las mujeres que escribimos en pequeñas ciudades y no hacemos demasiada vida social somos ignoradas. Y es que la libertad tiene un precio quizá demasiado alto.

Escribir y crear requiere espacios de silencio. Leer un libro también. Y no venderse en aras de la popularidad mediocre no se le perdona a quienes no lo ejercitamos. Personalmente me causa estupor y cierta dosis de tristeza ver como poemas escasos de hallazgos poéticos, por no decir que en ellos no hay poesía, son alabados en los medios digitales donde se publican. Porque hay que reconocer que no todo lo publicado tiene calidad.

Las mujeres escritoras carecemos de visibilidad en muchos casos.

Del mismo modo en los jurados importantes apenas si hay mujeres y por lo mismo en los múltiples certámenes la mayoría de premiados son hombres. Es éste un tema silenciado porque ¿quién se atreve a ponerle el cascabel al gato? Nadie. Las mujeres mayoritariamente no son apoyadas por las mujeres más aún si no son proclives al alago y a estar continuamente en sesiones continuas de promoción mediática. Las mujeres escritoras que no pertenecemos a círculos determinados somos una especie de parias donde nadie, absolutamente nadie, incluidas otras mujeres de la sociedad, somos invisibles.



No hace mucho en una conferencia que impartí denuncie lo importante que es no residir en el mismo lugar de nacimiento, porque cruzarte con la gente, con vecinos y conocidos en el día a día no crea ese misterio que todo artista debe tener para ser admirado.

Tampoco crea admiración que no te quejes de la vida, que sonrías y animes a la gente a vivir feliz con las cosas pequeñas, los amigos, la familia, el tendero que te atiende desde hace años, la peluquera que te corta el pelo, el panadero que se le comprar el pan… al vecino que acompañas en un funeral y al que acompañas a tomarse un café o un vino si petulancia alguna. Actuar así, vivir de esta manera no abre puertas en los pueblos nuestros a las mujeres escritoras.

Y hasta el alcalde y concejales te ignoran invitando a pregonar fiestas y a ser jurados de certámenes a otras mujeres que no residen en estos mismos lugares, e incluso jamás han escrito un poema, un ensayo o un artículo periodístico. Se cumple con creces aquello de “Nadie es profeta en su tierra”.

Mujeres poetas hay muchas: somos muchas las que componemos un verso pero muy pocas las que se nos reconoce como tales. Hay ocasiones que se nos dan unas migajas y con eso nos pagan años de vida dedicadas a ser escritoras. Me pregunto ¿si ha merecido la pena dedicarme durante décadas a escribir en soledad? Lo que si puedo afirmar es que escribir para mi es tan necesario como beber agua o respirar aun sabiendo que no ganaré dinero ni mis libros estarán en las mejores librerías de los países.

Todo esto es el tormento y el éxtasis de la creación; de todo creador incluso siendo mujer.

Si, los poetas masculinos frecuentan lugares y espacios desde antiguo. El pasado está plagado de todos ellos al igual que el presente. Las poetas femeninas hace poco que se incorporaron a esos círculos y son admitidas con reservas disimuladas.  En ese espejo la corriente admite la ambición de los poetas y aunque sus libros sean aburridos por estar los poemas saturados de tecnicismos y exentos de emoción se admiran y aplauden. Las movidas  literarias son así un malecón donde hay que defenderse de las turbulencias ajenas. Por las que a veces el vacío de la poesía es un vacío de triste soledad.

Los libros, esos tesoros que se acarician con el alma cuando se leen quedan solos, muy solos, entre las manos y los ojos de quien los lee; es entonces cuando inunda el espíritu del lector la trova.  Se hace presente  y única quedando la sensibilidad poética en las páginas del libro olvidando quien la escribió.

Publicar hoy está al alcance de casi todos  pero no lo es llegar a romper el silencio de las presentaciones que se quedan en eso, meras reuniones de conocidos si el libro de poesía no rompe los pequeños reductos donde se da a conocer. Los juglares, poetas y trovadores, hombres y mujeres, son necesarios porque son testamentarios de su momento. Y también ahora se recorren los  castillos ofreciendo su palabra en las diputaciones y ayuntamientos, fundaciones y cafés como se hacían en las tabernas y salones  de antaño.

Juglares y juglaresas de amor de todos los tiempos seguimos siendo los que en los papeles escribimos retazos del corazón hecho pedazos. O de esa naturaleza viva y cambiante que no fascina y emociona, o de esa injusticia latente en cualquier rincón del mundo porque la poesía también es fuerza renovadora para cambiar hoy lo que está mal.

 

Natividad Cepeda

domingo, 8 de enero de 2023

JUGLARES DE AMOR DE TODOS LOS TIEMPOS

 


 

Sin amor no hay poesía. Sin juglares enamorados de cuanto les rodea no hay poetas.

Tampoco son poetas los que escriben sin sentir. Ni los que ignoran la pasión de cuanto les rodea. No lo son, aquellos que someten su escritura al gusto del momento impuesto en ocasiones, por banales artistas que por circunstancias tiene cotas de poder e imponen su criterio sobre la misma poesía. Como si escribir del alma y de lo que esta siente en su interior se aprendiera en las aulas magnas oficiales. Hay poetas que sufren el olvido, otros la indiferencia, y muchos los halagos de los que  buscan por ese camino llegar al éxito. Como si escribir poesía fuera racionalizar la belleza. 

Pero los poetas forman parte de la vida y la vida no siempre es fácil.

Algunos de nosotros llevamos heridas  por ser poetas; sobre todo si se es poeta y además mujer. Porque los hombres no envejecen y las mujeres sí.

Un poeta masculino presenta un nuevo libro de poemas y es exultante en toda la presentación y su entusiasmo es compartido por compañeros poetas y, en las revistas y periódicos cercanos se escriben comentarios literarios elogiando el nuevo poemario. Es la actitud esperada porque el grupo de escritores y poetas masculinos se ayudan y respetan a pesar de que el autor no guste a todos.

Un poeta masculino si es autodidacta se le reconoce su obra porque ha luchado y formado en la soledad de su entrega no reglada y se le galardona y admite en tertulias y foros… Pero si es poeta femenina la cuestión cambia. La poesía de esa poeta se juzgará con lupa y los viejos dictámenes sobre estilos y decálogos se le aplicarán a toda su poesía. Lo terrible de esta realidad es que no es una ensoñación si no una repetida actualidad.

Del mismo modo en los jurados importantes apenas si hay mujeres y por lo mismo en los múltiples certámenes la mayoría de premiados son hombres. Es éste un tema silenciado porque ¿quién se atreve a ponerle el cascabel al gato? Nadie. Las mujeres mayoritariamente no son apoyadas por las mujeres más aún si no son proclives al alago y a estar continuamente en sesiones continuas de promoción mediática.

Los poetas masculinos frecuentan lugares y espacios desde antiguo. El pasado está plagado de todos ellos al igual que el presente. La poetas femeninas hace poco que se incorporaron a esos círculos y son admitidas con reservas disimuladas.  En ese espejo la corriente admite la ambición de los poetas y aunque sus libros sean aburridos por estar los poemas saturados de tecnicismos y exentos de emoción se admiran y aplauden. Las movidas  literarias son así un malecón donde hay que defenderse de las turbulencias ajenas. Por las que a veces el vacío de la poesía es un vacío de triste soledad.

Los libros, esos tesoros que se acarician con el alma cuando se leen quedan solos, muy solos, entre las manos y los ojos de quien los lee; es entonces cuando inunda el espíritu del lector la trova.  Se hace presente  y única quedando la sensibilidad poética en las páginas del libro olvidando quien la escribió.

Publicar hoy está al alcance de casi todos  pero no lo es llegar a romper el silencio de las presentaciones que se quedan en eso, meras reuniones de conocidos si el libro de poesía no rompe los pequeños reductos donde se da a conocer. Los juglares, poetas y trovadores son necesarios porque son testamentarios de su momento. Y también ahora se recorren los  castillos ofreciendo su palabra en las diputaciones y ayuntamientos, fundaciones y cafés como se hacían en las tabernas y salones  de antaño.

Juglares de amor de todos los tiempos seguimos siendo  los que en los papeles escribimos retazos del corazón hecho pedazos.

 

Natividad Cepeda

lunes, 31 de octubre de 2022

Armonía y esencialidad poética en el libro “DE ALMAS, DITIRAMBOS Y HERIDAS” de Juan José Guardia Polaino.

 



Abrí el libro y empecé a leer el prólogo de  Matías Barchino Decano de la Facultad de Letras de Castilla - La Mancha,  donde él empieza diciendo que “El vino es una fuente inagotable de palabras, de pensamientos, de  sueños y de ideas. Para los que somos de tierra de vides y vinos, para los que crecimos con el olor del hollejo y del fermento”  Y coincido con él porque también fui alimentada, y sigo alimentándome del vino de las bodegas de esta tierra que es la mía y la de ellos, autor y prologuista. Y ese afán  que le ha cruzado el alma al autor hasta yacer  con vigor en su cuerpo interior, que es donde nace su voz poética, alborea en cada verso, acertado en ese apogeo que aguarda al lector de los libros de poesía.   

Matías Barchino, argumenta, que “Ha de entenderse éste género poético casi en un sentido estricto como composición dedicada a Dionisos, el dios griego del vino y los placeres…” y hay poemas que así lo revelan pero también es un libro revelador de la belleza y miseria que podemos alcanzar los humanos al beber el vino, que a veces, también es trastienda de dichas y desgracias invocados en poemas que transitan por el libro. No siendo ajeno al pensamiento autobiográfico de Guardia Polaino. Así lo percibe el poeta que escribe, piensa  y vuelve una y otra vez a enjuiciar  a toda la humanidad que alberga en cada sorbo de vino.

Y así, también lo reconoce el prologuista al afirmar ”Pero el vino  esconde siempre otra cara.” Es ese deslizamiento de vida y muerte que se origina y experimenta al abandonar la lucidez. O quizá ese abandono sea la claridad reveladora de todo lo que habitamos, la tierra, y otros mundos buscados y que el vino nos aporta y muestra. De ahí que “De almas, ditirambos y heridas”  es el tributo  de Juan José Guardia Polaino al vino desde su voz poética. Pero no es un libro fácil de lectura por su altura poética y rico léxico en tiempos, los nuestros, tan dados a que todo es válido. El resplandor y equilibrio del libro y  de los poemas lleva al lector a comprobar que  Guardia Polaino  estaba destinado a ser poeta, porque la poesía está instalada en sus huesos hasta estremecerlos y canalizarlos por el fluido de sus arterias,  para hacer que su corazón galope y corra  en pos del viento de la creación; no otra vivencia  es la hallada en este libro.



Y es por eso que es prohibitivo leer cada poema de éste libro con prisa – jamás un poema se ha de leer sin paladearlo --   de hacerlo,  no se llegará al alma del poeta, porque es en ellos donde confluye su poesía. Poesía rotunda  de emociones íntimas  que a la vez son universales en esas imágenes y personajes mencionados con exactitud que invaden cada palabra de los poemas. Matías Barchino nos lo dice al afirmar: “El libro de Juan José Guardia Polaino explora de una forma sistemática y casi absoluta todas las caras del vino, la mítica, la mística, la celebrativa y también la personal y la existencial”  Ditirambos y alabanzas acompañadas de sentencias en las páginas impares que nos abren a comprender como caminar en la lectura del poema siguiente.

Poesía absolutamente personal vertida también en las páginas siguientes al prólogo llamadas Poética y Brindis para una ceremonia con dignidad. Y con esa dignidad el libro se abre con tres citas de Plinio el Viejo, Jorge Luis Borges y Carlos Villar Esparza. Lírica que con prontitud nos adentra en esa frase que dice: “Cuando los dioses bajaron a la quimera de los hombres” pórtico del libro. Pórtico entrada y bienvenida para adentrarse el lector en las estancias mágicas de éste libro. Por ellas éste infatigable poeta nos induce a recordar y reconocer  a  través del vino al guerrero  que  cauterizó sus heridas y lo exoneró de la batalla”. Haciéndonos reflexionar sobre ese guerrero o soldado que en cualquier guerra mata o muere. Y el poeta  es derviche, danzando en la vida y en esa vida ve a las ninfas, con su ofrenda de vino… Caín y Abel siguen peleándose, mientras Dionisos sigue sobre el griterío de la Tierra…Un poema mostrando el afán de cada día.

Reflexiono al ir leyendo poema a poema Todo el libro es un clamor poético con el máximo apogeo al vino y a su caminar histórico.  Me invade el ayer remoto con el hoy presente abarcador de símbolos.  Símbolos  entre mágicas figuras, casi olvidadas por el estrés actual, recuperadas en la profundidad del verso, recóndita y esparcida como es el vino en luz de resurrección. Me sumerjo en ese laberinto  de páginas y  Aparece entre la bruma el antiguo chamán y el cáliz con su rito y ceremonia… En tanto, como en penumbra, Juan José Guardia Polaino, nos deja el susurro de sirenas y ondinas  transparentes junto al zarpazo hiriente de las olas.  Son hermosas imágenes formadas por palabras que nos hacen navegar en naos donde a bordo se trasportaba el vino. Vino y galeras, látigos y humanidad sufriente y vencedora.

Me quedo pensando callada mientras leo. Soy lectora de soledades. Solo así comulgo con el autor que lo escribió. Cruza el mundo por estos poemas hasta las pateras y los dioses olvidados…Y con el autor cruzo campos de luz con su vino poético, con sus ónices y sus vidrios lamidos de orfebrería…Incorruptible vino nacido de la áspera fatiga de los hombres. Y vuelve el autor  otra vez a clamar sobre la sangre vertida, innecesaria y su grito de paz denuncia cuando afirma: y es urgente reclamar desdén para la guerra/ y pan y paz en las trincheras. Vino para brindar y para comer ese pan necesario de la convivencia. Ahí confluimos con Baco eremitas y goliardos, cortesanos y plebe  bebiendo vino en tabernas y  derramado en guitarrón y  en poemas tristes del éxodo y la huida…

El autor nos conduce hasta la cueva donde el vino se adormece y espera. Eterna voluntad que sigue plantado parras en nuestra amada tierra manchega.  Tal vez  aquél vino fuera una cuestión del alma. Así lo asegura el poeta y lo creo yo. Sobre el vino se han escrito otros libros y autores pero en este universo literario “De almas, ditirambos y heridas” la cultura del vino está definida con pasión y dolor describiendo el pasado y presente de la vid sagrada y profana que el poeta conoce y ama. Y lo ha buscado en las entrañas suyas nacidas de las mismas entrañas de la tierra que sustenta al vino que es verdad universal y milenaria. Siendo certeza que detrás de cada palabra de este libro de poemas está la voz inconfundible de su autor, Juan José Guardia Polaino, mostrándonos la fascinación sugestiva del vino en esta alquimia de poemas.

 

                                                                                        Natividad Cepeda

 

 

El libro DE ALMAS, DITIRAMBOS Y HERIDAS está publicado: Director Editorial Julio Criado García. Diseño de Portada: Ediciones C&G: Foto de Portada “Ofrenda del fruto en el templo de la poesía” cueva “El trascacho”, por Lourdes Pérez Hurtado. Tratamiento artístico de la fotografía de la portada Antonio Ballesteros Gómez.  Realización gráfica: Grupo Oretania

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

.

 

jueves, 19 de mayo de 2022

FRAGMENTOS DE VIKINGO de Ágata Navalón

 


Ágata Navalón


Vivimos una liberación de todo lo que llevamos adentro manifestado en grupos sociales distintos y diferentes. Esa liberación en la literatura se percibe y comprueba en los libros publicados en diversas editoriales a lo ancho y largo de nuestra geografía. En esa acción de exteriorizar los sentimientos es en la poesía donde su manifestación abarca emociones desiguales y similares que los lectores de poesía – no demasiados- comprobamos cuando abrimos un libro.

En el libro FRAGMENTOS DE VIKINGO hay prosa y verso y hasta elementos de valores sociales recogidos de la actualidad de cada día. El título nos adentra en una búsqueda no clasificable lo que incita a leer para encontrar esas claves de la figura literaria del vikingo, al que menciona y habla la autora, en un monologo filosófico con metáforas románticas en esa constante búsqueda de ella misma y de la sociedad que la rodea.

Pero, ¿quien es Ágata Navalón? En la solapa del libro editado por la editorial “el PETIT editor” se nos dice:

Ágata Navalón puede ser un nombre o muchos nombres. Dedicada a la enseñanza de la Literatura a todos lo niveles,con periodos en el extranjero, especialmente en Reino Unido, y actualmente en España. Es licenciada en filología Anglogermánica por la Universidad de Valencia.

Su vida ha estado ligada a la formación, tanto a nivel universitario, en el Centro de Lenguas de la Universidad Politécnica de Valencia y en la Universidad de Castilla-La Mancha, dentro del Máster de educación, como en las aulas de de Secundaria , desarrollando en el centro mismo de La Mancha proyectos que aúnan poesía, vida, viales, inclusión Erasmus y formación del profesorado.

Con sangre de poetas, es slammer intermitente en la ciudad de Valencia y ha participado en festivales urbanos como Vociferio, Cabanyal, Intim, Benimaclet Confusion, entre otros, además de colaborar en eventos aque aúnan arte y literatura como Poemaeye.”


Un nombre desconocido entre muchos de nosotros pero que a pesar de ser éste su primer libro en solitario, llega con larga trayectoria literaria. Poesía suficientemente descriptiva en las imágenes que nos trasladan y sumergen en metáforas filosóficas mostrando rebelarse en muchos de sus poemas ante el egoísmo imperante y la destrucción de los ecosistemas, de la Tierra que son los ciudadanos, e hijos a la vez de la tierra que no cobija.

Es éste un libro con claves y misterios arcanos en muchos de sus poemas. Es, una identificación con los demás, con los otros, en esas imágenes que hacen detenerse al lector, cerrar el libro, meditar, y volver a abrirlo para diseccionar cada poema, porque en ellos se encierra las preguntas que muchos hombre y mujeres nos hacemos en nuestra intimidad, sin compartirlo con casi nadie.


Todo libro de poesía reconstruye y construye pasajes vivenciales humanos, y a veces son tan importantes en su verso que se han considerados perjudiciales para la sociedad de cualquier tiempo.

Ágata Navalón, nos dice en el poema, El Escudo


La sangre es liquida como el agua, vikingo,

ese tejido conectivo también se evapora.


Y en el poema Lavandería…


El ascensor se ha vuelto a parar en el piso equivocado,

respira vikingo, llegaremos a tiempo de izar las velas”


Leer poesía es transitar por los silencios anacoretas de uno mismo. No de otra manera se sentirá si su mística no nos sale al encuentro. Si un libro de poesía no nos redime de las caídas y de los fraudes que nos rodean, entonces esa poesía no nos elevará por encima de la vulgaridad creciente.

Tampoco nos hará reflexionar sobre lo injusto y las tiranías, por eso Platón quiere expulsar a los poetas de su república ideal. FRAGMENTOS DE VIKINGO, clama en sus poemas por tanta insensatez y deterioro de los valores humanos ante los que la mayoría de nuestra sociedad calla.


Así en el poema, El entierro del niño vikingo…



Los vecinos salen al fresco a buscar estrellas tras remendar heridas,

localizando las áreas rasgadas del universo hilvanan la vida,

las costuras recosidas guardan en forma de brocado sus posesiones,

imitando galaxias,

el costurero reguarda el polvo del origen de la gravedad.


Repetirse y escribir paralelismos en niveles de estándares

de dificultad milimétrica.



La pantalla mágica ha dormido al niño.

El viejo lo acurruca,

ya no es nuestro.

No es nuestro, es de otros.”


Ágata Navalón, trascendencia de la realidad en los poemas del libro. Metáforas de los ámbitos por donde vamos y venimos quedan reflejados en FRAGMENTOS DE VIKINGO.

El mar y la llanura marcan la personalidad de la autora que ella misma reconoce entre los hechos acaecidos en su vida. El libro esta dedicado “A los que aún aman”, dividido en tres partes y publicado dentro de la Colección Piel de Poesía El Petit Editor.






Natividad Cepeda












'Fragmentos de vikingo', de %3�gata Naval%3%3n - Lanza Digital https://www.lanzadigital.com/opinion/fragmentos-de-vikingo-de-agata-navalon/

domingo, 10 de octubre de 2021

Libros para leer en otoño “AQUÍ” de Francisco Caro



Un libro es un tesoro preciado que espera ser cogido por las manos para que la mirada se pose sobre él y así adentrarnos en su Historia y, con su contenido en el autor que lo creó. Eso es para mí cualquiera de los libros que guardo en mi biblioteca personal.

En el pasado, cuando Internet no nos colonizaba, accedíamos al libro tocando su textura y amando el formato de donde surgía todo lo creado sin reparo alguno.  Ahora accedemos al autor y conocemos sus rasgos, antes, a veces, que conocer su obra. No es el caso personal de Don Francisco Caro, autor conocido y seguido en redes informáticas y en cualquiera de sus libros publicados, que conviven conmigo en los anaqueles revueltos de mis baldas. “Aquí”, es un libro sobre el que se han publicado artículos en diferentes medios desde su aparición y por ello pareciera que es un libro al que no hay que volver a él. Ahora vivimos tan deprisa que lo aparecido hace escasos meses nos parece que convive en el pasado y hay que dejarlo allí.  Es realismo actual. No para mí.

 


 

“Aquí”, es la restauración del pasado unido al presente porque en el poeta convergen los dos espacios y de esas vivencias a corazón abierto y de su experiencia escribe poema a poema este profesor que es Francisco Caro. Ciertamente   es así cuando en la página 41 escribe:

Aquí,

en este patio

que me aísla del mundo y lo contiene.”

Y después nos dice que en Un sábado de marzo que

“He podado el laurel y se derrama

 por  la tierra la anchura de su aroma”

…el poema continúa hablando de esas experiencias del alma que nos unen al poeta; al Hombre.

“Aquí” es un libro para leer en éste otoño cuando los días van buscando la tibieza de la sabia dormida de los árboles. Leer al margen de lo que se ha escrito sobre el libro y su autor porque  en ese coro de poemas hay escenas humanas con el vigor y la pureza de quien se nos muestra a través de la palabra. Y no hay necesidad de desentrañar  nada más. Vida y vivencias narradas con voz serena de poeta

Creo que hay demasiadas pantallas acuciándonos de lecturas rápidas y de cotejar quien o quienes opinan sobre libros publicados y, en ese proceso,  dispuesto a la carta, en grupos diversos, nos quedamos sin adentrarnos en la buena poesía. Pertenezco a esa generación que como Francisco Caro vive acompañada de recuerdos. De cambios entre una bohemia rebelde de juventud y porciones de romanticismo, a dúo de lo rural y lo urbano, en esta tierra de  pueblos manchegos y de sierra tan alejados unos de otros. “Aquí”, es libro  forjado en el aciago año 2020 de la pandemia del COVID con poemas escritos en el  siglo pasado y con el equipaje de éste. Leyendo sin premura los poemas asistimos a la resurrección de sus padres enlazados en la continuidad de las nietas, que son las hijas de Francisco Caro. Por sus venas transita el espacio de su Piedrabuena natal con los oficios olvidados al lado de la globalización de Madrid confesando…

“Soy a mitades

Madrid y pueblo mío, territorios

en donde amé la vida, donde me amó la vida.”

Leer un poema es desentrañar la piedra rosetta  de los mensajes personales de quien lo escribe. En cualquier caso es este un libro de infancia y vejez acumuladas sobre la visión panorámica del poeta con aliento de amor a pesar de las aristas de la vida. Sin dejar de lado la pericia y conocimiento de Francisco Caro. Y como no emocionarme con el poema que describe la tarde aquella de un seis de mayo en la Fuenteagria frente a la estela de Nicolás del Hierro; yo estuve allí y quisiera poder volver (si Dios me lo permite) un día cualquiera a sentir su aire y vaciarme en su paraje, tan de ellos, de Nicolás y de Paco…   Todo eso descrito en un bello poema que se hace corto al leerlo y visualizar a los dos poetas y al paraje amado por ellos.

“Si nos vieras contigo.

Está fértil la tarde y su aroma pronuncia

también tu nombre,

el caño mana en su canción tu verso,

la luz no quiere irse, no desea

guardarse todavía en el crepúsculo,

tal vez

por no traer la noche hasta los trigos.”

Este libro entre mis manos, nada distante ni alejado de la vida de los que por sus páginas cruzan, son tesoro único de versos incandescentes. Porque hay que desprenderse de ataduras para leer poesía. Para leer “Aquí”, cualquier tarde de otoño. No porque con mi anarquía  literaria escriba este comentario; no, más bien porque emociona su verdad y su belleza.

 

                                                                                     Natividad Cepeda

 

Libro, Aquí. Autor Francisco Caro Sierra. MAHALTA EDICIONES

 

 

 

lunes, 11 de enero de 2021

José López Martínez y su último libro “Este mundo comienza a no ser mío”


José López Martínez: nacido en Tomelloso, provincia de Ciudad Real, en la llanura manchega de España. Es un escritor, poeta, periodista y crítico literario, residente en Madrid desde hace más de medio siglo, aunque él lleva a Tomelloso en su corazón. 

Es secretario General de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles y columnista de prensa en diferentes periódicos españoles y extranjero. Como conferenciante ha ocupado las tribunas más prestigiosas de América, Asia y Europa, representando a España. Es autor de más de veinte  libros y veinte mil artículos dispersos por la prensa española e hispanoamericana. Con premios ganados  de periodismo, poesía y narrativa. Pertenece a varias instituciones culturales y académicas de España y del extranjero, como la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística a la que pertenecen escritores del prestigio de Mario Vargas Llosa. También a la Academia Belgo-española de la Historia, la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo entre otras instituciones. Es Profesor “Honoris Causa” del Real Colegio Universitario de San Lucas, en Alemania, una de las instituciones académicas más antiguas y prestigiosas de Europa.

Entre los premios el Nacional de Periodismo, el Premio Rabindranath Tagore. Tiene Premio de tres Huchas de Plata y otros muchos premios. Algunas de sus obras; Cuenca en la ruta de Don Quijote, En carne viva, Fiestas al filo del agua, La geografía literaria del Quijote, Castillos de España, Memoria de nuestros clásicos,  por citar algunas de sus publicaciones


 “Este mundo comienza a no ser mío
” es el último libro de poemas de José López Martínez, publicado por la editorial Vitrubio, en la colección Baños del Carmen.

Interesante libro de poemas muy elaborado, y creo poder afirmar escrito a conciencia por el autor. Consta de 64 páginas divididas en tres partes. Al leerlo he comprobado que en él no hay nada absurdo, entre los poemas, incluidos dos que hablan de septiembre, donde muestra un poema con dos terminaciones diferentes, junto con esos retazos de la vejez y la afirmación rotunda de que los recuerdos son nuestra auténtica  vida. Pensamiento íntimo de un clásico autor de nuestra literatura actual en todos los poemas del libro.

Personalmente hace años que comprendí, en mi intento continuo de aprendizaje, que los libros, al margen de la relevancia del escritor  conseguida a lo largo de su vida en foros literarios, tertulias, premios conseguidos y publicaciones en revistas diversas, que atesora José López Martínez,  lo que queda realmente es su obra literaria en todos y cada uno de sus libros. A ellos acedemos los lectores y sólo en ellos volvemos a recuperar al autor  y al bagaje  de su obra.

Éste nuevo libro de José López Martínez es un espacio testamental que  ha permitido dejarnos ver a los lectores su confesión poética desde el aposento de las hojas del libro. Ese ha sido su propósito en el espejo de los versos  y claramente en el poema “Luces y sombras de la vida”, al decir: “La esperanza y la desesperanza/ habitan en nuestro cerebro/ adueñándose de nuestra voluntad” No es un libro fácil de leer, es un principio y un fin de la vida trascurrida de él mismo, y de muchos de los que ha conocido en persona y también  en infinidad de libros leídos por él mismo. Por eso viven y retornan por las páginas del libro Chantal Sebiré, García Lorca y Luis Rosales, Martín Luth King,  y hasta el escritorio y la soledad del que escribe y, que en éste libro, es  José López Martínez. No falta Rilke ni Jorge Manrique; es un libro escrito por un escritor que conoce y escribe sobre otros muchos poetas, así lo reconoce el prologuista  en su acertado y hermoso prólogo, Juan Van-Halen, que termina con dos sonetos dedicados al poeta escritor y al amigo, que lo es desde hace años, José López Martínez y Juan Van-Halen.

El libro se cierra con un poema dedicado a Julia, su esposa y compañera de toda una vida, sin dedicatoria alguna, así de esa forma, su Julia, es universal porque le pertenece al Hombre, y es a su vez, figura literaria del poeta y creador, y  también a todo el que lea el poema que es también de cada lector.

Agradezco a José López Martínez  por tenerme en cuenta entre las muchas personas que conoce, y ha conocido a lo largo de su vida, y por enviarme cada uno de tus libros dedicados, es un regalo maravilloso que sin duda legare a mis hijas  porque el conocimiento, la cultura y autores como él, es el río por donde navegar en la vida.

 

                                                      Natividad Cepeda