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domingo, 10 de octubre de 2021

Libros para leer en otoño “AQUÍ” de Francisco Caro



Un libro es un tesoro preciado que espera ser cogido por las manos para que la mirada se pose sobre él y así adentrarnos en su Historia y, con su contenido en el autor que lo creó. Eso es para mí cualquiera de los libros que guardo en mi biblioteca personal.

En el pasado, cuando Internet no nos colonizaba, accedíamos al libro tocando su textura y amando el formato de donde surgía todo lo creado sin reparo alguno.  Ahora accedemos al autor y conocemos sus rasgos, antes, a veces, que conocer su obra. No es el caso personal de Don Francisco Caro, autor conocido y seguido en redes informáticas y en cualquiera de sus libros publicados, que conviven conmigo en los anaqueles revueltos de mis baldas. “Aquí”, es un libro sobre el que se han publicado artículos en diferentes medios desde su aparición y por ello pareciera que es un libro al que no hay que volver a él. Ahora vivimos tan deprisa que lo aparecido hace escasos meses nos parece que convive en el pasado y hay que dejarlo allí.  Es realismo actual. No para mí.

 


 

“Aquí”, es la restauración del pasado unido al presente porque en el poeta convergen los dos espacios y de esas vivencias a corazón abierto y de su experiencia escribe poema a poema este profesor que es Francisco Caro. Ciertamente   es así cuando en la página 41 escribe:

“Aquí,

en este patio

que me aísla del mundo y lo contiene.”

Y después nos dice que en Un sábado de marzo que

“He podado el laurel y se derrama

 por  la tierra la anchura de su aroma”

…el poema continúa hablando de esas experiencias del alma que nos unen al poeta; al Hombre.

“Aquí” es un libro para leer en éste otoño cuando los días van buscando la tibieza de la sabia dormida de los árboles. Leer al margen de lo que se ha escrito sobre el libro y su autor porque  en ese coro de poemas hay escenas humanas con el vigor y la pureza de quien se nos muestra a través de la palabra. Y no hay necesidad de desentrañar  nada más. Vida y vivencias narradas con voz serena de poeta

Creo que hay demasiadas pantallas acuciándonos de lecturas rápidas y de cotejar quien o quienes opinan sobre libros publicados y, en ese proceso,  dispuesto a la carta, en grupos diversos, nos quedamos sin adentrarnos en la buena poesía. Pertenezco a esa generación que como Francisco Caro vive acompañada de recuerdos. De cambios entre una bohemia rebelde de juventud y porciones de romanticismo, a dúo de lo rural y lo urbano, en esta tierra de  pueblos manchegos y de sierra tan alejados unos de otros. “Aquí”, es libro  forjado en el aciago año 2020 de la pandemia del COVID con poemas escritos en el  siglo pasado y con el equipaje de éste. Leyendo sin premura los poemas asistimos a la resurrección de sus padres enlazados en la continuidad de las nietas, que son las hijas de Francisco Caro. Por sus venas transita el espacio de su Piedrabuena natal con los oficios olvidados al lado de la globalización de Madrid confesando…

“Soy a mitades

Madrid y pueblo mío, territorios

en donde amé la vida, donde me amó la vida.”

Leer un poema es desentrañar la piedra rosetta  de los mensajes personales de quien lo escribe. En cualquier caso es este un libro de infancia y vejez acumuladas sobre la visión panorámica del poeta con aliento de amor a pesar de las aristas de la vida. Sin dejar de lado la pericia y conocimiento de Francisco Caro. Y como no emocionarme con el poema que describe la tarde aquella de un seis de mayo en la Fuenteagria frente a la estela de Nicolás del Hierro; yo estuve allí y quisiera poder volver (si Dios me lo permite) un día cualquiera a sentir su aire y vaciarme en su paraje, tan de ellos, de Nicolás y de Paco…   Todo eso descrito en un bello poema que se hace corto al leerlo y visualizar a los dos poetas y al paraje amado por ellos.

“Si nos vieras contigo.

Está fértil la tarde y su aroma pronuncia

también tu nombre,

el caño mana en su canción tu verso,

la luz no quiere irse, no desea

guardarse todavía en el crepúsculo,

tal vez

por no traer la noche hasta los trigos.”

Este libro entre mis manos, nada distante ni alejado de la vida de los que por sus páginas cruzan, son tesoro único de versos incandescentes. Porque hay que desprenderse de ataduras para leer poesía. Para leer “Aquí”, cualquier tarde de otoño. No porque con mi anarquía  literaria escriba este comentario; no, más bien porque emociona su verdad y su belleza.

 

                                                                                     Natividad Cepeda

 

Libro, Aquí. Autor Francisco Caro Sierra. MAHALTA EDICIONES

 

 

 

domingo, 22 de octubre de 2017

Llegó el infierno a Galicia y a Portugal en una desgracia que continua

A deslumbrado el fuego todas las emociones negativas que los  seres vivos llevamos en el alma. ¡Cuánto dolor sobre los árboles muertos! ¡Cuánto alarido en esos indefensos animales! Todo fue un haz de lumbre viva hambrienta de destrucción por el sendero que conduce al exterminio de la vida.  Ha bastado prender una cerilla de odio para qué empuje a la inmoral conducta asesina de que la lumbre sea una maldita llama que lamio, huesos de hombres y animales y hasta ha llegado, a roer las  raíces del matorral  que nadie veía e ignoraba. Hemos vuelto a demostrar nuestra pobreza basada en el fracaso de  destruir todo el encanto de ser civilizados. Y  hasta hemos perdido una miejita de la hermandad compartida con el hermano árbol que jamás nos ha hecho daño.

Nosotros, los osados que cambiamos el paisaje a nuestra conveniencia mermando el don de la naturaleza, si queréis, no divino, para los que presumen de saberlo todo y desprecian aquello que ignoran, y se atreven a dar lecciones de necia sabiduría.  Nosotros, los que extendemos sin razón la miseria de guerras y hambrunas desequilibrando la armonía de la tierra: de esta parte habitada que no nos pertenece, y de la que sin ella nada somos.  Vamos desde épocas extintas, destruyendo al pájaro que trina y al buey que nos da carne y piel para andar por esos montes degradados, únicamente para demostrar que podemos cambiar a nuestro antojo la vida por la muerte a cambio de poder y de dinero.
Buscamos en nidos de placeres esa felicidad tan deseada en esta sociedad endémica de fatuos fuegos artificiales y, cuando algo no nos cuadra prendemos fuego  a lo sagrado; a veces con palabra provocadoras y soeces para imponer una ley sin ley, y también, algunos líderes para manipular la voluntad de los esclavos porque los necesitan para alcanzar poder y relevancia.
“todo es turbia señal de lo intocado;
viento, sol: único transito
sobre lo prohibido”               
Así lo asegura Francisco Caro, en estos versos de su libro, “Paisaje (en tercera persona)” Y es cierto lo que escribe el poeta en este libro, que pocos lectores atesora, a pesar de ser Francisco Caro, un poeta admirado y con muchos seguidores, que en su poesía reconocen que expresa bien lo que su emoción hila y da forma poética en los libros.
Se ha quemado Galicia y Portugal con ella borrando el fuego la existencia de inocentes hombres y mujeres, y de pronto el olvido ha empezado a caminar de nuevo entre nosotros porque bastante tiene cada cual con lo suyo. Y tenemos que ser realistas y también procurar ser objetivos, ver como sucedió esa hoguera gigante sin prejuicio, sin olvidar razonar sin antojeras de que esa porción de tierra queda lejos, porque de hacerlo así, olvidamos que todos somos habitantes de trozo de tierra que nos acoge, acuna y nos da lecho para vivir hasta morir y descansar en ella: y esto es universal a pesar de als distancias de leguas y kilómetros.
Lo escribió el poeta con premonición de tiempo distendido en el agujero negro del espacio que sólo él, siente en su emoción más verdadera


“Después que la vigilia
del fuego terminase,
contempla el hombre
la  dehesa y su cuerpo,
las heladas preguntas…”
No hay respuesta para la voz escrita de Francisco Caro que hoy hago, no sólo mía; es la voz de todos los bien nacidos cuando prosigue  clamando.
“Perdido todo
-cuando es más vero el día-
la voz, la casa,
su desván y el amor, los escorpiones
dulces, las dos maneras
de beber y llorar y hacerse árbol”.

Y cuando el fuego se apagó todo quedo negro y silenciado. Incluso en el olvido cuando la televisión dejó de emitiré las imágenes calcinadas de los montes; las tumbas de los que murieron abrasados, los despojos de mamíferos, insectos y aves que sucumbieron y, tantos otros que huyeron y se han quedado sin refugio ni comida. Y la insensatez de conductas erróneas para las que no hay disculpas.
Y  junto al miedo y la impotencia de la ruina ocasionada por el fuego el testimonio de la palabra escrita de ese poeta que grita. Es su grito, el grito de todos los que gimen ante la incertidumbre del hoy.
“desde el umbral
saqueado y sin ruidos del refugio,
contempla el hombre
el lecho, la hendidura, sus dos brazos
siente que sólo
le queda  como herencia la piedad
y que se ahoga”
La verdad es que ya hemos empezado a olvidar el fuego destructor y su visión de infierno que sin temor alguno nos mostraron móviles y pantallas de todas las pulgadas. Buscar la causa y prevenir incendios es prioritario, tan prioritario como educar al pueblo a cuidar de lo que  es un legado de vida y permanencia. Creo que los barbaros se han instalado entre nosotros, o que nosotros somos esos barbaros  crueles, feroces, toscos sin educación ni sensibilidad por lo que emana vida a su alrededor y que no le pertenece… Si al menos se leyera a los poetas comulgaríamos con las palabras de Francisco Caro, y con la de  tantos otros que gritan clamando estar abiertos a la belleza de un entorno hecho para la vida, y jamás para la muerte.  


                                                                           Natividad Cepeda