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domingo, 22 de marzo de 2026

Apuntalar la poesía

 

Dicen que hoy ha llegado la primavera y en Tomelloso hace frío,

y aún no hay fragancia de flores

ni ese aroma que tenían los patios de las casas

a celindas y rosas naturales,

porque no eran híbridas.

Dicen que, desde hace unos años,

la UNESCO declaró el veintiuno de marzo

Día Internacional de la Poesía,

como si ser poeta fuera fácil,

al menos para mí.

Hoy caen gotas de lluvia en mi pueblo

y pareciera que la primavera se resistiera a venir

con sus versos y sus aromas

por los cauces del día.

Pero hay que apuntalar la poesía

y declamar por todos los rincones,

aunque su arquitectura no sea la debida.

Yo sigo buscando el poema

en los porches del alma

y también en los porches del día,

y hasta en el quicio

de esas órdenes de celebrar un día para ella,

la poesía,

a pesar de que no todos los poemas

sean poesía.


Puede que parezca que este poema mío busca ir en contra de la poesía, nada más lejos, la poesía existe en todos los ordenes de la vida: Está hasta en lo más criuel y feo de la vida porque hasta la tragedia es poesía derramada de dolor. Pero está ocurriendo que de tanto escribir poemas se está perdiendo el alma poética de la poesía. Si, es una denuncia que sé que no llegará aparte alguna, al menos a esas partes poderosas que son los que manejan lo que es poesía porque tienen canales que la reproducen y comercializan desde la fuerza del dienro; del oro actual, de los portales mediáticos. Y porque en los lugares pequeños se fasea, se utiliza para medrar o ser alguien importante-casi nadie lo es- en esos pueblos, aldeas, ciudades donde se piensa, pensamos que somos importantes, que son importantes.

Pero estamos aquí y escribimos en soledad. escribimos creando lo que sentimos, lo que sacamos fuera del alma porque si no lo hacemos nos ahogamos, nos morimos y por eso escribimos poemas para resucitar de la vulgaridad, de la mediocridad, del vacío existencial universal que llevamos escondido en los pliegues de la piel.

Natividad Cepeda



viernes, 22 de marzo de 2013

Bajo un techo de sombras se escribe poesía

           
La poesía es el arte menos valorado y a la vez el más recurrido y recurrente; cabaña donde se alojan las palabras jugando con el honor y la gloria en busca de belleza.
Su nombre fortalece el río de la vida en la primera edad de la niñez, también la adolescencia y crece emergente de fuerza inusitada como una procesión de sueños en la juventud. Apenas si se leen a unos cuantos poetas, porque cualquiera enhebra cuatro versos y sin humildad alguna se exponen y hasta se obliga a escuchar a los vates prominentes, sobre todo si en el alijo muestran titularidad universitaria, como si con adquirir el titulo se adquiriera el don de componer un verso. Los otros, los poetas de pueblos y ciudades de provincias, son meros jornaleros despreciados por los que al apego del poder oficial consiguen premios y medallas. Y aún así, los libros de premios apenas si son leídos por el público que también, cómo no, se yergue por encima de formas y estilos literarios argumentando no necesitar de instrucción alguna para componer hermosos versos.  Entre unos y otros lo cierto es que en el mercado de los libros nadie apuesta por invertir en publicar poesía, porque es un mercado que siempre está en crisis. Y quedan los poetas, pobres entre los pobres, con su carro de folios llenos de tachaduras rodeados de innumerables cuervos, ávidos de comerse el despojo.

La Unesco, estableció un día mundial para leer poesía, para elevarla al techo del mundo conocido en los portales cultos, al menos de los que presumen de ser cultos, y se nombra en los medios requeridos para quedar bien. Pero de esos inflados actos y comentarios ¿qué queda de verdad en todo ello? me pregunto. Y creo sin demasiado error a equivocarme, que ese día 21 de marzo, pasa desapercibido para la mayoría.
Porque la verdad sea dicha sin tapujos ¿para qué sirve la poesía? Pues para casi nada, puede, que  para sanar el alma dolorida cuando llora por dentro, o para cantar el vuelo de los pájaros que todavía nos acompañan habitando estas ciudades nuestras inhumanas. Quizá, para no perder la fe en la frescura de los amaneceres, y encontrar alguna noche, una estrella que  nos mira desafiando la luminiscencia de nuestras calles… Incluso sirve escribir poesía para viajar al espacio soñado y labrar el encanto de un estremecido verso de amor. Pero hasta la buena tierra hay que laborearla para arrancarle frutos y compruebo que muchos aficionados a escribir poesía apenas si leen versos.
Cierto es que hay poetas ostentosos que presumen ante el público como si fueran diosecillos del Olimpo urbano, se dan entre los muy notables y también entre los trovadores locales que presumen de ser sinceros y decir y escribir lo que sienten como si los demás carecieran de emociones y sentimientos. De todos ellos nos salvan los poetas auténticos que cuando se leen en soledad con la única compañía de un libro nos llegan al alma. Gracias a esos poetas en el techo de la poesía sigue apareciendo la luz a pesar de otras sombras.
Por ellos, y gracias a sus libros, cualquier día es  bueno para la poesía.


                                                                                                     Natividad Cepeda


Arte digital: N. Cepeda





jueves, 21 de marzo de 2013

…y todavía Miguel Hernández se derrama en el air


Cada año, el 21 de marzo, la UNESCO celebra el Día Mundial de la Poesía. La decisión de proclamar el día 21 de marzo Día Mundial de la Poesía fue adoptada durante la 30ª reunión de la UNESCO celebrada en París en el año 1999.

 «La poesía es una de las expresiones más puras de la libertad de la lengua. Es un elemento constitutivo de la identidad de los pueblos; encarna la energía creativa de la cultura en su facultad de renovarse sin cesar.»
Mensajede la Sra. Irina Bokova, Directora General de la UNESCO,
con motivo del Día Mundial de la Poesía, 21 de marzo de 2013     
                                           
Con este poema mi homenaje a todos los poetas. A los poetas amigos que admiro y respeto por su valía personal y poética, y a todos los poetas que me ayudan a ver la belleza de la vida a través de sus libros de poesía. Un hermoso legado para todas las generaciones. Gracias  a todos ellos.


…y todavía después de tantos años la guerra no termina,
siguen naciendo niños  con hambre, y las mujeres
quedan huérfanas de padres y maridos en  pueblos de vastos  continentes.

También, Miguel Hernández, 
se taponan las bocas a todos
los que escriben palabras sin reservas.
 Cuanto digo es tan cierto como que tú persistes
derramado en el aire lívido de la brisa
por donde  yaces sin ausencias

Yo vengo sin materia a escuchar tu latido
derramado en el aire que canta tu firmeza.
Pródigo tú, en el hilo que se opone
a la muerte renovando la vida
en tus  versos, que nos salvan del silencio absoluto.
Porque todo lo tuyo fue un nido de hermosura
con orillas de lágrimas sin límites
 tu voz no es posterior a la esperanza.
En medio de la pugna que enfrenta a los mortales
tu redoma de versos, Miguel, es un mar luminoso
con rescoldos de amor que encienden nuevas brasas.


Quedan, aún, hoy, Miguel Hernández,
niños yunteros de mirada huidiza; niños viviendo
en ciudades corrompidas, sin llanto en sus pupilas,
ni poetas que canten su tragedia.
Para salvarme de olvidos,
vuelvo a ti, para juntar mi angustia con la tuya
y, me duele este niño hambriento que se nutre
de miseria, de dolor y  abandono;
igual que los niños tuyos muere, y como raíz se hunde
en la tierra lentamente

…y todavía tú clamas en el siglo XXI del temor y de la dicha
cuando el poema interroga…
¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?

¿Quién rebasará el escollo de matar al inocente?

En el silencio del viento la historia se vuelve lluvia,
llanto de bruces inútil cantado por los poetas.

 
                                                                                                       Natividad Cepeda




 Este poema se leyó el 5 de diciembre de 2010 en un acto – homenaje organizado por el Comité de las Jornadas Poéticas de las Lagunas de Ruidera en el centenario del nacimiento de Miguel Hernández y publicado en una edición artesanal  por la organización convocante.


 Arte digital: N. Cepeda