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lunes, 6 de junio de 2022

El 4 de junio se celebró el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión. (De cualquier agresión)

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El mejor de los dones recibidos es la vida y por eso jamás se debería olvidar.  Y la vida se gesta y nace del cuerpo de la madre.  Y no es un argumento más, es el prodigio de la vida  que en  demasiadas ocasiones olvidamos. Pero en nuestra sociedad  occidental faltan niños y por consiguiente faltan madres y padres que quieran serlo. Es un problema acuciante que nos enfrenta al carecer de generaciones futuras a las que no podremos darle el testigo de nuestras vivencias. 

Se elige en libertad vivir de una manera o de otra y en este momento histórico la conciencia individual imperante es pertenecerse a uno mismo, mimarse, quererse y  disfrutar de cualquier placer que nos satisfaga rechazando la generosidad de darnos a los demás. Aunque en demasiadas ocasiones ese placer buscado nos depare dolor. 

El progreso, esa palabra tan ponderada,  se ha entendido que quiere decir progresar en todos los campos sociales para hacer una sociedad justa, ecuánime y prudente donde la igualdad, al menos, no sea demasiada escalonada entre las clases sociales desde las que nos dirigen, hasta  las trabajadoras de cualquier profesión y oficio puedan vivir dignamente. Pero los ingresos actuales  no permiten a un numero elevado de personas vivir desahogadamente. Por lo que el nivel social carece de afinidades reales, a pesar de querer parecer que, todos y todas, parecemos vivir en iguales condiciones. 

Y en esas condiciones entran nuestros niños víctimas inocentes de los adultos. Me pregunto ¿qué número de ciudadanos sabe, conoce, que el 4 de junio se celebra el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión. Ignoro esas estadísticas pero con las personas que he dialogado nadie me lo ha comentado. UNICEF España  nos informa  que la desnutrición está detrás de las muertes infantiles muriendo cada año  casi 2.800.000 niños por el HAMBRE. Y vuelvo a preguntarme... ¿ACASO NO ES AGRESIÓN EL HAMBRE?  

Dónde está la conciencia humana ante este desatino cruel e inhumano. Los héroes que lo denuncian son desconocidos y no considerados héroes. Si perdemos la compasión nos perdemos a nosotros mismos. Y en esa desavenencia  amoral se fragua el combate de la guerra. Guerra de Ucrania donde se lucha hasta morir. Donde mueren los niños y son víctimas de innombrables violaciones. La conocemos porque nos llegan sus imágenes  y esta cerca, en la misma Europa de nuevo en lucha. Pero y esas otras guerra actuales en Afganistán, Etiopía, Yemen, Haití,  Myanmar, Israel- Palestina...Las ignoramos y no nos informamos ni somos informados. 

Silenciosamente los niños  reciben lesiones físicas y morales. Y también lo son cuando son acosados, despreciados y ridiculizados en los ambientes escolares, familiares y de grupos de amigos y los abusos infantiles… Inocentes menores que sin decirlo mendigan respeto, cariño y dignidad de toda la sociedad. De nuestra sociedad  que decimos civilizada. A pesar de todos nuestros adelantos se sigue imponiendo el derecho del poderoso, del fuerte, ante  los débiles de escasa resistencia.  Toda violencia, absolutamente cualquier clase de violencia es ausencia de amor. Y del reducido amor nacen muchos males.

Me estremecen las agresiones tan masivas y diarias. Tenemos una venda invisible en el alma que nos ocupa la conciencia ocultando lo que esta bien o mal, sin esa moral y su conocimiento caminamos errando al juzgarnos, y juzgar, lo que es verdad o falacia. Y en ese espejo se miran nuestros niños: niños que mañana serán adultos. No somos solo belleza estética semejantes a dioses clásicos y perfectos, somos personas con ciclos definidos desde que nacemos hasta que envejecemos y, si en esa rueda somos hostiles, continuamente habrá víctimas inocentes de niños.


                                                         Natividad Cepeda



https://www.miciudadreal.es/2022/06/04/en-el-dia-internacional-de-los-ninos-victimas-inocentes-de-agresion-de-cualquier-agresion/


https://www.lanzadigital.com/opinion/dia-internacional-de-los-ninos-victimas-inocentes-de-agresion-de-cualquier-agresion/









jueves, 15 de julio de 2021

Al otro lado del calor el retorno a las camas de los hospitales

           

En las noches estivales se ha olvidado el bicho que pulula por el mundo de nombre  Covid-19 y su incidencia en nuestras vidas y ciudades. Parece que el tiempo de la sensatez no existiera y bajo el sudor con aromas de desodorantes  crecen los ingresos y también las muertes. Allí, cuando se ingresa, la fiesta se termina dejando en el olvido reuniones de amigos  mientras el corazón se encoge y altera rogando a cualquier dios urbano que el médico sea algo más que un humano que nos presta su ayuda impartiendo la ciencia aprendida.

Como no disfrutar de las placidas noches veraniegas  olvidando tormentas tan cercanas plagadas de fugitivas sombras que tuvieron nombre y apellidos y, que se fueron por las sendas oscuras del olvido. Se han marchado amigos, familiares por esa puerta carente de rumores y casi nadie recuerda el vacío que hay en sus estancias. Ese silencio que pesa en las paredes, en los retratos y hasta en los paseos por donde coincidíamos y ahora ya jamás los vemos. 


Al otro lado del calor el retorno a las camas de los hospitalesAl otro lado del calor del verano parece que si no buscamos excitarnos con algarabía  resucitando ese pasado de botellón y reuniones masivas, la vida no es vida. Y sin embargo vivir no es perder  la vida y quedarse postrado en esas camas de hospital adonde no llegan los festejos de la reunión irresponsable. La enfermedad sale de nuevo a nuestro encuentro porque silenciosa permanece agazapada y nos engañamos creyendo que con la vacuna contra el Covid somos invencibles. Hace días visité el cementerio de mi ciudad y con tristeza entré al nuevo cementerio plagado de nombres conocidos, eran, son tantos los que allí descansan que no podía imaginarme cuantos se me habían ido.

En silencio fui recorriendo los paseos, leyendo los nombres y mirando las fotografías, donde las había, de tantas personas conocidas. El calor mostraba marchitas flores dejadas como señal de amor y fui saludando a los que sin vestiduras negras de luto, mostraban su luto en la mirada.  Volví al recuerdo del hospital , a sus camas y a sus largos pasillos que en la noche se quedan sumidos en penumbra y parece que el gozo de la vida en ellos no tienen cabida. Está mal visto hablar del dolor y de la muerte en nuestra sociedad amordazada de populismo absurdo. Está mal visto hablar de lo que es sagrado, aunque secretamente casi todos lo buscan porque el tiempo  es perpetuo y nosotros con él.

      Precisamente todas nuestras vivencias están plagadas de esa fuerza espiritual permanente e incesante de la que no podemos escapar, y si lo hacemos somos parias  con el deseo de regresar a nuestro origen.  Me duelen no solo las ciudades que amo, aquellas por las que anduve, y las otras; ciudades del mundo conocido  levemente imaginadas a través de mis ojos y de la lectura de su pasado y presente. Lo más nuestro es desear vivir en paz bajo las calles de las ciudades grandes y  pequeñas, yacer en nuestro habitad, admirando la vida que emerge de la que somos parte.

De pronto volvemos a olvidar que el mundo conocido es muy pequeño, igual que lo somos nosotros, viajeros  resguardados en los viejos solares de los antepasados. Residentes del cosmos, hijos de las estrellas… He pasado por muchos hospitales y en cada uno de ellos he visto y vivido la fragilidad humana en sus camas y estancias. Por eso no entiendo que se olvide lo que somos, frágiles como fino cristal que se quiebra y rompe y nadie puede reparar. Al mediodía a la hora del almuerzo bendigo la comida y ruego por los que les falta pan y techo, salud, trabajo y alegría porque no entiendo este virus, ni tampoco la muerte de miles de personas por hambre. Busco esa respuesta y no la encuentro.

 

Natividad Cepeda

 

 

 

martes, 26 de enero de 2021

Estelas de hambre

 


Es difícil e imposible comprender que a diario despidamos a vecinos, amigos y desconocidos escuchando doblar las campanas con su triste tañer al despedirlos  cuando el féretro se anuncia que está a punto de llegar al templo para su funeral. Camino de la iglesia siento que me tiemblan las piernas  y regreso al recuerdo por quién doblan ñas campanas en este año fatídico de 2020 y en el que ha empezado con la misma continuidad.

 En las tiendas de alimentación, en los intercambios de saludos al preguntarnos por la salud, se baja la voz y se dice que no importamos a nadie… nos estamos muriendo en un atroz abandono, casi un genocidio “civilizado” dicen los más atrevidos. La gente comparte la opinión y con una mirada de tristeza y miedo se despiden no vaya a ser que por cambiar unas cuantas palabras nos contagiemos.

En los canales de televisión cuando aparecen gobernantes y afines la gente, casi todos me dicen, que cambian de canal, porque no pueden soportar la sarta de mentiras que exponen. Hay en el ambiente malestar y desconfianza tanta que apenas si se cambia el saludo y se alejan para ocultar que han perdido el trabajo y ocultan sus lágrimas con esa dignidad de quienes nunca, antes de ahora han dependido de la caridad. Pero la gente, las familias ya muchas de ellas no pueden pagar el recibo de la luz, sobre todo con las subidas de las tarifas y el gélido frío de días pasados.

Las tiendas todas ellas aparecen vacías; no hay clientes que compren y se esperan para cerrar los establecimientos hasta las nueve de la noche por si  alguien pasa y se vende alguna cosa. Las calles aparecen desiertas de coches y de gente. Resuenan en las aceras los pasos solitarios de algunos viandantes y el aire pareciera que pesara más que en otros días y así un día y otro y, pidiendo a dios nos ayude y se nos vaya esta maldita pandemia.

 

La economía está caída y el panorama que se presenta para la pronta primavera es devastador porque no vemos el futuro bien,  lo vemos tan mal que la esperanza es un saco roto al que hay que recuperar para vencer la bajada de defensas y hacer frente común al virus de la pandemia. Contamos los muertos y nos tragamos las lágrimas en silencio. Es lo que tenemos sin paños calientes ni ayudas para comenzar. Los ahorros, quienes los tuvieran se van menguando y los abuelos, aquellos abuelos que salieron al frente del descalabro económico del año 2008 muchas familias los han perdido y los únicos que han ganado con su muerte son las arcas del  estado que se ahorra pagar mensualmente a los jubilados.

Lo bueno es que la nieve caída ha logrado con el deshilo  hacer correr  por los ríos resecos manchegos  el agua hasta llenar los pantanos. Se han helado muchos olivares con la aceituna en  sus ramas y la cosecha es por ese motivo pequeña y canija.  Los impuestos los han subido y el campo y los pueblos se mueres quedándose vacíos… En fin que la juerga es toda esa contemplar la belleza del agua que ha recobrado los cauces secos de los ríos y los pantanos se van llenando hasta rebosar. No hay mucho más salvo que la vacuna es un toro de miura al que se trata de evitar  por la gran desconfianza que esta en la población.

Es lo que hay estelas de hambre y vergüenza de tener que ir a comer porque de no hacerlo  las tripas sonaran a huecas y eso es lo último que hay que hacer.  ir a ver pantanos t ríos, fuentes y naturaleza es adonde podemos ir porque lo demás es triste y lo pero de lo peor es perder la ilusión de seguir apostando por la vida incluso cuando hay que pedir la limosna de un palto de comida.

 

Natividad Cepeda

 

jueves, 10 de septiembre de 2020

Camas de hospital

              A diario se nos informa del aumento de contagiados por el Covid19 y parece ser que las estadísticas no influyen en la gente.  
La gente sigue sentada en terrazas y van y vienen como si eso de morir no fuera algo que les atañe a ellos.
Luego hay otra gente que lleva tristeza en su mirada y  una nube opaca que parece cubrirle  por entero. Esa gente, que apenas si nos mira, es la que lleva en su mente impresa esa cama de hospital donde se quedaron los que amaban, y donde algunos de ellos han estado. 
El hospital es esa salvación adonde acudimos con la esperanza de curarnos; de salvar ese escalón que nos alargue la estancia en esta tierra que conocemos.  Y adonde, aunque mal, queremos todos continuar.
Cuando salimos del hospital no miramos la cama articulada que nos ha servido para mitigar el dolor, al contrario nos alejamos pidiendo no regresar jamás.
Olvidamos lo  afortunado que somos por poder acceder a ese hospital, Si, olvidamos que hay millones de personas con el mismo dolor que nosotros sin hospitales, sin médicos ni enfermeras, sin un calmante y un antibiótico que los cure.
Cuando en la televisión salen esas imágenes de niños calavéricos con sus huesitos señalados y sus ojos inmensos como noche de tragedia  inmensa, saltamos a otro canal porque no queremos ver esos fantasmas reales del mundo actual.
Hay dos mundos entre los humanos, el mundo de los que viven bien y ese otro donde la vida no vale nada, ni siquiera una cama de hospital para el que padece un cáncer, una pulmonía, un sida, una hemorragia interna o externa, una infección y la muerte por HAMBRE  que debe ser HORRIBLE.
Yo he mirado en ocasiones esas camas de hospital con gratitud a pesar de mi impotencia ante la enfermedad y la muerte. He pasado a su lado mirando, con el corazón encogido por el miedo, velando la respiración de mi familia, pidiendo a Dios su curación y deseando salir de aquella habitación  para dejar de ver la cama del hospital.
Me he sentido indefensa ante mi dolor y el dolor de otros y, solo cuando me he quedado a solas en la capilla desierta de cada uno de los hospitales donde he estado, me he permitido derrumbarme y rogar con mi fe y mi esperanza, ayuda para todos los enfermos de ese hospital.
Las capillas de los hospitales y de los aeropuertos casi siempre están vacías. Cuando paso a ellas el silencio me acoge y rezo por nosotros; por nosotros que no valoramos lo que tenemos y olvidamos a esos otros humanos que sufren y sufren sin que nos importen.
Se escribe  de genocidios del pasado y no escribimos de los genocidios de hoy permitidos y conocidos. 
No importan los niños famélicos, los ancianos desvalidos, los jóvenes sin recursos. No importan a nadie. A casi  nadie de los poderosos de la tierra, los que manejan las riquezas y amasan fortunas. Los que permiten que los genocidios existan. 
No importa que ni siquiera tengan una pobre cama de hospital y unos sanitarios que los atiendan. No importa. Mejor que se mueran los más pobres así no hay que saber de su existencia. No importan...


Natividad Cepeda


 

 

domingo, 23 de diciembre de 2018

Navidad













Al amor de la lumbre del mensaje navideño

todavía es posible acertar a ver la luz de las estrellas
verdaderas, lejanas y bellísimas, misteriosas
e inaccesibles pero necesarias                                              
al igual que la fe en Dios y en las personas.
Poca cosa es la fe cuando no aparece
en los anuncios televisivos.
Pero Dios suena en diciembre
con llanto y con sonrisas.
Suena en el corazón del enfermo sostenido
por la esperanza de la curación y el aliento
de los que lo aman y lo ayudan en su limitación
física porque todos somos muy frágiles.
Llanto por los niños asesinados en las escuelas,
en los campos de guerra, en la desahuciada
batalla del hambre diaria de los países paupérrimos,
en la huida en busca de países en paz.
Niños dentro de la arquitectura del amor
plagados de regalos y atenciones:
Amados niños que sostienen la esperanza
en su mirada franca y limpia confiando
en el mundo que los rodea
sin saber que les traerá el mañana.
Rito de nacimiento remansando
en la alborada del 24 de diciembre
para festejar la venida del Amor, desde el regazo
de una madre que dice Sí, a la vida del No nacido.
El aire de diciembre nos trae el balbuciente
llanto de un recién nacido cuajado
de amor fraternal y por ese discurrir
dentro de un privilegio no entendido
aún, hoy, las gentes de buena voluntad,
siguen encendiendo hogueras en el corazón
del prójimo para calentar su orfandad.
Tiembla diciembre en sus cimientos por el gesto
repetido de que Dios se acuerda de nosotros
a pesar de la avaricia desmedida
de los unos para con los otros generadora
de miserias por doquier. En las manos
del Niño de Belén, hay antorchas de luz
para los desamparados de la tierra.
Por los entresijos del invierno se percibe el canto
de los ángeles diciendo: Gloria a Dios en las alturas
y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad…
En voz baja diciembre escucha el coro
de los ángeles por las calles rumorosas de gente.
A veces hay quien dice, que ha pasado
un ángel, y casi nadie lo cree.
Si los ángeles ocuparan las pantallas
de Internet tendrían muchos seguidores
entonces, la Navidad dejaría de serlo.
Cuando el amanecer se santigua en las mañanas
de invierno, canta tembloroso el orbe;
en ese instante nace en el ajimez del misterio,
Dios, en la Nochebuena.

Mi abrazo de paz para todos los que creemos en ese milagro necesario.
Así lo deseo.

Natividad Cepeda
© 2018 Todos los derechos reservados

Arte digital: N. Cepeda

jueves, 21 de marzo de 2013

…y todavía Miguel Hernández se derrama en el air


Cada año, el 21 de marzo, la UNESCO celebra el Día Mundial de la Poesía. La decisión de proclamar el día 21 de marzo Día Mundial de la Poesía fue adoptada durante la 30ª reunión de la UNESCO celebrada en París en el año 1999.

 «La poesía es una de las expresiones más puras de la libertad de la lengua. Es un elemento constitutivo de la identidad de los pueblos; encarna la energía creativa de la cultura en su facultad de renovarse sin cesar.»
Mensajede la Sra. Irina Bokova, Directora General de la UNESCO,
con motivo del Día Mundial de la Poesía, 21 de marzo de 2013     
                                           
Con este poema mi homenaje a todos los poetas. A los poetas amigos que admiro y respeto por su valía personal y poética, y a todos los poetas que me ayudan a ver la belleza de la vida a través de sus libros de poesía. Un hermoso legado para todas las generaciones. Gracias  a todos ellos.


…y todavía después de tantos años la guerra no termina,
siguen naciendo niños  con hambre, y las mujeres
quedan huérfanas de padres y maridos en  pueblos de vastos  continentes.

También, Miguel Hernández, 
se taponan las bocas a todos
los que escriben palabras sin reservas.
 Cuanto digo es tan cierto como que tú persistes
derramado en el aire lívido de la brisa
por donde  yaces sin ausencias

Yo vengo sin materia a escuchar tu latido
derramado en el aire que canta tu firmeza.
Pródigo tú, en el hilo que se opone
a la muerte renovando la vida
en tus  versos, que nos salvan del silencio absoluto.
Porque todo lo tuyo fue un nido de hermosura
con orillas de lágrimas sin límites
 tu voz no es posterior a la esperanza.
En medio de la pugna que enfrenta a los mortales
tu redoma de versos, Miguel, es un mar luminoso
con rescoldos de amor que encienden nuevas brasas.


Quedan, aún, hoy, Miguel Hernández,
niños yunteros de mirada huidiza; niños viviendo
en ciudades corrompidas, sin llanto en sus pupilas,
ni poetas que canten su tragedia.
Para salvarme de olvidos,
vuelvo a ti, para juntar mi angustia con la tuya
y, me duele este niño hambriento que se nutre
de miseria, de dolor y  abandono;
igual que los niños tuyos muere, y como raíz se hunde
en la tierra lentamente

…y todavía tú clamas en el siglo XXI del temor y de la dicha
cuando el poema interroga…
¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?

¿Quién rebasará el escollo de matar al inocente?

En el silencio del viento la historia se vuelve lluvia,
llanto de bruces inútil cantado por los poetas.

 
                                                                                                       Natividad Cepeda




 Este poema se leyó el 5 de diciembre de 2010 en un acto – homenaje organizado por el Comité de las Jornadas Poéticas de las Lagunas de Ruidera en el centenario del nacimiento de Miguel Hernández y publicado en una edición artesanal  por la organización convocante.


 Arte digital: N. Cepeda