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sábado, 28 de febrero de 2026

Ha llegado marzo con nuevas guerras

 

 


Marzo ha llegado envuelto en una nube de discordias y enfrentamientos. Las noticias no cesan: imágenes de humo elevándose hacia el cielo, titulares que anuncian nuevos ataques y conflictos bélicos. Las opiniones se multiplican y nos empujan a preguntarnos qué va a suceder mañana. Y quien dice mañana, dice hoy, ahora mismo.

Quienes creemos firmemente en el sistema democrático no dudamos de que los gobiernos teocráticos son anuladores de libertades. Una libertad que se vuelve insoportable cuando todo le es negado a la persona. Imponer leyes abusivas supone condenar a los ciudadanos, en su propio país, a la ausencia de derechos, de oportunidades y de dignidad.

En más de una ocasión me he preguntado por qué, cuando se instala un régimen de este tipo, se prohíbe a los ciudadanos salir del país. Son preguntas lógicas, pero rara vez se las plantean quienes critican con dureza a las democracias y jamás alzan la voz contra aquellos países donde la libertad simplemente no existe.

Lo mismo me ocurre al observar a ciertos dirigentes políticos que imponen religión y leyes en una misma balanza, y que además excluyen a la mujer de los mismos derechos que el hombre. Pensamos —pienso— que esas leyes propias de la Edad Media son imposibles de comprender en pleno siglo XXI. Y, sin embargo, en nuestro mundo globalizado se siguen sosteniendo normas caducas que niegan derechos fundamentales.

La guerra es el error humano más antiguo, tan viejo como el Homo sapiens. Ha existido en todas las épocas y en todas las culturas; basta acudir a las fuentes históricas para comprobarlo. Es un hecho repetitivo, viejo y, tristemente, humano.

Marzo ha llegado y, con él, volvemos a ver destrucción y miedo multiplicados por miles. Miles de personas que sufren las consecuencias de guerras que presenciamos sin comprender del todo por qué se originan ni por qué continúan. Marzo ha llegado con el miedo y el llanto de quienes caen heridos o muertos en conflictos que se perpetúan mientras el mundo mira, muchas veces, hacia otro lado.

Los almendros han florecido, pero en los campos de guerra la tierra sigue sangrando. Sangra el dolor de no poder detenerlas, de no saber negociar la paz sin pisotear los derechos humanos.

Natividad Cepeda

fotografía de la web

lunes, 1 de septiembre de 2025

Ucrania es Europa

 



 

Ucrania,

                  Ucrania se desangra

y es vaga la certeza de que esa guerra

es un trozo de Europa.

Y se encharca la tierra de sangre

y no contamos los civiles muertos

ni los miles de soldados silenciados.

Desaparecen niños

                              entre bombas

y estruendo y no hay un grito

de protesta por tanto llanto ignorado.

Ucrania


              está menguada de ayuda

y de fuerza y el tiempo de batalla

y defensa ha dejado ceniza en sus ciudades.

Su defensa por quien fue atacada

es una herida enconada en su piel

rajada y no nos duele y seguimos

callados frente a la desesperada lucha

de un pueblo avasallado.


                                 Por gozne de codicia

Ucrania es atacada y nosotros deberíamos

temer al atacante. Europa es nuestra casa

y es occidente civilizador con la cruz

como símbolo de unidad.

                                          Ucrania somos

todos los que amamos la democracia,

no lo olvidemos; Ucrania es Europa.

 


Natividad Cepeda

domingo, 24 de agosto de 2025

España huele a humo y está mojada de lágrimas

 


España huele a humo y está mojada de lagrimas por el fuego que ha arrasado campos, cultivos, establos de animales y bosques de esas más de 400. 000 hectáreas quemadas por el fuego. Nos falta esperanza para solucionar la ruina de los afectados porque paliar tantas perdidas es casi imposible. Y nos sumimos en el dolor por las personas fallecidas héroes con nombres y apellidos a los que lloran sus familias. Ver la huella del fuego, su negrura dejada, los esqueletos calcinados de animales y árboles… Verlo es faltarnos la palabra para tanto horror. Mi poema es mi llanto, mi denuncia, mi grito , mi pena y desolación `por lo ocurrido.





Cae fuego del cielo

y mendigamos lluvia

para apagar la marca fúnebre del fuego.

Elegía de fuego

y llanto por los muertos

que perecieron en el andén del bosque.

Nada hemos aprendido

tenemos asignaturas pendientes

por irresponsables y por inhumanos.

La marca del fuego

en reses abrasadas y caballos muertos

en árboles con gritos

y polvo de las casas  desaparecidas.

Un beso calcinado

de fuego ha caído y todo es ruina

de la tierra quemada tan oscura y funesta.

¿Y ahora que haremos?

Nada. Olvidarlo.

Más todos ellos son carne nuestra.

Herida abierta y tierra estéril.

Rosas de fuego son la derrota.


Escrito y  poema© Natividad Cepeda




Fotografías cogida de la red


sábado, 9 de noviembre de 2024

El llanto trágico de noviembre en España es nuestro dolor inmenso

 

  


 

Hace once, doce días… que el barro es una elegía de montón de escombros y nosotros, las gentes del pueblo, seguimos escuchando las penurias de los afectados y las zancadillas injustas de las primeras autoridades del país. Algunos opinan que es lo frecuente y que lo prometido no llegará con la celeridad debida. Los cadáveres de los desaparecidos siguen sin aparecer y el llanto por los fallecidos ha pasado a un segundo o tercer lugar Las calles están devastadas y las casas y establecimientos partidas en múltiples pedazos semejan ruinas de una batalla sin cuartel. Entre los coches agolpados hay una pequeña luz de esperanza a pesar de la derrota humana de quienes han perdido enseres y familiares porque está escrito en la Genesis humana que hay que continuar.

Lentamente se van dictando normas para pedir ayuda y sin embargo en el alma de la desolación el horror sigue presente porque es largo el viaje de carecer de todo. Los datos recogidos por los medios de comunicación muestran y explican retazos de vidas y no es cuestión de novedad, lo cruel, es que nos acostumbraremos a pensar que se les solucionarán las vidas desde los planteamientos legales y será mucho más penoso que lo que nos imaginamos.

Y es que la omisión de ayuda es grave falta por lo que se dejó de hacer y eso debería de angustiar a quienes lo hicieron.

El que se ahoga no puede demandar ayuda, tampoco el que se queda en mitad de la tragedia sin comprender porque le ha sucedido. Pedir, demandar auxilio, no es posible cuando faltan las fuerzas y hasta la voz, porque los sollozos ahogan la ahogan. Hay veces que dejar abandonados a su suerte es condenar a la muerte a los inocentes Nos lo seguimos preguntando muchos, muchísimos de nosotros dónde están nuestros derechos constitucionales? Y hasta hoy nadie nos ha contestado esa pregunta. Los voluntarios siguen estando, y ayudando dando ejemplo a quienes no lo quieren ver. Hoy en día los desaparecidos son cifras terribles, personas con nombres y apellidos y con familiares en espera de que se les encuentren. Tenemos la sensación de que no importan, que el pueblo llano no importamos.

 


Valencia nos duele y nos importa a pesar de sentirnos impotentes ante las culpas y disculpas vanas de las autoridades. A fecha de hoy son escasas las fuerzas enviadas parece que hemos ido hacia atrás en décadas. Es como si tanta comunicación actual no sirviere para nada. Es sentir que el pulso de la vida se ha dejado de escuchar. Y sin embargo si se escuchan los latidos de cientos, de miles de personas voluntarias echando un pulso en ayuda de ellos, de los que necesitan ayuda y se les dijo aquello de que, si la necesitan que la pidan.

Lacerante frase que se nos ha clavado en el corazón entre el oleaje embarrado de las calles de los pueblos destruidos. Porque no hay licencia alguna para desatender corazones rotos, como tampoco lo hay para un alto al trabajo de descombrar cuando después de días sentimos la derrota en el solar del cuerpo.  Ni tampoco pasar por alto la tragedia que estamos viviendo, aun persiste, no es pasado, es presente.



Deambulamos buscando explicaciones en los medios informativos, en los mensajes individuales, en los telediarios manipulados de falsedades y falacias mientras siguen a la deriva cuerpos sepultados de desaparecidos. Las márgenes del dolor no son solo de barro es de ese silencio de los muertos que nos interpela a los que estamos vivos. La indignidad no puede esconderse entre paredes de despachos oficiales porque a pesar de nuestra ignorancia todavía nos estremecemos ante tanto daño humano. El horizonte para miles de personas es un horizonte oscuro, hasta de exclusión por los vienes perdidos. Paso a paso tienen que volver a empezar con necesidad de hacer lo que se ha deshecho y solo ellos sabrán lo que les costará recuperarlo. Sin olvidar que la vida es única e irrepetible.  Por supuesto no es un frío número en mesas de despachos. Y no vale resignarse porque la vida es persistente y un privilegio recibido generación tras generación. Y porque es un llanto nuestro; es

 

El llanto trágico de noviembre en España

 

Noviembre tiene ojos de tristeza

y un préstamo de horror en las miradas

trenes sin vías ni equipajes

porque la muerte a embarrado la vida.

Se cruzan en el espejo de los días

lagrimas infinitas de pesares

ante un lugar de escombros apoyados

en esqueletos de coches desahuciados.

Caminan por las calles

sombras fantasmales en busca de cobijo

son corazones rotos, masacrados,

entre barro, desaliento y sollozos;

en desorden, detrás del miedo

hay miles de pupilas perseguidas por jinetes

apocalípticos entre hileras de muertos.

Descansar los muertos, los que fuisteis 

 perseguidos por turbulencias de aguas

desatadas sin piedad para los pueblos

que yacen abrumados de dolor inmenso.

Es tiempo de llorar y volver a empezar

por la lluvia caída a destiempo y extender

las manos para construir   esperanza.

Sobre tanto dolor redivivo el deseo

tenaz de sentirnos unidos para volver a nacer 

 sin borrar la tragedia ni las vidas perdidas.

 

Natividad Cepeda

 

 

martes, 26 de enero de 2021

Estelas de hambre

 


Es difícil e imposible comprender que a diario despidamos a vecinos, amigos y desconocidos escuchando doblar las campanas con su triste tañer al despedirlos  cuando el féretro se anuncia que está a punto de llegar al templo para su funeral. Camino de la iglesia siento que me tiemblan las piernas  y regreso al recuerdo por quién doblan ñas campanas en este año fatídico de 2020 y en el que ha empezado con la misma continuidad.

 En las tiendas de alimentación, en los intercambios de saludos al preguntarnos por la salud, se baja la voz y se dice que no importamos a nadie… nos estamos muriendo en un atroz abandono, casi un genocidio “civilizado” dicen los más atrevidos. La gente comparte la opinión y con una mirada de tristeza y miedo se despiden no vaya a ser que por cambiar unas cuantas palabras nos contagiemos.

En los canales de televisión cuando aparecen gobernantes y afines la gente, casi todos me dicen, que cambian de canal, porque no pueden soportar la sarta de mentiras que exponen. Hay en el ambiente malestar y desconfianza tanta que apenas si se cambia el saludo y se alejan para ocultar que han perdido el trabajo y ocultan sus lágrimas con esa dignidad de quienes nunca, antes de ahora han dependido de la caridad. Pero la gente, las familias ya muchas de ellas no pueden pagar el recibo de la luz, sobre todo con las subidas de las tarifas y el gélido frío de días pasados.

Las tiendas todas ellas aparecen vacías; no hay clientes que compren y se esperan para cerrar los establecimientos hasta las nueve de la noche por si  alguien pasa y se vende alguna cosa. Las calles aparecen desiertas de coches y de gente. Resuenan en las aceras los pasos solitarios de algunos viandantes y el aire pareciera que pesara más que en otros días y así un día y otro y, pidiendo a dios nos ayude y se nos vaya esta maldita pandemia.

 

La economía está caída y el panorama que se presenta para la pronta primavera es devastador porque no vemos el futuro bien,  lo vemos tan mal que la esperanza es un saco roto al que hay que recuperar para vencer la bajada de defensas y hacer frente común al virus de la pandemia. Contamos los muertos y nos tragamos las lágrimas en silencio. Es lo que tenemos sin paños calientes ni ayudas para comenzar. Los ahorros, quienes los tuvieran se van menguando y los abuelos, aquellos abuelos que salieron al frente del descalabro económico del año 2008 muchas familias los han perdido y los únicos que han ganado con su muerte son las arcas del  estado que se ahorra pagar mensualmente a los jubilados.

Lo bueno es que la nieve caída ha logrado con el deshilo  hacer correr  por los ríos resecos manchegos  el agua hasta llenar los pantanos. Se han helado muchos olivares con la aceituna en  sus ramas y la cosecha es por ese motivo pequeña y canija.  Los impuestos los han subido y el campo y los pueblos se mueres quedándose vacíos… En fin que la juerga es toda esa contemplar la belleza del agua que ha recobrado los cauces secos de los ríos y los pantanos se van llenando hasta rebosar. No hay mucho más salvo que la vacuna es un toro de miura al que se trata de evitar  por la gran desconfianza que esta en la población.

Es lo que hay estelas de hambre y vergüenza de tener que ir a comer porque de no hacerlo  las tripas sonaran a huecas y eso es lo último que hay que hacer.  ir a ver pantanos t ríos, fuentes y naturaleza es adonde podemos ir porque lo demás es triste y lo pero de lo peor es perder la ilusión de seguir apostando por la vida incluso cuando hay que pedir la limosna de un palto de comida.

 

Natividad Cepeda