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sábado, 8 de noviembre de 2025

Sedientos montes manchegos

 


 

Por fin cayó la lluvia anhelada, y la tierra,

sedienta, bebió cada gota como un milagro.

Llovió, y nosotros, con los paraguas

abiertos, parecíamos invocar al agua

para que no nos abandonara.

Dicen que en el monte los colores han mudado,

aunque los humedales y los ríos

siguen sin despertar de su letargo.

Nos faltan lluvias, y sentimos en la piel

la misma aridez que oprime nuestros campos.

Llovió, sí, pero hoy el sol regresa altivo,

coronando el cielo, y apenas quedan nubes

que prometan nuevas caricias de agua.

Es noviembre, otoño en mi tierra manchega:

pobre en agua, rica en belleza,

exultante en su desnuda verdad de siglos.


Natividad Cepeda

 

sábado, 9 de noviembre de 2024

El llanto trágico de noviembre en España es nuestro dolor inmenso

 

  


 

Hace once, doce días… que el barro es una elegía de montón de escombros y nosotros, las gentes del pueblo, seguimos escuchando las penurias de los afectados y las zancadillas injustas de las primeras autoridades del país. Algunos opinan que es lo frecuente y que lo prometido no llegará con la celeridad debida. Los cadáveres de los desaparecidos siguen sin aparecer y el llanto por los fallecidos ha pasado a un segundo o tercer lugar Las calles están devastadas y las casas y establecimientos partidas en múltiples pedazos semejan ruinas de una batalla sin cuartel. Entre los coches agolpados hay una pequeña luz de esperanza a pesar de la derrota humana de quienes han perdido enseres y familiares porque está escrito en la Genesis humana que hay que continuar.

Lentamente se van dictando normas para pedir ayuda y sin embargo en el alma de la desolación el horror sigue presente porque es largo el viaje de carecer de todo. Los datos recogidos por los medios de comunicación muestran y explican retazos de vidas y no es cuestión de novedad, lo cruel, es que nos acostumbraremos a pensar que se les solucionarán las vidas desde los planteamientos legales y será mucho más penoso que lo que nos imaginamos.

Y es que la omisión de ayuda es grave falta por lo que se dejó de hacer y eso debería de angustiar a quienes lo hicieron.

El que se ahoga no puede demandar ayuda, tampoco el que se queda en mitad de la tragedia sin comprender porque le ha sucedido. Pedir, demandar auxilio, no es posible cuando faltan las fuerzas y hasta la voz, porque los sollozos ahogan la ahogan. Hay veces que dejar abandonados a su suerte es condenar a la muerte a los inocentes Nos lo seguimos preguntando muchos, muchísimos de nosotros dónde están nuestros derechos constitucionales? Y hasta hoy nadie nos ha contestado esa pregunta. Los voluntarios siguen estando, y ayudando dando ejemplo a quienes no lo quieren ver. Hoy en día los desaparecidos son cifras terribles, personas con nombres y apellidos y con familiares en espera de que se les encuentren. Tenemos la sensación de que no importan, que el pueblo llano no importamos.

 


Valencia nos duele y nos importa a pesar de sentirnos impotentes ante las culpas y disculpas vanas de las autoridades. A fecha de hoy son escasas las fuerzas enviadas parece que hemos ido hacia atrás en décadas. Es como si tanta comunicación actual no sirviere para nada. Es sentir que el pulso de la vida se ha dejado de escuchar. Y sin embargo si se escuchan los latidos de cientos, de miles de personas voluntarias echando un pulso en ayuda de ellos, de los que necesitan ayuda y se les dijo aquello de que, si la necesitan que la pidan.

Lacerante frase que se nos ha clavado en el corazón entre el oleaje embarrado de las calles de los pueblos destruidos. Porque no hay licencia alguna para desatender corazones rotos, como tampoco lo hay para un alto al trabajo de descombrar cuando después de días sentimos la derrota en el solar del cuerpo.  Ni tampoco pasar por alto la tragedia que estamos viviendo, aun persiste, no es pasado, es presente.



Deambulamos buscando explicaciones en los medios informativos, en los mensajes individuales, en los telediarios manipulados de falsedades y falacias mientras siguen a la deriva cuerpos sepultados de desaparecidos. Las márgenes del dolor no son solo de barro es de ese silencio de los muertos que nos interpela a los que estamos vivos. La indignidad no puede esconderse entre paredes de despachos oficiales porque a pesar de nuestra ignorancia todavía nos estremecemos ante tanto daño humano. El horizonte para miles de personas es un horizonte oscuro, hasta de exclusión por los vienes perdidos. Paso a paso tienen que volver a empezar con necesidad de hacer lo que se ha deshecho y solo ellos sabrán lo que les costará recuperarlo. Sin olvidar que la vida es única e irrepetible.  Por supuesto no es un frío número en mesas de despachos. Y no vale resignarse porque la vida es persistente y un privilegio recibido generación tras generación. Y porque es un llanto nuestro; es

 

El llanto trágico de noviembre en España

 

Noviembre tiene ojos de tristeza

y un préstamo de horror en las miradas

trenes sin vías ni equipajes

porque la muerte a embarrado la vida.

Se cruzan en el espejo de los días

lagrimas infinitas de pesares

ante un lugar de escombros apoyados

en esqueletos de coches desahuciados.

Caminan por las calles

sombras fantasmales en busca de cobijo

son corazones rotos, masacrados,

entre barro, desaliento y sollozos;

en desorden, detrás del miedo

hay miles de pupilas perseguidas por jinetes

apocalípticos entre hileras de muertos.

Descansar los muertos, los que fuisteis 

 perseguidos por turbulencias de aguas

desatadas sin piedad para los pueblos

que yacen abrumados de dolor inmenso.

Es tiempo de llorar y volver a empezar

por la lluvia caída a destiempo y extender

las manos para construir   esperanza.

Sobre tanto dolor redivivo el deseo

tenaz de sentirnos unidos para volver a nacer 

 sin borrar la tragedia ni las vidas perdidas.

 

Natividad Cepeda

 

 

sábado, 2 de diciembre de 2023

Despedir a noviembre

 

                  

 

 

Se ha  marchado noviembre con sus vientos y lluvias barriendo playas y  esos cayucos que dicen las noticias de España que están llegando por cientos y miles hasta las islas Canarias. Al amanecer veo llegar el día envuelto en  azules y rosas de color salmón anaranjado mecidos los árboles por una suave brisa fría que anuncia el próximo invierno.

Me arrebujo en mi suave bata puesta sobre mi pijama y aspiro el aire primero de la madrugada. Sola y en silencio, sintiéndome bañada por la aurora incipiente, imagino como debe ser un amanecer en esas guerras   que nos cuentan, según quien, lo escabroso y cruel de los conflictos. El mar  mece su espuma dejando en la playa la señal de unas ruedas hundidas en la arena.   Desde el cercano pueblo de Alboraya han llegado algunos visitantes a ver el cielo bañarse en las aguas. Lejos se ven sombras de barcos como detenidos en el tiempo frente al puerto, que apenas si se ven unas líneas esbozadas en la distancia.

El mar canta con radiofónico sonido e imagino que deben ser lamentos de todos aquellos que se durmieron para no despertar en el Mediterráneo tan viejo y cansado de asumir tantas catástrofes e ignominias.  África se traslada a estas costas y después sus jóvenes  aparecen por los pueblos de España diseminados y vagabundeando  por plazas y calles donde casi nadie los mira por miedo a los desconocidos. Pasan y pasan hablando con sus móviles a otros que están muy lejos de la vieja Europa adonde llegan con sueños que no siempre se cumplen. 

Dice, y dicen en voz baja, que los traen las bandas mafiosas y después en suelo español, les compran un billete para cualquier autobús que recorre carreteas y autovías. Eso dicen. No encuentran trabajo fácilmente pues sin papeles el pequeño y arruinado empresario, cosido a impuestos  incesantes, no puede contratarlos, porque a los que lo han hecho le han multado hasta tambalearse  su economía.  Es una realidad de la que los implicados en el gobierno español se lava las manos igual  al gobernador Pilato. Nuestro aparato legal carece en muchos casos de lógica.

Y ahora el personal se divide entre los defensores de israelitas y palestinos olvidando quien empezó ese eslabón de borrachera y crueldad  de sangre y muerte.  Las guerras se mueven por avaricia, nacen para apoderarse de tierras y pueblos esclavizando a sus habitantes. Cuando no se viven se perciben lejanas y equivocadamente pensamos que no nos llegarán. Así nos quedamos con imágenes visualizadas desde el móvil, además de recibir la manipulación de las noticias de cadenas de radio y televisión que no siempre son imparciales.

Los europeos dormitamos  en nuestra propia modorra confiados en  ser poderosos, como ayer lo fuimos, pero  hoy eso es harina de otro  costal.  Los lugares y sus dispositivos ante las fuerzas que actúan dirigidas a un fin, como es empezar una contienda, no ignoran las consecuencias posteriores derivadas de esa acción. Por lo que el desarrollo de esa maniobra desencadenará, no solo conflictos,  también muerte y destrucción cruel e innecesaria.   Y en ese panorama geopolítico, tan desconocido de poder analizar para el ciudadano de  a pie, nos encontramos inmersos ahora. La invasión de Ucrania e Israel ha desencadenado la contienda que nos preocupa y divide.  En el diccionario de la lengua española se lee que invasión es entrar por la fuerza u ocupar irregularmente un lugar…

Noviembre  nos ha dejado un rastro de inmisericordia mundial;  tan desmedido y desmesurado que me siento impotente ante tantísima tragedia de personas de toda edad y condición. Y no es bastante  compadecer ya que es insuficiente ante  la adversidad constante.



A esta espiral  seguimos sumando victimas  de mujeres maltratadas, violadas… Violadas  en las invasiones, en lugares protegidos gubernamentalmente, en círculos de amistad y familia porque se olvida con demasiada frecuencia que violar  es atacar con lujuria impúdica y obscenidad a un ser humano: mujeres,  y también a niños y niñas carnalmente. Mujeres trágicamente asesinadas. Víctimas inocentes de aquí y de allá; victimas de cualquier lugar de nuestra globalización.

Hemos dicho adiós a noviembre y diciembre ha llegado con sus canticos navideños cargadito de regalos, pienso que el único regalo universal que deberíamos pedir es la paz en nuestro mundo: paz y amor, ese es el verdadero mensaje del mes que ha empezado.

 


                                                                                                         Natividad Cepeda


Periodices en los que ha sido publicado.

                                https://www.miciudadreal.es/2023/12/01/despedir-a-noviembre/

https://www.lanzadigital.com/opinion/despidiendo-a-noviembre/

https://www.cuadernosmanchegos.com/opinion/despedir-a-noviembre-1011.html

                                                                

 

viernes, 26 de noviembre de 2021

Noviembre recordatorio de asesinatos de mujeres y niños en tiempos de paz y en tiempos de guerra


 

 

 26 de noviembre conmemoración del Día Internacional contra la Violencia de Genero. Una fecha más que se debería eliminar de los calendarios del mundo porque ya, no fuera necesario ese recordatorio de fecha, para recordar las miles de mujeres que son asesinadas y ultrajadas en la globalidad de los paises y estados del planeta tierra. Nuestra casa. Soy mujer y poeta y alzo mi voz por cada una de las mujeres que son anuladas por el hecho de nacer mujer. Y sin la mujer y el hombre la vida humana es intrasferible. Por esa causa los dos son igualmente necesarios para el equilibrio de la especie.


 

Expiación del perfil del árbol

con sus ramas desnudas

dejando  el suelo poblado

de sus hojas.

 

Hojas,  joyas del otoño

en el espejo del invierno

en reposo y calma.

 

Manto  abandonado  al pasar

junto a ellas escucho  gemir

en soledad la desnudez del árbol.

 

He pisado  hojas amarillas

pensando en  voces  apagadas

de mujeres y niños inocentes.

 

El sonido de las hojas muertas

balbucean nombres propios

de victimas marcadas de olvido.

 

Siento frío por tantas palabras

dichas,  inservibles, muertas,

igual a mujeres caídas  como  hojas 

de otoño recordadas en noviembre.

 

Y seguimos  hablando.

 Hablan  bocas llenas de vida,

Callan las bocas silenciadas…

 

Noviembre tiene piel de flores

y  lágrimas  para enjugar  dolor

y sentirnos cual árboles desnudos.

 

Desnudez o miseria humana

de tanto humanicidio repetido.

Toda yo soy cruz clavada  en desamparo.

 

 

 Natividad Cepeda

 

 

 

 

 


 

¿Podríamos pasar a tocar las ocas?

No, no se puede pasar al corral, dice el padre a dos niños.

Podrías pasar tú y coger una, mira aquella que nos mira.

No, puedo coger ninguna porque no son nuestras.

Cómprala, por favor, cómprala. 

No, no las venden. Y no son ocas son patos.

Una niña de mirada brillante alarga su mano por entre los agujeros de la alambrada intentando llegar hasta el plumaje blanco del ave. Durante unos minutos se mueve su mano en un intento inútil de llegar a tocar aquellas blancas plumas. Con la otra agarrada fuertemente apoya su cabeza y mira asombrada el pequeño corral donde lo patos van y vienen ignorándola. A su lado el pequeño hermano mira a su hermana y de ella a los patos sin decir nada.  La pequeña de apenas cuatro años extiende su cuerpo inconscientemente  para acercarse más y más a los patos que la ignoran.  La niña sueña con entrar al corral y jugar con las ocas.   Ajena a todo lo demás  se quisiera escapar del padre que a su espalda espera con sonrisa  paciente. El aire mueve suavemente los árboles  crecidos junto a la humedad el río. El pequeño cansado se retira y el padre cogiendo la mano del niño  alarga la otra para retirar a la niña y marcharse.

Espera, suplica la pequeña sin dejar de mirar a los patos.

Papá ¿cuándo sea verano las ocas las dejaran ir al río?

Es posible, dice el padre.

¿Vendremos y me bañaré con ellas?

No. Es peligroso.

No me quieres. A Dora exploradora la dejan ir sola por el camino y no le pasa nada.

El padre sonríe y cogiéndola de la mano se aleja con los niños.

La niña vuelta su cabeza protesta y con un mohín la escucho decir ¿entonces lo de la tele es mentira…?

El aire parece reír al filtrarse entre las ramas de los árboles y el correr sereno del río en noviembre.  Todavía se escucha a la niña decirle al padre, con su voz cantarina, que se olvidó de ponerse la mascarilla… Pasan volando pájaros y algunas tortolillas. Sujeto en un árbol hay un cartel donde se dice que por aquí hay ardillas. El ruido del motor del coche se escucha alejándose.  Es otoño y en pequeñas dosis los niños de hoy perciben qué, lo que ven en las pantallas de móviles, ordenadores y maquinitas no es igual que lo que viven cuando llegan al campo. Algo se les rompe adentro.  No todo es verdad.

Sola, miro lo que me rodea y siento que ese lugar pequeño y sin lujos todavía es un trozo de paraíso. Pienso que también a mí me engañan porque no todo es verdad lo que se me dice y promete en mis corrales urbanos.

 

Natividad Cepeda

 

jueves, 11 de noviembre de 2021

Las casas Familiares




Recuerdo las casas familiares

otorgándome amor  todos ellos

con ese bien logrado del cariño

que se les da a los niños.

 

Hay veces y ocasiones

que regresan al venir por el aire

los olores  y aromas de guisados

degustados en casa de tíos

y abuelos al calor  de  fogones

y manteles y, aquel decirme,

muy pacientes, como se debe comer

con  buenas maneras urbanamente. 

 

Los patios, y las viejas  columnas

de madera tan pintadas de almagre,

y arriba el viento que soplaba

haciendo tiritar a los grandes

ventanales por donde  me asomaba

para ver como soplaban duendes

que jugaban conmigo al escondite.

 

Aquesto se esfumó  y sin pretenderlo

suspiro  cuando los recuerdo

y me pregunto ¿adónde fueron…?

No me enojo,  melancólicamente

revivo vuestras señas,  aquellas

que relumbran en mi alma vuestra ausencia.

 

 Sin fallos me convierto en vasallo

de aquellos  que libraron la batalla

de vivir y morir prestos a donarme

 su dicha como escudo y blasón de mi linaje.

 

En noviembre  encendíamos velas

por los muertos  y sin triste

plegaria  ni absurda cantinela

además del rosario por las ánimas

se asaban  en el fuego las castañas.

 

Facerlo con vosotros ya no puedo,

más, sí recodaros,  y dejar en el aire

mi susurro sin otro razonar que  recordaros 

y  enseñar  vuestras fotos a mis nietos.

 

 

Natividad Cepeda