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viernes, 24 de octubre de 2025

 


Campo de Criptana ha dedicado una de sus calles a Dolores Martínez de Madrid conocida popularmente como Lola Madrid. Mujer emprendedora en tiempos difíciles, pionera y empresaria además de un referente cultural, conocida fuera de la Villa de los molinos. Defensora del Patrimonio de los molinos y ultima molinera de Campo de Criptana. Impulsó y dio a conocer a través de la Asociación Hidalgos Amigos de los Molinos de la que fue su presidenta durante casi 50 años a la Villa de los molinos a España entera a través de la Semana Cervantina. Mujer admirada y respetada por personalidades españolas y extranjeras. Para mí, amiga querida, a la que llevo en los pliegues del alma.

Agradezco a las autoridades de Campo de Criptana, a su alcalde Santiago Lázaro, haberme invitado al acto y descubrimiento de la placa que cuenta su trayectoria humana para que las futuras generaciones la conozcan como símbolo de la mujer manchega y criptanense.

Para ella mi poema “Lola Madrid, Señora de los vientos” con toda mi admiración y cariño.

 


Lola Madrid, Señora de los Vientos

 

Desde aquel cinco de octubre de dos mil veinticuatro

los campos de la Mancha guardan silencio.

Se ha dormido la voz de una Dulcinea,

brava y tenaz,

que supo ser mujer cuando serlo era desafío.

El corazón, anegado de mosto,

llora su ausencia entre racimos vendimiados,

y por la hoja de ruta que trazó con su vida

la conocimos, la admiramos,

como se admira la arcilla que el tiempo

ha moldeado en los postigos de la existencia.

Tú, Lola Madrid, que fuiste crisol de Aldonzas y Dulcineas,

que en tu pecho albergaste la pasión

de siglos y molinos,

en tu Campo de Criptana naciste,

y allí gastaste tu vida

como quien gasta el alma en cada paso.

Señora de templos y de fervores,

de sueños que giran como aspas al viento,

mostraste al mundo entero

la nobleza de tus molinos

en la Semana Cervantina,

y nos enseñaste a mirar la Mancha

con ojos de eternidad.

¿Cómo no recordarte, Lola Madrid?

¿Cómo no rendirse ante tu estampa?

Mirando tus molinos,

sabemos que tú habitas en ellos,

que nos llamas desde su danza perpetua,

y nos congregas en la paz serrana

de tu tierra blanca y azul.

Entre los zócalos criptanenses,

ángeles del cielo juegan contigo al escondite,

y tú, molinera de los vientos siderales,

ríes con ellos, envuelta en luz.

Te escribo a ti, serrana inmortal,

para que otras generaciones te conozcan,

para que tu carácter legendario

sea testimonio y llama

de tantas mujeres de la Mancha,

de Criptana, de la vida.

Que cuando giren las aspas de tus molinos,

nos convoquen no solo al recuerdo,

sino a la acción,

y que tu coraje y perseverancia

sigan girando con ellas,

mostrándose al mundo entero

como legado de una mujer que fue viento,

raíz, y horizonte de esta tierra amada.

Se nos durmió en silencio,

llevándose en sus ojos

la mirada cálida de octubre, y el sabor de uvas en gozo,

vendimiadas con sus manos, con su temple

y su memoria, queda en la tierra su paso

y en el viento, el paso de su historia.

 

Natividad Cepeda

 


Campo de Criptana 18 de octubre de 2025: fecha en la que Campo de Criptana le dedica una calle con su nombra a Lola Madrid. Dios la tenga en su gloria.

martes, 17 de junio de 2025

«Dulcinea mito y mujer manchega por encima del tiempo» es el titulo de mi conferencia impartida en el II Coloquio Internacional Cervantino Dulcinea


Dulcinea, ese personaje literario convertido en mito femenino, ha trascendido popularmente en múltiples ocasiones, sin que la obra literaria de Don Quijote de la Mancha haya sido leída en su totalidad, a pesar de que en la obra cervantina hay mujeres fuertes y decididas que rompen con leyes y mandatos patriarcales. Mujeres poderosas en medio de una tierra despoblada y no demasiado opulenta, pero donde lo popular y anónimo ha sido camino transitado de las generaciones.


Dulcinea esta fuera de todo tiempo porque para ese personaje no hay almanaque ni calendarios su desconexión con el presente la hace universal naciendo así el mito que ella representa. Y de ese mito los artistas han creado imágenes y comparaciones con las mujeres manchegas. Dulcinea del Toboso representa el ideal de la virtud femenina, su dignidad de nobleza y su capacidad de convertir lo rustico en belleza, lo agreste en bucólico y lo fugaz en permanente

Fragmento de mi conferencia en la intervención en el II Coloquio Internacional en la Casa de la Torre del Toboso «Dulcinea mito y mujer manchega por encima del tiempo» es el título de mi conferencia impartida en el II Coloquio Internacional Cervantino Dulcinea celebrado los días 13 y 14 de junio de 2025 en la Casa de la Torre del Toboso junto al Ama de la Casa la extraordinaria Isabel Fernández y escritores y escritoras llegados desde diferentes lugares del mundo.


«Dulcinea del Toboso: mujer, personaje, mito», organizado por el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra, la Unité de recherche «Études du contemporain en Littératures, Langues et Arts» (ECLLA) de la Université Jean Monnet-Saint Étienne y la Casa de la Torre, con la colaboración de varias instituciones más.

Natividad Cepeda



lunes, 7 de octubre de 2024

Se nos ha marchado Lola Madrid Dulcinea fuerte y brava de Campo de Criptana

 



 Se durmió   cuando el día clareaba por la sierra amada y su alma se quedó detenida en las aspas de los viejos molinos criptanenses.

Se durmió llevándose en sus ojos la mirada cálida de octubre con el sabor de uvas vendimiadas y el corazón anegado de mosto.

Voló hacia la altura como ave viajera rozando el infinito alero de la vida con su pasión intacta por su amado pueblo de Campo de Criptana.

 Se nos marchó faltándole ser declarada Hija Predilecta de su tierra, Ella que la amó por encima de humillaciones y olvidos sorteando las dentelladas que le dio la vida.

Desde el cinco de octubre sobre los campos manchegos falta la voz de esta Dulcinea fuerte y brava que supo sobresalir como mujer emprendedora en tiempos donde las mujeres no eran admiradas por emprender empresas reservadas al hombre.




Anoche por las calles desiertas se enredaban voces entre las ramas de los árboles de las que se desprenden las primeras hojas del otoño y quedaba en silencio la reciedumbre de Lola Madrid por las paredes de su casa. Su piso de la calle Santa Ana tan lleno de recuerdos y cuadernos con direcciones de amigos repartidos por la geografía española e internacional.  Su estancia donde ella enseñaba las innumerables fotografías con artistas y políticos, periodistas y escritores, músicos y molineros y molineras de honor junto a hidalgos nombrados por la Presidenta y junta de la Asociación Hidalgos amigos de los molinos de Campo de Criptana, por esta Presidenta durante más de cuarenta años que nos ha dejado.  No dudo que por las estancias de su alma viajera hacia las estancias divinas se halla encontrado con el ilustre Miguel de Cervantes, fallecido también sin fama reconocida: aquél al que durante años ella depositó flores al pie de su escultura reconociéndole como ilustre escritor de la Semana Cervantina de cada año.

Anoche en el tanatorio, velando su frágil figura, Santiago Lázaro Alcalde Presidente de Campo de Criptana, le había dejado la bandera de su amado pueblo cubriéndola como reconocimiento a su valía humana. A su alrededor coronas y ramos de flores demostraban la admiración y cariño que esta noble mujer había conquistado.  Pero se nos ido sin ser reconocida como Hija Predilecta, Ella, que tanto amó cada piedra de sus molinos, cada sendero que lleva a su amada sierra y todos los entresijos de la infancia y la vejez que atesoraba su memoria. Y es que no siempre los pueblos reconocen los valores de los suyos precisamente porque andan por sus calles y luchan dejando trozos de vida por amarlos y darlos a conocer a gentes de otros lugares.




Cuando pase el tiempo y otras generaciones hurguen entre legajos descubrirán como leyenda lejana que hubo una mujer valiente y decidida que por encima de ella misma y directrices políticas, creó un foro donde a su llamada acudieron gentes de todo género para dar a conocer a Campo de Criptana, y que esa mujer era un molino abierto al mundo por su pasión y coraje para dar a conocer su cuna y linaje.

Hoy el tañer de las campanas serán lágrimas mías porque has emprendido tu viaje y tu marcha me deja un vacío inmenso, querida Lola Madrid. Mirando tus molinos sé que tú quedas en ellos entre el azul del cielo y la paz de la sierra mientras por entre el blanco y azul de los zócalos criptanenses juegan al escondite ángeles custodios de la magia manchega de estos lares y tú, sé que estas con ellos.  No te digo adiós, señora de la altura, serrana molinera de vientos siderales mientras tenga memoria seguirás a mi lado, Dolores Martínez de Madrid, entrañable amiga por la que hoy mis palabras lloran.

 

                                                                                                                                                                                                                                                 Natividad Cepeda

 https://www.cuadernosmanchegos.com/opinion/se-nos-ha-marchado-lola-madrid-dulcinea-fuerte-y-brava-de-campo-de-criptana-1146.html


https://www.miciudadreal.es/2024/10/06/se-nos-ha-marchado-lola-madrid-dulcinea-fuerte-y-brava-de-campo-de-criptana/

https://www.lanzadigital.com/opinion/se-nos-ha-marchado-lola-madrid-dulcinea-fuerte-y-brava-de-campo-de-criptana/



 

viernes, 2 de octubre de 2015

Dulcinea: amor del espíritu

La palabra siempre está viva y permanece. Sin literatura la belleza del alma estaría oculta. Y la obra literaria es una provocación que grita su autenticidad cuando al paso de los años se sigue buceando en ella.
Desde que el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha se publica en 1605 en la imprenta de Juan de la Cuesta por el editor Francisco de Robles, firmado por Miguel de Cervantes Saavedra, provoca en los lectores encuentros y desencuentros diversos, lo que indica, hasta siglos después, que la palabra escrita por Cervantes sigue vigente y viva. Y con ella los personajes que nos hacen evocar emociones difíciles de enumerar.
Dulcinea es la luz del Quijote, el polvo del aire y la piedra sagrada adonde orar y soñar sin edad y sin lugar, porque nace y vive del espíritu. Es la imagen sin mancha. La dama del medievo que puede encontrar el unicornio. La doncella que todo caballero sueña encontrar. Dulcinea es el amor que el poeta canta, el que el escritor anhela encontrar para su fama; y lo que el hombre quiso hallar en su ingenuidad primaria.
En esa línea que divide lo mortal de lo divino, Cervantes evoca a Dulcinea y la deja en el corazón del viejo caballero que sueña con alcanzar retos imposibles. Y ese reto es el amor. El amor de un antihéroe, que es don Quijote. Por eso cuando salva al desafortunado infante de nombre Andrés en el capítulo IV de la primera parte orgulloso de su hazaña le dice a Dulcinea:
“Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven sobre la tierra, ¡oh sobre las bellas Dulcinea del Toboso! pues te cupo en suerte tener sujeto y encendido a toda tu voluntad e talante a un tan valiente y tan enamorado caballero como lo es y será Don Quijote de la Mancha”
Y he aquí que se encuentra con mercaderes toledanos que van camino de Murcia a los que don Quijote con voz y ademán arrogante dice:
Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.
Los mercaderes le piden que les muestre un retrato de tan singular mujer, aunque sea un retrato del tamaño de un grano de arroz, por si fuera tuerta de un ojo y del otro le manara bermellón y piedra azufre.

No le mana, canalla infame- respondió don Quijote encendido en cólera - no le mana digo, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones; y no es tuerta ni concorvada, sino más derecha que un huso de Guadarrama. Pero vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora!
No hay en el Quijote ni una sola frase que esté escrita al azar. Miguel de Cervantes es un hombre de una amplia cultura, más, tampoco ignora que a veces hay que escribir en clave para protegerse de la censura y sus acusaciones, por lo atrevida que es siempre la ignorancia.
En todos los episodios del Quijote hay curiosas coincidencias; por ejemplo, el nombre de Toboso es también un adjetivo que significa -según la definición del Diccionario de la Lengua Española-, formado de piedra toba. Y toba -proviene del latín: tofus, piedra caliza, muy porosa y ligera. Con la piedra caliza los constructores medievales construyen las catedrales góticas. Gótico es espiritualidad que nos habla desde la piedra convertida en símbolos. Porque esoterismo es todo lo oculto. Todo lo que el ser humano iniciado en la perfección quiere encontrar: esa ansiada unión con el Todo.
Precisamente Dulcinea es un amor del espíritu, la exaltación del héroe llevada a creer y buscar una mujer inexistente, única por ser modelo de virtudes: emperatriz y doncella, es decir virgen, no manchada por hombre alguno.
Dulcinea del Toboso reina de un lugar mágico que a los ojos de los iniciados les parecerá el nombre de una aldea. Una aldea como otra cualquiera.
El Toboso, Dulcinea y Cervantes, suman el número tres. El tres desde el punto de vista de la geometría es el primer número existente, con él se forma el triángulo.
El tres es el símbolo del mundo de los fenómenos, y en el Quijote se sucede y encadenan fenómenos sin fin.
Cervantes y un gran amor que no puede ni quiere descubrir. Ama todo lo que rodea a la amada. Dulcinea mujer soñada. Mujer querida en silencio. Se enamora y por ello nace en él la admiración, más tarde la pasión y por último el amor idealizado hasta extremos novelescos.
¿O acaso todo novelista no es un fabulador que se esconde detrás de sus personajes?
Su personaje, Don Quijote, extravagante y atrevido, sí puede hacerlo.
Don Quijote ama a Dulcinea, tanto la admira que no quiere ocultarlo. Su pasión llega a querer rendir ante ella a todas las criaturas. Su Dulcinea no es una heroína belicosa, sensual o descarada. Dulcinea es más esbelta que un huso del Guadarrama, de ella mana algalia, -se refiere a un perfume hecho de almizcle y ámbar - y está entre algodones-; quiere decir al referirse que vive entre algodones que no pasa estrecheces, si no que vive con posición holgada, sin penurias.
Dulcinea es una beldad, Cervantes al definirla así, está afirmando que Dulcinea es notable por su mucha belleza. Y don Quijote la describe de hermosura sobrehumana: blancura de nieve, de alabastro su cuello, mármol su pecho, corales sus labios y dos rosas su mejillas, corales su labios y perlas sus dientes… Así son las tallas de los conventos y catedrales, las pinturas de los códices y las damas espirituales de todos los caballeros que mueren soñando con ellas. ¿Y sus ojos? Sus ojos son luz: dos soles que iluminan la existencia mostrando al caballero el camino infinito donde la muerte no tiene cabida.

Porque el espíritu no es materia y no perece. Misticismo del poeta, hijo de su momento y época. La vida no es grata, pero el alma es alta y vuela sin encontrar límites y encuentra la dulzura etérea de Dulcinea.
Dulce como la miel, suave cual pétalos de rosas, diáfana como el canto de las fuentes, como el correr del río entre fresnos y álamos…
Un huso del Guadarrama es Dulcinea: la que hila y teje, la que espera y es fiel, la que aguarda en su torre, en su casa… Y la Mancha es esa tierra por la que cruza el alma sin ataduras ni equipaje, sin fronteras ni montañas que impidan ver el horizonte…
Soñar, soñar, cuando la vida es fea, la vejez se acerca y el triunfo no llega. Volar en aras del amor, suyo, sin que nadie más lo vea.
Atisbar lo que se presiente en lugares sagrados, en lugares mágicos de una tierra que guarda misterios, leyendas, cuevas y almenas desmochadas, curanderas y sanadoras calladas, mientras tejen la lana y el lino…
Dulcinea de mirada soñadora en la pequeña aldea ignorada, bajo la paz de los granados y el roturar de campos labrados.
¿Quién no sueña cuando se ha pasado tanto tiempo en tierras herejes? ¿Cuándo se ha encontrado con garfios y argollas, cárceles y encierros, sinsabores en ventas y caminos…? Miguel de Cervantes sabe de todo eso y don Quijote no quiere morir sin soñar con su musa.
Un amor que no pesa es Dulcinea, que no mancha ni estorba, que se la conoce por su buen obrar, un tesoro de virtudes y discreción. Mito de leyenda engarzada en una aldea mítica El Toboso, tendida al sol entre el tañer de campanas y tolerancia de vecindad. Profana y religiosa en medio de una corte que se desmorona perdiendo poder y riqueza mientras, los místicos son encarcelados, perseguidos, y los trúhanes campan libres.
Pesa la vida en el escritor y también en el romántico Quijote.
Sin la melancolía en la que se sumerge el caballero no podría ver a su princesa. Tampoco a la aldea de nombre musical donde el agua surge y huye según el tiempo de lluvias o sequía.
Cervantes conoce la tierra de la que escribe. Conoce su gente con sueños imposibles, y su espíritu soñador a pesar de la pobreza y constante esfuerzo. Esquivias no está tan lejos y Catalina de Salazar es la mujer que siempre espera.
Por las plazas de aldeas y villas llegan haraposos juglares a cantar trovas, se sientan en los quicios de mesones, en los atrios de iglesias y conventos, recitan y ensalzan leyendas de viejas batallas y de amores palaciegos…y mientras son escuchados las gentes sueñan. Miguel de Cervantes conoce a esa gente y escribe. Cuando al amor de la lumbre un letrado lee, y los demás escuchan las aventuras de don Quijote y Dulcinea, todos se sienten protagonistas de la historia.
Por los caminos y veredas pasan arrieros, frailes, monjas y escribanos, mercaderes, rebaños y mozas casaderas que sueñan con ser princesas mientras rezan en la iglesia frente a la parpadeante luz de las velas. Dulcinea, Dulcinea, etérea y blanca como la nieve, como las vírgenes de los retablos, como los sueños que no se muestran.
Cabellos de oro, dientes de perlas, pecho de mármol, cuello de alabastro, así duermen las damas en los palacios, todas, menos la emperatriz de aquella aldea; y la mente vuela y el espíritu de Dulcinea se agranda y se expande como las nubes que cruzan raudas junto a las aves, como los pámpanos de las viñas en el otoño.
Alguna vez, frente a la tarde creo escuchar sus pasos: los pasos de los amantes. Cuando en el horizonte veo dos soles, pienso, que bien pueden ser sus ojos; sus miradas eternas y universales que me contemplan sin yo saberlo.




                                                                                               Natividad Cepeda




Ponencia del XII Congreso de la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha sábado 18 de octubre de 2014 en El Toboso (Toledo)

Se ha presentado por parte del alcalde Marciano Ortega y la concejal de Cultura y Turismo, Pilar Arinero, el cartel y programa del XII Congreso de la Asociación de Escritores Castilla La Mancha a celebrar el próximo sábado 18 de octubre en El Toboso.
En el Congreso se desarrollarán trece ponencias con catorce escritores y poetas, con temas desde la historia de edificios toboseños, como poesía a Dulcinea, la música en el Quijote y presentación de nuevos documentos que relación, que vinculan más a Cervantes con El Toboso.
Participarán los poetas y escritoras como Francisco de la Torre-Diaz , Navitivad Cepeda, Alfredo Villaverde, Nicolás del Hierro, Juan Jiménez, Almudena Mestre, Luis F. Leal, Francisco Castañón, Tomás Perales, Miguela del Burgo, Antonio Herrera, Francisco Javier Escudero e Isabel Sánchez y el toboseño Ricardo López.
Se desarrollará a partir de las once de la mañana en la histórica Sala Domus Artis, edificio sobrio del siglo XVII, las antiguas caballerizas pertenecientes al Convento de las Monjas Trinitarias hasta la desamortización de Mendizábal.

lunes, 27 de julio de 2015

La voz de los almendros

 Dulcinea, mito y leyenda convocada
para encontrar la dicha. Torre de amor
incendiada  de luz. La que cantan los niños.
La que derrama infinita  paz sobre su aldea.
Hermoso jardín de un hombre en su otoño.
Por tu amor se hizo vagabundo.
Ausente de su origen, con su triste sonrisa,
confesó sin rubor amarte,
y se hizo peregrino del Toboso siglo a siglo.
Dulcinea,  te llamó;princesa de agua y miel.
Surtidor de esperanza,
cielo y santuario del ideal soñado que silba
rauda por esta geografía cual primitiva música.
Te busca el caballero,
temblándole los huesos al soñarte.
Te convoca con su frágil figura
de misterio para besarte, cuando el horizonte
se corona de rojo y prorrumpe como un destello
de amapolas fugaces  por tu casa y tu pueblo:
Cabalga bordeando paredes y veredas
con el ansia prendida  en Rocinante
a buscar de tus labios,el amor arraigado que no cesa.
Llovizna por la Mancha,  moja al Hidalgo
que a galope construye un sueño en el paisaje.
Piedra filosofal
y mar de amor es don Quijote,
silencio virgen que aroma a los amantes, cósmico 
y azul cabalgando entre pozos, viñas y sembrados
en busca del Toboso eternamente.
Y Dulcinea en éxtasis lo espera. Rumorosa lo llama:
Ven  amor, ven hasta mi aldea, besa mis manos
y mis ojos,  mi boca de lumbre y toda mi envoltura…
Ven, repiten los almendros en un rito de amor no concluido.


                                                                                                     Natividad Cepeda



Poema del libro "Dulcinea, flor de ocho pétalos" presentado  en  El Toboso 27/04/2015

Arte digital: N. Cepeda

martes, 31 de marzo de 2015

POR LAS VIEJAS PAREDES


                     











Cubre  el silencio la casa cada noche cuando la luna sale
a mirar en el patio los aperos, allí  arrinconados,
que palpan el vacío y la melancolía de un ayer y su historia.

Por las viejas paredes las sombras alzan su denso desvarío
entre tantos recuerdos que regresan heridos de añoranzas.
Vuelven las minúsculas partículas de algún sueño imposible
a posarse en las trébedes de añeja remembranza. En la trilla,
que se quedó sin  sus zagales, sin sus niños morenos
que olían a verano y a polvo, a ese polvo de paz de los caminos.

Por la noble cocina, en la noche, parece  que el aroma del queso
y los apaños de la matanza hecha por San Andrés, envuelve
la amplia estancia, desde las vigas, a las orzas, de panzas
estragadas;  y en el fuego, los leños que no arden,  con su mutis
de siglos, cree alojar en el humero de la ancha chimenea
los chorizos que secan, y la negra morcilla que gotea su grasa.

Todo queda callado y, sin embargo, en la artesa si se escucha
ese susurro que la gente confunde con silencio.
Se perciben las manos que amasan el pan,
como la masa es volteada al aire
aunque nadie se ve por las estancias ni por los rincones.
                                                                       
Luna de abril en El Toboso al borde de unos ojos de viento.
El viento que si conoce la vieja leyenda de un amor amable
y tan dulce como la miel de las colmenas de alto monte.
Alto como el olivar azul que mece entre sus ramas a la luna.

La casa tiene un corazón doblado en sí mismo que se expande
por la geografía del término del pueblo, y que late, 
aguardando por detrás de los campos labrados 
que vuelvan golondrinas a los nidos vacíos de los viejos tejados,
que presagian en vilo la ternura que envuelve los muros,
y el matiz de hermosura que el tiempo ha retenido
latiendo entre los días y las noches.

                                                                                                Natividad Cepeda   



Poema del libro  “Memorial de amor y leyenda” Editorial Hipálage

                                                            
Arte digital: N Cepeda







jueves, 11 de abril de 2013

A mi Señor: Don Quijote de la Mancha



 
         Mi Señor Don Quijote:
                                             Habéis de saber que jamás tendré otro caballero que no seáis Vos. Lo reitero en ésta carta que comienza sin fecha ni día, porque todo el amor me irrumpe como un campo de amapolas en mayo.
Todos saben que mi nombre es Dulcinea; dama de mi Señor, al que también se le conoce como el Caballero de la Triste Figura, el mayor defensor de los oprimidos, el único idealista que no se cansa de cabalgar por encima del tiempo para imponer justicia allá donde no la hay.
Vos, no ignoráis que solo nací para amaros y ser amada por vos.
Sin vuestro nombre en mis labios mi existencia no tendría razón de ser.

Los dos nos hallamos en un espacio sin tiempo terrenal, inermes, ante la profunda sed de nuestro amor.
Dicen los muchos viajeros que sois un loco echado a los caminos para desfacer entuertos, que de tan locura estáis llenos que se duda de mi existencia. Pero mi Señor; los rumores de nuestro amor se extienden como polen y son muchos,
 -mujeres y hombres- los que nos envidian. Tú eres para mi distancia y tiempo de geografía dilatada, y se condensa mi amor por detrás de la tarde y, fugitiva de lo que me rodea, me interno en tu voz y en tu figura  masculina. 
Así, te imagino cansado, detenido al repecho de un derrumbado hastial, mientras nuevos y jóvenes lectores dejan sus libros de texto y leen tus aventuras.
Yo en estos días de comunicación desorbitada y febril, donde la prensa, destaca las muchas muertes de mujeres a manos de malos hombres, me refugio en tu conmovedor amor y cierro mis ojos para guardar dentro de mi soledad vuestra mirada.
Me enamoré del azul transparente de las tardes manchegas hace ya mucho tiempo: dicen que la Mancha es un mar de llanura por donde los sueños navegan...  como perdida me quedo desmigando nuestros muchos naufragios, mirando la ciudad con los rostros que en ella deambulan. Todo cabe entre sus paredes y sus calles, el deseo de recibir una caricia sin testigos frente a la tarde que adolece de luz. Y en el juego de luces crepusculares dejar que vuestra ausencia se desvanezca y me asistan vuestras manos, su tacto  y su temblor, sentirlas por mi piel  como una procesión de estrellas primerizas.

Por eso ahora turbada, llena de eternidad y de misterio escribo esta carta empapada de tiempo. Tiempo cosido a tus aventuras, a la inmensidad de tus hazañas, a tu doliente grito enfrentado a tanto malandrín que puebla nuestro mundo, y nos mancha la dignidad, y nos ensucia  la alacena cuando desde la televisión, nos dicen que la sangre de un cuerpo de mujer ha vuelto a oscurecer el sol.
Yo, que solo por vuestro amor fui llamada bella, emperatriz y señora, princesa y dama a la que desde entonces cantan los trovadores y poetas, os escribo desde la niebla de los días, entre este jirón de vida que nos asiste, y nos hace coincidir en este nuevo siglo, para así demostrar que los milagros aún son necesarios y precisos, porque sin ellos el camino al futuro sería un triste funeral, una tumba donde ni la yerba crecería porque se me hiela la sangre ante  tanta miseria y destrucción.

Mi buen amor, mi señor, don Quijote, en estos días os digo que me siento como un ángel sin alas, roto, y cubierto de sangre que me llama y reclama, que os suplique, que por Dios, vengáis de donde estéis a defender a tantas pobres mujeres maltratadas, ultrajadas, vejadas, violadas, asesinadas como si el fruto de aquella manzana primigenia aún nos pasara cuentas... Sé que solo vos, defenderéis a esas damas sin hacerles preguntas, sin repasar sus vidas, sin pensar que alguna se lo tenía merecido.
¡Oh, Dios! no sé,  las que ahora están amenazadas dónde podrán hallar cobijo. No lo sé, y me siento yo misma por ellas perseguida, y me duele la memoria de pensar en tantos nombres olvidados, y me tiemblan las manos cuando rezo por ellas...
Por eso mi señor don Quijote, os escribo esta carta, que sin fecha ni dirección os mando, para así calmar mi dolor y mi impotencia, y siento que por mis venas galopan el miedo y el dolor que junto a mi corazón llora por tanto amor asesinado. Cuando la recibáis, Señor Hidalgo, no dudéis en volver del más allá, las damas de hoy en día os reclamamos vuestra ayuda, y no es que todos los hombres sean malvados y perversos, no señor, pero algo de valentía y de coraje, sí que les falta para de una vez por todas acabar con  tantas muertes y hacer causa común y no mirar para otro lado...

Venir, mi amor, para no tener ángeles negros en los labios  dejándolos helados: para  derretir al frío;  este frío que cada día es más frío y tenebroso.

Venir, para dejar en las manos de las mujeres ramos de flores. Flores que sean recibidas por ellas, como tributo de amor, y no sean flores de mortaja y de adiós. Llegar,  para que esta arisca realidad termine, para que en la besana de la vida el luto no se convierta en algo cotidiano.
De verdad mi Señor, que ahora más que nunca necesito vuestros brazos, dejarme abandonada en vuestro pecho, escucharos, hablar, y comprender, que la nobleza de la estirpe masculina aún persiste, porque quiero volver a amar y en el rellano de mi sangre no sentir la violencia de la muerte; sentir que el amor es poderoso y que gracias a él  los buitres infernales del crimen  se disipan.
                                                                             Al borde de vuestro amor y mi esperanza esta mujer a la que llaman Aldonza y Dulcinea os  espera.


Abril:
en homenaje a Miguel de Cervantes.


                                                                                                    Natividad Cepeda 

Arte Digital: N. Cepeda

sábado, 16 de junio de 2012

A José María Casasayas


A José María Casasayas lo conocí a través de Isabel Fernández, Ama de la Casa de la Torre. Anteriormente conocía su trayectoria y su obra pero no había tenido el placer de conocerle personalmente.

La primera conversación la mantuvimos por teléfono y me relató con la mayor ilusión y entusiasmo de adolescente intrépido que en julio de ese mismo año - verano de 2000 - vendría hasta El Toboso para velar las armas en la Casa de la Torre por la noche, reencarnando a D. Quijote, y posteriormente ser armado caballero por el ventero y los mozos; pero que además él soñaba y requería mi presencia como Dulcinea que era, de la Casa de la Torre, para que le acompañara junto al pozo en la veladura de las armas.

Reconozco que la petición me sorprendió y a pesar de mi asombro acepté.

Para esa noche extraordinaria él había escrito una declaración de amor a Dulcinea, y yo a mi vez tenía que contestarle con otra misiva.

Así de esta manera inusual yo me metí en la piel de Dulcinea y una noche de verano del mes de julio fuimos acudiendo a la cita desde diferentes puntos de España para coincidir en el patio del pozo de la Casa de la Torre.

Los componentes de la Compañía de teatro de Angulo el Malo de El Toboso, dieron vida al ventero y las mozas de partido doña Tolosa y doña Molinera, y el público sentado a un lado del patio y la galería asistían en silencio como testigos de excepción a aquel acontecimiento.

La noche se cubrió de un misterioso silencio y las estrellas se asomaron al patio para ver a José María cubierto de su armadura celada baja y lanza en mano firme junto al pozo y sin inmutarse.

Los actores vestidos a la usanza de la época, parecían sacados de las mismas páginas del Quijote, y yo emocionada asistía sentada en una jamuga, sosteniendo en una mano un pañuelo de fino encaje y en la otra los pliegos de mi carta, pensando que aquello era un sueño y no una realidad.

Solo se escuchaban nuestras voces en el recóndito silencio de la noche y vagamente sentí que la emoción me embargaba y desaparecían todos por un instante, cuando Casasayas convertido en Quijote me miraba cayendo un mechón de pelo blanco en su frente, mientras leía su carta de amor a Dulcinea que en ese momento de transito irreal era yo.

Puedo asegurar que la noche y los asistentes quedaron extasiados y fuera de la realidad más absoluta. Aquello sucedió porque hay constancia fotográfica y muchos amigos que de ello pueden dar fe, yo al día de hoy sigo pensando que algo mágico y extraordinario paso aquella noche.

Recuerdo que cuando yo empecé a leer mi carta, el reloj de la torre de la iglesia dio la hora, al unísono y tan fuerte como las campanadas latía mi corazón, mis palabras se perdían en la noche y bajaban hasta el agua del pozo para ser bautizadas en el acto cervantino más romántico del mundo.

El 27 de Septiembre 2004 se marcho el romántico y tenaz “Quijote” que fuera Don José María Casasayas, a encontrarse con la insondable infinitud de lo eterno, y a buen seguro con el intrépido y querido Miguel de Cervantes.





Aquí en la Casa el Ama Isabel, guardesa de tantos sueños, sigue contando a los caminantes las mágicas cosas que han acontecido y los amigos del Hidalgo con tanto cariño hemos compartido. Las campanas con sus latidos siguen marcando las horas en el idílico lugar donde “media noche era por filo cuando don Quijote y Sancho entraron en El Toboso”





En ocasiones yo retorno a vivir aquella noche mágica, donde la fantasía y la realidad se mezclaron y donde supe sin quedarme duda alguna, que don Quijote y Dulcinea seguían existiendo en esta tierra única y sin fronteras de La Mancha.

                                                                                                                                      Natividad Cepeda


En Tomelloso y Febrero de 2005

"In memoriam" Josep María Casasayas Truyols
Homenaje desde la Casa de la Torre

Fotos: Casa de la Torre. Arte digital: N. Cepeda