Mostrando entradas con la etiqueta calles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta calles. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de abril de 2026

Oración a María Santísima Dolorosa del mundo

 


Si hoy vengo hasta Ti,
Paraíso de amor, Aurora que precede al día,
es para renacer a la sombra de tu mirada
y, al contemplarte, dejar atrás
los propósitos viejos
que mi fragilidad no alcanza a cumplir.

Si hoy vengo hasta Ti,
Madre del Dios vivo y Sagrario del Verbo eterno,
es para acoger tu dolor en lo más hondo del alma
y elevar hacia el cielo
un rosario tejido de súplicas y estrellas.
Tú, la más bella entre todas las criaturas,
armonía del cosmos y reflejo de la gloria divina.

Te suplico que las horas de tu angustia
sean rosas ofrecidas en sacrificio,
con espinas que no hieran ya tu corazón
traspasado por siete espadas, sino el mío,

estas manos pobres que imploran misericordia
por los pecados de un mundo endurecido,
un mundo que olvida la Pasión de tu Hijo.

 

Oh, Madre, la más hermosa,
Esperanza de los pueblos,
María Dolorosa,

Madre de los Dolores,
luz que no se apaga,
y resplandor de todos los soles.

Cuando avanzas entre nosotros
con los ojos anegados de lágrimas,
las calles te contemplan y lloramos contigo,
en este Viernes Santo, mi viernes de dolor.
Ante Ti, en silencio postrado.

 

Madre de la Azucena del jardín de la vida,
sigues los pasos de tu Hijo, Jesús el Nazareno,
con la cruz invisible en tu alma,
mientras el madero hiere y no hay cireneos

suficientes para aliviar el peso de los pecados
que la Justo carga hasta el Calvario.

María Dolorosa,
la que cada Viernes Santo
recorre ciudades y corazones
envuelta en luto esperando,
que el mundo se convierta
y reconozca el Amor del Crucificado.

Lloran tus ojos, Señora,
y del velo de tus lágrimas
brota el arco iris de la promesa de amarnos.
Yo no sé consolarte; solo sé orar,
pequeña y temblorosa ante tu inmensidad.

Virgen de los Dolores,
Madre de todos los dolores del mundo:
los esparcidos por los continentes heridos,
los ocultos en los pueblos llagados,
los de los cristos pequeños y olvidados
que Tú conoces por su nombre y amas.

Señora de los barrios pobres y humillados,
de los que nadie mira ni defiende,
sé que estás con ellos, que lloras con ellos,
y que tus lágrimas
son rocío del cielo sobre nuestras penas.

Cuando llegue la aurora

y todo quede en silencio,
Madre del Crucificado,

me quedaré contigo en vela,
compartiendo ese dolor que nos deja exhaustas,
esperando en oración
a que despunte el alba
y, en la Resurrección,
encuentre tu abrazo y el perdón de mis culpas.

 

María Dolorosa, bendícenos,
Madre del mundo herido,
reparte por doquier el sendero posible

de hacernos peregrinos y llegar a tu Hijo,

mi Cristo Redentor; estamos esperándote 

por las calles de este pueblo manchego,

por las calles del mundo,

Santa María, para que nos conduzcas

a la estela de Dios.

                                                                    Natividad Cepeda

 

 Viernes Santo: Semana Santa que celebramos los cristianos. En España con nuestras tradiciones de oración comunitaria en nuestras iglesias y procesiones que son catequesis para el pueblo que lo vive apasionadamente. Fe y tradición. Y semana santa en las calles del mundo con todo el dolor de las tragedias que existen. 


domingo, 15 de marzo de 2026

El mundo desde la ventana

 


Amanece la luz entre mis párpados y escucho el rumor de la calle. Y, como si nada me asistiera, entre las voces de la muchedumbre viene el tumulto de noticias que traen los teletipos.

Parece que están cerca los sucesos sangrientos de las masacres cometidas en la arena de las playas del mundo y en las plazas de las ciudades del mundo.

Desde mi ventana veo que se ha empezado a secar mi esparraguera, esa a la que yo llamaba la loca de la casa porque le dio por crecer y crecer, y parecía que se había comido una dosis alta de vitaminas. Y ahora, de pronto, se ha empezado a secar y la miro y no lo comprendo.

Alguien me ha dicho que quizás le han hecho mal de ojo, y yo sonrío pensando que no es posible, y dejo que la esparraguera siga secándose porque, aunque me da tristeza verla, no es nada comparado con las tragedias que escucho a diario.

En el bar que hay en la otra esquina hay dos parejas tomando unas cervezas y dos perros esperan sentados a sus pies, con ojos aburridos. Conviven entre el piso y la calle y el paseo diario que les dan, pero se ve que los animales no tienen alegría.

¿Dónde —me pregunto— quedaron aquellos perros que pasaban ladrando alegres por la calle, sin trajes comprados ni cuerdas amarradas a las manos de sus dueños? No existen.

Ahora, de pronto, en las calles hay muchos perros de todos los tamaños caminando con sus cuatro patas impolutas y defecando en cualquier sitio de la acera, y sus dueños, como haciendo el favor de ser cívicos, sacan una botellita de agua y echan un chorrito en la meada y con eso dan el asunto por resuelto.

No reconozco a mi país ahora. No sé lo que ha sucedido, o yo he olvidado que los almendros florecen a lo lejos y que los árboles son solo árboles plantados en macetas donde no pueden anidar los pájaros porque ahí no se sostienen sus nidos.

No sé lo que sucede. Me cansa escuchar la violencia de cerca y de lejos y parece que a esta sociedad se le ha puesto un cíngulo que la aprieta y la soba, y están todos —bueno, casi todos— rabiosos y enfadados, y critican y hieren a quienes no somos sus iguales.

Ahora, de pronto, he visto a personas vestirse de animales y caminar a cuatro patas y ya no sé si en los pináculos del día hay un genio maligno que todo lo enmaraña, y de esa estupidez nace el odio y la contienda.

Y por eso hay tantos cíngulos quebrando la armonía y parece que, de pronto, el mundo va a estallar y yo aquí, mirando a mi esparraguera, que se ha cansado de crecer y se muere como si formara parte de esa escalada de terror y miseria.

Texto y fotografía Natividad Cepeda©

lunes, 7 de octubre de 2024

Se nos ha marchado Lola Madrid Dulcinea fuerte y brava de Campo de Criptana

 



 Se durmió   cuando el día clareaba por la sierra amada y su alma se quedó detenida en las aspas de los viejos molinos criptanenses.

Se durmió llevándose en sus ojos la mirada cálida de octubre con el sabor de uvas vendimiadas y el corazón anegado de mosto.

Voló hacia la altura como ave viajera rozando el infinito alero de la vida con su pasión intacta por su amado pueblo de Campo de Criptana.

 Se nos marchó faltándole ser declarada Hija Predilecta de su tierra, Ella que la amó por encima de humillaciones y olvidos sorteando las dentelladas que le dio la vida.

Desde el cinco de octubre sobre los campos manchegos falta la voz de esta Dulcinea fuerte y brava que supo sobresalir como mujer emprendedora en tiempos donde las mujeres no eran admiradas por emprender empresas reservadas al hombre.




Anoche por las calles desiertas se enredaban voces entre las ramas de los árboles de las que se desprenden las primeras hojas del otoño y quedaba en silencio la reciedumbre de Lola Madrid por las paredes de su casa. Su piso de la calle Santa Ana tan lleno de recuerdos y cuadernos con direcciones de amigos repartidos por la geografía española e internacional.  Su estancia donde ella enseñaba las innumerables fotografías con artistas y políticos, periodistas y escritores, músicos y molineros y molineras de honor junto a hidalgos nombrados por la Presidenta y junta de la Asociación Hidalgos amigos de los molinos de Campo de Criptana, por esta Presidenta durante más de cuarenta años que nos ha dejado.  No dudo que por las estancias de su alma viajera hacia las estancias divinas se halla encontrado con el ilustre Miguel de Cervantes, fallecido también sin fama reconocida: aquél al que durante años ella depositó flores al pie de su escultura reconociéndole como ilustre escritor de la Semana Cervantina de cada año.

Anoche en el tanatorio, velando su frágil figura, Santiago Lázaro Alcalde Presidente de Campo de Criptana, le había dejado la bandera de su amado pueblo cubriéndola como reconocimiento a su valía humana. A su alrededor coronas y ramos de flores demostraban la admiración y cariño que esta noble mujer había conquistado.  Pero se nos ido sin ser reconocida como Hija Predilecta, Ella, que tanto amó cada piedra de sus molinos, cada sendero que lleva a su amada sierra y todos los entresijos de la infancia y la vejez que atesoraba su memoria. Y es que no siempre los pueblos reconocen los valores de los suyos precisamente porque andan por sus calles y luchan dejando trozos de vida por amarlos y darlos a conocer a gentes de otros lugares.




Cuando pase el tiempo y otras generaciones hurguen entre legajos descubrirán como leyenda lejana que hubo una mujer valiente y decidida que por encima de ella misma y directrices políticas, creó un foro donde a su llamada acudieron gentes de todo género para dar a conocer a Campo de Criptana, y que esa mujer era un molino abierto al mundo por su pasión y coraje para dar a conocer su cuna y linaje.

Hoy el tañer de las campanas serán lágrimas mías porque has emprendido tu viaje y tu marcha me deja un vacío inmenso, querida Lola Madrid. Mirando tus molinos sé que tú quedas en ellos entre el azul del cielo y la paz de la sierra mientras por entre el blanco y azul de los zócalos criptanenses juegan al escondite ángeles custodios de la magia manchega de estos lares y tú, sé que estas con ellos.  No te digo adiós, señora de la altura, serrana molinera de vientos siderales mientras tenga memoria seguirás a mi lado, Dolores Martínez de Madrid, entrañable amiga por la que hoy mis palabras lloran.

 

                                                                                                                                                                                                                                                 Natividad Cepeda

 https://www.cuadernosmanchegos.com/opinion/se-nos-ha-marchado-lola-madrid-dulcinea-fuerte-y-brava-de-campo-de-criptana-1146.html


https://www.miciudadreal.es/2024/10/06/se-nos-ha-marchado-lola-madrid-dulcinea-fuerte-y-brava-de-campo-de-criptana/

https://www.lanzadigital.com/opinion/se-nos-ha-marchado-lola-madrid-dulcinea-fuerte-y-brava-de-campo-de-criptana/



 

lunes, 16 de septiembre de 2024

Carta a Don Quijote

 





A mi Señor: Don Quijote de la Mancha.

 

 

         Mi Señor Don Quijote:

                                             Habéis de saber que jamás tendré otro caballero que no seáis Vos. Lo reitero en esta carta que comienza sin fecha ni día, porque todo el amor me irrumpe como un campo de amapolas en mayo.

Todos saben que mi nombre es Dulcinea; dama de mi señor, al que también se le conoce como el Caballero de la Triste Figura, el mayor defensor de los oprimidos, el único idealista que no se cansa de cabalgar por encima del tiempo para imponer justicia allá donde no la hay. Vos, no ignoráis que solo nací para amaros y ser amada por vos. Sin vuestro nombre en mis labios mi existencia no tendría razón de ser. Los dos nos hallamos en el espacio sin tiempo terrenal, inermes ante la profunda sed de nuestro amor. Dicen los muchos viajeros que sois un loco echado a los caminos para desfacer entuertos, que de tan locura estáis lleno que se duda de mi existencia. Pero mi señor; los rumores de nuestro amor se extienden como polen y son muchos, -mujeres y hombres- los que nos envidian.

Tú eres para mi distancia y tiempo de geografía dilatada, y se condensa mi amor por detrás de la tarde y, fugitiva de lo que me rodea me interno en tu voz y en tu figura concreta y masculina. 

Así, te imagino cansado, detenido al repecho de un derrumbado hastial, mientras nuevos y jóvenes lectores dejan sus libros de texto y leen tus aventuras. Yo en estos días de comunicación desorbitada y febril, donde la prensa, destaca las muchas muertes de mujeres a manos de malos hombres, me refugio en tu conmovedor amor y cierro mis ojos para guardar dentro de mi soledad vuestra mirada. Me enamoré del azul transparente de las tardes manchegas hace ya mucho tiempo: dicen que la Mancha es un mar de llanura por donde los sueños navegan... así como perdida me quedo desmigando nuestros muchos naufragios, mirando la ciudad con los muchos rostros que en ella deambulan.

Todo cabe entre sus paredes y sus calles, el deseo de recibir una caricia sin testigos, así, frente a la tarde que adolece de luz. Y en el juego de luces crepusculares dejar que vuestra ausencia se desvanezca, y me asistan vuestras manos, su tacto y su temblor sentirlas por mi piel como una procesión de estrellas primerizas. Por eso ahora turbada, llena de eternidad y de misterio escribo esta carta empapada de tiempo. Tiempo cosido a tus aventuras, a la inmensidad de tus hazañas, a tu doliente grito enfrentado a tanto malandrín que puebla nuestro mundo, y nos mancha la dignidad, y nos ensucia la alacena cuando desde la televisión nos dicen que la sangre de un cuerpo de mujer a vuelto a oscurecer el sol.

Yo que solo por vuestro amor fui llamada bella, emperatriz y señora, princesa y dama a la que desde entonces cantan los trovadores y poetas, os escribo desde la niebla de los días, entre este jirón de vida que nos asiste, y nos hace coincidir en este nuevo siglo, para así demostrar que los milagros aún son necesarios y precisos, porque sin ellos el camino al futuro sería un triste funeral, una tumba donde ni la yerba crecería porque se me hiela la sangre ante tanta miseria y destrucción.

Mi buen amor, mi señor, don Quijote en estos días os digo que me siento como un ángel sin alas, roto, y cubierto de sangre que me llama y reclama, que os suplique, que, por Dios, vengáis de donde estéis a defender a tantas pobres mujeres maltratadas, ultrajadas, vejadas, violadas, asesinadas como si el fruto de aquella manzana primigenia aún nos pasara cuentas... Sé que solo vos, defenderéis a esas damas sin hacerles preguntas, sin repasar sus vidas, sin pensar que alguna se lo tenía merecido. ¿Oh, Dios! no sé, a las que ahora están amenazadas dónde podrán hallar cobijo. No lo sé, y me siento yo misma por ellas perseguida, y me duele la memoria de pensar en tantos nombres olvidados, y me tiemblan las manos cuando rezo por ellas...

Por eso mi señor don Quijote, os escribo esta carta, que sin fecha ni dirección os mando, para así calmar mi dolor y mi impotencia, y siento que por mis venas galopan el miedo y el dolor que junto a mi corazón llora por tanto amor asesinado. Cuando la recibáis, Señor Hidalgo, no dudéis en volver del más allá, las damas de hoy en día os reclamamos vuestra ayuda, y no es que todos los hombres sean malvados y perversos, no señor, pero algo de valentía y de coraje, sí que les falta para de una vez por todas acabar con tantas muertes y hacer causa común y no mirar para otro lado...

Venir mi amor para que dejen de haber ángeles negros en los labios que hoy hay sólo frío. Venir para dejar en las manos de las mujeres ramos de flores. Flores que sean recibidas por ellas, como tributo de amor, y no sean flores de mortaja y de adiós. Llegar para que esta arisca realidad termine, para que en la besana de la vida el luto no se convierta en algo cotidiano. De verdad mi Señor, que ahora más que nunca necesito vuestros brazos, dejarme abandonada en vuestro pecho, escucharos, hablar, y comprender, que la nobleza de la estirpe masculina aún persiste, porque quiero volver a amar y en el rellano de mi sangre no sentir la violencia de la muerte; sentir que el amor es poderoso y que gracias a él los buitres infernales del crimen se disipan.

                                                                             Al borde de vuestro amor y mi esperanza esta mujer a la que llaman Aldonza y Dulcinea os espera.

                                                                                       Natividad Cepeda

 

Febrero, mes de la fiesta del amor, del año de gracia de 2004: carta premiada en el Certamen de La Casa de la Torre de El Toboso(Toledo)

domingo, 4 de agosto de 2024

No me neguéis un mundo en paz


 

No me neguéis un mundo en paz

 

 

Buscar la armonía del universo

y encontrareis el TODO de la vida.

Las calles son paisajes urbanos

por donde circulan muchas vidas...

Dejemos paz en ellas.

Hablo de las calles del mundo

y hablo de mis hijas y de sus hijos…

Hablo de los que somos gentes

sin espadas, sin puñales ni poder…

Buscar a los que trabajan

para vivir en paz en cada amanecer

y encontrareis calles de pueblos

y aldeas diminutas, de los barrios

de populosas urbes y ciudades

donde la vida nace cada día;

donde sueñan las gentes horizontes

en ventanas abiertas a la vida.

 

No me digáis que no es posible

que todos esos sueños sean quimeras

viajando en los vientos del olvido

sin retorno posible hasta nosotros.

 

No me neguéis que puede haber

mañana un mundo sin guerra,

sin hambre y sin miseria sobre

los planos del universo de la Tierra,

 

 

                                        Natividad Cepeda

 

jueves, 20 de octubre de 2022

Monumento al Holocausto Judío en Berlín

 

 


Estuve allí parada y en silencio mirando el Monumento al Holocausto. Pensaba en el horror de la guerra. De cualquier guerra de las de ayer y de las que ahora asolan las vidas de miles de personas. Estuve allí, en Berlín, lo descubrí cuando iba andando en busca de la Puerta de Brandeburgo una mañana que salí del hotel para evitar pensar en el miedo que sentía sin decírselo a nadie.

Berlín es tan grande, tan inmenso que no se le conoce nunca. Yo andaba y sin darme cuenta al llegar la noche en mi móvil tenía quince kilómetros de andadura. Así un día y otros sumando kilómetros y días, haciéndome la prueba del Covid 19 para poder traspasar la puerta de un hospital para ver a mi hija. Andaba por las interminables  calles de esa  ciudad europea haciendo hora para ir por la tarde al hospital.      A veces me sentía sonámbula, como si yo no estuviera allí. Añoraba mi pequeño pueblo en mitad de una meseta plantada de viñedos… El río Spree era hermoso y al pasar por él lo miraba ansiosa de llevarme su recuerdo húmedo a mi tierra tan seca y  bella. Me detenía en sus puentes y canales y no podía evitar pensar en todo lo que allí ocurrió antes de que yo naciera.

Anteriormente ese monumento  lo había visto en videos y fotografías pero nada es comparable a verlo allí, tocando sus tumbas, andando entre ellas y sintiendo el dolor  del sufrimiento y de la muerte dictada por seres humanos para infligirla a otros seres humanos igual a ellos.   Bloques de hormigón grises, fríos, desnudos sin cruces, sin flores solo con el dolor del drama y la tragedia salpicados de recuerdos a diferentes alturas como si quisieran representar a esos millones de personas altos y bajos, viejos y niños, mujeres y hombres masacrados, torturados por seres igual a ellos. Hay 2.711 bloques de sepulturas formando un laberinto extraño y triste. Me quedé allí primero mirando, después tocando con respeto y reverencia a aquellos bloques que gritan nombres y más nombres de  mártires alemanes..

Confieso que a un no he podido olvidar aquella sensación de impotencia por lo sucedido. Y tampoco ahora comprendo la guerra de Rusia en contra de Ucrania, y me pregunto ¿Acaso no han ocurrido ya, demasiadas guerras para tener que empezar otra?

El  Monumento al Holocausto  es un recordatorio de lo que no se debe volver a hacer. De poco ha servido porque a fecha de hoy 20 de octubre de 2022 las guerras prosiguen

 

 

Natividad Cepeda

jueves, 11 de febrero de 2021

A las diez de la noche toque de queda


Al caer la tarde la gente sale a la calle y se la ve yendo de aquí para allá sumergida en unos pasos sin prisa como queriendo alargar las horas. A las nueve de la noche todavía están las tiendas abiertas en espera de que se venda algo porque la pandemia ha enfriado las compras.

En las calles principales, como son las calles  Socuéllamos, de Don Víctor Peñasco, Doña Crisanta Moreno, paseo de Don Antonio Huertas y Avenida Juan Carlos I, hay viandantes paseando o haciendo la llamada ruta del colesterol, para quemar calorías, porque hasta los gimnasios están cerrados y también las piscinas y los bares, restaurantes, casinos…Solo las iglesias con un aforo del treinta o el cuarenta por cien están abiertas y se ofician misas y los asistentes son pocos y escasos. La última eucaristía  es la de la Plaza de España en la Iglesia de los siglos XVI bajo la advocación de la Asunción de Nuestra Señora, que es a las ocho de la tarde. En el templo es normal una asistencia de setenta personas a diario. Cuando la gente sale de misa parece que todo estuviera concluido y cuando en el reloj del ayuntamiento  dan las nueve, somos pocos los que quedamos en la plaza ay en las calles. 


El toque de queda. por culpa de la pandemia es hasta las diez de la noche y nos apresuramos a regresar a nuestros hogares por si nos multan o nos quedamos solos en mitad de las calles desiertas y solitarias. El gran pueblo con sus cuarenta mil habitantes al ir pasando por sus calles parece que está deshabitado.  Cuando llego a casa después de hacerme unos cuantos kilómetros compruebo que casi todas las ventanas y balcones tienen las persianas echadas, y en al ambiente flota una sensación de soledad y tristeza difícil de digerir.

Nadie dice que esta triste y acobardado. Nadie se queja pero se capta en el ambiente una angustia desmedida como si faltara esperanza para soportar tantas muertes y tanto dolor en este último año. Los dueños de los restaurantes, bares y agencias de viaje se han arruinado.  Y el porvenir, al igual que en el resto de España lo percibimos negro. Nos duelen los adolescentes y jóvenes que crecerán y maduraran arrastrando esta ruina y la deuda contraída para que ellos la vayan pagando. Y nos faltan tantos amigos fallecidos que acudir a los funerales nos encoge el corazón de pena y desaliento.

      


Ando por las calles y sigo andando para respirar el aire embotado en la mascarilla que me asfixia porque si no saliera a sentir moverse mis pies, y sentir el aire en mi cara, pareciera que no existiera. Me niego a rendirme pero pesa demasiado tanta desazón encima de mis hombros.  Andamos, y al cruzarnos unos con otros, nos desconocemos por estas mascarillas que no ocultan la sonrisa y tantos besos que no podemos darnos unos a otros. Es lo que hay y luchamos contra el desánimo porque la vida es tan importante que nos aferramos e ella por encima de mentiras y fraudes de tantos cínicos que nos manipulan y gobiernan a lo ancho y largo del mundo conocido.

Hoy  jueves, 11 febrero 2021 en el Diario El Mundo se ha publicado  un manifiesto firmado por ex dirigentes socialistas que  piden la destitución de Pablo Iglesias

La carta difundida por la plataforma "La España que reúne" acusa al vicepresidente de "socavar la imagen de nuestro país" Varios ex dirigentes de diversos partidos, entre ellos destacadas figuras socialistas, han difundido este jueves un manifiesto en el que se exige el "inmediato cese" del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, por "no creer en la dignidad democrática" de España y "socavar la imagen de nuestro país" en el extranjero. Publicada por la plataforma constitucionalista La España que reúne, el manifiesto cuenta con un total de 196 firmantes, entre los que se encuentran los ex dirigentes socialistas Joaquín Leguina, quien fuera presidente de la Comunidad de Madrid, y Nicolás Redondo Terreros, ex líder del partido en el  País Vasco.

196 firmas son escasas para lo que se escucha en contra del vicepresidente segundo del gobierno, hubiera muchas más de haberlas pedido.

Los confinamientos siguen siendo necesarios por lo que es un grave problema para la economía, aunque muchos piensan que si se les hiciera un PCR por ser una prueba optima, en seguida que se les confinan, los resultados serían un gran avance para seguir con las actividades en colegios, bares evitando tantos confinamientos durante días y días. Pero no es así y la tragedia se masca y se adentra en el alma.

A diario escucho el toque de campanas en su tañer doloroso anunciando que otro vecino más se nos ha ido. No nos quedan llantos, solo silencio y esperanzas rotas.

 

                                                                                                                        Natividad Cepeda

 

 

martes, 8 de septiembre de 2020

Crecí en un pueblo de calles limpias, tan limpias que parecían que nadie pasaba por ellas. En el ayuntamiento había dos barrenderos, Antonio, y otro que no recuerdo su nombre y al que de sobrenombre lo llamaban Chencho.. Llevaban un carrito de mano que ellos empujaban y barrían las calles más principales del pueblo además de la plaza del ayuntamiento y la plaza del mercado de abastos. Caminaban como si estuvieran muy cansados mascullando las palabras en sus platicas abstraídos en su quehacer sin que lo que pasaba a su alrededor  no existiera.  Los veíamos barrer sin inmutarnos como algo normal en la el ir y venir del pueblo. 

Ellos barrían y las mujeres, todas las mujeres del pueblo ricas y menos ricas, barrían las aceras de los metros de sus fachadas y hasta media calzada del pavimento de las calles. Importaba poco que fueran adoquinadas, de canto rodado y, todavía en mi infancia, las había de tierra la calzada. Todas las calles estaban limpias como patenas del altar y sin que nadie lo dijera también se barrían la parte de las casas deshabitadas porque eso era común en la vecindad.

No recuerdo ver jamás, excrementos de perros callejeros  desperdigados en las calles, ni bandadas de palomas ensuciando ventanas, balcones y aceras con sus plumas y palomina como ahora, que hasta nos caen en la cabeza y en la cara algunos de sus  excrementos, al pasar volando sobre nuestras cabezas. 

En la plaza de la iglesia y el ayuntamiento se escuchaba el gorjeo de gorriones y  a veces se nos paraban delante de los pies sin molestar, discretos y bellos su pequeños cuerpos, ocupando los árboles de acacias delante de la iglesia. Un día a un alcalde se le ocurrió la feliz idea de talar los arboles y re modelar  la plaza a su gusto plantando álamos blancos, en lugar de acacias. Los gorriones que tenían su habitad en las ramas de los árboles pareció que se volvían locos al ser despojados de sus nidos, y volaban gimiendo de un lugar a otro  alrededor de la torre de la iglesia, perdidos en desbandada. Los álamos crecieron tan rápido y lozanos que los gorriones se acoplaron en sus ramas. En el invierno los veíamos hechos unas bolitas oscuras en las ramas desnudas, aguantando estoicos el frío manchego y volando al salir el sol buscando su calor. Los álamos se hicieron gigantescos alcanzando su ramas casi la torre de la iglesia. Nos sentíamos orgullosos de nuestros árboles y del alcalde que los había plantado.  

Ocurrió que una mañana cuando salían los feligreses de la primera misa  se desgajó unas ramas gruesas de los álamos cayendo estrepitosamente hasta el suelo, a punto estuvo de matar a los que salían del templo. Se descubrió que los álamos al ser árbol de ribera de río habían enfermado y de nuevo se talaron y sacaron sus raíces poniendo en su lugar árboles de esos que son de los jardines actuales, híbridos y sin personalidad. Los gorriones huyeron y de pronto como una plaga bíblica   fueron apareciendo las palomas ocupando todo el espacio de la plaza, los tejados de las casas, el tejado del ayuntamiento... Pedimos a nuestros gorriones. 

Ahora con la pandemía del coronavirus  las calles están abandonadas a la suciedad se juntan los excrementos de los perros y los guantes y mascarillas tirados por el suelo, además de lo que dejan en alfeizares de ventanas y puertas, bancos y esquinas los transeúntes de llegados de América, África y rincones de la  Europa más pobre que no respetan papeleras la mayoría de ellos. Es el progreso actual. 

No convivimos con ellos, pasamos los unos al lado de los otros ignorándonos y todos tenemos miedo de todos. No es buen camino para esta sociedad globalizada manejada por la  creciente anarquía y desgobierno donde la riqueza no está bien repartida.

Antes en mi infancia y juventud mi pueblo era un lugar seguro y limpio donde los gorriones eran nuestros pájaros habituales y las palomas  habitaba en los palomares del campo. Ahora hemos recuperado algunos gorriones, pocos, y las palomas son ratas voladoras que colonizan balcones y tejados sin pudor alguno.

Antes eramos un pueblo sin tecnología pero un pueblo de calles limpias donde nos saludábamos diciendo, "buen día nos dé Dios" y nos respondían aquello de "Vaya usted con Él. Sigo pensando que Dios sigue caminando entre todos nosotros aunque no lo distingamos entre blancos, negros y entreverados, como dicen algunos cuando definen a los que no son ni blancos ni negros, ni chinos, ni ateos o creyentes. El mundo, ese mundo lejano de las películas y pueblos tan diferentes ha llegado a mi pueblo y ya no sé reconocerlo.


Natividad Cepeda















martes, 22 de enero de 2013

ESOS HOMBRES ERRANTES QUE PASAN ANTE MI




                                                                                           "Y de la tierra brota el ritmo,                                                                                      savia y sudor,
          una onda olor a suelo mojado."

                                 Leopoldo Sédar  Sénghor

                                                                                                                   
                                                                                                    


Llegaron una tarde con su pobreza a cuestas
cuando en el horizonte el azul de la noche
era paz del estío.

                                             Andaban torpemente
sin quejas, sin lágrimas, sin cólera.
Se veía en sus ojos ese cansancio antiguo
de furtiva miseria sin voz sobre sus hombros.
¡Pasaron!, y un estremecimiento inclemente
 al verlos, se quedó por las calles del pueblo.
 Al principio eran números pares, un trámite del tiempo,
color de ojos oscuros que nada significan.

                                               Pasaban con su carne
de tumbos buscando una esperanza.
¡Pasaban!, pero para nosotros ellos eran ajenos,
un residuo humano con un vaho de despojo.
Hasta entonces la palabra igualdad era eso, una fábula,
un hallazgo gramatical sin márgenes en el  corazón.

                                                   Llegaron sin redes,
privados de derechos, con todo el desamor del mundo
como único equipaje. Y al mirarme en sus ojos el escenario
de la infancia se me hizo mentira.
Porque ahora los extranjeros llegados de Nigeria,
 Yibuti, Uganda, Níger, Marruecos, Sahara...
no era el dulce negrito que cantaba boleros
o movía las maracas en orquestas de ferias.




                                                      De improviso
Africa era una mala madre donde el hambre
era moneda de curso legal y por instinto de supervivencia
se abandonaba el maíz y el sisal, la mandioca y el mijo.
Y de Kampala  huían sus jóvenes hablando el suahili
con escasos Nuevos Chelines ugandeses
para encontrar al Euro, y dejar atrás el VIH,
y ese vértigo atroz de no llegar a contar canas ni arrugas
prematuras. Miedo y angustia con un grito indefenso.
de insalvable miseria omnipresente.












                                                        Cuando ellos pasan
hay un descrédito de incredulidad y alarma
caminando de puntilllas por las calles,
porque adivinamos que detrás de su dócil paso hay una hoguera
incandescente debajo de su humillada piel. Por eso cuando vienen
se cierran los postigos y se echan las llaves en las puertas
porque el hambre es siempre peligroso.
                                                                                                               
                                              Y la luz del día
es una inmensa sabana impaciente donde el yoruba
se mezcla con el francés, y el  ovambo con el árabe,
con el español y el bereber, con el tumbuca, el yao,
el portugués y el macua  para así demostrar una vez más
que la libertad resuena con diferentes lenguas en la Torre de Babel.












                                                Y por las calles de los pueblos
ellos recuerdan a Tinduf  allá entre la vieja arena acogedora,
a Rabat con su olor y color de vieja cultura sin relojes,
a Yibuti con su puertos, a Namalu , la campiña
de Karamoya donde los pastores llevan a beber sus vacas,
al sabor del  aceite de palma, a la tierra que las mujeres africanas trabajan.













                                                 Esos hombres errantes
que también fueron hechos con el barro de Dios
no quieren caridad. Han venido buscando la justicia,
un esquema de la razón donde la esclavitud se funda en el olvido
sin gemido inhóspito al dorso de los meses



 Pero en la geografía
de los pueblos hay miedo al cruzarse con ellos.
 Han llegado errantes, y hogaño,
muchos se quedaran aquí a esperar el invierno.
Desandar el ayer es mirarlos. ¿Quien ante de echar raíces
no ha sido nómada? Afinidad de polvo errante somos todos,
sudor de ruinas, breve estallido de materia que se desvanece,
precaria desnudez de muerte y vida.





 Frente a la tarde
 el velo del crepúsculo escribe en las estrellas el destino,
y los pueblos se duermen, sin preguntar el nombre de los que sueñan
entre sus paredes cada noche. Desde ahora ya nada será igual
porque ellos llegaron volteados por el mar, y es una nueva estirpe,
 que tallan con sus pasos la ciudad.


                                                                                                Natividad Cepeda
                                                                                                                                                                                          




Artedigital: N.Cepeda