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lunes, 16 de septiembre de 2024

Carta a Don Quijote

 





A mi Señor: Don Quijote de la Mancha.

 

 

         Mi Señor Don Quijote:

                                             Habéis de saber que jamás tendré otro caballero que no seáis Vos. Lo reitero en esta carta que comienza sin fecha ni día, porque todo el amor me irrumpe como un campo de amapolas en mayo.

Todos saben que mi nombre es Dulcinea; dama de mi señor, al que también se le conoce como el Caballero de la Triste Figura, el mayor defensor de los oprimidos, el único idealista que no se cansa de cabalgar por encima del tiempo para imponer justicia allá donde no la hay. Vos, no ignoráis que solo nací para amaros y ser amada por vos. Sin vuestro nombre en mis labios mi existencia no tendría razón de ser. Los dos nos hallamos en el espacio sin tiempo terrenal, inermes ante la profunda sed de nuestro amor. Dicen los muchos viajeros que sois un loco echado a los caminos para desfacer entuertos, que de tan locura estáis lleno que se duda de mi existencia. Pero mi señor; los rumores de nuestro amor se extienden como polen y son muchos, -mujeres y hombres- los que nos envidian.

Tú eres para mi distancia y tiempo de geografía dilatada, y se condensa mi amor por detrás de la tarde y, fugitiva de lo que me rodea me interno en tu voz y en tu figura concreta y masculina. 

Así, te imagino cansado, detenido al repecho de un derrumbado hastial, mientras nuevos y jóvenes lectores dejan sus libros de texto y leen tus aventuras. Yo en estos días de comunicación desorbitada y febril, donde la prensa, destaca las muchas muertes de mujeres a manos de malos hombres, me refugio en tu conmovedor amor y cierro mis ojos para guardar dentro de mi soledad vuestra mirada. Me enamoré del azul transparente de las tardes manchegas hace ya mucho tiempo: dicen que la Mancha es un mar de llanura por donde los sueños navegan... así como perdida me quedo desmigando nuestros muchos naufragios, mirando la ciudad con los muchos rostros que en ella deambulan.

Todo cabe entre sus paredes y sus calles, el deseo de recibir una caricia sin testigos, así, frente a la tarde que adolece de luz. Y en el juego de luces crepusculares dejar que vuestra ausencia se desvanezca, y me asistan vuestras manos, su tacto y su temblor sentirlas por mi piel como una procesión de estrellas primerizas. Por eso ahora turbada, llena de eternidad y de misterio escribo esta carta empapada de tiempo. Tiempo cosido a tus aventuras, a la inmensidad de tus hazañas, a tu doliente grito enfrentado a tanto malandrín que puebla nuestro mundo, y nos mancha la dignidad, y nos ensucia la alacena cuando desde la televisión nos dicen que la sangre de un cuerpo de mujer a vuelto a oscurecer el sol.

Yo que solo por vuestro amor fui llamada bella, emperatriz y señora, princesa y dama a la que desde entonces cantan los trovadores y poetas, os escribo desde la niebla de los días, entre este jirón de vida que nos asiste, y nos hace coincidir en este nuevo siglo, para así demostrar que los milagros aún son necesarios y precisos, porque sin ellos el camino al futuro sería un triste funeral, una tumba donde ni la yerba crecería porque se me hiela la sangre ante tanta miseria y destrucción.

Mi buen amor, mi señor, don Quijote en estos días os digo que me siento como un ángel sin alas, roto, y cubierto de sangre que me llama y reclama, que os suplique, que, por Dios, vengáis de donde estéis a defender a tantas pobres mujeres maltratadas, ultrajadas, vejadas, violadas, asesinadas como si el fruto de aquella manzana primigenia aún nos pasara cuentas... Sé que solo vos, defenderéis a esas damas sin hacerles preguntas, sin repasar sus vidas, sin pensar que alguna se lo tenía merecido. ¿Oh, Dios! no sé, a las que ahora están amenazadas dónde podrán hallar cobijo. No lo sé, y me siento yo misma por ellas perseguida, y me duele la memoria de pensar en tantos nombres olvidados, y me tiemblan las manos cuando rezo por ellas...

Por eso mi señor don Quijote, os escribo esta carta, que sin fecha ni dirección os mando, para así calmar mi dolor y mi impotencia, y siento que por mis venas galopan el miedo y el dolor que junto a mi corazón llora por tanto amor asesinado. Cuando la recibáis, Señor Hidalgo, no dudéis en volver del más allá, las damas de hoy en día os reclamamos vuestra ayuda, y no es que todos los hombres sean malvados y perversos, no señor, pero algo de valentía y de coraje, sí que les falta para de una vez por todas acabar con tantas muertes y hacer causa común y no mirar para otro lado...

Venir mi amor para que dejen de haber ángeles negros en los labios que hoy hay sólo frío. Venir para dejar en las manos de las mujeres ramos de flores. Flores que sean recibidas por ellas, como tributo de amor, y no sean flores de mortaja y de adiós. Llegar para que esta arisca realidad termine, para que en la besana de la vida el luto no se convierta en algo cotidiano. De verdad mi Señor, que ahora más que nunca necesito vuestros brazos, dejarme abandonada en vuestro pecho, escucharos, hablar, y comprender, que la nobleza de la estirpe masculina aún persiste, porque quiero volver a amar y en el rellano de mi sangre no sentir la violencia de la muerte; sentir que el amor es poderoso y que gracias a él los buitres infernales del crimen se disipan.

                                                                             Al borde de vuestro amor y mi esperanza esta mujer a la que llaman Aldonza y Dulcinea os espera.

                                                                                       Natividad Cepeda

 

Febrero, mes de la fiesta del amor, del año de gracia de 2004: carta premiada en el Certamen de La Casa de la Torre de El Toboso(Toledo)

miércoles, 28 de abril de 2021

El Día del Libro

                          


El Día del libro ha pasado igual que cualquier otro día  de celebración recordatoria. En las redes informáticas los grupos de creadores de palabras enlazadas se han felicitado (nos hemos felicitado) por esta efemérides. Y dentro de ello se han mostrado libros en presentaciones múltiples, unos en librerías, otros en bibliotecas y, como no se podía dejar de aprovechar dicha efemérides algunos hasta se han rodeado de políticos locales, provinciales y… del momento para presentar en sociedad libros editados con el erario público, aprovechando, como no, darse a conocer rodeados del poder constituido.

En algunos institutos se ha invitado a escritores foráneos de la comunidad  para conferenciar a los estudiantes de autores locales que, casi todos conocen de nombre y muy pocos han leído su obra impresa. En los digitales del lugar no han faltado fotografías y texto dando a conocer la importancia de los actos, y alcaldes y alcaldesas, se han fotografiado para la posteridad quedando así patente de lo mucho que hacen por la cultura.

Curiosamente me sigue sorprendiendo la escasa presencia de mujeres escritoras con bagaje  de publicaciones  escritas en  soledad, que es como se crea cualquier obra literaria, sin otro apoyo que su fidelidad a dedicarse a escribir y el escaso reconocimiento  en muchos casos de ese reconocimiento en sus lugares de nacimiento. Debe  ser que la tan cacareada lucha por la mujer del feminismo activo actual excluye a las escritoras que escriben sin apoyos institucionales o protegidas por grupos políticos afines. O por no rendir pleitesía a las fuerzas locales del lugar y se las omite por ejercer su libertad de escritoras firmando sus obras bien poéticas, periodísticas o de prosa, ensayo y relatos sin venderse a nadie.

Hay casos en los que si son hijas, o hijos,  hermanas… de escritores fallecidos se les asignan ser miembros del jurado literario del pueblo o ciudad, sin otro merito que ser pariente de tal o de cual, dándose la particularidad que esas escritoras jamás han apoyado la localidad, salvo cuando han ido a ella para sacar su propio beneficio.  Lo triste de esta realidad es que se le da pódium y ayudas a muchas firmas que pasados  años o meses nadie vuelve a ellos ni a ellas y a su obra escrita.

Cierto es que el aislamiento de los escritores y escritoras no ayuda a conocer sus obras porque al estar lejos de los focos de tertulias y grupos literarios, casi todos en grandes ciudades, es casi imposible acceder a premios y editoriales de prestigio. Y por si fuera poco ocurre un hecho del que nunca se habla, los escritores se ayudan entre ellos, se respetan y se les brindan abrir puertas. No ocurre lo mismo con mujeres escritoras donde en tantas ocasiones se le ponen zancadillas, las propias mujeres, para impedir que sus obras lleguen a los lectores. El machismo femenino en España existe en demasiados grupos sociales; callados y enmascarados pero eficaces.


Vuelvo al Día del Libro ese 23 de abril que se celebra en España y que ha recorrido fronteras y del que pocos conocen quien fue su promotor. El olvido siempre es triste e injusto y así lo ha sido y sigue siendo para, Vicente Clavel Andrés (1888-1967) España. Escritor, periodista, editor y traductor valenciano, fundador de la Editorial Cervantes y creador de la idea de instituir el Día del Libro. Su obra como escritor y traductor es muy amplia, así como su encomiable labor de promoción de autores hispanoamericanos, sin embargo es más conocido por haber sido el promotor de una idea comercial para incrementar la venta de libros y que se plasmó a través de un Real Decreto (26/02/1926), cuyos quince artículos fueron redactados por él, aprobado con la firma del rey Alfonso XIII.

Busquen en Internet la biografía de este interesante autor y sobre todo lean su biografía porque a veces sin el ingenio y acierto de una idea no tendríamos la celebración por ejemplo, del “Día del Libro”.  Gracias a él, Vicente  Clavél Andrés, se insiste en lo importante que es leer y se reconoce la valía de Miguel de Cervantes  y su obra, “El Ingenioso Don Quijote de la Mancha”, la primera novela de la lengua castellana y la más traducida a numerosos idiomas.

 

 

Natividad Cepeda

 

sábado, 9 de abril de 2016

Miguel de Cervantes: en las entrañas de los pueblos cuatro siglos después de muerto.

La distancia que hace desaparecer a las personas cuando su caminar termina en esta tierra es para algunas de ellas, el bebedero donde saciar la sed  durante siglos. Y ha sucedido que, de aquél hombre que se afanó escribiendo en medio de penas y quebrantos múltiples, el paso del tiempo le ha dado dimensión sin límites.
La oscuridad sobre él y su obra literaria se ha incrementado constantemente haciendo indagaciones no solo sobre lo que es su legado; toda su extensa obra publicada, si no también, rebuscando retazos de su vida, familia y enemigos. Y así en ese paisaje humano exiguo la fábula ha ido tejiendo un entramado por entre la arboleda de los siglos. De Miguel de Cervantes no tenemos retrato alguno verdadero; se dice que fue retratado por  Juan de Jáuregui nacido en Sevilla, 1583 y falleció en Madrid, 1641, pintor y escritor y amigo personal de Cervantes a quien defendió y retrató. Aunque ese retrato no ha llegado a poder ser contemplado y nadie sabe cuándo desapareció. Su físico es un autorretrato  escrito por el autor del Quijote  que él mismo escribió en sus Novelas ejemplares, que dice así:
“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies. Este digo, que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha,…”  Por lo que esa imagen que vemos en libros es falsa por haberse  pintado mucho después de acaecida su muerte.
El llamado “Príncipe de los Ingenios” y la mayor figura literaria española, gracias a la novela Don Quijote de la Mancha, universalmente reconocida como la primera novela moderna; hasta hoy se admite lo que dijeron en el siglo XVIII sobre su lugar de nacimiento; siendo debatida esa “verdad” por Alcázar de San Juan, al aparecer y poseer otra partida de nacimiento con el mismo nombre y apellido. Pero admitido oficialmente el lugar de nacimiento de Miguel de Cervantes en Alcalá de Henares, se cree fuera el día de San Miguel Arcángel, 29 de septiembre y por lo que le impusieron ese nombre para su protección terrena, como era aplicado entre los cristianos devotos y de fe. Bautizado un 9 de octubre del 1547 en la parroquia de Santa María la Mayor, como consta en el acta de su bautismo.          
Estos y otros muchos aconteceres ha sucedido y pasado desde que ese libro universal fuera escrito por un escritor al que le faltó fama y fortuna, pero que jamás dejo de escribir y crear obras literarias. Cervantes no dudó de su talento creativo en una España vencida y empobrecida. Años difíciles para los que no podemos ni imaginar penurias y desencantos del escritor del que indagamos. Porque indagar en su vida es hurgar en el misterio que solapan los siglos. Sí se sabe que murió en Madrid en la que hoy se conoce como “Casa de Cervantes” en el hoy llamado “Barrio de las Letras “a los sesenta y ocho años, y se dice que fue diabético. Murió junto a su esposa  Catalina de Salazar Palacios, mujer incomprendida por críticos e historiadores, casi se puede afirmar que olvidada y silenciada en un afán machista y excluyente de una mujer que siempre supo esperar y amar, además de ser poseedora de patrimonio y cultura pues sabía leer y escribir, algo nada habitual en esa época.
Se asegura que Miguel de Cervantes falleció un 23 de abril del 1616; antes había ingresado en la Orden Tercera de San Francisco y amortajado con ese hábito.   Según su propio deseo fue enterrado en la iglesia del convento de las Trinitarias Descalzas, en recuerdo y agradecimiento  por ser los trinitarios los que pagaron su rescate en Argel. Diez años después  un treinta  de octubre de 1626, su esposa Catalina de Salazar fue enterrada en el mismo convento de las Trinitarias, junto a su marido.
Cuatrocientos años hace de todo aquello: y ahora cuando el silencio es olvido sobre el polvo de sus huesos se han removido tierra y sepulturas en busca de un hallazgo imposible, como si encontrar una esquirla del esqueleto de Miguel de Cervantes nos lo devolviera e hiciera mucho mejor e importante…  No olvidaré jamás mi fijación y admiración de unas cajas enormes de carne membrillo donde yo veía a Don Quijote y Sancho  Panza caminar por los  campos manchegos a lomos de Rocinante,  el caballero, y del rucio o burrito, el escudero; y al preguntar quiénes eran, mi madre   sonriendo empezar a contarme sus hazañas. Ese es el legado que Cervantes nos dejó en nuestros pueblos, por eso no ha muerto, revive cada vez que su nombre cabalga en los labios de generación tras generación sin fronteras ni tiempo.
Lo que sí me asombra y entristece es que los pueblos manchegos se dividan y peleen literariamente por competir por donde pasó, pernoctó, durmió y escribió su famosa novela: debate encarnizado y exento de veracidad ya que los estudioso del tema olvidan con demasiada frecuencia  los caminos, veredas y cañadas por donde transcurría la vida de los viajeros de esa época. Y también que una novela, por muy afamada que esta sea, es una ficción en la que el autor mezcla a su antojo personajes y situaciones; que es lo que nuestro genial Miguel de Cervantes hizo. Conmemoramos en este 2016 los cuatrocientos años de su muerte, y a mi parecer el homenaje que él preferiría sería el de leer sus obras, todas ellas, por el inmenso placer e información que nos deparan. Y no dudo que recorrió nuestra tierra y algunos de sus pueblos, sobre todo porque nos retrató en el carácter de sus dos personajes a la perfección.


                                                                                                        Natividad Cepeda


 Arte digital: N. Cepeda

viernes, 2 de octubre de 2015

Dulcinea: amor del espíritu

La palabra siempre está viva y permanece. Sin literatura la belleza del alma estaría oculta. Y la obra literaria es una provocación que grita su autenticidad cuando al paso de los años se sigue buceando en ella.
Desde que el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha se publica en 1605 en la imprenta de Juan de la Cuesta por el editor Francisco de Robles, firmado por Miguel de Cervantes Saavedra, provoca en los lectores encuentros y desencuentros diversos, lo que indica, hasta siglos después, que la palabra escrita por Cervantes sigue vigente y viva. Y con ella los personajes que nos hacen evocar emociones difíciles de enumerar.
Dulcinea es la luz del Quijote, el polvo del aire y la piedra sagrada adonde orar y soñar sin edad y sin lugar, porque nace y vive del espíritu. Es la imagen sin mancha. La dama del medievo que puede encontrar el unicornio. La doncella que todo caballero sueña encontrar. Dulcinea es el amor que el poeta canta, el que el escritor anhela encontrar para su fama; y lo que el hombre quiso hallar en su ingenuidad primaria.
En esa línea que divide lo mortal de lo divino, Cervantes evoca a Dulcinea y la deja en el corazón del viejo caballero que sueña con alcanzar retos imposibles. Y ese reto es el amor. El amor de un antihéroe, que es don Quijote. Por eso cuando salva al desafortunado infante de nombre Andrés en el capítulo IV de la primera parte orgulloso de su hazaña le dice a Dulcinea:
“Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven sobre la tierra, ¡oh sobre las bellas Dulcinea del Toboso! pues te cupo en suerte tener sujeto y encendido a toda tu voluntad e talante a un tan valiente y tan enamorado caballero como lo es y será Don Quijote de la Mancha”
Y he aquí que se encuentra con mercaderes toledanos que van camino de Murcia a los que don Quijote con voz y ademán arrogante dice:
Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.
Los mercaderes le piden que les muestre un retrato de tan singular mujer, aunque sea un retrato del tamaño de un grano de arroz, por si fuera tuerta de un ojo y del otro le manara bermellón y piedra azufre.

No le mana, canalla infame- respondió don Quijote encendido en cólera - no le mana digo, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones; y no es tuerta ni concorvada, sino más derecha que un huso de Guadarrama. Pero vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora!
No hay en el Quijote ni una sola frase que esté escrita al azar. Miguel de Cervantes es un hombre de una amplia cultura, más, tampoco ignora que a veces hay que escribir en clave para protegerse de la censura y sus acusaciones, por lo atrevida que es siempre la ignorancia.
En todos los episodios del Quijote hay curiosas coincidencias; por ejemplo, el nombre de Toboso es también un adjetivo que significa -según la definición del Diccionario de la Lengua Española-, formado de piedra toba. Y toba -proviene del latín: tofus, piedra caliza, muy porosa y ligera. Con la piedra caliza los constructores medievales construyen las catedrales góticas. Gótico es espiritualidad que nos habla desde la piedra convertida en símbolos. Porque esoterismo es todo lo oculto. Todo lo que el ser humano iniciado en la perfección quiere encontrar: esa ansiada unión con el Todo.
Precisamente Dulcinea es un amor del espíritu, la exaltación del héroe llevada a creer y buscar una mujer inexistente, única por ser modelo de virtudes: emperatriz y doncella, es decir virgen, no manchada por hombre alguno.
Dulcinea del Toboso reina de un lugar mágico que a los ojos de los iniciados les parecerá el nombre de una aldea. Una aldea como otra cualquiera.
El Toboso, Dulcinea y Cervantes, suman el número tres. El tres desde el punto de vista de la geometría es el primer número existente, con él se forma el triángulo.
El tres es el símbolo del mundo de los fenómenos, y en el Quijote se sucede y encadenan fenómenos sin fin.
Cervantes y un gran amor que no puede ni quiere descubrir. Ama todo lo que rodea a la amada. Dulcinea mujer soñada. Mujer querida en silencio. Se enamora y por ello nace en él la admiración, más tarde la pasión y por último el amor idealizado hasta extremos novelescos.
¿O acaso todo novelista no es un fabulador que se esconde detrás de sus personajes?
Su personaje, Don Quijote, extravagante y atrevido, sí puede hacerlo.
Don Quijote ama a Dulcinea, tanto la admira que no quiere ocultarlo. Su pasión llega a querer rendir ante ella a todas las criaturas. Su Dulcinea no es una heroína belicosa, sensual o descarada. Dulcinea es más esbelta que un huso del Guadarrama, de ella mana algalia, -se refiere a un perfume hecho de almizcle y ámbar - y está entre algodones-; quiere decir al referirse que vive entre algodones que no pasa estrecheces, si no que vive con posición holgada, sin penurias.
Dulcinea es una beldad, Cervantes al definirla así, está afirmando que Dulcinea es notable por su mucha belleza. Y don Quijote la describe de hermosura sobrehumana: blancura de nieve, de alabastro su cuello, mármol su pecho, corales sus labios y dos rosas su mejillas, corales su labios y perlas sus dientes… Así son las tallas de los conventos y catedrales, las pinturas de los códices y las damas espirituales de todos los caballeros que mueren soñando con ellas. ¿Y sus ojos? Sus ojos son luz: dos soles que iluminan la existencia mostrando al caballero el camino infinito donde la muerte no tiene cabida.

Porque el espíritu no es materia y no perece. Misticismo del poeta, hijo de su momento y época. La vida no es grata, pero el alma es alta y vuela sin encontrar límites y encuentra la dulzura etérea de Dulcinea.
Dulce como la miel, suave cual pétalos de rosas, diáfana como el canto de las fuentes, como el correr del río entre fresnos y álamos…
Un huso del Guadarrama es Dulcinea: la que hila y teje, la que espera y es fiel, la que aguarda en su torre, en su casa… Y la Mancha es esa tierra por la que cruza el alma sin ataduras ni equipaje, sin fronteras ni montañas que impidan ver el horizonte…
Soñar, soñar, cuando la vida es fea, la vejez se acerca y el triunfo no llega. Volar en aras del amor, suyo, sin que nadie más lo vea.
Atisbar lo que se presiente en lugares sagrados, en lugares mágicos de una tierra que guarda misterios, leyendas, cuevas y almenas desmochadas, curanderas y sanadoras calladas, mientras tejen la lana y el lino…
Dulcinea de mirada soñadora en la pequeña aldea ignorada, bajo la paz de los granados y el roturar de campos labrados.
¿Quién no sueña cuando se ha pasado tanto tiempo en tierras herejes? ¿Cuándo se ha encontrado con garfios y argollas, cárceles y encierros, sinsabores en ventas y caminos…? Miguel de Cervantes sabe de todo eso y don Quijote no quiere morir sin soñar con su musa.
Un amor que no pesa es Dulcinea, que no mancha ni estorba, que se la conoce por su buen obrar, un tesoro de virtudes y discreción. Mito de leyenda engarzada en una aldea mítica El Toboso, tendida al sol entre el tañer de campanas y tolerancia de vecindad. Profana y religiosa en medio de una corte que se desmorona perdiendo poder y riqueza mientras, los místicos son encarcelados, perseguidos, y los trúhanes campan libres.
Pesa la vida en el escritor y también en el romántico Quijote.
Sin la melancolía en la que se sumerge el caballero no podría ver a su princesa. Tampoco a la aldea de nombre musical donde el agua surge y huye según el tiempo de lluvias o sequía.
Cervantes conoce la tierra de la que escribe. Conoce su gente con sueños imposibles, y su espíritu soñador a pesar de la pobreza y constante esfuerzo. Esquivias no está tan lejos y Catalina de Salazar es la mujer que siempre espera.
Por las plazas de aldeas y villas llegan haraposos juglares a cantar trovas, se sientan en los quicios de mesones, en los atrios de iglesias y conventos, recitan y ensalzan leyendas de viejas batallas y de amores palaciegos…y mientras son escuchados las gentes sueñan. Miguel de Cervantes conoce a esa gente y escribe. Cuando al amor de la lumbre un letrado lee, y los demás escuchan las aventuras de don Quijote y Dulcinea, todos se sienten protagonistas de la historia.
Por los caminos y veredas pasan arrieros, frailes, monjas y escribanos, mercaderes, rebaños y mozas casaderas que sueñan con ser princesas mientras rezan en la iglesia frente a la parpadeante luz de las velas. Dulcinea, Dulcinea, etérea y blanca como la nieve, como las vírgenes de los retablos, como los sueños que no se muestran.
Cabellos de oro, dientes de perlas, pecho de mármol, cuello de alabastro, así duermen las damas en los palacios, todas, menos la emperatriz de aquella aldea; y la mente vuela y el espíritu de Dulcinea se agranda y se expande como las nubes que cruzan raudas junto a las aves, como los pámpanos de las viñas en el otoño.
Alguna vez, frente a la tarde creo escuchar sus pasos: los pasos de los amantes. Cuando en el horizonte veo dos soles, pienso, que bien pueden ser sus ojos; sus miradas eternas y universales que me contemplan sin yo saberlo.




                                                                                               Natividad Cepeda




Ponencia del XII Congreso de la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha sábado 18 de octubre de 2014 en El Toboso (Toledo)

Se ha presentado por parte del alcalde Marciano Ortega y la concejal de Cultura y Turismo, Pilar Arinero, el cartel y programa del XII Congreso de la Asociación de Escritores Castilla La Mancha a celebrar el próximo sábado 18 de octubre en El Toboso.
En el Congreso se desarrollarán trece ponencias con catorce escritores y poetas, con temas desde la historia de edificios toboseños, como poesía a Dulcinea, la música en el Quijote y presentación de nuevos documentos que relación, que vinculan más a Cervantes con El Toboso.
Participarán los poetas y escritoras como Francisco de la Torre-Diaz , Navitivad Cepeda, Alfredo Villaverde, Nicolás del Hierro, Juan Jiménez, Almudena Mestre, Luis F. Leal, Francisco Castañón, Tomás Perales, Miguela del Burgo, Antonio Herrera, Francisco Javier Escudero e Isabel Sánchez y el toboseño Ricardo López.
Se desarrollará a partir de las once de la mañana en la histórica Sala Domus Artis, edificio sobrio del siglo XVII, las antiguas caballerizas pertenecientes al Convento de las Monjas Trinitarias hasta la desamortización de Mendizábal.

lunes, 27 de julio de 2015

La voz de los almendros

 Dulcinea, mito y leyenda convocada
para encontrar la dicha. Torre de amor
incendiada  de luz. La que cantan los niños.
La que derrama infinita  paz sobre su aldea.
Hermoso jardín de un hombre en su otoño.
Por tu amor se hizo vagabundo.
Ausente de su origen, con su triste sonrisa,
confesó sin rubor amarte,
y se hizo peregrino del Toboso siglo a siglo.
Dulcinea,  te llamó;princesa de agua y miel.
Surtidor de esperanza,
cielo y santuario del ideal soñado que silba
rauda por esta geografía cual primitiva música.
Te busca el caballero,
temblándole los huesos al soñarte.
Te convoca con su frágil figura
de misterio para besarte, cuando el horizonte
se corona de rojo y prorrumpe como un destello
de amapolas fugaces  por tu casa y tu pueblo:
Cabalga bordeando paredes y veredas
con el ansia prendida  en Rocinante
a buscar de tus labios,el amor arraigado que no cesa.
Llovizna por la Mancha,  moja al Hidalgo
que a galope construye un sueño en el paisaje.
Piedra filosofal
y mar de amor es don Quijote,
silencio virgen que aroma a los amantes, cósmico 
y azul cabalgando entre pozos, viñas y sembrados
en busca del Toboso eternamente.
Y Dulcinea en éxtasis lo espera. Rumorosa lo llama:
Ven  amor, ven hasta mi aldea, besa mis manos
y mis ojos,  mi boca de lumbre y toda mi envoltura…
Ven, repiten los almendros en un rito de amor no concluido.


                                                                                                     Natividad Cepeda



Poema del libro "Dulcinea, flor de ocho pétalos" presentado  en  El Toboso 27/04/2015

Arte digital: N. Cepeda

viernes, 10 de julio de 2015

Lola Madrid: pasión por los molinos de Campo de Criptana

                No me duelen prendas cuando he de reconocer la valía de  personas  extraordinarias y altruistas capaces de regalar su tiempo –lo más valioso de la vida- en aras de un amor sin interés personal. 
Dicen algunos que La Mancha; nuestra Mancha, es madrastra para sus hijos e hijas, y en ocasiones algo de cierto hay en esta afirmación. Resulta difícil reconocer los valores de aquellos que residen dentro de las paredes del solar de la patria chica porque nos parecen menos importantes que los residentes geográficamente lejos. Pero si no fuera por las personas que trabajan dentro de los pueblos  para darlos a conocer en asociaciones diversas, muchas iniciativas conocidas, respetadas y admiradas a nivel nacional e internacional, no existirían.
Confieso que una de mis pasiones es amar esta bendita tierra de Dios  por encima de localismos absurdos.  Y por esa pasión admiro a las gentes de cualquier población que trabajan para dar a conocer el patrimonio material e inmaterial de todos nuestros pueblos.
La hacienda común es la heredada de padres a hijos en lo espiritual y en lo material,  legado que recibimos al nacer en un lugar concreto. Y para Dolores Martínez de Madrid los molinos han sido y son, su patrimonio del alma y del cuerpo. 

Lola Madrid, como popularmente se la conoce, es desde hace muchas décadas defensoras de los molinos de la sierra del albaicín criptano. De estirpe molinera  es una de las últimas molineras de las sierras manchegas y de España. Título que la enorgullece y que airea como uno de sus blasones que la honra, y por lo que tiene amigos incondicionales en toda España.
En Campo de Criptaza, le pese a quien le pese, decir “Lola Madrid” es tanto como decir mujer valiente y esforzada, de casta buena, y de honrado proceder a lo largo de  su vida. Títulos que no todos los seres humanos poseen. Presume de haber ganado el pan con  su trabajo y le canta las verdades a quien se le ponga por delante, olvidando que, a su cansado corazón le repercute negativamente entrar en esa  lid.
A esta mujer veterana en la historia de Campo de Criptaza  el viento le recuerda que su destino ha sido y es, defender la sierra. Una sierra que debe su recuperación en gran medida a ella, y su bregar durante más de treinta años  al frente de la Asociación Cultural “Hidalgos Amigos de los Molinos”. Gracias a su tesón, largueza  y generosidad demostrada  una y otra vez, dejándose  en ello sus escasas fuerzas; han arribado a la villa de los molinos gentes de diferente procedencia y condición.
Al ritmo de su incansable porfiar pidiendo a unos y a otros lo que es necesario para sacar adelante sus proyectos, olvidando desplantes en  muchas ocasiones, la Semana Cervantina ha alcanzado categoría internacional.
Semana Cervantina de la que ahora todos presumen, bien que pueden, pero que ha costado esfuerzo y dedicación de las personas que, al lado de Lola Madrid, luchan para mantener a flote una asociación con mucha historia escrita en las páginas de esa “tierra de gigantes”, como ha sido rebautizada en los últimos años.
Si se pudiera  mostrar el cómputo del tiempo dedicado por esta insigne mujer a sus molinos y a su pueblo, nos parecería imposible anotar en la agenda  de la vida tantos desvelos que le han proporcionado alegrías, y también decepciones.
Al final de los años  la costumbre  se ve como normal, y se tiende a no valorar a quien se le debe respeto y admiración por haber sido capaz de alzar por encima de sus propias sierras manchegas, el nombre de su pueblo.
Porque aparte de remilgos pueblerinos,  que casi siempre son vulgares, al menospreciar lo que otros hacen, las sociedades rurales de nuestro entorno demuestran que al margen de los avatares políticos de los partidos y sus equipos de gobierno, los colectivos sociales  con sus ideas de altruismo, que no es otra cosa que procurar mejorar la vida de los pueblos desde la escuela de la vida, prestan un servicio inestimable a su comunidad.

En este amplio contexto  se desenvuelve la valiosa aportación de Lola Madrid, ya que no hay  en Campo de Criptaza ninguna asociación que  haya avanzado tanto en  su permanencia en el tiempo a favor de la cultura, la literatura y el periodismo. Prueba de ello es el largo y extenso listado de nombres de artistas, intelectuales, catedráticos, políticos y diplomáticos  que se han sentido honrados  por ser nombrados Hidalgos y Molineras de Honor  de esta hermosa villa. Hasta en el año 1980 fueron recibidos  en el palacio real por su Majestad el rey  Juan Carlos; categoría lograda por su buen hacer y que nadie les puede negar ni arrebatar.
Sin embargo, en ocasiones, he creído percibir en Lola Madrid  una sombra de tristeza  callada, mientras relata que la asociación está  agradecida a las autoridades de turno por haber colaborado con la asociación en todo momento.
Como cronista eventual  en muchas ocasiones, he asistido a la recuperación  con esta asociación de tradiciones perdidas, entre ellas la de poner en marcha  los molinos, recuperando la molienda a niveles no imaginados anteriormente. De tan gran impacto, que ha sido reconocido a nivel mundial.
Pero también  he de dar fe, de que en ocasiones, he sido testigo de la infravaloración que los propios convecinos  han hecho de la asociación y de su presidenta.  Ignorando que al tirar por tierra a la junta directiva que preside Lola Madrid, y relativizando su labor importantísima a lo largo de los años, se tira cantos a los molinos que ellos han defendido, y defienden, como nadie lo ha hecho hasta hoy.
Pero como suele ocurrir, nadie es profeta en su tierra, y por este motivo a esta singular y ejemplar Asociación de Hidalgos Amigos de los Molinos se le resta importancia cuando se les compara con otras asociaciones surgidas en la villa criptanense que todavía, no han demostrado el camino recorrido por este grupo de hombres y mujeres  consolidado cada año su acervo cervantino y molinero en defensa de la sierra de los molinos; olvidando ese largo camino donde ha habido de todo, momentos gratos junto a  otros que no lo han sido tanto. Así me lo expresa Lola Madrid  cuando le pregunto por su larga trayectoria como presidenta.
A esta mujer castellana-manchega con amplio bagaje de acontecimientos en su haber, se le nubla la mirada, cuando asegura, que su ilusión sigue siendo conseguir que  la sierra del Albaicín de Campo de Criptaza, sea reconocida como un patrimonio cultural manchego a nivel mundial. Y en tono coloquial, olvidando su avanzada edad y su quebrada salud, añade que ella  y la asociación que preside seguirá  colaborando con las autoridades para que ese sueño se haga realidad aunque ella no lo vea.
Lola Madrid es poseedora de eso que se ha dado en llamar gramática parda, por su inteligencia natural y saber estar a la altura de las circunstancias en numerosas situaciones y ocasiones de su vida  saliendo airosa,  además de granjearse el afecto y la admiración de personalidades diversas que van  desde los estratos más altos de la sociedad nacional hasta aquellos otros círculos sociales que ignoran, o juegan a ignorar, la valía y admiración que se le tiene fuera de las paredes de su pueblo. 

Las crónicas periodísticas son las que muestran lo que subyace oculto por la desidia de la mayoría, por lo que escribir de Lola Madrid y la Asociación que preside, es recordar la trayectoria ejemplar de una gran mujer. Mujer que no se detiene en su esfuerzo personal por la pasión que siente hacia  sus molinos, y la defensa que ha hecho y hace de ellos para que  sean reconocidos como un entorno único dentro del marco cervantino universal.
Por lo que ya es hora de que en su pueblo se la reconozca como  Hija Predilecta: título que se merece por su nobleza, fidelidad, amor y entrega a lo largo de toda su vida.
Probablemente, si Dolores Martínez de Madrid, fuera un hombre a estas horas en su pueblo natal ya se le habría reconocido su valía. Cuántos nombramientos son escamoteados por aquellos que no han sido capaces de hacer nada por el bien común.
Y cuántos otros son otorgados fuera del entorno donde se reside.
Lola Madrid tiene tanto desamor recogido a lo largo de los años que tiene dicho que cuando se marche de su bendita villa molinera, su familia no acepte homenajes póstumos ni flores de oficio funerarias. Y tiene razón; parece que Sancho Panza hablara sentenciando. A la manera de don Quijote, Lola Madrid mira altiva a los trúhanes que la intentan callar, omitiendo su presencia en actos oficiales cuando gracias a ella, por esa villa cervantina han pasado, hemos llegado gentes diversas para festejar y alabar La semana cervantina de Campo de Criptana y su sierra coronada de molinos de época cervantina. Y aun así el ayuntamiento sigue ignorando sus méritos. Ingratitud humana con visos de envidia solapada.

Lola, se marchará una tarde a mirar la sierra convertida en viento; llegará como brisa arisca, se meterá por los ventanucos de los molinos para mover las aspas y lanzar al pueblo que ama por encima de ella misma, el orgullo de ser criptanense. Llegará y nadie la reconocerá porque su larga cabellera de mujer joven y bella dejará su perfume por entre peñas y sembrados, viñas y caminos, cal y coceros de parajes que ella recorrió en su juventud… Sí, Lola Madrid fue joven y hermosa aunque casi nadie ya lo recuerde.
A veces el cuerpo envejece y el corazón rejuvenece.
Si esta Señora manchega no tuviera un corazón joven no estaría escribiendo de ella.
Un corazón, el suyo, cansado de bregar y amar sin medida. Amor es lo que le sobra.
Y amor es lo que su pueblo le debe a la última molinera que molió trigo en uno de sus molinos.
Ojalá que a la excelentísima Doña Dolores Martínez de Madrid : Dama del Capítulo de Nobles Caballeros y Damas de la Reina Isabel la Católica, sus paisanos le otorguen lo que se merece y yo reclamo para ella ser nombrada en vida “Hija Predilecta de Campo de Criptana”
Cuantos nombramientos hay inmerecidos y cuantos otros a nivel regional y nacional no se han otorgado a quienes de verdad lo merecían.
Lola Madrid vibra con la pasión de la adolescencia cuando habla y mira sus molinos. Probablemente le sobra pasión, por eso grita su impotencia del mismo modo que don Quijote peleó contra los gigantes, sabiendo en su corazón que lo llamarían loco, y que no podría cortar las injusticias que se suceden a lo largo de los siglos.
Cervantes lo sabía y por esa causa escribió su novela.

                          
                                                                                 Natividad Cepeda

Arte digital: N Cepeda








martes, 2 de septiembre de 2014

A mi Señor: Don Quijote de la Mancha.



         Mi Señor Don Quijote:
                                             Habéis de saber que jamás tendré otro caballero que no seáis Vos. Lo reitero en ésta carta que comienza sin fecha ni día, porque todo el amor me irrumpe como un campo de amapolas en mayo.
Todos saben que mi nombre es Dulcinea; dama de mi señor, al que también se le conoce como el Caballero de la Triste Figura, el mayor defensor de los oprimidos, el único idealista que no se cansa de cabalgar por encima del tiempo para imponer justicia allá donde no la hay. Vos, no ignoráis que solo nací para amaros y ser amada por vos. Sin vuestro nombre en mis labios mi existencia no tendría razón de ser. Los dos nos hallamos en el espacio sin tiempo terrenal, inermes ante la profunda sed de nuestro amor. Dicen los muchos viajeros que sois un loco echado a los caminos para desfacer entuertos, que de tan locura estáis llenos que se duda de mi existencia. Pero mi señor; los rumores de nuestro amor se extienden como polen y son muchos, -mujeres y hombres- los que nos envidian.

Tú eres para mi distancia y tiempo de geografía dilatada, y se condensa mi amor por detrás de la tarde y, fugitiva de lo que me rodea me interno en tu voz y en tu figura concreta y masculina.  Así, te imagino cansado, detenido al repecho de un derrumbado hastial, mientras nuevos y jóvenes lectores dejan sus libros de texto y leen tus aventuras.
Yo en estos días de comunicación desorbitada y febril, donde la prensa, destaca las muchas muertes de mujeres a manos de malos hombres, me refugio en tu conmovedor amor y cierro mis ojos para guardar dentro de mi soledad vuestra mirada.
enamoré del azul transparente de las tardes manchegas hace ya mucho tiempo: dicen que la Mancha es un mar de llanura por donde los sueños navegan...
Así, como perdida, me quedo desmigando nuestros muchos naufragios, mirando la ciudad con los muchos rostros que en ella deambulan. Todo cabe entre sus paredes y sus calles, el deseo de recibir una caricia sin testigos, así, frente a la tarde que adolece de luz. Y en el juego de luces crepusculares dejar que vuestra ausencia se desvanezca, y me asistan vuestras manos, su tacto  y su temblor sentirlas por mi piel  como una procesión de estrellas primerizas. Por eso ahora turbada, llena de eternidad y de misterio escribo esta carta empapada de tiempo.

Tiempo cosido a tus aventuras, a la inmensidad de tus hazañas, a tu doliente grito enfrentado a tanto malandrín que puebla nuestro mundo, y nos mancha la dignidad, y nos ensucia  la alacena cuando desde la televisión nos dicen que la sangre de un cuerpo de mujer a vuelto a oscurecer el sol.
Yo que solo por vuestro amor fui llamada bella, emperatriz y señora, princesa y dama a la que desde entonces cantan los trovadores y poetas, os escribo desde la niebla de los días, entre este jirón de vida que nos asiste, y nos hace coincidir en este nuevo siglo, para así demostrar que los milagros aún son necesarios y precisos, porque sin ellos el camino al futuro sería un triste funeral, una tumba donde ni la yerba crecería porque se me hiela la sangre ante  tanta miseria y destrucción.

Mi buen amor, mi señor, don Quijote en estos días os digo que me siento como un ángel sin alas, roto, y cubierto de sangre que me llama y reclama, que os suplique, que por Dios, vengáis de donde estéis a defender a tantas pobres mujeres maltratadas, ultrajadas, vejadas, violadas, asesinadas como si el fruto de aquella manzana primigenia aún nos pasara cuentas...
Sé que solo vos, defenderéis a esas damas sin hacerles preguntas, sin repasar sus vidas, sin pensar que alguna se lo tenía merecido. ¡Oh, Dios! no sé,  las que ahora están amenazadas dónde podrán hallar cobijo. No lo sé, y me siento yo misma por ellas perseguida, y me duele la memoria de pensar en tantos nombres olvidados, y me tiemblan las manos cuando rezo por ellas...
Por eso mi señor don Quijote, os escribo esta carta, que sin fecha ni dirección os mando, para así calmar mi dolor y mi impotencia, y siento que por mis venas galopan el miedo y el dolor que junto a mi corazón llora por tanto amor asesinado. Cuando la recibáis, Señor Hidalgo, no dudéis en volver del más allá, las damas de hoy en día os reclamamos vuestra ayuda, y no es que todos los hombres sean malvados y perversos, no señor, pero algo de valentía y de coraje, sí que les falta para de una vez por todas acabar con  tantas muertes y hacer causa común y no mirar para otro lado...


Venir mi amor para que dejen de haber ángeles negros en los labios que hoy, llevan y hay sólo frío. Venir para dejar en las manos de las mujeres ramos de flores. Flores que sean recibidas por ellas, como tributo de amor, y no que sean flores de mortaja y de adiós.
Llegar para que esta arisca realidad termine, para que en la besana de la vida el luto no se convierta en algo cotidiano. De verdad mi Señor, que ahora más que nunca necesito vuestros brazos, dejarme abandonada en vuestro pecho, escucharos, hablar, y comprender, que la nobleza de la estirpe masculina aún persiste, porque quiero volver a amar y en el rellano de mi sangre no sentir la violencia de la muerte; sentir que el amor es poderoso y que gracias a él  los buitres infernales del crimen  se disipan.
                                                                             Al borde de vuestro amor y mi esperanza esta mujer a la que llaman Aldonza y Dulcinea os espera.
                                                                                                          
           
Febrero, mes de la fiesta del amor, del año de gracia de 2004

                                                                                                                 Natividad Cepeda



Hoy a primeros de septiembre del año 2014  las muertes de mujeres asesinadas  en demasiados pueblos y ciudades del mundo conocido continúan. Son asesinadas mujeres en Europa,  América del Norte y del Sur, Asia, África… y  maltratadas, castigadas y ultrajadas en todos los países donde no hay Derechos Humanos amparados sus jueces y gobernantes en leyes inhumanas y fanáticas. Por cada una de esas mujeres asesinadas mi plegaria y mi recuerdo con el dolor de que cuando escribí esa carta que fue premiada en un certamen literario pensé, equivocadamente, que diez años después la muerte de las mujeres asesinadas habría terminado. Por todas y cada una de esas víctimas debería volver mi Caballero para salvarlas del exterminio. Amen.


Arte digital:  N. Cepeda