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lunes, 29 de diciembre de 2025

 

DE TOMELLOSO

CONFERENCIA DE NATIVIDAD CEPEDA SERRANO, SECRETARIA DE LA ASOCIACIÓN, EN EL 450 ANIVERSARIO DE LA PARROQUIA DE LA ASUNCIÓN DE NTRA. SRA. DE TOMELLOSO




Momento en que Natividad Cepeda recibe un obsequio de la Parroquia de la

Asunción de Ntra. Sra.

 

El pasado día 13 de diciembre de 2025, Doña Natividad Cepeda Serrano, Secretaria de la Asociación para la Causa de Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso, acompañada por el Párroco Don José Ángel Martín Acosta y Consiliario de la Causa, impartió una conferencia llamada “Sobre la Causa de Ismael de Tomelloso” con motivo del ciclo de conferencias que se vienen dando en la Parroquia de la Asunción de Ntra. Sra. de Tomelloso por la celebración de su 450 aniversario.

D. José Ángel presentó a la conferenciante comentando su currículum, que tiene un peso no solo cuantitativo sino, lo que es más importante, cualitativo.

A continuación, Natividad tomó la palabra haciendo un repaso de la Causa de Ismael de Tomelloso desde su inicio hasta la actualidad, a la par de dar unos apuntes sobre la vida de Ismael, sobre todo en su etapa final cuando tuvo grandes sufrimientos físicos y espirituales en el Hospital Clínico de Zaragoza, pero que supo entregarlos en sacrificio por Dios y por la paz entre los españoles. Destacó algunas figuras que convivieron con el Venerable Ismael en sus últimos momentos que pasó por este mundo como el capellán Don Ignacio Bruna, o como la enfermera Aurora Álvarez, figura fundamental “sin la cual no tendríamos a Ismael”, según le dijo en su día Madre Asunción González Burillo, Abadesa que fue de las Religiosas Concepcionistas de Clausura de Manzanares (Ciudad Real); aquellos momentos de la Guerra Civil española que tan duros fueron y que tantos mártires dio a la Iglesia católica.

Resaltó también Natividad “lo que estamos haciendo con los mayores que acaban abandonados, y que deberían tener un lugar en la familia”, algunos de ellos devotos del Venerable Ismael.


Momento en el que la Señora Secretaria desarrolla la conferencia.

Para no olvidar a Ismael de Tomelloso, Natividad nos dice que “si no rezamos, no tenemos a Ismael. La oración es la fuerza que nos da para continuar”, por lo tanto, la oración constante es fundamental para que el Venerable Ismael conceda favores y posibles milagros por intercesión y pueda así alcanzar las siguientes etapas hasta su posible canonización, Dios mediante.

Respecto a la antigua tumba del Cementerio Municipal de Tomelloso, Natividad dijo con mucho acierto que “es un lugar sagrado que debe preservarse para futuras generaciones.” Y otro comentario en el que hacer hincapié es que “fue en Zaragoza y sus jóvenes los primeros que sintieron el resplandor de Ismael.” Y continúa: “Son los jóvenes de Zaragoza los que realmente nos devuelven a Ismael, los que creen en alguien que no han conocido, pero que ese misterio es un misterio que llega hasta ellos gracias a Aurora […] que explica a los jóvenes de Zaragoza cómo era Ismael”, jóvenes que eran de Acción Católica.

Público asistente a la conferencia.

Abundando en la fe de Ismael, comentó que “su silencio fue resistencia, fue fe radical, fue amor que no se doblega ante la violencia. Hoy su ejemplo nos interpela: ¿somos capaces de callar para escuchar a Dios? ¿Podemos aceptar ser incomprendidos por los hombres para ser comprendidos por Dios?”.

El acto continuó con un turno de preguntas y comentarios del público asistente, y se clausuró con la entrega por parte de la Parroquia de la Asunción de Ntra. Sra. de un obsequio a Natividad.

La Asociación para la Causa de Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso da las gracias a su Secretaria por la constante entrega en su labor y por ser un faro al que seguir.

 



 



miércoles, 27 de enero de 2021

Blas Camacho Zancada y sus pasos de fe desde sus raíces cristianas.

Cuacuadernos Manchegos


 

Natividad Cepeda | Tomelloso | Sociedad | 27-01-2021

Blas Camacho Zancada y sus pasos de fe desde sus raíces cristianas.

Hay personas que dejan un marcado sentido personal en todos aquellos que les conocen y ese ha sido  el paso por la vida de Blas Camacho Zancada.  Ha pasado y ha ido dejando su rastro en diferentes grupos sociales por su singular personalidad desde todas las puertas que ha traspasado a lo largo de su vida.

Hoy ha llegado a ese camino trascendental  de elevarse por encima de la materia para alcanzar la luz en la que él creía: su fe en Jesucristo y en la Iglesia católica. Su esperanza estaba en Dios naciendo hacia su interior desde el conocimiento del poder  como abogado, político y gestor de múltiples empresas sin olvidar ser esposo y padre de una gran familia. Ha sido un fiel ciudadano de España a la vez que un demócrata convencido desde los puestos públicos donde la ha representado. Seguir su trayectoria es fácil de señalar y que durante estos días publicarán los medios de comunicación sin omitir detalle alguno.

Pienso que cada uno nacemos para labrar nuestro propio campo y en esa andadura Tomelloso le  moldeó el carácter a Blas Camacho, con la misma resistencia de esta tierra  dura, llana y alta, que mira al cielo sin límite alguno para comprobar la pequeñez humana y la grandiosidad de Dios en su universo. Vivir es un continuo forzar la realidad de cada día sobre todo cuando conocemos nuestra finitud y en ese manar de los años percibimos que hay algo más que lo que tocamos y vemos; algo que vive en nosotros y es una costra única que no hace buscar la redención por encima de todo lo acaparado materialmente.

Ese ha sido el Blas Camacho que yo he conocido al buscar las huellas de un pobre muchacho de Tomelloso que encontró a Dios en mitad de una guerra. Nos unió la pasión por dar a conocer la figura bondadosa de Ismael de Tomelloso, y en ese desconocido destino nos encontramos, él con su equipaje de leyes, yo con mi equipaje de versos. Al grupo que empezamos en la Asociación para  la beatificación y canonización de Ismael de Tomelloso nos arrastró su fe en ese chico de bella sonrisa al que ninguno de nosotros conocimos.  Ningún otro ha tenido más fe que él, en Ismael. Nos hizo indagar, ir y acudir a las juntas directivas durante años, incansable en su afán determinativo por elevarlo a lo más alto. Siervo de Dios es hoy reconocido Ismael de Tomelloso por la Iglesia, y sin Blas Camacho, no hubiera sido posible alcanzarlo.

Dios no es cómodo para sentirlo a diario porque siempre nos exige más y nos va forjando a golpe de oración y renuncia, También de ver que muchos son llamados y muchos se marchan cuando descubren que en esa labor no hay focos ni aplausos, solo fe y esperanza en buscar la verdad. El Presidente de la asociación invitó a muchos conocidos a formar parte de la asociación y casi todos se marcharon quedándose con los que sin ruido ni fatuos predicamentos creíamos en lo mismo que él: Y escribió la nueva biografía de Ismael Molinero Novillo, removió obispos y seglares hasta llegar con su credo de fe al Vaticano.

A Blas Camacho Zancada nunca le tiraron atrás las dificultades, tampoco en esta Asociación sin ánimo de lucro donde puso empeño, trabajo y fortuna. Jamás las dificultades lo alejaron de la fe profunda en la bondad del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, jamás. Ahora cuando la muerte nos  aleja de él y a través del teléfono no escucharé su voz resuena en mi interior muchos de nuestros diálogos. Y en ese descampado de la muerte lo veo acrecentado a través del tiempo que inexorable olvida éxitos, homenajes y honores  humanos de los que somos tan olvidadizos. Porque soy consciente de que  Blas Camacho Zancada, nombrado a destiempo, Hijo Predilecto de Tomelloso, será recordado junto al nombre del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, por encima de otros títulos.

Mañana será enterrado en la  cripta de la Catedral de la Almudena, lejos de su pueblo al que tanto ha querido. Pero su nombre  perdurará gracias a su fe en Dios por encima de los que hoy lo lloramos. No hay distancia querido y entrañable Blas, para los que estuvimos contigo, a tu lado, en esta maravillosa aventura de mostrar al mundo la bondad de un desconocido chico, muerto en soledad, lejos de los suyos y al que la fe de nuestros mayores trajo a su pueblo.

Reclino mi pena junto a la cruz de Cristo y las lágrimas, escuchadas y compartidas, con tu esposa y compañera,  Mari Cruz González para comprender que al igual que dejó escrito el Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, tú eres de Dios y para Dios has ido, absorbido en tu credo de buen cristiano. La plenitud es Dios y tú lo descubriste recorriendo el camino de la vida. Ha caído el silencio  sobre tu bien hilado discurso de hombre culto y, derramado sobre  este enero que te despide, están las oraciones de muchos que te respetan, admiran y quieren en el misterio de que todo pasa y Dios queda. Cuando mañana llegue la primavera  y en los cipreses que dan sombra a la cruz de Ismael en el cementerio, vuelen los gorriones y los jilgueros de uno en otro, yo sé que tú estarás en ellos y en la luz del cielo azul del  Tomelloso  del que nunca te marchaste.

 

Natividad Cepeda

 

 

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viernes, 11 de diciembre de 2020

El silencio ermitaño del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso

Empecé hace doce años junto a Blas Camacho y otros compañeros de viaje a conocer más profundamente el testimonio de vida dejado después de su muerte de Ismael Molinero Novillo, al formar parte de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso, proclamado actualmente Siervo de Dios por la Iglesia Católica. Un viaje que no busqué y en el que solo Dios sabrá  por qué sigo caminando.

Sobre estos años he escrito algunas vivencias y escuchado testimonios, y sobre todo la fe y el entusiasmo de su último biógrafo, Blas Camacho Zancada,  impulsor al devolvernos el testimonio de vida de este joven manchego, al que nunca  se le agradecerá lo suficiente su dedicación constante.

La dimensión de Ismael  de Tomelloso me hace peregrinar a su testimonio de vida para encontrar ese amor universal que él sintió y dio a todos cuantos le conocieron. Todo en Ismael es amor sin mengua. Es tan joven  que parece imposible que un chico que sonríe con la mirada llena de luz no luche por vivir.

Para Ismael vivir es morir en Cristo y resucitar en Él. Esa entrega es tan grandiosa que sigue sorprendiendo en el siglo XXI  su silencio de ermitaño en medio de los que lo rodean por los lugares donde transcurrió su vida. Ismael personifica en su búsqueda de Dios la castidad admirada en el medievo entroncada en la pureza  de los santos reconocidos por la iglesia dentro de su doncellez.

Padecer por los otros no es para él  un dilema, es una apuesta decidida frente al dolor que lo consume y lo rodea en un conocimiento reflexivo sobre el mal de la guerra. Ismael es testigo de la desconfianza que engendra el miedo. Un miedo colectivo que separa y humilla sin asomo de piedad alguna como si lo tenebroso de lo medieval hubiera vuelto en aquella España en guerra, donde  la sangre derramada  por doquier sobrepasa y aniquila cuerpos y almas en ese proceso absurdo y equivocado carente de civilización que es un conflicto bélico.

En medio de esa tragedia inhumana surge para él la grandeza de Cristo; comprueba que unos mueren por su fe, y otros por querer erradicar a Cristo y a los cristianos. Nada nuevo en ese momento histórico, repetido también hoy en la iglesia perseguida de la que la mayoría de los medios de comunicación no se hacen eco ignorando esta cruda realidad.

Dentro de esa anarquía de espanto se forja la voluntad juvenil de Ismael.  Así, de su cruz, hace su aventura. Porque descubre que la cruz no es un símbolo artístico plasmado por pintores y cantada por poetas; no, la cruz es el camino ascendente del alma para encontrar a Dios.

 No se puede separar la vida de Ismael de su despertar juvenil. Porque la juventud es la fuerza arrolladora de la vida. Ser joven es volar e imaginar el futuro para alcanzar los logros soñados. Es ante todo el ímpetu de la vida, de ahí la gran importancia de la inmolación que hizo con su silencio al ofrecerse por la paz. Una paz imposible de imaginar en el año convulso de 1938 en España. 1938 es un año de espadas alzadas donde la ceguera colectiva crea héroes y villanos entre los contendientes.

No existe otro silencio que el de la muerte. El dolor  de las vidas segadas desconcierta emocionalmente hoy, por la sinrazón fratricida de aquellos tres años donde el antes y el después siguen vigentes. Ismael es uno más reclutado por el ejército de la república. Es un número en las filas que sucumbirá en la batalla de Teruel. Uno de los miles de hombres que murieron en los campos de batalla.

Porque se puede estar en desacuerdo con la santidad comprendida desde la dimensión cristiana, pero nadie puede negar que el testimonio de este joven sea válido como testimonio de aceptación para cualquier dolor humano. Dolor por enfermedad del cuerpo y del alma.

Ismael ora entre la fiebre y el dolor amando a todos. Su congoja es ver el desamor  en cualquier sitio, en el pueblo, en el frente, en el campo de concentración y en el hospital. Pero también conoce que el amor  por los demás es ilimitado por eso nada pide y nada exige. Todos sus gestos, todo su silencio lo sitúa en lo más alto de los cerros y collados del espíritu. Ismael ha descubierto que su cuerpo es la materia que lo lleva a conocer a Dios en el total abandono de su ser, para entrar en el conocimiento total. El conocimiento de llegar al Absoluto donde todo queda respondido.

Para Ismael Dios es su espacio y soporte, el centro total del universo. Ismael no teme a la muerte porque siente a Dios por encima de todo cuanto le rodea y su entrega está más allá  de las cosas del mundo. Su  centro es Jesús Sacramentado y en él convergen todas sus aspiraciones y acciones. Por ese amor se licua su alma en el metal precioso de la entrega. Todo su silencio es búsqueda de paz  a pesar de la guerra que lo rodea. En el silencio de la oración encuentra la unidad con los demás: nada pide porque todo él está lleno de luz.  Todo lo sagrado conduce a la perfección. Es la apertura que Ismael conoció.

Al intentar describir la espiritualidad del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, llamado así por la iglesia católica, no ignoro que sería más comprendido si escribiera sobre espiritualidad por ejemplo, budista o tibetana, o sobre mente y espíritu para conocerse a sí mismo, aceptado por infinidad de seguidores y múltiples publicaciones donde se dan pautas para alcanzar la perfección seguidas y respetadas actualmente.

Escribir sobre la dimensión humana de Ismael Molinero un hombre sencillo que murió hace tiempo es clara señal de que fue alguien extraordinario cuando hoy,  nos seguimos preguntando el ¿por qué? de su silencio.  Y sobre todo porque ese silencio es un camino a seguir por la bondad que al bucear en su testimonio de vida se nos muestra aun sin comprenderlo.

Nos faltan valores humanos. Y nos sobran iconos en las pantallas electrónicas de mitos exentos de cualidades. Y hay muchas antojeras que impiden ver testimonios de vidas ejemplares como la del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso.

 

Natividad Cepeda

 

Resumida biografía del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso.

Ismael de Tomelloso, nació el 1 de mayo de 1917. Joven de buen carácter, simpático y muy humano. Recitaba poesía y organizaba obras teatrales. Católico de profunda vida espiritual. Estudió con las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, en el colegio de Tomelloso.  En el año1933 integró el primer grupo juvenil de Acción Católica de Tomelloso con el cargo de tesorero. La Guerra Civil lo marcó profundamente por el  asesinato de su director espiritual y la quema de iglesias e imágenes en su pueblo, igual que en toda España. En el año 1937 el ejército republicano lo reclutó y le obligó a participar en la guerra, pero en la batalla de Teruel decidió arrojar su fusil al suelo, se aferró a su medalla de la Milagrosa y dejó de luchar.

Fue hecho prisionero por el ejército nacional  y llevado a un campo de concentración junto a otros prisioneros. El invierno de 1938 fue durísimo se llegó a marcar 20 grados bajo cero por lo que muchos soldados enfermaron: Ismael enfermó de pulmonía siendo trasladado al hospital de Zaragoza. Cuando le preguntaron su nombre y procedencia ocultó pertenecer a Acción Católica para evitar ser tratado de forma diferente a sus compañeros del campo de concentración. 

"No quiero nada con el mundo. Soy de Dios y para Dios; si muero seré totalmente de Dios en el cielo, y si no muero… ¡quiero ser sacerdote!... ¡Hacen falta santos!", dijo desde su lecho de muerte. Murió el 5 de mayo de 1938, tenía 21 años de edad.

 

martes, 2 de mayo de 2017

Centenario de una vida ejemplar y actual: Siervo de Dios Ismael de Tomelloso

      
Irrumpe Dios en el alma de Ismael con la fuerza de la primavera.  Se siente pequeño entre todos. Su vida fue un ejemplo de amor y de caridad hacia los demás. En silencio oraba por la paz entre los hermanos. Y en silencio formó parte del mundo dolorido de los enfermos, de los presos y abandonados en campos de concentración. De los parados sin trabajo. 
Necesidades que remedia en su  albergue de amor fraterno. Sirvió a todos sin aditivos ni falsos ropajes. Regalaba su tiempo y su vida cuidando a los ancianos  del Hospital-Asilo de Tomelloso con la sonrisa en su joven rostro. Curaba con su música y canciones las heridas de la vejez que dejan tristeza en el alma de los abandonados. Amor, por encima de sus propias necesidades.
En medio de la fratricida guerra de 1936, regala sus zapatos al compañero que  ve con unas alpargatas rotas: con esas alpargatas calza sus pies helados: veinte grados bajo cero. Corazón, el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, sin puertas ni cerrojos para el amor sin fronteras. Abandono de sí mismo confiando plenamente en Dios. Humildad exenta de soberbia hasta exclamar…“Como no sé hablar y tengo poca inteligencia, no sé decirle a nadie cosas buenas y de religión; por eso quiero dar ejemplo de vida”.
Cien años hace que nació en Tomelloso un primero de mayo de 1917, murió en Zaragoza un cinco de mayo de 1938 como prisionero de guerra en la cama de un hospital. Fue reclutado como miles de jóvenes y tiró el fusil en medio de la batalla cruenta de Teruel y se puso a rezar pidiendo a Dios la paz.
En nuestra sociedad matizada hasta la exageración de falsas apariencias y consignas sin futuro viene bien revisar de vez en cuando testimonios edificantes como el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso. Sus valores son actuales. Su espiritualidad es su fortaleza. Su fuerza, su fe en Dios. Su vida es un acontecer de amor universal. Su alegría es el amanecer de la juventud, y su silencio, abandonado de todos y sin pedir nada, es el rumor del amor universal que no cesa en el devenir de la vida.
Fue perseguido por unos y por otros; y amo a todos,  porque la paz la llevaba dentro de su alma al vislumbrar la existencia del amor de Dios sin partidos ni consignas que enfrentan y matan.
Ismael de Tomelloso no tuvo agentes que lo representaran como artista, cantaba, tocaba la guitarra, era actor aficionado representando obras de teatro, decorador, dependiente  de tienda de tejidos, organizados de cabalgatas de Navidad y reyes, y miembro de rondallas…
Cuando la guerra lo envuelve en su terror, él se niega a matar hermanos. Obedece y se viste con su uniforme de soldado. Calla, ante los que lo insultan por ser cristiano. Calla y comparte lo que tiene con quien él, piensa que lo necesita más que él. Y cuando cae prisionero  nada dice cuando lo interrogan: calla y en silencio sigue rezando por la paz de todos los hermanos que se mueren de hambre, frío, metralla y hacinamiento.
No se queja. Reza por la paz y escribe a los suyos diciendo que todos lo tratan bien. 
Y de pronto aquel muchacho llagado y esquelético, de mirada limpia y hermosos ojos regresa desde aquella España desangrada, iluminando el pasado y el presente  con su sonrisa amplia. Y los que lo conocieron se han ido, quedamos los hijos y los nietos y al mirarlo algo dentro del cuerpo llega hacia adentro y sentimos que Ismael, que ha perdido hasta sus apellidos,  nos insiste desde su silencio a recuperar tantos valores perdidos en nuestra sociedad donde los suicidios se suceden y el amor es un sentimiento de quita y pon basado en el placer si amor.
Tomelloso, Zaragoza, Madrid y Teruel donde hay delegaciones con su nombre, vuelven a su silencio, porque el silencio de Ismael fue y es, una prueba de amor en Dios y en las personas. Es un cristiano laico sin miedo por su fe. Sin fanatismo y sin crueldad. Es un modelo de joven adelantado a su tiempo por su versatilidad artística en mitad de una sociedad rural e inculta que destruye todo lo que toca, vidas y patrimonio: que amenaza a los suyos y los masacra sin pudor y sin conciencia. Es  y fue un niño que empieza a trabajar a temprana edad como los niños que en países pobres y no desarrollados son explotados. Ismael de Tomelloso es un eslabón de superación autodidacta que descubre la humanidad de los que lo rodean sin odio y sin venganza porque él, descubre que orando en el silencio del sagrario conecta con la música de las esferas del Creador.
Increíble y cierto. Para llegar a ese conocimiento no viajo a lugares lejanos en busca de un  gurú, escuchó el corazón de Dios desde los labios de su madre, de sus amigos y de un joven sacerdote que instruía a los jóvenes. No tuvo psicólogos, ni Internet, ni televisión, ni vacaciones, ni coche… descubrió a Dios y amó a los demás. Ese es su testimonio, esa es su vigencia por lo que celebramos su nacimiento. 

                                                                                   Natividad Cepeda

Arte digital: N cepeda

sábado, 8 de abril de 2017

Semana Santa celebración de amor y fe

                             
Con Dios no se juega: se nos ha dicho que lo qué sembremos será nuestra cosecha.
La mirada de Dios es la luz del corazón sobre la razón. Y nuestra razón es el mensaje de Dios fundamentado en el amor. Pero  no siempre las razones son entendidas  y aplicadas  por el amor de Dios.
El amor es la puerta por donde se sale y entra eternamente. Y la Providencia  nos espera,  conoce  nuestra pequeñez y  nuestra pobreza.  Y su amor  es la esperanza que nos sostiene cuando una herida del alma o del cuerpo nos hunde en el dolor.
Dios, para los que se autoproclaman progresistas, no es actual y por supuesto tampoco  significa progreso. Más, a  Dios, nadie lo puede comprar ni confundir.
Por los días de abril aparece por calles y plazas de España la oración caminando por ellas de miles de cofrades  vestidos con antiguos sayales de penitencia.  Es la oración del pueblo que ora  buscando su propia redención, desde la redención universal de Cristo clavado en la cruz.
Oración  en los templos adonde llegamos los católicos; nosotros, los perseguidos en nuestro país y en otros países. Persecución sangrienta y atroz  en centros donde se cuidan niños quitándoles el hambre y auxiliando a los ancianos abandonados en calles que recogen sacerdotes y monjas, seglares y catequistas afincados junto a los estercoleros del mundo, viviendo junto a ellos,  gracias a la ayuda de los católicos que envían su ayuda monetaria a través de la Iglesia necesitada.
Semana Santa   de un trance humano que anuncia luz de resurrección en memoria de una promesa  que dejó un rastro de cambio en la sociedad de su momento, tan singular y atrevida que desde que fue escuchada la  palabra  del Maestro; Él, sus discípulos y seguidores fueron perseguidos, ayer  igual que hoy.  Porque aquello que escribió Jesús de Nazaret  en la tierra evitando un asesinato femenino sigue estando vigente: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” Y nadie se atrevió a lapidar a la mujer.
Actuales estas  palabras hasta  hoy, donde  se siguen lapidando a mujeres en otras culturas que no conocen sus palabras ni nuestra Semana de Pasión. Todo en la Cuaresma es camino  que nos lleva hasta la Semana Santa y a su celebración con la mirada del alma puesta en nuestra fe. Fe que es nuestra esperanza para alcanzar la Pascua de la vida: nuestra resurrección, santo y seña de Cristo resucitado.
En los días de esa semana especial y única para nosotros los creyentes, las calles son transitadas por un sueño de pétalos caídos alrededor de un hecho histórico  que es la esencia de Europa. Olvidar la cristiandad y su repercusión en Occidente es querer tapar al sol con nuestras manos. Cierto es, que como humanos hemos cometido errores  y los seguiremos cometiendo.
El mensaje de amor universal de Jesús Hijo de Dios, sigue vigente e incumplido por la mucha exigencia; Él nos dijo “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado (Juan 15:12). Y por ese camino andamos buscando durante la Cuaresma  salvar nuestros escollos junto a las muchas dificultades que encontramos para sentir amor y paz dentro de nosotros  para darlo a los demás. 
La vida es un camino trémulo y frágil como la luz  de un candil en mitad del campo que se puede apagar con una pequeña ráfaga de aire. Intentamos tener apariencia de fuertes para que en la batalla diaria nadie nos haga morder el polvo del fracaso. Y nuestra fuerza que en ocasiones es un  tornado que todo lo puede, en otras sentimos hacernos añicos ante la salud quebrada o ante la moral destruida por tanto deterioro de vanos proyectos sin base de lógica y principios.
Las plegarias que hacemos en los templos los cristianos en estos días no son plegarias de tristeza y de ceniza, son hogazas de pan amorosas para sanarnos de tantos males.
Brotan en abril las hojas de los árboles repletas de color vivo y resurgen los tallos en los campos para recordarnos  que después de la muerte del invierno la vida resucita. 
Esta es mi fe, la del silencio de Juan de la Cruz con su fontana viva: la del silencio de Ismael de Tomelloso con su hermosa sonrisa de paz exento de guerra y odio, orando así “Quiero vivir absorbido en Dios, perdido en la inmensidad de Él, y a Él totalmente entregado. La fe  de Monseñor Arnulfo Romero, asesinado por un francotirador  el 24 de marzo 1980 mientras oficiaba una misa y que dijo “Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como testimonio de esperanza en el futuro. Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quiénes lo hagan. Ojalá, así, se convencerán que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”. Monseñor Óscar Romero, agosto 1978. 
Esta es mi fe, y  junto a estos testimonios  otros muchos  como el de Ángela de la Cruz, Teresa de Calcuta, Edith Stein, luego Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Auschwitz, 9 de agosto de 1942. Mujeres y hombres a los que nadie pudo rebajar ni humillar porque su fortaleza nacía de Dios. Perseguidos y jamás olvidados.
Nombres propios conocidos; nombres propios anónimos desperdigados  por  los pueblos sin miedo al escarnio ni a la burla. Soportando la mofa de los que abogan por libertades sin respetar la libertad de los católicos  que se ponen su túnica y salen por las calles de España  enseñando con su testimonio una catequesis nacida del pueblo llano para sí mismo. Tradición y fe. Oración popular  digna de admiración y de respeto. Ellos los nazarenos y nazarenas que elevan las imágenes sobre sus espaldas y hombros cada nueva primavera orando de esa manera por todos. Plegaria física. Plegaria ante la talla de Cristo y de su madre. Arte religioso, joyas de orfebres y escultores que salen a la calle desde el recinto sagrado de los templos.
Creer es un don de Dios. Mi fe son mis pilares humanos por donde busco la justicia desde la enseñanza de Cristo resucitado. Y conmigo, cientos y miles de cristianos silenciosos y hermanos que salimos a la calle en Semana Santa porque así nos lo legaron los que nos precedieron. Y no dudo que quienes aman mucho, siempre recibirán una muestra de amor en la senda de la vida. No hay mayor equivocación que perseguir al amor. Porque el amor jamás muere.

                                                                                                Natividad Cepeda

 Arte digital: N Cepeda


miércoles, 5 de agosto de 2015

PLEGARIA POR EL SILENCIO DE UN HOMBRE BUENO SIERVO DE DIOS ISMAEL DE TOMELLOSO

              Ahora, cuando la plata se hace hueco en mi pelo, vuelves a recordarme que todavía en el silencio de los justos habla Dios. Ahora cuando todo es ruido y miseria en mitad de la crisis económica y nadie rectifica sus errores tu hablas desde tus pensamientos que siempre en el camino hay santos que nos dan el testigo de la fe. Ahora cuando todas las empresas parecen ir a la quiebra del desastre arrastradas por la destrucción de la avaricia tú aseguras que hay que dar en medio del caos ejemplo de vida en el mar agitado por donde navegamos. Y sencillamente rezas en silencio absorbido en Dios, perdido en la inmensidad de Él y a Él totalmente entregado. Ni egoísmo, ni dinero, ni comodidades, ni familia, ni honores... ¡Sólo Cristo!
Así perdido  en ese éxtasis cumples estrictamente con la pasión del hombre que sabe que morir es nacer desde el abandono de los hombres. Desde mí pobreza interior intento peregrinar a tu cobijo: Ismael de Tomelloso, Siervo de Dios enfermo y oprimido  lejos de todo cuanto es humanidad piadosa. Me aturde pensar en tu silencio, en esa voluntad tuya de entrega por amor hacia todos, realizada en medio del terror de la guerra y del odio. Me viene grande tu mensaje de perdón entregado desde la soledad y el menosprecio de los vencedores para con los vencidos. 
Y otra vez me planteo la pregunta sin respuesta; cuando aquello ocurría ¿adonde estaba Dios? Y no tengo profetas que me respondan ni guía que me explique por qué tú, tan joven, y con tantos ases en la mano, te dejaste morir en medio de la muerte. Noche oscura sin otro alumbramiento que Dios. Noche de calvario y de gólgota en todos los campos de concentración del mundo, en todos los hospitales de prisioneros de guerra donde el símbolo de las banderas son símbolos mojados en lágrimas y en sangre. Allí donde Cristo muere una y otra vez cubierto de harapos, despreciado por los vencedores, ultrajado por los verdugos de cualquier año, siglo y siglas.
Desde tu mirada de muchacho que sonríe intento ver, Ismael, los vastos baluartes de la guerra, y tú  me muestras la esperanza en la vida.  Acaso la santidad sea eso, una sonrisa que estrechamente nos une a Dios. Es posible que más allá de la tierra yerma  del alma se puedan levantar senderos que nos conduzcan a la luz. Me desconciertas Ismael Molinero Novillo, me dejas a la intemperie cuando me sumerjo en tu corta vida. Y también me arrebatas el corazón cuando veo en tus ojos soñadores  la resurrección de la carne gracias al amor de Dios. Por qué ¿qué otra cosa es, esto que ahora está sucediendo? Dicen que de la oscuridad nace la luz y de la muerte la vida. Aseguran que de Dios venimos, y hacia Dios vamos. Está escrito, que polvo somos, y al polvo volvemos, pero quien tiene tanta fuerza para hacer posible que tú, Ismael, regreses del silencio para que junto a ti, miremos sin odio y sin venganza, una página trágica y vergonzosa del ayer.
En muchas ocasiones vago por mis desiertos, me desvelo en mi noche oscura y me pregunto si es verdad y cierto, que Dios está en medio de nosotros, ahora  sin llamarte ni buscarte, tú, te haces presente, joven manchego, muchacho obrero que sacaba tiempo para declamar en el teatro, tocar instrumentos y ejercer el voluntariado entre los viejos del asilo, los pobres parados y hambrientos que pedían por caridad pan y comprensión en aquella década de 1930. Y creo que esto es posible porque Dios resucita entre las muertes de cada día.  Hoy, te elevo mi plegaria, Siervo de Dios, no desde la muerte que pasea los estandartes de las procesiones por las calles de nuestras ciudades, te rezo para que impulses mi resurrección junto a la tuya.  Canto como el salmista a la vida, esperando que Dios, sepa perdonar mis muchas flaquezas, porque soy hija del mundo y te aseguro, Ismael, que no es fácil seguir tu ejemplo. 
El tiempo no ha parado su fluir, contigo se ha expandido junto al Crucificado,  no hay razas ni color, ni mensajes que puedan acallar aquello de "Amaos los unos a los otros como yo os he amado, en eso conocerán que sois mis discípulos" Tú, Ismael de Tomelloso, hiciste del mandato de amor, tu amor de entrega, haz posible que en la resurrección de Cristo además de la tuya esté la nuestra.

                                                                                                               Natividad Cepeda


Arte digital: N Cepeda

jueves, 17 de octubre de 2013

Ocurrió en Zaragoza

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Después de muchos años de la muerte de Ismael Molinero Novillo; cuando todo es distante y apenas sobreviven los que lo conocieron, yo me pongo a escribir mirando su sonrisa. Y siento que no entiendo las causas de aquellos años mientras camina octubre sobre uvas podridas. Huele el aire a mosto fermentado en Tomelloso, mientras los precios bajan de los caldos y suben los salarios de los que, con cansancio, cortan racimos en esta vendimia de excesiva cosecha para males de la gente del campo.



Queda en el aire el encuentro de cimientos lejanos, y algo sucede cuando escucho a mi padre, casi ciego, hablar de aquél pasado, para mi inexistente, y para él rescatado de su memoria intacta. Se han cumplido los ciclos y aunque tú Ismael, me sonríes con tus hermosos ojos desde la nueva estampa editada, para mí, sigues siendo el mismo chico que me contaban que una tarde de mayo, envuelta en lluvia, llegó de Zaragoza a dormir con los suyos el sueño de los justos.

Medito mientras pienso en mi padre y tu hermano; ancianos que recuerdan tu simpática sonrisa, cuando en la tienda llamada “El siglo” donde eras dependiente de una tienda de telas y otras prendas, al salir del colegio, mi padre se pasaba a pedirte unos globos, y tú se los inflabas de aire, y si se le rompían, y volvía a por otros, de nuevo sonreías y le dabas otro globo. Los niños, Ismael, aunque crecen en años y se vuelven torpes y olvidadizos, nunca olvidan los que les regalaron amor y buen talante. En la vejez la infancia adquiere fuerza, será porque el alma permanece lozana, sin arrugas en sus pliegues suaves.

Justamente por eso yo conocía Zaragoza unida a tu nombre. Fueron años muy duros los que ellos vivieron, nos educaron los padres santiguando la frente al ir al acostarnos, y al taparnos, dejaban un beso de cariño en el mismo lugar que nos habían bendecido. Soñábamos en ir a Zaragoza como ahora se sueña en ir a Londres o a Berlín, aunque nunca lo hicimos. Nos quedaba lejos Zaragoza y Teruel y la vida pasó, como pasa la vida, muy rápida y veloz. Ahora muchos han vuelto a traerte a la vida Ismael, no con tus apellidos, si no como Siervo de Dios, y yo miro a mi padre con sus noventa años y sus ojos nublados, y pienso, que todo esto, como escuchaba en mi niñez decir a los mayores; son cosas de Dios y nada más que de Dios.


Pero es verdad que todo ocurrió en Zaragoza, con la imagen de la Virgen encima de un pilar, base donde se asienta la fe de muchos miles de creyentes que rezaron ayer, igual que rezan hoy. Un muchacho moría y rezaba a la Virgen sin alcanzar a verla en su altar. No es fácil escribir de tu vida, aunque escuche a mi padre y a tu hermano Luis Molinero, hablar de tu sonrisa. Pero tú enamoras a sencillos y a aquellos que hablan de teología intentando escudriñar el amor que sentías.

Y cuando nos parece que todo se corrompe en medio de nosotros, volvemos al pasado, a los años del hambre que recuerdan los padres, niños de la posguerra; años de emigración igual que los de ahora, y descubro que tú, Ismael de Tomelloso, me acompañas silencioso y sereno lo mismo que en mi infancia. Ocurrió que en Zaragoza una joven muchacha, llamada Aurora, sin fronteras políticas, te devolvió a nosotros. En tus biografías pasa Aurora como pasan los ángeles, quedo y sin hacer ruido, sin ningún monopolio y después se pierde en la distancia…

Todo tú eres silencio en medio de la vida Ismael Molinero: Silenciosa es la aurora cuando rompe la noche, y cuando llego al templo y paso al Sagrario, el silencio me embarga porque también hoy Dios, sigue estando muy solo, lo mismo que lo estaba cuando con Él, tú hablabas. La en la Parroquia de San Pablo de Ciudad Real, se hablará de tu vida: una vida pequeña, de corto recorrido y largo alcance, con similitud en la falta de trabajo y en la ausencia de esperanza. Sin embargo tu pequeñez despierta alegría y las cartas que llegan desde muchos lugares distantes del mundo hasta nosotros, me hacen pensar en la inmensidad de Dios a pesar de que casi no lo conocemos. Zaragoza sigue rezando a la Pilarica, y para no cambiar todavía se ponen explosivos porque los católicos molestamos a pesar del silencio tuyo y de otros muchos que sin ruido, rezan y ayudan también en esa crisis de valores y salarios.


Probablemente cuando pase esta generación vengan otros que sigan escudriñando en tu vida y en tu ejemplo: y al igual que hoy muchos otros se pregunten que para qué hace falta escribir de tu silencio. Se olvida que desde el silencio brota la vida en toda plenitud.

                                                                                                                                 Natividad Cepeda
*Secretaria General de la Asociación para la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso



Publicado:
manchainformacion.com | 12/10/2013

DIARIO LANZA15/10/2013
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Arte digital: N.Cepeda