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viernes, 21 de junio de 2024

Paradigma de amor universal y despojamiento de uno mismo del Venerable Ismael de Tomelloso




Empecé hace 18 años junto a Blas Camacho y otros compañeros de viaje a conocer  profundamente el testimonio de vida, dejado después de su muerte,  de Ismael Molinero Novillo, al formar parte de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso. Un viaje que no busqué y en el que solo Dios sabrá  por el que sigo caminando hasta hoy.

De ese comienzo escribe en “Con Vosotros - Diócesis de Ciudad Real” Semanario de la Iglesia en Ciudad Real Jesús Cañas Parra  sobre Ismael de Tomelloso lo siguiente:

El 23 de mayo de 2024, el Dicasterio para las Causas de los Santos publicó, con la firma del Papa Francisco, el decreto de virtudes heroicas del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso que le conducirá a ser venerable. Años antes, concretamente el 17 de diciembre de 2006, se constituyó en el Colegio de la Milagrosa de Tomelloso una asociación para llevar adelante los trabajos necesarios para el buen avance de la Causa y la extensión de la devoción personal hacia Ismael de Tomelloso. La Causa de Ismael de Tomelloso recibió el nihil obstat de la Santa Sede en marzo de 2008, y quedó abierta en el Obispado de Ciudad Real el 5 de mayo de ese mismo año.



Jesús Cañas Parra es Tesorero y Administrador de Economía de la Junta Directiva de la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael  Molinero Novillo, proclamado Venerable por la Iglesia Católica. Es el tomellosero más importante de nuestra ciudad y también el gran desconocido para la mayoría de la población. Sobre estos años he escrito algunas vivencias y escuchado testimonios, y sobre todo la fe y el entusiasmo de su último biógrafo, Blas Camacho Zancada, su impulsor de las últimas décadas, al devolvernos el testimonio de vida de este joven manchego, al que nunca  se le agradecerá lo suficiente su dedicación constante.

La dimensión del venerable Ismael  de Tomelloso me hace peregrinar a su testimonio de vida para encontrar ese amor universal que él sintió y dio a todos cuantos le conocieron. Todo en Ismael es amor sin mengua. Es tan joven  que parece imposible que un chico que sonríe con la mirada llena de luz no luchara  por vivir. Cuestión incomprendida para la gran mayoría de este momento donde la imagen y las voces personales son la medida del popularismo actual.

La cumbre de Ismael es vivir el Evangelio vivificador en toda su existencia cristianamente, porque él es seguidor de Jesucristo y esa vivencia la vemos en su sonrisa, que es la sonrisa de Dios.  Orar y amar a todos, incluso a los que le odian,  persiguen y desprecian en mitad de una contienda  adonde es llevado como soldado de la Republica de España desde 1936 a 1939; cuando con anterioridad  ha sido buscado por su fe en Cristo, por los mismos que le obligan a enrolarse es paradigma de amor  universal y despojamiento de uno mismo. 



Ismael es un laico sencillo, humilde y trabajador desde la adolescencia, como lo eran muchos chicos y chicas de su entorno, que descubre la contemplación ante el Sagrario rezando su plegaria en silencio, para escuchar la armonía de la creación en su trasiego espiritual al conversar con Dios. La fe arraiga en su alma y se abre a la verdadera libertad, al amor de Dios y por Él, al amor al prójimo. Esa es la verdadera razón de su silencio. Su valor total y pleno. Lo esencial de su troquel cristiano.

Hoy no sabemos escuchar al silencio porque hay excesivo ruido. El Venerable Ismael de Tomelloso conversa con el silencio orando desde el latido profundo de su corazón. Un corazón que acompaña a los ancianos abandonados en el asilo, solos, sin familia ni enseres personales; iguales a los de  hoy. El corazón, que late con los niños, a los que regala globos cuando a la salida del colegio pasan a verlo a la tienda de tejidos “El siglo”, donde trabajaba, con su hermosa sonrisa. Así me lo contaba mi padre, niño de entonces. Crece su amor en felicidad cuando descubre desde su alegría la música de la guitarra, de la interpretación  siendo un joven autodidacta que se cultiva en cultura y busca la felicidad en medio de los otros con su añoranza de Dios y su búsqueda constante.



El estallido de la guerra y su trascendencia inmoral en la conciencia humana no ha cambiado desde miles de años. Ismael conoce su tragedia destructiva injusta y cruel carente de triunfos y en medio de su estallido en la batalla de Teruel  incapaz de hacer daño tira su fusil y reza. Así lo contaron quienes lo vieron. Su actitud intemporal con la visión de hoy se le puede llamar pacifista al oponerse a la violencia de la guerra; de cualquier guerra  vivida externa o internamente. Y es para Ismael tan primordial que cuando es hecho prisionero calla pertenecer a la Acción Católica para ser uno más de los prisioneros de guerra llevado hasta el campo de concentración  perdido en la densidad de los otros; calla, reza y enferma sin perder su fe y la esperanza en Dios y en la medalla cosida por él en el forro de su chaqueta militar de la Virgen Milagrosa. Igualdad sin prebenda junto a los que en nada se identifican con él. Pero  sabe que su horizonte  es el amor repitiendo

 “Soy de Dios y para Dios, si muero seré totalmente de Dios…y si no muero quiero ser sacerdote.” 

De esa fe se desprende la luz de Ismael; de la irrupción de Dios en su alma. De Cristo vivo para todo el que sufre y espera en Él. Su cuerpo llagado peregrina al amor  ecuménico del Señor con el equipaje de morir solo en la cama de un hospital de guerra… Como mueren en los campos de batalla y hospitales los inocentes de las inútiles guerras actuales. Entender  la vida del Venerable Ismael de Tomelloso con nuestra visión  narcisista buscando la admiración y reconocimiento de todos es ignorar  la grandeza de este laico católico para el que Dios era y fue, el Alfa y Omega de su vida. Principio y fin de su existencia  que él afirmaba  al decir y dejar escrito

”Quiero vivir absorbido en Dios, perdido en la inmensidad ce Él y a Él totalmente entregado. Ni egoísmo, ni dinero, ni comodidades, ni familia, ni honores…Solo Cristo.”





El silencio del Venerable  Ismael de Tomelloso es similar  al testimonio de San Juan de la Cruz, acallar las injusticias de las sociedades humanas  en favor de la esperanza y el amor de Dios. La validez de su vida es participar en la alegría de su existencia dándolo a conocer  en toda su dimensión en mitad de la globalización, entre las sociedades que la forman, porque para el amor y la paz no hay fronteras.

 

Natividad Cepeda

Secretaria General de la Asociación para la Causa de Beatificación y Canonización del Venerable  Ismael de Tomelloso.

 

Ismael Molinero Novillo, nació el 1 de mayo de 1917 en Tomelloso. Estudió en el colegio de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl  de Tomelloso.  En el año 1933 integró el primer grupo juvenil de Acción Católica de Tomelloso con el cargo de tesorero. La Guerra Civil lo marcó profundamente por el asesinato de su director espiritual Reverendo Bernabé Huertas y el párroco Reverendo Vicente Borrell  y la quema de la iglesia e imágenes de Tomelloso. En el año 1937 el ejército republicano lo reclutó Fue hecho prisionero por el ejército nacional y llevado a un campo de concentración junto a otros prisioneros. El invierno de 1938 fue durísimo se llegó a marcar 20 grados bajo cero. Ismael enfermó de pulmonía y tuberculosis siendo trasladado al hospital de Zaragoza. Cuando le preguntaron su nombre y procedencia ocultó pertenecer a Acción Católica para evitar ser tratado de forma diferente a sus compañeros del campo de concentración. Murió el 5 de mayo de 1938, tenía 21 años de edad.

 

 








lunes, 23 de agosto de 2021

Mascarillas

Estás sobre mi rostro ocultando mi sonrisa o un mohín dibujado en mi boca y desde que formas parte de mi indumentaria me siento atrapada en tu bozal de tela.

 A veces me ahoga llevarte evitando respirar con este calor abrasador del verano y siento que la garganta se me seca y aspiro queriendo abarcar mucho más aire que el que tú me proporcionas.

Cuando camino por la calle me saludan rostros de ojos que no reconozco y de la misma manera respondo ignorando a quien saludé y quien me saludó. Interiormente me sonrío al comprobar que hay mascarillas de diseño, de colores y estampados a juego con el vestido o la camisetas, y no solo estas mascarillas las llevan las mujeres también hay hombres que lucen mascarillas sofisticadas y de diseño masculino. Desde hace un mes, más o menos, la mascarilla la llevo quitada por la calle y a modo de brazalete la llevo en mi brazo izquierdo para ponérmela cuando llego a un comercio, centro cultural, religioso o civil. Se ha convertido en mi compañera inseparable impidiéndome llevar pendientes porque la goma que la sujeta me resta libertad para lucir cualquier pendiente en mis orejas. Gracias a la mascarilla me he olvidado de ellos y creo que deben estar aburridísimos por no salir de mi joyero. Curiosamente a lo que no he renunciado es a maquillarme los labios, eso sí, con barra permanentes que no manchan porque al quitarme este protector trozo de tela farmacéutica me sentía más yo que sin pintar mi boca.  

Ahora que la vacuna me trastornó durante 48 horas la primera dosis y 10 días la segunda que me ha dejado la reliquia de vasos capilares amoratados y una pierna hinchada con algunos morados que no son agradables. Son la muestra inequívoca de pequeños trombos pululando por mis extremidades. El médico, una doctora, me  tendió en la consulta en una camilla y me las examino concluyendo que no era yo el único caso que veía con esos problemas. Me recomendó una crema antiinflamatoria que no entra en la tarjeta de la Seguridad Sanitaria de mi país, España, para mitigar las molestias y que anduviera y…bueno obedientemente lo hago aunque en casi nada he mejorado.

Esta es la realidad seguir con la boca tapada y sólo destapada cuando voy por calles amplias y con escasos viandantes. Los jóvenes pasan en grupos sin mascarillas, la gran mayoría, no temen la pandemia y para que se vacunen en diferentes países europeos organizan sorteos, festivales y una larga lista de cosas que son disparatadas.  No se ha cambiado a mejor después de tantos fallecidos. Las familias que han perdido seres amados lloran en silencio y soledad su pérdida. Los demás parecen no recordarlo. Como si esas muertes fueran algo que no ha sucedido o aún peor, se siente que como eran viejos ya no hay que llorarlos porque los viejos para nada sirven. Para nada hacen falta son cargas inútiles a los que hay que dedicar tiempo y esfuerzo, incluso, cuando están viviendo en las residencias  hay que ir a visitarlos para quedar bien ante esta sociedad exenta de amor, misericordia y caridad con aquellos que aportaron su esfuerzo a crear estabilidad y economía.

Hace un mes fui al cementerio pasé al nuevo cementerio donde se multiplican nombres y más nombres de los que desaparecieron en el año 2020, solos en hospitales y residencias. Solos se fueron y solos los lloran los que los amaron y aman. El sol caía vertical por la explanada iluminando cada ángulo de aquél recinto cuadrado donde los “callaos” se encuentran. Unas pocas y escasas personas limpiaban el polvo de nichos y tumbas con la mirada perdida en un punto lejano, tan lejano que solo cada una de ellas podía saber lo que veían. En aquél apartado del cementerio nuevo se captaba  la enorme tristeza acumulada en sus piedras de mármol, granito y piedra artificial. Sentí que el dolor de los que lo habían padecido permanecía intacto entre sus piedras. Algunos nichos y tumbas tienen fotografía de los fallecidos los miro y tengo la extraña sensación de que ellos también lo hacen…

Hoy también hemos tenido calor. Ahora mismo hace calor. Esta noche  se ha levantado un aire huracanado  que silva por tejados y muros y al sentirlo silbar tengo la sensación de regresar a mi infancia; a  la casa de mi abuelos maternos donde en las tardes invernales arriba, en la galería acristalada el viento se estrellaba en los cristales pidiendo pasar adentro. Debería llover, llover agua mansa que fuera calando la tierra reseca del verano. En el campo las uvas de las  viñas se han deshidratado.

En casa tememos al virus malo. Lo tememos porque lamentamos no volver a ver a muchas personas queridas. Es tarde y el sueño cierra mis párpados. Otro día seguiré escribiendo del quehacer de cada día y de las mascarillas y su mundo de colores. otro día y en otro momento volveré, si Dios me lo permite, a recordar nombres y más nombres de los que ahora son el rumor del viento.

 

Natividad Cepeda

 

 

 

lunes, 19 de octubre de 2020

La sonrisa cercana de Antonio Algora




Principio del formulario


Final del formulaCuadernos Manchegos

C. Manchegos | Tomelloso | Sociedad | 17-10-2020

La sonrisa cercana de Antonio Algora

Se limpió las lágrimas y se le quebró la voz cuando hablaba en el video de Ismael: quedó su sinceridad gravada en la cámara y a la vez su mensaje de fe en aquél muchacho que no conoció y en el que si creía firmemente. El obispo Antonio Algora tenía experiencia de Dios, no era solo teología acumulada, ni ciencia aprendida, sentía  pasión por la persona, porque en la persona veía a Dios. Ahora asistimos a su muerte y en los pueblos de la Diócesis de Ciudad Real, rezamos unidos y también separados, porque los que no sabemos de teologías lo sentimos dentro de cada uno de nosotros al recordar su sonrisa acogedora y cercana.

 

La experiencia de la fe en Dios no son sólo palabras bien entrelazadas, es sentir que es verdad, porque esa verdad se lleva en la mirada, y la mirada es luz que ilumina en rededor. Antonio Algora tenía esa mirada que nos hacía creer en su mensaje sin necesidad de mostrar su alto ministerio. Ahora nos llega su silencio y nos invade la tristeza detrás del cristal acuoso de las lágrimas. Se nos ha ido a transitar por las valles  celestes  en busca de Cristo Jesús, para mostrarle sus manos, y en ellas  su cosecha de vida. Y yo aun creyendo en la resurrección, me duele haberle perdido.

 

Antonio Algora jamás caminó a tientas, su fe era su fuerza y su sonrisa nos acercaba a escucharle sin sombra de duda en su palabra. Sonreía y nos acercaba a escuchar su mensaje: mensaje de cristiano racional, justo y hasta comprometido; ese mensaje queda permanente en sus escritos a los que se puede volver porque siguen vigentes. Observaba la sociedad y meditaba sobre ella con la conciencia recta. En el libro, Ismael de Tomelloso en Ciudad Real, escribe”

“Voy a hablar de la Iglesia de Ciudad Real como cuna de santos, pero tengo la sensación de estar examinándome ante expertos que saben mucho más que yo de esa historia de santidad de la ciudad de la Iglesia en Ciudad Real.”

 “Cuna de santos, nuestra Diócesis, porque está marcada en esta dirección. Un proceso de personalización de la fe, le lleva a Ismael, así lo creemos, a la madurez de algo que está en el cogollo de la santidad, de la vida de santidad.

 

La ofrenda de la vida a Dios, incluso sin tratar de lograr la participación misma en la Comunión Eucarística, que le hubiera delatado como católico en un hospital donde los enfermos católicos tenían otro trato. Esta página de la vida de Ismael, solamente se puede explicar con una formación sólida de la fe. Él se ha sentido llamado a entregar la vida en la radicalidad que le lleva al silencio, pero más allá del silencio, la radicalidad de ofrecer la existencia a Dios en ese desarrollo del sacerdocio que recibió en el Bautismo. Un concepto que hoy debemos tener en cuenta para expresar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Necesita nuestra sociedad del sacrificio de la vida, desde lo más íntimo de la persona para lograr un bien común, he escrito últimamente, que no sea sin más el logro del Estado de Derecho; parece que el bien común se entiende así: conquistar el Estado de Derecho pero con eso no hemos conquistado el bien común. El respeto formal a los Derechos Humanos en nuestra nación, bueno, después vendrán Organizaciones Internacionales a juzgar si se respetan o no. Pero ya tenemos logrado el bien común. No, mire usted, una cosa es el reconocimiento de los Derechos Humanos y de la carta de 1948 de Naciones Unidas y otra muy distinta es que un dirigente político descalifique sin más a los cristianos.

Vigente este párrafo del texto en toda sus afirmaciones.

Lo traté personalmente cuando empezamos a constituir la Asociación para la Beatificación y Canonización de Ismael de Tomelloso, gracias al entusiasmo y perseverancia de Blas Camacho Zancada, el párroco Matías Rubio Noblejas, Luis Molinero, Valentín Arteaga, Bernardo Torres… Antonio Algora conocía la trayectoria de Ismael Molinero Novillo, por su implicación y dedicación a la Acción Católica, y desde el primer momento fue importantísimo contar con él. La Causa  abierta para la Beatificación y Canonización de Ismael fue apoyada también por el entonces Obispo Emérito don Rafael Torija y esas energías y apoyos nos impulsaron en la Diócesis de Ciudad Real a empezar con fe y con gran entusiasmo.

No es fácil describir en pocas líneas la personalidad de Antonio Algora de conciencia europea y moral cristiana. No lo es, si escribo del que fue  mi obispo y al qué sentí que se marchara, porque para mí, y para otros muchos, era un claro exponente de  buen sacerdote y pastor de almas, porque confiábamos en él. No nos sentíamos inferiores a su lado, su sonrisa impedía crear barreras. Dios se nos manifiesta también a través de los demás. Se ha ido al encuentro del Señor el 15 de octubre, día de Santa Teresa de Jesús; Doctora de la iglesia y reconocida como fundadora y escritora; Teresa de  Cepeda afirma:

“Dios se da a sí a los que lo dejan todo por Él. Juntos andemos Señor, por donde fuisteis, tengo que ir; por donde pasasteis, tengo que pasar.”

 

Y así ha pasado don Antonio Ángel Algora Hernando (La Vilueña (Zaragoza), 2 de octubre de 1940-Madrid, 15 de octubre de 2020) fue un sacerdote católico español. Obispo de Teruel y Albarracín (1985-2003) y obispo de Ciudad Real (2003-2016). Un 20 de septiembre de 2020 fue ingresado en el Hospital La Paz (Madrid) a causa una neumonía bilateral originada por el Covid-19. En la mañana del 15 de octubre sufrió un fallo multiorgánico, a consecuencia del cual falleció a primera hora de la tarde de ese mismo día.

Es tiempo de rezar a Dios eterno, e igualmente agradecer habernos concedido conocerlo por la semilla que ha dejado a su paso por la vida. Las manos de Antonio Algora han ido repletas de cosechas. Descansa en paz y ruega por todos a nuestro Creador.

Natividad Cepeda



Cuadernos Manchegos

 

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