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viernes, 25 de febrero de 2022

Ucrania paginas de guerra y muerte de nuevo en Europa

 


No puedo recordar la hora exacta  en la que mi hija residente en Berlín me dijo hace  días que fallaba el Internet a causa de Rusia en ataque de guerra no solo con el armamento también con las comunicaciones. Los corresponsales de las cadenas de radio y televisión  han venido informando de la eminente guerra provocada por Rusia y a la mayoría de nosotros percibía que nos quedaba lejos. No así a las familias que tenemos hijos en el extranjero y por ello si mantenemos mucha atención a la nefasta noticia. Hoy en esa página del día el corazón se ha estremecido ante la cruda realidad de la guerra. Y han ido brotando las palabras desde esas alacenas de las hondas donde casi todos nos sumergimos. Todo ha sucedido rápido y de pronto las imágenes y las voces de nacionalidad ucraniana residentes en España han surgido llenas de angustia por su país y los suyos.


Desde mi soledad he pensado en aquellas palabras escuchadas en mi infancia acerca de las cicatrices dejadas por la guerra, la hambruna y la miseria y el miedo a las bombas con el rastro de muerte y destrucción que dejan. 

De nuevo he creído escuchar  las historias familiares de las personas que convivieron con ellos evacuados de Madrid y acogidos en sus hogares, casi todos madres con niños y abuelos huyendo del Madrid sitiado. Refugiados que fueron acogidos ignorando la palabra solidaridad  incluso cuando en las familias tenían sus hombres en el frente o camino del temido frente. La quinta del biberón y la quinta del saco, llamados los primeros por su juventud y los últimos por haber cruzado la cuarentena. De aquellos hombres movilizados muchos de ellos no regresaron y yo escuchaba como las mujeres contaban su pérdida con una voz de ausencia y viento lejano.


Hoy mi hija me ha llamado y me ha pedido orar por unos amigos residentes en la ciudad de Lutsk. Preocupada y angustiada   me ha referido que la familia, el matrimonio y dos niños de corta edad además de los padres estaban refugiados en el sótano de su casa, que escuchaban el ruido de las bombas y que en las calles había muertos sin poder recogerlos. Que tenían preparado lo imprescindible para ponerse en camino enseguida que cesaran los bombardeos y que les pedían ser recibidos como refugiados de conflicto de guerra. Le suplicaban que lo hicieran oficialmente porque temían que de un momento a otro se quedarán sin poder comunicarse por estar destruyendo las antenas para impedir los contactos con los países libres europeos.  Mi hija me decía que escuchar hablar con ruido de armas y estruendo de paredes caídas a pesar de estar en el sótano ha sido una triste experiencia. Y reconozco que escucharla a ella poniendo nombres a personas determinadas y cercanas no ha sido lo mismo que escucharlo en las noticias dadas por lo medios informativos.


El carnaval se anuncia y se decreta con esas ganas enormes de salir de tanta oscuridad de la muerte y la enfermedad por culpa de la pandemia. Culpa, si. Así lo he escuchado en demasiadas ocasiones como queriendo encontrar una verdad de porqué ha sucedido.


Pero en este tránsito del olvido de lo malo y de lo triste está la muerte en las calles de Ucrania. Viene el dolor, una vez más, de la impotencia de no poder parar la maquinaria de la guerra sintiendo la impotencia de ser ciudadano de a pie, anónimo, asistiendo a ver como la ambición de un tirano destruye la vida inocente de muchos seres humanos que solo quieren vivir en paz.


Metralla y escombros.  Que poco vale una vida cuando las armas escupen muerte. Siento en mi lengua sabor a fracaso.  Hay en el aire de la vieja Europa ese idilio terrible de hacer morder el polvo a los europeos,  cualquier iluminado que  surge con infulas de feudalismo retrogrado, ahora Vladimir Putin y los que lo apoyan. Que se cree invencible, bogado y ex agente de la temible KGB.  Después de convivir con la pandemia a día de hoy también tenemos que soportar la vanidad y ambición de un nuevo Caín  en esta comedia social  atravesada por  el fracaso de Occidente en su economía y en los valores que ha perdido por lo que en demasiadas ocasiones pierde su timón y su norte.


                                                                                            Natividad Cepeda 

    

viernes, 14 de mayo de 2021

PREGON DE SAN ISIDRO ENCARGADO POR LA HERMANDAD DE SAN ISIDRO DE TOMELLOSO DIA 8 ABRIL DE 2021 EN LA PAROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCION DE TOMELLOSO.

 Buenas Noches a la Hermandad de San Isidro Labrador por el Honor de elegirme para  que pregone la exaltación de la vida de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, lo que agradezco a don Manuel Ruíz Gómez Hermano Mayor y a toda la Junta directiva.

Al Rvdo. Sr. D. José Ángel MARTÍN ACOSTA, Párroco de la Parroquia La Asunción de Tomelloso y Consiliario de la Hermandad

Al Rvdo. Sr. D. Miguel Ángel VILLEGAS CALDERA, Vicario Parroquial de la Parroquia de la Asunción de Tomelloso y Párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de la Blanca de Ruidera.

Al Rvdo. Sr. D. Jesús CAÑAS MORALES, Adscrito de la Parroquia La Asunción de Tomelloso.

A doña Tomasa  Paraíso Serrano por su excelente  presentación: gracias.

Mi felicitación a doña María del Carmen Navarro Perona por su merecido nombramiento de "Labradora"2021".

Mi saludo a la Coral Polifónica Asunción de Nuestra Señora y a su director don Antonio Javier Rodrigo Rodrigo por su acompañamiento.

A toda la Hermandad Presente hoy aquí, con mi recuerdo a la primera Junta Directiva  de esta Hermandad por recuperar la fiestas en Honor de San Isidro y con todos ellos los amigos y vecinos que llenan el templo y  nos acompañan.  Dios Nuestro Señor nos guarde y Nuestro Santo Patrón cuide nuestros campos y cosechas bajo la intervención de la Santísima Virgen María en sus advocaciones de las Viñas y la Asunción en el mes de mayo.

 

                                   Pregón a  San Isidro Labrador

 Gravada  en mi génesis llevo la fe de mis mayores. Señales  de júbilo que desde antes de nacer ellos me dieron, han sido y son, ventanas abiertas a la esperanza en el tiempo desde siglos. Mi existencia transcurre a la sombra de la cruz de Cristo  guardada en los bordes de mi corazón y en mis entrañas.

Mis ojos conocen las lindes de los  campos que mis antepasados  labraron dejando entre los surcos el sudor de su piel. De los campos sembrados. Del chozo construido con haces de gavillas, cuando no habían tenido tiempo de hacerlo con  lajas de piedra seca. 

Elevo mi canto en esta noche semejante a la oración que ellos elevaron al cielo, orando con el templo  del amanecer, tan solo eso, y la fe semejante a la de San Isidro Labrador, Patrón de los agricultores popularmente desde siglos y corroborado en el año 1960 por el  Papa Juan XXIII como santo patrón de los agricultores españoles.

Isidro de Merlo y Quintana, nombre que recibió en su bautismo. San Isidro, vino al mundo en torno al año 1080 en el Mayrit musulmán, en los arrabales de San Andrés, muy cerca de la iglesia del mismo nombre, donde su cuerpo sería encontrado incorrupto, varias décadas después de su muerte.

Es probable  que le llamaran Isidro en honor de san Isidoro, sabio y santo Arzobispo de Sevilla, en la época visigoda. Y también, porque el nombre de Isidro, significa, regalo de Dios.

Isidro fue un labrador mozárabe. Mozárabes eran los cristianos hispánicos que vivieron en territorio musulmán en el período que abarca desde la invasión musulmana  del año  711  hasta finales del siglo XI, conservando su religión y una complicada autonomía eclesiástica y judicial. Las prácticas religiosas las mantuvieron en los templos visigodos, que es de donde ellos provenían. La religión cristiana  era tolerada  con muchas limitaciones por lo que no eran autorizados a levantar nuevas iglesias. Las que se construían  eran en los extramuros, arrabales de las ciudades  y en aldeas  rurales,  siendo todas ellas muy pobres y modestas. Isidro, al igual que sus padres, oraba a Dios como cristiano hispano.

Según el poeta, Lope de Vega, recoge y escribe, que los padres de San Isidro se llamaban Pedro e Inés, y sitúa su vida inicial en el arrabal de San Andrés de la villa de Madrid. San Isidro nace de una familia de colonos. Los padres de Isidro tenían un contrato de arrendamiento anual, acuerdo que renovaban libremente, y que eran propiedad del caballero Juan de Vargas. Se cree, que Isidro, estuvo posiblemente al servicio de la familia Vargas y de otros tantos señores terratenientes como Francisco Vera.

San Isidro es el primer laico casado llevado a los altares tras un proceso de canonización instruido por la Congregación de Ritos de santidad Los promotores de esta canonización fueron varios personajes del siglo XVI, incluida la familia Vargas y la casa real de los Austrias. Isidro se casa con María Toribia, de Caraquiz, pertenece a Uceda, provincia de Guadalajara; tuvieron un hijo, de nombre Illán. Curiosamente, Illán, es nombre mozárabe que significa Julián, lo que confirma a la familia que pertenecía.

María Toribia, era creyente y practicante, como Isidro, tanto es así que de mutuo acuerdo los dos hacen vida contemplativa; María  cuida de la  ermita de la Piedad, cerca de Torrelaguna y al tener que cruzar el río Jarama para con su alcuza de aceite rellenar las lamparillas del Sagrario y altar; según recoge la tradición, tuvo que sufrir calumnias de algunos vecinos, que la acusaban de cometer adulterio, y estas habladurías llegaron a Isidro, quien decidió comprobar por sí mismo, su veracidad.  Isidro contempló a escondidas a su mujer, cruzando el río Jarama; María Toribia, extiende su manto sobre las aguas del río y, milagrosamente, cruza hasta llegar a la ermita. convenciéndose así, de su inocencia. 

 La actual urbanización de Caraquiz conserva el lugar, junto al río, donde sucedió este milagro. Cuando María Toribia, muere es enterrada en esa ermita, que ahora está ruinosa. Después  su  cuerpo es trasladado al convento de San Francisco de Torrelaguna, donde es venerada, pero en el año 1654 por orden del rey Felipe IV, es trasladada, en secreto a Madrid, para que reposen sus restos junto a los de su esposo San Isidro, porque los vecinos de Torrelaguna, se oponían. Desde el siglo XVIII, se conservan en la Colegiata de San Isidro de Madrid.

El ser llamada Santa María “de la Cabeza” se debe a que su principal reliquia fue su cráneo, venerado durante varios siglos, y que ahora yace en la urna de Madrid.

La vida de San Isidro la conocemos  por un códice, un libro escrito a mano, también llamados manuscrito  en la Edad Media, que fue encontrado en la Iglesia de San Andrés en 1504 (denominado como Códice de San Isidro y escrito a finales del siglo XII) y donde se denomina Ysidorus Agricola, con detalles y milagros de su vida. Y es ahí donde se dice que esta casado y tiene un hijo. Mencionándose  el milagro de los bueyes con los ángeles arando, el milagro del pozo subiendo las aguas para rescatar a su hijo, el de dar de comer a las palomas y el de la olla de comida para dar comida a los pobres, entre otros. Aunque no estaba santificado por la iglesia, los madrileños le rendían  culto desde el siglo XII, siendo conocido en otras partes de España. La iglesia  y la corona real española,  junto con el pueblo de Madrid y de otros muchos, iniciaron su proceso de canonización en el siglo XVI.

El 30 de noviembre de 1172 falleció: Es enterrado en el cementerio de la Iglesia de San Andrés donde había vivido. Se conoce este dato por mencionarlo el códice que acompañaba a los restos del cuerpo incorrupto de Isidro.

El mundo ha crecido San Isidro, y consoladamente, la fe  en Dios nos mantiene unidos junto a ti, en el amor y en la oración en este magma de continentes países y ciudades  por donde  naufragamos en tiempos de pandemia.

Tenemos fe, a pesar  de los que vocean que Dios ha muerto, y llegamos a ti, pidiendo que nos guardes la cosecha del alma, y las otras cosechas que labramos con nuestras manos de labriegos ajadas, con frentes surcadas de arrugas y fracasos. Manos orantes pidiéndote ayuda. Manos las que ayer, como tú, sujetaban con fuerza arados, y a voleo el trigo en las besanas.  Manos  obstinadas hoy  en perdurar,  generación tras generación labrando viñas, olivos, maíz y melón,  cebada, lino y almendros, para vivir…

Aquí estoy, San Isidro, con mi voz que declama  palabras  varadas en los que te seguimos. Desde que mis antepasados, aquellos que ni recordamos sus nombres, cavaron aquí, el primer pozo para abrevar ganados en éste pueblo de cruce de caminos y  posadas, rodeado de tomillos, espliego y encinares  Un pozo si, como los  que tú  también cavaste, santo zahorí de Madrid, cuando allí  faltaba el agua, calmando la sed de la tierra árida y de tus vecinos: fuentes y pozos de Madrid que han llegado a nuestros días benefactores para la salud humana. Agua, que con la ayuda de Dios hiciste brotar, entre torrentes de polvo de sequía en  esta tierra sin mares ni grandes ríos, orando en los templos al venir el día, delante de la lamparilla alimentada con aceite  del sagrario, vestido de estameña y lino. En tiempos donde tú, no eras nada, al no pertenecer  a la clase de la nobleza ni a la eclesiástica…Sorprende  al estudiar tu trayectoria  el hermoso relato de un padre de familia y esposo fiel, en aquella sociedad donde, como también hoy, importaba escasamente la familia. No eres Isidro labrador un santo normal en el santoral católico. Un campesino, no instruido culturalmente, honrado, generoso y tan humilde como callado; vida la tuya sin pretensiones  de envanecimiento ni menosprecio a los demás…Con tu natural bondad de hacer el bien. Necesitamos conocerte para seguir tu ejemplo. El sentido esencial de tu humanidad, austera, como lo han sido las gentes de esta tierra.

Gentes alegres con esos canticos de plenitud en la soledad del campo cuando por barbechos y heredades se escuchaba la voz fuerte y monocorde de una “gañanada”. Yo la escuché en mi infancia cantar a mi abuelo paterno y a mujeres con letras de oraciones, hoy olvidadas.

Alcánzame para todos los pueblos que labran la tierra y nos dan alimentos, lo esencial de tu vida, tan amado por Dios, que te hizo acreedor a que por tu santa intercesión, te pidamos ayuda para que nuestros campos expuestos a la intemperie con el techo del sol y las estrellas, no mermen las cosechas de las que vivimos. Vamos cargados de sueños junto a la tierra que es nuestro sustento y volamos haciendo proyectos semejantes a águilas para sacar el fruto del trabajo. Y nos marchitamos y continuamos infatigables sin temor a la escarcha ni a los cardos…Tú, San Isidro eres la longitud de nuestro espíritu, la razón del alma que no avienta el cansancio, ni la muerte cuando nos convierte en tierra y polvo porque vamos amortajados de amor, y el amor nos guía hasta Dios.

Somos gentes que aún creemos en los ángeles, y nos lo callamos por si alguno se ríe de nosotros, porque en la soledad del campo el viento, a  veces trae susurros  que nos dice que volemos por las espirales de los atardeceres.

Te ruego, nos dejes entre los párpados la luz de tu silencio que nos llama y convoca a ser tus aprendices y oremos, sin temor a perder el tiempo, para encontrar a Dios. 

Bajo este cielo, hoy San Isidro,

crece la súplica de  estos labriegos

junto al altar. Somos tu gente

los que miramos pasar las nubes

pidiendo lluvia, los que rogamos

a Dios que  nuestros campos

nos den el pan de cada día.

Ruego sencillo de esta jornada

hoy de oración en Tomelloso.

Al fin y al cabo somos pequeños

como la yerba de los caminos,

como el repique de las campanas

que por sabido, casi ignoramos.

Somos el pueblo llano y sencillo

sin más tributo que este trabajo

de arar los campos; somos los tuyos,

los campesinos, Santo Patrón,

ruega por todos, pídele a Dios

por nuestros muertos, por las familias

y su sustento, por nuestro pueblo

sin más postigos que esta oración

a ti elevada. Pasa la noche

por sus zaguanes con San Isidro

por nuestros campos.

Todo es silencio.  Todo es amor.

 

                                                                            Natividad Cepeda

 

 

 

 

sábado, 20 de febrero de 2021

¿Adónde vamos con tanto descalabro?


Desde hace días las manifestaciones en contra de la condena por exaltación de terrorismo a un rapero se han sucedido, mayoritariamente en Barcelona, también en Madrid  y en algunas otras ciudades, en mayor número en Cataluña.

Los violentos han destruido y quemado contenedores, apedreado a los cuerpos de seguridad, arrancados adoquines con picos, destrozados escaparates de tiendas, asaltando tiendas con pillaje incluido, destrozando mobiliario urbano, agrediendo a personas que  circulaban por las calles en esos momentos y una serie de hechos salvajes de anarquía y desgobierno tal que nos tienen confundidos y hasta atemorizados ante la fuerza agresiva y destructora de los grupos violentos.

En medios de comunicación se ha denunciado los altercados  de los activistas y la participación alentada por miembros del Partido Unidas Podemos,  y también sobre  los silencios  del Presidente Sánchez en las primeras horas   y las 24 horas que el Ministro Marlasca tardó en salir a defender a la policía.

La sociedad se pregunta ¿quién pagará los daños sufridos por los violentos radicales que dejan tras de sí coches quemados, y tiendas saqueadas y rotas sumando todo esto a la ruina ocasionada por la pandemia del coronavirus?

La pregunta que se hace y se plantea  en grupos sociales y familiares es ¿porque se consienten las barricadas y los cortes de autovías en claro ataque a la sociedad que sostiene la exigua economía actual?

En el Diario de El País se ha podido leer lo siguiente “La fractura entre el PSOE y Unidas Podemos dentro del Gobierno se extendió el pasado jueves al área de la seguridad ciudadana y al Ministerio del Interior al cuestionar la formación que lidera Pablo Iglesias la actuación policial ante las protestas violentas tras la detención del rapero Pablo Hasél y al eludir ese partido la condena de los disturbios”

El Ministerio del Interior respondió con un tuit oficial: “Nuestro reconocimiento a la labor de la @policia y del resto de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad garantizando la seguridad de todos frente a los altercados provocados por una minoría de violentos. Deseamos la pronta recuperación de los agentes heridos.


Algo se está rompiendo a nuestro alrededor y es la falta de confianza en nuestros políticos. Se siente por todos lados que hay un cansancio psicológico enorme. Conocemos demasiado dolor de propios y extraños y nos preguntamos ¿a quién acudir y adónde mirar para no caer en la desesperanza? Porque las conductas de los violentos, tan terriblemente agresivas, reflejan sus personalidades frustradas llenas de insatisfacciones y no es justo que los demás las suframos y paguemos.

La gente de bien quiere trabajar y vivir. Vivir en paz incluso ahora en medio de enfermedad y muerte.

¿Adónde vamos con tanto descalabro? Es una pregunta sin respuesta.

 

Natividad Cepeda

 

 

 

 

 

martes, 27 de agosto de 2019

Revista Pámpanas: Francisco García Pavón, Una trayectoria Imborrable


La Asociación  Cultural de Tomelloso en Madrid publica su número 22 en agosto de 2019 un monográfico  dedicado  al centenario de del nacimiento del escritor Francisco García Pavón, 24 de septiembre de 1919 – 2019, que será presentado el 27 de agosto en el salón de la Casa de Cultura de Tomelloso a las 12,30 horas. 
Presidirán el acto el presidente de la asociación, José Vicente Cepeda Plaza, el escritor José López Martínez  y en representación de la familia el periodista, Jaime Quevedo Soubriet. 
Ha sido coordinada  por Ramón González Reyes, José Vicente Cepeda Plaza y Eduardo Jiménez Ruíz. La ilustración de la portada es de Andrés Ruiz  Paraíso. Las fotografías  del Álbum de la familia García Soubriet: con la colaboración del Ayuntamiento de Tomelloso. 
Las colaboraciones las firman José V Cepeda Plaza, José Ignacio  Andujar Cantón, Valentín Arteaga, José Belmonte Serrano, Natividad Cepeda,  Sonia García Soubriet,  José López Martínez, Tomás Perales Benito  y Juan  Van-Halen.
Cada uno de los artículos diserta sobre la extensa obra dejada  por García Pavón y su  huella en la literatura española por lo que hay que leer con atención los artículos  dedicados al estudio de sus obras literarias,  entendiendo de  manera neutral, la visión que se  tienen del autor en los diferentes artículos de la revista.
Personalmente creo que se abusa, en ocasiones, del halago gratuito del autor al cual se le dedica un reconocimiento, no es éste el caso, intentando igualar la personalidad del creador con los personajes  de sus novelas; cuentos y relatos, olvidando la independencia de la persona y de sus personajes. Es por eso interesante el recorrido que hay en la revista, Pámpanas;  Francisco García Pavón, una trayectoria imborrable, de los colaboradores a raíz de la celebración de su centenario.
No se puede negar que cada una de las firmas tiene su experiencia y visión particular y también que el espacio no da para un ensayo sobre éste autor tan prolífico, por lo que queda mucho que decir sobre  García Pavón y la literatura que él nos ha dejado. La cercanía de su vida no nos deja ambigua su trayectoria, aunque no por ello se  puede indagar en los recónditos entresijos del alma y el pensamiento de Paco García Pavón, como lo llaman los que le conocieron y trataron como amigos. 
Siempre las semblanzas son interesantes porque creemos, quizá equivocadamente, que nos acercan a los autores que leemos, aunque lo real es leer lo que escribieron que es donde queda plasmado su talento. Las claves  de su ingenio está en haber sabido escuchar, y ver, a través de otras personas, lo esencial que hay detrás de cada ser humano  y estructurar desde esa perspectiva  sus novelas y vivencias infantiles, que tanto le marcaron, y que se descubren, cuando sin prisa y sin pausa, abrimos sus libros.


                                                                                                 Natividad Cepeda


jueves, 14 de septiembre de 2017

Septiembre se enriquece con “La mujer de la escalera” Premio Café Gijón de Pedro A. González Moreno  


Estábamos cenando al estilo europeo a eso de las ocho y media para salir después a estirar las piernas por las calles de este pueblo manchego interminablemente largas, carente de plazas recoletas  cuando desde la radio escuchamos su voz y lo reconocimos; es Antonio, nuestro amigo al que le han dado el premio en el Café Gijón, dijo Jesús, y nos quedamos escuchando con la sonrisa en nuestros labios.  Y su voz se quedó prendida en las orquídeas rosadas que había encima de la mesa como una pátina suave y cadenciosa, un tanto desvaída, sin los bellos matices que tiene cuando habla despacio y se queda mirando brillando en sus ojos esa chispa de yesca con la que intenta ocultar lo que guarda en su alma. Yo le he dicho en múltiples ocasiones  que vestido con un traje de charro mexicano estaría esplendido, y Pedro Antonio González Moreno se ríe, quedando entornados sus ojos para ocultar lo que en realidad piensa.

Este jueves catorce de septiembre La mujer de la escalera", de Pedro A. González Moreno, ha sido la ganadora del Premio de Novela Café Gijón 2017 y una vez más un manchego de Ciudad Real, nacido en Calzada de Calatrava escribe su nombre en el café más culto y famoso del Paseo de Recoletos; ese nombre que se conserva por esas carambolas del destino cuando nadie sabe ni recuerda, que se le llama por un extinto convento de Agustinos Recoletos, hoy ocupado por la Biblioteca Nacional y dicen que también por el palacio del Marqués de Salamanca. Paseo emblemático de esa Madrid donde el escritor reside perdido entre sus avenidas y jardines dejándose llevar por el vaivén de la ciudad que lo nutre y deja en su rostro la mirada de otros muchos que como él, miran a la diosa Cibeles y escriben en la soledad de su escritorio de una mujer que le ha susurrado su histórica leyenda envuelta en pergaminos del pasado. Desde ahora cuando el poeta que también es, Pedro Antonio González Moreno,  cruce por los jardines y estatuas de ese paseo, Valle Inclán, lo reconocerá como uno de los suyos, aunque también lo oculte valiéndose de sus gafas y su aire displicente.

Pero si el escritor no hubiera sido minucioso al sumergirse en la ingeniería de la trama novelística, el jurado del Premio del Café Gijón no se lo hubiera otorgado, y en los días próximos, nadie sabría que ha pasado muchas horas sentado, escribiendo en la soledad de su escritorio, donde nadie salvo él, sabe las horas y días invertidos hasta llegar al final de la novela. La soledad es el precio que el escritor paga  a la fortuna de ser reconocido por sus libros. Cuando Pedro Antonio cruce por el Paseo de Recoletos con su figura de romántico y bohemio  hasta el café Gijón, la mujer de la escultura que sostiene un libro, alzará su mirada para saludarlo,  nadie como ella conoce el valor inmaterial que tiene un libro: está sentada y es un motivo escultórico donde se lee, Los libreros españoles al libro y a sus creadores. Palabras sencillas y hermosas que miran a los que pasan, sin que casi nadie repare en ellas.

Septiembre se enriquece revolviendo entre sus pliegues los pasos de González Moreno, cuando cruza el dintel de la puerta de un café viejo e histórico, dicen que fue inaugurado allá por el 1888, que huele a monotonía de  platica en plática, donde los escritores reciben el testigo de los que se fueron, para que sigan creciendo entre su aroma la sabia nueva de los que llegan.

Pedro Antonio González Moreno es licenciado en Literatura Hispánica y profesor de Lengua y Literatura. Dirigió el Aula Literaria Gerardo Diego durante doce años. Ha publicado seis libros de poesía, entre los que destacan Calendario de sombras (Premio Tiflos, Visor), Anaqueles sin dueño (Premio Alfons el Magnánim, Hiperión), y El ruido de la savia (Premio José Hierro). En narrativa, ha publicado Los puentes rotos (Premio Río Manzanares), el libro de viajes Más allá de la llanura y la novela juvenil La estatua de lava. Como crítico literario y ensayista, es autor de los libros Aproximación a la poesía manchega, Palabra compartida (Antología poética de Eladio Cabañero) y La Musa a la deriva (Premio Fray Luis de León de ensayo). El Café Gijón vuelve a tener entre sus parroquianos un escritor sin mengua de los que se fueron.

Desde el homenaje tributado a Nicolás del Hierro en el paraje de la Fuente Agria, en Piedrabuena, después de su muerte, no he vuelto a verlo. Aquella tarde Pedro Antonio tenía una sombra  nostálgica cruzándole los ojos. Nos fuimos después de dejar entre los árboles un poco de nosotros, el adiós al amigo en mitad de los campos. Escribiré un correo desde mi ordenador a Pedro Antonio, felicitándole por este merecido premio y espero, si Dios quiere, tener entre mis manos su novela, para como lectora, sentir ese placer que solo los buenos libros nos regalan.



                                                                                                                                                                                   
Natividad Cepeda
                                                                          
Arte digital: N. cepeda                        



                                                                                                                                             

martes, 2 de mayo de 2017

Centenario de una vida ejemplar y actual: Siervo de Dios Ismael de Tomelloso

      
Irrumpe Dios en el alma de Ismael con la fuerza de la primavera.  Se siente pequeño entre todos. Su vida fue un ejemplo de amor y de caridad hacia los demás. En silencio oraba por la paz entre los hermanos. Y en silencio formó parte del mundo dolorido de los enfermos, de los presos y abandonados en campos de concentración. De los parados sin trabajo. 
Necesidades que remedia en su  albergue de amor fraterno. Sirvió a todos sin aditivos ni falsos ropajes. Regalaba su tiempo y su vida cuidando a los ancianos  del Hospital-Asilo de Tomelloso con la sonrisa en su joven rostro. Curaba con su música y canciones las heridas de la vejez que dejan tristeza en el alma de los abandonados. Amor, por encima de sus propias necesidades.
En medio de la fratricida guerra de 1936, regala sus zapatos al compañero que  ve con unas alpargatas rotas: con esas alpargatas calza sus pies helados: veinte grados bajo cero. Corazón, el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, sin puertas ni cerrojos para el amor sin fronteras. Abandono de sí mismo confiando plenamente en Dios. Humildad exenta de soberbia hasta exclamar…“Como no sé hablar y tengo poca inteligencia, no sé decirle a nadie cosas buenas y de religión; por eso quiero dar ejemplo de vida”.
Cien años hace que nació en Tomelloso un primero de mayo de 1917, murió en Zaragoza un cinco de mayo de 1938 como prisionero de guerra en la cama de un hospital. Fue reclutado como miles de jóvenes y tiró el fusil en medio de la batalla cruenta de Teruel y se puso a rezar pidiendo a Dios la paz.
En nuestra sociedad matizada hasta la exageración de falsas apariencias y consignas sin futuro viene bien revisar de vez en cuando testimonios edificantes como el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso. Sus valores son actuales. Su espiritualidad es su fortaleza. Su fuerza, su fe en Dios. Su vida es un acontecer de amor universal. Su alegría es el amanecer de la juventud, y su silencio, abandonado de todos y sin pedir nada, es el rumor del amor universal que no cesa en el devenir de la vida.
Fue perseguido por unos y por otros; y amo a todos,  porque la paz la llevaba dentro de su alma al vislumbrar la existencia del amor de Dios sin partidos ni consignas que enfrentan y matan.
Ismael de Tomelloso no tuvo agentes que lo representaran como artista, cantaba, tocaba la guitarra, era actor aficionado representando obras de teatro, decorador, dependiente  de tienda de tejidos, organizados de cabalgatas de Navidad y reyes, y miembro de rondallas…
Cuando la guerra lo envuelve en su terror, él se niega a matar hermanos. Obedece y se viste con su uniforme de soldado. Calla, ante los que lo insultan por ser cristiano. Calla y comparte lo que tiene con quien él, piensa que lo necesita más que él. Y cuando cae prisionero  nada dice cuando lo interrogan: calla y en silencio sigue rezando por la paz de todos los hermanos que se mueren de hambre, frío, metralla y hacinamiento.
No se queja. Reza por la paz y escribe a los suyos diciendo que todos lo tratan bien. 
Y de pronto aquel muchacho llagado y esquelético, de mirada limpia y hermosos ojos regresa desde aquella España desangrada, iluminando el pasado y el presente  con su sonrisa amplia. Y los que lo conocieron se han ido, quedamos los hijos y los nietos y al mirarlo algo dentro del cuerpo llega hacia adentro y sentimos que Ismael, que ha perdido hasta sus apellidos,  nos insiste desde su silencio a recuperar tantos valores perdidos en nuestra sociedad donde los suicidios se suceden y el amor es un sentimiento de quita y pon basado en el placer si amor.
Tomelloso, Zaragoza, Madrid y Teruel donde hay delegaciones con su nombre, vuelven a su silencio, porque el silencio de Ismael fue y es, una prueba de amor en Dios y en las personas. Es un cristiano laico sin miedo por su fe. Sin fanatismo y sin crueldad. Es un modelo de joven adelantado a su tiempo por su versatilidad artística en mitad de una sociedad rural e inculta que destruye todo lo que toca, vidas y patrimonio: que amenaza a los suyos y los masacra sin pudor y sin conciencia. Es  y fue un niño que empieza a trabajar a temprana edad como los niños que en países pobres y no desarrollados son explotados. Ismael de Tomelloso es un eslabón de superación autodidacta que descubre la humanidad de los que lo rodean sin odio y sin venganza porque él, descubre que orando en el silencio del sagrario conecta con la música de las esferas del Creador.
Increíble y cierto. Para llegar a ese conocimiento no viajo a lugares lejanos en busca de un  gurú, escuchó el corazón de Dios desde los labios de su madre, de sus amigos y de un joven sacerdote que instruía a los jóvenes. No tuvo psicólogos, ni Internet, ni televisión, ni vacaciones, ni coche… descubrió a Dios y amó a los demás. Ese es su testimonio, esa es su vigencia por lo que celebramos su nacimiento. 

                                                                                   Natividad Cepeda

Arte digital: N cepeda