miércoles, 19 de octubre de 2016

Lazos rosas para todos y todas: símbolo de esperanza



En la mirada de miles de mujeres y  de hombres  hay húmedas plegarias abrazando al cielo  con   arrojo,  de quien sabe luchar  con  la estirpe y la hoguera encendida; de  quienes no cierran  en sus hazas el fuego   de combatir crónicas de dolor para  salir  de ese laberinto  sin perder la esperanza ni los sueños. Cuando todos ellos  conocen,  que  es muy  largo el camino y tienen  muchas noches de  insomnios  cruzando los pasillos  con olor a hospital,  sin otra alternativa   que destrozar  el miedo  y esa oscuridad que en el alma se siente, y hay  un grito en medio de esa oscura luna, silencioso y profundo.  

Un alarido de donde ellos y ellas, se saben que vencerán  abriendo horizontes. Horizontes que  derriban  murallas de incertidumbre donde la palabra vida se crece y expande por  caminos,  sendas, trochas y  viajes  con  alas y susurros más fuertes y más altos que el vuelo  de los ángeles, de las águilas y de todos los aviones, cohetes y capsulas dirigidas al espacio donde las estrellas se multiplican, aparecen y desaparecen como los susurros en el aire. 

Cuando se llega al final de esa lucha y de ese laberinto una mujer y un hombre, se crece por encima de todo porque ha superado a la materia con la fe de su espíritu. Percibe que ella, que él, forman parte de todo lo creado y saben que son hijos de todas las galaxias y en continuo prodigio ven atalayas dibujadas en las nubes  con los ojos del alma.

Hoy han dicho que  hoy, hay que celebrar la curación del cáncer de mama; en edificios públicos se cuelgan lazos rosas, porque, a no sé quién, se le ocurrió bautizar como  símbolo femenino. Vale adoptemos lazos rosas para todos y para todas como símbolo de esperanza para saber que la vida es una lucha, pero lo realmente importante e imprescindible, es invertir en investigación, en educaren  hábitos saludables y en no olvidar,  que el cáncer de mama también lo padecen algunos hombres, además del cáncer de próstata masculino, equiparado al cáncer de mama en la mujer.  

Los pactos para las celebraciones a veces son pedazos demagógicos y arrogancia de algunos en alocuciones públicas, lo admirable es seguir combatiendo día a día la enfermedad, cualquiera derivada de esa lacra humana llamada cáncer y no olvidarse de sonreís por encima del dolor físico y psíquico.  Y encontrar esa luz en todas las miradas que conocen lo que es superar y ganar esa batalla.  Porque haber borrado el rictus del dolor es una prueba de amor, de coraje y de esperanza de todos los enfermos del mundo.
           



                                                                                                       Natividad Cepeda   

martes, 18 de octubre de 2016

Dignidad y pobreza en un pergamino sin ética

                                              
  Desde los medios oficiales se dictan normas  renegando, con palabras escogidas, en contra de la pobreza. Las palabras para su definición cambian, pero el desamparo medra excluyendo del poder adquisitivo a un número cada vez mayor de personas. La Ley, abundante en retórica, incluye recovecos por donde los  que las promulgan y promueven hacen beneficiarse  a los más altos y dignatarios en poder económico y político, quedando los de abajo, el pueblo llano desprotegido, salvo para pagar impuestos salidos de nóminas, cooperativas agrícolas y ganaderas y autónomos de cualquier profesión y oficio. De tal manera que la espalda de Eva y Adán siguen cargando con el innumerable peso de todos los truhanes del mundo.
La economía rural, desmembrada en impuestos y saqueada en aras de unos planes europeos e internacionales, ha sucumbido a tanta sinrazón orquestada desde esos planes con la  convivencia de sus mismas asociaciones, tapando algunas corruptelas, que aunque conocidas, son calladas por el sector por temor a no ser atendidos si destapan la liebre los que saben de sucios manejos y prebendas.  La triste realidad se palpa en la despoblación creciente de los pueblos de España, y en los que quedarán en una década despoblados por estar habitados por personas mayores; viejos jubilados sin jóvenes ni niños a su lado, agonía  unánime parecida a un quinqué sin mecha ni aceite.
La jugada de prometer lo imposible es un juego escaso de buenas cartas; porque cuando se dice que hay que conseguir ayudas sociales para todos los habitantes  no se ignora que sin producir, esas ayudas cada vez serán más escasas. Los políticos de izquierdas  esgrimen descaradamente esa porción de dar y prometer dadivas sin trabajo; los políticos de derechas también, aunque con menos énfasis o utilizando un lenguaje menos atrevido en sus promesas, aunque ambos saben, que más pronto que tarde, sin economía sostenida en zonas rurales y en ciudades sin empresas, donde la inversión no llega ni se canaliza para que llegue, esas promesas no son ni viables ni ciertas.
Las modestas economías de las zonas rurales se desangran  en vida y en muerte, porque no caben calamidades entre las manos ásperas de quienes al morir sus padres y heredar la tierra y la  hacienda para continuar manteniendo trabajo sin tirar cohetes, han de pagar el impuesto de sucesiones con tal largueza que, es un abuso de autoridad y de poder. Junto al surco no hay  vacaciones ni  joyas adquiridas para guardarlas en cajas fuertes de bancos, tampoco sociedades que conocen como no pagar al Estado…Los míos, toda la gente del agro español llevan una existencia sin sorpresas. No escondes pingues ganancias en fundaciones y asociaciones tapaderas de encubrimientos de Euros; no,   su estuche es la caja que recoge sus cuerpos  preñados de amaneceres y desalientos cuando vuelven a la tierra de la que todos procedemos.
Los pueblos se quedan solos, abandonados por ser esquilmados, y todavía hay quien dice que los patrones no se comen la mierda por mal parecer.   El mundo se desangra en las plazas de los pueblos como antaño, como siempre, o se van cubriendo de una pátina de tristeza taponando sus calles y casas el polvo del olvido. De poco sirven, hasta hoy, así ha sido y es; las frases hechas y las arengas en favor de la extirpación del hambre: los pergaminos actuales  sin ética, no impiden el hambre y la miseria.



                                                                                                  Natividad Cepeda

Arte digital: N Cepeda

lunes, 10 de octubre de 2016

Bullying: igual a tiranizar, acosar, intimidar y pegar a una niña indefensa

Retumban  en mis oídos las noticias escalofriantes y terroríficas de tantos niños maltratados por otros niños. Y no dejo de pensar que  esos maltratadores son la consecuencia de la sociedad donde crecen y evolucionan. En silencio, un profundo lamento estéril  se aposenta en las fibras de todo mi ser al comprobar que esa paliza dada en un colegio a una niña de ocho años por quienes le doblaban la edad haya sucedido y no es ni el primer caso ni un caso aislado. Y me pregunto el por qué cuando se escribe en la prensa esta fatídica noticia se trata de encubrí el hecho  como intentando quitar importancia empleando palabras de otro idioma. No ignoro que denunciar esta palabra empleada es una voz que calma en el desierto de las ciudades cibernéticas y que me puede llover una tormenta de bilingües que se vayan por donde no quiero en defensa de ser políglota.
Llevamos tanto tiempo empeñados en ñoñerías que hemos olvidado lo importante que es llamar a  cada cosa por su nombre sin complejos, además de salvaguardar los valores éticos y humanos tan pisoteados por una sociedad  caduca y podrida de vicios múltiples. Aquí los espabilados, hipócritas  y malvados son defendidos por un sistema empeñado en machacar a los que no delincan y ya puede retumbar las atrocidades más escabrosas y brutales que seguimos quitando importancia a todos los acosadores, violadores, asesinos y ladrones que pululan por calles y plazas de pueblos y ciudades de esta España harta de futbol y de políticos que cobran, no todos, pero sí una gran mayoría, sin cumplir con lo prometido y  jurado cuando se hacen cargo de la confianza que en ellos se ha depositado.
No hay día que no se cueza en la olla a presión de este  desmedido desmadre  un atropello; y lo escuchamos como si fuera algo natural, y ocurre porque la mayoría lo consentimos y nos apabullamos y callamos. Es vergonzoso leer esa paliza dada a una niña en un centro escolar, donde se supone que nuestros niños están protegidos por los educadores. Aunque si hace años no se les hubiera maltratado a muchos de esos maestros y educadores,  quitándole toda autoridad, probablemente esas pandillas de delincuentes adolescentes  no se atreverían a  golpear a una indefensa niña pateándola. Y yo me pregunto, ¿a dónde están los defensores de los animales, las asociaciones feministas y tanto colectivo vocinglero que no salen a protestar airadamente cuando estos hechos ocurren?     
Ha pasado mucho tiempo, dura demasiado la violencia contra las personas y nuestras leyes no se cambian, por qué, me sigo preguntando, ¿acaso ser progresista es ser solo denunciadores y denunciadoras, de unos políticos contra otros, en los patios de los partidos políticos, ignorando lo que ocurre en la vida de los ciudadanos?   Porque si es así no los  necesitamos.
Existe demasiado silencio ante hechos muy graves. Un niño, una niña; nuestros niños, son nuestra continuidad y son, lo que ven, en el testimonio de los adultos.  Una niña apaleada, pateada y herida en su dignidad hasta ser abandonada es ignominiosa en este país que se rasga las vestiduras ante sucesos mucho menos alarmantes que este hecho concreto. 
Pero no pasa nada porque la  estupidez ha llegado a cotas tan altas que  hasta ser educados se ha borrado de la vida social e informativa de muchos presentadores y comunicadores femeninos y masculinos.   La sensatez ha fallecido entre nosotros, y el grito silencioso de esa niña, víctima de esa atroz paliza, se escribe en otro idioma porque así demostramos lo poco que nos importa la convivencia en cualquier área social de este país llamado España y nuestra cobardía.

                                                                                                Natividad Cepeda

 Arte digital: N Cepeda



jueves, 6 de octubre de 2016

Equivocar la realidad de lo esencialmente humano

                      
Octubre  nos ha traído la incertidumbre del devenir de la socialdemocracia  española, perfilada por algunas tendencias, como si estuviera agonizando en ella misma. Como si el porvenir estuviera cerrado a la esperanza de recuperar esa parcela de moderación política y buen tino por donde debe continuar. Algunos colectivos olvidan que ir en contra de la moderación es autodestruir la convivencia y, qué toda democracia es avalada por los ciudadanos que van a votar y no, por lo que se abstienen.
No hay otro contrato que la continuidad en esta aventura de avanzar y denunciar todo lo que está mal; todo lo que entorpece y obstruye lo que es justo y razonable, venga de donde venga. Porque es cierto que estamos desencantados  de tanto bucanero de tierra adentro como si el bien común fuera un saqueo ilimitado. O como si  el enemigo es,  todo aquél que no piensa y actúa como la ley marcada por el político que no piensa en el pueblo llano, el mismo pueblo que le dio el poder y a través de discursos y arengas suscita el enfrentamiento tácito amparándose en la denuncia de los contrincantes sin reparar en la suya propia.
Enardecer a las multitudes  para que se queden sólo, con la parte superficial de la verdad que suele enmascararse tras acusaciones al contrario para así, encubrir  lo que no conviene.  Las reformas extremas  siempre nos han abocado al error y a la pérdida de valores  consensuados similares al desprecio por la persona, a la avaricia y la soberbia de querer estar por encima de los demás, al expolio ejercido por banqueros sin escrúpulos al asignarse cantidades millonarias exentas de ética de moral y de decencia. Y somos muchos los que pensamos que esos delitos no deberían prescribir ni extinguirse, además de devolver lo sustraído indebidamente  cobrándoselo en bienes propios, o en caso de alzamiento de bienes, en trabajos para la comunidad y pérdida de libertad. Y esa misma sanción aplicable para los facinerosos de cualquier grupo social, sindicatos, constructores, profesores y obreros que no cumplen con la parcela que deben dar personalmente a la sociedad donde se les protege, acoge y preserva  de todo daño. 
Octubre  nos deja el suave adiós del verano sin que nos bese la lluvia tanta sequía en el alma y en la naturaleza. Como todos sabemos, volver a señalar la fractura del PSOE es no salir  de esa nave a la deriva que debe recobrar el rumbo con un timonel  sincero y leal  que despeje los obstáculos impuestos por quien no ha querido ver, los votos perdidos en  elecciones pasadas. Votos que no han ido al partido del PP, por mucho que esa realidad no se quiera admitir ni ver. Votos desperdigados en partidos populistas, radicales y exacerbados para crear  el enojo en  ese pueblo olvidado  receptivo a revoluciones anacrónicas impropias de hoy.
Escucho, leo y sigo declaraciones sobre ese proceso demoledor desencadenado dentro del PSOE, originado por ese abuso de palabras equivocadas  de su último dirigente,  y no puedo dejar de pensar en aquél Adolfo Suárez destruido por los suyos y adonde fue a parar la UCD y el CDS. Porque el desequilibrio cuando se agita es una marea imparable. Se puede pensar que  nuestra política hay que volver a reconducirla para capear esa situación antidemocrática y exigir que los liderazgos  se sustenten en lo que es esencialmente humano, honradez y honor: cualidades que llevan en sí mismas  deberes propios y ajenos. Mientras que esas cualidades no trasciendan a la vida pública nuestra democracia carecerá de esos derechos individuales,  donde la igualdad y el respeto  por ideas y credos,  sean una máxima del poder y su  decencia.

                                                                                                       Natividad Cepeda



Publicado: Diario digital MANCHAINFORMACIÓN Natividad Cepeda | 05/10/2016
Arte digital: N cepeda


jueves, 29 de septiembre de 2016

Leer sin aplausos ni halagos Madrid estaba imposible con el tráfico parado y los pitidos de los coches denunciaban el nerviosismo de los conductores., El calor de septiembre algo pegajoso se pegaba a la piel como una telaraña molesta al mediodía. Desde el Paseo de Delicias al Paseo del Prado y hasta la misma Puerta del Sol la gente era riada cruzando por los pasos de cebra. Tronaban en el aire los motores y había en el ambiente la intención desmedida de salir corriendo de todo aquello hasta olvidar las prisas de esa ciudad de babel donde los taxistas piratas; esos que no son legales, merman el trabajo de los que sí lo son y pagan a sus federaciones los impuestos que cumplen con la Ley. Primero viajé con un toledano que trabajaba de taxista, añoraba los montes toledanos y su aroma a tomillo y espliego. Me decía que no entendía como podía vivir en Madrid la gente, siempre con prisas y nerviosos porque todos pitaban y se enfadan, y me habló de su pequeño pueblo de unos dos mil habitantes y de su afición a cazar con galgos: admiraba la destreza de ambos animales, su lucha en la carrera por vencer o morir. Y la humanidad de la vecindad al compartir el saludo con los vecinos que prácticamente se conocen todos. Estaba en medio de las calles porque hay que trabajar donde hay trabajo, y la situación actual en España no está nada bien. Y más ahora, dijo, con esa pelea de los políticos que no les importan nada más que sus peleas por el poder. Madrid, Madrid vivo y callejero con gentes de colores de mil pueblos de las cuatro esquinas del mundo conocido, con las terrazas de las inmediaciones de la Puerta del Sol llenas a rebosar, de gentes ataviadas de ropa de marca clásica o alternativa de todas las edades. Paseaba por esas calles después de comer con Nicolás del Hierro, Alfredo Villaverde y Juan Jiménez Ballesta, escuchando esas anécdotas vividas por cada uno de ellos en ese Madrid de los secretos y de los encuentros. Porque los escritores somos gentes conocedores de secretos que a veces compartimos y otras, cambiando nombres y lugares, narramos en los libros. Cerca de las siete de la tarde en la Casa de Castilla-La Mancha situada en la calle de La Paz, al lado de la Plaza de Pontejos, o del Marqués viudo de Pontejos que fuera alcalde de Madrid y el que, entre otros muchos cambios en los castizos madriles, fue el que por decisión propia, dijo que el kilómetro cero, desde donde se cuenta la distancia de todas las carreteras de España, era la Puerta del Sol, y así es desde entonces. Allí en sus dependencias con cierto sabor a regusto del cronista perpetuo Ramón de Mesoneros Romanos, amigo íntimo del marqués de Pontejos, con el cual trazó los muchos cambios de la villa y corte, todavía en esas estancias, se siente la sombra de personajes que convivieron entre sus calles, plazas y teatros probablemente, porque en esa casa, en las tertulias y las diferentes aulas culturales prevalece el espíritu de los escritores de pasados siglos. Y cuando la tarde empezaba a declinar fueron llegando poetas y escritores para escuchar al poeta Nicolás del Hierro leer los poemas del libro “Esta luz que me habita” presentado por el presidente del Aula Juan Alcaide, Alfredo Villaverde, al autor y al escritor José Luis Morales, que como estaba anunciado habló del libro y de su autor. Nombres y presencias como la de Pedro Antonio González Moreno, José López Martínez, Luis Leal, Carmina Casala, Ángela Reyes, Elena Rojo, Tomás Osorio, Davina Sofia Pazos, Luz González, Alfredo García Huetos, Olga Alberca…nombres y nombres hasta llenar por completo el salón de actos escuchando palabras de reconocimiento a un escritor y poeta de larga trayectoria. Cuando cerré la puerta de esa casa me acompañaban muchos otros amigos y escritores que sentía a mi lado en la invisible presencia de los recuerdos. Por las calles seguía el tráfico incesante y el taxista que me llevó a la estación se disculpaba por los atascos en su lenguaje cadencioso de colombiano, residente desde quince años en Madrid, como me dijo, sin olvidar la nostalgia de la familia allá en América. En silencio, mientras se acortaba la distancia hasta mi casa recordaba la preocupación de todos por el momento crítico que vivimos políticamente. Y en el cobertizo de las ideas personales, me quedo con la amistad mostrada hacia el escritor de unos y otros llegados para arroparle con su presencia. Madrid se difuminaba en la noche y pensé en lo pequeño que somos ante la magnitud de lo impredecible. Y que poco importan localismos provincianos de luchas de poder y reconocimientos también en lo literario. Ya en casa, volví como cada noche, a coger un libro y leer. Leer sin aplausos ni halagos, ahí es donde se queda aojada la creatividad de la verdad del autor y su obra. Natividad Cepeda

                             
Madrid estaba  imposible con el tráfico parado y  los pitidos de los coches denunciaban el nerviosismo de los conductores., El calor de septiembre algo pegajoso se pegaba a la piel como una telaraña molesta al mediodía. Desde el Paseo de Delicias al Paseo del Prado y hasta la misma Puerta del Sol la gente era riada cruzando por los pasos de cebra. Tronaban en el aire los motores y había en el ambiente la intención desmedida de salir corriendo de todo aquello hasta olvidar las prisas de esa ciudad de babel donde los taxistas piratas; esos que no son legales, merman el trabajo de los que sí lo son y pagan a sus federaciones los impuestos que cumplen con la Ley. Primero viajé con un toledano que trabajaba de taxista, añoraba los montes toledanos y su aroma a tomillo y espliego. Me decía que no entendía como  podía vivir en Madrid la gente, siempre con prisas y nerviosos  porque todos pitaban y se enfadan, y me habló de su pequeño pueblo de unos dos mil habitantes y de su afición a cazar con galgos: admiraba la destreza de ambos animales, su lucha en la carrera por vencer o morir. Y la humanidad de la vecindad al compartir el saludo con los vecinos que prácticamente se conocen todos. Estaba en medio de las calles porque hay que trabajar donde hay trabajo, y la situación actual en España no está nada bien. Y más ahora, dijo, con esa pelea de los políticos que no les importan nada más que sus peleas por el poder.
Madrid, Madrid vivo y callejero con gentes de colores de mil pueblos de las cuatro esquinas del mundo conocido, con las terrazas de las inmediaciones de la Puerta del Sol  llenas a rebosar, de gentes ataviadas de ropa de marca clásica o alternativa de todas las edades. Paseaba por esas calles después de comer con Nicolás del Hierro, Alfredo Villaverde y Juan Jiménez Ballesta, escuchando esas anécdotas vividas por cada uno de ellos en ese Madrid de los secretos y de los encuentros.  Porque los escritores somos gentes conocedores de secretos que a veces compartimos y otras, cambiando nombres y lugares, narramos en los libros.
Cerca de las siete de la tarde en la Casa de Castilla-La Mancha situada en la calle de La Paz, al lado de la Plaza de Pontejos, o del Marqués viudo de Pontejos que fuera alcalde de Madrid y el que, entre otros muchos cambios en los castizos madriles, fue el que por decisión propia, dijo que el kilómetro cero, desde donde se cuenta la distancia de todas  las carreteras de España, era la Puerta del Sol, y así es desde entonces. Allí en sus dependencias  con cierto sabor a regusto del  cronista perpetuo  Ramón de Mesoneros Romanos, amigo íntimo del marqués de Pontejos, con el cual trazó los muchos cambios de la villa y corte, todavía en esas estancias, se siente la sombra de personajes que convivieron entre sus calles, plazas y teatros probablemente, porque en esa casa, en las tertulias y las diferentes aulas culturales  prevalece el espíritu de los escritores de pasados siglos.
Y cuando la tarde empezaba a declinar fueron llegando poetas y escritores para escuchar al poeta Nicolás del Hierro leer los poemas del libro “Esta luz que me habita” presentado por el presidente del Aula Juan Alcaide, Alfredo Villaverde, al autor y al escritor  José Luis Morales, que como estaba anunciado habló del libro y de su autor. Nombres y presencias como la de Pedro Antonio González Moreno, José López Martínez, Luis Leal, Carmina Casala, Ángela Reyes, Elena Rojo, Tomás Osorio, Davina Sofia Pazos, Luz González, Alfredo García Huetos, Olga Alberca…nombres y nombres hasta llenar por completo el salón de actos escuchando palabras de reconocimiento a un escritor y poeta de larga trayectoria. Cuando cerré la puerta de esa casa me acompañaban muchos otros amigos y escritores que sentía a mi lado en la invisible presencia de los recuerdos. Por las calles seguía el tráfico incesante y el taxista que me llevó a la estación se disculpaba por los atascos en su lenguaje cadencioso de colombiano, residente desde quince años en Madrid, como me dijo, sin olvidar la nostalgia de la familia allá en  América.
En silencio, mientras se acortaba la distancia hasta mi casa recordaba la preocupación de todos por el momento crítico que vivimos políticamente. Y en el cobertizo de las ideas personales, me quedo con la amistad mostrada hacia el escritor de  unos y otros  llegados  para arroparle con su presencia.  Madrid se difuminaba en la noche y pensé en lo pequeño que somos ante la magnitud de lo impredecible.  Y que poco importan localismos provincianos de luchas de poder y reconocimientos también en lo literario. Ya en casa, volví como cada noche, a coger un libro y leer. Leer sin aplausos ni halagos, ahí es donde se queda aojada la creatividad de la verdad del autor y su obra.
 
                                                                                                             Natividad Cepeda



martes, 27 de septiembre de 2016

Elegía por el partido socialista

                                                         
Hoy nos despertamos en España con esa pesadilla de que a Pedro Sánchez le hicieron un vudú  en la estación de su vida y desde entonces subido en un tren fantasma lleno de mercancías caducadas  va buscando de una estación fantasma a otra  estación  cada vez más solitaria donde sólo él, y algunos más busca disolver una huida sin que se note demasiado los bultos fantasmales de sus muchos errores. Los españoles, muchos españoles venimos pensando que debería bajarse de ese tren para así enmendar esa ruta llena de fracasos por donde él, y sólo él ha conducido a un partido que le dio un poder qué quizá no merecía porque, como solemos decir los del pueblo llano y sufrido, porque no ha sudado la camiseta; o dicho a la pata la llana que le faltaba recorrido para saber que España es ante todo su responsabilidad y que para eso votamos los españoles en una democracia occidental y europea.  Pero no, él no repara en el completo desastre al que ha llevado a su partido, culpando de sus desaciertos y derrotas a otro partido y tan  seguro está de sus razonamiento  dictatorial y egocéntrico que no ve, que quien le resta votantes, es quien se frota las manos y sonríe con su túnica morada de falso penitente.
Aquí,  las cosas de seguir así, pudiera que salir a jugar una nueva partida con un nuevo voto de confianza a quien no le importa la muerte de un cisne herido probablemente llevará al Partido socialista de España a estrellarse en su propia cancha de juego porque nadie, absolutamente andie, se atreve a decirle al capitán que está ciego de rabia  y en su soberbia y mal entendido orgullo, no le importa que su partido se suicide. Porque cuando uno fracasa, lo inteligente y honrado es asumir ese fracaso sin culpar a otros de él, y en vez de eso este señor de fruncido gesto sigue, solemne, en su erudición de dientes amenazadores amenazando con destruir un partido que nada le debe, al contrario que él, que le debe toda su popularidad y poder porque sin el partido, él seguiría siendo un desconocido para los españoles que le votaron y que le retiraron su confianza por no querer subirse a l tren fantasma que le lleva a un precipicio sin otro destino que la de una muerte anunciada en la política actual.
Y  nosotros, todos los que formamos la gente a abatir, no ignoramos que la corrupción en el partido al que se opone, ha sido, y es cierta, pero tampoco miramos hacia otro lado para no ver  e ignorar, las otras corruptelas de su partido en diferentes autonomías y negocios por lo que los españoles si cree que somos ciegos y sordos  debe de quitarse sus propias antojeras para asumir que la pérdida de votantes no se van al centro derecha, se escurren por el coladero de una izquierda que como vemos, se raja  cuando ignorando su palabra dada para gobernar, los deja con las posaderas al aire, sin importarle   mínimo el honor y el decoro de los pactos firmados.   
Y hay que recordar a nuestros políticos que el feudalismo,  no lo queremos, ni el de ayer de los grandes señores opresores ni el de hoy el que nos ignora como personas, salvo para cuando nos piden pagar impuestos o poner o quitar con nuestro voto al señor feudal de turno.
Los pilares del partido socialista no deben diluirse en devaneos de ambiciosos sin miras para su continuidad, y a veces dar un paso al frente y formar un muro para que no avance la estupidez es mejor que dejar que en una lucha de poder se auto suicide. Es urgente, muy urgente recuperar la confianza de un electorado que en silencio ha dejado de ir a votar o se flagela dejando cubrir sus carnes de hematomas morados. Porque si en España llegamos sin odio y sin rencillas a tener una democracia fue porque el mismo Partido Socialista dialogó, con quienes tuvo que hacerlo. Lo que ahora está ocurriendo es una bofetada a nuestra democracia y a dejar que en Europa y en nuestro modelo occidental de entender los valores que nos sostienen se nos vallan por el desagüe de un fregadero donde no nos merecemos ir.

                                                                                               Natividad Cepeda

lunes, 26 de septiembre de 2016

Esa luz que me habita y me conmueve de Nicolás del Hierro

            Cuando las flores de los almendros  se empezaban a convertir en capullos verdes el cartero me dejó en el buzón de casa un sobre con un libro. Los carteros y carteras suelen pasar por mi calle, y por mi casa, a mitad de mañana cuando, cada cual sigue con la tarea empezada con marcado ritmo de la continuidad y, es al mediodía cuando abro el buzón  y extraigo de sus tripas el contenido misterioso de las cartas.
Aquél día, hasta la noche, no pude inspeccionar  lo recibido y al hacerlo comprobé que, mayo recién nacido, me regalaba un libro de poemas de un poeta admirado y entrañable amigo; al abrirlo sonreí al leer la dedicatoria que alumbraba luz en cada una de sus palabras. Nicolás del Hierro  me enviaba su nuevo libro bautizado con el nombre premonitorio de “Esta luz que me habita” publicado por la Biblioteca de Autores Manchegos de la Diputación de Ciudad Real en su colección “Ojo de pez”  la imagen de la  portada del escritor y pintor Teo Serna y con el Prólogo de Matías Barchino de la Universidad de Castilla-La Mancha:
La portada es una ensoñación de color que invita adentrarse en las puertas del libro y el prólogo es un bello relato desde que autor y prologuista se conocieron. Leyéndose,  de principio a fin con amenidad, por el fondo de humanidad y amistad entre ambos personajes, al narrar como conoció al autor y sus diversos libros en la estela de los años transcurridos.
Se agradece leer un prólogo sin excesivas adulaciones y sí  propiciarnos  a la lectura de los poemas al afirmar categóricamente “Esta luz que me habita comunica la verdad y la emoción con lo que ha sido escrito, la urgencia personal de estas palabras” o esta otra frase; “Y encontramos  preguntas, muchas preguntas, que a veces se quedan sin respuesta, tal vez porque no la tienen” Y con esa premisa fui leyendo el libro.
Pero escribir y explicar un libro de poemas es como querer aprisionar el aire entre mis dedos. Tu sabes, Nicolás del Hierro, que esto es cierto. Y por esa razón tan poderosa no voy a decir cuántos poemas componen tu grito desolado, ni  cómo nos dices, poema a poema, la gran herida que significa la vida; y el misterio aterrador que nos invade al pensar en la muerte.  Por ese libro tuyo viajan muchos de tus cumpleaños incontenidos en tu memoria y que salen de tu corazón herido para salpicarnos a quienes lo leemos con tu sangre que se une a la mía al leerte y escucharte. Has escrito este libro como una declaración  de autoridad basada en la tristeza de que pasados  los años, tus palabras se olviden. Que la existencia, la tuya y al mía sea  escasamente duradera en el recuerdo de los que vendrán después.
Y te preguntas en un poema ¿Por qué.
                                                               Por qué.
                                                                                     Por qué…?
Concluyendo: ¿Qué nos queda después de tanta lucha?
Y en otros versos clamas. ¿Después de todo, que nos queda
cuando acaba la lucha,
                                       cuando el hombre
se quiebra igual que un ángel roto?
Nos queda estimado Nicolás, el amor recibido. La amistad  del amigo. Las lágrimas vertidas por los que nos amaron y perdimos. El beso que nos abrió la pasión en toda nuestra especie humana. Y el legado de tus nietos, a quienes dedicas este hermoso y bello poemario. Además de ver tu altura de águila herida, surcar el horizonte  desnudando tu dolor  hasta convertir las palabras en belleza poética para mí, para otros que quizá  no te lo digan. Y mañana, Nicolás del Hierro, cuando alguno lea lo que tú afirmas y temes que se olviden tu versos, tu linaje de poeta, tus libros… todo lo que dejas en testamento temiendo que nadie conozca tus verdaderas credenciales en aquella
“casa que un tiempo fuera el hábitat
de un hombre, un soñador iluso,
que en las profundidades de este pozo
depositó  la luz de sus poemas.

no temas lo que ignoramos del futuro, recuerda que a quien toda nuestra tierra castellana-manchega, muestra como símbolo y bandera, con orgullo de casta, también temió que nadie, nadie, lo recordara. Y  ya ves, lo mucho que se habla de Miguel de Cervantes.  No creas que esto te lo digo para aliviar tu pesadumbre, No, no es frase baladí, si no afirmación muy cierta. Por eso contigo yo quiero
Reconstruir aquello que soñamos,
volver de nuevo a ser un tiempo
humanamente digno:.
agua en el agua, miel sobre miel,
y luz sobre la luz.

de cada una de tus palabras escritas desde tu soledad para la mía. Esto Nicolás del hierro es ser poeta.

                                                                                                                       Natividad Cepeda