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domingo, 31 de mayo de 2026

Elegía de las bodegas hundidas

  

Qué tristeza queda en bodegas hundidas.
Qué soledad al pasar junto a ellas.

Resbalan los recuerdos por el azul

del cielo, por las hierbas secas donde yacen

las tinajas rotas al polvo de la ruina.

 

Aquí hubo vida.
Aquí hubo manos, vino, voz, calor humano.


Camino por la aldea pedanía de Záncara,

 la única que tuvo Tomelloso,
y en sus calles abandonadas reconozco

el rastro de una España que se apaga;

aulas vacías, paredes caídas,
bodegas hundidas, un despojo lento

sin épica ni memoria.

 

Camino entre ruinas y olvido.
Y el silencio es un responso continuo

por lo que fue y se dejó morir.

 

No es solo piedra: es la vida arrancada,
es la gente expulsada, es el pulso roto
de los pueblos. Queda la estación de tren

como una ironía del destino.

 

El tren por el que Tomelloso clama.

El tren que es progreso y nos niegan

pasa todavía por Záncara.

 

España se vacía por abandono

y mala práctica. Perecen los nombres,

se olvida su historia y llora mi alma.

 

Se hunde lo que nadie quiso salvar.

 

Mientras tanto, otros proclaman

caminos, rutas hacia un mundo sin raíces,

una fe de mercados lejanos

y promesas que no mira hacia atrás.

 

Avanza esa voz, la llaman progreso,

globalización, y deja tras de sí pueblos

sin gente, sin infancia ni recuerdos,

sin memoria ni testigos.

Aquí nos quedamos, muy solos,
custodiando el polvo manchego
como quien guarda cenizas de ayer.

Solo queda silencio y tinajas tendidas,

abiertas al cielo, como si esperaran

que alguien vuelva a darles vino, a darles vida.

 

Aquí nos quedamos sin los nuestros,

en muchos otros pueblos

de esta España rural que se vacía

y se muere, paso a paso, lentamente.


Poema y fotografía Natividad Cepeda

 

miércoles, 13 de julio de 2022

Se abandonan los campos por el mal negocio de la agricultura y la ganadería en el marco rural de nuestros pueblos.

 


Año tras año los precios agrícolas y ganaderos han ido cayendo en las  familias campesinas españolas.  Ha sido un deterioro incesante  que ha provocado que no haya seguimiento familiar en las explotaciones desde los cereales, con precios bajísimos, semejantes a los de hace veinte años atrás, las cosechas de vinos, frutales y ganaderías  de leche de vaca, oveja y cabra repercutiendo en las economías de esas explotaciones familiares tan negativamente que se han abandonado.

El sentimiento del  pequeño empresario agrícola es sentirse abandonado por las políticas agrarias creándose un envejecimiento del sector al  buscar sus hijos otros empleos para vivir mejor que sus padres. Los impuestos al campo español y los robos sucesivos en las propiedades han socavado, no solo la economía, también la ilusión de los hombres y mujeres que aman sus tierras y animales asistiendo impotentes ante el abandono que sufren por las leyes vigentes y, la caída de los precios  en favor de las multinacionales.

Muchos  pueblos de las comunidades españolas se han despoblado a causa de la falta  de oportunidades en el sector agrario. Los jóvenes, han emigrado a las grandes ciudades y al extranjero.  Quedan trabajando en el campo y en la ganadería una población envejecida y falta mano de obra que, además no se puede pagar en muchos casos. Se han potenciado las exportaciones, dañando así la producción autóctona lo que ha propiciado una caída en picado de los propietarios rurales.  Todo ha sido programado en contra de la economía rural.

Y de pronto los precios de los combustibles se disparan y la gente del agro español siente que se hunden en una ruina continua y precipitada. La  esperanza de la subida de los cereales a causa de la guerra en Ucrania no ha sido posible por el calor acaecido en los últimos días del pasado mayo. Un calor superior  que no habíamos sufrido desde hace más de veinte años.

El grano no granó y hay quienes  ni han podido pagar a las cosechadoras, o ante esta grave problema no se ha recolectado. Los controles  de los mercados  son los que marcan las economías rurales. Ruralidad que no puede subsistir  a base de fiestas pensadas para un turismo interior y de mostrar, y dar a conocer, las gastronomías, exquisitas en la mayoría de los lugares, pero insuficientes para el sostenimiento de los pueblos.

La despiadada economía del sector rural maltrecha  por el incremento de los precios de las eléctrica, gasoil, abonos… sumadas a la caída sufrida continuamente por los precios, siguen multiplicando la pobreza del sector agrícola y ganadero haciendo insostenible su continuidad. Un sector que no interesa a los demás sectores sociales, despreciado en ocasiones y utilizado en demasiadas ocasiones para  la chanza cómica.  Aun así, todavía  en las gentes del campo hay dignidad, orgullo y escasas quejas que le proporcionen ayudas reales para el sostenimiento de sus propiedades. Propiedades pequeñas de no demasiados hectáreas han causado el retroceso de esas explotaciones,  sin olvidar los reducidos ingresos de sus propietarios.

Degradación y rebajamiento del tejido rural que afecta a la población en general por incidir en la alimentación y carestía de la vida. Hecho de triste realidad dentro del proceso económico actual. Y de pronto en la sociedad feliz que vive de espaldas al campo las consecuencias de las energías ese factor incide en otras ocupaciones por el cambio económico del mercado. Y esto  no es una cita filosófica ni una metáfora poética, no. Es el clamor  de un deterioro en el trabajo y de éste irrefrenable pozo donde nos hundimos en un presente incierto. Ante este panorama reconozco mi incapacidad para jugar al despiste y al olvido. Y no huyo de mi entorno, ni cierro la puerta a la esperanza en este camino plagado de egoísmo, ansias de poder y riqueza  por encima de los que quedan abandonados en la miseria.

Para mí, la verdad es mi libertad. Es la libertad de quien escribe y da fe de lo que ocurre jugándose halagos y prebendas personales de aquellos que mueven los hilos sociales. En medio de este destrozo económico me fortalece la humanidad que no miente ni redacta tratados para manipular al semejante. Porque si mi lenguaje no es real tampoco lo será mi amor, ni mi palabra desnuda  de artificios. A veces hay que crucificarse para poder resucitar a pesar de tantas muertes.

 

                                                                                     Natividad Cepeda


 https://www.miciudadreal.es/2022/07/13/se-abandonan-los-campos-por-el-mal-negocio-de-la-agricultura-y-la-ganaderia/

https://www.cuadernosmanchegos.com/opinion/se-abandonan-los-campos-por-el-mal-negocio-de-la-agricultura-y-la-ganaderia-en-el-marco-rural-de-nuestros-pueblos--761.html

https://www.lanzadigital.com/opinion/se-abandonan-los-campos/

 


domingo, 13 de septiembre de 2020

Reatas y carreros de Tomelloso los últimos Quijotes


 En este pueblo mío hay tantos Quijotes que sin conocerlos es imposible  imaginarlo.  Los hay tan entusiasmados  que invierten su tiempo y su persona, ademas de sus ahorros, en devolver a la actualidad las mulas que ahora no son utilizadas en la agricultura y sí se utilizaron en el pasado.  Son hombres esforzados y cuidadosos de esa tradición hasta en los más pequeños detalles. 

En esa tarea inconcebible al ser desconocida no les importa apostar su pasión y vida, al margen de que las corporaciones municipales que hay, y han pasado por el ayuntamiento no les brinden un apoyo económico digno de ser considerado como patrimonio de Tomelloso.
Cuando las reatas desfilan en la Romería del último fin de semana de abril en honor de la Santísima Virgen María de las Viñas, el publico se emociona al contemplar las mulas enjaezadas con una belleza inusitada y barroca en sus arreos desde las mantillas bordadas a los correajes impolutos que lucen los animales.
Todo lo hacen ellos, el esquile, la labranza durante el año para que las mulas no se enfermen, sacarlas  por las calles para que se acostumbren a desfilar por el asfalto y aprendan a no resbalar...
Y todos los gastos de mantenimiento, piensos y arreglos de carros en perfecto estado  lo sostienen ellos. 
Hombres, casi todos jubilados con pensiones exiguas y escaso patrimonio, sus viviendas y poco más. 
Los veo desfilar y admiro su férrea voluntad por preservar esa tradición arcana de engalanar las mulas mimándolas y amándolas, orgullosos de su linaje campesino. 
Desfilan ataviados de pantalón azul o negro, camisa blanca, chaleco negro, gorra en la cabeza y pañuelo de yerbas  atado al cuello con su látigo nuevo de no haber sido usado,  perfecto, en la mano, y el gesto altivo de quienes se saben poseedores de un linaje que les ha valido y les vale, esfuerzo personal  que a nadie deben.  
En los días de romería, los políticos se hacen fotografías con ellos y sus reatas,  al velos hacer las fotografías pienso que cuando se marchan no vuelven a recordarlo porque no les conceden ayudas para su mantenimiento.  
Son quijotes nacidos en esta tierra áspera y seca, hermosa en el azul limpio de su cielo que permanece viva gracias a los muchos soñadores que se pagan sus sueños hasta que mueren. 
Cuando leo los euros concedidos a asociaciones que nadie conoce y menos sabemos de sus logros, pienso en estos carreros de mi ciudad rural y urbana, donde un grupo de personas mayores, hombres y mujeres, se afanan en mostrar esa gallardía campesina con el lustre de la vieja tradición castellana, sin mendigar ayudas, sin quejas en sus labios, sin mostrar dolor por el abandono y despereció por lo que hacen  e invierten las familias...
Los carreros tomelloseros y sus mujeres, bordadoras de mantillas de seda que lucen las mulas en sus cuerpos, cooperadoras con sus hombre en que ellos hagan realidad sus anhelo; anónimas todas ellas, en la sombra de la casa familiar al cuidado de esas ropas que sus hombres llevan limpias como chorros de oro. Porque para esas familias su fortuna es mostrar la vieja tradición del carro entoldado y enjaezado tirado por la mulas briosas y con nervio, tan valientes como ellos. Cuando alguno de ellos se muere al desfilar en las romerías y ferias, buscamos sus rostros, su gesto duro y su andar echado hacia atrás, llevando el ramal de las mulas, o andando otras veces al lado del carro y de las reatas dejando que los miren las gentes con esa postura que sólo ellos tienen desfilando con sus reatas.

Son figuras a extinguirse, sin que pase demasiado tiempo porque no tendrán fortuna para ser sostenidas por las próximas generaciones, ni arrestos para continuar en esta sociedad arruinada en valores y en sueldos  y patrimonios pequeños.  Esos patrimonios de la clase media española desapareciendo por los elevados  impuestos y la bajada continua de los productos agrarios.
Mientras escribo veo los rostros de los carreros que se han marchado de entre nosotros y si hay un cielo estoy segura que ellos estarán en un cielo de surcos arando con la mulas, mientras sueñan con ponerlas guapas para desfilar junto a ellas por las calles y plazas de los pueblos. 

Natividad Cepeda
  

martes, 18 de octubre de 2016

Dignidad y pobreza en un pergamino sin ética

                                              
  Desde los medios oficiales se dictan normas  renegando, con palabras escogidas, en contra de la pobreza. Las palabras para su definición cambian, pero el desamparo medra excluyendo del poder adquisitivo a un número cada vez mayor de personas. La Ley, abundante en retórica, incluye recovecos por donde los  que las promulgan y promueven hacen beneficiarse  a los más altos y dignatarios en poder económico y político, quedando los de abajo, el pueblo llano desprotegido, salvo para pagar impuestos salidos de nóminas, cooperativas agrícolas y ganaderas y autónomos de cualquier profesión y oficio. De tal manera que la espalda de Eva y Adán siguen cargando con el innumerable peso de todos los truhanes del mundo.
La economía rural, desmembrada en impuestos y saqueada en aras de unos planes europeos e internacionales, ha sucumbido a tanta sinrazón orquestada desde esos planes con la  convivencia de sus mismas asociaciones, tapando algunas corruptelas, que aunque conocidas, son calladas por el sector por temor a no ser atendidos si destapan la liebre los que saben de sucios manejos y prebendas.  La triste realidad se palpa en la despoblación creciente de los pueblos de España, y en los que quedarán en una década despoblados por estar habitados por personas mayores; viejos jubilados sin jóvenes ni niños a su lado, agonía  unánime parecida a un quinqué sin mecha ni aceite.
La jugada de prometer lo imposible es un juego escaso de buenas cartas; porque cuando se dice que hay que conseguir ayudas sociales para todos los habitantes  no se ignora que sin producir, esas ayudas cada vez serán más escasas. Los políticos de izquierdas  esgrimen descaradamente esa porción de dar y prometer dadivas sin trabajo; los políticos de derechas también, aunque con menos énfasis o utilizando un lenguaje menos atrevido en sus promesas, aunque ambos saben, que más pronto que tarde, sin economía sostenida en zonas rurales y en ciudades sin empresas, donde la inversión no llega ni se canaliza para que llegue, esas promesas no son ni viables ni ciertas.
Las modestas economías de las zonas rurales se desangran  en vida y en muerte, porque no caben calamidades entre las manos ásperas de quienes al morir sus padres y heredar la tierra y la  hacienda para continuar manteniendo trabajo sin tirar cohetes, han de pagar el impuesto de sucesiones con tal largueza que, es un abuso de autoridad y de poder. Junto al surco no hay  vacaciones ni  joyas adquiridas para guardarlas en cajas fuertes de bancos, tampoco sociedades que conocen como no pagar al Estado…Los míos, toda la gente del agro español llevan una existencia sin sorpresas. No escondes pingues ganancias en fundaciones y asociaciones tapaderas de encubrimientos de Euros; no,   su estuche es la caja que recoge sus cuerpos  preñados de amaneceres y desalientos cuando vuelven a la tierra de la que todos procedemos.
Los pueblos se quedan solos, abandonados por ser esquilmados, y todavía hay quien dice que los patrones no se comen la mierda por mal parecer.   El mundo se desangra en las plazas de los pueblos como antaño, como siempre, o se van cubriendo de una pátina de tristeza taponando sus calles y casas el polvo del olvido. De poco sirven, hasta hoy, así ha sido y es; las frases hechas y las arengas en favor de la extirpación del hambre: los pergaminos actuales  sin ética, no impiden el hambre y la miseria.



                                                                                                  Natividad Cepeda

Arte digital: N Cepeda