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jueves, 23 de abril de 2026

Elegía para un homenaje a nuestros ausentes

 


 

Tomelloso: Castilla-La Mancha ante la tragedia del COVID.

 

Lo recuerdo.

Lo recuerdo como días de lágrimas en los ojos:
fluidas, constantes.
Lo recuerdo como la marca de las pupilas rojas
y el desamparo humano
bajo la ley más cruda
que hasta entonces habíamos vivido.

Lo recuerdo.

El COVID fue un enemigo desconocido,
un daño sin rostro,
que nos hirió
y nos dejó vacíos de esperanza,
como atados a la muerte,
como haces de leña,
como gavillas:
sin orgullo,
con miedo,
con una tristeza
que carecía de palabras.

Fue en aquellos meses funestos,
marzo y abril de dos mil veinte,
cuando nos sentimos desposeídos
de la vida…
y hasta de la dignidad
de amar
y demostrarlo.

Se nos fueron los que amábamos.
Se nos fueron desperdigados
como motas de polvo.
Se nos fueron solos,
tras el oscuro rostro de la muerte.
Se nos fueron
sin cera de velas encendidas en el templo,
sin el calor de una mano última,
sin la despedida que sostiene el alma.

Y ahora… que ha pasado el tiempo,
unimos palabras.
Unimos palabras para no apagar aquellos rostros
que sentimos cercanos.
Porque el tiempo no borra:
el tiempo ordena el dolor,
pero no lo cancela.

Ahora… que ha pasado el tiempo,
no podemos esquivar el dolor de haberlos perdido.
Y al recordar lo vivido
nos sentimos desolados
porque nos falta aquella despedida
que no pudimos darles.

Nos duele todavía —sí—
que fueran arrancados de nosotros.
Nos duele no haber podido cerrarles los ojos
y besar su rostro.
Nos duele esa ausencia concreta:
la ausencia de lo sencillo,
la ausencia de lo humano.

Aun así, seguimos unidos.
Unidos a ellos, a ellas,
en la infinita llanura del corazón
plagado de ausencias.

Ya no gritamos como en aquellos días.
Ya no estamos desgarrados de la misma manera.
Pero seguimos…
cercanos.
Y, a veces, mendigando su amor:
ese amor que nos falta
y que nadie ha podido paliar.

Porque con su marcha
nos quedamos a oscuras.
Se desgastaron los días
al no sentir sus manos en las nuestras,
al no ver su sonrisa
iluminando la vida.

Y sin embargo…
en nuestras miradas
llevamos su luz.

La percibimos al mirar el atardecer.
Porque cuando el día se despide
y la noche regresa de su viaje astral,
os sentimos…

os sentimos
en las primeras estrellas
que encienden nuestro cielo.

En esa longitud sideral
está vuestro legado:
el amor que nos dejasteis.
La luz que nos dais
cuando os nombramos.
La luz que abre senderos
para seguir caminando…
con paz.

Os seguimos amando.
Perdimos vuestra materia,
vuestros cuerpos amados,
pero no vuestro aliento.

Ese aliento que sobrepasa la muerte
y la distancia.
Ese aliento que nos marca
y nos hace sentiros a nuestro lado,
enhebrando los días a través de vosotros
en esta costura eterna
que es la vida
y la muerte.

Y es ahora, hoy,
en esta elegía compartida,
cuando decimos algo que sabemos de verdad:

que estáis a nuestro lado.
Que remontáis la muerte a contracorriente
en nuestra memoria,
en nuestras palabras,
en lo que amamos.

Porque sois parte nuestra.
Y el olvido…
el olvido es mentira.
Una falacia que no puede borrar
la fuerza del amor.

El amor es un río
que nos une
y nos guía.

Y sí:
si, todavía sentimos la tragedia vivida.
La impotencia de respetar las leyes.
La herida de lo inevitable.
Y a veces nos sentimos estafados,
y duele como si el cierzo
se infiltrara por dentro.

Pero nos hacemos racimo con vosotros.
Uvas de lagar
que esperan volver a recobraros
cuando crucemos al otro lado.

Y mientras tanto,
seguimos proclamando:
que os amamos.
Sois los nuestros.
Aquellos que perdimos
en la terrible pandemia.

Aquellos que se fueron
sin el duelo preciso.
Aquellos que elevaron sus alas hacia el cielo
y nos dejaron heridos con su marcha.

Pero sabemos también —lo sabemos—
que estáis en los senderos de cada amanecer.
En cada gota de rocío.
En cada flor que nace en primavera.
En el gorjeo de las aves
bajo el cielo azul y claro de Tomelloso,

en los cielos de toda Castilla- La Mancha,
y en la corteza hermosa
de la tierra desnuda.

 

Esperadnos.
Esperadnos
en la dulce nostalgia de esta primavera.

Para cuando partamos,
vosotros nos mostréis el camino hacia vuestro lado.
Para convertirnos en estrellas
y alumbrar nuestros cielos manchegos.
Y para conocer el amor infinito de Dios,
Alfa y Omega,
por encima de la muerte
y de la vida.

Sabedlo: sabedlo…

Os seguimos amando.
                                         Natividad Cepeda

 

 

Poema leído el domingo 19 de abril de 2026 en la Glorieta de María Cristina de Tomelloso en el Homenaje a Victimas del COVID.

Fotografía del periódico La voz de Tomelloso.

lunes, 26 de junio de 2023

Sueño en tener alas para no perder mi norte.

          


Amanece y el universo es lumbre y cielo. Sol que despierta o que gira el planeta  sin otra duda sobre su eje.  Frente a la aurora yo me pregunto  de dónde vengo. Y mientras pienso vuelan alegres las golondrinas  en esta calle donde yo vivo.  No soy retorica en mis palabras, tan solo busco sentir mi alma.  En estos días oigo palabras, discursos huecos muchos de ellos. Y al escucharlos yo me pregunto  ¿Dónde se aloja lo que es verdad?

La democracia no es callejera riña, ni insulto necio, ni grosería dicha a gritos. No debería ser viejo combate entre vecinos. La democracia debiera ser aprendizaje de convivencia, fruto del pueblo, luz de justicia y no tiniebla  ocasionada demasiadas veces por el descuido  de obligaciones ineludibles.

Y en tantas ocasiones es innombrable la libertad del individuo que mi recelo es gran congoja dentro del pecho. Estereotipo, viejo cliché que casi nadie respeta y ama como se debe.

Hoy, cuando amanece, desde las altas chimeneas de las antiguas fábricas alcoholeras, hoy tan inútiles, se alzan majestuosas cigüeñas blancas, alas al viento de la mañana surcan en Tomelloso todo su espacio; yo las contemplo y en mi silencio sé que desde mi infancia, sueño en tener alas y no las tengo.

La democracia nos representa a cada uno pobres o ricos,  cultos e incultos y en esa fuente de libertad nos protegemos de mil abusos, o al menos, lo pretendemos desde la aldea más pequeñita hasta las grandes urbes tan orgullosas y vanidosas de su poder. Poder ilícito de lo que no se debe jamás hacer.  Porque cuando la democracia  carece de equidad la ley es barro pisoteado y en ese cieno todos perdemos.

Ley es justicia sin la afrenta de ser usados para el escarnio de la mentira, de la bajeza y el exterminio de la verdad. De esa fuente nace la democracia para desde la libertad no ser esclavos jurídicamente ante el poder. Y es alternancia de cambiar lo que no gusta al pueblo llano, ese en democracia es su poder.   

En la mañana pasa el panadero vendiendo el pan, nos trae el cartero esa misiva de quien escribe carta o tarjeta sin móvil ni ordenador, se oye la música de la armónica del afilador y al escucharlo los gorriones gorjean  y vuelan…Pasan los coches y allá a lo lejos escucho una sirena de policía o de ambulancia mientras arriba un avión deja su estela en el azul celeste de las alturas. Sigue la vida y no acertamos a que se extingan guerras y hambrunas y aún hay muchos pueblos sin democracia ni libertad.

Todo es ofensa. Todo es  no acatar que el pueblo pobre, que el pobre pueblo, elige al votar a quien lo representa para bien o mal. Eso es democracia sobre todo cuando los que nos gobiernan cumplen lo que prometen para mejorar la vida de  cada día. Para ganar el pan sin abusos de argumentos falseados bajo apariencia incompleta de verdad. Porque cuando eso ocurre, y ocurre demasiadas veces, entonces no solo perdemos la esperanza en los elegidos, también se pierde el norte al carecer de brújula.

Lamentablemente carecemos del radar de las aves que no equivocan su rumbo ni las estaciones  al extender sus alas y volar en plena libertad. Las admiro y las respeto a pesar de que en nuestras ciudades algunas de ellas, las palomas, son plaga consentida. Volar es no sentirme oprimida en mi ámbito por no reconocer a los que manejan el lenguaje para lograr sus propios fines en cualquier grupo social. Volar  es admirar en el amanecer  su maravillosa luz que no altera la alternancia política a pesar de tanto grito desabrido en medio de tantas necesidades que la ciudadanía tiene sin cubrir.

 

     


                                                             
Natividad Cepeda

 

https://www.cuadernosmanchegos.com/opinion/sueno-en-tener-alas-para-no-perder-mi-norte-925.html

 

lunes, 23 de noviembre de 2020

Repasando lo acontecido en éste tiempo de pandemia

   

Ayer el sol  calentaba las paredes heladas de un domingo de noviembre de mi pueblo manchego. Aquí no hubo manifestación en contra de la Ley Celaá saliendo caravanas de coches  en contra de esa Ley que agrede el pensar de millones de españoles.

En la capital de mi provincia si salieron los coches a la calle a protestar y me dijeron que se optó por sumarse en la capital para sumar fuerzas. El domingo 22 de noviembre el clamor fue casi unánime  en esta España empobrecida y donde la gente se siente olvidada y arruinada. Nos callamos. Se calla el personal por miedo a la pandemia y a juntarse y contagiarse de este maldito virus que sigue sembrando muerte, no solo de ancianos también de jóvenes y algunos niños. Niños que en estos lares nuestros no podemos perder porque nos faltan en la estadística fría, no solo en España, también en esta Europa acomodada y egoísta que ha tirado por la borda del olvido los valores por lo que fue respetada, admirada y hasta en ocasiones odiada porque denunciaba lo que estaba mal.

Aquí en mi pequeña ciudad, donde casi todos piensan que son el ombligo del mundo, los domingos aún una parte importante asistimos al templo para seguir la misa del domingo. Es casi un milagro que en mitad de esta niebla que nos nubla nos acerquemos a orar comunitariamente sin temor a los reglones que soterradamente persiguen la liturgia de los cristianos de muchos lugares del mundo.

No es levedad acudir a la iglesia, pequeña en dimensiones, si se compara con la catedrales, pero lo maravilloso es que el templo, ahora con un aforo restringido, se llena de creyentes de todas las edades. Buscamos esa gracia que nos deje paz a pesar de tantos desatinos e incertidumbre. El domingo pedimos por  los que nos gobiernan porque esa inhumana Ley de la ministra Celaá, se consiga pararla. No duelen los miles de niños que se quedarán sin la asistencia adecuada si cierran los centros de educación especial… Y los miles de colegios concertados de pueblos y ciudades adonde nuestros niños y jóvenes asisten.

la cuestión elemental es que la mayoría son con ideario católico y son elegidos por familias creyentes por lo que el cierre es cuestión de ideología y no de mejorar la educación, y mucho menos de ahorrarse euros, ya que esa escuela le sale al estado español más económica que la pública.

En esta niebla que nos nubla los ojos está eliminar el castellano como lengua vehicular…Tamaño error  a quienes perjudicará será a las clases más bajas y desfavorecidas de España que residan en las comunidades separatistas, ya que el catalán y el vasco solo lo hablan unos escaso miles de ciudadanos y nadie, fuera de sus territorios, ni lo hablan ni leen. Es más, hace algunos años en una ciudad catalana se quejaban unos jóvenes de ignorar la lengua cervantina por lo que temían salir al extranjero con el equipaje gramatical del catalán.

Cuestiones elementales todo lo expuesto y que sin hacer comparaciones de los millones parlantes en el mundo que hablan español, está visto, en éste momento, que solo las clases pudientes  son las que sí educan a sus hijos en colegios privados y hablando correctamente el español. No así, las clases populares, que les es imposible acceder  por el coste elevado que no pueden pagar. 


 

Precisamos para cruzar por la vida un buen timonel, y ahora vamos a la deriva. Así lo escuché al salir de la misa dominical en un grupo de  gente reunida en la acera del sol.  Una mujer relataba que ella había pasado el coronavirus y  con voz  angustiada decía como en marzo pasado, estando ella ingresada, había visto morir a personas en el pasillo del hospital, sentadas en una silla porque faltaban camas y enfermeros y médicos, para atender a tantos contagiados.

Habíamos rogado por casi todos los problemas acuciantes que estamos padeciendo, el desempleo, la pandemia, por los políticos para que acierten y legislen en favor de nosotros, los de abajo, porque somos como un árbol. Si el árbol carece de raíces fuertes se vendrá abajo, y si las tiene sólidas, el árbol aguantará fríos y tormentas, vendavales y calimas…Escuchado recordé un árbol que hay en un paseo de mi pueblo, grande como una torre y fuerte como un castillo, por la envergadura de su copa. Sus raíces amplísimas asoman afuera y es bello contemplarlas porque  en esas raíces está la sabiduría de la naturaleza.

Fugacidad humana alimentada de soberbia apisonando derechos y libertades en éste principio de siglo XXI donde una vez más la persona  poco importa frente al poder y el dinero.

 

Natividad Cepeda

martes, 18 de octubre de 2016

Dignidad y pobreza en un pergamino sin ética

                                              
  Desde los medios oficiales se dictan normas  renegando, con palabras escogidas, en contra de la pobreza. Las palabras para su definición cambian, pero el desamparo medra excluyendo del poder adquisitivo a un número cada vez mayor de personas. La Ley, abundante en retórica, incluye recovecos por donde los  que las promulgan y promueven hacen beneficiarse  a los más altos y dignatarios en poder económico y político, quedando los de abajo, el pueblo llano desprotegido, salvo para pagar impuestos salidos de nóminas, cooperativas agrícolas y ganaderas y autónomos de cualquier profesión y oficio. De tal manera que la espalda de Eva y Adán siguen cargando con el innumerable peso de todos los truhanes del mundo.
La economía rural, desmembrada en impuestos y saqueada en aras de unos planes europeos e internacionales, ha sucumbido a tanta sinrazón orquestada desde esos planes con la  convivencia de sus mismas asociaciones, tapando algunas corruptelas, que aunque conocidas, son calladas por el sector por temor a no ser atendidos si destapan la liebre los que saben de sucios manejos y prebendas.  La triste realidad se palpa en la despoblación creciente de los pueblos de España, y en los que quedarán en una década despoblados por estar habitados por personas mayores; viejos jubilados sin jóvenes ni niños a su lado, agonía  unánime parecida a un quinqué sin mecha ni aceite.
La jugada de prometer lo imposible es un juego escaso de buenas cartas; porque cuando se dice que hay que conseguir ayudas sociales para todos los habitantes  no se ignora que sin producir, esas ayudas cada vez serán más escasas. Los políticos de izquierdas  esgrimen descaradamente esa porción de dar y prometer dadivas sin trabajo; los políticos de derechas también, aunque con menos énfasis o utilizando un lenguaje menos atrevido en sus promesas, aunque ambos saben, que más pronto que tarde, sin economía sostenida en zonas rurales y en ciudades sin empresas, donde la inversión no llega ni se canaliza para que llegue, esas promesas no son ni viables ni ciertas.
Las modestas economías de las zonas rurales se desangran  en vida y en muerte, porque no caben calamidades entre las manos ásperas de quienes al morir sus padres y heredar la tierra y la  hacienda para continuar manteniendo trabajo sin tirar cohetes, han de pagar el impuesto de sucesiones con tal largueza que, es un abuso de autoridad y de poder. Junto al surco no hay  vacaciones ni  joyas adquiridas para guardarlas en cajas fuertes de bancos, tampoco sociedades que conocen como no pagar al Estado…Los míos, toda la gente del agro español llevan una existencia sin sorpresas. No escondes pingues ganancias en fundaciones y asociaciones tapaderas de encubrimientos de Euros; no,   su estuche es la caja que recoge sus cuerpos  preñados de amaneceres y desalientos cuando vuelven a la tierra de la que todos procedemos.
Los pueblos se quedan solos, abandonados por ser esquilmados, y todavía hay quien dice que los patrones no se comen la mierda por mal parecer.   El mundo se desangra en las plazas de los pueblos como antaño, como siempre, o se van cubriendo de una pátina de tristeza taponando sus calles y casas el polvo del olvido. De poco sirven, hasta hoy, así ha sido y es; las frases hechas y las arengas en favor de la extirpación del hambre: los pergaminos actuales  sin ética, no impiden el hambre y la miseria.



                                                                                                  Natividad Cepeda

Arte digital: N Cepeda

miércoles, 3 de diciembre de 2014

AMOR


 Amor, manoseado verbo
sin orilla final ni principio.
Predio de inacabadas sombras
y sacrificio del aroma del alma.
Amor, estiaje en la sangre
que estrena vecindad en cada día.
Metáfora cantada y expulsada
por el azogue brutal del homicida.
Espejo de la imagen que redime
de todo cuanto afea a lo humano.
Si en las paredes se prohibiera
amar a los demás, si fuera ley
extirpar al amor de nuestro lado,
entonces, ya sin duda,
el amor de verdad existiría.






Poema de mi  libro “Camino de amor” Finalista Premio Mundial de Poesía Mística “Fernando Rielo” 2011


Arte digital: N. Cepeda