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lunes, 18 de mayo de 2026

Paz y naturaleza

 

                       

 


Tiembla el agua serenamente. Tiemblan las amapolas y parece que hasta las piedras del castillo temblaran en el atardecer de mayo. Entre las briznas del romero y las flores diminutas se recoge el ir y venir del agua, mientras escucho cantos de aves y sonidos que designan la belleza del planeta que habito.

Me acaricia la brisa del anochecer y su caricia, sin gravedad, me eleva por encima de las noticias de los teletipos y me hace olvidar los apocalipsis que transmite el mundo en su fractura diaria. Oigo, apenas, voces lejanas, y escucho mecerse el aire por entre las hojas verdes de las higueras y el susurro del esparto que cubre amplias zonas del monte.

Aquí, en esta mansedumbre del agua y el monte, el tiempo se ha detenido y no hay relojes que me indiquen que estoy perdiendo el tiempo, porque yo siento que ahora el tiempo es mío, me pertenece, y me dejo pausar para recobrar mi alma, tan bombardeada a veces por tanto trasiego diario.

 

Natividad Cepeda

jueves, 23 de abril de 2026

Elegía para un homenaje a nuestros ausentes

 


 

Tomelloso: Castilla-La Mancha ante la tragedia del COVID.

 

Lo recuerdo.

Lo recuerdo como días de lágrimas en los ojos:
fluidas, constantes.
Lo recuerdo como la marca de las pupilas rojas
y el desamparo humano
bajo la ley más cruda
que hasta entonces habíamos vivido.

Lo recuerdo.

El COVID fue un enemigo desconocido,
un daño sin rostro,
que nos hirió
y nos dejó vacíos de esperanza,
como atados a la muerte,
como haces de leña,
como gavillas:
sin orgullo,
con miedo,
con una tristeza
que carecía de palabras.

Fue en aquellos meses funestos,
marzo y abril de dos mil veinte,
cuando nos sentimos desposeídos
de la vida…
y hasta de la dignidad
de amar
y demostrarlo.

Se nos fueron los que amábamos.
Se nos fueron desperdigados
como motas de polvo.
Se nos fueron solos,
tras el oscuro rostro de la muerte.
Se nos fueron
sin cera de velas encendidas en el templo,
sin el calor de una mano última,
sin la despedida que sostiene el alma.

Y ahora… que ha pasado el tiempo,
unimos palabras.
Unimos palabras para no apagar aquellos rostros
que sentimos cercanos.
Porque el tiempo no borra:
el tiempo ordena el dolor,
pero no lo cancela.

Ahora… que ha pasado el tiempo,
no podemos esquivar el dolor de haberlos perdido.
Y al recordar lo vivido
nos sentimos desolados
porque nos falta aquella despedida
que no pudimos darles.

Nos duele todavía —sí—
que fueran arrancados de nosotros.
Nos duele no haber podido cerrarles los ojos
y besar su rostro.
Nos duele esa ausencia concreta:
la ausencia de lo sencillo,
la ausencia de lo humano.

Aun así, seguimos unidos.
Unidos a ellos, a ellas,
en la infinita llanura del corazón
plagado de ausencias.

Ya no gritamos como en aquellos días.
Ya no estamos desgarrados de la misma manera.
Pero seguimos…
cercanos.
Y, a veces, mendigando su amor:
ese amor que nos falta
y que nadie ha podido paliar.

Porque con su marcha
nos quedamos a oscuras.
Se desgastaron los días
al no sentir sus manos en las nuestras,
al no ver su sonrisa
iluminando la vida.

Y sin embargo…
en nuestras miradas
llevamos su luz.

La percibimos al mirar el atardecer.
Porque cuando el día se despide
y la noche regresa de su viaje astral,
os sentimos…

os sentimos
en las primeras estrellas
que encienden nuestro cielo.

En esa longitud sideral
está vuestro legado:
el amor que nos dejasteis.
La luz que nos dais
cuando os nombramos.
La luz que abre senderos
para seguir caminando…
con paz.

Os seguimos amando.
Perdimos vuestra materia,
vuestros cuerpos amados,
pero no vuestro aliento.

Ese aliento que sobrepasa la muerte
y la distancia.
Ese aliento que nos marca
y nos hace sentiros a nuestro lado,
enhebrando los días a través de vosotros
en esta costura eterna
que es la vida
y la muerte.

Y es ahora, hoy,
en esta elegía compartida,
cuando decimos algo que sabemos de verdad:

que estáis a nuestro lado.
Que remontáis la muerte a contracorriente
en nuestra memoria,
en nuestras palabras,
en lo que amamos.

Porque sois parte nuestra.
Y el olvido…
el olvido es mentira.
Una falacia que no puede borrar
la fuerza del amor.

El amor es un río
que nos une
y nos guía.

Y sí:
si, todavía sentimos la tragedia vivida.
La impotencia de respetar las leyes.
La herida de lo inevitable.
Y a veces nos sentimos estafados,
y duele como si el cierzo
se infiltrara por dentro.

Pero nos hacemos racimo con vosotros.
Uvas de lagar
que esperan volver a recobraros
cuando crucemos al otro lado.

Y mientras tanto,
seguimos proclamando:
que os amamos.
Sois los nuestros.
Aquellos que perdimos
en la terrible pandemia.

Aquellos que se fueron
sin el duelo preciso.
Aquellos que elevaron sus alas hacia el cielo
y nos dejaron heridos con su marcha.

Pero sabemos también —lo sabemos—
que estáis en los senderos de cada amanecer.
En cada gota de rocío.
En cada flor que nace en primavera.
En el gorjeo de las aves
bajo el cielo azul y claro de Tomelloso,

en los cielos de toda Castilla- La Mancha,
y en la corteza hermosa
de la tierra desnuda.

 

Esperadnos.
Esperadnos
en la dulce nostalgia de esta primavera.

Para cuando partamos,
vosotros nos mostréis el camino hacia vuestro lado.
Para convertirnos en estrellas
y alumbrar nuestros cielos manchegos.
Y para conocer el amor infinito de Dios,
Alfa y Omega,
por encima de la muerte
y de la vida.

Sabedlo: sabedlo…

Os seguimos amando.
                                         Natividad Cepeda

 

 

Poema leído el domingo 19 de abril de 2026 en la Glorieta de María Cristina de Tomelloso en el Homenaje a Victimas del COVID.

Fotografía del periódico La voz de Tomelloso.

viernes, 20 de febrero de 2015

Coartadores de libertad

                                        

La  esteticién de la publicidad y la política nos engaña con su maquillaje haciéndonos olvidar lo que carece de color y verdad por las calles y hogares. Pero no podemos negar que nos encanta dejarnos engañar por sus mensajes, luego cuando hablemos con los amigos, que creemos más reflexivos, decimos que la vida está muy mal argumentando que  ya no es como antes. Aclarando, que hay mucha gente alocada. Claro que la gente no somos nosotros. La gente, son los demás, y al negarnos a aceptar esa realidad nos convertimos en  las medusas que no queremos ver reflejadas en los espejos interiores.
Sin duda que el  mayor de los ídolos  actuales es el dinero. 
Todos los paraísos que soñamos tienen acceso gracias a su poder. La felicidad, no es felicidad si no podemos adquirir todo aquello que desde la publicidad se nos muestra incitándonos a consumir desenfrenadamente. 
¿Pero quién es el valiente que se enfrenta con la sociedad del bienestar y el consumo? 
Y ¿quién recuerda que en los cinturones de las ciudades hay chabolas. También paro callado, miseria educada, crisis y desamparo. Nos acordamos de esos barrios marginales y de esas situaciones sin límites creadas por la avaricia sin escrúpulos de unos pocos, cuando saltan noticias de asesinatos y robos, y cuando desde las instituciones religiosas y laicas nos recuerdan que hay que paliar con parches las necesidades más urgentes de las personas desamparadas. Triste realidad. Cáncer de  hoy y de ayer esa llamada que escuchamos con oídos tapados, y nos recuerdan,  los  que se dedican a ejercer la caridad altruistamente. Nos lo recuerdan, sin  dejar de llamar a las puertas de los que quieren escuchar, alertando de que hay caras en las ciudades menos deslumbrantes que también existen. Y lo grave,  sin mucha esperanza de cambio.  

No veo que hayamos avanzado mucho en la equidad. Y tampoco veo ni escucho que  nos preguntemos ¿por qué hemos avanzado tan poco en el reparto de riquezas? Al hacerlo obtenemos la misma respuesta de hace miles de años; el Hombre sigue sin cubrir y amar al Hombre. La persona, ese animal civilizado, continua siendo un depredador empedernido para su propia especie. Las palabras cultas y generadoras de discursos y proclamas políticas y sociales, son sólo eso, palabras. Palabras al servicio de los astutos  que se lucran  sin transformar el sistema social en la mayoría de los pueblos de la tierra. Las palabras viajan con el viento. El viento barre generaciones, imperios y nunca se olvidan los ídolos que inducen al poder y condenan a la esclavitud a  seres indefensos. A pesar del  tiempo transcurrido la crueldad reina en las ciudades. Las ciudades han cambiado de nombre, de lugar, pero no ha variado la soberbia de sus habitantes ni los crímenes nacidos en sus entrañas.

Estamos viviendo en la plenitud de la idolatría sin  darnos   cuenta. Sin ver el vacío que impera y nos engulle con sus falsos reflejos de felicidad. La sangre vertida de tantos inocentes anónimos, el dolor por la enfermedad que sí puede curarse, pero que no les es posible a millones de seres humanos que carecen de dinero para comprar medicinas… Las patrañas en nombre de tantos reyes sin coronas  es un pantano donde se siguen hundiendo los humanos.
 Tenemos titulares de periódicos, casi libres, que nos informan de masacres espeluznantes. Tragedias repetidas. Historias que nos parecen sacadas de películas y que, de tanto repetirse, nos dejan sin asombro. No soy culpable, no me atañe, nos decimos, y el poder del dinero y sus premisas, nos engulle y engaña.  Casi nada ha cambiado en la historia de los vencedores. Mediante el genocidio de millones de seres el poder de los ídolos se sustenta. Con mentiras de poder nos controlan y nos permiten  caprichos inservibles para ahogar nuestro sentimiento de culpabilidad. La misma culpabilidad de  otros pasajes de la Historia. Violación acolchada de los que tienen seguridad frente a los que nada tienen. Y lo peor de esta situación es que ya, ni el corazón grita, y nos disculpamos diciéndonos que siempre ha sido así.


El tiempo guarda misterios. Dentro de su cadena imperturbable el ídolo crece y no se extingue. Nos engulle en sus fauces,y seguimos contentándonos con ponernos la  moda en las relaciones sociales, o de asistir a  la programación estudiada a entretenimientos de índole diversa a cambio, de que nuestro espíritu, siga enclaustrado en las cavernas de los ídolos de nuestro tiempo. Un tiempo, el nuestro, plagado de falsos mitos coartadores de libertad verdadera.



                                                                                                            Natividad Cepeda



Arte digital: N.Cepeda


miércoles, 27 de marzo de 2013

Un Padrenuestro para recorrer el camino con Teresa




                                                                         "Ni es menester más porque todo
                                                                            lo demás estorba y impide de decir
                                                                            FIAT VOLUTAS TUA SEÑOR,
                                                                             en mí vuestra voluntad de todos
                                                                            modos y maneras que vos,
                                                                            Señor mío, quisierdes."

                                                                                                       Santa Teresa de Jesús.

Me he calzado las sandalias cuando el gallo
cantaba al cielo, y la paja y el grano se vestían
de la primera escarcha.
He salido con mi callado a recorrer el antiguo
Camino de Santiago con tu sombra,
Teresa,  siempre viva.
Sobre este cielo de impaciencia
me asomo a tu camino,
y a golpe de palabra y de latido,
lentamente, musito un padrenuestro
desde la delgada luz vidriada de la aurora.
Imagino y recreo tu figura  arropada
por la paz del convento y de la celda,
tu tacto sobre la pluma,
y el roce imperceptible sobre el papel
que recoge tu legado.
En tu tarea te acompaña un padrenuestro
desgranado en renglones azules,
al donaire, del camino y la fiebre
que te consume por tener tanto amor
hecho llama en tu pecho.
Y torna tu materia al espíritu
en mística oración,
y en vida toda como coágulo de sol
en el espejo del paisaje.

Orar para ti, es seguir las huellas del Amado.
Es encontrar otras moradas sin ruidos.
Es  preparar la tierra del huerto para plantar
viandas ermitañas, y en el rincón de la capilla,
crecerte, como mujer,
más adentro si cabe, del misterio
que existe en rededor. Rezar, es escribir
de un padrenuestro de costumbre
una regla, que al alba, se hace norma,
y con tu coraje, que desde la infancia
te acompaña,  dejar para la historia  consejos 
tan profundos de un camino de humilde
perfección sin más valija, que Dios,
para cruzar con Él, por tantos siglos .
Con tu estela de píe frente al camino,
echo a andar  para cumplir como los peregrinos,
llegar hasta Santiago.
A tientas, en medio  de los campos,
recojo entre mis manos un puñado de tierra,
y rezo,  un padrenuestro desde la morada
interior de tu recuerdo. 











Andar y desandar, abrochando caminos
en los labios, tal vez sería estéril,
si tú,  Teresa de Jesús,
no los hubieras hecho florecer para mis pasos.
Desde este claroscuro que invade el tiempo
en el espacio, cógeme de tu mano andariega,
acicala con tus palabras mi memoria,
para peregrinar a Dios, con tu presencia.


                                                                                                    Natividad Cepeda
                                                                                                


        
Accésit del Certamen Internacional Místico de Malagón