lunes, 18 de mayo de 2026

Paz y naturaleza

 

                       

 


Tiembla el agua serenamente. Tiemblan las amapolas y parece que hasta las piedras del castillo temblaran en el atardecer de mayo. Entre las briznas del romero y las flores diminutas se recoge el ir y venir del agua, mientras escucho cantos de aves y sonidos que designan la belleza del planeta que habito.

Me acaricia la brisa del anochecer y su caricia, sin gravedad, me eleva por encima de las noticias de los teletipos y me hace olvidar los apocalipsis que transmite el mundo en su fractura diaria. Oigo, apenas, voces lejanas, y escucho mecerse el aire por entre las hojas verdes de las higueras y el susurro del esparto que cubre amplias zonas del monte.

Aquí, en esta mansedumbre del agua y el monte, el tiempo se ha detenido y no hay relojes que me indiquen que estoy perdiendo el tiempo, porque yo siento que ahora el tiempo es mío, me pertenece, y me dejo pausar para recobrar mi alma, tan bombardeada a veces por tanto trasiego diario.

 

Natividad Cepeda

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