Ahora, de pronto, siento mi
cuerpo quebrado
como un cántaro que ha ido y
venido
demasiados días a la fuente.
Y no hay quien ponga lañas al
barro cansado.
Miro atrás.
Hoy las mujeres que llegan de
otros lugares
reciben salario por cuidar
hijos,
hogares, vidas ajenas.
Yo sonrío,
una sonrisa triste y ajada,
porque recuerdo
que pasé invisible por mi
propia familia.
No hay papeles que digan
lo que hice cada día.
No figuro en documentos
oficiales.
Mi esfuerzo diario no contó
cómo trabajo,
no creó economía, no sumó
riqueza,
según las cifras.
Nací mujer. Cuidé la casa, a
los hijos,
a los padres, al marido.
Junté días y noches sin queja,
cuando apenas había
guarderías,
cuando los ancianos
no tenían nombre en ninguna
política pública.
Fui ama de casa:
esa palabra que señala y borra
al mismo tiempo.
Nadie preguntó cuántas veces
se me quebró la espalda
sosteniendo el día.
Pasé invisible por mi propia
casa.
Envejecí en silencio. Sostuve
sin quejarme
porque me dijeron que eso era
amor y no trabajo.
“Ama de casa”, dijeron.
Palabra que pesa como una losa
y nunca como un mérito.
Hoy descubro que mi nombre
no existe en los registros, y
casi no lo pronuncio,
porque al decirlo me miran como
si mi vida
no hubiera valido nada.
Y ahora, cuando el barro
humano se quiebra,
me duele el alma por tantas
injusticias que miles
y millones de mujeres han
cargado a lo largo de la historia.
Mujeres que sostuvieron el
mundo
sin salir en fotografías, sin
aparecer en él.
Y me pregunto: ¿qué habría
sido de la sociedad
sin el esfuerzo callado,
anónimo, terco
y amoroso de las amas de casa?
Poema Natividad Cepeda©
Escultura "La Mujer que Nunca Hizo Nada", ubicada en Zaragoza,
España. La obra es un homenaje a las amas de casa, creada por el artista
español José Luis Fernández e inaugurada en 2001.
La situación de las mujeres
dedicadas al trabajo doméstico y de cuidados en España, todavía hay alrededor
de 2,8 millones sin remuneración. Este
dato refleja que, aunque ha aumentado la participación femenina en el mercado
laboral, la desigualdad de género no ha desaparecido.
Es positivo que cada vez más
mujeres accedan al empleo, lo que ha reducido el número de amas de casa. Sin
embargo, todavía las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las tareas del
hogar, lo que provoca una doble carga de trabajo y mantiene la desigualdad.
Además, resulta relevante la
idea de que este trabajo constituye una “economía invisible”, ya que contribuye
al bienestar social sin reconocimiento económico. Esto pone de manifiesto una
injusticia estructural en la valoración del trabajo.
Es una realidad aún vigente:
aunque ha habido avances, las mujeres siguen en desventaja y es necesario
reconocer y redistribuir el trabajo doméstico para lograr una verdadera
igualdad.
A nivel global, las mujeres
dedican diariamente casi el triple de tiempo al trabajo doméstico no remunerado
que los hombres.
Natividad Cepeda
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