viernes, 15 de mayo de 2026

Cántaro quebrado de mujer

      

Ahora, de pronto, siento mi cuerpo quebrado

como un cántaro que ha ido y venido

demasiados días a la fuente.

Y no hay quien ponga lañas al barro cansado.

Miro atrás.

Hoy las mujeres que llegan de otros lugares

reciben salario por cuidar hijos,

hogares, vidas ajenas.

 

Yo sonrío,

una sonrisa triste y ajada, porque recuerdo

que pasé invisible por mi propia familia.

No hay papeles que digan

lo que hice cada día.

No figuro en documentos oficiales.

Mi esfuerzo diario no contó cómo trabajo,

no creó economía, no sumó riqueza,

según las cifras.

 

Nací mujer. Cuidé la casa, a los hijos,

a los padres, al marido.

Junté días y noches sin queja,

cuando apenas había guarderías,

cuando los ancianos

no tenían nombre en ninguna política pública.

 

Fui ama de casa:

esa palabra que señala y borra al mismo tiempo.

Nadie preguntó cuántas veces

se me quebró la espalda sosteniendo el día.

Pasé invisible por mi propia casa.

Envejecí en silencio. Sostuve sin quejarme

porque me dijeron que eso era amor y no trabajo.

“Ama de casa”, dijeron.

Palabra que pesa como una losa y nunca como un mérito.

 

Hoy descubro que mi nombre

no existe en los registros, y casi no lo pronuncio,

porque al decirlo me miran como si mi vida

no hubiera valido nada.

Y ahora, cuando el barro humano se quiebra,

me duele el alma por tantas injusticias que miles

y millones de mujeres han cargado a lo largo de la historia.

Mujeres que sostuvieron el mundo

sin salir en fotografías, sin aparecer en él.

Y me pregunto: ¿qué habría sido de la sociedad

sin el esfuerzo callado, anónimo, terco

y amoroso de las amas de casa?


Poema Natividad Cepeda© Escultura "La Mujer que Nunca Hizo Nada", ubicada en Zaragoza, España. La obra es un homenaje a las amas de casa, creada por el artista español José Luis Fernández e inaugurada en 2001.

 

La situación de las mujeres dedicadas al trabajo doméstico y de cuidados en España, todavía hay alrededor de 2,8 millones sin remuneración.  Este dato refleja que, aunque ha aumentado la participación femenina en el mercado laboral, la desigualdad de género no ha desaparecido.

Es positivo que cada vez más mujeres accedan al empleo, lo que ha reducido el número de amas de casa. Sin embargo, todavía las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las tareas del hogar, lo que provoca una doble carga de trabajo y mantiene la desigualdad.

Además, resulta relevante la idea de que este trabajo constituye una “economía invisible”, ya que contribuye al bienestar social sin reconocimiento económico. Esto pone de manifiesto una injusticia estructural en la valoración del trabajo.

Es una realidad aún vigente: aunque ha habido avances, las mujeres siguen en desventaja y es necesario reconocer y redistribuir el trabajo doméstico para lograr una verdadera igualdad.

A nivel global, las mujeres dedican diariamente casi el triple de tiempo al trabajo doméstico no remunerado que los hombres.


Natividad Cepeda

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