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miércoles, 11 de marzo de 2026

Mientras leo un libro

 

El mundo, de tanta locura, se nos está quedando quebrado y a oscuras.

Oscuro por la sangre derramada, por tantas lindes y fronteras borradas en nombre de estúpidos principios que coartan la libertad. Sí, esa es la realidad cotidiana.

Llegan los pensadores con sus charlas, con discursos llenos de ganas y deseos de seducir, y reducen las libertades en favor de unos pocos. Predican contra unos y contra otros. Y si has nacido mujer, pobre de ti: en algunos lugares del mundo no tienes derecho a nada. Eso dictaminan hombres nacidos de mujer.

Vivimos en una oscuridad que parece perpetua. Si llueve, nunca llueve a gusto de todos. Si hay sequía, es porque ensuciamos el planeta. Si existen bolsas de pobreza, dicen que no merecen mejorar. Temblamos, nos masacran, y seguimos igual, sin cambiar.

No cesamos de hacer plegarias y llantos por los difuntos. Rezamos a Dios y nos matan en su nombre. Nos dicen cómo vestir, cómo comer y cómo morir si no cumplimos lo que unos y otros dictaminan.

De pronto el mundo se vuelve pequeño. Sobra todo en unos lugares y falta lo esencial para vivir en otros.

Leo un libro de poemas. Me dicen que hay un tarro de miel entre mis labios. Y de pronto soy a la que hay que avasallar porque soy peligrosa. El amor ruge, la tierra se rompe, y yo solo soy una persona sin derechos.

Rezo y ruego para que en este planeta haya espacio para todos. Sé que eso es un sueño.

Me quedo leyendo un libro mientras, en ese mismo instante, otras personas mueren y son perseguidas porque otros dicen que son ellos, y no yo, quienes tienen la razón.

Y me quedo en silencio, pensando en lo poco que hemos aprendido a pesar de tantas penurias pasadas y de tantos errores cometidos en esta historia humana.

 

Natividad Cepeda

sábado, 6 de enero de 2024

 



Se queda la palabra

cual rio de sombras en un ciclo

constante de regueros de sangre

 y metralla de juguetes rotos

en el salvaje ciclo de las guerras.

 

Allí, la vida humana, nada vale.

 

Se queda la naturaleza

sitiada de árboles y escombros   

sin nidos ni  abejas muriendo sin flores   

campando la muerte en  macabro

baile  de malditas guerras.

 

Allí, hay cementerios de muertas ciudades.

 

El mundo es pequeño  para tanto horror.

Por los cuatro puntos

de este año nuevo enero se tiñe

de luto y lamentos. Dos mil veinticuatro

traenos luz y vida y no destrucción.

 

 

Natividad Cepeda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 10 de abril de 2021

Poesía, camino indefinible de belleza


 


Los continentes, las nebulosas, las cometas, los agujeros negros, el sol que conocemos y aquellos otros que imaginamos en el desconocido infinito y dan vida a otras galaxias: todos fluyen para el escribidor de versos; los poetas, como la brisa nocturna que calma y alivia el negro de la noche.

Hasta el dolor y las lágrimas, la vejez y la muerte transforman el corazón de los poetas haciendo surgir su voz, desconocida incluso para ellos, resaltando en las palabras poéticas aspectos ordinarios que se convierten en únicos, cuando son elevados al plano inviolado de la poesía y se adentran en esa verdad del alma.

Cualquier acontecimiento sirve para el lenguaje poético, y en cualquier pueblo .ciudad o aldea nace entre esa multitud un poeta. Nace pequeño, sin timbales ni trompetas que anuncien su llegada. Vive con la contradicción de parecer igual a los otros aunque sólo él escuche cuando se despereza una flor, bosteza una estrella, se derrama la sangre de seres inocentes que, en la noche la luna recoge mientras llora, y la va dejando gota agota, en la línea azul del horizonte que se vuelve escarlata, cuando ella, ya sin lágrimas se cubre de luto y se marcha.

Todo poeta sabe que siempre estará solo, que en múltiples ocasiones se sentirá  derrotado y que en algún lugar hay un sueño perdido que a ellos, les corresponde recuperar.

Porque las rutas poéticas son infinitas, están sobre las rocas y el valle, sobre el mar y por las simas, despunta con el día y pueden también emerger con la noche. Son rutas de amantes y de apátridas, de desahuciados en camas de hospitales, o de niños perdidos por los campos de guerra...


 

Tal vez en esa frontera de los sueños es cuando los poetas retoman al murmullo exacto de la poesía, como retomamos  las huellas de nuestros antepasados, las huellas del recuerdo o la búsqueda de los primeros símbolos.

Tal vez todo depende de que los devastadores de la belleza no puedan comprar jamás a los poetas por unas cuantas monedas de curso legal. Tal vez la bondad nos depare el regalo de dejar en libertad a la poesía que nos habita por dentro, y así abarcar el corazón humano con el corazón del cosmos.

Si esto sucede nosotros, todos, seguiremos escribiendo poesía a pesar de ser unos soñadores y la poesía será un camino indefinible de belleza.

 

 

Natividad Cepeda.

 

 

viernes, 25 de noviembre de 2016

Muerte de mujeres en el mundo


Intentan que avance el tiempo grabando su derrota en las sombras entre los campos sin nombres enredados entre los labios callados. Se esparce el llanto  por el ombligo  de la noche, por entre la floración de semillas no deseadas. No hay sobre los cuerpos  rascacielos de besos ni  estrellas al fondo de los ojos. Mordió la muerte el agrio sabor del arrebato, de la terrible ruta del exterminio igual que hace mil años, dos mil años, tres mil años, cuatro mil años, cinco mil años por entre desiertos, por entre montañas, por ente playas y poblados, por entre celosías y castillos, por entre cabañas y áticos, por entre campos sembrados de trigo, por entre palmerales y zocos. Sí, no hay nada nuevo a las mujeres los hombres las han matado desde la noche oscura y tenebrosa de los tempos.
La espalda lacerada, la boca rota, la sangre manchando las baldosas, la cama, el baño, los prados, el bosque, las sábanas, el jergón, la salita, la mazmorra, el enlosado, la seda y la sarga hasta  el abismo está machado de sangre de mujeres. Todos los suspiros se enterraron. Todos los sollozos se olvidan. Todos los asesinos son perdonados. Por qué la piel se rasga, se acuchilla, se golpea, se tira por ventanas y acantilados, de trocea, se entierra, se quema, se esconde en basureros y terraplenes…Por qué.
No quiero lazos morados en mi ropa, en mi pueblo, en mi ciudad, en mi ordenador, en mi periódico en mi vida. No, no los quiero porque de nada sirven.  Para qué tanta parafernalia cuando se siguen desgarrando vidas, cuando mueren niñas y viejas mujeres violadas, maltratadas, olvidadas, vejadas, sentenciadas por esta sociedad mediocre y pusilánime, tan metida en su total buenismo de escaparate de móviles y pantallas de necedad absoluta. No, no quiero más símbolos inútiles inventados para acallar a las mesas y hacer que se sientan importantes portando lazos que de nada sirven ni valen.

Siento el bramido de la muerte en mi génesis de mujer. Lo siento desde la noche oscura de los tiempos.  Viene desde el sonido lúgubre de tambores machados de sangre entre danzas macabras. Sobre mí llevo esa música, ese dolor inacabado, ese morir sin pausa a través de miles y miles de años. Muere una mujer y el mundo calla. Hay un silencio de lazos morados que taponan el grito civilizado de la débil sociedad que se los pone y les eleva hasta un altar de estupideces.
Me estremezco cuando leo y escucho que una mujer ha sido asesinada. Y presiento que hay muchas mujeres que son asesinadas y nadie las reclama ni nombra. Tan, tan, tan, tan, tan, tan anuncian los tambores otras muertes: doblan las campanas y anuncian funerales. No me quedan esperanzas en esta sociedad amortajada de liviana sonrisa porque si yo no grito ni sollozo por tanta ignominia entonces, de poco valen los símbolos colgados ni el recordatorio de los maestros del engaño que nos manipulan para que nos callemos ante esas muertes de mujeres. 25 de noviembre es un día donde también se han asesinado a más mujeres en el mundo.   


                                                                                                                     Natividad Cepeda
Arte digital: N Cepeda

martes, 22 de marzo de 2016

Las bestias del Apocalipsis han vuelto a visitarnos en Bruselas

 Y ahora, cuando la sangre cubre el suelo de Europa ¿quién defenderá  la integración de quienes matan y asesinan a quienes les tienden la mano?   La población no lo dice; calla y silenciosa no confía en quienes beben el odio y salen de caza gritando el nombre de su dios.
La población, sin palabras, se pregunta por qué hay que cobijar a quienes no respetan la cultura europea.  Los que piden ser ciudadanos de Europa y cuando van y vienen por nuestras calles nos masacran una vez, y otra vez,  sin darnos tregua a llorar a los nuestros.
La población se pregunta  ¿quién les da las armas, quienes les dan esas monedas manchadas de terror para  trocarlas en sangre despedazada? La violencia en las ciudades de la vieja Europa ha creado un caldo de cultivo de repulsa: miedo a los que  son diferentes.

Hoy Bélgica  gime, grita en silencio, recoge los despojos de Bruselas y ordena  que la ciudad se detenga” porque el corazón de Europa de nuevo ha sido masacrado”   “Golpeado y por esto se ha de tener una lucha específica contra la falsificación  de documentos: unidos, juntos contra el tráfico  de armas y reforzar los servicios  de información dentro del nivel alto de  amenaza que hay sobre las ciudades de Europa. En estos términos lo ha declarado el ministro belga.
Y los que huyen a estas horas saben que el refugio ansiado está mucho más lejos de conseguir. Los suicidas que se inmolan ignoran que los inocentes que matan sin voz claman venganza. Y la venganza carece de misericordia y de cordura.
No basta con llorar con Bruselas: no será suficiente poner en los móviles banderas belgas, ni llevar flores a donde yacen los despedazados cuerpos; no. El miedo cegará el alma y crecerá el rechazo a los que no sean iguales a Europa.
El pueblo calla. Los pueblos del Occidente europeo han empezado a sentirse aplastados y poco a poco no querrán saber nada de los que llegan aquí para herir y golpear el corazón de cualquier lugar de Europa.
Dar posada al peregrino está dentro de las Obras de Misericordia del cristiano, pero hay que recordar que las personas no somos ángeles y una piedra golpeada con una maza continuamente termina por romperse. Por aquí, en las tierras que cultivan viñas, se dice que “el miedo guarda la viña”: más o menos que cada uno debe defender lo suyo. Ojalá que estos lodos ensangrentados no traigan barros donde nos impidan ser justos.
Las bestias del Apocalipsis   han vuelto a visitarnos segando la vida de los inocentes y cortando la esperanza de muchos otros. Hoy sí estamos ante una semana de dolor: La cruz vuelve a clavarse en el Gólgota. Que el amor no nos abandone para seguir amando por encima del odio.

                                                                                                  Natividad Cepeda


 Bruselas ha confirmado que las explosiones que se han producido durante la mañana del 22 de marzo de 2016 han sido provocados por una ataque yihadista suicida. La ciudad belga ha sido sacudida este martes por varias  explosiones en su aeropuerto y el metro de la ciudad, en el barrio donde se encuentran las instituciones europeas, dejando decenas de muertos y de heridos.

Fotografías  de las publicadas hoy  en  la Red




viernes, 19 de diciembre de 2014

Inmemorian por Peshawar

En los jardines callan los árboles.
Llora el silencio.
Buceo en la sangre de la inocencia
que han masacrado.
La luz se quiebra por el follaje
de Peshawar: tiembla la vida
entre los libros ensangrentados.
Salta la muerte por las paredes.
Orgía de horror.
Zurzo mi alma con los preceptos
de los cristianos y los budistas,
con mi rechazo a los violentos
y mi respeto para los muertos…
¿y mi perdón?
Callan los bosques…
Calla mi voz.
Manual de sombras  en Pakistan;
inmemorian por todos ellos.
No hay frontera para el llanto.
Para gemir soy raíz de árbol,
tierra, para la sangre del inocente.

                                                                    Natividad Cepeda


En recuerdo de las 141 víctimas  asesinadas por los terroristas talibanes en Pakistan, en diciembre cuando muchos millones de personas esperamos la Navidad. Comparto el dolor de las familias que han perdido a sus niños y a sus mayores. Dios les ayude a superar tanto dolor.



 Un total de 141 personas, entre ellas 132 niños, y 9 empleados, murieron el  martes 16 de diciembre de 2014 en un ataque talibán contra una escuela para hijos de militares en Peshawar, es el atentado más sangriento de la historia de Pakistán