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domingo, 5 de abril de 2026

Pregón Pascual

 

 


                               

Ha llegado el amanecer y la luz del día, al posarse sobre los viñedos, ha despertado mi oración. Mis labios se han elevado al cielo porque la tumba donde te depositaron, Jesús de Nazaret, estaba sola. Vacía. Ya no guardaba tu cuerpo herido ni tu sangre derramada. El sepulcro había sido vencido por la vida.

Fueron las mujeres quienes me lo dijeron. Las mismas que caminaron hacia ti cuando la aurora comenzaba a pintar de colores los márgenes del horizonte. Ellas llegaron primero. Ellas miraron dentro. Ellas escucharon la noticia imposible: Tú habías resucitado. Y sus palabras se llenaron de la luz de la mañana, como si el día entero hubiera aprendido a hablar por sus labios.

Desde la tumba vacía, la fragancia de tu resurrección comenzó a extenderse. Iluminó los caminos, se deslizó por los mapas de la tierra y devolvió a la vida su voz unánime. La muerte, que parecía definitiva, empezó a retroceder.

Y, sin embargo, no fueron creídas. Porque eran mujeres. Porque la verdad llegó por boca de quienes no contaban. Pero el ángel había hablado con claridad: aquel a quien buscaban ya no estaba entre los muertos. Así se cumplieron tus palabras, Tú, vencedor de la muerte, Hijo de Dios hecho hombre.

La noticia empezó a recorrer aldeas y senderos. Se dijo en Jerusalén y más allá de sus muros. La llevaron los caminantes sobre las calzadas de piedra del Imperio romano. Se susurró en voz baja, por miedo a los que te ejecutaron, por temor a que la vida resucitada molestara a quienes habían pactado con la muerte. Pero nadie pudo detenerla.

Jesús, el Hijo de María, el Crucificado, no está en su tumba. Ha resucitado.

Y la alegría borró la antigua costra de la muerte. Los últimos llantos se apagaron. Lo imposible comenzó a propagarse como una certeza nueva. El milagro atravesó los porches del amanecer, se reflejó en los colores de todos los amaneceres, se derramó en la fragancia de los bosques y de los jardines, como el aire que recorre mares y llanuras, ríos y vaguadas.

Los pájaros lo cantaron. El agua de las fuentes lo dijo en su murmullo. Las montañas lo repitieron en eco. Y todo dejó de ser tiniebla. Todo se volvió luz.

Era la mañana de Pascua florida. El día en que el Señor pasó por nuestra vida y nos dejó, como herencia, la esperanza de no morir. Una esperanza envuelta en el mensaje silencioso de una tumba vacía.

Por eso mis labios cantan aleluyas. Por eso me postro de rodillas ante el amanecer. Porque me has quitado cadenas y temores. Porque desde entonces vuelo a celebrar tu resurrección, que es también la mía.

Regalo inmenso, Jesús de Nazaret: resucitar y quedarte conmigo en cada nuevo amanecer. Pascua viva que marca tu paso por la historia, por todos los hombres y mujeres que creemos en Ti desde aquel día en que las mujeres de Jerusalén nos entregaron la noticia triunfal.

Ellas fueron primero. Ellas escucharon primero. Ellas creyeron primero. Y sus palabras llegaron a nosotros. Esta es la mañana de Pascua florida. Este es el día que hizo el Señor. Este es el paso de Dios por nuestra vida. Porque Cristo ha pasado y nos ha dejado la esperanza de no morir, sellada para siempre en la piedra removida de la tumba vacía. Por eso mis labios cantan:

¡Aleluya!

¡Aleluya!

¡Aleluya

Esta es la Pascua del Señor. Esta es la fe de la Iglesia. La que nació aquel día

cuando las mujeres nos dieron la noticia triunfal. ¡Cristo ha resucitado!

¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!

 

                                                                                   Natividad Cepeda

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Surcos de Esperanza

 



Hoy vuelve a lucir el sol,
el aire viene helado,
porque allá, en las montañas del norte,
la nieve ha dejado su manto callado.

Mientras el sol calienta,
el hombre prepara la tierra,
abre surcos en la llanura manchega,
solitario, entre viento y besana.

Sabe que poco valdrá su trigo mañana,
pero siembra,
y en silencio suplica:
ven, lluvia, cuando acabe de sembrar,
humedece el grano,
haz que dé pan mañana.

Ya no son sus manos como antaño,
ahora guía la sembradora mecánica,
desde el tractor traza líneas,
igual que hicieron sus padres,
igual que soñaron sus antepasados.



Pasan las horas, el otoño sereno lo acompaña,
y él, muy solo, sigue sembrando esperanza
en cada grano, en cada surco,
para el pan de mañana.

 

Natividad Cepeda

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Septiembre

 

   


 

 

Amo las tardes doradas de septiembre

igual que amo al hombre que me habita.

 

Amo las alas del último suspiro del verano

que navega en el sol de cada tarde.

 

Como amo el aroma de las uvas maduras

que al morderlas me saben al primer beso.

 

Y no quiero dejar de sentir el placer

de recuerdos lejanos que me hicieron mujer.

 

Septiembre es membrillo maduro

y dulzor de mosto cayendo por mis labios.

 

Sabed que en los atardeceres navega

por el aire el sonido de la voz de mi amado.

 

No penséis que estoy loca por amar

al mismo hombre de todos mis septiembres.

 

Al atardecer por él soy remanso de silencio

y amor derramado en el ocaso del atardecer.

 

Natividad Cepeda

 

jueves, 12 de septiembre de 2024

Cesación silenciosa

       

   


 

 

Llora el agua por los que se van furtivos

de sí mismos sin gritos inmolándose

en aguas turbulentas de cesación.

 

Despojos de silencios van por ríos

completamente solos en su angustia.

Completamente transidos de dolor

por el cristal negro de la huida.

 

Llora el agua y el aire entre colores

desvaídos de verdes ya pajizos

con lágrimas y trajín de tormentas

temblando ante el desarraigo por vivir.

 

Me aturde la zozobra por los que acuden

a esa cita sin que nadie lo sepa

quedándome asustada y con miedo

delante del suceso publicado

en los boletines de las estadísticas.

 

Ocurre a nuestro lado y no vemos nada.

Nada porque lo sentimos lejos.

Lejos y sigilosamente queda en nosotros

la tristeza impotente de los que se marcharon.

 

Pienso, si hubiéramos sabido…

Si ellos hubieran conversado conmigo.

Contigo… Su luna no hubiera sido negra.

Vivimos tan ajenos los unos de los otros…

 

Cesación silenciosa sin otra vecindad

que la amarga derrota de la vida en naufragio.

 

 

  Poema y Fotografía © Natividad Cepeda 

 

 

 

Martes 10 de septiembre 2024 Dia Mundial para la Prevención del Suicidio Organización Mundial de la Salud

En 2022, según los datos provisionales publicados por el INE el 26 de junio de 2023, han fallecido por suicidio 4.097 personas en España, una media de 11,2 personas al día; un 74% de ellas varones (3.042) y un 26% mujeres (1.051).

 

Pienso que en esta sociedad algo muy profundo está faltando a pasar

de tanta euforia y divertimento a la carta

miércoles, 8 de marzo de 2023

Día de la Mujer; cuanta falacia en medio de nuestra sociedad anestesiada de egoísmo.

 

 


Tú,  mujer, raíz de vida y almena de estirpe humana.

Tú, río permanente de linajes. Desde milenios, ermitaña del hogar, no valorada.

Tú,  soledad, cuando todos te abandonan y sigues, permaneces, encendiendo la luz para el regreso de los que se  marcharon…

Tú, ellas, cientos de miles, millones de madres olvidadas desde el principio de la historia humana.

Tú, llevando en tu espalda afrentas, humillaciones  e injusticias de las gloriosas directrices del saber, donde te negaron el acceso porque decían los doctos hombres cultos  que no estabas dotada para aprender sus enseñanzas.

Tú, caracola, que al morir los hijos añoran y te buscan con la nostalgia del ayer en esos mares de amor y de nostalgia…

Tú,   en libertad ahora, no amamantan tus pechos  nuevas vidas porque te cansaste de ofrendar vida tras vida y, de pronto, miro a mi alrededor y faltan hijos, niños y niñas que prosigan andando por nuestras calles y ciudades para coger el testigo que a nosotros no dieron.

Tú, liberada y, también masacrada, día a día, ahora cuando celebramos ser femeninas… y te matan, te asesinan y sigue  el linchamiento en medio de las voces alzadas en los foros  que proclaman tu defensa y, no me rio, porque me duelen las entrañas.

Tú, mujer, compañera del hombre desde siempre, compañera de vida y de trabajo escasamente valorado, porque de pronto dicen que tú, tienes la libertad de autodestruirte y contigo se destruye la vida conocida.

 ¿Qué haremos, que  será de la tierra, nuestra casa si la vida se para?

 Te niegas, y se niegan, ignorantes, a reconocer que sin madres, el hombre, rey del universo, se extingue. Nos perdemos en mansajes manipulados de fetiches absurdos donde los valores sagrados se han perdido…

 Desvaríos…   ¿Decidme, entonces, quien escribirá de vosotros, de nosotras…?

Hacia dónde camina una sociedad que no protege la familia, las madres y los padres, los niños y niñas… porque sin ese fruto humano la vida escasamente continúa.

Día de la Mujer; cuanta falacia en medio de nuestra sociedad anestesiada  de egoísmo.

Nos falta reconocer con humildad nuestro fracaso, todos, hombres y mujeres, juntos.

 

                                                                                      Natividad Cepeda

8 de marzo de 2023 en Tomelloso.

 

viernes, 5 de agosto de 2022

ASÓMATE, mi amado,

 


ASÓMATE, mi amado, a ver calles

desiertas por donde Dios bosteza.

¿Levantaremos sobre la ciudad toldos?

¿O dejaremos que el sol se extienda?

He gastado tantas tardes

escuchando cigarras.

Tarde como rosarios rojos

con las cuentas ajadas

y las avemarías

apenas sin imágenes.

Asómate para ver a una mujer

mirando al poniente, pensando

en el mítico hombre

desde las torres de todas

las ciudades.

 

 

Natividad Cepeda: de mi libro  “Solo creo que llueve”

miércoles, 13 de octubre de 2021

Por entre el otoño del vino y la ternura

 


Sobre las piedras de todas partes se escancia el llanto topacio que acarician las gargantas, mientras en el exterior hay escarpadas despedidas. Nosotros, ya sabes, somos viejos camaradas que mordemos el nido del color de las hojas que desguazan el corazón, pero no la esperanza de escuchar acordeones callejeros, al vacilante  paso del viejo músico, que al igual que tú y yo escribe gavillas de palabras en el ventanuco de las estrellas.

 

Si vienes hasta mí por la tarde, invitaré a los nidos vacíos que se columpian de los árboles, al perro flaco que duerme en los quicios de cualquier puerta, a la última hormiga y al grillo que se quedó en el mástil de una banderola de papel, a brindar por tus vestidos , por tu voz profunda…y, por tus distancias  tras los vidrios, en éste tiempo húmedo que llega derribando los follajes que no ha mucho  sirvieron de cúpula nupcial  de mariposas frágiles, de ocultas voces rotas bebiéndose los besos desteñidos de verde con decorado de uvas agridulces, con un suspiro prieto que se ahogaba en la saliva espesa sin lamento neutral y cómplice.

 

Si quieres, delante del tambor de unas copas de vino, recordaré tu mentón altivo de aquél día, mirando en el poniente, las hileras de vid, esmeralda de luz y el temblor de tus párpados como el fruto que descuelga su carne de uva hacia la tierra tatuando la sombra. Hasta el atardecer tenía sabor a pámpanas.

 

Arraigaban soles crucificados, relámpagos de agujas  enmedio de los surcos, fidelidad que a veces llora en  los inviernos con ribetes de frío en la besana.

 


Si retener el tiempo fuera posible, mojaría otra vez mis labios en el hervir del vino nuevo que, en la oscura panza de la tinaja de la bodega,  sabe todas estas cosas. Pero hay que escalar las piedras de los años,  como el vino recorre su nacer en la tierra y su morir en mi boca, como clama en septiembre el ruido de la prensa que separa la sangre de su piel y se inunda arrastrando consigo mis miedos, y tus ojos, que desnudaron mi congoja apenas nuestras manos se quedaron unidas. Pero todo esto, es algo que el tiempo sacude y solo deja su huella en las copas vacías, en la noche con olor a toneles, en el humo esparcido, en ese látigo caliente que aviva tu recuerdo cuando bebo con otros, en los odres vertidos que recuerdan tu esperma en mi cadera.

Espero cada día con el mantel y las viandas a que surjas de nuevo, hombre de vino y verso. Me seduces y aguardo con los vasos hasta el borde del ensueño. Me llego en esa espera a las plazas viendo jugar  a enamorarse a los más jóvenes, igual que un primer vino que es loco y se derrama, rebautizando como una espada los lagares.

Pasear, esperar al volver de una esquina a encontrarnos, y andar, andar… En ocasiones singulares  tu sabes que sobran las palabras.

 Viejo amigo, añorado amor, platónico y carnal, si mañana partiera sin verte, camarada de brindis, no sería del todo, los dos sabemos que volvería tímida y quebradiza en marzo con los primeros brotes, para julio que abrasa sería lecho de sombras igual que parras, y de esplendor de rosas y uvas en octubre. Seré en las noches de diciembre y enero, el viento golpea las paredes filtrando fantasmas invisibles de nube luna.

Por favor, no aventes los recuerdos en esas horas amigo de fiestas destinadas al exilio de envejecer, encierra entre tus manos un añejo y sosegado vino. Nosotros, tú lo sabes, cuantas horas los tres reconstruimos.

Sobre las piedras de todos los lugares, alguna vez sonó una música y se hizo brindis inocente y convulso.

Sembrador de aventuras, espero alzar las copas  por un encuentro más allá de cualquier dimensión, más sagrado cuando se sella con el néctar de Dios.

 

Natividad Cepeda.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Las casas sin nadie

 Tomelloso casa adosada calle - Trovit                                                                                                         Se venden las casas, se venden muchas casas y nadie las compra. Paso por las calles de pueblos distantes y veo, que hay letreros de ventas de casas. Se venden las casas llenas de recuerdos con muebles y ropas, con vidas que fueron hermosas. Se venden los rostros de nuestros vecinos, su sueños, sus risas, sus muchos fracasos y su sufrimiento.
Se venden y a veces hay ventanas abiertas que muestran las cosas. Los muebles que fueron cobijo y primor. Cuando cae la noche en las casas esas, al pasar por ellas crujen las paredes y se oyen quebrados lamentos extraños.  Nadie lo confiesa. Quien los escucha se queda callado. Nadie dice nada pero nadie quiere pasar por las noches junto a las viviendas donde nadie hay. 
Yo habité una casa llena de esperanza donde tuve sueños y me hice mayor. Yo habité una casa de bellas estancias con un mirador que alumbraba el sol cuando por el este, el sol se asomaba. Yo habité una casa donde recibía a muchos amigos, donde en navidad  se vestía la mesa con las mejores galas. Allí celebré  muhos cumpleaños, pedidas de mano, y en el gran salón hay fotografías de hermosas muchachas vestidas de novia. En aquella casa de amplias estancias se murió una anciana de dulce recuerdo, de cabello rubio y sonrisa tenue como la alborada. Nadie mas que ella allí se murió. Un día la casa se quedó desierta con todos sus muebles solos, sin personas que los utilizaran. Sola sin la risa ni el llanto de nadie. Sola con los muebles en las habitaciones esperando ellos, los muebles, que todos volvieran  a ocupar las sillas, a hundir los sillones, a encender el fuego de las dos cocinas, a poner los platos de alguna vajilla en alguna mesa de los comedores... A dormir en alguna de esas alcobas de camas que aguardan que alguien se acueste y se duerma en ellas... 
Yo vi que un hombre pedía a gritos regresar a ella, a la casa amada, a la casa suya donde lo enjendraron. Andaba gimiendo, rogando que a ella lo llevaran una noche tragica cuando en Viernes Santo por unas esquinas pasaba Jesús en su cruz clavado: le faltaba poco para a ella llegar, y como a Jesús camino del Gólgota, al hombre le  flaqueó el cuerpo. Un cuerpo cansado de anciano que se resistía a morir lejos de sus casa amada. Siempre hay cirineos... Apoyado en ellos el hombre callaba mientras los tambores de Semana Santa tocaban y el clarín hería la noche de todas las calles cuando Dios pasaba.  Como a Jesucristo, al hombre, una samaritna le dió a beber agua. Mi casa, pedía, llevarme a mi casa. Se quedó la casa esperando su vuelta y el hombre llorando nunca volvió a ella. 
Yo voy a la casa y siento la pena de morir en vida. A nadie lo cuento, a nadie lo digo, pero es tan triste que muero por dentro.
Los pueblos se quedan vacios, en sombras oscuras, con  casas vacias que nadie recorre. Sin pasos, sin risas, sin algún enfado y el beso robado que en ella nació...Todo se ha perdido. Todo pereció. Los pueblos se mueren y ni los fantasmas acuden a ellos. La congoja es tanta que solo el silencio es dueño de ellos.
Cuando amanece un rayo de luz llena los rincones y entonces, solo entonces veo caer lágrimas de  muchos rincones. Y el sol, asustado se va a los campos para no escuchar llorar a las casas vacias de todos los pueblos. A veces yo creo que al despertar abriré los ojos en mi antigua casa, en mi calle amada,allí con aquellos vecinos de antaño que ahora no están. A veces me niego a pasar por aquella calle donde está mi casa con ese letrero donde se reclama que alguien la compre. A veces ignoro si todo es un mal sueño y he de despertar.
A veces, a veces la vida se acaba y nos asomamos a las viejas casas para recordar
 
 
 
Natividad Cepeda

viernes, 11 de enero de 2013

LLANTO EN LAS HERIDAS DE LA TIERRA



Cuando el tiempo navega hacía lo oscuro
y brota llanto en las heridas de la tierra,
hay que tomar la antorcha y ser equivalentes.
                       
                         Por eso
me abrazo a la columnas  que sostienen las palabras,
busco sin prisa las razones
de este vacío inmenso, de esta noche sin leyes
y descubro que nada me compensa mentirme
ni mentir a los otros acerca de mí misma.
¿No estáis viendo que ya me he despojado
de mis alas de falsa mariposa?



          Porque hoy como ayer se pisa la verdad
y apenas queda luz en el faro de la costa,
me niego a negociar con mi conciencia humana.





  
                      

Por eso
procuro no hacer promesas en el aire,
porque lo prometido raras veces se cumple.
Nunca veréis mi rostro en las fotografías
donde se ostenta lo sofisticado,
el poder del dinero, la fama inmerecida,
los besos que se dan con labios falsos.

                Me niego a arrodillarme
ante ídolos torpes, miserables,
ante un Dios vengativo,
ante aquellos que dicen que siempre han existido
los ricos y los pobres.





                                 Me niego a compartir
las fórmulas que admiten y bendicen
la explotación del hombre sobre el hombre.
Aunque vengas envueltas en hermosos mensajes
de eruditos sociólogos
nunca cierro los ojos ni la voz ni el oído
 a las palabras libres
que son como los puentes sobre ríos sin agua.




              Me sublevo ante las puertas
que aparecen oscuras y cerradas                          
para aquellos que nacieron de espaldas
a la suerte, sin paredes ni techos.
Y también para bellas muchachas
que han vendido su cuerpo por un pan necesario.

      
              La vida es despertar
de cara hacía una  meta de todos o de nadie.
No puedo disculpar a las multinacionales
que explotan a las masas en ellas atrapadas,
ni a los santos inocentes de las carreteras
o de la cocaína.
Porque avanzan con ellas oscuros egoísmos
organizados, lujos con marcas, guerras y mísiles
de dentelladas venenosas, minas ocultas, credos
terroristas, mi conciencia de madre
se niega a proseguir ese camino
y también a las falsas estadísticas
de los países ricos
con bolsas de miseria y barrios marginales.


Lejos de mí las confabulaciones
de sabios oficiales, plumas comprometidas,
camaleónicos comunicadores,
chulos que se alimentan de chismes cortesanos,
ladronzuelos de lujo,
mientras naufragan las pateras
y los muchachos pobres empuñan  fusiles
o rebuscan comida en los estercoleros,
junto a los perros abandonados.





                 La vida
no es exclusiva de privilegiados
con derecho a romper la pureza del mundo,
los ríos y las selvas, helados continentes,
los mares, las montañas.
                                        Todos somos
deudores del futuro,
pulso de las constelaciones
los hijos obligados de la naturaleza.




                                                          




                                                                                                                                                                       
                                                                                                          Natividad Cepeda.





 Primer premio: Agrupación Cultural Guardesa XXII Certamen Poesía "Feliciano Roldán" A Guarda (Pontevedra)


Arte digital: N. Cepeda