viernes, 20 de marzo de 2020

No puedo abarcar tanta tristeza en este tiempo de congoja

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Cuadernos Manchegos. No puedo abarcar tanta tristeza en este tiempo de congoja. Natividad Cepeda | Tomelloso | Sociedad | 19-03-2020 ...


Al empezar a escribir  escucho desde mi pequeño escritorio el viento dando en los cristales y en las ramas sin hojas de dos árboles que tengo en mi acera. Aunque ha hecho calor primaveral todavía no tienen hojas  sus ramas y al mirarlos pienso que son como nosotros, frágiles y expuestos a las inclemencias no deseadas que nos trae la vida. Los miro y siento cariño por ellos porque en sus ramas se posan los primeros vencejos llegados de África o de otro lugar lejano. Son los primeros que llegan a mi pueblo y desde mi infancia espero su llegada porque ellos son los que anuncian la primavera. Después van llegando las golondrinas con sus chillidos y formaciones  al amanecer, jubilosas,  volando en el espacio de la calle, junto con los vencejos.
Para mí es un regalo maravilloso escucharlos y verlos ir de un lado a otro del espacio hasta perderse en las alturas. Siento que vuelo con ellos, para lograrlo cierro mis ojos cuando mi vista no alcanza mirarlos, y me elevo sin materia  en sus alas y en sus chillidos, igual que cuando era niña y en el patio grande de mi casa llegaban puntuales al final de marzo.
Regreso al pasado, que nunca ha dejado de ser presente, y viene la voz de mi abuelo diciendo que todos somos  hijos de Dios, igual que los pájaros.
Necesito ver amanecer, aunque no siempre lo consigo, porque si me quedo escribiendo, o leyendo se me olvida el horario y claro, cuando me despierto el sol ya ilumina los tejados. Pero hay días que duermo cuatro horas porque siento la llamada de la aurora y  me pongo mi bata más vieja, que es con la que me siento mejor, abro el balcón buscando  el lucero del alba porque en él, habita mi madre. 
A mamá, jamás la llamé madre, siempre mamá, hasta que se me durmió y me espera, allá, donde nacen las estrellas. A mi madre también le gustaba madrugar y dormía poco, es algo genético, por lo que había ocasiones que veía amanecer junto a ella y me señalaba  el lucero del alba, diciéndome que era la estrella más bella del cielo. Después yo aprendí que se llamaba Venus y que es un planeta del sistema solar que gira al revés que la tierra, de oeste a este.
Más tarde descubrí que Venus es el nombre que los romanos le dieron a Afrodita, la diosa griega del amor y la belleza; la sin par, surgida de la espuma del mar.
Es una bellísima narración que dejaremos para otro momento.
Porque cuando yo veo en el cielo clarear, el único lucero en el cielo es Venus, y recuerdo a mi madre junto a mí, viendo como el horizonte se tiñe de escarlata y terciopelo azul. Entonces regreso a ver la chimenea alta de la fábrica de alcohol  de la calle  Domecq de Tomelloso, camino de la casa de mis abuelos maternos, que yo miraba. Al hacerlo parecía que la chimenea se me caía encima, mientras andaba me invadía un mareo enorme hasta tener que bajar los ojos al suelo. Mamá se reía y yo miraba a mis hermanas feliz de estar las cuatro juntas en la calle sin nadie camino de la casa de los abuelos.
Efectivamente  yo soy de Tomelloso, un pueblo de la llanura manchega y  BeamSuntory lleva instalada en la ciudad desde 1890 y es el principal proveedor de aguardientes de las bodegas de Jerez que elaboran las marcas de brandy tradicionales como Terry Centenario y Fundador Pedro Domecq. Toda una historia. Esta primavera no es buena para nadie. Pero yo creo que la superaremos igual que las viñas cuando otras primaveras se les han helado sus pulgares y la cosecha se nos ha perdido, y luego han brotado algunos tallos y a los años siguientes la cosecha ha sido mejor.
Mi abuelo me decía que las personas  somos como las cepas de la vid, sufrimos, lloramos igual que los sarmientos en invierno, y después resucitamos. Ese fue su legado caer y levantarse sin perder la esperanza ni el ánimo; tampoco el amor a su familia y la fe en Dios.
Volar con las alas del espíritu  es conocer que todo es posible incluso cuando la muerte no es una película de terror, y si una cruel y fatídica realidad. Desde que el bicho del corona virus se ha convertido en una penosa costumbre vamos comprobando que ignoramos las causas de los aconteceres. Se nos ha resquebrajado ser tan afortunados a pesar se tanto odio escupido por grupos y asociaciones que injurian y separan la convivencia entre nosotros.
De pronto la vida es nuestra única patria y Dios nuestro asidero. Y sin demora  buscamos el amor ante la enfermedad y la muerte de los ancianos y de esos jóvenes vulnerables que han caído ante nuestra impotencia. Huye nuestro confort  y acudimos al coraje  de sobrevivir y es ahora cuando valoramos lo importante de lo cotidiano y pequeño de cada día. Nunca antes habíamos soportado tanto daño entre nosotros. Nunca el corazón se había sentido herido y sin seguridad a pesar de todo lo logrado.
Vuelvo al amanecer y a los recuerdos mirando el vuelo de las aves peregrinas de vida que regresan a buscar en los nidos de antaño, la llegada de las que han de nacer para perpetuar la especie y ante ellas me pregunto ¿por qué  nosotros hemos destruido los nidos familiares en nuestra sociedad? Se mueren los ancianos no solo por el virus19, también porque los hemos venido aparcando lejos de nosotros y ahora  nos lavamos las manos  buscando a quien culpar.
Se multiplican las muerte en Tomelloso y en España, avanza por Europa y este mudable tiempo escaso de fortuna es propicio para mirarnos hacia adentro y pensar, que todos somos frágiles y nos necesitamos para seguir viviendo, porque solos no podemos abarcar tanta tristeza en este tiempo de congoja.
Natividad Cepeda

domingo, 8 de marzo de 2020

Marzo y esa cáscara rota de mujer




Cuadernos Manchegos
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Natividad Cepeda | Tomelloso | Sociedad | 08-03-2020
Marzo y esa cáscara rota de mujer

Ella era un manojo de silencio extraído del vientre de mil vientres de mujeres venidas de aquella caverna de Platón que el filósofo inventó entre el vacío del tiempo y lo incierto de la vida.
Ella fue andando sin dejar huellas de su pie por donde cruzó sin historia ni epopeyas en el almanaque de los territorios de piedra, arcilla y agua sin otra herramienta que su hacer y su enseñanza a las mujeres que nacían.

Ella nació con esa desventaja de ser cuna y telar de la vida en su seno para iluminar con la sangre vertida a borbotones entre el llanto primerizo de una criatura.
Después ella se ciñó el vientre perdida su cintura con un lienzo cualquiera para que no le doliera aquella piel descolgada, floja y vacía que había dejado de ser cuna de agua del hijo mecido en las entrañas.
Y se miró en el espejo de sí misma viéndose como una cáscara rota después de los resuellos y los gritos de animal empujando para que saliera de la placenta rota la criatura.
Le dolía toda la geografía de su cuerpo  porque sin previsión alguna los pechos le escocían encima de soportar aquél cansancio que emanaba desde dentro como si ayudar a que otros nacieran fuera un desatino que ninguna otra mujer le había explicado.

Aquél era el credo de la vida padecer y hasta morir en ocasiones cuando la naturaleza se oponía  a dar paso a la vida bajo el viejo precepto de ser tierra fecunda y trasmitir la vida.
Ella tenía ese atributo, igual que la madre tierra engendraba en su seno como la tierra fértil que nos da cosechas, criaturas trepidantes de raíces antiguas que luchaban para repoblar el planeta.
¡Salve mujer encarcelada en el juego de un manual de llanto y desatino por anidar en ti todos los hijos de los hombres! Tú compañera de fábulas antes de ser escritas por los dioses.

Me duelen tus duelos y quebrantos casi siempre olvidados y me duelen aquellos horizontes que nublaron toda tu existencia de tinieblas absurdas y egoístas de tus padres, esposos, hermanos y hasta de tus hijos que después de adorarte como diosa profana de belleza sagrada te dejaron en cueros cuando dictaron leyes para regir ciudades.
Te cansaste y saliste de la penumbra y gueto donde estabas recluida y exigiste ser igual en derechos y no solo en obligaciones. Error toda esa miseria de escribir que eras tú diferente a ellos. Jamás te lo creíste pero pesa tanto el amor  que se abonó la estancia de toda convivencia con aquellos mandatos de que no estabas a la altura de los hombres que de ti habían nacido. Y callaste.
Hojeo las páginas escritas de esa procesión de injusticias y me asombra que tú hayas sido una sombra minúscula y escarnecida en los altares religiosos y laicos. Porque no se ignora que en la pirámide humana la cúspide y la base no serían posible si ti; y todos los ha permitido. Lo siguen permitiendo en países con nombres sellados por el poder del dinero y los convenios de estado. Y aunque en otras parcelas  de la tierra se celebre cada 8 de marzo  fiestas reclamando igualdad y derechos no nos engañemos, el infortunio de millones de mujeres sigue existiendo.

Yo no niego que hay que proseguir educando en igualdad no sólo cada 8 de marzo, cada día hay que hacerlo, pero sin perder la razón de saber que los dos somos seres necesitados de amor y comprensión: hombre y mujer  nacidos para la convivencia nunca para la agresión y el odio mal entendido, y peor aún, si es instrumento de políticas necias. Meditemos lo que se ha conseguido y aquello que hay que conseguir sin pausa, pero sin zafias groserías y frases erróneas como eslogan de panfleto sin tino ni cordura.
Porque ninguna mujer es una cáscara rota  a la que ultrajar, ni humillar, ni combatir haciéndola de menos frente al hombre. Tampoco mujeres contra los hombres, porque entonces sería como diseñar un agujero negro sin fondo y a la vez sin vida. Nos necesitamos por igual y para ello hay que educar y legislar sin caer en el atropello de plebe  irracional.
Ella, esa mujer anónima y yo, necesitamos ser visibles sin represión ni posibilidad de ocupar un lugar en la sociedad de igualdad, ganado con nuestro esfuerzo pero también sin las zancadillas y prepotencia de un sistema milenario donde la mujer no ha sido respetada como persona jurídicamente como el hombre.

Natividad Cepeda

hace 8 horas - Marzo y esa cáscara rota de mujer. Ella era un manojo de silencio extraído del vientre de mil vientres de mujeres venidas de aquella caverna ...

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martes, 3 de marzo de 2020

Hallar a Dios en la gente


En medio de la gente a veces no sé muy bien quien soy. Cuando intento comprender algunas opiniones escuchadas en medios de información con el afán absoluto de manejar mi opinión, me pregunto para qué, si las soluciones más sencillas no se resuelven nunca. Si tuviéramos conciencia probablemente acertaríamos para bien de todos. Pero parece ser que la conciencia es mera herramienta para alcanzar los propios fines sin pensar en los ajenos.

La desdicha del ser humano es ignorar nuestra propia vulnerabilidad tan evidente cuando se nos presenta lo inesperado, por ejemplo el coronavirus. De pronto los planes se han abandonado y el miedo a morir nos hace pequeños y frágiles en este mundo globalizado tan poderoso y lógico.

ajenos Y de pronto recuerdo una afirmación de Stepen W. Hawking, cuando escribe: “Dios eligió la configuración inicial del universo por razones que nosotros no podemos esperar comprender”. Afirmación bien planteada porque si a fecha de hoy no se he resuelto el hambre que extermina a millones de personas a pesar de mostrarnos, ahora en imágenes esos niños famélicos, cómo vamos a comprender eso otros espacios  científicos, salvo que la fe, de los creyentes, admita que Dios es mucho más que cualquier ecuación.

La tragedia, nuestra tragedia humana es no saber desarrollar el bien común para lograr ese beneficio autentico para así evitar situaciones siniestras y antagónicas. Con bellos razonamientos se nos explica el beneficio de la muerte voluntaria, tan fácil como tomarnos una pastilla y partir sin dolor ni sufrimiento. Y ante esa nueva vereda por donde  caminar la polémica inicia su camino de desacuerdos. Y, ante las críticas en contra de la muerte programada, se suceden opiniones radicales, casi siempre, exentas de amor hacia nosotros mismos.
Porque si es tan maravilloso morir  para evitar sufrir ¿para qué soliviantarnos ante el coronavirus o cualquier otra pandemia que nos evitará problemas de convivencia?

No es lo mismo llamar que salir a abrir, nos dice el refrán.  La vida de los otros no importa, sobre todo cuando hay que cuidarlo y protegerlo porque ha envejecido o porque desgraciadamente está enfermo. Motivaciones éstas, exentas de humanidad. El dialogo en torno a este tema está en punto muerto. Tan muerto como el aborto que ha conseguido que tengamos una Europa vieja, egoísta, caduca y enfrentada a los problemas de hace un siglo, extremismo ideológico que no es el mejor camino.

La vida es pluralidad desde su comienzo hasta su final y solo Dios, es quien la regula, nos guste o nos enfurezca. Todos nos olvidamos de lo extraordinario que es la vida en cada una de sus manifestaciones. La vida creada para respetarla, desde un grano germinado de trigo hasta el aliento del que lucha por vivir. Y nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a mancillar y destruir ese derecho de la Creación. Y si los matices son creer en Dios o en negarlo, en ese dualismo solo queda respetarnos, porque si yo como creyente no puedo demostrar que a Dios lo siento y creo en su existencia, el ateísmo, no puede demostrar su no existencia en la creencia de la divinidad.

Toda vida es un eslabón en medio del universo. Yo creo en Dios porque así me lo trasmitieron mis antepasados y con esa creencia el respeto al mundo conocido. Promocionar la muerte es talar el futuro de los que nos precederán. Franquear la convivencia se hace cuando miramos a la gente y en ellos nos vemos reflejados. Yo he hallado a Dios en gente desconocida que me tendieron su mano sin yo pedirla.


                                                                               Natividad Cepeda


                   Publicado en Cuadernos manchegos    Natividad  Cepeda | Tomelloso | Sociedad | 27-02-2020

viernes, 31 de enero de 2020

El campo es un lamento de fiebre reprimida


Ven, venir, a ver en los pueblos las fiestas actuales plagadas de atuendos y disfraces conmemorando batallas épicas allí, donde ni se conoce la verdadera 

Historia. Venir por los caminos donde reina el bandolero actual robando aperos, motores, tractores y cosechas desde hace décadas y no hay seguro que lo cubra ni político que se atreva a solucionarlo. Llegar a estos pueblos desolados donde la vida se acaba porque solo quedan viejos amarrados a su terruño y a sus recuerdos. 
Llegar vestiros de turistas y, por una vez, conocer la soledad de la España en despoblación sin el discurso de la masa amaestrada que, por supuesto, no reside en estos pueblos…
El campo es un enajenado de los núcleos urbanos, poblado, según nos retratan, de gente zafia, de los que se hacen chiste y burla. La gente se ha creído que avanzar es proteger la fauna y la flora olvidando a quines viven de cultivar los campos. En las Delegaciones de agricultura se mide palmo a palmo por el SigPac los cultivos y se multa a los propietarios agrícolas si las medidas no concuerdan con lo que muestra el satélite, olvidando que los permisos de plantación fueron expedidos por esas oficinas, y aunque se muestren los permisos oficiales, nada se puede hacer salvo pagar la multa como esclavos de un sistema atroz y desmesurado.
En las recolecciones falta mano de obra a pesar de estar las oficinas de empleo saturadas de desempleados y desempleadas, los emigrantes que han llegado a nuestros pueblos como maná humano, si no tienen “papeles” en regla, no se los puede contratar, y si se les contrata, para que se les concedan los “papeles” con los que puedan demostrar que sí tienen trabajo, al empresario agrícola, que es un trabajador como ellos, se le multa. Expliquen ¿como se soluciona esta problemática de la que nadie habla?

Los autónomos no son justos y hay que enviarles inspectores para mirar explotaciones ingresos y facturas por si delinquen. Los autónomos agrícolas no tiene sociedades donde enmascarar ganancias y desaparecer con levantamiento de bienes cuando la empresa no tiene ganancias. Esos rudos trabajadores autónomos no suman las horas, las jornadas, que ellos echan al cabo de cada día del año. Tampoco el frío y el calor, la soledad aparejada a su trabajo, ni tienen psicólogos cuando la cosecha se pierde por inclemencias del tiempo o, porque el mercado ha dejado de adquirirla.

Ahora se manifiestan y gritan su desesperación y son apaleados, heridos, vilipendiados cuando tanto se vocea en canales y tribunas sobre derechos humanos convertidos en papel mojado por su ineficacia; por ejemplo, los asesinatos de mujeres que no cesan. Ni nadie se rasgó sus vestiduras políticas cuando el precio del aceite bajó, los melones y sandias no se pagaron y las cebollas sin recoger eran un llanto en los campos, por citar algunos casos que se pueden incrementar con todos los productos agrarios.
Graznan los cuervos sonriendo ante el abandono de este sector y olvidan que cuando se abandonen los campos también sucumbirán los que viven de ellos; mecánicos, electricistas, gasolineras, albañiles, carpinteros, camiones, cisternas ...todos se quedaran sin trabajo y ¿ adonde irán? A las ciudades a las que habrá que seguir surtiendo de productos agrarios del campo español o de campos extranjeros. La trampa es engañosa y como asegura la sabiduría popular no se puede sacar patillas de donde no hay pelo.

¿Quien da la consigna para la vida actual destruyendo lo que genera vida y trabajo? ¿Acaso el pasado siglo XX en su principio no fue un siglo plagado de violencia, destrucción y muerte, y hubo que salir de aquellas ruinas violentas en la vieja Europa, que ahora un siglo después vuelve a olvidar lo que no debería olvidarse.

Desde lo más profundo nace la agricultura en los seres humanos. Y la moral es el sustento de los pueblos para vivir y crear riqueza. El bienestar de nuestra sociedad ha costado demasiado conseguirlo para tirarlo como si la existencia humana no importara. El choque de unos contra otros abre brechas de odios difíciles de saturar cuando se producen. Y no todo es viable, Y no todo es correcto, ni esta bien, incluso cuando ese fin viene desde los propios gobernantes. El cariz que está tomado nuestra sociedad de no convivencia radicalizada desde los ámbitos políticos para conseguir sus propios fines de usura y mercadería, nos convierte en bocas sin voz si no queremos tener problemas, o en meros parias al servicio de ególatras ambiciosos.

El campo se queja y los pueblos hace mucho tiempo que se están quedando vacíos. Todo es tan primario que el equilibrio social se nos resquebraja al destruir lo que nos da prosperidad y vida. La superioridad acrecentada en la soberbia anula la verdad y destruye todo lo que debe protegerse y cuidar. No lo olvidemos.



Natividad Cepeda

domingo, 12 de enero de 2020

IV Encuentro Poético de Año Nuevo (La Mancha Poesía: Un Corazón Latiendo)


Diario Lanza.
 Opinión Natividad Cepeda Tomelloso 12 Enero 2020
IV Encuentro Poético de Año Nuevo (La Mancha Poesía: Un Corazón Latiendo)


En los encuentros poéticos han participado poetas de Ciudad Real y de Toledo, dentro del área unitaria de las características comunes manchegas como voz que no ha dejado de existir, predecesores de los trovadores del pasado.

Empezar el año nuevo con un encuentro poético es entregarse a soñar sin límites ni edad como si la alegría de la Navidad nos envolviera el corazón en un bello papel de regalo. Y sin temor a mostrar nuestra intimidad con diferentes palabras volcamos el sentimiento y la emoción en los primeros poemas del joven año.

No vendemos nada. Los poetas, casi todos, no sabemos ser oportunistas, tampoco comerciamos con el valor de hallazgos poéticos. Salimos a la palestra con la trasparencia del verso en los labios en ese torneo de fe que es toda poesía.

El IV Encuentro Poético de Año Nuevo o Festival de Año Nuevo, La Mancha Poesía, Un corazón latiendo; comenzó su andadura a principios del año dos mil diecisiete, más concretamente el día 3 de enero de dicho año, aprovechando los actos que se realizaron en Alcázar de San Juan para el IV Centenario de la Muerte de Miguel de Cervantes.

Por ese motivo se realizó en el Museo de Alcázar de San Juan una Exposición de Pintura. El promotor de la exposición Tomas Verdugo, para clausurarla se dirigió a Juan Justo López, miembro de la Asociación de Escritores del Común de la Mancha, para organizar un festival de poesía. La Propuesta fue secundada por José Fernando Sánchez, presidente del Patronato de Cultura de Alcázar de San Juan y por Luis Ángel Ajenjo, presidente del Ateneo de Alcázar de San Juan. La conclusión es que a partir de ese proyecto y con la fecha fijada del día 3 de enero nació un encuentro poético de cuatro años gracias a los pilares del Ateneo alcazareño, la Asociación de escritores del Común de La Mancha de Quintanar de la Orden junto con el Patronato de Cultura del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan.

En los encuentros poéticos han participado poetas de Ciudad Real y de Toledo, dentro del área unitaria de las características comunes manchegas como voz que no ha dejado de existir, predecesores de los trovadores del pasado. Aquellos que en lengua vulgar hicieron llegar desde los afamados castillos a las plazas y posadas los cantares de amor y de batallas dedicadas a las damas y a Dios, por los poetas místicos.

Actualmente el prodigio de los poetas es que siguen componiendo versos de amor y versos sociales, similares a esas gestas castellanas que nos han llegado en romances, villancicos y cancioncillas recogidas en las obras de nuestros clásicos, desde Fernando de Rojas en La Celestina, Miguel de Cervantes en Don Quijote, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, por citar algunos de ellos.

Poetas, los de hoy, que recogen vocablos de localismos casi desaparecidos aportando a la cultura tradiciones e identidad de un castellano extinguido o en desuso. Palpar emociones es sentir el temblor del asombro de aquello que nos hace sentir la sonora voz del pasado hasta traerlo a un poema.

Las voces de los poetas se diluyen, se olvidan y cuando se publica un poema entonces el poema es un legado para todos. Este año hay una importantísima novedad en el latir de la poesía de este encuentro manchego, y es que se publicará un libro con los poemas de los participantes. Es el regalo de reyes de este año nuevo poético donde podremos posar nuestra mirada en los poemas de Antonio Molina Bellón, Clara Ortega Ramírez presidenta de la Asociación de Escritores El Común de La Mancha y directora de la revista Dletras. Conchi Moyano Jiménez, Esmeralda Fernández Tarancón, Mª Esperanza Párraga Granados, Gloria González Jareño, Inmaculada Lara Cepeda “Maku”, Isabel del Rey Reguillo, Isabel Villalta Villalta, Javier Navarro Catalán, Juan José Alcolea, Margarita María Rosa García, Miguel Ángel Sánchez de la Guía, Antonio Owen Muñoz Morales, Pilar Serrano de Menchén, Sorin Balascau, María Antonia Dolores Ramos Plaza, Juan Justo López, María José Maeso, Mariano Lizcano Ramos, Natividad Cepeda, Remigio Arias Barrilero y Antonio Zaragoza Jiménez ilustrarán con sus creaciones este libro emocional para deleitar y conmover al lector de poesía.

Poetas sin gremios definidos, como en tiempos anteriores, llegaron a fijar estilos y pautas. A veces olvidados y otras perseguidos. Poesía en Alcázar de San Juan por considerar que es el centro manchego de los que nos reunimos y por el apoyo e interés de su Patronato de Cultura.
De la trayectoria de este Encuentro Poético anual hay mucho más que explicar, así consta en mi archivo, gracias a lo que me hicieron llegar Luis Ángel Ajenjo y Juan Justo López, respetivamente, además de futuros proyectos. En la bóveda de este enero inicial las ondas del viento llevarán envueltas en niebla y sol los poemas de este encuentro con la única regla de la poesía, que no es otra que la libertad. La libertad de abrir un libro sin que nadie lo impida


 Publicado  el 02 Enero 2020 en © Lanzadigital

Natividad Cepeda




Adonde quiera que nos lleve la estrella nacerá Dios.




Cuadernos Manchegos| Tomelloso | Sociedad | 23-12-2019
Natividad Cepeda 




Señor dame tu luz,
para guardar en mi tu Navidad
y compartirla con los demás.

Solo en la infancia se cree en los milagros; en las infancias de los niños y niñas que no carecen de lo necesario para la vida. Sólo en la infancia se miran las estrellas soñando con ver aquella otra estrella, que dicen las santas escrituras, que guió a los Magos de Oriente, al menos creen los niños que se les narra la historia de un niño divino nacido una noche de invierno al amparo de un pesebre junto a una mula y un buey.  Ante esa manifestación los niños han guardado en su memoria el rastro de un cometa que recorrió los cielos sin riesgo de perderse en su manifestación, de ser única en el tiempo, y por esa historia, ahora hay estrellas doradas y de falsa plata, de luces y colores alumbrando las ciudades de nuestro mundo.
Dicen los increyentes que aquello no fue así, y a pesar de las muchas razones escritas a lo largo de los cientos de años, más de dos mil, nadie puede demostrar que sea incierto, ni tampoco los que sí creemos en esa estrella y su mensaje, podemos demostrarlo, salvo con nuestra fe.  Todos consideramos que llevamos razón y suponemos, en nuestro interior, que aun dudoso, no por eso vamos a dejar de celebrar aquella efeméride narrada durante tanto tiempo.

La estrella ha tomado tanta importancia que brilla en calles y plazas de nuestras ciudades. Ciudades antirreligiosas orgullosas de su laicismo en su búsqueda de una convivencia social carente de referencias religiosas, en el caso de la estrella, cristianas. Inicial pantomima al imitar profusamente en lo que no se cree.  Pero quedan tan bonitas las estrellas de luces Led, que, a pesar del abuso del gasto, tan en contra, además, del ahorro de energía, ayuntamientos de aldeas y grandes urbes alquilan y pagan alegremente ese fasto inútil de la mascarada de la Navidad.

Esas estrellas inútiles sólo sirven para ser contempladas sin otro milagro que la carente economía que cuestan y que los ciudadanos pagamos englobados en altos impuestos. Sin embargo, todos buscamos ser felices debajo de esas luces y viajamos a verlas brillar para huir de las sombras de la guardarropía que se aloja entre arcos y árboles, bolas y falsa nieve de símbolos brillantes, sin ver en el cielo brillar las estrellas auténticas. Con todo la Navidad se hace presente entre nosotros y deseamos felicidad, ahora por ese medio de WhatsApp, tan recurrente y que nos va quitando el encuentro del dialogo, a no ser, que tengamos cena o comida preparada para juntarnos. Nuestra sociedad se desgaja entre abetos de plástico y árboles envueltos en bombillas relucientes mientras la pobreza avanza inexorablemente, a pesar de tanta charlatanería de todos los demagogos de nuestra sociedad.

Llueve en diciembre y ese bautismo de agua purifica las calles y nutre campos y lechos de ríos secos de mi amada tierra manchega. En otros lugares anega calles y desborda ríos probablemente por una ineficaz ingeniería urbana. Llueve y el cielo encapotado oculta las estrellas en la noche de invierno, a pesar de eso la estrella sigue alumbrando el camino, insistiendo, que Dios nace a pesar de nosotros mismos. Brilla su luz de amor en la Historia a raudales para quitar sombras. Alumbramos de falsas estrellas nuestras calles y casas porque no tenemos fe en nuestro destino y descuidamos amarnos.

Yo, sigo creyendo en esa estrella que significa paz.  Creo en la Historia que me narra que nació un niño en Belén, Tierra Santa, y lo busco para alcanzar lo que el canto de los ángeles deseó la noche de Navidad: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

Publicado en el diario digital "Cuadernos Manchegos"

Natividad Cepeda


Valores culturales de la Tertulia Literaria de la Madia Fanega de Tomelloso



Nadie queda de aquél corro de amigos que midieron versos en vez de fanegas de trigo.
Diariamente mendigamos amor con los labios cerrados y si no lo encontramos cantamos la costumbre de borrar los silencios y hasta aquellos sucesos que nos fueron huraños.
Diariamente despedimos a gentes que fueron sin condición algunos amigos del convivir muchos instantes buenos y, que se van de nuestro lado como la lluvia cuando deja de caer gotas limpias, y de pronto aparece en le cielo el arco iris luminoso que dice, que la lluvia se ha ido a mojar otros suelos.

Cuando yo era niña creía que la tierra era pequeña porque cuando la cogía en mis manos la modelaba a mi antojo haciendo figuras diferentes que secaba al sol, y pensaba que aquellas pequeñas esculturas, eran personas del pasado que volvían a la vida gracias al barro y a mis manos.  Rutina de la infancia que ignoraba la muerte y ese misterio eterno de querer existir por encima de todos los silencios.
Ahora miro la multitud de los que se me fueron y al contraluz de los años se desdibujan igual que el arco iris se extingue cuando el cielo lo absorbe entre sus nubes.  En ese invernadero del recuerdo escucho a los viejos amigos envueltos en su bruma. Compañeros perdidos que piden no olvidarles y el último que emprendió su viaje ha sido Pedro López-Ortega, campesino escritor desde tiempos pasados.
Tierra adentro se quedan las hojas amarillas del otoño podridas junto al tronco del invierno y al mirarlas danzando con el viento, regresan aquellos campesinos que hicieron del terruño su vida y añoranza. Con la muerte de Pedro, se ha cerrado el ciclo de los creadores de La Media Fanega Literaria, nacida en Tomelloso al amparo de la vieja posada que ahora solo guarda fantasmas de arrieros y mulos del pasado.  Todos ellos crecen desde el silencio con sus versos y quejas sangrantes por no haber podido cumplir todos sus sueños…
Los caminos inciertos son aquellos que aguardan bandadas de pasos de multitud de seres que nos siguen pidiendo que no los olvidemos. Es ahora, en diciembre, cuando vienen conmigo los que hicieron posible la tertulia de amigos al calor de un trece de diciembre para dejar caer pétalos, antes de navidad, de versos y de rimas o de prosas, por donde recordaban aquella infancia perdida entre las calles del Tomelloso amado.
Os he echado en falta  amigos silenciosos José María Rodríguez, Epifanio López, Julián Carrasco, Jesús Caro, Faustino Rosado, Jesús Madrigal, Teódula Navarro, Clemente Morcillo, Santos López, Rosarito Peinado, Antonio Armero, Félix Yáñez, Mariano López, José Carretero Julia  Perales, Ignacio Castellanos, Leoncio  Díaz,  Juan José Ruíz,  Ignacio González, Narciso Rodrigo, Pablo Moreno, Venancio  Ramírez y  Pedro López- Ortega el último que ha cerrado el circulo  de aquella fortaleza de soñadores  sin complejos: elegía de amistad por todos ellos cuando diciembre canta villancicos  serenamente  muriendo el año viejo.
Me cubre de nostalgia recordaros. Me sabe a poco traeros hasta mi escritorio donde os nombro. Y me siento indefensa clavada en el álbum del recuerdo.  Sobre la altura de los cielos alumbran con sus destellos las noches frías del invierno las estrellas, no dudo que vosotros, habitáis entre ellas.


                       

  Publicado en el diario digital de Manchainformación Natividad Cepeda | Los Lectores 12/12/2019