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lunes, 19 de enero de 2026

Réquiem en Adamuz (España) 18 de enero de 2026

 


 Noche en Adamuz. La noche cayó en el campo dormido y el silencio saltó por los aires. Crujieron los hierros y se heló la luna, y un grito desolado rasgó el olivar.

 

Dieciocho de enero. Dos trenes de frente. La vía escupió muerte en la línea prohibida. Hay heridos entre luces rotas y luto en el alma.

 

El pueblo despierta, llegan voluntarios. Aguarda en tensa vigilia cercano hospital. Se escribe la tragedia en los teletipos, las ondas viajan con el nombre de Adamuz. Todo es negro, pero en mitad de la sombra, la mano del hombre hoy se vuelve ayuda.

 

Crujieron los hierros, dolió la estructura, y el aire expandió un grito; segundos de espanto, de sombra y locura, bajo el cielo tan frío del invierno.

 

Dieciocho de enero, la fecha se ha grabado a fuego; la muerte en las vías se vuelve infinita. Se equivocó el tren en su ruta de acero, cruzó la frontera, la línea prohibida; y las vías escupieron, en este enero, el rastro amargo de cuerpos de sombras en el seco impacto de un último abrazo.

 

Pero entre las ruinas, las manos acogen, Adamuz se entrega. la fuerza humana inunda y escribe otra vez una triste página.

 

Reza el alma en vigilia. El rezo en silencio por esas familias donde han caído un río de lágrimas. Requisen en Adamuz. La noche se ha tornado negra. 


 


Poema Natividad Cepeda ©. Fotografía de la web


Tragedia: 39 fallecidos. Se dice por los medios públicos al informar a fecha de hoy que hay otros 32 desaparecidos. Número indeterminado en hospitales y UCI. 

En declaraciones oficiales la colisión de los dos trenes no ha sido debido a fallos humanos ni a velocidad excesiva. 

Las opiniones generalizadas piden y exigen que se determinen las responsabilidades a la autoridades competentes.


martes, 21 de diciembre de 2021

Navidad en diciembre y la sombra profunda de los ausentes

 

          



Es diciembre y las fechas de la Navidad es la sonrisa del invierno. Pero también es la crucifixión del frío para los sin techo, los vagabundos, los sin rostro, aunque pasemos a su lado en las aceras de las grandes ciudades y piden, sin voz, unos, y con lastimero sonido otros esa limosna callejera que les remedie la miseria en la que viven. Ahora las luces de colores mostrando figuras encantadoras y bellísimas en las principales calles y plazas de la mayoría de los pueblos nos dejan la sensación de una tribu feliz que admira embelesada las guirnaldas eléctricas que nos dicen que es tiempo de alegría. Pero falta amor y calor para combatir el frío y calmar el hambre de millones de personas. Las luces eléctricas tan costosas e  inútiles no dan calor ni cobijo.

Estamos en diciembre y en las tiendas se venden abetos de plástico, verdes unos y blancos de falsa nieve, bolas brillantes, espumillones de oro y plata,  campalillas, gorros rojos, estrellas, belenes, camellos, ovejas, portales de corcho con su niño chiquito desnudo y echado en paja ficticia nacido en Belén, al que en un belén de España, unos valientes ateos agnósticos  le han cortado su cabeza de barro y  un brazo…También en mi pueblo les han cortado las cabezas a los tres Reyes Magos… Las figuras instaladas  en la Plaza de España de tamaño natural amanecieron decapitadas: de ese triste vandálico suceso se lamentaron la alcaldesa y el concejal de festejos. Se han restaurado, y de nuevo los tres Reyes Magos pueden verse jumo al portal del Belén, delante del ayuntamiento. Me pregunto ¿por qué asusta la fe de los que creemos en la Navidad?  ¿Tanto molestamos a eruditos ateos y agnósticos  los creyentes en Jesús de Nazaret? Soportamos esa constante agresión de vandalismo en las iglesias, además del insulto, robos, burlas de todo tipo y callamos, para evitar el deterioro de la convivencia siendo testigos de que con otras religiones  no se atreven, quizá por temor…

La estrella situada en lo alto de los abetos de colores significa la luz que guía a los sabios orientales hasta el niño nacido en un portalito de Belén. Es la luz que anuncia la Buena Nueva de la Nochebuena, es el amor en favor de la humanidad. Por eso en el silencio de la Nochebuena, cuando ese silencio es real, en el fondo del alma resuenan las palabras de aquella santa noche. Leyenda, para unos, redención para otros, amor para todos el mensaje del ángel a los pastores narrado en los evangelios cristianos… 


 

   "Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor .El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:" "«Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.» Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.» Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre."  "Lucas, 2"

Nacer y recibir a un ser humano en el seno del amor de la familia. Trasmitir la vida y continuar con ese sagrado legado ayudando a quienes se atreven a trasmitirla. Respeto por toda vida. Amor sin egoísmo. Amor a los ancianos y a los nacidos, ambos indefensos. Así somos al nacer y al envejecer. No puede haber paz sin dignidad universal cuando se olvidan los derechos humanos. Tampoco cuando se nos olvida preguntarnos por nuestra existencia finita que desde los orígenes mismos del conocimiento nos hemos preguntado y por la infinitud de Dios en todas las religiones conocidas. Y erramos al querer explicar lo que desconocemos. Buscamos en la Navidad la acogida de Dios para descansar de nuestras fatigas y fracasos en su infinita misericordia. Lo buscamos sin saberlo. Y no lo encontramos en lo que es artificial, exento de amor, por muchas luces  que en nuestras ciudades y pueblos nos iluminen la noche tapando la grandiosidad de las estrellas del firmamento. 

Y en la Nochebuena, en su misterio profundo, la sombra de los ausentes amados se mitiga mirando al cielo, volviendo a resonar en el alma el deseo de paz en la tierra y gloria en el cielo para los que nos dejaron y para tantos de nuestros hijos que en otros países, por cuestiones laborables, no se sentaran a nuestra mesa. Nochebuena en la aldea global, sea Dios con nosotros.


 

 

 

                                                                                             Natividad Cepeda

 

 https://www.oretania.es/2021/12/22/navidad-en-diciembre-y-la-sombra-profunda-de-los-ausentes/

 https://www.lanzadigital.com/uncategorized/navidad-en-diciembre-y-la-sombra-profunda-de-los-ausentes/

 https://www.miciudadreal.es/2021/12/21/navidad-en-diciembre-y-la-sombra-profunda-de-los-ausentes/

 https://www.cuadernosmanchegos.com/ciudad-real/sociedad/navidad-en-diciembre-y-la-sombra-profunda-de-los-ausentes--30944.html

 

 

 

domingo, 25 de diciembre de 2016

Últimos días de diciembre en Tomelloso


Permanecen callados, sin viento, más allá del ruido de la ciudad y del murmullo de las palabras estériles de tantas voces vacías y sin otro fruto que su afán de mirar escaparates  y pertenecer a la perecedera voz de comprar y comprar sin tino ni medida. El aire concluye en ellos su viaje. Se detiene seducido por la belleza fascinante de su gracia, y como velo venido desde el cielo las nubes rocían con su sombra los ramajes que impertérritos, soportan el frío del invierno. De perlas ha cubierto la niebla que se aleja  cedros, abetos, árboles y tejados sin otra obligación que dejarse desvanecer cuando el sol rompa la densidad que el amanecer trajo consigo.     
Este veinticinco de diciembre  hay silencio en parques y plazuelas pareciera que en esos lugares la Providencia no quisiera que el nacimiento de Jesús, aquél niño nacido de una virgen, según está escrito en las escrituras sagradas, no quisiera hacer partícipe a esta naturaleza reglada por  las leyes locales de los ayuntamientos de esa noticia difundida por altavoces  y televisiones. Los miro solos en mitad de una ciudad dormida con su silencio místico que de nada alardea y a mí alrededor creo escuchar la humanidad sufriente.
Aquí junto al corazón de la tierra  sometida por  manos humanas de jardineros   especialistas en jardines de diseño, siento detenerse la vida de todos los que han marchado a esa otra dimensión que no comprendo.  Vuelan las nubes y al mirarlas intento seguirlas y con ellas, seguir volando al infinito adonde quisiera encontrar a todos los que ya no veo. 
El alma de los árboles, las hojas esparcidas y las semillas muertas me traen el rostro de otros diciembres que ya pasaron. Que no regresarán con los que en esos días pasaban por este pueblo mío, tan amado por ellos y por mí.
Ando sin prisa por entre la anónima paz que me rodea dejando que en mis zapatos el barro humedo de la tierra se plegue a  las suelas. Y de nuevo recuerdo a los que se marcharon en Berlín en medio de las luces navideñas. Se quedaron con el impulso de la vida roto, sin otro mérito para perecer que vivir en medio de una ciudad de paz. Una ciudad acogedora para los que creen en la Navidad y para todos aquellos que tienen otras creencias diferentes. Berlineses de otras latitudes y lugares lejanos; berlineses porque pisan sus calles y los cubre su cielo. Sigo andando y en el silencio escucho esos pasos que se quedaron sin ser dados. Miro a la altura y el cielo tormasolado  hace figitiva a la niebla.
Es Navidad en Tomelloso y en todos los lugares donde la llegada del invierno la unimos con el nacimiento de Dios entre nsotros y, de nada vale que nieguen los ateos su existencia y con soberbia iracional, sostengan que Dios no existe, sin poder demostrarlo,  porque a pesar de su negación también celebran la navidad.  
Arrastramos dudas y convencimientos en temas filosoficos desde épocas tan lejanas que no han sido acuñadas en escritura y sí, trasmitidas oralmente. Sabiduría inmemorial o ignorancia, la una y la otra son aplicables en el transcurrir humano. Ante esta verdad para todos es Navidad, exceptuando a todo aquél que no respeta la convivencia pácifica. Diciembre ha vuelto a encender velas en Berlín y a dejar flores en el suelo que de nada sirven, cuando ninguno de esos gestos hará volver a los que se quedaron sin vida como flores muertas sobre el asfalto. Recuperar sus vidas es imposible, tan imposible como tocar la nubes con mis manos.   


                                                                                         Natividad Cepeda
Arte digital: N Cepeda

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Última tarde de diciembre en Tomelloso

Se han dormido los pequeños jilgueros
en las ramas con un beso de luna
entre sus plumas cuando apenas
quedan horas del año que se marcha.
Quedaron tantos sueños inconclusos
que en el corazón quedó nostalgia
y un halo de tristeza por las calles.
Esta última noche bendeciremos
las viandas que hay sobre la mesa
y volveremos a pedir a Dios
por los hambrientos de amor
y de trabajo no encontrado…


Y ojalá
que la porción de amor que nos anida
en el alma sin pudrirse,
amanezca con el nuevo año confiada
con el mismo temblor de las ramas
del árbol que acoge el sueño de los pájaros.
Ojalá que volemos con la luna
y soñemos a pesar de lo incierto.

                                                                 Natividad Cepeda



Tomelloso, 31 de diciembre de 2014


 Arte digital: N. Cepeda

sábado, 22 de diciembre de 2012

FUE EN DICIEMBRE



Ocurrió un  día; fue en diciembre,
de pronto, un niño
se hizo carne y habitó un lugar en la casa.
Cuando llegó, lo miramos,
y después de peinar canas
y de haber visto muchos niños
antes de que él naciera,
volvimos a mirarlo emocionados.
Volvimos a ver el milagro de la vida
y a sentir miedo por si después de verlo
le sucedía algo terrible y lo perdíamos.

En el cuaderno familiar,
donde se anotan los días tristes
en los que la muerte nos arrebata
una persona amada,
escribimos, que un niño
nos devolvía la esperanza.
Mirándole, comprendimos,
que un niño es mucho más valioso
que  lo que se puede comprar en los bazares.
Llegó y nos cambió el paisaje cotidiano.

Hubo que cambiar en la agenda fechas
y pedir disculpas a los amigos
por no poder asistir a comidas y cenas.
Tuvimos que hacer un hueco
 en las habitaciones
para cuando él llegara... 
Bajamos la cuna que dormía el sueño
del olvido en el trastero,
compramos colchón y biberones,
trona y juguetes, al mismo tiempo
que dejábamos de ver la televisión
para impedir que el niño despertara .
Las cosas importantes se redujeron
a mirar sus primeros balbuceos,
a indagar como le salía el primer diente,
y asistir asombrados
como al destetarlo su madre
se tomaba su primer biberón sin protestar…

En el transcurso de los meses asistimos
extasiados a escuchar sus primeras palabras,
su risa y su alegría al conocernos. 
Gracias a ese niño
el alma se vistió de gozo
                                   y fue un invierno diferente.






                                                                                                                                         Natividad Cepeda 

del libro “Camino de amor” finalista del Premio Mundial de Poesía Mística “Fernando Rielo” 2011


Arte digital: N. Cepeda

jueves, 20 de diciembre de 2012

Catálogo de Navidad


                                               
Con el resol del invierno abro el catálogo navideño con un índice desacostumbrado buscando la consolación que el destino deja sobre la herradura señalada en el polvo de los días.
En estos días hay que volver a cantar los villancicos de siempre; aquellos aprendidos al calor familiar cuando la familia hablaba con Dios sin complejos y sin tapujos.
Diciembre es el mes que busca pan dulce con sabor a mazapán y turrón sin reparar en el vestido de quien lo come.
Diciembre lleva impreso en sus días el dibujo de un niño nacido por amor, que es como todos los niños deberían nacer. Y por esa poderosa razón nos marca con su signo de lumbre las entrañas, y el reloj del invierno se postra de rodillas ante un portal simbólico que se contempla con respeto, y al que de labios adentro, pedimos protección para el huerto de la vida.
Por el paso del solsticio de invierno llega hasta nosotros la ternura disfrazada de ruegos envuelta en velos de alas angelicales para paliar el frío gélido de la desnudez  que origina la codicia.
Codicia de los que abren el catálogo de las firmas comerciales para seleccionar regalos de alto coste, olvidando, o ignorando a conciencia, la precaria situación de miles y millones de personas con rostro conocido, hoy también en esta España que ha vuelto a mendigar un plato de comida en los comedores de caridad de instituciones religiosas, la mayoría de ellas católicas, y también en esas otras que recogen alimentos en bancos sin divisas ni acciones, precursores de empresas solidarias.

Catálogo navideño empinado en la crestería del siglo que se nos prometía del ocio y el trabajo reducido, con sueldos fabulosos, que a la vuelta de unos meses se nos ha mostrado desolado, sin orilla que cruzar para alcanzar el paraíso del consumo.
Fragilidad con fondo de barrizal que nos nubla la vista en medio de calles ataviadas de frágiles mentiras selladas con fría luz de figuras de bombillas.
Este diciembre nos ha traído un beso de lodo miserable en el mar oscuro de la putrefacta política, que juega con los derechos de las personas, sin escrúpulo, dejando el alma desasosegada y con escaso atisbo de esperanza.


Se nos ha vuelto diciembre de espaldas ante tanto infortunio, entre murmullos de intrigas y evasiones de cantidades de euros, imposibles de contar, alojados en paraísos fiscales y asociaciones fraudulentas, a donde el ciudadano normal y con escasos recursos, no tiene, ni ha tenido acceso, por lo que todo se cierra a su paso.
Hojeando ese catálogo sórdido plagado de impurezas, resbala por las comisuras del alma la desazón de que si no miramos al niño que nos nace en diciembre, no será posible atisbar una pequeña luz de la estrella mensajera de amor.

Al amor de la lumbre del mensaje navideño todavía es posible acertar a ver la luz de las estrellas verdaderas, lejanas y bellísimas, misteriosas e inaccesibles pero necesarias al igual que la fe en Dios y en las personas.
Poca cosa es la fe cuando no aparece en los catálogos navideños de papel cuché ni en los anuncios televisivos. Pero Dios suena en diciembre con llanto y con sonrisas. Llanto por los niños asesinados en las escuelas,  en los campos de guerra, en la desahuciada batalla del  hambre diaria de los países paupérrimos. Niños dentro de la arquitectura del amor plagado de regalos y atenciones: Amados niños que sostienen la esperanza en su mirada franca y limpia confiando en el mundo que los rodea sin saber que les traerá el mañana. Rito de nacimiento remansando en la alborada del 24 de diciembre para festejar la venida del Amor, desde el regazo de una madre que sigue diciendo Sí a la vida del No nacido. Lo demás es pura banalidad, parva de  corderos en un belén de plástico o de barro que se contempla desde la ojiva del portal de Belén; cuando en esa ciudad la paz tampoco es lo que debiera ser.

El aire de diciembre nos trae el balbuciente llanto de un recién nacido  cuajado de amor fraternal y por ese discurrir dentro de un privilegio no entendido aún hoy, las gentes de buena voluntad siguen encendiendo hogueras en el corazón para calentar su orfandad.  Tiembla diciembre en sus cimientos por el gesto repetido de que Dios se acuerda de nosotros a pesar de la avaricia desmedida del rico que genera miseria, porque entre las manos del Niño Dios, hay antorchas de luz para los desamparados de la tierra. 


Por los entresijos del invierno, sin catálogo editado, se percibe el canto de los ángeles diciendo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad… En voz baja diciembre escucha el coro de los ángeles  por las calles rumorosas de gente,  a veces hay quien dice que ha pasado un ángel, y casi nadie lo cree. Si los ángeles se retrataran en papel cuché seguramente tendrían muchos seguidores y la Navidad dejaría de de existir.
Cuando el amanecer se santigua en las mañanas de invierno, canta tembloroso el orbe en ese instante, naciendo en el ajimez del misterio,  Dios en la Nochebuena.


                                                                                                                    




                                                                                                                                                       
                                                                                                                                                                 Natividad Cepeda

                                                                                                                                            

 Arte digital: N. Cepeda