Mostrando entradas con la etiqueta niño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta niño. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de marzo de 2026

Nací libre del vientre de mi madre

 

 

Nací libre porque así me creó la divinidad.

Y broté desnuda, en un amanecer diáfano, del cuerpo desnudo de mi madre.

Al verme, el hombre que fue mi padre sintió latirle tan fuerte el corazón que fue entonces cuando supo cómo latía dentro de él. Fue en aquella madrugada cuando mi llanto se unió al despertar de los pájaros en la bahía del día; cuando mi padre, al sostenerme en sus brazos, vadeó los brazos de su madre, aquella madre que se marchó cuando él era tan solo un niño enfermo de dos años.

Mi padre siempre llevó anclada la herida de haberla perdido.

Pasaron los años y, cuando a mí me vinieron los dolores del parto, de mi primer alumbramiento, mi padre estuvo a mi lado. Jamás lo vi llorar ni quejarse por la madre que le faltó, pero siempre tuvo miedo en los partos de sus hijas, diciéndonos que nos cuidásemos para poder cuidar de nuestros hijos.

Universos paralelos son las vidas de nuestros ancestros, como remolinos de fontanares que surgen de la tierra. Así venimos a la vida: del cuerpo materno de la madre y de la semilla de amor del padre.

Pero no siempre, en la geografía de la tierra y en los lugares habitados, la llegada de una hija es bien acogida. Hay leyes que son barricadas de injusticia, donde los cuerpos de las mujeres no son respetados ni amados.

Nos han descrito a veces como frágil mariposa, como rosa impoluta de belleza, pero se nos ha ocultado entre ramas de selvas impenetrables, dejándonos en una oscuridad perpetua.

Ocurre que esas cosas terribles se conocen, que son viejas, que vienen sucediendo desde hace tanto tiempo que se pierden en la memoria colectiva de las naciones. Pero se callan, se ocultan, se utilizan por actores diversos que se dejan comprar por el sucio dinero.

Ha sucedido que nos han borrado de la historia, como sombras fugaces, como niebla dispersa por los buitres humanos que escribieron las crónicas. No es nada nuevo.

Un año más para recordar la ignominia creada contra millones de mujeres por leyes escritas por hombres.

Y no cuento los cuerpos asesinados en las calles de las ciudades por las protestas de miles de mujeres, ocultadas bajo normas de trapos y telas.

Y no cuento a las mujeres violadas que se convierten en madres y buscan desesperadamente cómo proteger a sus hijos.

Y no cuento a las mujeres asesinadas anualmente en países occidentales, porque tampoco las leyes las defienden.

Desde hace décadas se celebra el 8 de marzo en recuerdo de unas mujeres que murieron en una fábrica defendiendo sus derechos salariales, pero se nos olvida a esos millones y millones de mujeres que han dado su cuerpo a la maternidad y después se les ha robado el derecho de ser personas iguales a los hombres.

Y sí, debería nombrar a las mujeres que, en nombre de ideas políticas, callan ante esas atrocidades.

Y me callo también ante las mujeres que silencian a otras porque son diferentes, libres de ataduras y libres también en sus ideales personales.

Y me pregunto, una vez más, cansada y hastiada:

¿por qué se sale a gritar el 8 de marzo y se hace farándula y fiesta mientras millones de niñas y mujeres siguen perseguidas y olvidadas?

No me pidáis que cuente cómo sería un mundo sin mujeres.

Lo sabéis: sería la exterminación de la especie.

Entonces, ¿hasta cuándo miles de mujeres serán andenes destruidos, atacados, en este mundo globalizado que se desangra en guerras e injusticias?

Nací libre porque así lo quiso Dios, y no esas leyes escritas por hombres donde todavía parpadean injusticias que cuelgan en los juzgados como sudarios manchados de errores y muertes hasta hoy.

Hoy, ahora, no escribiré los nombres de los países que esclavizan a la mujer, que la tratan como inferior en nombre de Dios y de sus leyes. No los nombro porque los conocemos e incluso, calladamente, los tememos. No los nombraré, pero en esa orquesta mundial conocemos la brutalidad que se ejerce sobre niñas y mujeres.

Todos, hombres y mujeres, somos viajeros en este tren llamado Tierra, dentro de los canales de la vida.

 

Natividad Cepeda

jueves, 1 de enero de 2026

La siembra y el nuevo amanecer del año nuevo

 

Ha caído la noche,
sobre esta última frontera del año,
y la vida parece un río detenido,
aunque yo esperaba que fuera un torrente nuevo.

Esta mañana,
la niebla era un manto gris y húmedo,
como un pensamiento que no se despeja,
cubriendo las calles del pueblo,
cubriendo la siembra que verdea en los surcos
como venas abiertas en la piel de la tierra.

El teléfono dejó mensajes,
voces que son pájaros golpeando los cristales,
ecos de afectos que no llenan el vacío,
porque yo sentía la raíz antigua,
la voz de mi padre,
cuando el último día del año
íbamos todos a misa,
como quien vuelve al manantial
para beber memoria.

Por aquella madre que murió
un treinta y uno de diciembre,
cuando él era apenas un niño,
y la ausencia se hizo árbol
que aún da sombra en nuestras vidas.

Esta noche he ido al templo,
he rezado por ella,
por mi padre, por mi madre,
y he sentido que conmigo estaban
todos los que me faltan,
como estrellas encendidas
en el cielo secreto del alma.

Regresé a casa,
el frío filtrándose en mis huesos
como un huésped sin nombre,
y preparé la cena,
una cena sencilla,
porque ese es el espíritu:
despedir la noche vieja,
dar la bienvenida al año nuevo
rodeada de familia,
rezando por los ausentes
que laten en cada silencio.

Bienvenido sea el año nuevo,
bienvenido sea,
pidiendo que el camino
no sea demasiado incierto,
que la esperanza no se quiebre
como cristal en la tormenta.

Ahora todo está en silencio,
y yo pienso
en la gran incógnita
que es este año
que comienza,
como un libro cerrado
que guarda sus páginas en sombra.

Pero allá afuera,
bajo la niebla,
la siembra sigue verdeando en los surcos,
como versos escritos por la tierra,
como promesas que germinan
en la piel del mundo.

Que así sea este año:
un brote nuevo,
una raíz que se aferra al corazón del suelo,
un horizonte abierto
donde el sol disipe la niebla
y la esperanza florezca
como trigo dorado
cantando en primavera.

 

Natividad cepeda

Tomelloso 1 de enero de 2025

viernes, 5 de noviembre de 2021

llanto por el niño de 9 años asesinado en Lardero provincia de La Rioja: España


 

Noviembre navega con remos

de recuerdos y preludios de hojas

caídas de los árboles y el resplandor

del orbe en las estrellas con su danza

de días y el arcano de la muerte

de un niño en un instante.

Mi voz desemboca en un llanto de hondo

acantilado, tan profundo como las simas

de la tierra por niños inermes masacrados

como lirios tronchados.

Señor, menesterosa soy,

más te invoco con mi grito ancestral

de madre herida, desolada de horror

por tanta muerte.

Señor, te pido

con mi cirio encendido, por los muertos

y vivos para que el amor no ande

a oscuras y el ascua de tu luz nos ilumine.

 

Me pregunto ¿cuántos niños mueren cada día asesinados, forzados, hambrientos, abandonados…? Me lo pregunto y no obtengo respuesta. Ahora al pasar por jardines y plazoletas donde los niños juegan, al míralos siento que han perdido la libertad; la libertad de ser libres, sin miedos, para jugar en paz.

 

Natividad Cepeda © 2021 Todos los derechos reservados. También de todas las fotografías que aparecen en el muro soy autora.

 

 

 

sábado, 22 de diciembre de 2012

FUE EN DICIEMBRE



Ocurrió un  día; fue en diciembre,
de pronto, un niño
se hizo carne y habitó un lugar en la casa.
Cuando llegó, lo miramos,
y después de peinar canas
y de haber visto muchos niños
antes de que él naciera,
volvimos a mirarlo emocionados.
Volvimos a ver el milagro de la vida
y a sentir miedo por si después de verlo
le sucedía algo terrible y lo perdíamos.

En el cuaderno familiar,
donde se anotan los días tristes
en los que la muerte nos arrebata
una persona amada,
escribimos, que un niño
nos devolvía la esperanza.
Mirándole, comprendimos,
que un niño es mucho más valioso
que  lo que se puede comprar en los bazares.
Llegó y nos cambió el paisaje cotidiano.

Hubo que cambiar en la agenda fechas
y pedir disculpas a los amigos
por no poder asistir a comidas y cenas.
Tuvimos que hacer un hueco
 en las habitaciones
para cuando él llegara... 
Bajamos la cuna que dormía el sueño
del olvido en el trastero,
compramos colchón y biberones,
trona y juguetes, al mismo tiempo
que dejábamos de ver la televisión
para impedir que el niño despertara .
Las cosas importantes se redujeron
a mirar sus primeros balbuceos,
a indagar como le salía el primer diente,
y asistir asombrados
como al destetarlo su madre
se tomaba su primer biberón sin protestar…

En el transcurso de los meses asistimos
extasiados a escuchar sus primeras palabras,
su risa y su alegría al conocernos. 
Gracias a ese niño
el alma se vistió de gozo
                                   y fue un invierno diferente.






                                                                                                                                         Natividad Cepeda 

del libro “Camino de amor” finalista del Premio Mundial de Poesía Mística “Fernando Rielo” 2011


Arte digital: N. Cepeda