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martes, 27 de octubre de 2020

Los libros y su apertura a los espacios de mi vida

  
 La voz amada de los poetas la descubrí en el colegio, la profesora nos hacía leer poemas de un libro gordo, grande y algo destartalado por donde aparecía José María Gabriel y Galán, Rosalía de Castro, Antonio Machado, León Felipe, Federico García Lorca, Teresa de Jesús, Ramón de Campoamor y sus doloras

   «Que en este mundo traidor              

nada es verdad ni mentira.          

Todo es según el color                 

del cristal con que se mira».… y apenas mujeres. Desde entonces yo me preguntaba por qué no estaban las mujeres.

Recuerdo aquellos años de un mundo masculino y solitarias horas de una niña embebida en libros y más libros. Recuerdo que de pronto descubrí  no solo a Federico García Lorca y a Miguel Hernández  y, a Pablo Neruda. Me quedé con Neruda como se queda la golondrina en la primavera manchega volando en el espacio azul de la llanura. Después conocí a Carmen Conde. La conocí cuando peinaba canas y me dio su tarjeta y me dijo que había perdido a su hija cuando era una niña; y al decirlo la tristeza le cubrió la mirada. Compre libros de ella y de  Gloria Fuertes. Y una tarde de mayo en la casa de cultura y biblioteca de mi pueblo llegó Sagrario Torres, altanera y bella con su orgullo de casta y sus bellos poemas… Nombres que están en nuestras bibliotecas. Mujeres que las pueblan y hoy son mucho más lectoras que los hombres. Mujeres que mantienen el equilibrio del ayer y del hoy pasando a las bibliotecas en grupos de lectura. Mujeres a las que se les negaron disfrutar de los libros ayer.       

Hay lugares que siempre perduran en la memoria, siguen anclados en el corazón igual que el color escarlata del ocaso. Son esos lugares que llevamos en la memoria de la infancia, todos los que nos dejaron su huella y nos hicieron crecer desde adentro hacia afuera. Son por donde nos vemos si hemos avanzado en dignidad y cultura, en respeto por lo que nos los dieron y por lo que gracias a ellos hoy somos lo que somos. Quién sabe lo que seriamos de no haber tenido un libro entre las manos, todos los que no podían comprarlo y que los abrieron gracias a esa biblioteca donde siempre estaba el director o directora para recomendar y ayudar  elegir la obra que fuera comprensible y amena. ¿Quién lo sabe?  


Durante mucho tiempo el edificio de la biblioteca fue para mí un lugar mágico lleno de silencio. En ese silencio yo escuchaba rugir al mar en las tormentas marinas con sus vórtices y remolinos creando trombas de agua gigantescas y olas que engullían los navíos. Viajé en buques por alta mar  y hasta llegué a encallar en playas lejanas que nadie conocía con Julio Verne. Sentada con mis piernas balanceándose en la larga mesa alta, iluminada por las lámparas de metal, trabé amistad con Pinocho y su autor  un italiano que se llamaba Carlo Collodi.  Sin embargo la biblioteca en mi  entorno era casi desconocida porque  no le interesaba a casi nadie. Sumergida en páginas y páginas de libros descubrí  guerras de tribus y naciones. Viajé a sabanas y tundras. Y fui conociendo a picaros y aventureros junto a santos y heroínas. Cerca de los libros estaban las noticias de los periódicos con sus editoriales y artículos firmados por escritores y periodistas y fui comprobando que entre todo el complejo de la biblioteca era escaso el nombre de mujeres en los diferentes ámbitos y temas.  Lo mismo ocurría con los asociados apenas si había mujeres pasando a ese recinto donde nadie impedía pasar. Y de pronto en el viejo corazón de la biblioteca llena de sentimientos y añoranzas arribaron otros libros y el espacio pareció empequeñecerse porque yo había crecido y conmigo surgieron otros lectores y el inmueble se tornó caduco. El primer edil adecuo otro edificio y los libros se empezaron a empaquetar por secciones y autores. El proyecto se hizo realidad y cuando el último libro se bajó del anaquel donde había vivido muchas décadas, al depositarlo en su caja salió y se cerró la puerta… Allí en el silencio de la estancia escuché sollozar al piso de madera y desde las baldas vacías fueron cayendo pedacitos minúsculos de polvo y de madera semejantes a lágrimas.  Desde las ventanas  el silencio despojado de los libros  pensó que allí no tenía sitio. Alzado en sí mismo intentó divisar los amados  libros y con ellos a los directores de la biblioteca. En su desconsuelo evocó sus voces tenues y los sueños de los que entre sus paredes habían escrito bellos poemas y hermosas narraciones. Arriba brillaba el sol y sin palabras, con grandiosidad  se despidió de las paredes y se fue a buscar los amados libros al nuevo edificio.


Un día pasé a la nueva biblioteca y de pronto el silencio me saludó. Me envolvió en su pátina y los dos nos sentimos realmente dichosos. Ajena a nosotros la primavera se paseaba por la nueva biblioteca a la que años después  se le puso el nombre del primer director; Biblioteca Pública de Francisco García Pavón y  de nuevo después de las pasadas décadas la directora es una segunda mujer Rocío Torres Márquez. En el recuerdo queda Ana Victoria Velasco y Doroteo Cabañas los que también dirigieron la biblioteca. El sol entra por los ventanales acariciando con su luz los viejos y nuevos libro. Es el mismo sol que he visto iluminar otras bibliotecas de mi tierra. Y también en sus estancias me ha saludado el silencio en Toledo recitando y recordando al Greco. En Ciudad Real  leyendo pasajes del libro escrito por Miguel de Cervantes de su Hidalgo  Don Quijote de la Mancha, tan suyo y tan nuestro. Siempre entregada a esa fuerza en plenitud donde los libros esperan he leído en bibliotecas de Albacete, de Munera, Cuenca, Valdepeñas, Ocaña, Miguelturra, Calzada de Calatrava, Piedrabuena, Puertollano, Manzanares, Campo de Criptana, Argamasilla de Alba, Pedromuñoz, El Toboso, Torre de Juan Abad, Miguel Esteban, La Solana, Albacete, Toledo, Madrid…sola y con  compañeros escritores y escritoras, creaciones nacidas en soledad gracias al germen de otros libros. Los libros continúan siendo mis inseparables amigos.

 Las bibliotecas y todos los días dedicados a esos templos del conocimiento pienso que aún son escasos. La  lectura y el paisaje de ciudades y pueblos inmerso en la retina y el silencio sumergido de cualquier biblioteca es un logro importantísimo para la cultura. Lo fue para mí, en la de mi pueblo, Tomelloso,  y desde ella todos las otras, donde ahora las mujeres si van y entran. Rompimos ataduras decrepitas y detrás de nosotras todas las generaciones que hoy pasan a todas ellas. Los libros son nuestros tesoros, en ellos coincidimos y nos reencontramos con nuestras raíces auténticas. Reivindicar las bibliotecas no debe quedarse en un día conmemorativo porque son mucho más que esa efeméride que pasa inadvertida.

 

                                                                                               Natividad Cepeda 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                                                        

 

 

 

 


 

viernes, 6 de febrero de 2015

Leonor de Inglaterra Reina de Castilla de Miguel Romero

                     
Miguel Romero Saiz, es el autor del libro” Leonor de Inglaterra Reina de Castilla” libro interesante desde principio a fin por introducir al lector  en esa Castilla nuestra tan amada, y a la vez tan desconocida en sus gestas y logros. Nadie como el autor para introducirnos a leer su obra. Así fue como la noche el 22 de noviembre de 2014, en la que acompañé  y presenté a Miguel Romero, junto a Alberto Retana, Director de  La Voz del Tajo, escuché en una sala repleta de público del Parador Nacional de Cuenca, introducirnos a los que allí estábamos, a descubrir el valor del rey Alfonso VIII por reconquistar ciudades y tierras a los musulmanes, repoblarlas y dotarlas bajo la sombra de la cruz cristiana y del legado cultural de Occidente, junto al amor de su esposa, Leonor de Plantagenet; reina y madre, e introductora en Castilla de la lírica y los trovadores.
Mujer tan desconocida para la mayoría de nosotros, a la que tanto debemos todos los que amamos la poesía y la cultura. Impulsora e introductora de normas civilizadoras y cultivadas ayudando a la Orden del Cister y a la construcción de monasterios y catedrales, entre las que se encuentra la catedral de Cuenca.
  

Miguel Romero impregnó con sus palabras el regreso al pasado, que en definitiva es el contenido minucioso y exhaustivo en datos históricos de este libro, que cautiva al lector ávido de conocer la historia autentica desde donde venimos los castellanos.
Un libro que merece ser leído y tener en la biblioteca privada de cada uno, para acceder a leerlo pausadamente  con placer y emoción, de no ser así no estaría escrito por  este conquense de  Boniches y Cañete, Carboneras de Guadazaón, Motilla del Palancar, Cuenca… y  viajero por el ancho mapa del mundo llevando por equipaje su alma de ilustrado artista, ataviado de su amplia sonrisa y su mirada escrutadora. Porque  le urge mirar todo para ver  la vida que hay a su alrededor, y muchas otras vidas que incansablemente investiga y nos muestra en sus obras literarias, como todos los personajes de este libro que viven de nuevo para el lector.
Para  Miguel Romero los límites no existen. Algunos de sus comentaristas le han catalogado como un hombre del Renacimiento por abarcar actividades diversas; para mí es un escritor  que estudia con detenimiento los procesos históricos y las paradojas cotidianas, que él, trasforma en relatos,  novelas, ensayos, artículos y conferencias congregando en todo ello su saber y conocimientos.

Miguel Romero Saiz, es uno de nuestros escritores Castellanos-Manchegos sin otro artificio que el qué, da la tierra, con esa propiedad de quien conoce su naturaleza primera, que es el sello de donde se nace, y después de donde la persona; el Hombre, se hace y propaga en cuantos círculos sociales alcanza a conocer.
Cuenca, esa ciudad de cumbres y sierras encantadas, donde no soñar es imposible, este español, peregrino de vivencias por la tierra, ha escrito este  libro; uno más de su amplia bibliografía, que versa sobre la Historia de una mujer, “Leonor de Inglaterra reina de Castilla” esgrime  sus conocimientos de Historiador, narrador, ensayista y profesor en esta extraordinaria obra histórica. Su labor docente le ha hecho acreedor a los más altos reconocimientos, tanto por parte del Ministerio de Educación y Ciencia, como por las Instituciones académicas; así como por su labor investigadora, siendo Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia desde el año 2012. El año 2014 le ha deparado grandes emociones al recibir  títulos y distinciones que le llenan el corazón de encontrados sentimientos de gratitud difíciles de expresar, por el alto contenido de todas las distinciones, unas de lugares amados desde su infancia. Y otras, por lo que supone ser reconocido en países lejanos, y a la vez unidos por la cultura y las letras profesionalmente, en marcos todos ellos, que nos llenan de orgullo por ser recibidos por un insigne castellano-manchego  por su trayectoria profesional y humana en  Asociaciones de Castilla La Mancha de, Valencia, Madrid, Toledo, Barcelona, Chile,  conocen algunas de sus más de 34 obras publicadas.
Y su nombre  jalona bibliotecas y teatros de pueblos y ciudades.  Miguel Romero conoce la emoción frenética del investigador que emana de todo él, signándole con la catarsis de la fuerza creadora. Dicen, algunos, esos que no conocen la tierra castellana manchega, que esta tierra es pobre: ¿pobre?  Pues entonces, ¿de dónde nace tanta riqueza intelectual en sus hijos, en sus gentes? Si  para muestra hay que mostrar a alguien, háblenle de  Miguel Romero y su extenso badajee literario. Háblenle del hombre que viaja sin perder la sonrisa, y regalen libros de los que se encuentran en librerías y bibliotecas, porque no hay mejor embajador que la cultura para unirnos, y desde luego que Miguel Romero Saiz, es un noble embajador de todos nosotros allá   donde él, y sus obras se encuentren. Un libro siempre acerca a los lectores a indagar sobre su mentor ya que él, es el que nos guía por sus páginas.

 ” Leonor de Inglaterra Reina de Castilla” está dedicado “A Cuenca, mi ciudad encantada… /…y a las mujeres conquenses. / A mi esposa, Joaquina.
Antes del prólogo hay tres citas una de Chronica Hispana Saeculi XIII: otra de Rodrigo Jiménez de Rada, y la última de, Crónica de los Veinte Reyes. 

Almudena de Arteaga es la prologuista en el que explícitamente valora la figura femenina de la reina al afirmar: Fue una reina discreta en sus maneras que  apenas dejó rastro escrito, induciendo a la precaución a los historiadores rigurosos a la hora de evocarla de una manera más tangible, algo que Miguel ahora afronta. Quizá el haber sido hija de la gran Leonor o Ellinor de Aquitania y enrique II de Inglaterra y hermana nada menos que de los mundialmente conocidos Ricardo Corazón de León  o Juan sin Tierra la perjudicase. ¿Cómo semejante reina pudo pasar tan desapercibida? Esta obra es, en definitiva, la crónica más moderna. En ella Miguel Romero ha desmenuzado con ágil y docta pluma su vida después de mucho tiempo de investigación.

Leer este libro es evocar el medievo gracias a su autor y a nuestra imaginación.

El libro es de Colección: Historia Incógnita. Ediciones Nowtilus S.L. Madrid.


                                                                                                 Natividad Cepeda
                                                                                                                 

 Are digital: N.Cepeda
Publicado en Diario digital manchainformacion.com 5 febrero 2015