miércoles, 27 de agosto de 2014

                                                      Las ferias esperadas

En los pueblos el verano nos traía las ferias. Las ferias eran esperadas con ilusión por su significado de fiesta.  Por entonces, desde las tapias de los pueblos; de todos los pueblos, el ruido del ferial era el mejor pregonero de esa fiesta veraniega. Los niños las esperaban soñando  con ese mundo mágico de las luces de colores  mezclado con el sonido estridente de las atracciones de feria: todos soñaban con subir en ellos y viajar a un mundo de fantasía. Alrededor de tómbolas y casetas la gente imaginaba ganar premios fabulosos y el suelo se llenaba de una alfombra de papelillos alrededor de ellos.
Tan sólo hace unas décadas los niños de los pueblos todavía conservaban esos sueños. Casi toda esa magia se perdió igual que se perdieron los corrales, los patios y la seguridad de jugar en la calle protegidos por la vecindad. Las ferias siguen llegando puntuales a su cita y en Tomelloso el ferial es enorme, se expande y dilata versátil y grande como si al venir los feriantes a Tomelloso  todos tuvieran aseguradas las ganancias.  Y los niños, los más pequeños, siguen llegando al ferial y todos lo miran y contemplan con mirada de sorpresa y sobresalto. Pero  incluso a los más chiquitines se les pone el veto de  la restricción de dar vueltas y vueltas por lo costoso de los viajes. Casi siempre ha sido así, aunque ahora se impone la levedad de viajar en los tiovivos porque la crisis  no concede tregua para que acabe pronto y las ayudas sociales no son todas las que son enunciadas por los ediles de los municipios.
Agosto nos envuelve en su capa de sol caluroso y no todo bajo el sol es satisfactorio. Por las tapias y  naves industriales  abandonadas de Tomelloso, julio y agosto  nos ha dejado una muchedumbre de hombres negros que no sabemos porque han llegado tantos y de pronto, como si  las pateras y las vallas de Melilla estuvieran a la vuelta de los caminos y el mar nos lavara los pies de los cultivos.   Cultivos abandonados: sandias que no se recogen porque nadie las paga y quiere; vino que sobra y uvas que maduran y esperan ser recogidas bajo la incógnita de los caldos sobrantes de la campaña anterior… y empresas que se cierran y tiendas que desaparecen de un día  para otro de los hombres blancos habitantes de Tomelloso.

En la feria  tomellosera hay calles llenas de puestos que muestran su mercancía variopinta y tenderos africanos, orientales y sudamericanos esperando  pacientemente a los compradores. La gente pasea, se acerca a  los puestos toca un bolso, un pañuelo, una figura tallada de madera, un collar, unas deportivas de marca falsa y siguen después su paseo sin apenas comprar algo porque los euros no sobran y todo el año hay gente por las calles ofreciendo cosas… Paseamos por el ferial,  por entre los puestos de artículos, bares, chocolaterías y restaurantes  con  olor a pollo asado y patatas asadas  gigantes que también han perdido su novedad. Los niños señalan con sus dedos lo que les admira y quieren, se paran delante de los puestos de los juguetes y piden que se les compre algo… Es la feria y en su círculo de luces y ruido la gente; toda la gente, todavía espera conseguir un sueño.
En otro apartado está la feria oficial  con su programa diseñado en busca de conseguir la bendición popular que después se transformará en votos. Votos que dan poder, riqueza y seguridad a los políticos.  

Y en esa otra feria también hay sueños y logros diversos: los sueños de las jóvenes designadas para lucir belleza coronadas para ser mostradas cual símbolo local, los premiados con los trofeos de concursos programados, los elevados al pódium de la honorabilidad por ser nombrados con distinciones y reconocimientos, y los que acuden a orar al templo porque la feria tomellosera es en honor de la Santísima Virgen de las Viñas, Patrona de este pueblo.  
Nos quedan las corridas de toros, las atracciones populares de la Plaza de España por las noches, gratuitas y concurridas, el abrazo con los tomelloseros ausentes, y el paseo por todos los lugares de la feria. Agosto  tiene el broche de la traca final mientras los agricultores recogen las gomas del riego por goteo, siguen sufriendo los robos en el campo y preparan la vendimia con el escozor de la inestabilidad en los mercados. Cuando la traca finaliza regresan los tomelloseros que se marcharon la noche de la pólvora a vivir los días de la feria en otros puntos geográficos. Al amanecer del día siguiente  todavía por Tomelloso hay grupos de jóvenes que fatigados y felices van regresando a sus casas después de vivir la “Cena de gala” con sus mejores galas, con alguna pérdida del esplendor de las primeras horas de la tarde-noche.
En ese amanecer de la despedida de la feria  por la calle se mezclan los agricultores que van al campo y los jóvenes que regresan de ella, con los que vagabundean arrastrando la pesadilla universal de buscar un lugar en la tierra, mejor que en  donde nacieron.  Sí, todos vivimos la feria dentro de las tapias de Tomelloso, unos mejor que otros, como casi siempre ha sido y es en la feria del mundo.

                                                                                                              Natividad Cepeda

Publicado en  “El periódico del Común de la Mancha” Feria 2014

Arte digital:  N Cepeda

sábado, 26 de abril de 2014

Abril es romería de la Virgen de la Viñas en Tomelloso

 En Tomelloso, abril se llama romería. Abrazo fraternal, orientación que vuela desde los mástiles del cielo, golondrinas que de repente se acurrucan en sus nidos. Y el buceo del alma cuando reza con el escepticismo de la bruma diaria. O ese parpadeo que casi desmorona cuando tiendes las manos y estrechas al ausente y vienen en ese abrazo todas las luces cayéndonos en la superficie invisible de lo que no se olvida, como la mariposa que encendían los mayores para alumbrar senderos de los que se marcharon para que con su luz, no se olvidaran nunca de este pueblo tendido en la llanura horizontal y bravo. 

Lampadario de hoy, los jóvenes vestidos con chándal y deportivas introducen monedas y se encienden una tras otra lucecitas, esperanza sin límites que crepita y no hiere, o es quizá esa fe que late  a pesar de toda la incidencia de ser todos tan materialistas. Fe ignorada muchas veces, pero que cae perpendicular sobre uno mismo, sobre la ruta que converge en esa romería que aguardamos año tras año, y existe una estrella interior que señala la ruta para los que ese perdieron y regresan. Para todos aquellos que dejaron su mirada en el paisaje, en el sol que les cruza la génesis del misterio inviolable y certero de que pertenecemos a esta tierra sin más.
 
       Abril nos coge en su espiral, tiene umbrales de ansia cual  suspiro abandonado sobre el rojo crepúsculo de cadera rosada que el vidrio intocado de la tarde nos desliza en los ojos. Nos detiene, nos conjuga su tacto y nos irrumpe como un dulce viento sobre el corazón. La sombra de los pinos canta, duda, se mecen sus agujas y a mí se me abre en  el alma un rictus y no quiero rebuscar en el rumor del aire nada. Todo se va quedando exacto en su ascensión, la añoranza se funde con los muros del santuario de Pinilla, vienen voces, aguardan sobre la cruz tallada en la techumbre, hasta las manos sube el calor en ese justo hueco que yo retengo en ellas.
Como una flor silvestre en mis labios cerrados se alza la oración tantos nombres, tantos rostros amados. ¡Ay. Virgen de las Viñas! aquí estamos tú y yo. Un silencio de luna va rodeando los campos. Tú sabes Virgencita que en esta romería me falta mucha gente. Los niños risa fresca me miran con ojos de azabache, en sus miradas se funde el pasado y el presente. ¿Acaso estos niños somos todos nosotros que de verdad no hemos crecido? Un niño que nos mira y sonríe es el perdón de Dios a pesar de tanto desatino. Un niño frente al cielo cuando muere la tarde es la vida que aún se multiplica, ellos son el mañana de otras romerías. El tiempo, nuestro tiempo no existiría sin ellos. Cuantos niños crecieron fuera de Tomelloso y regresan hoy hombres. Cuantos niños que nacen lejos del santuario vendrán después a él. Niños de padres ausentes de su pueblo. De padres que retornan sin hacer el balance de por qué ese regreso cuando termina abril.

Tradición de la que no se habla, que a veces ocultamos entre los pliegues de esta civilización racionalista que no quiere pensar y se queda atrapada en lo mediocre de la contradicción. Pero la libertad es amor y es regreso a esa ilimitación que aceptamos sin renegar de lo que somos, movimiento que encarna nuestro ser en la historia más íntima y más nuestra. Manifiesto incansable de buscar los orígenes de la vida y la muerte, de lo imaginario y de la realidad de esta antropología moderna. Pero todavía es el tiempo de anticipar esa vuelta a uno mismo y señalar la ruta por la que regresamos, o  a la que desde épocas remotas pertenecemos. Sabemos que podemos dejar nuestra herencia de pueblo, esparcido por ciudades distintas, pero sin olvidar nuestra procedencia.
De donde se encarnó la palabra con su arcaísmo tránsfuga  de un lenguaje urbano.

        Un niño necesita  conocer la palabra y su origen, y necesita tener antepasados conocer los lugares de los que allí le aguardan o reposan. Conocer esa estirpe a la que pertenece frente a la pluralidad que descompone los valores de lo individual.
Que ningún niño ausente se nos pierda en ese laberinto sin tradición ni historia.
Los niños necesitan conocer el pasado, la sangre que creció a la intemperie, rota, fuerte, esparcida y, si queréis, ausente, pero aun así nuestra, suya, himno de milagro que siempre será auténtico. Un hombre sin un pueblo no es nada se convierte en un ente  que camina sin saber dónde va.

       Abril en romería es la llamada que nos une y agrupa, es sucesión amorosa de volver y encontrarnos, es inexorable fuerza de la determinación del quehacer inmediato con su imagen más pura y genuina.

        Tomelloso es un pueblo que sigue dando hijos para tenerlos lejos, para que recordemos al margen de la edad tanto ausente querido, pero la libertad es eso desprendernos de aquello que amamos y esperar  calladamente sin tener nuestras casas ni una puerta cerrada, ni un cerrojo clavado. Todos caben por las puertas del alma, todos pueden pasar. Que no me diga nadie que los tomelloseros no sabemos amar a los que no lo son. Que nadie certifique que aquellos que estuvieron viviendo en Tomelloso no lo recuerdan y volverán a él, porque sobre el dorso oscuro de esta tierra manchega sabemos ofrecer pan, vino y posada. Esa manera nuestra de acoger, nos la legaron  nuestros antepasados que sin conocerlos nos hicieron tal cual.
Cuantas fotos en silencio  nos hablan a todos de romerías. Una fotografía nos recuerda la plática que detesta discursos. EL lenguaje del grupo se nos viene a la mente, escenas familiares, rostros con nombres propios, y al mirarlas vas diciendo al niño, o al hijo que ha crecido la historia individual de los que desde la cartulina son romeros de una romería que ya no volverá.

       Pero todo renace, el encuentro prosigue, la palabra comienza a fluir, el romero hace planes. ¿Qué hacemos este año? ¿Quién vendrá? ¿Con quienes  comeremos?  Compra pronto la carne. La carne sobre todo de cordero manchego. Y al escuchar la frase vuelven los recuerdos de quien nos la enseñó a guisarla, a darle el punto justo… Se prepara la fiesta y se invita a los amigos  de otros muchos pueblos, y siempre hay quién pregunta que si para la romería vendrá la familia que está ausente. Sabemos que ese domingo único por la calle encontraremos a tantos conocidos, en Pinilla apenas si cabemos.


      Con la certeza sonámbula de que te falta alguien, acoges, vives la romería. ¡Oh Virgen de las Viñas que hermosísima eres!  Los remolques engalanados de ramas verdes desfilarán tan llenos de muchachos, y un cura, a paso ligero, vendrá acompañando a la Virgen en medio de la gente, igual que aquellos otros que este año también están ausentes, y otros años venían con la gente, que andando carretera adelante portan las andas voceando vivas y piropos a la Patrona, hasta desembocar en la calle Socuéllamos  y seguir a la plaza de España toda repleta de gente apiñada. Tomelloso es así, quiere verte venir, nuestra Virgen viñera. Mi Patrona querida, ahora somos ya muchos los que a Ti  rezamos e invocamos como Madre del cielo y Madre protectora.
Romería de abril en algún calendario se señala el último domingo y se susurra recordando hacia adentro…Ahora en mi pueblo sonarán las campanas repicando alegría mientras pasa la Virgen de la plaza a la iglesia. Es un tomellosero ausente que revive la escena. Romero en la distancia que reza sin saberlo.

       Romeros de abril, San Marcos y la Virgen de las Viñas, venid hasta Pinilla, llegad como vencejos con las alas al viento de los brazos en cruz y acortar las distancias, Tomelloso en abril sólo tiene una fecha, vivir la romería, hasta con los que se marcharon y hasta con los que por circunstancias personales no pueden venir a celebrarla.


       Romeros sin condiciones ni clase, obreros del andamio, del volante, del despacho, de las fábricas, del que porta los libros, del artista, del jubilado, del ama de casa y de la peluquera, del médico, del bedel, de la recepcionista, del viticultor y el melonero, del gañán de antaño y del agricultor de hoy, del bodeguero y el ceramista, del informático y el barrendero que acuden a la cita. Un pueblo con  María de las Viñas. Sin reservas, se invita a que vengan a ver desfilar las reatas de mulas engalanadas y carros pintados con esmero, orgullo de carreros y al mostrarlo, ponen  en su corazón la inmensidad enorme que tiene la llanura. Invitan a gachas, al festín, al escándalo espiritual de la primavera junto a su  religión por donde la vida fluye. Romeros, que  vibran desde la noche del viernes portando antorchas para la procesión alrededor del santuario. Romeros confundidos entre las casetas de asados,  vinos y cervezas en mitad de la música y el jolgorio hasta pasada la media noche y el sueño rinde. El domingo, en la explanada la misa de campaña, confundida la plegaria con los ruidos de la romería profana y festiva. Y a las cinco repican las campanas del santuario, sale la Virgen con su niño chatillo balanceando los racimos de sus manos al son de las campanillas de plata de las andas. Y el plástico, doblado y dispuesto, porque la lluvia casi siempre bautiza a los romeros, a las mulas y a las carrozas artísticas, y a las otras de verde. El agua besa a los tomelloseros en las aceras y en la plaza que aguardan la llegada de la Virgen alta y guapa como madre resuelta mostrándonos a su divino niño en su brazo. Y el desfile de trajes viñeros y manchegos, los bailes folclóricos delante del ayuntamiento presidido por la alcaldesa perpetua, la Virgen de la Viñas: la traca final y las campanas de la iglesia tañendo alto y claro recibiendo a la Señora entrar en el templo abarrotado de tomelloseros. Así, año tras año, despedimos a abril con agua o con sol, con viento o con nublado; no importa si el día es desapacible. Lo único importante es celebrar la romería de la Virgen de las Viñas  año tras año. Cuando la noche reina en Tomelloso el silencio lo envuelve con su manto y se duerme deprisa porque amanece el lunes y hay que volver al trabajo.


                                                                                                             Natividad Cepeda





 Arte digital: N. Cepeda



domingo, 16 de marzo de 2014

La muerte de los emigrantes es la trasgresión de las leyes naturales

  Los frutos y las riquezas de la tierra nos han sido dados  para ser compartidas por sus habitantes con equidad. La depredación humana basada y ejercida por la malversación de esa riqueza, propicia que se ejerza la violencia  en todos sus géneros, masculinos y femeninos basada en el abuso de cualquier índole, desde el abuso de poder hasta la explotación  más degradante e injusta de unas personas para con otras.
Si se ejerciera una justicia natural en todos los países y sus contratos fueran moderados, la escasez de lo más necesario no se daría, evitando el pillaje y la devastación.
Porque desde la noche de los tiempos la justicia verdadera  no camina de la mano de la  ley escrita.  Por esa causa y error no se ha reconocido ni se reconoce, que todos los habitantes de pueblos, aldeas y ciudades del mundo, tienen  los mismos derechos de esa riqueza  acumulada por unos pocos en prejuicio de millones de seres humanos.
La emigración es la consecuencia de la pobreza.
Las fronteras fueron creadas para proteger las puertas de los Estados. Si los estados y países miran hacia otro lado ante las emigraciones masivas y culpan a un solo país de lo que está ocurriendo con el hambre en el mundo, esa actitud redundará no sólo en perjuicio de quien tiene que retener la emigración masiva de seres humanos, también en aquellos que amparan la injusticia que hace perecer de hambre y necesidad a los pueblos pobres de la tierra.

Si España es la puerta de Europa por donde los emigrantes quieren llegar,  y la emigración masiva no la puede controlar ni admitir, entonces ¿por qué se le acusa de detener esa emigración, cuando se sabe que  se le ordena ser la que ha de poner cerrojos y candados?
La hipocresía es lo contrario a la verdad y lo contrario de lo que hay que decir y hacer. Acusar y mirar para otro lado agravan la situación y no resuelve nada.

La muerte de los emigrantes es un pecado capital o la trasgresión  de las leyes naturales  de todos los que pudiendo encontrar soluciones no lo hacen.
La esencia de la tierra somos todos, y de esa esencia universal estamos hechos.
Habría que pensar en depurar tanto mal hecho los unos a los otros sin la demagogia de las diferentes clases sociales existentes. Porque aunque no lo veamos siguen existiendo los patricios y los plebeyos. Y la plebe es la que muere de cualquier forma sin importarle a casi nadie.
La cicuta, también ahora se ordena beber a los que vemos más de lo que se debe ver. Aun así los poetas seguimos escribiendo lo que nos estremece las entrañas  porque nuestra  esencia es nuestra palabra.


ESENCIA DE LA TIERRA
Me quedé frente a la mar mirando el oleaje
como se queda un barco encallado en la arena.
Me quedé con  la monotonía de la lluvia
vaciando de recuerdos la memoria.



Tocaba una campana insistente en altamar
y un gato vagabundo se afilaba las uñas
en el muñón de un tronco de palmera.
A lo lejos se vislumbraban luces remotas
de viviendas. Traía el aire aroma de fruta
podrida vaciadas en el vientre del mar.
Sobre las ruinas de una  torre volaban 
murciélagos hasta los viejos mascarones 
de barcas  sepultadas sin redes y sin peces.
Surgían  en el cielo estrellas como alfileres
de novia  sobre el velo del mar.
Todo se quedó en silencio.
En el faro se desvistió de sombras la luna
mientras en los  acantilados las aves se dormían…
Subía la marea: flotaba en ella un periódico
con la noticia triste de una muerte violenta.
Junto a manzanas y limones, en la enagua
del mar, brillaba un anillo de esponsales
que nadie reclamaba.
Ataviada de luto y tristeza  se lo puso la arena.
Se elevaban llamas de hogueras en la noche.
Llegaba por el aire olor a sardinas asadas
y voces de gentes sentadas  a la orilla del mar.
Procedente de los montes se aspiraban  aromas
de resinas. En la playa los vientos furiosos
gemían ante el naufragio de una virgen mestiza.
Virgen buceadora de sueños que se quebró
en las rocas olvidada y sin nombre.
La besaban las olas. La lloraban los ríos.
Resonaban lamentos en las tumbas anónimas
custodiadas de algas. Lloraba el mar.
Lloraba y nadie  lo escuchaba. Lloraba el viento
llevándose en sus brazos las olas y los muertos.


                                                                               Natividad Cepeda



Publicado en Diario Lanza, marzo 2014-Ciudad Real- España

Arte digital: N. Cepeda








martes, 18 de febrero de 2014

Mi Encuentro Con Francisco Mena Cantero


Escuché hablar de su poesía a muchos otros escritores con respeto y admiración hacia su obra. Entre ellos al desaparecido Francisco Creis, y a su hermano Julian Creis, en la casa de la calle Cárcel Vieja de Valdepeñas.
También a la escritora  Ana Moyano, por citar algunos nombres. Había leído su poesía como suelo leer a los poetas, deleitándome, con ese placer que siento cuando me sumerjo en la lectura de las imágenes poéticas.
He escuchado reiteradamente decir a muchas personas que prefieren leer prosa, antes que poesía y,  escucho sin opinar nada ante esa afirmación. Luego he ido descubriendo que esa misma gente, o muchos de ellos, han escrito poesía, o al menos lo han intentado, pero curiosamente casi ninguna de estas personas conocen la obra de nuestros poetas. A lo sumo, citan a los poetas populares y poco más.
Francisco Mena Cantero es uno de nuestros grandes y buenos poetas manchegos. Ciudadrealeño de bien, y manchego en su porte y en su hablar. Aunque creo que su permanencia en el Sur, concretamente en Sevilla, le ha dejado en la mirada el sello y la hondura que marca el destino de pertenecer a dos tierras.
No sé si en Francisco Mena Cantero, a estas alturas de su sabiduría, la poesía que lo habita y sostiene, le ha aportado la grandeza que se desprende en sus composiciones, o esa grandeza de alma le fue regalada desde antes de su nacer. Pero, sea como sea, sumergirse en la lectura de su poesía es encontrarse con un  filósofo que al escribir muestra las múltiples acciones que los humanos podemos sentir, hacer y pensar.

Dones, que dirían los clásicos, de la mente y el corazón, que son las que abren el universo a los mortales. Porque Mena  Cantero es un poeta para la posteridad ya que su poesía seguirá viviendo después de él.  Imponerse la tarea de escribir es sucumbir a dejar las reflexiones íntimas para que sean conocidas por todos. Es compartir las emociones con otras personas, a las que probablemente, jamás conoceremos. Por eso es tan importante conocer al autor de esa emoción. A este poeta y articulista le había seguido sin ponerle rostro. Porque para un  autor su verdadero rostro es su obra.

Pero la amistad que siempre es milagrosa, fue la que me brindo  conocer su rostro y su figura. Ocurrió un sábado, 17 de noviembre en la cervantina Argamasilla de Alba, con motivo del homenaje que, Los Académicos de la Argamasilla, rindieron a la escritora Ana Moyano, hace algunos años. Impecable en su modo y en su hacer Francisco Mena Cantero leyó unos sonetos en homenaje a Ana Moyano, y después con esa discreción de las grandes personas se me perdió al final del acto entre el barullo de los congregados.



He de confesar que me sentía algo azorada al dirigirme a él, para saludarle. Con el pasar de los años he ido aprendiendo lo importante que es respetar el espacio de los otros. Pero también soy consciente de lo afortunada que soy cuando coincido con escritores a los que sigo y leo. Me agradó su sencillez y su acogida llana y afectuosa, sin  presunción ni engolamiento, y supe que su obra poética y de artículos, no desmerecían en nada con el hombre que tenía delante de mí. Días después me llegó el regalo de su Antología Poética (1967-2002) editada por el Ateneo de Sevilla.
He leído, y vuelvo a su lectura en ocasiones, para reencontrar la humanidad que se destila en los poemas. Y no es este un artículo donde pretendo analizar la obra poética, más bien es  un recordatorio de lo satisfactorio que puede resultar un encuentro.

Un nombre y un hombre. Un poeta y un escritor, que medita sobre sí mismo, y luego, nos lo deja para que los demás hurguemos en sus heridas y en sus descubrimientos.
Francisco Mena Cantero habla de la besana y de la tierra, del caz de la noria del tiempo, y de las alforjas cargadas de dolor, de los cardos y  del barbecho en un libro al que llamó "Motivos de tierra" escrito en 1977 y al que leyéndolo hoy,  "Todavía puede sonar la undécima esperanza", para esta tierra donde él nació y yo vivo. Porque es cierto que nos une aquello de lo que hablamos y amamos, porque carece de edad y de época.

Todo poema y verso escrito en esta antología resuda interés por lo acontecido, y no sería vital ni actual, si no fuera así. La poesía verdadera es aquella que rezuma energía, la que no pasa, la que mantiene su mensaje sin disgregar lo esencial de la vida. Es una fotografía de signos donde el negativo es el alma. Y de esa línea universal donde todo transcurre escribe Mena Cantero, en  "El otro libro de Job" y su poema "Credo".


Libros por donde un hombre escribe desde la soledad del Ser, y sé que al verle, muchos no supondrán  que detrás de sus gafas y su mirada directa y sin tapujos, ese poeta lleva dentro de su envoltura, tanto equipaje de humanidad.
Veinte libros reseñados en esta antología que dejan al descubierto la trayectoria magnifica de su autor. Por eso hay que volver a él. A sus datos, y a su filosofía. A su verificación de lo que es humano, y a la vez busca a Dios en el libro que cierra la antología con el título, "Esta fe que nos lleva" que es Premio Mundial de Poesía    Fernando Rielo del año 2000, y donde en el poema "El Dios de la palabra" resume la creación del lenguaje y su significado del amor, con la difícil sencillez de lo que parece sencillo, y no lo es. Me tomo la licencia de transcribirlo por su belleza.

"Darle nombre a una cosa
 es crearla otra vez, una manera
de otorgarle la vida,
cuando te nombro, amor,
y tú ni me contestas.
Esto que está ocurriendo:
el nombre de las cosas;
llamarte;
verte dentro de mí, no con los ojos;
y otras cosas que se hacen con palabras
es demostrarnos a nosotros mismos
que somos
hijos del Dios de la palabra
y de su misma estirpe,
por más que no reconozcamos
que esto sucede siempre
y es así de sencillo."

Sin lugar a dudas que este manchego - sevillano es un poeta de sumo interés, y esta crónica, pequeña  acerca de su persona y de su obra, es una pincelada escasa, que solo relata un encuentro fortuito en una noche de otoño bajo el cielo manchego.


Es éste un artículo que anteriormente  publiqué en otros medios y escaparates de lectura, cobra vigencia y lo recojo, porque hoy a las siete de la tarde será nombrado Hijo Adoptivo de Ciudad Real Francisco Mena Cantero por la Alcaldesa  Rosa Romero a tendiendo las innumerables peticiones firmadas de los amigos que lo conocemos y admiramos.


                                                                                                                             Natividad Cepeda


Arte digital: N.Cepeda

martes, 11 de febrero de 2014

Recordando la vigencia de Eladio Cabañero

La fascinación por la poesía no siempre alcanza a todo el mundo; y en este apartado se pueden incluir a los mediocres poetas que jamás admiraran a los grandes.
Las causas suelen ser diversas, una de ellas es desconocer la obra del poeta, otra sentir el resquemor de la envidia y encubrir esta dolencia en códigos prefabricados de acoso y derribo del poeta y su obra.

Después de todo esto está la trama social de apuntarse a la moda del momento y ser asiduo de los eventos culturales, aunque los poetas y sus obras sean desconocidos. Eladio Cabañero poeta nacido en Tomelloso y residente en Madrid desde la década de los años 50, hasta su muerte en el año 2000, es uno de esos poetas más conocido por su nombre - incluida su ciudad natal- que por haber leído su obra.
Suele ser esto algo normal entre el gran público, y así hay muchos excelentes poetas  reconocidos por sus premios con escasos lectores de su obra.

A Eladio Cabañero durante su vida  ha sido frecuente verlo andar por las calles de su pueblo, metido en sí mismo, casi siempre andando camino de la ferretería de su amigo Emiliano Negrillo, hoy inexistente Allí, en esa ferretería con aire de solera familiar recuerdo que en una ocasión lo saludé, y le pedí hacerle una entrevista. Me la negó, y me dijo que podíamos hablar de lo que quisiéramos, menos de él. Mira, me dijo, podemos hablar de ti, de lo que haces ahora. A lo que yo le respondí. Ahora lo que hago es hablar contigo, que es lo más importante, y otros días cuando tú no estás por aquí, sigo viviendo como las demás gentes de nuestro pueblo. Él me miro profundamente a los ojos, le dio una chupada al cigarro, dejó caer sus manos, dando la sensación de querer llegar al suelo, y desde la silla donde estaba sentado me envolvió en su mirada y musitó con la voz hacia adentro. A mi ya no me quedan ganas de vivir.
En la tienda se hizo el silencio y yo supe que Eladio se moriría físicamente aunque se iría   cuando Dios lo llamara. Espiritualmente él ya se había anticipado a ese día.
Ignoro casi todo acerca del misterio de la vida, pero intuyo que en ocasiones hay un cristal multicolor  que nos hace vivir ocasiones excepcionales, o tratar a seres únicos e irrepetibles. Y hasta conocer a poetas puros; que también los hay, y los ha habido.
Un poeta no es mejor porque escriba muchos poemas, tampoco porque sea asiduo de los cenáculos donde se trasiega con los premios y las prebendas de cada momento.
Un poeta, lo es, por su poesía. Y porque los poemas  lleguen a emocionar a los lectores. A cualquier persona sin necesariamente ser un lector de su generación y al margen de que al autor se le haya conocido personalmente. Los poetas tienen ese don, carecen de tiempo y de edad
A Eladio Cabañero lo descubrí por un poema  leído a solas una noche de invierno, y supe que por ese poema Eladio Cabañero siempre sería un gran poeta. El poema lleva por titulo "Acción de Gracias por un Hombre", y éste poema es un poema universal de ayer, de hoy y para mañana. Lo es también el poema titulado "La comida", dedicado al poeta y amigo fiel, que lo fue hasta la muerte, Carlos Sahagún, y "Compañera", y algunos otros que emocionan y conmueven. Pero yo me pregunto ¿quien lee  estos poemas? ¿Quien asume la valentía de sus palabras y admira la belleza de sus metáforas?  ¿Quienes, cuantos acceden a ellos y van y vienen por sus versos? Pocos. Como casi siempre ocurre, una minoría.

Una vez más la historia se repite, un hombre muere y en la memoria colectiva se recuerda que entre nosotros ya no lo tenemos, y a Dios gracias se recopila su obra y se deja a disposición de quienes quieran acceder a ella. "Poesía Reunida" de Eladio Cabañero editada por Excmo. Ayuntamiento de Tomelloso y con la colaboración de la Excma. Diputación de Ciudad Real, es un libro para tenerlo entre las manos y en los anaqueles de la biblioteca propia, para conocer por él y su contenido a uno de nuestros grandes poetas Castellanos-Manchegos españoles sin prejuicios de vecindad tan dados a desprestigiar lo nuestro.     



                                                                                                                                         Natividad Cepeda.

Arte digital: N. Cepeda