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lunes, 22 de junio de 2020

El tren con su temblor de hierros que perdimos los pueblos


Cuando se han vivido décadas de vida por un milagro inexplicable afloran los recuerdos sin ser llamados. En el atardecer de la vida junto a las nuevas generaciones de hijos y nietos regresan con su traje de nostalgia todos aquellos que nos hicieron fuertes y confiados en lo importante que es vivir marcaron el rumbo de los pasos diarios con  murallones de amor.
Nada ni nadie puede ni podrá suplir el calor que da el amor gratuito de los que nos aman exentos de egoísmo a pesar de los errores que cometieron en el lienzo diverso donde fuimos educados. Formados, junto al quicio de ventanas y puertas que se abrían y cerraban ante mis ojos de niña. Por entonces los trenes todavía llegaban al pueblo y al subir en ellos miraba por las ventanillas el fugaz paso de los campos  que me parecían larguísimos e interminables.
En los vagones los viajeros hablaban unos con otros y los niños, de rodillas en los asientos, mirábamos pasar árboles y casas de campo en aquél traqueteo por donde se divisaba la lejanía  con el gozo de soñar en que el viaje sería mucho más largo que lo que realmente era. En la estación olía a carbón  y el humo al salir por la chimenea era negro y blanquecino elevándose hasta el infinito formando nubes de imágenes imprecisas.
Mis primeras aventuras en ese tren de Tomelloso fueron ir con mamá a visitar la familia de Argamasilla de Alba. En ese tiempo detenidas salen a mi encuentro mi bisabuela Mercedes, vestida de negro con zapatos de cordones  sentada en una mecedora al lado de una enorme chimenea donde ardía la leña en los inviernos. Y el beso  al llegar y saludarla quedando mi mirada prendida en las llamas del fuego. En el buen tiempo  al llegar subíamos por una escalera del enorme patio hasta su dormitorio donde ella tenía un pequeño oratorio y una cama enorme de filigranas de hierro con algunos dorados. Su rostro permanece borroso en mi memoria. La recuerdo de piel blanca y amable hablarme con cariño. Después  un día mamá se vistió de negro y ella y papá se fueron  a su entierro, yo tenía seis años y escuché decir que se había quedado muerta rezando de rodillas en su reclinatorio de terciopelo granate, después de levantarse y hacer su cama. Comentaban que la abuela había tenido un primo canónigo en la catedral de Córdoba y que mis abuelos, él  argamasillero y ella de Tomelloso, habían ido de viaje de novios a saludar al familiar eclesiástico a la bella ciudad andaluza.
El tren en su vaivén me acercaba a ese lugar  por donde pasaba un río llamado Guadiana y a los huertos de la familia donde un otoño descubrí el pelo rojo de las mazorcas. Era tan niña que las distancias de las dos estaciones me parecían enormes por lo que al volver siempre lo hacía dormida y despertaba ya en casa, dejándome papá encima de la cama. Después durante días soñaba con el tren y en volver a viajar, y en la estación con el saludo del jefe de estación, su silbato, y la ventanilla de madera donde se vendían los billetes.
Recuerdo el andén de Tomelloso en su ir y venir de gentes y trenes cargados con cubas enormes y los árboles pintados de cal enfrente de la campana que anunciaba la salida del tren, dorada y reluciente con la que yo soñaba despierta, en tocar, igual que lo hacía el jefe de estación. A veces esperando al tren había viajeros con grandes maletones, casi todos con bigote, traje  oscuro y sombrero, que decían las gentes que eran representantes de comercio.  Y a otros con cestas de dos tapas y cestos de palma que iban hasta el apeadero de las Moyas o de Marañón donde vivían en las caserías y habían venido a comprar comida. El tren y su universo variopinto de la llanura manchega donde la gente se le reconocía su oficio por como vestían  y  hablaban.
Palpitaban los ferroviarios y los que llegaban a recoger los bultos de la estación en aquella niebla alejada del hoy tan llena de imágenes casi olvidadas. Recuerdo que en la estación se contaban  los que se habían tirado al tren, y yo no comprendía lo que era la palabra suicidio. O los que por descuido cruzando las vías se los había llevado el tren por delante. Cuando preguntaba porque de todo aquello, los que hablaban con mamá me mandaban callar diciendo que aquello era cosas que hablaban los mayores y que lo niños no debían enterarse.
El tren y la suerte que tenían las familias de los que trabajaban en Renfe y podían viajar gratis por toda España. El sonido del tren, los bancos de la estación y el pueblo de mi abuelo materno con su iglesia grande y sus leyendas adonde íbamos a bodas donde siempre había baile en el mismo salón de la calle de los árboles. Los vagones aparcados en los raíles con las puertas semiabiertas  donde  algunos chicos jugaban a subirse con el enfado de los ferroviarios al descubrirlos y perseguirlos, sin cogerlos nunca, cuando ellos salían corriendo. El tren silbando triunfante con su temblor de hierros que perdimos para siempre en los pueblos.
Natividad Cepeda

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Natividad Cepeda | Tomelloso | Literatura | 20-06-2020


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Etiquetas: abuelos, Argamasilla de Alba, bodas, Cuadernos Manchegos, llanura, mamá, manchega, natividad cepeda, pueblos, tren Tomelloso

jueves, 23 de abril de 2020

23 de abril, Día Internacional del Libro - Lectura virtual del Quijote 2020

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jueves, 16 de abril de 2020

Un mes convulso y desmesurado estamos viviendo en Tomelloso y en España bajo la pandemia del Covic-19.

Estamos viviendo estos días en España un drama continuado por el Covic-19 y los enfermos y fallecidos en condiciones penosas tanto a nivel psicológico como sanitario. Llevamos confinados un mes y según las expectativas del Gobierno del Presidente Pedro Sánchez, se podría alargar el confinamiento para frenar la mortalidad que es la primera en estadísticas comparada con otros países.

En Tomelloso, estadísticamente somos la población con mayor número de muertos en España comparando la población con los fallecidos. Cifra  que no concuerda con las cifras que se están dando oficiales. La causa de la ocultación es a nivel nacional por lo que se ha creado inseguridad en la opinión pública. Incertidumbre por la escasa confianza del pueblo en el Gobierno y las opiniones en contra de la libertad que todo sistema democrático tiene que salvaguardar, por encima de políticos que después de jurar o prometer la Constitución de España, no la respetan. Creando con sus opiniones y actitudes inconsistencia y mostrando falta de lealtad a la Constitución que nos defiende a todos los ciudadanos.
Se da la circunstancia que los dirigentes actuales  han crecido y educado bajo esta Carta Magna y gracias a ella han llegado al poder, por lo que restringir las libertades va en contra de lo que juraron o prometieron.

En las escuelas y colegios se les enseño a respetar la Constitución creando para su comprensión un libro con dibujos y texto que hiciera comprensible lo complejo de las leyes de su país; y ahora asistimos  a ver con incredulidad a ese no respetar la leyes que en ella se promulgaron, por lo que nos sentimos vejados y abandonados en medio de un drama espantoso por la magnitud que esta pandemia nos está dejando.

Asistimos aterrorizados y callados a ver como la muerte de miles de ancianos es despreciada y hasta se mofan de esas pérdidas aludiendo a que son personas incapacitadas los residentes en las Residencias de Mayores. Jamás hubiéramos imaginado  la inmoralidad y deshumanización en quienes tienen la obligación de velar por el bien común del país. Olvidan que la muerte no tiene edad. Lástima de aquellos que  tienen pies de barro y se creen por encima del bien y del mal haciendo planes y olvidando la Historia de acontecimientos anteriores.

En numerosos círculos sociales se habla en voz baja, de la censura que se va infiltrando en medios públicos; voces  que va creciendo como un tsunami y que amenaza con engullirnos. Ahora lloramos, a pesar de aplaudir cada tarde a nuestros médicos, enfermeros, farmacéuticos, transportistas, comerciantes y las muchas personas que trabajan en medio de esta pandemia que siega vidas a diario. Pedimos, los creyentes a Dios, que nos auxilie en esta aflicción desmesurada, y a todos en general, un corazón pleno de amor tan fundamental para equilibrar la balanza del bien común de nuestra sociedad.

El curso de la vida  está establecido civilmente por nuestras leyes y el centro, nuestro centro, es nuestra Carta Magna; la misma que en el año 1983 se publicó y compramos con toda  ilusión y fe, a nuestros hijos; los mismo que ahora nos gobiernan. En ese libro se lee…


“Se prohíbe la censura, y gracias a ello, tenemos derecho a:
--Decir libremente lo que pensamos.
-- Enseñar según nuestras ideas políticas o morales.
--Mandar o recibir  información por cualquier
   medio de difusión como televisión, radio,
   prensa etc…
--El único límite de estos derechos deberá ser el
  Respeto a los demás.
La ley tendrá que garantizar el uso de estos derechos por parte de todos los ciudadanos, y así evitar cualquier abuso de poder. “

Recogido en “La Constitución para niños” 1 de diciembre de 1983. Recordemos que olvidar las leyes es actuar fuera de la normativa legal y de la dignidad  hacia la vida de los demás, frente a la sinrazón y ausencia de toda  ética.
 

                                                                                            Natividad Cepeda   


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Etiquetas: abuso, Carta Magna, censura, Constitución, Covic-19, enfermeros, españa, estadísticas, fallecidos, médicos, natividad cepeda, tomelloso, transportistas

domingo, 22 de marzo de 2020

A pesar de la desolación amanece y cantan los pájaros en Tomelloso

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A pesar de la desolación amanece y cantan los pájaros en ...

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hace 5 horas - Hoy en este silencio del amanecer me han despertado el canto de los pájaros llegados en esta primavera a Tomelloso emboscado en un ...



Hoy en este silencio del amanecer me han despertado el canto de los pájaros  llegados en esta primavera a Tomelloso emboscado en un adiós constante sembrado de muerte. Me levanto y escucho en sus trinos a esas aves llegadas que no sé cómo se llaman, solo escucho y en el silencio de las ultimas bocanadas de la noche me recuerdan que a pesar de tanto luto es primavera.
Me levanto y salgo a mi terraza a sentir el frio de la madrugada y los primeros zureos de las molestas palomas que también se van uniendo a los cantos primeros del nuevo día. Dios nos proteja, ruego, de tanto mal, Cristo llagado y muerto, en esta cuaresma que es cuaresma de dolor.  Y sin abandonar mi fe espero que mi oración sea escuchada y se eleve con el canto de las aves.
Anoche me dormía recordando a los que se nos habían marchado. Son tantos que ya lo ignoro porque hay un pacto de silencio para no nombrarlos en esas esquelas de los periódicos digitales de mi pueblo que se han quedado mudas.
Hace una semana despedíamos a un cronista nuestro, amigo de sonrisas y simpatías Andrés Naranjo, al que ya no volveré a encontrármelo por la calle. Ayer se nos marchó Pablo Ortiz, Director de la revista Pasos, revista decana de Tomelloso, al que ya no escucharé a través  de mi teléfono fijo   en esas largas conversaciones en las que me informaba de desidias y abandonos en las parcelas tomelloseras y en la insensibilidad hacia las personas con discapacidad de movilidad. Porque Pablos Ortiz-Pasos, como se le llamaba cariñosamente,  se ayudaba de dos bastones para andar, difícilmente, y por eso él conocía  todos esos impedimentos al sufrirlos.
Ayer celebramos el Día Mundial de la Poesía declarado por la Unesco en París  y que la Unesco define así.
“El Día Mundial de la Poesía, celebrado cada año el 21 de marzo, conmemora una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad. La poesía, practicada a lo largo de la historia en todas las culturas y en todos los continentes, habla de nuestra humanidad común y de nuestros valores compartidos, transformando el poema más simple en un poderoso catalizador del diálogo y la paz. La UNESCO adoptó por primera vez el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía durante su 30ª Conferencia General en París en 1999.El Día Mundial de la Poesía es una ocasión para honrar a los poetas”
A través de los medios y de los amigos poetas leí poemas y escuché otros, todos ellos con la belleza poética, junto con el deseo de que nos ayude a ir saliendo de este negro túnel donde estamos metidos. Llamé con el móvil a los que están con familiares ingresados, y a los que guardan cuarentena sin que se les haya  hecho la prueba del corona virus, que aquí en este pueblo grande son muchos; demasiados. Demasiados los muertos que tenemos a diario desde hace muchos días. Demasiados de los que no se dicen el número de fallecidos.  Y nos preguntamos el porqué de ese querer tapar lo inevitable cuando  en los móviles no cesan los mensajes de esas tristes noticias. Con los ojos no vemos  esas despedidas pero si las conocemos por los oídos.
Los honramos desde nuestro confinamiento con el temor de a quien tocará después. No tiene sentido ocultar sus nombres porque así la incertidumbre es mucho mayor. Cierto es que jamás hemos padecido nada igual a lo que está sucediendo pero las heridas no se cierran si antes no se curan. Y ahora es tiempo de lamentarse y de llorar por los nuestros; así nos lo dice el Eclesiastés: El autor de este Libro es un “Sabio” de mediados del siglo III a. C. que pone sus reflexiones en boca del ECLESIASTÉS, palabra griega que significa “predicador”. Y nos habla de la relatividad de la vida para adentrarnos en la común unión con Dios y, que a pesar del infortunio, no dice que no debemos perder la esperanza.
Por lo tanto se nos advierte  que hay tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar. Y en estas redes estamos viviendo. Personalmente  creo que como  nos dice a través del Evangelio  Jesús de Nazaret; la verdad nos hace libres.  Libres para gemir y libres para reconocer nuestro pesar y dolor por este momento que  estamos viviendo en la aldea global, tan vencida a pesar de creerse tan poderosa. Libres para saber quiénes se nos mueren y llorar sin rendirnos porque no somos niños a los que hay que proteger de la tragedia. Para vencer hay que conocer al enemigo y nuestro enemigo es tan poderoso y cruel que ocultarlo es retroceder para terminar con él.
Estamos recluidos  en nuestros pequeños hogares pero a pesar de todo es primavera  y si estamos atentos podremos escuchar su llamada y sus sonidos.
Escuchemos su llamada a pesar de estar amurallados. Escuchemos a la naturaleza y aprendamos que nos necesitamos unos a otros y también a ella.


                                                                                           Natividad Cepeda


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Etiquetas: Andres Naranjo, desolación, madrugada, natividad cepeda, Pablos ortíz, pájaros, Pasos, tomelloso

viernes, 20 de marzo de 2020

No puedo abarcar tanta tristeza en este tiempo de congoja

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No puedo abarcar tanta tristeza en este tiempo de congoja

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Cuadernos Manchegos. No puedo abarcar tanta tristeza en este tiempo de congoja. Natividad Cepeda | Tomelloso | Sociedad | 19-03-2020 ...


No puedo abarcar tanta tristeza en este tiempo d congoja

Al empezar a escribir  escucho desde mi pequeño escritorio el viento dando en los cristales y en las ramas sin hojas de dos árboles que tengo en mi acera. Aunque ha hecho calor primaveral todavía no tienen hojas  sus ramas y al mirarlos pienso que son como nosotros, frágiles y expuestos a las inclemencias no deseadas que nos trae la vida. Los miro y siento cariño por ellos porque en sus ramas se posan los primeros vencejos llegados de África o de otro lugar lejano. Son los primeros que llegan a mi pueblo y desde mi infancia espero su llegada porque ellos son los que anuncian la primavera. Después van llegando las golondrinas con sus chillidos y formaciones  al amanecer, jubilosas,  volando en el espacio de la calle, junto con los vencejos.
Para mí es un regalo maravilloso escucharlos y verlos ir de un lado a otro del espacio hasta perderse en las alturas. Siento que vuelo con ellos, para lograrlo cierro mis ojos cuando mi vista no alcanza mirarlos, y me elevo sin materia  en sus alas y en sus chillidos, igual que cuando era niña y en el patio grande de mi casa llegaban puntuales al final de marzo.
Regreso al pasado, que nunca ha dejado de ser presente, y viene la voz de mi abuelo diciendo que todos somos  hijos de Dios, igual que los pájaros.
Necesito ver amanecer, aunque no siempre lo consigo, porque si me quedo escribiendo, o leyendo se me olvida el horario y claro, cuando me despierto el sol ya ilumina los tejados. Pero hay días que duermo cuatro horas porque siento la llamada de la aurora y  me pongo mi bata más vieja, que es con la que me siento mejor, abro el balcón buscando  el lucero del alba porque en él, habita mi madre. 
A mamá, jamás la llamé madre, siempre mamá, hasta que se me durmió y me espera, allá, donde nacen las estrellas. A mi madre también le gustaba madrugar y dormía poco, es algo genético, por lo que había ocasiones que veía amanecer junto a ella y me señalaba  el lucero del alba, diciéndome que era la estrella más bella del cielo. Después yo aprendí que se llamaba Venus y que es un planeta del sistema solar que gira al revés que la tierra, de oeste a este.
Más tarde descubrí que Venus es el nombre que los romanos le dieron a Afrodita, la diosa griega del amor y la belleza; la sin par, surgida de la espuma del mar.
Es una bellísima narración que dejaremos para otro momento.
Porque cuando yo veo en el cielo clarear, el único lucero en el cielo es Venus, y recuerdo a mi madre junto a mí, viendo como el horizonte se tiñe de escarlata y terciopelo azul. Entonces regreso a ver la chimenea alta de la fábrica de alcohol  de la calle  Domecq de Tomelloso, camino de la casa de mis abuelos maternos, que yo miraba. Al hacerlo parecía que la chimenea se me caía encima, mientras andaba me invadía un mareo enorme hasta tener que bajar los ojos al suelo. Mamá se reía y yo miraba a mis hermanas feliz de estar las cuatro juntas en la calle sin nadie camino de la casa de los abuelos.
Efectivamente  yo soy de Tomelloso, un pueblo de la llanura manchega y  BeamSuntory lleva instalada en la ciudad desde 1890 y es el principal proveedor de aguardientes de las bodegas de Jerez que elaboran las marcas de brandy tradicionales como Terry Centenario y Fundador Pedro Domecq. Toda una historia. Esta primavera no es buena para nadie. Pero yo creo que la superaremos igual que las viñas cuando otras primaveras se les han helado sus pulgares y la cosecha se nos ha perdido, y luego han brotado algunos tallos y a los años siguientes la cosecha ha sido mejor.
Mi abuelo me decía que las personas  somos como las cepas de la vid, sufrimos, lloramos igual que los sarmientos en invierno, y después resucitamos. Ese fue su legado caer y levantarse sin perder la esperanza ni el ánimo; tampoco el amor a su familia y la fe en Dios.
Volar con las alas del espíritu  es conocer que todo es posible incluso cuando la muerte no es una película de terror, y si una cruel y fatídica realidad. Desde que el bicho del corona virus se ha convertido en una penosa costumbre vamos comprobando que ignoramos las causas de los aconteceres. Se nos ha resquebrajado ser tan afortunados a pesar se tanto odio escupido por grupos y asociaciones que injurian y separan la convivencia entre nosotros.
De pronto la vida es nuestra única patria y Dios nuestro asidero. Y sin demora  buscamos el amor ante la enfermedad y la muerte de los ancianos y de esos jóvenes vulnerables que han caído ante nuestra impotencia. Huye nuestro confort  y acudimos al coraje  de sobrevivir y es ahora cuando valoramos lo importante de lo cotidiano y pequeño de cada día. Nunca antes habíamos soportado tanto daño entre nosotros. Nunca el corazón se había sentido herido y sin seguridad a pesar de todo lo logrado.
Vuelvo al amanecer y a los recuerdos mirando el vuelo de las aves peregrinas de vida que regresan a buscar en los nidos de antaño, la llegada de las que han de nacer para perpetuar la especie y ante ellas me pregunto ¿por qué  nosotros hemos destruido los nidos familiares en nuestra sociedad? Se mueren los ancianos no solo por el virus19, también porque los hemos venido aparcando lejos de nosotros y ahora  nos lavamos las manos  buscando a quien culpar.
Se multiplican las muerte en Tomelloso y en España, avanza por Europa y este mudable tiempo escaso de fortuna es propicio para mirarnos hacia adentro y pensar, que todos somos frágiles y nos necesitamos para seguir viviendo, porque solos no podemos abarcar tanta tristeza en este tiempo de congoja.
Natividad Cepeda

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    Etiquetas: ancianos, chimeneas, congoja, corona virus, Cuadernos Manchegos, muertes residencias, natividad cepeda, tomelloso, tristeza

    domingo, 8 de marzo de 2020

    Marzo y esa cáscara rota de mujer




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    Natividad Cepeda | Tomelloso | Sociedad | 08-03-2020
    Marzo y esa cáscara rota de mujer

    Ella era un manojo de silencio extraído del vientre de mil vientres de mujeres venidas de aquella caverna de Platón que el filósofo inventó entre el vacío del tiempo y lo incierto de la vida.
    Ella fue andando sin dejar huellas de su pie por donde cruzó sin historia ni epopeyas en el almanaque de los territorios de piedra, arcilla y agua sin otra herramienta que su hacer y su enseñanza a las mujeres que nacían.

    Ella nació con esa desventaja de ser cuna y telar de la vida en su seno para iluminar con la sangre vertida a borbotones entre el llanto primerizo de una criatura.
    Después ella se ciñó el vientre perdida su cintura con un lienzo cualquiera para que no le doliera aquella piel descolgada, floja y vacía que había dejado de ser cuna de agua del hijo mecido en las entrañas.
    Y se miró en el espejo de sí misma viéndose como una cáscara rota después de los resuellos y los gritos de animal empujando para que saliera de la placenta rota la criatura.
    Le dolía toda la geografía de su cuerpo  porque sin previsión alguna los pechos le escocían encima de soportar aquél cansancio que emanaba desde dentro como si ayudar a que otros nacieran fuera un desatino que ninguna otra mujer le había explicado.

    Aquél era el credo de la vida padecer y hasta morir en ocasiones cuando la naturaleza se oponía  a dar paso a la vida bajo el viejo precepto de ser tierra fecunda y trasmitir la vida.
    Ella tenía ese atributo, igual que la madre tierra engendraba en su seno como la tierra fértil que nos da cosechas, criaturas trepidantes de raíces antiguas que luchaban para repoblar el planeta.
    ¡Salve mujer encarcelada en el juego de un manual de llanto y desatino por anidar en ti todos los hijos de los hombres! Tú compañera de fábulas antes de ser escritas por los dioses.

    Me duelen tus duelos y quebrantos casi siempre olvidados y me duelen aquellos horizontes que nublaron toda tu existencia de tinieblas absurdas y egoístas de tus padres, esposos, hermanos y hasta de tus hijos que después de adorarte como diosa profana de belleza sagrada te dejaron en cueros cuando dictaron leyes para regir ciudades.
    Te cansaste y saliste de la penumbra y gueto donde estabas recluida y exigiste ser igual en derechos y no solo en obligaciones. Error toda esa miseria de escribir que eras tú diferente a ellos. Jamás te lo creíste pero pesa tanto el amor  que se abonó la estancia de toda convivencia con aquellos mandatos de que no estabas a la altura de los hombres que de ti habían nacido. Y callaste.
    Hojeo las páginas escritas de esa procesión de injusticias y me asombra que tú hayas sido una sombra minúscula y escarnecida en los altares religiosos y laicos. Porque no se ignora que en la pirámide humana la cúspide y la base no serían posible si ti; y todos los ha permitido. Lo siguen permitiendo en países con nombres sellados por el poder del dinero y los convenios de estado. Y aunque en otras parcelas  de la tierra se celebre cada 8 de marzo  fiestas reclamando igualdad y derechos no nos engañemos, el infortunio de millones de mujeres sigue existiendo.

    Yo no niego que hay que proseguir educando en igualdad no sólo cada 8 de marzo, cada día hay que hacerlo, pero sin perder la razón de saber que los dos somos seres necesitados de amor y comprensión: hombre y mujer  nacidos para la convivencia nunca para la agresión y el odio mal entendido, y peor aún, si es instrumento de políticas necias. Meditemos lo que se ha conseguido y aquello que hay que conseguir sin pausa, pero sin zafias groserías y frases erróneas como eslogan de panfleto sin tino ni cordura.
    Porque ninguna mujer es una cáscara rota  a la que ultrajar, ni humillar, ni combatir haciéndola de menos frente al hombre. Tampoco mujeres contra los hombres, porque entonces sería como diseñar un agujero negro sin fondo y a la vez sin vida. Nos necesitamos por igual y para ello hay que educar y legislar sin caer en el atropello de plebe  irracional.
    Ella, esa mujer anónima y yo, necesitamos ser visibles sin represión ni posibilidad de ocupar un lugar en la sociedad de igualdad, ganado con nuestro esfuerzo pero también sin las zancadillas y prepotencia de un sistema milenario donde la mujer no ha sido respetada como persona jurídicamente como el hombre.

    Natividad Cepeda

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    Etiquetas: 8, cáscara, cuadernos, españa, leyes, manchegos, marzo, mujer, natividad cepeda, rota, tomelloso, vientre

    martes, 3 de marzo de 2020

    Hallar a Dios en la gente


    En medio de la gente a veces no sé muy bien quien soy. Cuando intento comprender algunas opiniones escuchadas en medios de información con el afán absoluto de manejar mi opinión, me pregunto para qué, si las soluciones más sencillas no se resuelven nunca. Si tuviéramos conciencia probablemente acertaríamos para bien de todos. Pero parece ser que la conciencia es mera herramienta para alcanzar los propios fines sin pensar en los ajenos.

    La desdicha del ser humano es ignorar nuestra propia vulnerabilidad tan evidente cuando se nos presenta lo inesperado, por ejemplo el coronavirus. De pronto los planes se han abandonado y el miedo a morir nos hace pequeños y frágiles en este mundo globalizado tan poderoso y lógico.

    ajenos Y de pronto recuerdo una afirmación de Stepen W. Hawking, cuando escribe: “Dios eligió la configuración inicial del universo por razones que nosotros no podemos esperar comprender”. Afirmación bien planteada porque si a fecha de hoy no se he resuelto el hambre que extermina a millones de personas a pesar de mostrarnos, ahora en imágenes esos niños famélicos, cómo vamos a comprender eso otros espacios  científicos, salvo que la fe, de los creyentes, admita que Dios es mucho más que cualquier ecuación.

    La tragedia, nuestra tragedia humana es no saber desarrollar el bien común para lograr ese beneficio autentico para así evitar situaciones siniestras y antagónicas. Con bellos razonamientos se nos explica el beneficio de la muerte voluntaria, tan fácil como tomarnos una pastilla y partir sin dolor ni sufrimiento. Y ante esa nueva vereda por donde  caminar la polémica inicia su camino de desacuerdos. Y, ante las críticas en contra de la muerte programada, se suceden opiniones radicales, casi siempre, exentas de amor hacia nosotros mismos.
    Porque si es tan maravilloso morir  para evitar sufrir ¿para qué soliviantarnos ante el coronavirus o cualquier otra pandemia que nos evitará problemas de convivencia?

    No es lo mismo llamar que salir a abrir, nos dice el refrán.  La vida de los otros no importa, sobre todo cuando hay que cuidarlo y protegerlo porque ha envejecido o porque desgraciadamente está enfermo. Motivaciones éstas, exentas de humanidad. El dialogo en torno a este tema está en punto muerto. Tan muerto como el aborto que ha conseguido que tengamos una Europa vieja, egoísta, caduca y enfrentada a los problemas de hace un siglo, extremismo ideológico que no es el mejor camino.

    La vida es pluralidad desde su comienzo hasta su final y solo Dios, es quien la regula, nos guste o nos enfurezca. Todos nos olvidamos de lo extraordinario que es la vida en cada una de sus manifestaciones. La vida creada para respetarla, desde un grano germinado de trigo hasta el aliento del que lucha por vivir. Y nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a mancillar y destruir ese derecho de la Creación. Y si los matices son creer en Dios o en negarlo, en ese dualismo solo queda respetarnos, porque si yo como creyente no puedo demostrar que a Dios lo siento y creo en su existencia, el ateísmo, no puede demostrar su no existencia en la creencia de la divinidad.

    Toda vida es un eslabón en medio del universo. Yo creo en Dios porque así me lo trasmitieron mis antepasados y con esa creencia el respeto al mundo conocido. Promocionar la muerte es talar el futuro de los que nos precederán. Franquear la convivencia se hace cuando miramos a la gente y en ellos nos vemos reflejados. Yo he hallado a Dios en gente desconocida que me tendieron su mano sin yo pedirla.


                                                                                   Natividad Cepeda


                       Publicado en Cuadernos manchegos    Natividad  Cepeda | Tomelloso | Sociedad | 27-02-2020
    Publicado por natividad cepeda en 16:40 No hay comentarios:
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    Etiquetas: científicos, dios, ecuación, enfermo, eslabón, eutanasia, gente, Hawking, humanidad, natividad cepeda, tomelloso, universo, viejo
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