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miércoles, 21 de diciembre de 2022

El silencio de los que no tienen Navidad

 


 

No es natural hablar del silencio  en estos días de mensajes fraternos. No es normal cuando las expresiones de amistad se renuevan y los deseos de paz y amor circulan por todos nuestros sistemas de comunicación. La presencia  de alegría colectiva nos  engrandece escuchando música navideña andando por calles engalanadas de atavíos magníficos representado estos maravillosos  días navideños.  

Los frutos y las riquezas de la tierra nos han sido dados  para ser compartidas por sus habitantes con equidad. La depredación humana basada y ejercida por la malversación de esa riqueza propicia que se ejerza la violencia  en todos sus géneros, masculinos y femeninos, asentada en el abuso de cualquier índole, desde el abuso de poder hasta la explotación  más degradante e injusta de unas personas para con otras. Si se ejerciera una justicia natural en todos los países y sus contratos fueran moderados, la escasez de lo más necesario no se daría evitando el pillaje y la devastación. Desde la noche de los tiempos la justicia verdadera  no camina de la mano de la  ley escrita.  Por esa causa y error, no se ha reconocido en el pasado, ni se reconoce en el presente, que todos los habitantes de pueblos, aldeas y ciudades del mundo, tienen  los mismos derechos a participar de esa riqueza que es acumulada por unos pocos en prejuicio de millones de seres humanos.

La celebración de la Navidad es, no solo alabar a Dios en ese niño divino nacido en Belén hace más de dos mil años;  es la proclamación universal del amor humano a través de su historia cristiana con el mandamiento dado por Jesús de Nazaret, vigente y olvidado: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado…” Navidad para aquellos que no tienen lo suficiente para vivir decentemente. Para los perseguidos por sus ideas políticas y religiosas y para los olvidados por su ancianidad, También para los miles y miles de niños desnutridos y hambrientos. Por los menores de edad  explotados por la sexualidad: Esa lacra  mundial y comercial de la prostitución infantil y adolescente en el turismo sexual de la que escasamente se escribe.

. Según la ONU, la trata de personas es uno de los tres negocios ilícitos más lucrativos del mundo, junto al tráfico de armas y de drogas. Genera unos 32.000 millones de dólares anuales y el 80% tiene fines de explotación sexual y las víctimas son en el 80% mujeres y niñas… Para toda esa sociedad humana también  nació la Navidad en el establo de Belén. Tenemos entre nuestras manos ese silencio oscuro  como espuma de olas que no vemos para darle voz en estas fechas. No para ocultar la luz de la Navidad, si no para hacer ver que somos ocupantes de una tierra de promisión dada por Dios para todos.

Navidad es mirarse en las miradas de los otros en nuestro viaje de vida. Pronunciamos Navidad y nos invade la felicidad de puertas abiertas  a la luz de la esperanza. Esperanza para los tristes y apesadumbrados sin voz en el rumor de los días por la oscuridad de esos bosques humanos olvidados. Y la brisa de la Navidad es no olvidarlos junto a la oración deshojada de creyentes y agnósticos cuando deseamos paz y prosperidad en estos santos y maravillosos días.

Amor desde los cielos representado en esa estrella iluminada que nos anuncia el nacimiento de un niño de nuestra estirpe y progenie. Porque sin nuestros niños no hay travesía humana. Se nos ha trasmitido oralmente: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los justos; a los que claman por la justicia para los que no la tienen. Ese es el mensaje universal de la Navidad. 

 

                                                                                        Natividad Cepeda

https://www.cuadernosmanchegos.com/ciudad-real/sociedad/el-silencio-de-los-que-no-tienen-navidad--42512.html

https://www.miciudadreal.es/2022/12/20/el-silencio-de-los-que-no-tienen-navidad/

https://www.lanzadigital.com/opinion/el-silencio-de-los-que-no-tienen-navidad/

 

jueves, 16 de abril de 2020

Un mes convulso y desmesurado estamos viviendo en Tomelloso y en España bajo la pandemia del Covic-19.

Estamos viviendo estos días en España un drama continuado por el Covic-19 y los enfermos y fallecidos en condiciones penosas tanto a nivel psicológico como sanitario. Llevamos confinados un mes y según las expectativas del Gobierno del Presidente Pedro Sánchez, se podría alargar el confinamiento para frenar la mortalidad que es la primera en estadísticas comparada con otros países.

En Tomelloso, estadísticamente somos la población con mayor número de muertos en España comparando la población con los fallecidos. Cifra  que no concuerda con las cifras que se están dando oficiales. La causa de la ocultación es a nivel nacional por lo que se ha creado inseguridad en la opinión pública. Incertidumbre por la escasa confianza del pueblo en el Gobierno y las opiniones en contra de la libertad que todo sistema democrático tiene que salvaguardar, por encima de políticos que después de jurar o prometer la Constitución de España, no la respetan. Creando con sus opiniones y actitudes inconsistencia y mostrando falta de lealtad a la Constitución que nos defiende a todos los ciudadanos.
Se da la circunstancia que los dirigentes actuales  han crecido y educado bajo esta Carta Magna y gracias a ella han llegado al poder, por lo que restringir las libertades va en contra de lo que juraron o prometieron.

En las escuelas y colegios se les enseño a respetar la Constitución creando para su comprensión un libro con dibujos y texto que hiciera comprensible lo complejo de las leyes de su país; y ahora asistimos  a ver con incredulidad a ese no respetar la leyes que en ella se promulgaron, por lo que nos sentimos vejados y abandonados en medio de un drama espantoso por la magnitud que esta pandemia nos está dejando.

Asistimos aterrorizados y callados a ver como la muerte de miles de ancianos es despreciada y hasta se mofan de esas pérdidas aludiendo a que son personas incapacitadas los residentes en las Residencias de Mayores. Jamás hubiéramos imaginado  la inmoralidad y deshumanización en quienes tienen la obligación de velar por el bien común del país. Olvidan que la muerte no tiene edad. Lástima de aquellos que  tienen pies de barro y se creen por encima del bien y del mal haciendo planes y olvidando la Historia de acontecimientos anteriores.

En numerosos círculos sociales se habla en voz baja, de la censura que se va infiltrando en medios públicos; voces  que va creciendo como un tsunami y que amenaza con engullirnos. Ahora lloramos, a pesar de aplaudir cada tarde a nuestros médicos, enfermeros, farmacéuticos, transportistas, comerciantes y las muchas personas que trabajan en medio de esta pandemia que siega vidas a diario. Pedimos, los creyentes a Dios, que nos auxilie en esta aflicción desmesurada, y a todos en general, un corazón pleno de amor tan fundamental para equilibrar la balanza del bien común de nuestra sociedad.

El curso de la vida  está establecido civilmente por nuestras leyes y el centro, nuestro centro, es nuestra Carta Magna; la misma que en el año 1983 se publicó y compramos con toda  ilusión y fe, a nuestros hijos; los mismo que ahora nos gobiernan. En ese libro se lee…


“Se prohíbe la censura, y gracias a ello, tenemos derecho a:
--Decir libremente lo que pensamos.
-- Enseñar según nuestras ideas políticas o morales.
--Mandar o recibir  información por cualquier
   medio de difusión como televisión, radio,
   prensa etc…
--El único límite de estos derechos deberá ser el
  Respeto a los demás.
La ley tendrá que garantizar el uso de estos derechos por parte de todos los ciudadanos, y así evitar cualquier abuso de poder. “

Recogido en “La Constitución para niños” 1 de diciembre de 1983. Recordemos que olvidar las leyes es actuar fuera de la normativa legal y de la dignidad  hacia la vida de los demás, frente a la sinrazón y ausencia de toda  ética.
 

                                                                                            Natividad Cepeda