miércoles, 8 de mayo de 2019
Blog de Natividad Cepeda. Escritora: Caminando en el parque por enero
Blog de Natividad Cepeda. Escritora: Caminando en el parque por enero: Ahora, cuando enero camina por este año de 2019 y las repulsas y combates de los pueblos y sus gobernantes...
Blog de Natividad Cepeda. Escritora: Caminando en el parque por enero
Blog de Natividad Cepeda. Escritora: Caminando en el parque por enero: Ahora, cuando enero camina por este año de 2019 y las repulsas y combates de los pueblos y sus gobernantes...
viernes, 15 de marzo de 2019
miércoles, 16 de enero de 2019
Caminando en el parque por enero
Ahora, cuando enero camina por este año de 2019 y las repulsas y combates de los pueblos y sus
gobernantes son igual a los ancestros del pasado yo contemplo los árboles del
parque solitarios y anónimos mirando
hacia la altura de los cielos. Hace frío en estas tardes de invierno y al
ponerse el sol casi nadie camina por los civilizados senderos del solitario
parque.
Camino escuchando los últimos trinos de los pájaros despidiendo las luces del día y llevando en
sus vuelos el reflejo del atardecer. No hay más remedio que continuar con los
atributos del momento creyéndose ellos, y yo, que somos libre en esa
metamorfosis de la libertad exigua. Así bajo la rúbrica de enero me introduzco
en mi choza buscando ese cobijo imposible de la intimidad para que nadie me
hiera en mi individualidad. Siento el frío igual que la incertidumbre del
presente envuelto en radicales mensajes de
odio y avaricia. Siento que la persona deja de ser humana cuando antepone la
verdad a la mentira para lucrarse en beneficio propio sin importarle manejar al prójimo, al otro, para conseguir sus bajos
fines.
El horizonte de mi sociedad no es limpio ni culto, ni leal, ni tan siquiera
busca el bien social a pesar de tantos oráculos proclamándose. Si el bien
social no fuera papel mojado la sociedad donde existo no sería tan violento,
degradado y soez… Porque lo sagrado es patrimonio de toda sociedad y es sagrada
la vida y el respeto mutuo a las ideas opuestas tanto en lo político como en lo
religioso y, nadie, absolutamente nadie está en posesión de la verdad absoluta.
Hace frío en enero y es bueno que así sea para que la tierra en reposo se
limpie y tranquilice de los meses pasados y no es teoría es sabiduría cíclica de las estaciones del año que nos
muestran que todo tiene un proceso temporal. Camino por el parque buscando mi
interior para evitar las presiones que me cercan, los mensajes del móvil tan imprescindible y estúpido que me evita hablar con las personas
y no escuchar sus voces, con sus matices diversos de dolor y alegría, de
fracasos y triunfos… Camino y veo cómo surge esa primera estrella solitaria y
lejana en la fría noche de enero y
recuerdo que mañana yo seré una extinta luz que querrá alcanzar esa estrella y
la proximidad de los árboles del parque y volver a caminar encima de la madre
tierra.
Natividad Cepeda
Arte digital: N Cepeda
domingo, 23 de diciembre de 2018
Navidad
Al amor de la lumbre del mensaje navideño
todavía
es posible acertar a ver la luz de las estrellas
verdaderas,
lejanas y bellísimas, misteriosas
e inaccesibles pero necesarias
al
igual que la fe en Dios y en las personas.
Poca
cosa es la fe cuando no aparece
en los
anuncios televisivos.
Pero Dios
suena en diciembre
con
llanto y con sonrisas.
Suena
en el corazón del enfermo sostenido
por la
esperanza de la curación y el aliento
de los
que lo aman y lo ayudan en su limitación
física
porque todos somos muy frágiles.
Llanto
por los niños asesinados en las escuelas,
en los
campos de guerra, en la desahuciada
batalla
del hambre diaria de los países paupérrimos,
en la
huida en busca de países en paz.
Niños
dentro de la arquitectura del amor
plagados
de regalos y atenciones:
Amados
niños que sostienen la esperanza
en su
mirada franca y limpia confiando
en el
mundo que los rodea
sin
saber que les traerá el mañana.
Rito
de nacimiento remansando
en la
alborada del 24 de diciembre
para
festejar la venida del Amor, desde el regazo
de una
madre que dice Sí, a la vida del No nacido.
El
aire de diciembre nos trae el balbuciente
llanto
de un recién nacido cuajado
de
amor fraternal y por ese discurrir
dentro
de un privilegio no entendido
aún,
hoy, las gentes de buena voluntad,
siguen
encendiendo hogueras en el corazón
del
prójimo para calentar su orfandad.
Tiembla
diciembre en sus cimientos por el gesto
repetido
de que Dios se acuerda de nosotros
a
pesar de la avaricia desmedida
de los
unos para con los otros generadora
de
miserias por doquier. En las manos
del
Niño de Belén, hay antorchas de luz
para
los desamparados de la tierra.
Por
los entresijos del invierno se percibe el canto
de los
ángeles diciendo: Gloria a Dios en las alturas
y paz
en la tierra a los hombres de buena voluntad…
En voz
baja diciembre escucha el coro
de los
ángeles por las calles rumorosas de gente.
A
veces hay quien dice, que ha pasado
un
ángel, y casi nadie lo cree.
Si los
ángeles ocuparan las pantallas
de
Internet tendrían muchos seguidores
entonces,
la Navidad dejaría de serlo.
Cuando
el amanecer se santigua en las mañanas
de
invierno, canta tembloroso el orbe;
en ese
instante nace en el ajimez del misterio,
Dios,
en la Nochebuena.
Mi
abrazo de paz para todos los que creemos en ese milagro necesario.
Así lo
deseo.
Natividad
Cepeda
© 2018
Todos los derechos reservados
martes, 18 de diciembre de 2018
Laura Luelmo no volverá a coger en sus manos lápices de colores
…
Laura Luelmo no volverá a
coger con sus manos lápices de colores para dibujar y mostrarnos en sus dibujos sus afanes e
inquietudes.
Laura Luelmo a muerto en esta época tan políticamente
correcta con aquellos que asesinan a mujeres de cualquier edad y condición
social y, no le devolverá la vida las
tardías lamentaciones de miles de personas desconocidas que ahora, hablamos de
ella porque ha sido asesinada.
Laura Luelmo ha sido
silenciada porque la frontera del buenismo la ha callado para siempre y, aunque
escribamos de ella a título póstumo,
seguirá siendo asesinada mientras las leyes no cambien en favor de las víctimas y, en contra de los
asesinos desalmados que salen gracias a no existir la cadena perpetua por
carecer de vigencia.
Laura Luelmo ha sido ultrajada y asesinada gracias a la tolerancia de las leyes
vigentes con los que no cesan de exterminar a las mujeres, aquí y en
otros países del mundo con la connivencia de legisladores y mandatarios.
Laura Luelmo no compartirá
sus enseñanzas educativas a los niños de
ese pueblo donde el acontecimiento de su
desaparición y muerte lo ha puesto en las primeras noticias de unos
cuantos días; después Laura Luelmo, y el pueblo de El Campillo, se olvidarán y
los interlocutores de hoy olvidarán este
horrible suceso como se ha olvidado el asesinato de otras mujeres.
Y mi desgarro de mujer es un
desgarro viejo y caduco como madre, como hija, como abuela, como nieta…Como
mujer ignorada a través de siglos y milenios pariendo hijos y meciéndole en mis
brazos para después ser vejada por la corroída maldad de la soberbia de la
especie.
¿Llorar, de qué sirve? Vivimos
en ocasiones con rugidos de rabia e impotencia y también con ridículas sandeces de gestos de estos tiempos tan dados a la imagen y la
frase hecha que colgamos en portales de Internet, de whatsapp, twitter y que se
hace “viral”. Sí, es esa noticia que de
pronto nos inunda y sumerge en su difusión olvidándose con la
misma urgencia y rapidez que se extendió. Y
en ese torbellino la vida de una persona no vale nada.
Hoy todos somos Laura
Luelmo; ayer fuimos Diana Quer o Marta del Castillo y junto a ellas una larga
lista de mujeres asesinadas, niños y algunos hombres; personas a las que el
asesino, los asesinos, arrebataron la vida de forma violenta y, a pesar de
renegar de ellos y de las leyes que nos desamparan a veces, hemos salido a la calle a gritar.
¿Para qué? Para nada.
Los lápices de colores de
Laura se han quedado huérfanos y las hojas de papel inútiles sin esas manos que daban vida a sus personajes de caricaturas. Hemos
perdido a una creadora y generaciones de niños y jóvenes a una educadora. La
sociedad a perdido a una mujer, poca cosa cuando sobran tantas otras… Las
mujeres siguen sin aprender que la vida
es el don más preciado que ni se debe vender ni
se debe perder. Llorar es fácil cuando el corazón se nos rompe. Olvidar
también, cuando olvidemos a Laura porque otro nombre de mujer ocupe su lugar.
Quiero creer que allá donde Dios pinta de amanecer los
cielos tú, Laura ,lo acompañes con tus lápices de colores para seguir trazando
caricaturas entre las nubes y el cielo.
Natividad
Cepeda
Etiquetas:
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jueves, 6 de septiembre de 2018
Al amigo jamás se le despide porque habita en nuestro corazón
Carta
al sacerdote Jaime Quiralte Tejero
Ha empezado septiembre y te hemos despedido con un canto de amor en
mitad de la fiesta de la Eucaristía con la fe encendida semejante a las velas que alumbran el altar.
Ha llegado septiembre con su dulce y
suave melancolía de membrillos y uvas y el revuelo de las primeras hojas
llevadas por el viento en busca de la muerte.
Ha llegado abriendo las puertas de las
aulas a esos escolares que aprenden a pilotar la nave de la vida con libros y
palabras de los hoy, denostados maestros.
Y no te encontrarán en clases de
religión mezclado entre ellos con tu mirada alegre similar a un prado en
primavera porque como las golondrinas vuelas a otros territorios.
Y sabemos que no caminas solo pues
contigo va toda la entrega que tú nos regalaste cuando aquí llegaste veinteañero
manchego a bautizarnos niños y a despedir a nuestros muertos.
Nos has regalado tu juventud celebrando
en la iglesia el mandato de aquél Jesús nacido en Belén constante de pasión en
cada homilía y en el saludo amigo al verte por la calle.
¿Sabes? que sin proponértelo, tu encanto nos fue dejando el rastro del Dios
al pie de ese continuo catecismo de amor de un día y otro día, sin pedir
nada a cambio.
Y no es que nos hayas resuelto las dudas
de ese hondo sentir que a veces nos abruma y como los pastores de toda
Nochebuena, seguimos llegando al Sagrario a buscar al Maestro.
No, pero has sido como un acueducto que
nos señalaba por donde el agua llegaba a las moradas del alma y al escucharte,
Jaime, sacerdote católico, nos dejabas sintiéndonos mejores.
Mira, tú has sido nuestro amigo, con tu
prisa y tu risa de querer contentar a todos sin que tú te quisieras un poco y,
a todos nos parecía que tú jamás desfallecías ni tenías problemas.
Y nadie comentaba que este chico
sufriera o se desalentara porque Jaime, el joven sacerdote que canta y toca la
guitarra, declama en el teatro y organiza una tras otra convivencia a los
jóvenes llevase algún fracaso e injusticia en los pliegues del alma.
Somos todos así, un balde de agua sin
etiqueta porque contigo todo era diáfano igual que cuando el sol al amanecer
besa los campos y por cotidiano, nunca
damos las gracias al Señor, por ese gran regalo.
Hoy la iglesia de este pueblo olvidado
en los mapas del mundo de nombre Tomelloso se ha quedado pequeña para que por última
vez tú bendijeras el pan de nuestros
trigos y el vino de las viñas que aguardan la vendimia mañana.
Y al llamar las campanas por la tarde,
sentíamos que Jaime nos llamaba, o creíamos que su sonido nos invitaba a
valorar todo lo que ahora perdemos con tu marcha.
El templo se ha llenado de hombres y
mujeres de edades diferentes, buscadores del
horizonte que Cristo nos señala,
el que a ti te eligió y escuchaste su llamada. Y mira que es difícil seguirle
con firmeza sin dejarnos comprar ni
traicionarle. La memoria flaquea y hasta que no canta el gallo hay veces que sentimos
el miedo y el silencio nos hace reos de nuestra cobardía.
Es cierto y es verdad que todos nos
caemos y buscamos refugio en el amor de Dios y en su Evangelio de las santa
escritura y escuchamos a ese sacerdote a
veces sin oírlo igual que se oye el rumor del aire pasar por los árboles que
hay junto a la iglesia.
Somos tan estrechos de miras que
ignoramos la soledad del otro; al que estrechamos la mano cuando deseamos la paz,
ese ruego que nos da el sacerdote y nos desea todos desde su soledad en el ara
sagrada del altar.
Hoy el templo era un templo de amor,
nosotros, todos sentíamos tener que despedirte y cuando el cielo retumbó
quitándose el calor de los días con la lluvia caída, recordé que cuando por
primera vez nos llevan hasta el templo, el agua nos recibe y nos acoge en el
seno de la madre Iglesia y nos despide
cuando el sacerdote nos rocía el ataúd con el agua bendita.
Once años calle arriba y calle abajo,
nos has acompañado Jaime Quiralte, noble hijo de Alcázar de San Juan, sacerdote
católico, perseguido y vejado hoy igual que ayer, muchos de tus compañeros.
Once años de amistad y trabajo y sin palabras el pueblo de Dios ha prorrumpido
en mitad de la eucaristía en emocionado aplauso. Once años de un hombre ejemplar:
Cristo Jesús te lo premie y te siga
llevando por caminos de luz.
Mañana, estimado Jaime, tú no serás
notica de los grandes diarios, ni de la televisión y sus cadenas, ni de esos
portales de Internet que aglutinan millones de seguidores. No te darán el Nobel, ni te impondrán
condecoraciones, afortunadamente…
Mañana septiembre volverá a sentirte orar por esta tierra que
sigue siendo demasiado valle de lágrimas y rezarás por ella bendiciendo su
afán, y cuando pase el tiempo y seas menos joven, recordarás el templo de este
pueblo manchego escuchándote en silencio y reteniendo las lágrimas porque tú te
estabas despidiendo.
Que bella es la amistad y aquellos que
saben compartirla. Que hermoso es saber que no todo es feo y deleznable en esta sociedad. La música de los últimos
días del verano es de melancolía cuando por el ocaso vemos a los que se
marcharon.
Mira Jaime, los tomelloseros rezumamos mosto en vez de sangre. Mosto que
nos golpea el corazón y nos lo deja hecho cuarterones, sí cuarterones de amor
porque al cuidar nuestras viñas todos somos lagares de Dios.
Vuela como las aves Jaime y sigue llevando alegría allá donde tú
vayas.
Natividad Cepeda
Publicado en el Diario Lanza 03 Septiembre 2018 ©
Lanzadigital
Etiquetas:
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