domingo, 17 de junio de 2012

Vivir con el miedo al hambre



Junio ha llegado con su talega ruinosa para los que no tenemos trabajo, y sí hambre y recibos que pagar para  los que no somos banqueros  ni mandamases que se van con los bolsillos llenos.
Así se lo escuché decir a una mujer en el mercado frente a un puesto de fruta. Los parroquianos del frutero ambulante, corearon la máxima verbal  y siguieron esperando pacientemente su turno. Era un día cualquiera, si no fuera porque  esa gente ahora sabe que no tienen fecha para salir del temor de carecer de empleo, y los pocos ahorros apenas dan para seguir yendo al mercadillo callejero.

Las mujeres del pueblo hartas de zarandajas, arremeten con su vocabulario certero, con frases insubordinadas que, aunque parezcan inútiles, no caen en el olvido. La clientela de mercadillos y tiendas de barrio son un pulso real de lo que se piensa, sin cortarse nadie a la hora de emitir juicios. Y aunque esa clase social sea ignorada por la poderosa clase política es una garantía fiable de lo que el pueblo piensa.  Las inversiones de esa clase trabajadora vienen sufriendo robos de guante blanco desde hace tiempo, sin que los ahorros desaparecidos hayan vuelto a sus dueños. Por dar nombre, de todos conocidos, los afectados por los “sellos”, Forum y Afinsa , que vieron como se esfumaron los ahorros de familias enteras, padres e hijos… Después con el descalabro sufrido siguieron trabajando con sueldo y cotización, también durante los fines de semanas  echando horas en la familia para  adecentar viviendas y hacer chapuzas con las que pagar las altas hipotecas de los pisos comprados a precios desorbitados, consentidos y aplaudido, por todos cuantos vivían y engordaban de la ciudad sin ley, que no otra cosa  ha sido el sector inmobiliario.
En este combate diario de apostar por subir el nivel de vida, o poder adquisitivo, los únicos perdedores han sido los de siempre, los trabajadores asalariados y los trabajadores autónomos de la clase media baja. Los mismos a los que ahora se les exigen apretarse la cintura en trabajar y pagar, como si ese invento fuera algo novedoso. Es la gente que después de jugar la partida y creerse dueños del consumo ven y padecen el expolio de lo adquirido. Es el “aliguí” que ha vuelto, no con su carácter festivo de algazara, si no con la penuria de la escasez.                 
                                                   
Resulta que la crisis no ha desembarcado en todos los españolitos, ocasionalmente la perspicacia y el entendimiento de esta situación no ha tocado a otros españolitos que, sin dudarlo, arrimaron el ascua  a su sardina y se les multiplicó, porque han tenido la fortuna de dar capotazos toreros en varias direcciones, y como dice las mujeres del mercadillo, no se quedaron con el culo al aire.
Así hemos llegado donde estamos, volviendo a ser pobres con rabia y con escasa dignidad, ya que todavía se nos alimenta la parafernalia de ritos ciudadanos para tenernos entretenidos. Porque no otra cosa es el futbol y la “roja”, las famosillas gritonas que cuentas chismes aliñados con morbos baratos y los imposibles “guapos y guapas” con el mismo maquillaje y expresiones que las muñecas de los bazares chinos y moros. Bueno, así es como hablan las mujeres de los mercadillos, no será políticamente correcto pero ¿acaso se les ha enseñado desde los escaparates del poder otras normas y vocabularios? Porque no nos engañemos lo real y sincero tiene ese rostro, es la política que conviene para el pueblo, la otra política, la que se escribe en despachos sin reporteros no se muestra, se recubre de capas superpuestas y se clava el diente al adversario si conviene, o sencillamente se firman alianzas de pactos económicos  para escarnio de ese pueblo ignorante.


Pero a pesar de lo que obstaculiza  impidiendo el avance normal, el saber popular ve más de lo que se les enseña, y  esas mismas mujeres son las que están sacando adelante a las familias desprotegidas por el Estado del Bienestar de cualquier Autonomía Española, son las abuela y abuelos – por partida doble – que al no poder pagar guarderías cuidan de los escasos nietos que las parejas de españoles tienen, son los que se ciñen el cinturón, como si fuera un cilicio, y apechugan con lo que ha llegado  plantando cara al desánimo de esta crisis que ha dejado, y deja en la cuneta, a familias enteras.  No entenderán de finanzas y de la subida y bajada de la Bolsa bursátil, pero sin esas familias haciendo la cuenta de la vieja todavía estaríamos peor de lo que estamos. Ah, y también saben influir en el valor del voto ciudadano y en la credibilidad de cualquier político de turno, su oposición no será mostrada abiertamente pero témanles los políticos de oficio, porque desde luego saben muy bien cómo se las gastan y de qué forma se les puede castigar. 
El muro de la injusticia y del empobrecimiento social no es cualquier muro que se escala fácilmente, por lo que la arbitrariedad y  exigencias  a los que más se esfuerzan, no es un puente duradero.
Los pasatiempos de algunos son mofarse de esa gente de mercadillos y tiendas de barrios, alguna vez sería muy saludable que de incognito, esperaran su turno para ser despachados, y así saber, cómo se despacha el pueblo.  Arrieros somos, dicen sonriendo, y en el caminito nos encontraremos…


                                                    Natividad Cepeda

                                                                                                                               

Fotos: Arte Digital: N. Cepeda

sábado, 16 de junio de 2012

A José María Casasayas


A José María Casasayas lo conocí a través de Isabel Fernández, Ama de la Casa de la Torre. Anteriormente conocía su trayectoria y su obra pero no había tenido el placer de conocerle personalmente.

La primera conversación la mantuvimos por teléfono y me relató con la mayor ilusión y entusiasmo de adolescente intrépido que en julio de ese mismo año - verano de 2000 - vendría hasta El Toboso para velar las armas en la Casa de la Torre por la noche, reencarnando a D. Quijote, y posteriormente ser armado caballero por el ventero y los mozos; pero que además él soñaba y requería mi presencia como Dulcinea que era, de la Casa de la Torre, para que le acompañara junto al pozo en la veladura de las armas.

Reconozco que la petición me sorprendió y a pesar de mi asombro acepté.

Para esa noche extraordinaria él había escrito una declaración de amor a Dulcinea, y yo a mi vez tenía que contestarle con otra misiva.

Así de esta manera inusual yo me metí en la piel de Dulcinea y una noche de verano del mes de julio fuimos acudiendo a la cita desde diferentes puntos de España para coincidir en el patio del pozo de la Casa de la Torre.

Los componentes de la Compañía de teatro de Angulo el Malo de El Toboso, dieron vida al ventero y las mozas de partido doña Tolosa y doña Molinera, y el público sentado a un lado del patio y la galería asistían en silencio como testigos de excepción a aquel acontecimiento.

La noche se cubrió de un misterioso silencio y las estrellas se asomaron al patio para ver a José María cubierto de su armadura celada baja y lanza en mano firme junto al pozo y sin inmutarse.

Los actores vestidos a la usanza de la época, parecían sacados de las mismas páginas del Quijote, y yo emocionada asistía sentada en una jamuga, sosteniendo en una mano un pañuelo de fino encaje y en la otra los pliegos de mi carta, pensando que aquello era un sueño y no una realidad.

Solo se escuchaban nuestras voces en el recóndito silencio de la noche y vagamente sentí que la emoción me embargaba y desaparecían todos por un instante, cuando Casasayas convertido en Quijote me miraba cayendo un mechón de pelo blanco en su frente, mientras leía su carta de amor a Dulcinea que en ese momento de transito irreal era yo.

Puedo asegurar que la noche y los asistentes quedaron extasiados y fuera de la realidad más absoluta. Aquello sucedió porque hay constancia fotográfica y muchos amigos que de ello pueden dar fe, yo al día de hoy sigo pensando que algo mágico y extraordinario paso aquella noche.

Recuerdo que cuando yo empecé a leer mi carta, el reloj de la torre de la iglesia dio la hora, al unísono y tan fuerte como las campanadas latía mi corazón, mis palabras se perdían en la noche y bajaban hasta el agua del pozo para ser bautizadas en el acto cervantino más romántico del mundo.

El 27 de Septiembre 2004 se marcho el romántico y tenaz “Quijote” que fuera Don José María Casasayas, a encontrarse con la insondable infinitud de lo eterno, y a buen seguro con el intrépido y querido Miguel de Cervantes.





Aquí en la Casa el Ama Isabel, guardesa de tantos sueños, sigue contando a los caminantes las mágicas cosas que han acontecido y los amigos del Hidalgo con tanto cariño hemos compartido. Las campanas con sus latidos siguen marcando las horas en el idílico lugar donde “media noche era por filo cuando don Quijote y Sancho entraron en El Toboso”





En ocasiones yo retorno a vivir aquella noche mágica, donde la fantasía y la realidad se mezclaron y donde supe sin quedarme duda alguna, que don Quijote y Dulcinea seguían existiendo en esta tierra única y sin fronteras de La Mancha.

                                                                                                                                      Natividad Cepeda


En Tomelloso y Febrero de 2005

"In memoriam" Josep María Casasayas Truyols
Homenaje desde la Casa de la Torre

Fotos: Casa de la Torre. Arte digital: N. Cepeda

viernes, 18 de mayo de 2012

El Altar de la Virgen en Mayo



                                                                               "El amor halla su expresión
                                                                                 más plena en la oración común"
                                                                                                                Juan Pablo II  
                                                                                          


A las cinco se empezaban "Las Flores". Siempre a las cinco.
A las cuatro se abría la puerta de la casa, se dejaba entornada
para que las mujeres penetraran sin tener que llamar.
Antes, tía María, pasaba al oratorio,
encendía la lámpara central,
miraba los jarrones muy repletos de flores,
volvía a colocar las sillas en perfecta alineación,
se asomaba a la pila del agua bendita
y comprobaba que el agua cumplía su misión redentora.
Luego, llegaba al reclinatorio, tocaba su rosario de azabache,
y volvía a colocar los libros de oraciones dispuestos donde ella se arrodillaba.
Encendía los candelabros eléctricos dentro de la hornacina de la Virgen,
estiraba una arruga inexistente  de la alfombra persa,
aspiraba el aroma que las flores dejaban en la estancia,
y muy despacio elevaba sus ojos a la Virgen del Carmen,
y con delicadeza,  fervor y respeto, santiguaba su frente envejecida.
Desde la puerta el gato blanco y negro la seguía en silencio.
En el patio volaban  gorriones y golondrinas,
y el laurel  plantado en la desechada cuba del vino
estiraba sus ramas para tocar la puerta del santuario doméstico.

El aire se llenaba de aromas a cera derretida y  alelíes.
Del rosal trepador se desprendían pétalos muy blancos,
parecía con el sol dando en la piquera blanca de cal que acabara de caer  nieve.
Las rosas de rojo terciopelo competían con la celinda  y la albahaca,
con los claveles, los geranios de olor y el perfume de las lilas
que inundaban  el iluminado altar, donde ardía la lamparilla del aceite .
El tibio aire de mayo se colaba, y dulce rozaba los ángeles de escayola
que con sus manos juntas oraban en silencio.
Refulgía el Cristo de metal  reflejándose en el lienzo protegido con cristal
de Santa Rita, y jubilosos se movían los manteles de hilo blanco y encaje
de bolillos del altar. Mayo sonámbulo de fiesta crecía en sus aromas
 y se postraba a los pies de la imágenes, y un silencio con clamor
de aleluya se ofrecía en las lágrimas transparentes de la lámpara.
Apenas si la tía María respiraba, los ojos de la Virgen y los de ella
se encontraban, y entonces parecía que hasta allí el cielo hubiera descendido.
Poco a poco iban llegando las mujeres,
pasaban, y en silencio ocupaban cada una su silla Unos minutos
antes de las cinco la tía María encendía las velas del altar.
Cuando desde el reloj de la torre de la iglesia escuchábamos las cinco,
al unísono, cantábamos canciones a la Virgen.
Las voces se elevaban sublimes por el aire, y hasta los gorriones y las palomas
rezaban el rosario cuando con emoción y fe desgranábamos el Dios te salve María...



La Virgen nos miraba,
y en su contemplación sagrada y silenciosa
nos sentíamos en paz.  A costa de los años
se fueron esos días, el tiempo sepultó a las personas,
derribó la casa, y el modesto jardín pereció con su dueña,
y un misterio de sombras de recuerdos y nombres
se quedaron prendidos en los días de mayo.
Dios te salve María...
mis labios, una a una, repiten confiados la oración
que aprendí en mi infancia, y al hacerlo una onda ternura
me renace en el alma. Dios te salve María, prólogo de mi vida,
belleza sin crepúsculo, aroma de otras vidas que descansan en Tí.




Dios te salve María
en las tardes de mayo, en las de abril y junio, también en las de agosto
y septiembre, en las noches de marzo de enero y de diciembre,
de   octubre y  de febrero y con noviembre pidiendo por las ánimas.
Dios te salve María toda llena de gracia
en el calor de julio a la hora del Ángelus. Te rezo Madre nuestra
desde la sencillez e ingenuidad de la oración del pueblo con mi fe
hacia adelante, con la huella en mi alma de aquél altar de mayo.


 Natividad Cepeda
                                                                                                     










Premio ferias y Fiestas Mota del Cuervo 2008
Fotografías: N. Cepeda

lunes, 7 de mayo de 2012

Señales para el camino de una romería


                            



         Apenas si quedaban coches en al aparcamiento de Pinilla cubierta por un manto de estrellas relucientes. El sol continuaba su viaje hacia el Este y por el cielo cruzaban aviones persiguiendo rutas lejanas en otros continentes.  Se aferraba la noche  velando con su bruma la ermita de  la Virgen. Un silencio  profundo cubría de misterio los campos labrados que rodeaban el recinto. Como un labio extraño del entorno, la carretera de asfalto, despedía a los últimos coches camino de las luces del pueblo.

La quietud del espacio invitaba a pensar en el hondo misterio de creer en la Virgen que en silencio, callada y en pie, sostenía a un niño con el mismo cuidado que las madres sujetan a sus hijos. Parecía  al mirarla que de un momento a otro caerían de sus manos el niño y el racimo que pendía de la otra Todo era silencio sin brisa, sin estruendo tan sólo roto a veces por los pequeños roces de la tierra al moverse en su girar continúo.
Incluso estorbaban las farolas con sus luces rompiendo el hechizo infinito de una noche distinta. Pasó por las alturas unas aves nocturnas y algo se rebulló en la hierba  con el sentido alerta de preservar la vida. Adentro la Virgen sonreía  como sonríe la aurora cuando empieza el día. Todavía el verde de las pámpanas no se mecía al viento pero si acariciaba con sus pasos etéreos las siembras sin bridas ni relentes. Convergían alrededor del templo incesantes estrellas fugaces que al desaparecer se convertían en sombras entrando hasta el templo. Los escasos romeros que se habían quedado a dormir en Pinilla, evocaban en sueños, el trajín del día y de pasadas romerías.

La noche no impide testificar que, siempre, los romeros, regresan para entrar al templo y rezar postrados de hinojos ante la madre eterna que es María Santísima, llamada en este lugar de las viñas. Señora de los campos de viñas, nimbada por el sol de los campos, por la lluvia que bautiza cosechas y por la tierra que canta con sus hijos himnos de salutación también, en los silencios nocturnos de los cielos.
No otra cosa es peregrinar de romería que una confidencia del alma en su largo peregrinar en pos de todo aquello que es  sagrado y se guarda bajo el magma infantil de los recuerdos.

 Rezar es lo que hicieron ayer los campesinos llevando cogidos de sus manos a los niños nacidos de su estirpe. Rezar por supuesto, y pedir que la Madre María Santísima de las Viñas, retomara en sus manos todos los racimos que todavía por abril pueden llegar a tiritar de frío, y eso representa la ruina de la casa, y de  esa catástrofe que pende del cielo los salva ayer y hoy, aquello que llamamos divino, perdurable por encima de avances y satélites sabios captadores de nubes y tormentas.

Romerías con romeros que no se cansan de pedir la gracia de ser hijos protegidos; así, sencillamente, con los labios callados en íntima oración pidiendo por los hijos y también por la esposa, por el marido y el hermano que enfermó, por la falta de trabajo que se busca y no llega, por el que está en el hospital y no mejora, por el que se olvidó de sonreír y se nos muere lleno de angustia depresiva…
Calla la noche y calla el día en toda romería porque escucha las múltiples plegarias de todos los romeros que a pesar del jaleo rezan, cada cual a su manera, pero importa poco como sea la plegaria, lo que importa es llegar a Pinilla y encender un velón para que esa luz ilumine la vida.
Desde antiguo arranca la costumbre de enseñar a los niños que hay que salir a la calle del pueblo a esperar a la Virgen. Una calle tan solo para esperar unidos el paso de la Reina del cielo al son de campanillas  moviéndose a tumbos, temiendo todos los espectadores, que el niño se le rompa y se caiga el racimo de sus dedos chiquitos.
Y en medio del jolgorio admirar la esbelta figura de María de las Viñas, la Santa, la Madre que con leve sonrisa reparte confianza en todos cuantos miran su rostro tan sereno…

Romeros con la risa pronta en los labios, orgullosos de ser tan diferentes de otros romeros de los pueblos cercanos o alejados. Romeros vestidos de domingo para esperar a la Patrona con sus mejores galas, o venir otros acompañando  a pie, a caballo, en coche o carro detrás de la hermosa Virgen que veneran.
Cortejo de romeros con la filosofía de esconder lo que sienten entre la broma autóctona, y responder con su presencia,  lo  que se lleva en la sangre porque así lo enseñaron todos aquellos que en la noche romera convertidos en sombras entran en la ermita a rezar a la Virgen.

Un gesto de oración en mitad de la calle llamada de Socuéllamos, diferente y festiva esa oración tomellosera,  pero limpia como el agua del bautismo que cae sobre la frente y nos hace sus hijos. Un gesto como emblema de que nada se olvida, vocablo que se nos enseñó en la infancia, invisible como la fe profunda que lismonea ayuda para los que están y para los que nos esperan en el cristal del tiempo.

Romeros de Tomelloso, caricia sin fisuras  a la Madre de Dios, cuando en nubes de polvo recorren la feria de Pinilla llena de chiringuitos, pero siempre ha sido así, rezar y llegar al lugar de oración para comer en paz. Señales de cualquier romería  que marcan el camino trazado de la historia y entregan el testigo a los que seguirán portando a la Virgen  en los años siguientes. Vinculación vernácula de un pueblo alegre y fervoroso   que ora en medio de la calle y de la plaza, a su modo y manera, sin ningún artificio.


                                                                                                             Natividad Cepeda




Fotografías: Paisaje nocturno Inmaculada Lara Cepeda "Maku"
Virgen de las Viñas en la calle Socuéllamos N. Cepeda 

Publicado en El Periódico del Común de La Mancha abril-mayo de 2012 Comarca Tomelloso-La Solana-Manzanares
en Diario Lanza de Ciudad Real abril 2012

miércoles, 11 de abril de 2012

Poemas escritos sin fechas de Francisco Caro





      Suelo leer por las noches libros que subrayo por parecerme sumamente interesantes y esos otros de versos prefectos en su composición. De ellos  algunos libros de Paco Caro.  Entre ellos me detuve en el libro PAISAJE( EN TERCERA PERSONA) así escrito el título en letras grandes, para advertir al lector que el mensaje del poeta es de suma importancia, editado por la Universidad Popular de San Sebastián de los Reyes (Madrid)  Premio José Hierro  2010.
 Creo que los buenos  libros de poemas carecen de fecha, ya que de no ser así no merecen ocupar un lugar en nuestra biblioteca. También me merecen todo respeto los premios concedidos por los jurados, a pesar de no ignorar sus gustos personales, no evitables, y normales dentro de los conceptos humanos. Pero todo esto pierde importancia cuando se lee un libro. Los libros son siempre los que tienen la primera y la última palabra para el lector. Incluso ignorando al crítico de turno, que no está al lado del lector cuando se sumerge en la lectura. Más aún cuando es un libro de poesía, que no hace rico ni al poeta ni al editor. Paradoja absurda, ya que casi todos los escritores sueñan con ser poetas, y un número elevado de personas recitan versos aprendidos en la infancia asegurando gustarles este género literario que nadie adquiere.

      Me confieso lectora impenitente, anárquica y libertaria, quizá por esa razón leo libros y vuelvo a ellos para reencuentros posteriores. De esta manera es como he aprendido a valorar lo excelente de los libros y los momentos gratos  que me proporcionan. 

      Francisco Caro es un poeta conocedor de la técnica y el lenguaje, no sería él si no fuera así. También es un demoledor denunciante del dolor humano que transita debajo de la epidermis secreta de cada uno de nosotros. Y un conocedor sapiencial de la flaqueza humana presente en los seres vivos de cada época y lugar.  Lo deja claro y perceptible en ese otro libro suyo “Cuaderno de Boccaccio” Premio Ciudad de Alcalá 2010 de Alcalá de Henares (Madrid). Dos libros diferentes y a la vez nacidos de la percepción humanística del autor.  Creador culto del conocimiento de las artes, que  él trata de  ocultar detrás de su franca sonrisa y su saludo sin impedimento alguno de liberal amigo.
 Porque detrás de cada poeta hay una historia sentimental que jamás deja de aflorar. Pensamos que las cosas vividas se diluyen como la nieve al sol, y no es verdad.
La verdad oculta se lleva como equipaje interior, es la que se vuelca en versos universales en el escenario del libro. Francisco Caro en estos libros que he vuelto a descubrir se muestra con luces venidas desde lejos. Las unas desde el poso del hombre que mira  el pasado desde su yo profundo, así se reencuentra con el mar y su inmensidad frente a ese poema primero de “Paisaje (en tercera persona) que dice: Como la playa ociosa/ a final de septiembre, allí/ donde la luz asume que su vigor caduca/ ajeno a la existencia de los otros/ así contempla el hombre/ mansa y leve su mano, la herramienta/ con la que atesorara/ el esplendor azul de cada instante.
 Es  este primer poema el pórtico que nos da entrada a todas las demás imágenes que preceden a lo largo de su lectura; así  en el poema  Nocturno en el refugio, asegura el poeta: El corazón del hombre/ observa el fuego/ llevan horas moviéndose/ su mirar y su sangre/ con las mismas/ intenciones secretas,/ con el mismo compás/ que se mueven las llamas/ el corazón del hombre/ como las llamas gime.
La lectura del libro es un camino hacia el interior que se adentra buscando el absoluto de la existencia.

      Libro profundo cuajado de vivencias y experiencias personales que dedica a siete compañeros de viaje. Francisco Caro  desnudo de  atavíos sociales que Intuye que debiera/ bajar los ojos, mirar el mar en los últimos versos que cierra el libro. Mirar el mar, naturalmente, es lo que hacemos, incluso los nacidos tierra adentro.

       No puedo enumerar los poemas de los libros, me cuesta hacerlo; leo y me adentro en su aportación buscando los símbolos ocultos de cada verso, no otra cosa son los poemas que nos comunican con el pasado y con el futuro del mundo espiritual. Si no fuera así “Cuaderno de Boccaccio” no advertiría antes de abrir la puerta de la historia  que Máximo Novello,/ menudo entre los grandes/ mercaderes de lana/ tantos años después, por encargo de Cosimo y Villani,/ y por dar/ su inteligencia a nuevos escolares,/ tuve la voluntad y la incierta memoria/ de escribir cuanto sigue…

No debiera incumbirme en pasar al Primer jueves y pasar después a la página 15 donde dice: Que inicien/este encuentro poemas/ de Francesco Petrarca:/tomad su cancionero/ leed, notad el orden/ del verso primo: … porque es este un libro escrito para hombres Filippo, Dante, Alessandro, Aristóteles, Paolo de Ferrara, Luca, Mássimo y Safo entre otros. Todos ellos de esmerada instrucción en sus costumbres, cultos donde de algunos se decía que en París las damas cantaban sus canciones y amaban sus caricias… Tontas mujeres, aliñadas con aderezos de la  moda  imperante, incultas y alejadas de las clases de los grandes maestros de los que todavía se nutre la historia y la cultura. Pero como nadie escucha esta queja callada de millones de mujeres actuales, seguimos leyendo los libros que nos obvian; los libros como  Cuaderno de Boccaccio bellísimo en imágenes donde los poemas son pura poesía de altura literaria, como no, viniendo de quien viene.

      Y no me duele reconocer que es un trabajo escrito para personas cultas y eruditos,  también para los que se aman entre sí. No importa cuando se tiene entre las manos un libro tan estudiado y bien escrito. Se lo comente, muy por encima, en una ocasión a Francisco Caro, le dije que era un libro para una minoría refinada. Aquí, en este poemario, se muestra el alma del maestro. Del profesor que enseña a sus alumnos la importancia eterna y duradera del saber, que también lo es Francisco Caro.  Aunque en general el tema es el poema y de eso va el cuaderno así en la página 62 en el poema De caminos futuros el poeta asegura: Son tiempos de agregar/ a la latinidad su fondo griego,/ de acoger/ a héroes paganos,/ propagar sus mudanzas/ -Eneas deja a Dido -/ de atenderlos en sus metamorfosis…
Metamorfosis de los días por donde el aire traerá lo que se asegura en los poemas… vendrán deshechos siglos y celestes,/ y un poeta/ - ya sin ira, vencido – escribirá/ hieren/ los cisnes más que los aceros. Juego de voces y de espejos tras el que se encuentra, en el fondo, una invitación a la literatura y a la vida. Así termina el excelente prólogo de este libro  escrito por  Pedro A. González Moreno.
Sentencia de palabras que cobran actualidad en este mes de marzo  donde el viento dice que hay que celebrar  la poesía cada día sin cuota de fechas designadas.


                                                                         Natividad Cepeda

 Fotografías: N. Cepeda




Publicado: Diario Lanza de Ciudad  Real, abril 2012

sábado, 7 de abril de 2012

Resurrección:


                            VIII



En íntimo diálogo hablo con la esperanza
que eres Tú.
                    Desde cualquier camino yaces marcando el norte
albergando en tu estela las paredes hundidas;
y aunque el mundo se derrumbe, sabemos,
que contigo todas las ruinas resucitan.
No puedo explicarme porque me sigues
a pesar de mi olvido hacia ti repetido.

Siempre sé que me llamas
                                             cuando intento olvidarte.
Ocurra lo que ocurra apareces asomado
al portal de la esquina vacía,
de la calle a oscuras,
de la acera emporcada por tanta podredumbre,
y humanamente andas entre nosotros sin juzgar
la conducta tantas veces equivoca
                                                         y llena de fracasos.

Este monólogo, reverbera el poso de soledad
continua por la que avanzo a veces.
Cual Lázaro me muero,
y si tú no me sacaras de mi fría hendidura,
Señor,
             quedaría enterrada en mi propia congoja.



Libro.” Con la sed de todos”
Natividad Cepeda

Fotografía:  N. Cepeda