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domingo, 1 de septiembre de 2024

Brindis con el primer mosto por la feria de Tomelloso 2024



Agosto nos deja su calor y sus ferias de los pueblos manchegos tan tenaces en celebrar una oración mundana ante las imágenes sagradas de nuestros santos patrones y patronas. Se perpetúan las celebraciones y en los templos, a pesar de esta sociedad tan laica, se pide bendición del cielo para los habitantes de la tierra. En Tomelloso las ferias y fiestas son en honor de la Santísima Virgen María de las Viñas en su 80 aniversario como Patrona y Alcaldesa Perpetua de Tomelloso y conmemorando aquella efeméride se ha vestido la imagen con el traje que lució para su coronación en el año 1947.  Mirar la imagen deja quietud y paz en el espíritu gracias al prodigio de la fe.

Mi fe es el legado heredado de mi familia y gracias a ellos rezar ante mi Virgen de las Viñas es un soplo de vida que me sostiene y alza de todo infortunio. Me acerco ante ella y siento que en la ribera del corazón brotan fuentes de agua a pesar del calor agostizo del verano.  Hoy cobijada entre las humildes piedras del templo de mi pueblo, lleno hasta rebosar, asistíamos autoridades, fieles y sacerdotes a la eucaristía en honor de ella, la Patrona divina, pidiendo su protección y ayuda para el nuevo año que comienza después de recoger las cosechas. Las humildes cosechas del campo, vides, melones, trigos, cebadas, almendras y aceitunas entre otros tantos productos agrarios tan escasamente remunerados en nuestros días. Para eso rezamos a veces, demasiadas veces sin comprender la fuerza que tiene la oración.

La Coral del Conservatorio de Tomelloso nos elevaba magistralmente a ese séptimo cielo que es la música y las voces humanas flotando como juncos de río entre las naves de la iglesia. Los sacerdotes oficiaban y al unísono respondíamos los asistentes con el firme propósito de honrar a nuestra Virgen. Rodeada de toda la magnificencia del oficio religioso he sentido a los míos llegar hasta el altar en silencio, como la imagen de María Santísima tan bellamente ataviada. Allí estaba mi abuelo José ofreciendo con sus manos curtidas las sandias de más de cuarenta kilos de un verde oscuro lustroso de pepitas rojas traídas dese su melonar para la puja de la Virgen. Y mi padre luciendo la primera medalla que se acuñó y se puso a la venta para lucirla los hermanos. Iban llegando uno a uno acomodándose entre nosotros, mamá limpiando el cristal del cuadro de la Patrona que ocupaba el lugar más bello de la casa. Mis abuelas rezando con sus breviarios arrodilladas en sus reclinatorios sin quejarse jamás del tiempo transcurrido…

Sentía el manantial de amor de todos ellos en perfecta armonía recorrérmela sangre, sobre mi colgaba la medalla de mi padre de la Virgen de las Viñas y las palabras de mi madre al dármela, porque la mía se la llevó una bella mujer a la que la Virgen la curó de su cáncer. Hacía calor, mucho calor y sentí mis ojos mojados por la emoción de sentirlos a ellos rezando a mi lado.

Señora de la fiesta, la que por ti celebramos, bendícenos con tus manos para quitar lo muerto que arrastramos de los vendavales vividos, devuélvenos la fecundidad de una buena tierra para no olvidar que el mosto de este año necesitamos que sea vino viajero por los senderos del mundo porque somos humildes labriegos postrados a tus pies y a los de tu hijo, los que te lo pedimos.

Señora consagrada en este templo por aquellos que hoy son figuras desnudas de atalajes inútiles, sin ti, nada sería posible, ni mi legado recibido de fe, ni la feria que se inaugura de fuegos de colores en el cielo asistiendo grandes y pequeños al embrujo de los fuegos artificiales de la pólvora. La vivimos un año más y fue grandiosa. Es preciso reconocer que en el granero social todo cuenta como son las luces del ferial y el silencio de la noche bajo el rito solemne de soñar al dormirnos. Espero que las huellas de los que nos dejaron las sigamos feria tras feria para lazar campanas jubilosas anunciando la feria, incluso para los que, venidos de otras tierras, hombres jóvenes esperando el milagro integrador del trabajo, sean tomelloseros afincados y no vagabundos sentados en la plaza sin saber nada de cada uno de ellos.



Porque Madre Santísima de las Viñas, los emigrantes son pájaros sin nido que buscan al borde del camino huir del quebrado destino que los trajo hasta aquí con derrotas calladas, sentados en bancos de muchas otras plazas de pueblos y ciudades de las ferias injustas de la vida. Mi brindis va por ellos y por todos nosotros los que habitamos nuestros pueblos amándolos por encima de escollos.

 

 

                                                                                             Natividad Cepeda

Publicado en los periódicos que  se muestran y se pueden leer digitalmente

 https://entomelloso.com/2024/feria-de-tomelloso/brindis-con-el-primer-mosto-por-la-feria-de-tomelloso-2024/486559/

https://www.miciudadreal.es/2024/08/26/brindis-con-el-primer-mosto-por-la-feria-de-tomelloso-2024/

https://www.cuadernosmanchegos.com/

https://www.lanzadigital.com/opinion/brindis-con-el-primer-mosto-por-la-feria-de-tomelloso-2024/




viernes, 1 de marzo de 2024

Los otros y nosotros

 


                                        

Paso por la plaza  y en los bancos, sentados están los otros; los que han ido llegando de otras partes del mundo.  Sabemos que no son de aquí porque tienen otro color de piel. Los niños juegan haciendo de la plaza su campo de batalla, felices y confiados porque aquí no caen bombas ni hay hambre.  Todos pasamos por la plaza cada uno con su itinerario particular. No nos detenemos a preguntar nada. De pronto escuchamos dialogar  en otras lenguas que no entendemos y los que hablan son de piel blanca y no negra.

No nos extrañamos. Nos hemos acostumbrado a convivir sin mantener contactos con ellos son los extranjeros emigrantes  que muchos piensan que viven a costa de nosotros. Antes llegaron los hispanos con su lenguaje suave y nos parecieron demasiado suaves y solícitos porque nosotros somos cortantes y algo bruscos al hablar, pero nos entendíamos.  Con los otros marroquíes, tanzanos, senegaleses, rumanos, rusos y muchos otros no hemos llegado a intimidar casi nada, salvo que nos hablen en nuestro  idioma y por trabajo nos ayudemos mutuamente.  

Pero los niños  van creciendo en nuestros colegios y hablan nuestro idioma. Son los que se sienten de aquí a pesar de la distancia que todos mantenemos. Hay ocasiones que en los supermercados  nos cedemos la vez, con las mujeres y alguna que otra vez alguna te sonríe y la otra persona, mujer también, le devuelve una tímida sonrisa, apenas imperceptible, y continuamos haciendo la compra como si habitáramos en orbitas diferentes.

Creo que nos tememos porque somos desconocidos y de los desconocidos no hay que fiarse.

A veces ocurre que se forman parejas de diferentes países y nos preguntamos cómo es posible que se hayan apañado dejando de lado, abandonando a la pareja de antes, la que era de igual a igual de familias conocidas y… no con esa o con ese que al saber de quién será.  Pero ocurre y no pasa nada. Pensamos que esto es la globalización mal entendida y hasta algunos dicen que nos hemos vuelto locos con tanto revoltijo de unos y otros.

Cuando cae la noche nos retiramos pronto de las calles porque hay inseguridad autentica y los más viejos, los que no murieron en la pandemia del COBID, añoran aquella tranquilidad de hace años. Todo ha cambiado y para bien o mal nos cruzamos en las calle sin plazas sin conocernos ni hacer nada por cambiarlo. Somos humanos deshumanizados viajando de un punto geográfico a otro sin hallar nuestro lugar.

                                                                           Natividad Cepeda

 

 

sábado, 6 de agosto de 2022

 




Llegan por el mar

buscan la fortuna de Europa

en tierra extraña.

 

Vienen mendigando

vivir con sus anhelos  adentro

de su pecho

 

y los hay que se quedan

entre  algas

y corales que sus ojos

no vieron.

 

Pasan por las calles

solos sin nombre,

ignorados

en busca de sus sueños.

 

Son jóvenes de piel tersa

y morena,

negra,

intermitentes parias

buscando un destino

en  ciudades ajenas.

 

Llegaron por el mar

los veo

en los pueblos sin mares

con la mirada triste

solos

y errantes

sin que nadie les hable.

 

Pasan, me siento

desvalida al mirarlos

y  romperse mi útero de madre

en mis entrañas.

 

 

 

Natividad Cepeda


https://anchor.fm/natividad-cepeda/episodes/Pasan--Emigrantes-de-frica-e1m5tg6

https://open.spotify.com/show/3nxR0h6aDrrQniOh2vpZpd?si=5403703585af4136

https://anchor.fm/s/12e5a260/podcast/rss


martes, 2 de febrero de 2021

Agujas de ladrillo las chimeneas de Tomelloso

             


Se quedaron calladas las fábricas de alcohol de Tomelloso. Se callaron y el susurro del tiempo despeino, partícula a partícula su envoltura. Se marcharon, como se marcha la memoria de los muertos que nadie recuerda. Quedan algunos esqueletos de ellas. Quedan porque la piqueta de la locura colectiva de construir pisos las dejó por falta de recursos.

Entre sus paredes hay cicatrices del esplendor de antaño. Perdieron el olor a vinazas y el olor del sudor de los que en ellas trabajaban. Primero fue el silencio, después las telarañas, el polvo, las hormigas, las moscas en verano y sin que nadie lo impidiera crecieron arbustos, hierbas, flores silvestres y yedra sempiterna tiritando de frío en los inviernos. Se desconchó la cal de las paredes y el tapial marrón y mágico se mostró en toda su belleza. Al pasar a su lado mirábamos sus torres de ladrillo alzadas a la altura de las nubes: aquellas chimeneas solitarias sin humo brotando por sus bocas.

Las mirábamos como se miran las nubes y sin palabras después nos alejábamos sintiendo algo extraño en el fondo íntimo de las entrañas. Y de pronto se dijo que a las chimeneas había que protegerlas, igual que se protegen los retratos viejos de los museos nuevos a los que nadie va.  Nostalgia de la nada que sólo sirve para presumir de lo que ayer dio trabajo y se dejó extinguir. 

Perdimos por ignorantes un sustento de sueldos de hombres y mujeres. Un ejército de bodegueros, carretoneros, lieras, escribientes… Luego, hace escasamente poco, cuatro, tres, dos años   dieron cobijo a extranjeros, pobres emigrantes de escaso equipaje y bolsillos vacíos de billetes. Eran un hervidero humano que entraban y salían por paredes caídas, por puertas achacosas y hasta por enormes agujeros en sus paredes que ellos, los emigrantes hacían cuando los desalojaba la policía, porque aseguraban  que era un foco de vender droga. Al final se demolió la fábrica y quedaron los muñones de las solitarias chimeneas, testigos mudos de un pasado que ya no volverá. 

Ahora no sirven nada más que para mirarlas desde lejos: mudas, estáticas. Agujas de ladrillo varadas en el tiempo. Algunas de esas torres se han habilitado para que aniden las cigüeñas, tiene suerte; más suerte que los parias extranjeros.  ¿Y ellos?, aquellos que vinieron y los que han seguido llegando atraídos por la riqueza de los campos – falacia de mafias - ¿dónde cobijan sus huesos? Hay otros esqueletos de  cemento que  les sirven para  guarecerse del miedo de carecer de todo. Son naves industriales, abandonadas  por no estar terminadas, expropiadas por bancos con atroces hipotecas… En todas esas moles de castillos preñados de ambición inconclusa, duermen los emigrantes. 

 Y hay necesidad en los de dentro y en los de fuera. Las gentes al verlos pasar se preguntan, ¿de qué comen, de qué viven? Despacio, como a escondidas murmuran que de los robos en viviendas y campos. Sí, es una realidad que envuelve al pueblo y hace mirar desconfiadamente, y hasta  con miedo, a los que han llegado. Y no creo, que las chimeneas con trazas de obeliscos, les indiquen que han de regresar a sus hogares cuando es invierno y tiritan de frío.

 

 

Natividad Cepeda

 

 

 

sábado, 9 de marzo de 2013

Mujer olvido y realidad


                                    
En los periódicos de tirada diaria no se incluyen poemas porque se consideran no aptos, sí tienen cabida artículos de temas repetidos y recurrentes, considerados de actualidad.
Más, curiosamente, hay poemas que son universales a los que se citan en artículos escritos ayer y hoy. Hoy, muchas de nuestras hijas y jóvenes, han emigrado y emigran a otros países de Europa, América, Australia,  América del Sur y Asía; despedirlos es una herida abierta que no se cierra fácilmente, además de la pérdida irreparable que supone para nuestro país. Este poema es un mar de llanto hecho palabras por mi hija ausente, por los hijos de muchos amigos y por los millones de emigrantes, mujeres de cualquier nacionalidad que buscan su lugar y derechos en ciudades apartadas de donde nacieron.
La historia humana y su cultura, escrita mayoritariamente por hombres, ha olvidado incluir en sus anales la aportación  de la mujer por no considerarla relevante.  Es uno de los muchos errores humanos, ya que al no registrar esa aportación en el campo de la vida, que no es otro que el ámbito social donde se desarrollan las sociedades de cualquier momento y época, se ha cometido, y sigue cometiendo, un olvido inolvidable porque sin mujeres ninguna sociedad podría haber existido ni existir.
Este poema no es un homenaje a la mujer, es un reconocimiento a todas las mujeres que han hecho y hacen posible la vida en todo su contexto.

       MUJER EN LA CIUDAD DE SIGLOS

                                                                                                                                                                                                               
Debió de ser agosto cuando llegabas, tímida,
y cruzaste las puertas de la vieja ciudad,
las puertas donde todo el tumulto de los siglos
yacía indiferente sobre oxidados goznes.
¿Fue luz  lo que tus ojos ingenuos contemplaron
en el rumor creciente del dédalos de calles?
En ti se prolongaba una muchacha ingenua
bajo sol diferente, bajo música nueva.
La caricia madura del verano se alzaba
en el látigo azul de un horizonte fúnebre.
El río, entre los brazos del cauce, profanaba
los sillares de piedra de los arcos del puente
y tú, viajera firme, sin trabas, sin fronteras,
rompías con tus pasos la cáscara del tiempo.

A nadie le debías nada. Con veladoras
manos tu casa hiciste, tu pedazo de cielo.
Sólo era preciso llegar a la ciudad
y ver las avenidas. Atrás quedan las calles
perdidas de tu pueblo, galerías de sombra.
Eras una mujer abriéndote camino,
bebiéndose el exilio, comenzando a luchar,
sin temores, sin pausa, sin el brindis amigo
de un azar de magnolias. La ciudad eras tú,
tus víveres un máster, la expansión de la búsqueda,
un foro empresarial, la ley del hormiguero.


De mujeres antiguas frente a la tierra dura
tú tenías la génesis, de rebelde mujeres
abiertas a la vida que también emigraron
con recuerdos hundidos, sin ser llamadas diosas,
dejándose a los muertos para calmar el hambre.
Mujeres alfareras  de la vida en sus vientres,
hermosas amazonas con pezones volcados
en la boca del mundo. Mujer, razón del hombre
bajo leyes injustas como liturgia amarga,
dulzura en los jardines, reconocible fuerza
entre la multitud, voz nunca doblegada.
¿Cómo decir que el mundo sin ti no existiría?
Te miro andar, mujer sin nombre, luz serena,
resuelta a no pagar tributo por ser libre,
cruzando extrañas calles sin perder tu camino
y levanto por ti el laurel de la gloria.

Eres un documento de historia transmitida
que el tiempo va sembrando por la ciudad antigua
y por la nueva, madre, que hasta el silencio graba
la belleza en tu rostro. Mujer con el deseo
atrapado en la piel, mujer que permanece
en las viejas paredes que hablan de otros siglos
sin gemidos ni llantos, eternamente limpia.
Mujer de tantos nombres y de tanta memoria
que admira rosaledas en parques y jardines,
que jamás tuvo culpa de necedades que otros
han dicho o han escrito, hoy cruza el universo
y marca con su paso lo que merece ser
y nunca lo que ha sido.
                                      Mujer, quizás no sepas
que todas las ciudades tu imagen reproducen.
Nada se concibió sin tu legado;
todo tiene tu altura en el espejo intacto de la vida.


                   
                                                                                            
                                                                                  Natividad Cepeda


Accésits en el Certamen MUJER Y ARTE Lucena  (Córdoba) 2012
Publicado en el Diario Lanza de Ciudad real 8 de marzo de 2013

Arte digital: N. Cepeda