Mostrando entradas con la etiqueta justicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta justicia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de enero de 2022

Quedarse a la intemperie gracias a leyes marginales y a la pandemia destructora del coronavirus en España



Seguimos soportando la cruel pandemia del coronavirus en España hoy leo que ayer se publicó la siguiente noticia aclaratoria que el Ministerio de Sanidad ha añadido el martes 18 de enero de 2022 94.472 casos al recuento oficial y ha registrado 284 muertes desde el último balance. Cifras oficiales. A estas cifras hay que sumarles las muertes derivadas de complicaciones y secuelas por el coronavirus que jamás serán sumadas a las cifras oficiales pero que sí son reales y conocidas entre la población.

Escuchamos e intentamos  seguir las pautas dictadas y deseamos que todo cuanto se investiga sea efectivo para la población desde ese enjuague bucal que desactivaría la COVID "al 99%" y que la variante de Ómicron deje de ser tan peligrosa y contagiosa. Ahora se asegura que el pico de transmisión de Ómicron se produce al sexto día de dar positivo… Imposible acertar con la total seguridad de cómo se producen los contagios, salvo que te aísles y no veas a nadie. Imposible también.

A éste panorama sumamos el desplome de la economía que avanza destruyendo esperanzas y cercando a cientos y cientos de españoles a pasos rápidos. En los medios públicos, cada día menos fiables por su contaminación política, se nos dice que obtendremos ayudas. ¿Ayudas? También en eso la población está desencantada por la inseguridad que se palpa en casi todas las capas sociales, exceptuando a los poderosos que viven de los impuestos o de las fortunas intocables. Escasos comparados con la masa de población pero bien perpetrados en sus círculos medievales actuales.

El silencio sobre lo que sucede es masivo. Hay una sumisión al silencio debido al miedo soterrado de que quien protesta es obviado, en silencio.

Entre el año 2021 y éste que ha comenzado del 2022 han fallecido muchas personas mayores; ancianos y ancianas que han dejado a sus familiares una herencia gracias a su ahorro durante toda su vida en la que no se prodigaron en viajes  ni caprichos. Pues bien, hay casos personales en los que los herederos han tenido que renunciar a esa herencia porque no podían hacerse cargo de ella por los gravámenes impuestos. También hay silencio sobre esta realidad injusta y desmedida. Debido a que el Impuesto sobre Sucesiones es un impuesto progresivo, en el que no hay un porcentaje fijo de gravamen, sino que cuanto más se hereda, más se paga. El gravamen general oscila desde el 7,65% hasta el 34%, aplicándose después las mencionadas bonificaciones de cada Comunidad Autónoma. Tanto es así que el estado es quien se beneficia.

He leído en el periódico digital Econom15ta.es lo siguiente: “Hacienda oculta en la ley antifraude una fuerte subida de impuestos en Sucesiones y Patrimonio. Formaliza las elevadas  tasaciones  autonómicas  de los inmuebles. rechaza el criterio del Supremo, que exige  utilizar el valor real. El Catastro seguirá decidiendo a través de su valor de referencia”. Ante esto los herederos que viven de una nómina baja no pueden hacer frente al pago exigido para recibir la herencia de sus padres.

Me pregunto ¿dónde está la justicia, la ética y la manoseada palabra tan extendida y repetida de, solidaridad? y no encuentro la respuesta. Lo realmente cierto es que a la intemperie, faltando lo básicamente necesario para vivir hay  cientos, miles de personas en mi entorno geográfico y en otros muchos otros alejados en kilómetros, pero cercanos gracias a los medios informáticos actuales. La pandemia ha acrecentado las muertes y la pobreza y todavía sigue con nosotros.

 

 

                                                                       Natividad Cepeda


viernes, 3 de julio de 2020

Alguna vez soñé con un mundo mejor

                    

Es tan encantador soñar que al no poder hacerlo es posible que algo se nos haya roto en la música interior del corazón. Soñar es tocar o percibir la magia de lo que queremos alcanzar aun sospechando que es casi imposible conseguir. Soñar es ver la Tabla Redonda rodeada de aquellos puros caballeros con un rey Arturo justo. Soñar es ver cabalgar al héroe de Mío Cid en pos de la justicia sin importar perder fortuna y ser lanzado al destierro. Soñar es creer en el milagro de los gobernantes que prometen paz, prosperidad y respeto por la justicia sin favoritismos ni cargas sobre la espalda de sus pueblos. Pero cuando se suman años  y conocimientos diversos  los sueños carecen de cielos azulados y anocheceres de mágicos destellos de las altas estrellas.

Estamos empezando julio de 2020  entre la frontera del miedo al contagio y la muerte del Cobit19 y la desazón de cómo sobrevivir por los corredores de todas las profesiones, salvo la política,  que carece de precariedad. Reconozco que jamás tuve peores pesadillas al imaginar subsistir en esta España de mis pesares y alegrías.  Años atrás el muro de nuestras lamentaciones no estaba tan poblado y teníamos fe en los partidos políticos del pasado. La mentira e insidia que nos tiene amargados y perjudicados a casi todos los niveles, solía desvanecerse con el paso de unas elecciones a otras, regresando así a recuperar la ilusión en nuestra joven y querida democracia.

Volver a soñar ahora es casi imposible porque nuestros sueños son de a ras de tierra; poder vivir sin ir al comedor social o religioso, cobrar el ERE o ERTE, esa prestación originada por desempleo porque no hay trabajo; y además que se cobre de verdad. Soñar así es perder los sueños. Es regresar a un tiempo de miedo inmisericorde a través de los días actuales.

Andamos por sendas de soledad absoluta atendiendo con todos los sentidos a la supervivencia a campo abierto y a ciudad amurallada de inseguridad. No lo decimos en voz alta pero estamos amedrentados porque la situación actual nos ha cogido desprevenidos y casi sin esperanza de arreglo. De pronto vivimos una barbarie inhumana, se ha perdido el respeto a todo aquello que rige la civilización. Sí, la barbarie se instala cuando se pierde la cultura e ideas sobre creencias que nos han hecho evolucionar en conocimientos diversos, desde el pensamiento a los avances científicos; al respeto a toda vida, desde el nacimiento a la senectud. Y calladamente hay un miedo primario e inconsciente.

Percibimos que algo no funciona. Se perciben en todas las capas sociales.  Es una marabunta que acomete las fibras más sensibles, no solo de aquellos que están predispuestos a alborotar, animados por exaltados líderes; no, es ese miedo a la intemperie de perder el techo y la comida. Traducido a la inestabilidad en sanidad, educación, impuestos y prestaciones sociales que no pueden paliar  el daño moral que se siente.


No, nos gustan los espejos donde mirarnos, ni las formas desleales de ser tratados como ciudadanos con obligaciones y escasos derechos. Flota en el ambiente oscuros presagios y no es bueno que esto ocurra. En el bazar de la globalización hay una atmósfera de pliegues  contraídos cada vez  más visible. A pesar de todo ello hay que recuperar los sueños y volver a soñar con un mundo mejor. Creer que es posible y entender, unos y otros, que ir avasallando, desde el punto de vista moral, es malo para todos. Nuestro tiempo humano es demasiado corto para tirarlo por un dédalo de podridas salidas. Poner postigos a los débiles es crear riadas de penurias y no es aconsejable subestimar su insignificancia desde el poder establecido, porque, torres más altas han caído. Hoy arriba y mañana, puedes estar abajo. Recordarlo puede que nos haga falta para la convivencia.

 

 

                                                                                                 Natividad Cepeda

 

 


jueves, 22 de noviembre de 2012

La otra partícula de Dios: los niños ultrajados de nuestro propio mundo.



Noviembre tiene una fecha demasiado importante en su calendario referente al 20 de noviembre, pero precisamente porque es importante, pasa totalmente desapercibida y olvidada para la mayoría de todos nosotros.


Noviembre es un mes de luces y sombras a mitad de camino entre el otoño con su color dorado y su llanto desbordado de exagerado lagrimeo de ríos desbordados.
 Llanto de lluvia necesaria y temida, y puente por donde viene silbando el aire del invierno que para diciembre nos saluda con su beso helado en mitad de la calle y de los campos.

Noviembre suele acuñar fechas con sabor a nostalgia trasnochadas. Algunas oxidadas, como la herrumbre del hierro de las frías estatuas, emplazadas para indicar que debajo del pedestal del homenajeado, sólo queda el broce verdoso y amarillo, para retener la memoria del que nadie repara. En medio de ese baile de efemérides el tratado de los derechos del niño - de la niña- nos recuerda cada 20 de noviembre, que hay 193 países que firmaron velar por su integridad, apoyados por el comité  de 18 expertos en el campo de los derechos de la infancia por encima de derechos y  ordenamientos distintos. Se convirtió en ley  en 1990, aceptada también por España, quedando fuera de esa convención  Estados Unidos junto a Somalia, en ese tratado internacional de buenas intenciones que no siempre son efectivas en la defensa de la infancia.

La convención tiene 54 artículos que reconoce que todos los menores tienen derecho al pleno desarrollo físico, mental y social, y a expresar con libertad lo que piensan, sin olvidar la salud y el progreso en todo su contexto humano y cultural. Irrealizable sueño y utopía altruista de la que se ríen los poderosos señores de la tierra.
                                                                                                                                                        
Los dictámenes que se formaron para la CDN, que son las siglas del Comité de los Derechos del Niño, no son cumplidas ya que 18,000 niños mueres de hambre  y de sus secuelas a diario. Niños sin ninguna protección, maltratados desde la explotación consentida de políticos que agrupados en la cúspide del poder se olvidan de su propia infancia. Niños lejanos que no importan, salvo para ser empleados como mano de obra barata por inversores y accionistas de grandes cadenas de producción a nivel mundial. Niños ultrajados porque las leyes existentes se tapan los oídos y los ojos cuando son violados, agredidos y manipulados por gobernantes abyectos con los que se comparte almuerzo y alfombra, pasando por alto la agonía y muerte de esa partícula de Dios, que son todos los niños que vienen a la vida.

Me pregunto, ¿de qué sirven los documentos firmados en esas convenciones ante los escribanos de nuestra civilizada sociedad occidental? ¿Y todos esos congresos y conferencias en palacios de cristales impolutos, donde lo ceremonial prima por encima de la equidad y la justicia?  ¿Y los que a nuestro alrededor, desde hace un par de años, son desalojados de la vivienda familiar porque el trabajo falta, y la ruina se cierne sobre los manipulados ciudadanos de España y Europa  sin otro recurso que el del trabajo que escasea? Niños nuestros, con rostro, nombre y apellidos. Niños perjudicados por la avaricia desmedida del poder gubernativo en el que se ha confiado, con sus derechos pisoteados sin miseración alguna…

Pasará el 20 de noviembre sin gloria, con la pena de saber que los niños no dejarán de ser ríos desbordados en sucesivas generaciones, mientras los que los exprimen, olvidan qué la indefensión infantil es consecuencia de  leyes convertidas en papel mojado.


                                                                                                              Natividad Cepeda








Arte digital: N. Cepeda