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viernes, 23 de enero de 2026

Paisaje de la Ausencia

 

Voy sucumbiendo al declive de la tarde,
mendiga de una luz que en paz se apaga,
ante la casta desnudez del árbol
y esta desnudez humana que me embarga.

Campos de La Mancha, lienzos de bruma,
de nostalgia tejida y vecindad,
donde el silencio navega entre lloviznas
y un cielo de ceniza dicta su voluntad.

Mástiles de sombra, luces que agonizan,
tiñen de incierto el rumbo de la calle,
mientras el pulso frío del teletipo
derrama sus augurios en los móviles.

Clamo con un llanto seco, sin orillas,
por la siega de tanta muerte inútil;
y dejo el corazón abierto de par en par,
bajo el torrente de lluvia redentora.

 

Poema y Fotografía Natividad Cepeda©

sábado, 1 de febrero de 2014

YO CONOZCO UN AMOR DE NOSTALGIA

Lo vi por vez primera una noche de luna de febrero.
Aún hacía frío, y por las nubes lejanas, viajaba
la flor de los almendros, pariendo con sus pétalos
rosados, montes en los perfiles de la aurora.
Nos miramos igual que las estrellas se miran  en el mar,
lo mismo que los álamos se miran en el río,
igual que la lluvia se mira en el ventanal de las vidrieras,
o como los niños se miran en los charcos que dejó la tormenta.
Nos vimos, y después de mirarnos, proseguimos,
sin volver ninguno de los dos la cabeza. Cada cual a lo suyo.








La luz caía inmaculada sobre la carretera y los campos,
el aire, pasajero del mundo, besaba la frente de la tierra.
Y lo volví a encontrar, cayéndole el aroma de las flores
del almendro por sus manos  morenas. Y se perdió en la tarde.
Ardía la leña en el fuego, las brasas me hicieron recordarlo.
Eran sus ojos, apresurados y ardientes, lo que el fuego tenía.
Y salí a la calle a sentir la infinita tristeza de la nieve,
a ver los nacimientos de barro tiritando, a perderme en las calles
por si volvía a estremecerme con su encuentro.
Encontrarlo me seducía igual que una canción de medianoche.
La gente bajaba corriendo  porque el viento del norte llegaba
por plazas y rincones. Al azar entré en la Cafetería de las Flores.

Detrás de sus cristales  destilaban rocío los capullos de almendro.
Me quedé mirando la vidriera empañada y recordé febrero...
Se quebraba el frío en los muros helados cuando sentí dos brasas
quemándome la cara. Y se sentó a mi lado como un ave
que descansa de una gran travesía. 
Fue absoluta la huella de su beso.
                                        Se marchó con la noche, dejándome su ausencia, 
                                        una nostalgia eterna.


                                                                                                      Natividad Cepeda.



II Premio de Poemas de Amor de Conil  (Cádiz) Febrero de 2002

jueves, 14 de febrero de 2013

PLEGARIA DE LA AUSENCIA


     
 
                                                                                  "Adéntrate si quieres
                                                                                     hasta lo más profundo de mi casa"
                                                                                                                                  V. Arteaga.                            


Digo amor:
                 y digo flotación de los sentidos
de turbador desgarro
y belleza infinita que me envuelve.
Existo porque  me veo reflejada en tu mirada
y amarte es la revelación de lo sagrado
en el silencio de la noche.
Lo urgente es sentirte, y sentirme,
ser melodía en las laderas de tus labios
y terrón de azúcar en el lagar de tu mosto.
Bajo tu arquitectura soy una cruz del sur
que jamás retrocede y a quien nadie derrota.
Por ti soy un río que busca el horizonte
alrededor de tus montañas,
explosión de luz que ilumina los templos olvidados.

Soy  patrimonio
                             de la alborada incendiando la cresta
de los cielos por donde nacen las horas.
Y caben en nosotros el aliento del alba
y el otero por donde muere el sol.
Emigro desnuda y en silencio
para sentir  tu aroma   deslizarse suave por mis senos.
Eres roce presentido
de encuentro sobre la hoguera de la tarde.
Porque tus labios son mis parras,
mi vino fermentado  por donde se despereza
la belleza del encuentro en vendimia.
Eres mi paisaje
y la tierra labrada que aguarda la simiente
sobre el aliento místico que ora esperando el sol.
Eres el rumor de la tarde que recoge el vuelo de la noche.

Digo ausencia:
                         y escribo esta mañana gris
 mientras veo refugiarse a los gorriones
en los huecos de las tejas.
 Me disperso con ellos y cruzo con mi rumor
de pisadas y mi silencio de tristeza
entre el ropaje de tu imagen.

Digo tiempo:
                     y toda mi realidad se  altera. 
Gira mi corazón con todas sus cicatrices
empapadas de muchedumbre
y me asombra escribir de nosotros a la orilla
de las horas perdidas en el remoto espacio del olvido.

Digo silencio:
                        y mis labios esconden entre ellos
las huellas de tus besos. Guardan su inquietud
y su sed mientras se adormece el frío
en la dulzura tibia de tu pecho.

Digo espera:
                     y al cabo de mucho esperar
se me rompen las horas por el acantilado
de los meses. Y no vuelves.
Debiera guardar en el recuerdo las alas del corazón
plegadas y dejar de ser azul y confiada.
Debiera ser tan sólo espiga que espera al segador
y no amapola mecida por el viento en la soledad de los campos.

Digo noche:
                    y se me escapa furtiva la luna
detrás de un burdel de carretera.
Las ventanas se cierran y nadie ve
a los traficantes de la noche comerciar con la vida.

Digo soledad:
                     y tiemblo porque la noche acoge en su envoltura
la paz y la discordia. Acoge al amor
y también el olvido, la traición y la infamia.
Y hasta mi amor se extravía en el desván  de la incertidumbre.

Digo sueño:
                     y un ángel vela el sueño de los niños.
Y busco los hijos que no hemos tenido
y me asomo a mi vientre de mujer y lo veo vacío,
y aturdida suben por mis pupilas los niños nacidos del amor,
y aquellos otros que no importan a nadie.
Niños caídos en desgracia,
prostituidos en las calles con la mirada oscura.
Niños sin ángeles custodios
que militan en los grupos armados.
Niños sin amor,
despedazados por buitres sin alas.
Niños sin estrella,
sin gritos, sin risa y sin futuro.

Digo invocación:
                            y todo cabe en la matriz 
donde se funde la vida.
Sin proponérmelo me conmueve el gozo y el dolor
de esos puntos cardinales del mundo.
Tan distantes.
Y entonces llegas tú desde los soportales de la melancolía
con tu transparencia de viajero en el lagar oscuro de mi sangre.
Llegas y me habitas de conciencia cósmica el santuario de mi piel.
La noche me embriaga con un aria
y escapo de morir porque vuelvo a soñarte.


Y te llamo para poder albergarme en tus ojos.
Y te espera ésta mujer que una vez habitaste
en esta casa que es un nido vacío

Digo tu nombre:
                           junto al rescoldo que me dejó tu ausencia,
fiel a mí misma, sin dispersión, y como ave fénix
 resurjo de mis cenizas porque todavía sigo creyendo en ti.
Creer, como el almendro espera florecer en febrero.
Creer en las horas gastadas.
Creer, porque no hay demasiada vida
 ni demasiada muerte  para dejar de amar.
Y te siento en mi piel,
bancarrota de imágenes.
También en las adelfas de la ciudad
mojadas por la lluvia
salpicadas de sueños
que vagan por los patios sin recato.
Amor, arrebato de vida, eres mi punto de partida,
mis males sin remedio,
ese territorio que no tiene fronteras...,
pero a pesar de todo, quiero que seas mi elegía cuando te diga adiós.



                                                                                                       Natividad Cepeda




Poema Finalista IV Certamen de Poesía “Noches del Baratillo” Sevilla


Fotogafías.   Ángel Bernao Berruguete