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viernes, 23 de enero de 2026

Paisaje de la Ausencia

 

Voy sucumbiendo al declive de la tarde,
mendiga de una luz que en paz se apaga,
ante la casta desnudez del árbol
y esta desnudez humana que me embarga.

Campos de La Mancha, lienzos de bruma,
de nostalgia tejida y vecindad,
donde el silencio navega entre lloviznas
y un cielo de ceniza dicta su voluntad.

Mástiles de sombra, luces que agonizan,
tiñen de incierto el rumbo de la calle,
mientras el pulso frío del teletipo
derrama sus augurios en los móviles.

Clamo con un llanto seco, sin orillas,
por la siega de tanta muerte inútil;
y dejo el corazón abierto de par en par,
bajo el torrente de lluvia redentora.

 

Poema y Fotografía Natividad Cepeda©

viernes, 27 de junio de 2025

Por la Vía Láctea

 Esta noche por la Vía Láctea se calcinan

estrellas regresando sortilegios

entre el aliento de todos los misterios.

Desfila ese tiempo olvidado que yace

en la penumbra del pensamiento

con preludio de brasas y yo alargo

mi pábilo y enciendo sendas de paz

para este tiempo oscuro de guerras.

La noche comienza su viaje con ella

me diluyo en el fuego ancestral y mágico

de San Juan apostada en mi soledad

frente a la certeza de que las llamas

limpiaran mi alma de inútiles nostalgias.

 

Poema y fotografía © Natividad Cepeda

 

sábado, 1 de febrero de 2014

YO CONOZCO UN AMOR DE NOSTALGIA

Lo vi por vez primera una noche de luna de febrero.
Aún hacía frío, y por las nubes lejanas, viajaba
la flor de los almendros, pariendo con sus pétalos
rosados, montes en los perfiles de la aurora.
Nos miramos igual que las estrellas se miran  en el mar,
lo mismo que los álamos se miran en el río,
igual que la lluvia se mira en el ventanal de las vidrieras,
o como los niños se miran en los charcos que dejó la tormenta.
Nos vimos, y después de mirarnos, proseguimos,
sin volver ninguno de los dos la cabeza. Cada cual a lo suyo.








La luz caía inmaculada sobre la carretera y los campos,
el aire, pasajero del mundo, besaba la frente de la tierra.
Y lo volví a encontrar, cayéndole el aroma de las flores
del almendro por sus manos  morenas. Y se perdió en la tarde.
Ardía la leña en el fuego, las brasas me hicieron recordarlo.
Eran sus ojos, apresurados y ardientes, lo que el fuego tenía.
Y salí a la calle a sentir la infinita tristeza de la nieve,
a ver los nacimientos de barro tiritando, a perderme en las calles
por si volvía a estremecerme con su encuentro.
Encontrarlo me seducía igual que una canción de medianoche.
La gente bajaba corriendo  porque el viento del norte llegaba
por plazas y rincones. Al azar entré en la Cafetería de las Flores.

Detrás de sus cristales  destilaban rocío los capullos de almendro.
Me quedé mirando la vidriera empañada y recordé febrero...
Se quebraba el frío en los muros helados cuando sentí dos brasas
quemándome la cara. Y se sentó a mi lado como un ave
que descansa de una gran travesía. 
Fue absoluta la huella de su beso.
                                        Se marchó con la noche, dejándome su ausencia, 
                                        una nostalgia eterna.


                                                                                                      Natividad Cepeda.



II Premio de Poemas de Amor de Conil  (Cádiz) Febrero de 2002