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domingo, 3 de octubre de 2021

Plegaria por la Excelentísima Doctora Doña Ana Figueras Juárez

 


Plegaria por la Excelentísima Doctora 

Doña Ana Figueras Juárez

(Funeral Parroquia Asunción de Nuestra Señora en Tomelloso)

 

  A mi entrañable amiga,  Ana Figueras Juárez:

 murió el 14 de enero de 2021 de COVID.

                                                                                                                               Natividad Cepeda 

 

Querida Ana, en esta tarde de septiembre estamos reunidos contigo. Sentimos no tenerte  a nuestro lado, más nos consuela la fe de saber que tú, y tu hermosa sonrisa es el latido de Dios al recordarte. Humildemente oramos hoy en este templo sagrado por Ti, y por nosotros, con el caudal de nuestro amor que no ha cesado.

Retornamos orando a tu mirada alegre semejante  a los atardeceres  cuando en el transparente del cielo el Creador nos habla. Y en esa travesía de la vida y la muerte tu alma late en el amor de los que te amamos.

Septiembre, tú bien lo sabes, es aroma de uvas desgranadas para el cáliz de amor de cada día, y su aroma es la templanza del otoño cuando anhelamos sentir que aun muriendo, vivimos  por  vaguadas, valles y montañas de dudas con la luz del Señor en nuestros pasos.

Estamos, Señor, orando como Tú nos enseñaste; Padrenuestro por Ana, que nos curaba el cuerpo. Estamos mendigando tu amor para seguir creyendo en tu presencia, también en esta tarde triste del adiós al toque de campanas. Huéspedes de la vida hasta llegar a ti, para sentir a Ana, hija, hermana, esposa, madre, amiga… con tu misericordia, Señor, por ella oramos.

La recordamos, la sentimos en el susurro del aire y en la noche estrellada, en el amanecer llega su voz y su sonrisa alegre, sin distancias.

Sentimos tu añoranza, como negarlo, pero sabemos  que al trasluz de los días nos queda la plegaria de saber que, Ana, es el ángel de Dios en nuestras vidas. Descansa en paz Ana Figueras Juárez, querida amiga, y espéranos junto a Dios, cuando como tú, partamos hacia Él.

No te olvidamos. Por los caminos del Sur de Cazalilla nos llegaste y  con júbilo Tomelloso te recibió y te quedaste  unánime.

Espéranos junto a la Madre de Dios María Santísima, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Cabeza y tu fe en  Ella; espéranos, con María Santísima de las Viñas, a la que honraste, espéranos en el cielo de amor donde hoy te encuentras. Amén.

 

                                                      Despedida

 

En enero de 2021 no pudimos verla ni despedirnos de ella físicamente por las prohibiciones a causa de la pandemia del COVID. Fue incinerada en Ciudad Real, donde residía, con la asistencia de su esposo José María Buitrago, su hija Ana y su hermano Sebas. Como muchos otros sanitarios, médicos, enfermeros, conductores de ambulancia… falleció habiendo estado prestando su ayuda de médico a todas aquellas personas que lo necesitaban en el pueblo de Malagón. 

 Hasta el 27 de septiembre no fue posible asistir a su funeral y enterramiento de sus cenizas en el Cementerio Municipal de Tomelloso, donde también tenía residencia, por ser su esposo de esta ciudad.

Fue una tarde muy triste. Desde su pueblo natal, Cazalilla, de la provincia de Jaén, llegó su anciana madre doña Ana Juárez, acompañada de sus hijos Sebas, Elena, Cristóbal, sobrinos y amigos…En Tomelloso los esperábamos la familia de su esposo y los amigos que la amamos y lloramos. Desde Daimiel se desplazó un grupo de amigos y compañeros médicos que cantaron acompañados de la música del órgano durante la Eucaristía. Ofició el sacerdote católico don Miguel Ángel Villegas.  

El sol alumbraba  el cementerio cuando se depositaron sus cenizas llegando hasta el nicho donde fueron depositadas. En su interior, junto a ella, fue puesta una estampa de la Santísima Virgen de la Cabeza y flores en señal de amor después de rezar todos juntos el Padrenuestro, Ave María y Gloria, con voz quebrada y lágrimas silenciosas. Cuando por el Oeste se ocultaba el sol  nos despedimos unos de otros.

La plegaría que escribí para mi querida amiga Ana Figueras Juárez la leí al finalizar la comunión desde el ambón del Evangelio del  altar mayor de la iglesia.

Ana vive en los corazones de los que la conocimos y sabemos que al igual que ella muchos otros médicos, hombres y mujeres, ayudaron a recobrar la salud de muchas personas anónimas. Para ellos nuestras gratitud y oración a Dios Nuestro Señor por el bien que repartieron a costa de sus propias vidas.

 

                                                                                


En Tomelloso a 27 de septiembre del año del Señor de 2021

 

 

                                                                                                Natividad Cepeda

 

 

 

domingo, 30 de octubre de 2016

Madrigueras y socavones que nadie quiere ver

 Estoy mirando mi ciudad con esa tristeza que tienen  las flores sin perfume de los invernaderos. Antes, cuando en la ciudad florecían las flores su perfume inundaba los alrededores y embriagaban las rosas al pasar junto a ellas. Y cuando noviembre  se vestía de luto por los muertos  su elegía era un muestrario de flores en mi cementerio. Invisible  llegaba aluna lluvia a llorar con nosotros y caían sus lágrimas sobre las tumbas y las flores dejando un aroma  prendido de nostalgia en todos los rincones de mi cementerio. Las almas de los muertos suplicaban oraciones desde sus tumbas florecidas. Las había con flores sencillas, humildes que habían sido cortadas en los patios  de la familia, dejadas sin atavíos de cintas y papeles de celofanes. Se reconocían por la profusión de sándalo y crestas granates, laurel y margaritas pequeñas, hierbaluisa y claveles dejados con primor artesano sobre la tumba. Olían a patio encalado y tiestos  de latas de tomate y cubas vacías de aceitunas. Sí, eran flores con nombre propio cuidadas por amos amorosas que las dejaban sobre las tumbas con la emoción de seguir a mando a quien ya reposaba en el lugar sagrado sin otras confusiones que amar a pesar de la muerte y por encima de esa distancia corporal que no erradicaba lo que albergaba el alma y el corazón.  En la memoria seguían existiendo todos los que no estaban.
Un día las flores dejaron de ser plantadas en los patios y se comercializaron como las hamburguesas de las multinacionales, que no saben a nada, son caras  y para más inri, las sirven en cartones sin camareros; y como ganado manipulado se pasa a consumirlas sin protestar por nada. Así llegaron las flores sin aromas perfectas en tamaño y a punto para ser compradas y llevadas a todos los cementerios.  Los centauros de las emociones se fueron disipando entre centros florales  de formas y colores de flores exóticas, además de las flores logradas con híbridos mestizajes sin el aroma aquél que tenía mi ciudad en parterres y parques y también por noviembre en el cementerio de mi ciudad.
Ahora el cementerio carece de ese aroma que transportaba a los hogares donde los muertos habían vivido. Hay  más flores que entonces, todo es suntuoso, elegante pero carece de aquello que lo hacía inmortal, creíble y pródigo en ver ante las tumbas unos labios moviéndose  al ritmo tenue y silencioso, como leve murmullo de la oración que salía de los labios de cuantos de pie, estaban junto a sus muertos. Mi ciudad ha cambiado, es distinta y perdió los aromas  que prohijaba a los muertos y a los vivos entre sus paredes.  Y  en esa elegía sin ornamentos  de falso oropel, en algunas tumbas había romero y tomillo traído desde el monte, donde  todavía los conejos había que buscarlos porque sus madrigueras no eran socavones múltiples en terrenos labrados y en parque industriales, donde se plantaron jardines para las empresas que no llegaron y son habitados por ellos.
Recordar es retroceder al viejo solar del pasado. Es, mirar mi ciudad en su espejo presente  llena de incertidumbre, de ese miedo que no dice y se palpa cuando la noche cae sobre sus calles y casi nadie la transita a pie.  En ese espejo hay que protegernos todos porque somos unos desconocidos no fiables.
Yo también compro gladiolos y flores sin aromas y los dejo junto a los que perdí,  lloro sin lluvia y sin ellos, porque todavía veo los socavones que nadie quiere ver y sigo sola sin esconderme en las madrigueras actuales donde demasiadas veces escucho que algunos jóvenes se han suicidado en mi ciudad, a pesar de tener botellón y fiestas diferentes con libertad y sin melancolía ni nostalgias envueltos en disfraces que promulgan la felicidad sin conseguirla.


                                                                                                                         Natividad Cepeda

Arte digital: N Cepeda