sábado, 5 de septiembre de 2020
martes, 1 de septiembre de 2020
Ha llegado septiembre con sabor a uvas y susurros de enfermedad y muerte enrevesada y cruel. Ha llegado con ese canto antiguo de vendimia donde anteriormente, no ahora, se celebraban fiestas en honor al vino que después nacería.
La muerte de las uvas en los lagares era la prosperidad de las familias, el reencuentro con los frutos de la tierra y el sustento para los meses venideros.
Escucho en estos primeros días, solo dos días septembrinos, la desazón en la sociedad por la apertura de los colegios y toda esa carga de incertidumbre frente a la pandemia del Covid 19 que persiste en ser nuestro azote diario.
No soñamos en conseguir la luna porque se nos han roto los sueños en los bares y restaurantes arruinados, en los millones de parados sin ayudas, en los miles de personas que llegan en pateras buscando en este país nuestro desolado, un imposible refugio para mejorar su vida. Se nos han roto los sueños y la esperanza está hecha pedazos de impotencia ante la actualidad que nos entierra en miseria y muerte.
En la foto fija de España vemos a la clase política dominante vivir a cuerpo de rey mientras el pueblo se traga sus lágrimas y su rabia. Nos hacemos esas preguntas que nadie nos contesta ¿hasta cuando podremos aguantar? y ahora hay que recoger la cosecha que las manos de los españolitos, apuntados al paro, no quieren hacer porque no es trabajo para ellos...
En la semipenumbra del escarnio a los viticultores se les ha llegado a llamar esclavistas, explotadores y otros adjetivos difamadores que no quiero escribir porque, no es así. Que en este sector hay también malvados, no lo dudo, pero en número pequeño porque la agricultura en España va amenos precisamente por la forma de vida del sector, agobiado y perseguido por las administraciones y sindicatos, amén tener que lidiar con una mano de obra extranjera y no tan eficaz como se quisiera. Y, nadie, absolutamente nadie, investiga las bolsas del paro; de esos parados que durante años no han trabajado y vive cobrando de la sopa boba dela administración y los impuestos de los que trabajan.
Escribo de toda esta realidad sabiendo que sería mejor callar convencida de que seguirán medrando los picaros y vagos y en la cuneta iremos quedando los demás. Es demasiado profunda la impotencia de este futuro incierto y cuando se vendimie vendrá la inseguridad de cómo se venderá la cosecha en un mercado a la baja con los precios de salarios y gasóleos subiendo...
Y además esta pandemia que nos engulle sembrando de muerte pueblos y ciudades. Septiembre ha llegado y al ir terminando el verano no vemos solución a tantos males como nos rodean.
viernes, 28 de agosto de 2020
Agosto se nos marcha con su rastro de coronavirus dejando la muerte el rastro de las vidas arrebatadas como árboles secos en el recuerdo de familiares y amigos.
Nos sentimos abandonados en éste caos social donde la incertidumbre es la norma general de mi país sumido en el desorden social y la quebrada alarmante de la economía, con los miles de autónomos abandonados a su suerte sin ayuda alguna en medio de este estado donde los que no tienen limite de gasto son todos los políticos y sus elevados sueldos.
Crecen como mala hierba los rebrotes de Covid 19 en aldeas y grandes urbes sin justificación alguna ante la irresponsabilidad de cientos y miles de ciudadanos sin respetar las normativas para evitar el contagio masivo. y junto a esta anarquía y falta de inteligencia se impone la multa personal ante la magnitud de la pandemia.
Me preocupa los escasos, por no decir, escasisimas expectativas, ante la apertura de las clases en España exponiendo a niños, preadolescentes, jóvenes y profesorado a la exposición de un virus tan peligroso donde ya se ha demostrado que no solo mueren los viejos, esa "lacra social" despreciada tristemente en nuestros días, olvidando que si la vida no se respeta y reconoce como bien único no habrá esperanza para un futuro en armonía y paz en la humanidad.
La protección a la vida está dentro de un orden social tan sagrado como la propia naturaleza. Sin éste mandato divino, o jurídico para los no creyentes, donde se asientan las sociedades más justas y avanzadas, entramos en una Era de barbarie actual difícil de parar en su atroz escalada. Si olvidamos el respeto mutuo basado en la protección del Estado frente a la delincuencia que arrasa en los campos de la "Okupación " en viviendas privadas adquiridas con el esfuerzo del del trabajo de sus propietarios, en el robo continuado en los campos cultivados a los agricultores dañados así en su economía hasta arruinarlos, en los delitos en el comercio desde joyerías y tiendas de todo tipo... Son muchos miles de ciudadano que no salen en los medios de comunicación ni en los portales de las faques, o famosos de pacotilla, por su nulo ejemplo para los jóvenes los que se lamentan ante la inoperancia de los gobiernos de Autonomías acomodados en su vida fácil y sin problemas.
Aplicar la responsabilidad no solo es para el conjunto del pueblo que sostiene con sus impuestos a todos lo gobernantes, lo es también para todo aquél que nos representa desde el concejal de un ayuntamiento hasta el presidente del país. Porque si el poder no nos protege de los malhechores entonces la vulnerabilidad de nuestro país se caerá como un castillo de naipes.
Los árboles secos ni dan sombra ni atraen la lluvia y es evidente que no harán sus nidos en ellos las aves porque no dan la protección para sus crías, si esto lo trasladamos a nuestra sociedad la barbarie se impondrá y cuando se quiera frenar ya será tarde.
Recordémoslo, si nuestra sociedad se torna débil ante la moral de la convivencia las generaciones más jóvenes lo pagarán y también las que les seguirán. Si naturaleza viva en todos los aspectos sociales serán mala herencia para nuestro futuro.
Natividad Cepeda
viernes, 21 de agosto de 2020
Arquitectura rural respetada en mitad de la nada
En mitad de la nada de una extensión de terrenos labrados por donde el horizonte se dilata, hasta más allá de lo que la vista alcanza, se divisan integradas en el paisaje construcciones de piedra seca conocidas universalmente por ser imagen de culturas olvidadas que gracias a esas construcciones de piedra nos hablan de sus acciones en diferentes ares geográficas del mundo.
Cuando pasamos por carreteras o esos caminos que solo algunos senderistas transitan se ven los bombos tomelloseros en términos de otros pueblos y, donde para sembrar, antes tenían que preparar la tierra sacando su grandes lajas. Lajas amontonadas y que con esa técnica y proceso de aprovechar todo cuanto la tierra ofrece, edificaban esas construcciones para guarecerse del frío en los duros inviernos de vientos cierzos y del calor excesivo del verano.
Piedra sobre piedra hasta lograr esa vivienda admirada hoy y que en el pasado fue tantas veces despreciada. Casa redonda, térmica y evocadora de todos los círculos celtíberos tan olvidados y a la vez tan presentes entre nosotros.
Piedras sagradas protectoras y atemporales redondas como vientres maternos, como pechos fructíferos, y fuertes como el tesón de buscar sobrevivir sin miedo a nada. Allí están los que quedan y no se han desmoronado por la desidia de las generaciones actuales.
Eran sus casas y nadie osaba discutir esa propiedad porque a nadie se el ocurría ocuparlas sin antes, pedir permiso al dueño. La tierra rural pagaba su impuesto pero jamás la vivienda de piedra ancestral pagaba al fisco nada. Ahora también están sujetos a pagar al actual feudalismo de los ayuntamientos esos bombos tomelloseros. Vergüenza de una época, la nuestra, carente de ética y de valorar la arqueología de este arte rural y popular que debe protegerse en vez de esquilmar.
Ayer, en un ayer cercano, la propiedad privada se respetaba por las leyes y por la palabra dada sin necesidad de jueces ni policías. Hoy, ahora que no hay analfabetos y sí agresiones múltiples a la propiedad privada, el miedo de que ocupen estas viviendas rurales o esas otras viviendas en pueblos y ciudades frena invertir en casas rurales o urbanas. y al frenar los ahorradores no invierten en viviendas y los múltiples oficios que generan empleo no existen.
Todos sentimos miedo a esa turba alentada por voceros inectos que animan a ocupar vivienda tras vivienda destrozando la vida y hacienda de todo el que ha conseguido su techo con su esfuerzo y trabajo. Ocurre aquí y no en otros países europeos. Se persigue a quien no paga los impuestos y se protege al que se apropia de lo que no es suyo.
La gente se pregunta hasta cuándo se puede soportar tanta ignominia. ¿Hasta cuándo? Mientras tanto nadie invierte en vivienda alguna y mucho menos repara lo que hay en mitad del campo; en mitad de esa nada porque todo, absolutamente todo, está desprotegido.
Cae la tarde y en la lejanía se divisan la presencia de los bombos de mi pueblo tan defendidos literariamente, y tan desprotegidos como cualquier vivienda de los facinerosos sin ley, y a la vez, amparados por esa misma ley que nos desprotege a los que sí respetamos las leyes. Ayer nadie se aventuraban a transgredir las leyes, hoy los agresores de la leyes son los que reinan por doquier.
Natividad Cepeda
jueves, 20 de agosto de 2020
Me envían noticias de los robos en los huertos de numerosos campesinos de España; me dicen que llegan y cogen todo cuanto quieren y con sus manos llenas de productos agrarios se marchan para volver al día siguiente, otros a las pocas horas. Y los dueños ya ni denuncian porque lo único que consiguen es perder el tiempo entrando y saliendo de los juzgados impotentes ante la injusticia de que las leyes protegen al delincuente.
Me dicen que han visto correr por las mejillas quemadas por el sol de muchos años lágrimas silenciosas de hombres y mujeres abandonados a la suerte de los ladrones, al espolio de una propiedad privada saqueada y arruinando a sus dueños legítimos.
Escucho en los medios de comunicación hablar de los pueblos vacíos; de esa España vaciada de vida con campos estériles y casas derrumbándose porque han sido abandonadas por sus dueños. Y tratan inútilmente de aconsejar a los más jóvenes para que se vayan allí a descubrir la belleza de la naturaleza y las piedras nobles de sus templos y casonas de tapial, adobe y tierra, esas construcciones que proliferan en Francia, Holanda y países europeos donde son llamadas de tierra cruda por ser ecológicas. Allí, donde las cosechas y propiedades son protegidas por leyes justas. Allí donde la riqueza aumenta y los ladrones tienen menos campos para arrasar.
Escucho esa desesperación de las pobres familias campesinas abandonadas, las mismas a las que se les exigen pagar impuestos y se les multa si no cumplen con las leyes. Nadie quiere trabajar la tierra porque cuando el sudor de los hombres y mujeres la riegan con su esfuerzo llegan otros y sin piedad les roban sus trabajo.
Mal camino lleva la economía. estamos mal, muy mal, pero aún podemos estar en un futuro que está a la vuelta de unos meses mucho peor. Las leyes se hicieron para proteger la honradez y se promulgaron para que los países crecieran y avancen dentro de una sociedad con principios de igualdad y no reinando la anarquía y la delincuencia. Mal camino llevamos cuando a nadie importa las lagrimas de los que sostienen las arcas del Estado.
Natividad Cepeda
martes, 18 de agosto de 2020
Aquél universo minúsculo de la infancia mirando el firmamento


sábado, 25 de julio de 2020
Los abuelos son ríos de esperanza
26 de julio de 2020 día en
el santoral católico de San Joaquín y santa Ana, los padres de María Santísima,
la madre de Jesús de Nazaret: en las celebraciones arcaicas a Santa Ana se la llamaba
la abuelica. El Greco, pintó un cuadro donde la madre de Jesús sostiene al niño
y los abuelos lo contemplan extasiados. El pueblo llano y sencillo ha venido
celebrando este día con fe en esos
santos abuelos. Las redes comerciales comprendieron que celebrando ese día, el
día de los abuelos, comercialmente aumentarían sus ingresos; este año lloramos
la pérdida de miles de abuelos y abuelas, por el Covid-19 y la inoperancia de
unos y otros.Murieron solos en esos compartimentos
aislados de las Residencias de Mayores. La vejez es la debilidad del ser humano.
En la infancia necesitamos de la familia y en la ancianidad también. No se
puede pedir amor por dinero, ese trato es tan inhumano que corrompe los cimientos
de la bondad y el amor. Y sin amor no hay posibilidad para la existencia.
El coronavirus sigue entre
nosotros y va mutando atacando a jóvenes,
no solo a viejos. Si se nos hubiera mostrado la realidad de los que se iban
muriendo en hospitales y los masivos enterramientos, es probable que ahora los
focos recientes de contagios fueran menores; se nos ocultó y cantamos con
citaras actuales y el drama humano de muchos de los nuestros no lo percibimos.
Yo, gimo y clamo por todos ellos, y ese río de lágrimas no deja de navegar
hasta el mar invisible del alma. Lo dice el libro de la Biblia en el Eclesiastés,
hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír… Nosotros sonreímos a destiempo y no lloramos a
nuestros muertos y el dolor sigue enconado.
Mucho tiempo pasará hasta
que el equilibrio dañado se restablezca.
Por eso, a los abuelos,
Debimos negarnos a obedecer
y no dejarlos solos, por amor,
y ahora cuando no están en la casa
nos falta el valor para reconocerlo.
Se fueron navegando por las sombras
de un río encenagado
de dolor
como conchas abandonadas
o barcos encallados
en un apocalipsis.
Todos ellos eran ríos de esperanza,
lagos donde se miraban las colinas
y sucedió que al pagarse su sonrisa
perdimos la infinita luz de sus miradas.
A través de los pliegues de los años
los abuelos son el regalo de Dios
sobre el bosque desconocido de la vida
y, ahora, no
podemos congregarnos a su lado.
En las hojas de los almanaques
habrá que escribir a pesar de la pena,
dulcemente, que cuando crucemos
ese río, ellos vendrán a recibirnos.
Es inútil ocultar la imagen de la muerte
su origen es la vida y el pueblo que lo olvida
carece de barcas para cruzar al otro lado.
Más allá de las lágrimas está la Tierra Prometida.
Todo invariablemente es un retorno
gravado en el corazón del universo.
Natividad Cepeda




