Mostrando entradas con la etiqueta comunismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comunismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de noviembre de 2019

La honradez ignora el favoritismo







                                                              La honradez ignora el favoritismo
17 Noviembre 2019
Natividad Cepeda

 La tolerancia no son meras palabras, son ejemplos de vida que vemos desaparecer por la fuerza impuesta de instrumentos hostiles en favor de hechos anárquicos tolerados y consentidos desde los que nos gobiernan y desamparan, en vez de impartir justicia y equidad.

Leo, escucho y recibo, constatando la desolada desunión de este momento en mi país arraigada en la realidad desabrida de una coyuntura política vista por millones de españoles como un gran error. Y ante lo ilógico de la derivación actual se percibe malestar en diferentes capas de la sociedad incluyendo empresarios y opiniones europeas que no tienen fe en la fiabilidad de una extrema izquierda que ha opinado en contra de la libertad que es, lo que nos garantiza nuestra Constitución apoyada en el sistema democrático. El problema se deriva e identifica con ese sector que defiende políticas en contra de las libertades y que las predica e imparte como panacea para subsanar errores de anteriores opciones políticas.  Me produce, no solo malestar sino un miedo desconocido hasta ahora que la calle sea considerada de todo aquel que imponga su arbitrariedad a los demás, sobre todo cuando son unos pocos, comparados con las mayorías silenciosas, los que rompen la paz y la concordia de la convivencia.

Torpemente caemos en el error de mirar hacia otro lado por tibieza y también por temor, aunque ese temor no se lo digamos a nadie, porque el poder insaciable apoyado en codicia desmesurada es capaz de todo. Y ante eso la tierra tiembla y perdemos confianza y unidad.
La tolerancia no son meras palabras, son ejemplos de vida que vemos desaparecer por la fuerza impuesta de instrumentos hostiles en favor de hechos anárquicos tolerados y consentidos desde los que nos gobiernan y desamparan, en vez de impartir justicia y equidad.  Las libertades no deben ser restadas apoyadas en manifestaciones partidistas que coartan la libertad con la excusa de la lengua, religión y promulgadas leyes que agraven el bienestar social.

Olvidamos que los extremos son difíciles de sostener y, si además esos extremos no se muestran en su magnitud histórica sin mostrar el verdadero camino acaecido desde el ayer hasta el hoy, nadie nos podrá salvar de ese monstruo que se esconde detrás de la ignorancia de unos hechos comprobados. Nos horrorizamos ante los crímenes y masacres del nazismo contando los millones de víctimas ocasionados y callamos ante millones de víctimas del comunismo, como si esas víctimas no fueran personas tan defendibles y masacradas como las otras.

Las acciones cometidas con ligereza se pagan y si olvidamos la pluralidad social basada en el respeto y los hechos históricos las consecuencias pueden llegar a ser desastrosas, por no llamarlas de manera mucho más terrible.  El autoritarismo enmascarado no es fiable venga de donde venga. Intentar taparnos lo ojos olvidando lo que genera economía, es galopar hacia la miseria. La subida de impuestos que se nos anuncia como medidas sociales paliativas, es la muerte de nuestra sociedad; una sociedad, la nuestra, superficial caminando en el olvido de los valores esenciales donde se sostiene toda sociedad que quiera seguir avanzando.

Nos movemos en caminos inciertos partiendo de premisas imposibles y nos podemos encontrar en un furgón, no de cola, sino sin estación donde llegar. La extrema izquierda es el comunismo, el mismo que alzó un muro en Berlín. En el paraíso comunista se vivía tan bien, que todos querían irse de él. Y no los dejaron. Alzaron un muro de terror

 Fotografía tomada de Internet: Memorial por Peter Fechter, joven alemán que murió desangrado al tratar de cruzar el muro por el Check Point Charlie en 1962.F

y de muerte.  En el mapa conocido del mundo hay fronteras cerradas y todas ellas son regidas por el comunismo.  Cuando un Estado impide salir a sus ciudadanos hay que preguntarnos, también ahora y aquí, que no es bueno para nosotros escuchar cantos de sirenas para estrellarnos en los acantilados donde otros se estrellaron y estrellan.
La honradez ignora el favoritismo que somete y anula voluntades por lo que preservar la libertad es el único legado que podemos legar a nuestros hijos.
Temas relacionados


lunes, 27 de octubre de 2014

Escucho las palabras de los otros


Escucho las palabras de los otros con su carga de absurda indiferencia ante todos los abusos que se han dado y se dan.  Llegan hasta mí, con su sello de gleba,  de vasallaje inaudito en esta nueva centuria que ha empezado, con la angustia de miles y miles de personas que luchan por vivir y quedarse entre las tapias diseñadas por arquitectos funcionales, casi todos agarrados al poder, por encima de la belleza de las formas  que dan a las ciudades su rostro urbano.
Escucho las suaves censuras de los que, desde abajo, asisten con las manos atadas y las bocas selladas, a la imperante corrupción de todos los modos y vivencias posibles, y el personal se calla y yo no entiendo nada. 
Y mientras los pueblos se quedan desterrados y vacíos de gentes y justicia,  continúan las tretas de los facinerosos.
¡Oh dolor y miseria de los pueblos dolientes de la tierra!  ¿Hacia dónde te llevarán los poderosos con sus túnicas  revestidas de oro? que siguen mostrando en los palacios y congresos donde se reúnen con su falsedad  descarada  y su atroz hambre de poseer la gloria en todos los pesebres y salones sin que importen los demás. 
Nada ha cambiado; todo es un regreso a las viejas moradas de las sociedades esclavizadas y manipuladas sin derechos. ¡Ay,  mis hijos!  Aquellos que les falta lo esencial para no arrastrarse por debajo de las mesas de todos los tiranos con cara de ángeles y actores de reparto en las pantallas a las que está sujeta y anestesiada la plebe, esa porción humana que todos ellos desprecian y manejan.

¡Oh tristeza! De que los pobres de la tierra no posean nada, ni siquiera el orgullo de saber que tienen que ponerse de pie y no andar de rodillas, arrastrándose para poder engullir las migajas de los manteles del poder. De cualquier poder: De todos. También de los que acusan a los que se sientan en las altas esferas de las naciones y países para erigirse en él, y sus seguidores, en los que empuñan el cetro y el látigo a la vez.
Se nos cayó el cielo del viejo comunismo con su grandeza en mensajes exentos de libertad y bienestar. Los que cumplimos décadas de vida, hemos asistido, y asistimos, al desahucio de bienestar donde las dictaduras de izquierdas no dan felicidad ni bienestar a los pueblos que los han gobernado y gobiernan. Allí, donde la libertad no deja ni entreabrir los labios para exhalar una queja. Allí, donde también hay diferencias de pobreza y riquezas. Allí donde las cárceles  no se dejan ver, ni la prensa escrita y hablada  puede decir lo que está mal o bien.
Se nos han caído los pilares de nuestra sociedad democrática envuelta en fraudes y corrupción. Gemimos, ante la inestabilidad económica, ante la violencia esgrimida desde demasiados sectores, asesinatos de mujeres, maltratos múltiples, aberración de inocentes, y las cuevas de los Alibabas de los tesoros bancarios.   

Dicen: ¡Ábrete, sésamo! y al descubrir las bandas de ladrones nos quedamos sin palabras, además de encueros. Escucho las palabras de los otros en los puestos de mercadillos y tiendas de pueblos y grandes urbes. Las escucho vocear con esa lastimada ironía de los que no tiene nada más que eso, su rabia y su asco ante los desalmados que sin un ápice de conciencia y ética se hicieron piña, todos unos e iguales, convertidos en consejeros y en sabios asesores, que aprendieron que poner la mano y guardarse el dinero era lo primordial. Y llegaron de la izquierda y de la derecha, de los sindicatos y de las cajas de ahorro,  esquilmaron y arrasaron con lo que no era suyo…

Nos han dejado sin honra y sin orgullo, porque nos engañaron con el circo del futbol  y la televisión, con los mercadillos medievales y la recuperación de las viejas tradiciones que no queremos volver a recuperar: Lavar en lavaderos y ríos, en pilones y artesillas, lavarnos el pelo con agua de ceniza y calentar el agua en la caldera para bañarse una vez por semana en una tina… por ejemplo. Arar con mulas y segar con las hoces en las manos. No, no queremos que vuelva ese pasado. Ni soñamos con perder lo que habíamos ganado.
Escucho las palabras de los otros y todavía me asombro de cómo soportamos la ignominia de que nos den cita para un médico para dentro de un año, de que se nos incrementen los impuestos, de que los robos y ocupas nos asalten en nuestra propia casa, de lo poco que importamos y no, nos enteramos, ni lo vemos. Escucho a los otros y sigo andando porque apenas si me queda un hálito de esperanza para creer que tendremos buenas leyes que nos salven de tantos desalmados.                                  



                                                                                                    Natividad Cepeda