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martes, 19 de julio de 2022

Las manos del pintor Ezequiel Cano no volverán a coger los pinceles para pintar cielos manchegos

 



Amanecía el dieciséis de julio cuando Ezequiel Cano López  se elevó hacia el cielo azul manchego: ese cielo que él plasmó en sus cuadros con la calima y el oro de los campos segados. La muerte es el vientre donde dormimos cuando somos llamados y a los que quedamos nos golpean lágrimas de tristeza en los ríos ocultos del corazón. Cuando ocurre se me enredan las vivencias y en tropel viene los recuerdos como en una película íntima y bajo ese adiós  no hay olvido porque la vida está llena de cosechas de amigos.

El pintor Ezequiel Cano López atesoraba en sí mismo la timidez de los creadores que buscan la verdad en lo que sienten. En su estudio, situado en la altura de su casa, al estilo de las buhardillas de antaño, dibujaba y pintaba ensimismado en esa pasión que aísla al artista y lo deja sumido en  soledad. Fiel a ese latido  de la iluminación artística que no todos tienen. Por esa cualidad sus cuadros al contemplarlos trasmiten serenidad y paz. Es la paz que tenía cuando sonreía y hablaba con amor de sus obras pictóricas. Se le iluminaba el rostro al mostrar las obras inacabadas y los proyectos que soñaba en realizar. Era su batalla, su existir, su credo y su fe trazado en ese destino que le situó en Tomelloso al amparo de la tierra del campo y de sus frutos.





Artista autodidacta sin formación reglada y buscador de ese aprendizaje que no le dio las Bellas Artes oficiales pero que él aprendió con el tesón de quien nace con ese don, que no puede dar nadie nada más que Dios. Ese don con el que se nace y crece  hasta tener que sacarlo de las entrañas para mostrarlo con los pinceles. Recuerdo un anochecer que llegó a casa con unos dibujos maravillosos a color que me fue mostrando y que eran los bocetos que haría para la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Miguelturra, encargados por el entonces párroco don Esaú de María Díaz Ramírez, con los lunetos de la Creación de la tierra, del sol la luna y las estrellas, de los animales y de la mujer y el hombre… Hubo otros anocheceres  dialogando con los proyectos de la decoración del  santuario de  Pinilla y la Virgen de las Viñas…Y los niños y el paisaje tan característicos de Ezequiel.  



Se quedó aparcada la exposición individual  en la Semana Cervantina de Campo de Criptana a causa de la pandemia del Covid19. Una exposición que hubiera encantado a los criptanenses por ser pintura representativa manchega en su totalidad. Pero ocurre que hay demasiadas veces que nuestros artistas plásticos y literarios no tienen cabida en los eventos de nuestros pueblos y ciudades. Gira el tiempo y nos queda la obra de un pintor que todos admiramos porque la comprendemos. Igual que admiramos y comprendemos la obra de Antonio López Torres, de quien Ezequiel Cano López era seguidor y discípulo. Y no es cuestión de agrupar premios y prestigios para ensalzar la obra de un artista; no lo es porque  la fortuna de premios y prebendas en demasiadas ocasiones está manipulada. La travesía artística de Ezequiel es belleza que emociona a la mayoría que  la contempla porque nació de su alma.

Se ha marchado dejando algunas esculturas y obras inacabadas y en la niebla de los años deseo que algunas de esas pinturas que quedan en su estudio sean admiradas en  un futuro por otras generaciones. El correr de la vida y el tiempo crea olvidos también en los artistas. Mi dolor por su perdida es una parva que se extiende a otros que se fueron.  Lamento escribir de ti estimado Ezequiel porque te fuiste el día de la Virgen del Carmen; es esa casual fecha importante para un creyente como lo eras tú. Ella, la Madre Universal, te acogió en sus brazos para a través del viento de la fe llevarte al cielo de los justos. En los campos dorados de calor y calima me queda tu sonrisa atravesando julio con su beso de fuego que tú  plasmaste  con los cardos en pie, fuertes como las gentes de la estirpe manchega. Fuertes y serenos como lo fuiste tú.

Entre las exposiciones y premios algunos de ellos como testimonio de su valía artística:

Artista seleccionado en el XII Certamen Cultural Bodega-Almazara Virgen de las Viñas. Tomelloso, 2013

Exposición colectiva Cáritas: pintura y fotografía. Tomelloso, 2013

Premio de adquisición en el V Certamen Cultural Cooperativa vinícola Virgen de las Viñas. Tomelloso, 2006

Ilustración para el libro Manuscrito del Quijote por los Amigos del Hidalgo de todo el mundo, 2005

Ornamentación del camarín de la Virgen en la ermita de Ntra. Sra. la Virgen de las Viñas. Pinilla, 2004

Exposición colectiva en la XXV Semana Cervantina de la Asociación Hidalgos amigos de los molinos. Campo de Criptana, 2003

Exposición colectiva Arte 2002 Tomelloso por el centenario de Antonio López Torres. Tomelloso, 2002

Ornamentación de cuatro lunetos en la iglesia Ntra. Sra. de la Asunción. Miguelturra, 2001-2002

Exposición colectiva en el Salón cultural de la Cooperativa vinícola Virgen de las Viñas. Tomelloso, 2001

II Exposición Tomelloso pinta. Tomelloso, 1997

I Exposición Tomelloso pinta. Tomelloso, 1996

Encuentro provincial de pintores. Argamasilla de Alba, 1995

Exposición colectiva en la Casa de Castilla-La Mancha. Madrid, 1995

Obra seleccionada en la I Exposición regional de Artes Plásticas de Castilla-La Mancha. Cuenca, 1987

Mención especial en el I Certamen de pintura al óleo Ciudad de Tomelloso. Tomelloso, 1979

5º premio en el IV Salón de otoño de pintura. Ciudad Real, 1973

 

 

 

 

 

                                                                                Natividad Cepeda

Periódicos donde se ha publicado;

 https://www.lanzadigital.com/opinion/las-manos-del-pintor-ezequiel-cano-no-volveran-a-coger-los-pinceles-para-pintar-cielos-manchegos/

https://www.cuadernosmanchegos.com/opinion/las-manos-del-pintor-ezequiel-cano-no-volveran-a-coger-los-pinceles-para-pintar-cielos-manchegos-764.html


lunes, 26 de febrero de 2018

Contemplando un cuadro de cigüeñas del pintor español Ángel Pintado


            
Un muro, y el tejado está habitado de cigüeñas y pareciera que ellas, desde siempre han estado  ocupando ese espacio tan suyo, tan unido con su vuelo en descanso mirándose   a sí mismas  su plumaje en rededor, mientras corre el tiempo en desbandada. Nos crecemos de tiempo como si de su aroma naciéramos y no es cierto porque somos fugaces como vuelo de pájaros.
Las miro. Contemplo a las cigüeñas  desde ese cuadro de un pintor que parece que él también se mira en su interior cuando lo tengo enfrente. Tan otra cosa, como si se escondiera de todos o jugara al escondite con las cosas y los perfiles de las sombras, de los recodos y los colores que él mezcla y distribuye como si fuera algo inmaterial y tocara con los pinceles una sonata de melancolía y de tristeza, porque  en los pinceles encontró su arpa y sus dedos  pintan poesía o yo dijera que hace poseía sin palabras.
Yo que nada entiendo de los que se dedican al oficio de vender la belleza plasmada en un cuadro me detengo en este cuadro  de un pintor  llamado Angel pintado, nacido y andador de las calles largas y solitarias de Tomelloso y al hacerlo, y yo verlo me parece que quisiera esconderse de todos y, a la vez  captar las sombra y las luces de todas las esquinas porque, apenas si en Tomelloso hay plazas y rincones que saluden a vecinos y visitantes. Y este pintor escondido en su figura de bohemio de antaño, satura su pintura de románticos vuelos  como si las llanuras las mirará a través de una gasa  de seda, o su mirada la hundiera entre rendijas de grada coloreada de luces de quinqués polvorientos. De esos trastos que él recupera como si él no quisiera, los demás, los otros, nos olvidáramos de ellos.  Y todo ese universo lo deja reposar entre las telas saturadas de esos olvidos que al verlos en sus cuadros a mí, que nada sé de crítica de arte, me emociona y me devuelve la ternura de encontrar y admirar la belleza de las pequeñas cosas sencillas. Tan hermosas como un bombo apenas perfilado entre flores silvestre y amapolas que parecen, que de un momento a otro escaparan del cuadro y se vayan a la tierra,,al aire y al barbecho de donde él, Ángel Pintado las sustrajo.                    
Y de pronto yo que nada sé de premios y sucios vasallajes de jurados donde también se compran y vendes las dádivas del arte, me admiro y embeleso ante una rama de fruta que reposa sobre  algo sutil e inexplicable, como si al fruta fuera la muchacha desmayada de un cuadro y un hada la hubiera trasformada en esa rama frutal  cobijada de hojas lánguidas…Y, no entiendo el cíngulo invisible que une una rama de almendro con la sombra de un mueble  antiguo,  ni porqué el pintor lo eligió para darle soporte a esas flores que por sí mismas ya son bellas. Miro el cuadro y su composición y me pregunto ¿por qué, a este hombre soñador de figuras, se le ocurrió juntar  la madera viva de la rama de almendro, con la madera muerta del mueble? que hace que las flores sean más blancas y más bellas.


                 
Sus manos traban sueños como si el pintor escuchara una voz interior que le dijera por donde han de ir los trazos, y el color hiere tela y madera persignando sus creaciones  tan libres como lo es, y debe ser todo pulso del creador que se precie. La casa, la suya, y la mía; las casas de otros que se fueron tienen o han tenido, tablas  de yeso o de madera  donde dejar un jarro antiguo de cristal: yo tengo uno de mi abuela igual que ese jarro que Ángel ha pintado. Si lo tengo y lo amo porque pienso que es parte de mi vida y de esa abuela que yo no conocí.  Y de las otras abuelas que me dejaron la herencia de los jarros de cristal guardados, igual que ese jarro que hace de florero  en un cuadro transido de  ayeres y nostalgias,  junto a un cuenco de cerámica y un imposible puchero o jarrón azul, como si un soneto clásico lo hubiera dejado para que fuera compañero del jarrón donde los tallos verdes audaces y orgullosos, eclipsan a todo el que comparte los límites del cuadro, quedando algo alejado un humilde plato, casi olvidado, porque hasta las flores  malvas de semilla amarilla se difuminan, se visibilizan,
No todo son figuras de enseres hay mujeres de antaño, de esas que vestían faldas largas y creaban una curvatura de arco románico al inclinarse para arrancar a la tierra los frutos, o las malas hierbas de los campos. Mujeres sin rostro, o con rostro universal de campesinas anónimas y frágiles en medio de una augusta blancura manchada  de sutil colorido, apenas unas manchas diluidas,  para que los que las vemos y contemplamos nos unamos al cuadro y sintamos que ellas, y nosotros, somos un todo en mitad de la nada de la vida.
También Ángel Pintado nos deja torres lejanas y serenas  de palacios o templos  y ciudades,  bajo anaranjados colores de crepúsculos por donde un río  discurre por debajo de un puente: un puente de esos que dicen que tiene siglos y a los que miramos  por ser tan singulares y,  por aquello del misterio que  se aloja en las piedras que conocen los pasos del ayer …Poca cosa dirán los especuladores de finanzas y entresijos de dólares y euros, de subidas de extraños minerales, el oro de estos días por los que no importan que al lado de las minas se mueran las personas. Nada nuevo, siempre ha sido así, y así sigue la humanidad paciendo.
Pero Ángel Pintado tiene esa gracia del arte en sus entrañas, ese honorable sello de cortesía vago e impreciso de dejarnos soñar un poco con sus sueños, y si se le pregunta hace un mohín o se encoge en sí mismo, y  cierto es, que no desvela nada. Es normal, los artistas, los creadores nada tiene que explicar,  ya es suficiente con que nos regalen la esencia de su arte. Y si fuera posible vivir de esa belleza, porque si la belleza no se compra, el alma del artista se angustia y los pinceles  se encogen,  y no es bueno que  se pierda esa magia en la nada: no, no es bueno que se quede guardada en las entrañas del corazón y del cerebro.
Hace unos años, pocos, visité el estudio de Ángel Pintado acompañada de Serfin Herizo. Fue una mañana de primavera cuando todavía Serafín Herizo sonreía y decía que tenía que escribir de los pintores; de los buenos pintores como Ángel y de sus cuadros y obras. Escribir con el alma, con mi forma de ver, y yo le sonreí porque tampoco para mi es fácil escribir de la belleza cuando delante de ella me pongo, y la emoción me recorre la sangre  junto a este pintor parco en palabras y grande  en su paleta de colores.
Un día le dije, a Serafín Herizo, amigo de verdad, sin evasiones, escribiré de Ángel Pintado si Dios quiere. Un día, y hasta hoy, te juro, Serafín Herizo, que no he podido. Yo sé, estoy segura, que tú leerás mis letras, que la vas leyendo al golpe de la tecla del teclado, de este ordenador ligero y para mí, hermano, y espero que cuando Angel Pintado, deje  sus ojos por mis texto le parezca qué la confianza que tú en mi depositaste no está del todo mal cumplida. Porque yo ignoro lo que de verdad piensa el artista, tan solo miro sus cuadros y algo me dice que es hermoso lo que este pintor español y tomellosero deja en los lienzos.  
Pronto la primavera llamará llenando con su arquitectura de arcángel luminoso nuestra tierra y al pasar por las calles volveremos a vernos los que todavía la pisamos y, Ángel Pintado, expondrá y quien sabe cuántos otros proyectos tendrá en su  haber… Es otra primavera y por el puente de la  muerte nos faltan muchos otros. Nos quedan en el alma y en las vivencias que hoy recuerdo.

                                                                               Natividad Cepeda


                      


Las fotografías de los cuadros son del Pintor Ángel Pintado

                                                                                                      


miércoles, 3 de junio de 2015

Adiós al pintor Diógenes López García que se ha marchado en junio

            
Quedará en el recuerdo  el pintor Diógenes López García, como queda el temblor del viento sobre las rosas. Quedará sumergido en los ojos de los que le han amado con un fondo de estrellas en medio de la noche sin él.
Entre las calles de este pueblo que pare pintores como vides, madrugarán los pájaros al amanecer para decirle adiós y en el fondo de los pinceles naufragará su corazón envuelto entre colores a los que él les dio vida. Igual que cruza  el sol ocultando la luna, pasará su figura por encima del tiempo y cuando lo recuerden dirán que se marchó a primeros de junio a pintar con sus manos las nubes y los cielos aquellos de su infancia, cuando jugaba en medio de la explanada grande que los del pueblo de Tomelloso llamaban de los García al final de las bodegas de Domeq. 
Estallará el sol caliente por las paredes viejas de su casa materna, regresará al galope de aquella moto suya, con la que rondaba a Carmen, con su sonrisa tibia por la calle de la Palma…y cuando la tristeza llene de lágrimas los ojos de la mujer amada la muerte, será menos cruel y esquiva cuando mire sus cuadros.
Nos vamos poco a poco igual que se deshace el polvo en los caminos. Te vas Diogenes López García, a pintar de colores otras tierras y aunque jamás regreses en tu traje de hombre, nos dejas tus pinturas, y en ellas ese destello de tu alma de artista.
Te quedas en tus hijas y los hijos que son los eslabones de tu estirpe de artista. Y para  recordarte con los ojos del alma me quedo con tus rosas, las que te añorarán cuando ya no las mires. Siempre me quedé contempladoras en silencio y a solas, siempre me embelesé con ellas.
Yo no ignoro que mañana todos seremos sombras; sombras sí, pero con el alma diáfana de luz y de misterio, porque si no fuera así, el don del Creador no te hubiera signado.
Vuelan las golondrinas Diógenes López García, por este Tomelloso, flotan entre las casas y los árboles de tu casa, de la calle Concordia, y tú vas en sus alas con tu sonrisa  tímida pintando la mañana donde nos has dejado. Sigue pintando rosas en el cielo manchego para que los artistas sigan teniendo sueños.

                                                                                                 Natividad Cepeda


El pintor Diógenes López García ha fallecido hoy 2 de junio en Tomelloso, su pueblo natal y donde residía. Hermano del pintor Antonio López García y sobrino del pintor Antonio López Torres.  Descanse en paz.
La fotografía del cuadro de las rosas formaba parte de la última exposición celebrada en el Centro Cultural Posada de los Portales de Tomelloso en mayo de 2015.

 Publicado en el Diario digital Manchainformación 03/06/2015