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viernes, 2 de agosto de 2024

Destruyendo la vida


 Me faltan palabras ante un encendió forestal. Me horroriza el fuego. Y siento en el alma los alaridos de las plantas muriendo y el dolor de los seres vivos, animales, insectos... feneciendo  sin poder huir del fuego y de su muerte.

Me duele mi civilización tan bárbara y salvaje, tan enganchada a las maquinas y tan ajenas a la vida. 

Los caminos se hicieron paso a paso por hombres y mujeres en busca de nuevos horizontes. Y llegaron a través de bosques y llanuras sin perder la conciencia de ser uno con todo lo que les rodeaba. 

Hoy se desconoce el nombre de árboles y arbustos, de flores de prados y campiñas de lo que representan unos y otros para la lluvia y la pureza del aire que respiramos. se desconocen a los pequeños animales, no se hachan en falta mariposas y grillos, luciérnagas y abejas, avispas y vencejos, gorriones y   el extenso abanico del amplio y bellos sonido de la naturaleza.

No vemos las estrellas en la galaxias del cielo en la noche estrellada ni lechuzas ni búhos cruzando los espacios.  Hemos perdido la música del aire al rozar las ramas de los árboles y el silencio que habita  en los espacios.

Me pregunto ¿hacía dónde vamos?  Y no obtengo respuesta. Cuando escucho y veo en los televisores los incendios  siento que algo muy nuestro hemos perdido en cada uno de ellos. 

 Lástima de nosotros habitantes de un hermoso planeta al que no amamos ni respetamos. Al destruirlo nos destruimos, Al matarlo morimos con él. Somos caminantes por la tierra que heredamos y sin caminos que transitar nos quedaremos sin planeta. Sin nuestra casa . Sin nuestro habitad.


                                                                                      Natividad Cepeda 

viernes, 28 de junio de 2013

Me sorprenden los dibujos de los niños; tienen un secretismo mágico junto a la belleza del silencio del que se nutren las manos de los niños.
Me admiran sus formas universales  sin temor a ser juzgados por críticos de arte.
Cuando dibujan se recogen  íntimamente  exentos de vanidad dejando en los trazos el alma, la vida sin sombras.
En el papel en blanco la vida aparece con las  mismas  líneas  que el  de las cavernas.   Salen de sus manos todo el equipaje de los colores fuertes; rojos y granates, naranjas y verdes, marrones y rosas, azules y malvas…  todo es primitivo esquemas y símbolos que yo reconozco y que ellos transportan desde su ignorancia  nutrida de génesis.
Más allá de del círculo de nuestra cultura emerge el ancestro.
En esos dibujos la creación se muestra y cabe decir que si les dejaran a todos los niños un tiempo  sin televisiones y sin tanto ruido…  entre sus dibujos veríamos las grutas  que ayer habitamos, las que decoramos con trazo emergente.
Respeto su creación desde la distancia con la emoción de quien sabe que asiste a un único momento. Los miro y aunque quiero recordar la niña que ayer fui jamás lo he conseguido.
Dibujan y sobre ellos se proyecta el misterio que envuelve lo que serán mañana.
Ellos lo ignoran y mañana no recordaran cuando dibujaban corazones y árboles con el dominio intacto de quien captura un río sin saber geografía.
Cuando me regalan sus obras llenas de colorido carezco de palabras.  Son obras inigualables lanzadas al infinito de la ilusión primera, sin aristas ni escuelas que les pongan un cero: todavía ante ellos no han llegado los depredadores del arte.

                                                                                                                                                     Natividad Cepeda  

Arte digital: N. Cepeda