jueves, 19 de marzo de 2026

19 de marzo festividad de San José: día del Padre. Recordando la ausencia de mi padre

 


 

Miro el ayer con esa vieja nostalgia de recordar mi infancia, cuando ni siquiera sabía lo que era vivir a plena luz y contemplaba los tapiales de casa como si fueran los muros del Edén.

Miro hacia atrás y veo islas de susurros, y las manos de papá tapándome al dormir, serenamente, como queriendo cribar en ese gesto el deseo de que nada me dañara.

Ahora, de todo aquello no queda nada: queda un recuerdo guardado en la escalera del alma y esa soledad que a veces aparece porque, al envejecer, no he podido olvidar al padre que me arropó hasta el último día que dormí en su casa.

Yo estoy hecha de añoranzas y de aquellas vivencias anteriores a pasar a ser huérfana. Hoy son solo briznas que bullen por mi sangre y regresan —o las hago regresar— apoyada en la memoria de mi vida.

Discutía contigo, discutíamos, porque yo me rebelaba contra lo que la sociedad me imponía y tú —sí, tú— eras autoritario y también protector hasta los últimos días de tu vida. Siempre celebramos el día de San José, siempre con sencillez. Y todavía, en silencio, os llevo a todos cosidos a mis latidos: al abuelo, que rezaba a su santo en el pequeño oratorio familiar; a ti, que me llevabas de la mano hasta el templo y me enseñabas, con la costumbre, que la familia era eso: un pilar para toda la vida.

Fíjate que yo siempre sentí que fracasaba ante ti. Ahora recuerdo lentamente ese legado antiguo que me dejaste: el amor a los míos, el amor a la gente, el abrir la puerta y acoger a los otros sin mirar la ideología ni la clase social.

Pues bien, esa ha sido mi herencia, la que tú me dejaste, la tuya.

Jamás te llamé padre porque, junto a ti, papá, nunca dejé de ser niña, apegada a tu piel y a tu cobijo, a pesar —tú lo sabes— de nuestras discusiones, que no eran otra cosa que dejar abiertas las puertas de la libertad de pensamiento. Si hoy soy quien soy, es porque me enseñaste a amar sin condiciones y a mantener abiertas las puertas del corazón. Todo eso sigue vivo en mí. Y tú conmigo, papá, latiendo en mi sangre.

Poema y fotografía Natividad Cepeda©

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