Se difumina
el horizonte
derramado su
luz en los sembrados
sobre el
sereno verde de los cereales.
Todo es
magnetismo en la llanura.
El ocaso es
confín de cromatismo
sobre trigos
que aguardan ser segados.
Abarcan mis
ojos los fértiles
brotes bajo
susurros del poniente
vacía de
orgullo ante su majestad.
Soy en ese
instante un corazón
desarbolado
de materia,
una mujer
libre en mitad
de este
espacio que tiembla
y se
estremece ante su magnitud.
El paisaje
sereno muestra los campos
nutridos por
las lluvias caídas
y al contemplarlos
presiento la fuerza
de las
semillas que el sembrador
fue dejando
en los surcos, pequeñas,
casi diminutas,
ahora el milagro
de la vida
se muestra en todo su esplendor
en el
paisaje verde de las siembras nacidas.
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