Según las estadísticas
en España, alrededor de 6.000 hombres fallecen cada año a consecuencia del
cáncer de próstata. Se trata de una cifra elevada que, sin embargo, sigue
siendo poco conocida y escasamente divulgada, salvo por aquellas familias que
conviven directamente con la enfermedad.
Los datos son claros: el
cáncer de próstata es el tercer cáncer más mortal en hombres, por detrás del
cáncer de pulmón y el de colon, y es además el cáncer más diagnosticado en la
población masculina en España. Para el año 2026 se estima que se detectarán
34.833 nuevos casos.
Cuando el cáncer de
próstata se detecta a tiempo, la supervivencia a cinco años es muy alta. Sin
embargo, sigue siendo una enfermedad de la que apenas se habla, y casi siempre
solo cuando el diagnóstico ya ha llegado y comienzan las consultas de urología,
la intervención quirúrgica o los tratamientos posteriores como la radioterapia
y quimioterapia.
Es en esos espacios
—las salas de espera, las consultas, los hospitales— donde se descubre la
dimensión real del problema: numerosos hombres afectados, casi siempre
acompañados por sus parejas. Mujeres que asumen un papel fundamental de apoyo,
ánimo y fortaleza, mientras se silencian otras consecuencias de la enfermedad
de las que apenas se habla, como los trastornos urinarios, la disfunción
eréctil o el impacto emocional.
En muchos casos, estos
efectos secundarios son transitorios y existen ejercicios y tratamientos
eficaces para mejorar la calidad de vida. Pero lo prioritario, sin duda, es
salvar la vida del compañero. Aun así, esto no debería implicar ignorar el
sufrimiento físico, psicológico y emocional que acompaña a la enfermedad.
La mayoría de los
diagnósticos se producen en hombre
s mayores de 70 años, y con frecuencia la
edad hace que no se le dé a la enfermedad la importancia que merece. Se olvida
no solo el dolor y la impotencia que toda enfermedad cancerígena conlleva, sino
también el coste económico y social derivado de las continuas visitas médicas,
tratamientos y desplazamientos al sistema sanitario.
En hombres jóvenes el
cáncer de próstata es menos frecuente, especialmente por debajo de los 40 años,
salvo en casos con antecedentes familiares. A partir de los 50 años el riesgo
aumenta, y aun así la visita anual al urólogo no forma parte de los hábitos de
prevención de la mayoría de los hombres. Esta es una realidad constatada y
preocupante.
Si desde la medicina de
familia, la sanidad laboral, las administraciones públicas, las empresas, los
ayuntamientos y otras instituciones se incluyera el cribado del cáncer de
próstata en las revisiones periódicas, como se hace con otras enfermedades, muchos
casos se detectarían de forma precoz. Esto reduciría el coste de los
tratamientos, las pérdidas de horas de trabajo y, sobre todo, evitaría
sufrimiento innecesario y muertes evitables.
Es fundamental
desterrar el miedo, los tabúes y los complejos. La vida de una persona, de un
ser querido, está por encima de cualquier prejuicio.
Para dar visibilidad a
esta enfermedad ha nacido PROSVIDA, gracias al periodista y editor Julio Criado
García y a todas las personas que se están sumando a esta iniciativa con el
objetivo de combatir el silencio y evitar esos miles de muertes provocadas por
el cáncer de próstata.
Hace años viví
personalmente el peregrinaje de consultas, quirófano y tratamiento de
radioterapia que sufrió mi esposo. En aquellos momentos comprobé que muchos de
los hombres que se trataban compartían optimismo, humor y esperanza de vida.
Sin embargo, fuera de ese entorno, a casi nadie parecía interesarle lo que
había ocurrido antes y después del diagnóstico.
Por eso, cuando me
encuentro con hombres a partir de los cuarenta años, les aconsejo —aunque no me
lo pidan— que se realicen la prueba del PSA. Aunque existan opiniones médicas
diversas sobre su eficacia, la realidad es clara: más vale prevenir que curar.
La lucha contra el
cáncer es una lucha social. A pesar de las campañas y del trabajo de
asociaciones y voluntarios, no se invierte en investigación todo lo que se
debería, y seguimos enfrentándonos a una enfermedad que, aunque curable en
muchos casos, sigue causando demasiadas muertes.
Dar a conocer el cáncer
de próstata es una necesidad urgente. En nuestra provincia de Ciudad Real, ya
son muchos los municipios adheridos a esta iniciativa, y cada vez más personas
se suman para reclamar cribados sistemáticos, del mismo modo que se realizan
mamografías en el cáncer de mama.
Sobre este punto habrá
que seguir hablando, porque tampoco es justo que la sanidad pública deje de
realizar mamografías a mujeres a partir de los 70 años, cuando la esperanza de
vida es cada vez mayor y el coste posterior —humano y económico— es mucho más
alto.
Son temas de gran
importancia para la salud de la población que no se hablan lo suficiente, y que
deben ocupar el lugar que merecen en el debate público.
Natividad Cepeda