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Natividad Cepeda: escritora, articulista, poeta: pertenece y es miembro de la Academia de la Hispanidad, a Red Mundial de escritores en español “REMES: Asociación CEDRO: Asociación de Escritores y Artistas españoles) Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha: CAPÍTULO DE NOBLES CABALLEROS Y DAMAS DE ISABEL LA CATÓLICA Presidenta Club UNESCO Arquitectura de Piedra en Seco-Los bombos tomelloseros. Entre sus distinciones destacan Dama Andante Asociación Cultural “Quijote 2000”, Dama del Capítulo de Nobles Caballeros de Isabel la Católica. Molinera de Honor de Campo de Criptana Algunos de sus premios literarios son: Ciudad de Montoro, Premio de Poesía “Reposo Neble”, Bollullos Par del Condado (Huelva), Premio Internacional de la Casa de Andalucía de Benicarló, Premio Nacional de Conil, Pastora Marcela de Campo de Criptana, Lola Peche de Algeciras, Premio Ciudad de La Roda entre otros...

jueves, 15 de junio de 2017

La primera cardencha que no verán sus ojos.

                                                    La primera cardencha que no verán sus ojos.

No son muchachos tristes los que van caminando por railes y llevan en sus mochilas el deleite de conocer ciudades del mundo, porque su mérito ha sido llegar hasta esa meta soñada y ser un vagabundo culto e ilustrado, al menos así nos lo creemos.
Sobrevuelan en intercambios de un país a otro. Van y vienen con su única patria y su filosofía  de entender y opinar sobre el ecosistema y las redes  furtivas de ver con mirada propia, lo que ocurre aquí y allá. Hay veces que ignoran los delitos  de los que mancillan el planeta envueltos en palabras de floresta imposible porque, nada se da por nada, sobre todo si los que dicen defender  los pilares donde la sociedad humana se asienta, se destruyen. Y aunque tienen miradas claras como el azul del cielo un día de primavera, no ven a los que trastornan el orden establecido ofreciendo a cambio ilusiones vacías de realidad.
Curiosamente los que no verán las cardenchas recién surgidas, creen en la paz y en el bienestar de la primera clase de este mundo global, tan enorme en su dilatado contorno de pueblos y frontera geográfica y, tan pequeña visto desde cualquier ordenador o teléfono móvil.  Y así, de momento, en esos primeros atisbos de andar jugando a ser adultos no se les ocurre sospechar ni dudar, que lo que se nos ofrece desde la publicidad del ocio y la belleza plagada de  perfección es inexistente: porque nosotros, todos,  somos imperfectos.
Se instalan en el concepto erróneo y en la doctrina falsa de creer que el amor es una panacea para todos los males. El amor, ese sentimiento que buscamos y necesitamos en correspondencia con todo cuanto nos rodea y, con esa persona idealizada, a la que nos entregamos en busca de sentir realizada el alma nuestra, con la del otro ser humano que amamos. Y cuando no se encuentra, se busca como si fuera un oficio de andar por la vida a su busca y captura, olvidando las reglas de la naturaleza. Esa regla que ha de cumplirse en toda sociedad civilizada.  Porque cuando no se cumplen los saberes que benefician desde abajo hasta arriba de toda sociedad, su incumplimiento degenerará  a un estado primitivo, quebrándose paulatinamente el tejido social de esa sociedad.
El deterioro del declive de las sociedades que la Historia recoge, cuando se instala dentro de ellas es lento, tan lento y demoledor que nadie percibe su avance destructor. Actualmente  la inseguridad en lo espiritual y en lo material  ha creado una inestabilidad, no solo física, también emocional. Y cuando se percibe ese fracaso producido por  escollos diversos, la persona es incapaz  de salir adelante con su voluntad y capacidad para salvar escollos. Derivado de ese conjunto de errores, cada día se suceden los suicidios en jóvenes que parecen que lo tienen todo. Y no es cierto ya que  la primera causa de muerte en España, es el suicidio.  Porque cuando el estado de ánimo cae en  picado y falta encontrar  resolución  para lo que angustia, todo se torna negro y el suicidio es la puerta de salida para terminar con esa confusión del alma que destruye al cuerpo. En medio de esa terrible oscuridad se olvida la belleza que nos regala la vida en su conjunto.
En ese umbral ambiguo nos quedamos ante un suicidio. Dicen: o decían, que en los países creyentes de católicos el suicidio era menor. Pero ante el laicismo y ataque  continuado de los que aseguran poseer la razón de la no existencia de la divinidad, casi exclusivamente en cristianos y católicos, teoría indemostrable, es fácil rebelarse a vivir y ejercer la voluntad de continuar en una sociedad donde sus pilares se tambalean y quiebran por la dureza de sus convicciones anti naturales. Y ante la tristeza de lo irremediable no hay cabo donde asirse, ni se busca la mano hermana y amiga a quien recurrir cuando falta claridad al alma. De esos andenes de soledad se nutre el  suicidio, dejando esas muertes, a los que los aman, una agonía de incertidumbre y de preguntas que no tienen respuesta. Excepto el amor de  los que sí creemos que el amor salva por encima de la misma muerte.
Por mi tierra manchega el calor es duro y seco; ese calor no evita que en los campos surjan los diferentes cardos en rastrojos y cunetas. He visto abrirse la primera cardencha y al contemplarla en su ruda belleza, he sentido que no la verán esos ojos cerrados de los que nos dejaron.

                                                                                          Natividad Cepeda 

martes, 16 de mayo de 2017

Voces del aire por la calle

 
 Espero mi tuno  en la fila de esas grandes superficies donde se compran productos actuales etiquetados con letras y números que la mayoría de clientes no entienden.  Era esa hora donde todos esperamos porque el reloj nos dice que hay que salir rápido porque llegamos tarde a otras citas y, detrás de mí dos personada hablaban de un desahucio inminente. El sonido de sus voces eran cantarinas, frescas y sin asomo de querer esconder su rabia e impotencia. Nombraban nombres masculinos y femeninos, lugares y juzgados, inquilinos y constructores y la palabra paro, cual dogal al cuello de un ahorcado. Salimos y seguí escuchándoles hasta que el ruido de la calle nos dejó sordos e intoxicados de aire maloliente.
Horas más tarde en lugar distinto, volví a escuchar hablar de pisos y de inquilinos listos y avispados. Los que dialogaban se quejaban amargamente de lo que les sucedía y sus voces no eran cantarinas como agua de río saltando entre peñas, al contrario eran voces apagadas de tono quebrado y desaliento sin apenas un asomo de esperanza por no encontrar salida  a sus problemas. Una de esas voces aseguraba que no podía hacer nada, que cuando llegó a su casa no pudo abrir la puerta y al escuchar voces adentro y ella, vivía sola, llamó a la policía y se encontró con unos inquilinos no buscados que se decían ¡!OKUPAS¡¡ Recurrió a lo que buenamente sabía y no logró nada. Hablaban  de todos los logros que tienen delincuentes comunes, picaros actuales amparados por grupos que se dicen justos, todos esos que van en contra de un sistema pero que no tienen escrúpulos para adueñarse de lo ajeno.

    Días después a través del teléfono un conocido me decía con la voz quebrada y dolorida, que un piso que tenía alquilado y del que se habían ido los inquilinos a otra ciudad, al ir a enseñar la vivienda a otros posibles inquilinos, se encontró que no pudo pasar porque estaba su piso ocupado, precisamente por OKUPAS. Me desgarraba el alma escucharle, tiene más de ochenta años y una eximia jubilación de autónomo y su esposa con esa enfermedad fantasma de los que se olvidan de quienes fueron, sin memoria… ¿Cómo voy ahora a pagar los servicios que ella necesita y que yo  por mi edad no puedo prestarle? Toda nuestra vida no nos hemos permitido caprichos ni juergas, los dos hemos trabajado y ahorrado para que en la vejez no nos faltara lo necesario para una vida digna y, ahora me quitan lo que es mío. ¿Dónde están los políticos que prometen amparo? Y que conste que siempre hemos ido a votar porque somos demócratas convencidos…

No existe el delito de usurpación cuando esto ocurre, y los jueces, en su alta calidad y elevado prestigio dejan abandonado al ciudadano que jamás ha delinquido, entonces muchos nos preguntamos ¿para qué trabajar y ser honrado?
En la calle todo parece que funciona, que la ciudad emerge dentro del ordenado municipio que se nutre de los que pagan los impuestos pero, cuando los otros se aprovechan y cogen lo que no les pertenece ¿dónde están los próceres que dicen que protegen el bien común del ciudadano? La aflicción es una brecha abierta llena de desventura y el espectáculo de políticos sucios y aberrantes  llena telediarios y periódicos.  ¿Tribunales? la gente se pregunta ¿para qué los queremos?  Hay tanta desvergüenza que la gente, esa gente que no grita, que no comete escándalo ni pertenece a grupos de cínicos irreverentes está harta.  Harta de esa filosofía de falsedad y afrenta de los que no merecen ninguna confianza y por supuesto tampoco nuestro voto.
Las voces de esas gentes solo las oye el aire.


                                                                                                          Natividad Cepeda


 Arte digital: N Cepeda







jueves, 11 de mayo de 2017

Voces del aire

                                            
Transgredir nunca lo he hecho me educaron para no violar las leyes divinas y esas leyes fueron para mis padres, mayores y más importantes que las leyes vigentes que teníamos en mi tierra natal. Mi pueblo era mi patria donde todos los  que me amaban me marcaban el sendero histórico de mis antepasados: donde el juez supremo era Dios, al que nadie podía engañar: El que todo lo veía de noche y de día.
La patria celestial estaba por encima de la jurisdicción vigente porque las directrices políticas podían cambiarse en cualquier momento, no así las leyes que nos decían que se respetaba a Dios y a las personas sin robar, matar, injuriar o levantar falsedades en perjuicio de los demás. Y como si aquello fuera un espejismo entre nosotros y el aire el concepto de entendimiento asociado al respeto mutuo fue desapareciendo en favor de una tolerancia basada en la desigualdad legal.   
Prescrito por ley, los ladrones se fueron protegiendo en deterioro de lo estrictamente moral, así robar y destrozar los bienes ajenos de agricultores y ganaderos en las  casas de campo, destrozando puertas, ventanas para robar enseres y aperos, motores y tractores se convirtió en algo tan usual y cotidiano y aunque empezaron las protestas nadie en la política vigente las escuchó. Se llegó incluso a asesinar personas, pero como no sumaban cientos de labriegos   los saqueos y el temor hicieron mella en ese grupo social tan escasamente respetado y la economía del sector fue perdiendo valor. Los precios agrarios durante años fueron restando ganancias y los costes subiendo de maquinarias, sueldos, semillas, estiércol, abonos  y también los seguros de cosechas por pedrisco y heladas. El resultado ha sido la pobreza del sector agrario y la vejez acumulada en los trabajadores autónomos del campo y la ganadería.
Pero como la Ley no admite equivocarse las cargas de impuestos han sido incrementados creando una continua huida por parte de los jóvenes que no quieren seguir los pasos de padres y abuelos. De madres y abuelas,  sometidas al vaivén del capricho inmoral de los gobernantes que dejan desprotegidas a todas las familias del campo español. Porque esas familias siempre han ido ajustadas en la economía sin demasiadas quejas, a pesar de escuchar chistes y bromas sobre todos ellos. Han sido y son voces del aire, miradas con desprecio por las clases sociales de funcionarios y perseguidas por sindicatos, ajenos a todo lo que no fuera ir en contra de la sufrida clase media baja de esta España adormecida entre balones futboleros y fiestas creadas para el entretenimiento del pueblo y así, evitar que no piense.

La inseguridad en el campo y la desmantelación de un patrimonio propio que nadie a retribuido, recuérdense pilas de piedra, teja curva robada de tejados, puertas, ventanas de forja, utensilios que se pusieron de moda, trillas, mesas rusticas auténticas y un sinfín de toda clase desde botellas de butano, platos…tan cierto y viejo es todo esto que hay casas de campo que no se dejan con la lleve echada para evitar que destrocen cerraduras y pernios.  Las casas de campo, antes encaladas y conservadas para refugio de todos, dueños y asalariados se caen a pedazos porque ni hay euros para conservarlas ni arrestos para seguir confiando en que vuelvan a romper todo lo que los ladrones quieran. Nuestros campos no importan casi a nadie.

Importan a algunos que gracias al silencio de ese sector viven a su costa.
Y para terminar de estrujar esta economía se ha creado el impuesto de cobrar por cada casa de campo destartalada. Ante esa injusticia ni hay voz que se oiga en el aire del que respiramos. Los pintores de nuestros pueblos plasman los campos y sus casas rotas, viejas, sin nadie que las habite y al verlas en los cuadros admiramos su belleza, salvo los que conocemos la agonía de esas paredes gracias a las leyes vigentes de tanto político inhábil que han sumado fortunas y éxitos gracias a manejos turbios y fraudulentos. Nos sobran gentes de mal vivir de todas las calañas y especies.
No tardando mucho tiempo en el campo no quedaran casitas blancas ni tampoco casas viejas cubiertas de heridas y desconchones: no las veremos porque se tiraran todas para no pagar esos impuestos injustos. Es el feudalismo actual de los grandes señores para con sus vasallos.


                                                                                            Natividad Cepeda

                      
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martes, 2 de mayo de 2017

Centenario de una vida ejemplar y actual: Siervo de Dios Ismael de Tomelloso

      
Irrumpe Dios en el alma de Ismael con la fuerza de la primavera.  Se siente pequeño entre todos. Su vida fue un ejemplo de amor y de caridad hacia los demás. En silencio oraba por la paz entre los hermanos. Y en silencio formó parte del mundo dolorido de los enfermos, de los presos y abandonados en campos de concentración. De los parados sin trabajo. 
Necesidades que remedia en su  albergue de amor fraterno. Sirvió a todos sin aditivos ni falsos ropajes. Regalaba su tiempo y su vida cuidando a los ancianos  del Hospital-Asilo de Tomelloso con la sonrisa en su joven rostro. Curaba con su música y canciones las heridas de la vejez que dejan tristeza en el alma de los abandonados. Amor, por encima de sus propias necesidades.
En medio de la fratricida guerra de 1936, regala sus zapatos al compañero que  ve con unas alpargatas rotas: con esas alpargatas calza sus pies helados: veinte grados bajo cero. Corazón, el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso, sin puertas ni cerrojos para el amor sin fronteras. Abandono de sí mismo confiando plenamente en Dios. Humildad exenta de soberbia hasta exclamar…“Como no sé hablar y tengo poca inteligencia, no sé decirle a nadie cosas buenas y de religión; por eso quiero dar ejemplo de vida”.
Cien años hace que nació en Tomelloso un primero de mayo de 1917, murió en Zaragoza un cinco de mayo de 1938 como prisionero de guerra en la cama de un hospital. Fue reclutado como miles de jóvenes y tiró el fusil en medio de la batalla cruenta de Teruel y se puso a rezar pidiendo a Dios la paz.
En nuestra sociedad matizada hasta la exageración de falsas apariencias y consignas sin futuro viene bien revisar de vez en cuando testimonios edificantes como el del Siervo de Dios Ismael de Tomelloso. Sus valores son actuales. Su espiritualidad es su fortaleza. Su fuerza, su fe en Dios. Su vida es un acontecer de amor universal. Su alegría es el amanecer de la juventud, y su silencio, abandonado de todos y sin pedir nada, es el rumor del amor universal que no cesa en el devenir de la vida.
Fue perseguido por unos y por otros; y amo a todos,  porque la paz la llevaba dentro de su alma al vislumbrar la existencia del amor de Dios sin partidos ni consignas que enfrentan y matan.
Ismael de Tomelloso no tuvo agentes que lo representaran como artista, cantaba, tocaba la guitarra, era actor aficionado representando obras de teatro, decorador, dependiente  de tienda de tejidos, organizados de cabalgatas de Navidad y reyes, y miembro de rondallas…
Cuando la guerra lo envuelve en su terror, él se niega a matar hermanos. Obedece y se viste con su uniforme de soldado. Calla, ante los que lo insultan por ser cristiano. Calla y comparte lo que tiene con quien él, piensa que lo necesita más que él. Y cuando cae prisionero  nada dice cuando lo interrogan: calla y en silencio sigue rezando por la paz de todos los hermanos que se mueren de hambre, frío, metralla y hacinamiento.
No se queja. Reza por la paz y escribe a los suyos diciendo que todos lo tratan bien. 
Y de pronto aquel muchacho llagado y esquelético, de mirada limpia y hermosos ojos regresa desde aquella España desangrada, iluminando el pasado y el presente  con su sonrisa amplia. Y los que lo conocieron se han ido, quedamos los hijos y los nietos y al mirarlo algo dentro del cuerpo llega hacia adentro y sentimos que Ismael, que ha perdido hasta sus apellidos,  nos insiste desde su silencio a recuperar tantos valores perdidos en nuestra sociedad donde los suicidios se suceden y el amor es un sentimiento de quita y pon basado en el placer si amor.
Tomelloso, Zaragoza, Madrid y Teruel donde hay delegaciones con su nombre, vuelven a su silencio, porque el silencio de Ismael fue y es, una prueba de amor en Dios y en las personas. Es un cristiano laico sin miedo por su fe. Sin fanatismo y sin crueldad. Es un modelo de joven adelantado a su tiempo por su versatilidad artística en mitad de una sociedad rural e inculta que destruye todo lo que toca, vidas y patrimonio: que amenaza a los suyos y los masacra sin pudor y sin conciencia. Es  y fue un niño que empieza a trabajar a temprana edad como los niños que en países pobres y no desarrollados son explotados. Ismael de Tomelloso es un eslabón de superación autodidacta que descubre la humanidad de los que lo rodean sin odio y sin venganza porque él, descubre que orando en el silencio del sagrario conecta con la música de las esferas del Creador.
Increíble y cierto. Para llegar a ese conocimiento no viajo a lugares lejanos en busca de un  gurú, escuchó el corazón de Dios desde los labios de su madre, de sus amigos y de un joven sacerdote que instruía a los jóvenes. No tuvo psicólogos, ni Internet, ni televisión, ni vacaciones, ni coche… descubrió a Dios y amó a los demás. Ese es su testimonio, esa es su vigencia por lo que celebramos su nacimiento. 

                                                                                   Natividad Cepeda

Arte digital: N cepeda

sábado, 8 de abril de 2017

Semana Santa celebración de amor y fe

                             
Con Dios no se juega: se nos ha dicho que lo qué sembremos será nuestra cosecha.
La mirada de Dios es la luz del corazón sobre la razón. Y nuestra razón es el mensaje de Dios fundamentado en el amor. Pero  no siempre las razones son entendidas  y aplicadas  por el amor de Dios.
El amor es la puerta por donde se sale y entra eternamente. Y la Providencia  nos espera,  conoce  nuestra pequeñez y  nuestra pobreza.  Y su amor  es la esperanza que nos sostiene cuando una herida del alma o del cuerpo nos hunde en el dolor.
Dios, para los que se autoproclaman progresistas, no es actual y por supuesto tampoco  significa progreso. Más, a  Dios, nadie lo puede comprar ni confundir.
Por los días de abril aparece por calles y plazas de España la oración caminando por ellas de miles de cofrades  vestidos con antiguos sayales de penitencia.  Es la oración del pueblo que ora  buscando su propia redención, desde la redención universal de Cristo clavado en la cruz.
Oración  en los templos adonde llegamos los católicos; nosotros, los perseguidos en nuestro país y en otros países. Persecución sangrienta y atroz  en centros donde se cuidan niños quitándoles el hambre y auxiliando a los ancianos abandonados en calles que recogen sacerdotes y monjas, seglares y catequistas afincados junto a los estercoleros del mundo, viviendo junto a ellos,  gracias a la ayuda de los católicos que envían su ayuda monetaria a través de la Iglesia necesitada.
Semana Santa   de un trance humano que anuncia luz de resurrección en memoria de una promesa  que dejó un rastro de cambio en la sociedad de su momento, tan singular y atrevida que desde que fue escuchada la  palabra  del Maestro; Él, sus discípulos y seguidores fueron perseguidos, ayer  igual que hoy.  Porque aquello que escribió Jesús de Nazaret  en la tierra evitando un asesinato femenino sigue estando vigente: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” Y nadie se atrevió a lapidar a la mujer.
Actuales estas  palabras hasta  hoy, donde  se siguen lapidando a mujeres en otras culturas que no conocen sus palabras ni nuestra Semana de Pasión. Todo en la Cuaresma es camino  que nos lleva hasta la Semana Santa y a su celebración con la mirada del alma puesta en nuestra fe. Fe que es nuestra esperanza para alcanzar la Pascua de la vida: nuestra resurrección, santo y seña de Cristo resucitado.
En los días de esa semana especial y única para nosotros los creyentes, las calles son transitadas por un sueño de pétalos caídos alrededor de un hecho histórico  que es la esencia de Europa. Olvidar la cristiandad y su repercusión en Occidente es querer tapar al sol con nuestras manos. Cierto es, que como humanos hemos cometido errores  y los seguiremos cometiendo.
El mensaje de amor universal de Jesús Hijo de Dios, sigue vigente e incumplido por la mucha exigencia; Él nos dijo “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado (Juan 15:12). Y por ese camino andamos buscando durante la Cuaresma  salvar nuestros escollos junto a las muchas dificultades que encontramos para sentir amor y paz dentro de nosotros  para darlo a los demás. 
La vida es un camino trémulo y frágil como la luz  de un candil en mitad del campo que se puede apagar con una pequeña ráfaga de aire. Intentamos tener apariencia de fuertes para que en la batalla diaria nadie nos haga morder el polvo del fracaso. Y nuestra fuerza que en ocasiones es un  tornado que todo lo puede, en otras sentimos hacernos añicos ante la salud quebrada o ante la moral destruida por tanto deterioro de vanos proyectos sin base de lógica y principios.
Las plegarias que hacemos en los templos los cristianos en estos días no son plegarias de tristeza y de ceniza, son hogazas de pan amorosas para sanarnos de tantos males.
Brotan en abril las hojas de los árboles repletas de color vivo y resurgen los tallos en los campos para recordarnos  que después de la muerte del invierno la vida resucita. 
Esta es mi fe, la del silencio de Juan de la Cruz con su fontana viva: la del silencio de Ismael de Tomelloso con su hermosa sonrisa de paz exento de guerra y odio, orando así “Quiero vivir absorbido en Dios, perdido en la inmensidad de Él, y a Él totalmente entregado. La fe  de Monseñor Arnulfo Romero, asesinado por un francotirador  el 24 de marzo 1980 mientras oficiaba una misa y que dijo “Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como testimonio de esperanza en el futuro. Puede usted decir, si llegasen a matarme, que perdono y bendigo a quiénes lo hagan. Ojalá, así, se convencerán que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás”. Monseñor Óscar Romero, agosto 1978. 
Esta es mi fe, y  junto a estos testimonios  otros muchos  como el de Ángela de la Cruz, Teresa de Calcuta, Edith Stein, luego Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Auschwitz, 9 de agosto de 1942. Mujeres y hombres a los que nadie pudo rebajar ni humillar porque su fortaleza nacía de Dios. Perseguidos y jamás olvidados.
Nombres propios conocidos; nombres propios anónimos desperdigados  por  los pueblos sin miedo al escarnio ni a la burla. Soportando la mofa de los que abogan por libertades sin respetar la libertad de los católicos  que se ponen su túnica y salen por las calles de España  enseñando con su testimonio una catequesis nacida del pueblo llano para sí mismo. Tradición y fe. Oración popular  digna de admiración y de respeto. Ellos los nazarenos y nazarenas que elevan las imágenes sobre sus espaldas y hombros cada nueva primavera orando de esa manera por todos. Plegaria física. Plegaria ante la talla de Cristo y de su madre. Arte religioso, joyas de orfebres y escultores que salen a la calle desde el recinto sagrado de los templos.
Creer es un don de Dios. Mi fe son mis pilares humanos por donde busco la justicia desde la enseñanza de Cristo resucitado. Y conmigo, cientos y miles de cristianos silenciosos y hermanos que salimos a la calle en Semana Santa porque así nos lo legaron los que nos precedieron. Y no dudo que quienes aman mucho, siempre recibirán una muestra de amor en la senda de la vida. No hay mayor equivocación que perseguir al amor. Porque el amor jamás muere.

                                                                                                Natividad Cepeda

 Arte digital: N Cepeda


viernes, 31 de marzo de 2017

A las hijas de la tierra silenciadas con luto en primavera

 Se ha vestido de luto la primavera  adhiriéndose al grito desgarrador de la muerte  y no bastan los minutos de silencio en las plazas ni los crespones colgados en balcones. Se derraman lágrimas en los ritos fúnebres anta la desnaturalizada acción de no poder asir las vidas que se han ido. Sufre el dolor ante la pregunta sin respuesta ¿por qué?
Y la oscuridad de lo ocurrido abarca  la inmensidad del macabro misterio. Un campo de criptas agrandado se esparce por nuestra piel hispana plagado de mujeres asesinadas. Pedromuñoz  y Campo de Criptana lloran en estos últimos días de marzo  por la muerte de una mujer-madre, sus dos hijos,  y por el supuesto culpable de las muertes, el marido y padre. Y en los pueblos y  campos hay sombras de tristeza  y la constante pregunta del por qué; que nadie puede contestar.
Me pregunto ¿hacia dónde camina esta humanidad ahogada en su propio  fracaso? ¿Qué males nos aquejan para el infanticidio de dos niños?
Calles de Campo de Criptana por las que he pasado admirando el primor y el arte de sus gentes. Calles y plazas  a la sombra de la belleza alzada de sus molinos en la sierra, adonde en tantas ocasiones he subido acompañada de la lealtad de mis amigos… Calles donde los niños que se han ido, han pasado y vivido, y ante esa presencia infantil inexistente  arrastro mi dolor sin artificio.
Calles y plazas de Pedromuñoz,  donde ensalcé  sus mayos y pregoné su feria; por donde la madre muerta  imagino vistió su reja y lució sus galas de manchega mayera. Las voces de los niños ahora son inaudibles al sonido del día  pero no extinguidas en el corazón de los que los amaron y recuerdan.
Lloramos con vosotros porque como dice la Biblia  en el  libro sagrado de  Eclesiastes,  hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; y un tiempo para llorar…  Ahora lloramos aun cuando el dolor y el llanto carecen de nombre ante tanto dolor en el umbral de estas muertes. Muertes que engloban la cadena de muertes de mujeres asesinadas y de sus hijos en España.
Rechazo el exceso de muertes. Cualquier asesinato  porque no existe razón para quitar la vida concedida por Dios a sus criaturas.
Y rechazo la confusión de las palabras que tratan de dulcificar lo que es amargo e inhumano: ¿violencia de género?  ¿O genocidio de mujeres en nuestro mundo civilizado?  Y niños indefensos  sucumbidos y suicidios casi a diario, cuando parece que nada falta.
Llamar a cada acto por su nombre probablemente nos evitaría caer en la arbitrariedad del capricho banal donde estamos sumergidos. Nuestra sociedad ciegamente sucumbe en un mundo insatisfecho a pesar de tener tantos logros conseguidos. Nos mesamos los cabellos como en las culturas más arcanas y lloramos vestidos de galas inservibles ante esta tragedia repetida de la muerte de mujeres y niños inocentes en nuestra sociedad  buenista y disculpadora de aberraciones y maldades.
Morir, matar, suicidios, ¿hacia dónde nos lleva esta ruta sangrienta?
 Dos pueblos lloran la muerte de sus hijos: dos familias  conocen la tragedia. ¿Hasta cuándo  los legisladores no se decidirán a cambiar las leyes contra el asesinato de mujeres y niños?  ¿Acaso no importa demasiado en nuestra sociedad masificada todas las mujeres asesinadas? Precisamente ahora que estamos comunicados e informados globalmente parece que es imposible  terminar con esta lacra tiránica. Asesinatos cometidos en todos los sectores sociales dese las elites hasta las clases populares, cometidos desde  sectores distantes de poblaciones desconocidas entre sí, pero que sí comparten cifras escalofriantes de mujeres muertas.
Estamos asistiendo a un genocidio sin advertirlo. Los que piensan que la mujer ha alcanzado altas metas actualmente se equivocan; sólo hay que constatar los puestos que ocupan en los puestos de responsabilidad desde los gobiernos mundiales a cualquier sector. Todavía el número de mujeres  es exiguo comparado con los nombres de hombres en la escala social.  Y hay muchos ejemplos que tenemos delante de nosotros sin querer verlos. Como se suele decir mucho ruido y pocos logros.
Nos queda la palabra, como escribió Blas de Otero, para seguir preguntando el porqué de tanto dolor inútil. Nos queda a los poetas la metáfora y el grito alzado para seguir recordando que la crueldad también existe en las esferas del poder cuando no se uscan los medios para salir de situaciones adversas.


           A las Hijas de la Tierra silenciadas



Ha bajado la lluvia  con tristeza a los viñedos
y  a tus ojos, que guardan  sombrías  mañanas
sin sol en tu retina cuando  tras los cristales
miras  las calles solitarias  como si de la ciudad
todos se hubieran ido.
                                          Llueve y tú caminas
en medio de ese llanto del cielo sin notarlo.
Llueve sobre pámpanas rojizas de  parrales
de uvas negras; sobre  cepas vacías de racimos
que  amamantaron con su savia las uvas 
convertidas en sangre de jaraíz  por los rincones
de la tolva. 
                         Te he visto  exhausta, arrancada
tu esperanza entre tus  labios  ajados  y marchitos,
como si la tormenta de la  vida  te hubiera
vendimiado el corazón y el  alma  para siempre.            
Hija de la tierra eres, mujer,  nacida sin macula
del vientre de tu madre, tú, la que abriste
tu mirada al color del arco iris  en la heredad
de tu tierra y de tu gente.
                                                Te dejaste en el alero
de tus labios, nombres amados,  junto al hombre
que te dejó herida,  llevándose  los manantiales
de tu sangre en la arboleda de tus  sueños
rotos.  Vencida  y  sin aliento,  dejas rodar
por las esquinas de tus huesos  cangilones
de mostos funerales.  Emigraron de tu mirada
los cuentos de princesas felices. Con el relente
se quebró  tu cintura vesperal de diosa  profana
en el  jardín de las mariposas muertas.

                                                   No debiste cruzar  
jamás el predio del goce pasajero. No debiste,
Hija de la tierra,  para no sucumbir ante el amor.
Lo hiciste, y a oscuras dejas caer la lluvia de tus ojos
por todos los dinteles  donde mueren a solas
otras  hermanas  tuyas.  Nadie besará tus heridas,
ni limpiará tus lágrimas.
                                           Nadie, salvo tú misma
remontará   el vuelo para encontrar otra tierra
de lluvia  mojada  de ternura  que te salve del odio.
Llámame cuando tus uvas sean lagar de vino nuevo.
Llámame para alzar mi copa y brindar por tu libertad
y  ver florecer en tus labios una sonrisa nueva.
                                                                         
                                                             
                                                                              Natividad Cepeda



 Arte digital: N Cepeda

viernes, 27 de enero de 2017

La tierra, siempre la tierra

Porque nací  en la tierra y volveré ella me duelen sus gentes, que son los míos.
Me duelen los días vividos a solas labrando la tierra con las mejillas tostadas por el sol y el aire, la lluvia y el frío de frente y encima de la tierra que aman y a la que le dedican fuerzas y sueños. Los ecos desperdigados en los campos no son oídos ni escuchados.  No existen esos labradores que pagan erarios exacerbados y sostienen con su amor a la tierra puestos de trabajo y habitantes en los pueblos.
Las ciudades, adonde llegan sus hortalizas y verduras, sus vinos y aceites, su harina y su leche nada saben de su cuitas. Nada quieren saber de los tributos pagados al erario público de administraciones diversas, nacionales, comunitarias, regionales y locales. Apenas si en los medios divulgativos se difunden las tropelías que vive el campo español. 
Todos los ignoran: todos no. Los satélites y administraciones archivan y ven todo cuanto se labra y se recoge, lo que se lleva a las cooperativas y jamás se defrauda pagando los impuestos más civilizadamente que  en cualquier otro trabajo. Si un impuesto no se paga se cobran en tierra. Se le sube el impuesto con recargas abusivas, se le calumnia alegando que a los trabajadores no se les paga los debido… Sucias falacias. Y nadie, absolutamente nadie,  indaga cuantas horas se trabajan  realmente cumpliendo con el horario establecido.
La tierra, siempre la tierra labrada ha sido perseguida por los grandes señores trajeados de poder y avaricia. Nadie quiere dar a conocer el abandono de los campos. Nadie dice como se quedan los pueblos habitados por viejos jubilados. Jubilaciones de miseria; de autónomos pobres que han mantenido su patrimonio gracias a renuncias continuas, a carecer de viajes y caprichos… 
Ahora en muchos de nuestros pueblos la tierra no se labra. Se deja abandonada y las casas se cierran y nadie las vuelve a abrir.
Mañana, la miseria habitará mucho más en las grandes ciudades cuando todos quieran vivir en su paredes porque nadie quiere labrar la tierra de esta España abandonada a los dimes y diretes de los políticos que se miran el ombligo y se llenan los bolsillos con el sudor de otros.
Todavía hoy se ven tierras labradas desde autobuses, trenes y coches particulares, mañana no sé quién los verá.


                                                                                                   Natividad Cepeda


Arte digital: N cepeda

sábado, 14 de enero de 2017

Ahora que tú, Nicolás del Hierro, eres un habitante del universo eterno

            Ahora que no  le escucharé al otro lado de la tecnología del teléfono al  poeta Nicolás del Hierro, no me quedan palabras  para deciros lo que siento cuando la voz de un amigo se duerme en la niebla extensa de la muerte. Se ha marchado en enero, sábado 14 de 2017, cuando la luna es grande y redonda y los niños juegan con regalos de los Reyes de Oriente. Se ha ido buscando ese rumbo de estrellas y galaxias de improviso para mí, porque yo no quería tener que despedirlo.
 Él pasó por mi vida como pasa la luz por las rendijas de las sombras ocultas que bailan entre brumas.
Él tenía siempre para mí una llamada telefónica y el regalo de cada uno de sus libros que puntualmente me traía el cartero.
Él  era un señor de hermoso pelo rizado como si el mar y sus olas  lo estuvieran peinando cada día, y tenía, un mirar sonriente y a veces, escondía sus pesares entornando los ojos y haciéndolos pequeños para disimular lo que allá adentro del alma le dolía.
Él, era elegante, y hasta con un cierto aire de altivez comedida, para preservarse de tanta injusticia  que había conocido en su andar por el mundo.
Y al conversar con Él, a veces, en ocasiones, hablaba de anécdotas y vivencias transcurridas  a su alrededor y muy calladas, porque no todo se puede ir contando ni publicando en los libros.
Y sonreía al estrechar sus manos entre las mías, guardando entre sus labios una miejica de infancia y añoranza con la calma de los Hombres de mi tierra austera y soñadora.
Ahora  el ya conoce a quien no se debiera nombrar: al que se nombra buscando la verdad que anda aun entre pañales, a ese Dios que Él me pidiera que le rogara por él en mis oración; al que buscaba a pesar de sus dudas.
Ha dejado una herencia de poemas propicia al lector sencillo y, también para el exigente que lo busque y lo estudia junto con su   testimonio de ser valiente y constante al no dejar que el blanco del papel, se quedara sin su voz y su caligrafía a pesar del dolor y la impotencia.
Para cuando me llamen a emigrar de esta tierra, quisiera volver a verte a ti Nicolás; a ver en ese universo misterioso tu sonrisa de amor y de poeta. Y si es cierto que Dios no es una fábula, ni una idea, ni un invento milenario y sangriento…estoy segura que tú, Nicolás ya lo habrás conocido y por eso, ahora, soy yo quien te ruega, que pidas por todos los que te hemos querido.   
Enero te ha llamado cuando todavía las copas del brindis por el año nuevo, suenan entre las pestañas del recuerdo, yo admirado maestro, por ti, alzo mi copa de vino labrado por mi  hombre, con el que comparto vida y desengaños, y con él, y por ti, brindo porque otras generaciones en bibliotecas y librerías, abran cualquiera de tus libros  y descubran lo que fuiste y eres, poeta Nicolás del Hierro, por encima de la muerte.




                                                                                         Natividad Cepeda